LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LAS FINANZAS PÚBLICAS DEL PAÍS, AL BORDE DEL COLAPSO

6 de julio de 1989.

De acuerdo a los datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, los ingresos públicos cayeron durante el primer trimestre del año en un 13.7% en términos reales. Ello se debe fundamentalmente a la política de congelación de precios y tarifas de los bienes y servicios que produce el Estado como la electricidad, combustibles, gas, acero, fertilizantes, azúcar, transporte, alimentos básicos, y otros, así como los desajustes que sufren los precios del petróleo a nivel internacional. Dicho congelamiento es el compromiso del gobierno mexicano para detener el avance de la inflación, la cual, es cierto, se ha detenido, en gran parte gracias a este congelamiento. Sin embargo, como ya se mencionó en este mismo espacio, esto ha provocado un brutal deterioro de las finanzas públicas, por lo que el gobierno ha tenido que recurrir, cada vez más, como ya lo mencioné también, al crédito interno.

Este congelamiento de precios y tarifas complica la situación financiera del gobierno en la medida en que las pérdidas de los ingresos de las empresas paraestatales, necesariamente deberán ser compensados con subsidios directos. Así, por ejemplo, en la industria eléctrica los subsidios se incrementarán de 649 mil millones a 1.8 billones de pesos, ya que el servicio que ésta presta, presenta un rezago en su precio del 70%. Este hecho, además, de presionar sobre las finanzas públicas y provocar una desalineación de los precios, orilla a las paraestatales a la cancelación de nuevos proyectos de inversión. Esta, quizás, es una de las razones de mayor peso que está utilizando actualmente el gobierno para justificar la venta de sus empresas productivas, como si una empresa pudiera ser rentable si sobre ella recae el peso para financiar la crisis. Ante esta situación ha decidido la venta de 200 empresas paraestatales más, de las llamadas “no prioritarias”, entre las que figuran nada menos que Teléfonos de México (¿qué la comunicación no es prioritaria en el país?) Fertilizantes Mexicanos (¿tampoco es prioritario este renglón?), Productora e Importadora de Papel (PIPSA), TAMSA (una de las empresas más productivas, eficientes y rentables del país) Celanese, Mexicana de Aviación, Siderurgia Mexicana, Fábrica de Tractores agrícolas y otras más. Empresas que no sólo deben ser conservadas por el gobierno por sus posibilidades estratégicas y de instrumentos para impulsar el desarrollo de ciertas áreas, sino porque la posición financiera de muchas de ellas es muy sana e incluso dos de ellas Telmex (Teléfonos de México) y, TAMSA (Tubos y Aceros de México) cotizan sus acciones en las bolsas de valores estadounidenses, por lo que aquí no cabe el argumento de que “no son un buen negocio”. Por otro lado, si bien es cierto que la política que sustenta o sustentaba la existencia de las empresas paraestatales es apoyar el desarrollo económico del país, no es posible que siga recayendo sobre su salud financiera y la del propio gobierno, el peso de la crisis, mientras que los grandes grupos empresariales son los principales beneficiarios de esa política y son quienes, además, han presionado con fuerza para que el gobierno convirtiera la reprivatización, en un factor elemental de proyecto económico del país.

El retiro del gobierno de la actividad económica en los últimos años ha sido más que evidente. De 1155 empresas que poseían en 1982, actualmente sólo posee 424, pero de concretarse la venta de las mencionadas 200, este número se reduciría a 224, lo que significaría una reducción del gobierno en su participación en la actividad económica del 79%.

En 1982 el sector público participaba con el 44.2% de la inversión bruta fija mientras que para el presente año este porcentaje se redujo a 28.7%, en tanto que la inversión privada se ha elevado de 55.7% a 71.2% en los mismos años.

El alargamiento del Pacto ha puesto de manifiesto que para el gobierno ya no es posible seguir la ruta de la austeridad pues el atentar contra sus finanzas puede desbocar consecuencias más graves que los problemas que busca evitar. Pero también ha puesto de manifiesto que él está dispuesto a sacrificar su presencia en la economía con tal de cumplir con un proyecto económico que en nada beneficia al país en su conjunto y sí a unos cuantos mexicanos dueños del dinero y del destino del país.