SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

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Hilario Barcelata Chávez

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CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DESEMPLEO

11 octubre de 2000

Uno de los grandes problemas que enfrenta nuestro país, es el desempleo. La década de los ochentas significo años de severas contracciones económicas que se reflejo en una caída del Producto Interno Bruto (PIB) en términos reales. Ello trajo consigo una fuerte reducción de empleo.

A esto hay que aunar el hecho de que la población ha hico en constante crecimiento, lo que ha provocado el crecimiento de la Población Económicamente Activa (PEA). Así, a esa cantidad de personas que han perdido su empleo hay que sumar esa cantidad de individuos que, año con año, ingresan al mercado de trabajo. Ello ha acelerado, fatalmente, el crecimiento de la tasa de desempleo.

Ya para 1990 notamos una recuperación mas o menos sostenida del PIB. Sin embargo, aun no es lo suficientemente amplia como para abatir las tasas de desempleo. Además la recuperación no se da en la misma proporción en los diferentes sectores de la economía. De este modo, la posibilidad de que el crecimiento del producto absorba el desempleo existen es aun mas difícil.

Durante los años de un acelerado proceso de industrialización en el país, la participación del Estado en la economía fue factor fundamental para obtener elevadas tasas de crecimiento y, por lo tanto, de mantener a bajos niveles el desempleo.

En la actualidad, con la política de reducir dicha participación, se ha cancelado la posibilidad de que sea el Estado quien impulse el crecimiento económico de tal forma que pueda incrementarse el empleo. Y aun no se encuentra un mecanismo capaz de sustituirlo en esas tareas.

No se trata, desde luego, de volver al esquema de un Estado ineficiente que se justifica porque genera empleos.

En la controversia sobre el uso del gasto publico como instrumento para abatir el desempleo, la teoría keynesiana perdió la batalla por dejar indefinido el contenido del empleo que ha de generar ese gasto publico. Lo que debía de replantarse es, entonces, la dirección del gasto publico, para generar realmente empleos productivos. En contra partida lo que se hizo fue cancelar la participación del Estado en la economía, lo que en la practica significo reducir el gasto publico que generaba empleos. La teoría poskeynesiana, en su vertiente monetarista, encontró fácilmente en que la prueba de que el gasto publico para dichos fines se justificaba y que el Estado productor no era viable ya que, si bien generaba empleos, causaba trastornos mas graves como la inflación.

Hoy es claro que la inversión privada no tiene la fuerza suficiente para impulsar un crecimiento económico a las magnitudes necesarias para reducir el desempleo acumulado durante todos estos años de crisis. Por ello, es bueno traer nuevamente a la discusión la posibilidad de la inversión publica como factor de crecimiento.

Desde luego partiendo de una visión que reformule la participación del Estado en la economía, que ponga énfasis en el contenido del empleo. Si bien es cierto que era necesario una reforma del Estado, también es cierto que la dirección que tomo no es la única que era posible y tampoco parece ser la mas acercada en términos de los resultados que se han obtenido.

El costo del retiro del Estado productor puede ser medido en términos del desempleo y la caída de los niveles de bienestar de la población.

El costo de su retorno, por tanto, deberá ser evaluado también en términos de estas variables para tener una medida exacta de sus beneficios.