LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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AJUSTE ECONÓMICO SIN BIENESTAR SOCIAL

1993

Según confirman los informes de la Secretaria de Hacienda y del Banco de México, durante el primer semestre de 1993 las finanzas públicas mantienen el nivel superavitario que alcanzaran durante el año pasado. A ello se ha debido en buena medida el poder reducir la inflación a un sólo dígito. Gracias a esto, también, el nivel de reservas internacionales ha alcanzado un nivel histórico de 200 mil millones de dólares (12% arriba del nivel alcanzado el año pasado).

Pero estos resultados sorprendentemente positivos contrastan con el deterioro en los niveles de vida de la mayoría de los mexicanos. De manera que vemos un gobierno rico en un país pobre y empobreciéndose. Y una economía enriquecida frente a una población empobrecida.

El plan de ajuste y estabilización en nuestro país no ha generado mejorías en el nivel de bienestar de la población. Antes bien ha propiciado su continuo deterioro. Principalmente por su incapacidad para mantener los empleos existentes y para generar nuevos puestos de trabajo.

Resulta fuera de toda lógica que mientras el Estado acumula recursos, la población carezca de lo elemental y no le sea proporcionado. Siendo que, justamente, una de las tareas primordiales de dicho Estado es la de velar por el bienestar de su población. Si ya vemos que existe un saldo superavitario en las finanzas públicas, ¿por qué no aplicar una parte de él a la promoción del mejoramiento del bienestar de la población?, ¿hasta qué punto vale la pena sacrificar este bienestar con el fin de utilizar los recursos para continuar con el plan de ajuste?

Es aquí donde se nota el olvido en que ha incurrido el actual gobierno respecto al impulso al desarrollo. Y es aquí en donde parece quedar clara la exclusión entre ajuste y desarrollo. Menos inflación a costa de la sobrevivencia de la población. Y es un hecho que las cosas no pueden seguir así ni podrán mantenerse de esa forma por mucho tiempo.

Urge reorientar la política económica. No puede justificarse el deterioro de las condiciones de vida material de la población con la necesidad de obtener determinados resultados macroeconómicos favorables.

Finalmente, ¿de qué nos sirven dichos resultados si no han de contribuir en nada a la mejoría en la calidad de vida de los mexicanos? Mucho peor cuando contribuyen a su deterioro. A toda esa masa empobrecida de mexicanos, ¿qué puede significarle que hay un superávit en las finanzas públicas?, o que las reservas de divisas se incrementen. ¿Qué puede importarles que la inflación misma sea ya un dígito? Si de todas formas no pueden comprar casi nada, porque sus ingresos son paupérrimos y no cuentan con un empleo.

Pareciera que en el afán de corregir los desequilibrios económicos y las ineficiencias del sistema nos hemos olvidado del hombre. Y uno puede preguntarse, ¿cuántas muertes ha costado el plan de ajuste?, ¿cuántos niños desnutridos y con taras genéticas por la misma desnutrición?, ¿cuántos mexicanos sin empleo?, ¿cuántas familias sin lo básico para vivir dignamente?, ¿cuántos niños sin escuela?, ¿cuántos niños y hombres lanzados a la calle a conseguir, a como dé lugar, algo de dinero?, ¿cuál es el saldo en este inhumano análisis costo-beneficio del plan de ajuste? Junto al terrible costo, ¿habrá alguien que se atreva a hablar de beneficios?