LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA REFORMA FISCAL Y LA REACCIÓN EMPRESARIAL

21 de enero de 2002

La aprobación de la Reforma Fiscal ha provocado severas protestas de parte del sector empresarial porque considera que afectará negativamente la actividad económica del país. Sin embargo esa actitud hay que entenderla como resultado de una defensa de intereses económicos de los grupos afectados, que están preocupados, mas bien porque se reducirán sus utilidades debido a las nuevas disposiciones fiscales.

En realidad, el impacto económico de la reforma fiscal no será en el sentido que los empresarios suponen, porque es muy probable que su actitud de rechazo empiece a cambiar en las próximas semanas por dos razones: a) La primera porque el mejor fundamento de la protesta radica en ciertos errores técnicos de la reforma, que los diputados han aceptado y están de acuerdo en corregir. El resto es una protesta con poco sustento, porque estos grupos de altos ingresos no pueden alegar inequidad en el trato fiscal, si son los que mayor capacidad de contribución tienen, así que su discurso suena hueco y vacío por ese lado.

El efecto económico que podría tener la reforma en términos de pérdida de empleo, inversión consumo, contrabando piratería, ha sido exagerado con fines propagandísticos. El incremento de las tasas no es tan elevado como para crear un fuerte desestímulo a las nuevas inversiones o para provocar desinversiones. Además, los efectos negativos serán compensados, en parte, con disminuciones de tasas en otros impuestos y con estímulos fiscales que contempla la misma reforma fiscal. Y en todo caso esos efectos negativos sólo vale considerarlos para algunos actividades económicas y para cierto tamaño de empresas. No hay que olvidar que la micro y pequeña empresa seguirá teniendo un tratamiento especial al mantenerse el régimen de pequeños contribuyentes e incrementarse el nivel máximo de ingresos para tributar en ese régimen.

b) La segunda razón del cambio de actitud, radica en la percepción empresarial respecto a la reacción que tendría el gobierno, las instituciones y los inversionistas financieros internacionales si la reforma fiscal no se hubiese aprobado. En caso de no haberse llegado a ningún acuerdo, el gobierno hubiera tenido que aplicar un programa económico recesivo para este año, por no contar con recursos adicionales. Eso hubiera sido causa de disminución de la demanda, el empleo, el consumo y las ventas. Es decir, el sector empresarial podría haber sufrido un impacto negativo considerable al aplicarse medidas de austeridad. Y los empresarios saben que con seguridad el gobierno hubiera reaccionado de esa forma ante dicha eventualidad, puesto que no tiene intenciones de ampliar el gasto por otras vías. Por tal razón, los empresarios saben que es mejor una reforma de este tipo que un programa de ajuste presupuestal y con el tiempo terminarán aceptando la reforma.

En el pasado, las reformas fiscales propuestas fueron rechazas con éxito por parte del sector empresarial, porque no existía el temor de la aplicación de programas recesivos. Durante los sesentas y setentas, el gobierno expandía el gasto aún a pesar de no contar con recursos tributarios adicionales. Así que el empresariado sabía que aún oponiéndose, la actividad económica se mantendría al mismo nivel y sus negocios no se verían afectados. El costo del rechazo empresarial en aquel entonces fue la inflación y la crisis fiscal del Estado derivada del endeudamiento que provocó la falta de una reforma fiscal. Hoy el riesgo del rechazo a la reforma no es ya la inflación sino la contracción económica que podría sobrevenir como resultado de un ajuste al presupuesto público, más en estos momentos en que se vive una etapa recesiva en el país y en el mundo. Ante esa disyuntiva la opción del rechazo permanente no tendrá cabida.

Además, la aprobación de la reforma fiscal ha sido validada positivamente por el Banco Mundial, que la consideró como un paso adelante en la consolidación de las finanzas públicas, ya que se fortalecerá la recaudación. De igual modo, muy seguramente la reforma servirá como indicador positivo para que la agencia calificadora Standard and Poor´s otorgue el grado de inversión a México, como ya lo hizo la Agencia Fitch, lo cual es un indicativo de que disminuye el riesgo de invertir en el país. Estos signos positivos serán entendidos por el sector empresarial como señales para aceptar las bondades de la reforma y dejar a un lado su actitud beligerante.

Hay que empezar a pensar a México de una manera más social y menos desde una perspectiva individualista y egoísta, menos en términos de intereses de grupo y guiados sólo por principios de lucro.

El sacrificio fiscal de hoy deberá redundar en el desarrollo económico del país en el mediano plazo y esa es la contribución que deben hacer quienes hoy se ven afectados, pues a fin de cuentas, también podrán gozar de los beneficios que esto traiga consigo.