SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

LOS EMIGRANTES ILEGALES Y LA CRISIS NACIONAL

19 de abril de 1996

El problema de los trabajadores mexicanos ilegales en los Estados Unidos y el criminal trato que reciben en ese país tiene, por desgracia su origen dentro de nuestro país. Y, por lo mismo, su solución, también depende de factores internos.

Primero hay que preguntarse porque un mexicano se va a trabajar a Norteamérica. Y es por una simple razón: en México no hay trabajo.

La mayoría de los emigrantes son de extracción campesina, cuyo origen es, primordialmente estados de la República caracterizados por su pobreza. De modo, entonces que la problemática del emigrante tiene que ver con la imposibilidad para seguir viviendo de sus tierras y para encontrar trabajo en su país cuando decide abandonar sus tierras. Y es una problemática que se ha generalizado y que ahora abarca también a gente de ciudad que tenía su empleo y como producto de la crisis nacional lo perdió. Si recordamos que la política económica del actual gobierno a propiciado la quiebra de empresas (por su política de apertura comercial, su política fiscal, su política de contracción monetaria y de la demanda). Y recordamos que esa quiebra de empresas a propiciado el incremento del desempleo, entonces ya tenemos a la vista un responsable del amplio incremento del flujo migratorio hacia Estados Unidos.

Pero que el número de emigrantes se incremente no sería problema si éstos encontraran un trato digno en el vecino país, sin embargo no es así. Los mexicanos se convierten en prófugos de la ley porque tienen que introducirse a Estados Unidos de manera clandestina y se convierten en ilegales. Y por ello son perseguidos, maltratados y deportados .De hecho desde que tratan de introducirse a ese país son víctimas del tráfico comercial ilegal e indigno de personas que llevan a cabo los famosos “polleros”.

Para aquellos que logran el objetivo de quedarse y trabajar en aquél país la suerte que corren, de todos modos no es tan buena. Trabajar en Estados Unidos significa, para un mexicano emigrado ilegalmente, someterse a una brutal explotación a manos de quienes se aprovechan de su situación ya que reciben bajos salarios y un trato indigno. Además de ser víctimas del racismo norteamericano.

Que ésta situación sea así, se entendería si el vecino país del norte no tuviera relaciones diplomáticas o comerciales con nuestro país. Si hubiera desacuerdos entre ambos países tales que imposibilitaran la convivencia internacional. Sin embargo, no es así. Por el contrario tan es importante la relación y el interés que existe entre ambos países por tener relaciones comerciales, que se tiene firmado un histórico Tratado de Libre Comercio.

Las fronteras se abrieron para las mercancías y los capitales. No así para las personas. Es decir no para los mexicanos.

Lo grave de esto es que el problema de la migración ilegal ya existía desde tiempo atrás cuando dicho tratado se firmó. Uno puede preguntarse entonces, si el gobierno de México buscaba beneficios para el país ¿por qué no se negoció en ese tratado el libre tránsito de personas?, tan necesario, como se evidencia, para tantos mexicanos.

Las cosas podrían ser distintas si existiera un acuerdo para que los mexicanos pudieran ir a trabajar sin restricciones a Estados Unidos. No habría persecución, ni malos tratos, ni explotación en el trabajo y seguramente los signos ominosos del racismo disminuirían considerablemente. Si las cosas pueden solucionarse por esa vía, uno puede preguntarse entonces ¿por qué el gobierno mexicano no aprovecho tan propicia oportunidad?. Es mas, ¿por qué ante los problemas que se viven no se propone un nuevo acuerdo que asegure la posibilidad de emigrar a Estados Unidos a cualquier mexicano que desee ir a trabajar allá ?

Nada se hace. Ni se crean las condiciones necesarias para que los mexicanos no se vean en la necesidad de emigrar, ni se establecen las bases legales para que lo puedan hacer de manera legal. El gobierno de México debe actuar en cualquiera de esos dos sentidos de manera urgente, porque los riesgos de no hacerlo podría llevar a estallidos sociales muy pronto.