SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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CRISIS ECONÓMICA Y RESPONSABILIDAD PRESIDENCIAL

La realidad no era como el creyó. Todo parecía muy fácil. Recorrer el país en busca del voto, con un discurso esperanzador y prometedor del cambio que todos querían. Con el valor suficiente para enfrentar al viejo régimen y el apoyo popular para hacerlo. Convertido casi en un redentor social, llegó al poder. Todo parecía muy fácil. La economía nacional estaba en auge, con tasas de crecimiento que le hicieron prometer –también- el fin de la pobreza. Todos lo querían dentro y fuera del país; no había nubes en el horizonte; ni el más mínimo signo de que algo pudiera salir mal y se convenció de eso.

Parecía muy fácil, pero todo se vino abajo. El crecimiento se convirtió en recesión, los trabajadores perdieron sus empleos y los pobres la esperanza. Los empresarios se cansaron de su incapacidad para cumplir lo prometido. Sus aliados se convirtieron, muy pronto, en adversarios para disputarle el poder y los más hábiles se acercaron a él para arrancárselo de las manos.

La realidad no era como el creyó. Nunca entendió el papel que el Presidente debía tener, en un país que emprende un cambio democrático. Creía que él era el cambio, que bastaba decirlo para que sucediera -como un Rey Midas- en un país que creía, que bastaba vencer al PRI para que todo fuera distinto

Y en medio de esta triste confusión, ante el reclamo social, desnudo y vacío de logros, aún se sigue preguntado "¿Yo por qué?". ¿Por qué sólo el Presidente es al que se le pide, se le exige que saque al país adelante?

Quizás su escasa afición a la lectura, o su creencia de que la vida es práctica y no teoría, le haya negado la oportunidad de conocer el contenido de su Constitución. Y que lástima, eso hubiera bastado, para aclarar su perspectiva. Porque la Constitución manda que el Estado sea el rector del desarrollo, fomente el crecimiento, genere empleos, redistribuya la riqueza, conduzca la economía nacional

Claro, faltaría, además, recordarle a Vicente Fox, que él es el Jefe del Estado mexicano, y que ese texto lo alude directamente. Lo grave, es que quizás no lo sabe y por eso pregunta con insistencia "¿Yo por qué?" como si fuera un niño malcriado que rezonga; como un adulto, que en medio de la confusión y el extravío exhala su duda existencial, tal vez queriendo preguntar ¿por qué esperan eso de mí? ¿Quien soy yo para hacerlo?

Lo peor es que a mitad de esta presidencial crisis de identidad -del ser o no ser- Vicente Fox no hace nada y culpa a los demás de su suerte, como si ser presidente no fuera suficiente. Y en el vértice de la inmovilidad oficial, de la parálisis nacional, sin rumbo y casi sin saberlo, cambia, con su política económica, el sentido del texto constitucional, porque no cumple el mandato, porque está convencido de que eso, no se debe hacer.

La Constitución manda que el Presidente sea el rector del desarrollo, fomente el crecimiento, genere empleos, redistribuya la riqueza, conduzca la economía nacional

He aquí, una razón fundada para el reclamo social y a la replica del "¿Yo por qué?", sólo añadir: porque es su responsabilidad, Sr. Presidente, nada más por eso.