ANUARIO DE ENSAYOS DE SUCESOS POLÍTICO-ECONÓMICOS EN MÉXICO Y SU REGIÓN CENTRO

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Ángel Enrique Carrillo Picón y otros

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ENSAYO XXIX. “No queremos PAN, queremos tortillas”

(La marcha del 31 de enero)

En la reunión anual de Davos, hubo afirmaciones de Felipillo Calderón que dieron a la discusión un carácter polémico. Habló de dictaduras personales, se refería a los presidentes de Bolivia y Venezuela, Lula, presidente de Brasil; dijo que eso no era cierto, que Chávez había sido elegido tres veces con todas las reglas de la democracia, con observadores internacionales. En alusión a México, dijo que si se ganaba una elección por un margen estrecho, se iban a tener más problemas.

Calderón también habló en favor del libre mercado y contra las nacionalizaciones. Lula, dijo que no había que asustarse con las nacionalizaciones. Que Venezuela y Bolivia tenían en sus recursos naturales su única riqueza. Que cada país es diferente y que había que comprender que el gobierno de Bolivia quisiera mejores precios por el gas natural.

Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo que en los años 80, “de los tecnócratas”, se consideró que el Estado era parte del problema. Y que eso ha cambiado. El papel del Estado está nuevamente en acción frente a los problemas. Si el Estado (Gobierno Federal) interviniera en el problema de la tortilla, se resolvería, esa es la diferencia.

El directivo de una enorme empresa estadunidense, ALCOA, también reivindicó el papel del Estado. Indicó que ahora que el papel del Estado se recuperaba, había que recuperar, también, 20 años en que países como China y Corea del Sur sí estuvieron creciendo. Calderón ya no sabía por dónde salirse.

Mal comienzo para el que prometió que sería “el presidente del empleo”. En Europa también declaró que los mexicanos votamos el 2 de julio por el libre comercio y el neoliberalismo. Es falso. Menos de 15 millones de los 71 millones empadronados emitieron su voto por Calderón, aparte están las denuncias de fraude, así que la mayoría no se manifestó por la política neoliberal que ha convertido a México en un país de 100 familias supermillonarias, frente a una masa inmensa de pobres.

En México, días después, se concentran manifestaciones de descontento para protestar contra la política económica de Felipe Calderón, caracterizada por el salario miserable y la falta de empleos, por el aumento de precios del maíz, de leche Liconsa y de otros productos, varios de ellos de la canasta básica. El rollo Calderonista de defensa del mercado libre cae ante la realidad.

Las marchas son el principio de una nueva etapa de lucha. Pues, el primero de enero de 2008, conforme al Tratado de Libre Comercio, quedan abiertas las importaciones de maíz y frijol, que forman la combinación más nutritiva para quienes no tienen dinero para alimentos más caros. En campaña, López Obrador señaló que esto no debía entrar en vigor, por sus efectos desastrosos para millones de campesinos. El panismo, o se quedó callado o dijo que se debía respetar tal cual el Tratado.

Por primera vez, llegaron al Zócalo organizaciones sindicales, campesinas, sociales, así como diversas corrientes de PRD, PT y Convergencia, e inclusive del PRI, para demandar al gobierno de manera conjunta un “nuevo pacto social”, que modifique la política económica, asegure alimentación, empleo, la soberanía sobre los bienes nacionales y frene la represión. Llenaron la Plaza de la Constitución, sitio donde se hizo manifiesta la “Declaración del Zócalo”.

En ese documento, advierten que este es el inicio de una nueva etapa de lucha por las demandas de la mayoría de la sociedad, ante la crisis del modelo económico; definen no estar dispuestas a tolerar que este gobierno siga sacrificando más mexicanos y que no admitirán que la respuesta a los movimientos sociales sea la represión, y que no cederán en la demanda por un aumento salarial de emergencia.

Dos marchas. La primera, integrada por grupos del Frente Sindical Mexicano (FSM), encabezado por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), con los gremios del Seguro Social, telefonistas, pilotos, tranviarios y otros llegaron directamente al Zócalo; por su parte, el Congreso Agrario Permanente (CAP), que aglutina a 12 organizaciones, y la Confederación Nacional Campesina (CNC), y otras organizaciones como la Alianza Ciudadana por la Democracia.

La segunda marcha, de organizaciones que simpatizan con López Obrador, como Asamblea de Barrios, comerciantes, taxistas y colonos, además del PRD capitalino, avanzó junto con él desde el Angel hasta el Zócalo, donde cientos de simpatizantes lo esperaron hasta las 7 de la noche.

Sobraron mantas de reclamo al gobierno por las alzas, golpearon cacerolas y estrenaron consignas, no dejaron de gritar contra los monopolios, a los cuales identificaron como amigos del gobierno; cada mención de Felipe Calderón fue acompañada de rechiflas.

Muchos exclamaban: “¡Que renuncie Felipe Calderón!” Llamaba la atención, la ruidosa asistencia de la priísta CNC. Se lucieron con consignas: “En Los Pinos, ayer ardillas, hoy, ratas azules que se chin… las tortillas”, gritaban entre el jolgorio y el enojo.

Porque a todos les quedaba claro, que el repunte de la inflación tiene un responsable; unos y otros, traían ubicado dónde les aprieta el zapato. “No queremos PAN, queremos tortillas”, era la voz que daba sentido a su protesta.

La “Declaración del Zócalo”, demanda cambios; renegociar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio; crear un programa de apoyo a la producción; frenar el aumento en los precios; castigar a los acaparadores; pactar un aumento salarial de emergencia; impulsar la generación de empleos formales, y detener la respuesta represiva a los movimientos sociales.