SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

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Hilario Barcelata Chávez

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VICENTE EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Mientras el país sufre un profundo estancamiento económico que se traduce en pérdida de empleos, mayor pobreza, agitación política y riesgos de estallido social, el Presidente Fox, afirma categóricamente, -al evaluar sus tres primeros años de gobierno- que “tenemos un país maravilloso”, según él, fundado en indicadores objetivos y reales.

Estos juicios, propios de su grandilocuencia, confirman la costumbre presidencial de ofrecer una visión desvirtuada de la realidad a través de un optimismo desmedido, que puede tener –al menos- dos causas:

La primera es que forma parte de los medios para devolverle legitimidad a su gobierno, cada vez más cuestionado, incluso por sus propios partidarios y simpatizantes y, al mismo tiempo, para mejorar la imagen y popularidad gubernamental. Es obvio que por estas razones, un presidente buscará siempre, ofrecer el mensaje más esperanzador y el mejor diagnóstico posible sobre el país que gobierna. Pero esta vez sus palabras rebasan el límite de la prudencia y el realismo que exigen los tiempos de crisis de vivimos.

La otra causa es que, efectivamente, el presidente crea que el país esta muy bien, que su labor ha sido excepcional y que no alcance a ver, ni entender, la problemática que se vive. Eso es muy grave, pues implica un desconocimiento de la realidad que atenta contra la confianza de la sociedad, pues no hay nada más preocupante que el conductor del país, dé muestras evidentes de estar perdido, de no saber donde está y hacia donde va.

La inestabilidad financiera de las últimas semanas que ha llevado al tipo de cambio a niveles que no se esperaban, es reflejo inequívoco de cómo se percibe la actuación del gobierno en las decisiones económicas. Hay una percepción de falta de claridad en los problemas y en sus soluciones, que se refleja en las indecisiones e indefiniciones del proyecto económico del gobierno. Hay una sensación de falta de control sobre el equipo de trabajo que se refleja en las contradicciones al interior del gabinete presidencial. Hay una certeza fundada en la incapacidad y falta de oficio político para alcanzar los acuerdos necesarios para modificar el marco jurídico del país, en función a las necesidades del desarrollo. Hay un convencimiento pleno de una falta interés por resolver y detener el deterioro social.

Todo eso es falta de confianza, que no sólo se ha reflejado en el mercado financiero. De manera más silenciosa se han ido empresas productivas y se cancelan proyectos de inversión futuros, aún sin que se sepa.

Por eso, el desbordante optimismo del presidente Fox -que a algunos les ha parecido insultante- más que beneficiarle al país, le perjudica. A él mismo también, porque conforme pasa el tiempo su discurso y su actitud se desgastan y se vuelven menos creíbles, porque no están acompañadas de hechos, de cosas palpables.

No son los conflictos al interior de los partidos políticos lo que impide los acuerdos necesarios para las reformas; no son los desacuerdos entre los partidos lo que impide los consensos; es esa falta de coherencia entre discurso y realidad lo que tiene al país en donde hoy está.