LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA CRISIS DE LAS FINANZAS PÚBLICAS Y EL NUEVO ESTADO EFICIENTISTA

10 de agosto de 1989.

Una borrascosa realidad viven el gobierno y el sector paraestatal y un incierto porvenir les espera en los próximos meses y tal vez en años. No sólo la ineficiencia, improductividad y corrupción que han vivido por años este sector y la crisis económica del país ennegrecen hoy su panorama; también la firme decisión de las autoridades gubernamentales de redimensionar el sector público, confabula en contra suya y amenaza su supervivencia, al menos como lo conocemos hasta ahora.

Olvidada ha quedado la concepción del Estado como instrumento a través del cual la sociedad aseguraba la redistribución de la riqueza entre toda la población, un Estado cuya idea, entre otras cosas, fue postulado revolucionario y su materialización, uno de los logros más acabados de la revolución mexicana, de la que hoy todavía algunos se dicen representantes, aunque su concepción del Estado es ya completamente diferente. Lo más triste, dicho sea de paso, es que aún muchos personajes públicos siguen apoyando y defendiendo con igual énfasis y afán al Estado, incluso con los mismos discursos desgastados y obsoletos, sin darse cuenta siquiera de cómo ha cambiado ese Estado y cómo ha de ser lo que era y se pretendió una vez que fuera.

Es debido, pues, a esta nueva concepción eficientista del Estado que el sector público se encuentra inmerso en una situación críticamente alarmante y por momentos contradictoria.

El primer paso para la llamada modernización del sector público fue la reprivatización de una gran parte del sector paraestatal, el cual se ha reducido de 1155 empresas en 1982 a 444 en 1989, aunque a la fecha dicho proceso continúa bajo la premisa de que el Estado sólo deberá tener en su poder aquellas empresas consideradas estratégicas, aunque dicho concepto se ha vuelto tan indefinido y flexible que ya no es posible saber con exactitud cuáles empresas lo son y cuáles no.

Otro factor que ha actuado en contra de la ya endeble posición del sector público ha sido la congelación de los precios y tarifas de los bienes y servicios que produce el Estado, medida que si bien en un principio funcionó positivamente para reducir la inflación, se ha convertido ahora en un factor de desequilibrio de las finanzas públicas, toda vez que dichos precios y tarifas no se han incrementado al ritmo que ha crecido la inflación, lo que significa que estas empresas han financiado la exitosa política antiinflacionaria. En el primer trimestre de este año, por ejemplo, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda, los ingresos del sector público, si bien aumentaron nominalmente un 18.3%, en términos reales, es decir, descontando la inflación, sufrieron una reducción del 6.7%.

Esta situación se ha debido también a la inestabilidad del mercado petrolero, cuyos ingresos en el mismo período se redujeron 20.2% en términos reales. Incluso, la reducción de los ingresos provenientes del petróleo evidencia la forma en que la crisis ha recaído sobre el resto de las empresas paraestatales y organismos públicos, ya que mientras en 1982 dichos ingresos representaban el 13.3% del PIB, en 1989 representan tan sólo el 9.8%, mientras que los ingresos no petroleros se incrementaron un 16.8% del PIB en 1982 a un 18% en 1989. Ha sido tal el debilitamiento de los ingresos públicos que, mientras que en 1982 significaban el 30.1% del PIB, en este año se redujeron, hasta representar el 25.6%. Por esta razón el gasto público ha tenido que ser reducido, de tal manera que en el primer trimestre de este año la inversión pública sufrió una reducción del 33.1%, pero al mismo tiempo ha sido necesario aumentar el monto de los subsidios al sector productivo paraestatal para asegurar su sobrevivencia; por tal razón, según especialistas del sector privado, dichos subsidios sumarán 19 billones 646 mil millones de pesos en 1989, lo que representa el 3.9% del PIB del déficit financiero público.

Así las cosas, el gobierno federal se ha visto en la necesidad de reducir su presupuesto de este año en un 8.8% con respecto a lo ya autorizado, lo que impactará negativamente de una manera muy amplia, principalmente al sector salud, ya que el presupuesto del IMSS y el ISSSTE se ha reducido en un billón 817 mil millones de pesos, amén de la reducción en sectores productivos, como PEMEX (90 billones), CFE (un billón 433 millones) y otros más de primera importancia.

Cómo puede pretenderse decir que la crisis ha llegado a su fin si no existen aún bases firmes, ya no digamos para sustentar el crecimiento económico y el desarrollo social, sino ni siquiera para evitar que empeoren los niveles de bienestar de la sociedad.

Cómo, me pregunto yo (y ojalá alguno de los que han cantado loas a la renegociación de la deuda externa y andan acusando a sus críticos de antipatriotas me lea y pueda contestarme), saldremos de la crisis y venceremos los rezagos económicos y sociales, si cada vez se reduce más el margen de la acción del Estado, único órgano capaz de asegurar la redistribución de la riqueza del país, y cada vez más se le sume en una posición de incapacidad financiera para subsistir y se le limitan sus posibilidades de influir en los procesos económicos al frenar y reducir el gasto público que ha sido históricamente el motor del desarrollo económico del país.

Nuestro país, a diferencia de los países desarrollados, no puede prescindir de ese Estado ni pretender cambiar los instrumentos que imposibilitan el progreso, si la realidad ha permanecido inmóvil. Mientras haya atraso, marginación social, miseria, desempleo, hambre en más de la mitad de la población; mientras permanezcan latentes amplias contradicciones al interior de la sociedad y el sistema económico, no podremos concebir al Estado como un mero órgano de arbitraje. Este deberá seguir cumpliendo su función social en tanto el país siga sumido en la crisis, ¿quién o de qué manera (vuelvo a preguntar) se hará cargo de solucionar los problemas que el Estado ha, más o menos, resuelto históricamente, en esta economía atrasada y tercermundista que es la nuestra?

Ante tanta confusión, espero de alguien pronto una respuesta a mi pregunta, una respuesta que espera todo el país.