LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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GOBIERNO, MERCADO INTERNO Y RECESIÓN

6 de noviembre de 1998

El próximo será un año económicamente difícil para el país. El gobierno pronostica una caída de la tasa de crecimiento de la economía, una devaluación del peso frente al dólar y un nivel inflacionario que seguirá siendo alto.

La versión oficial explica que ello es producto del ambiente recesivo externo, de la volatilidad de los capitales extranjeros, de la falta de ahorro interno y de la crisis del precio del petróleo.

Y en alguna medida esto es cierto. Sin embargo, la explicación es incompleta. Estos factores están marcando el deterioro macroeconómico del país, pero operan así debido a la vulnerabilidad y debilidad estructural que ha causado la implementación de un modelo industrial-exportador incapaz de generar un dinamismo que arrastre a toda la economía nacional generando un vigoroso proceso de expansión de la inversión, el empleo, la demanda y el consumo.

El hecho es que el sector exportador ha quedado definido, en este modelo, como el factor determinante del crecimiento económico, mas no como factor impulsor del desarrollo nacional. Esto significa que la expansión del sector externo de la economía no beneficia al sector interno, pero cuando se contrae si lo afecta negativamente.

Algunas de las variables de mayor deterioro serán los ingresos y el gasto públicos. El gobierno enfrentará una mayor cantidad de compromisos que le significarán mayores erogaciones (principalmente derivados de la deuda pública y lo que sea aceptado como deuda interna del Fobaproa), mientras que recibirá menos ingresos debido (entre otras cosas) al nulo repunte de los precios del petróleo y la caída en la recaudación fiscal derivada de la falta de dinamismo interno de la economía.

La debilidad de las finanzas públicas producirá inestabilidad económica y pérdida de dinamismo operando como mecanismo propulsor de un entorno recesivo. Lo que no podrá ser resuelto aún si el sector exportador se expande, porque éste no guarda una relación directa ni con la recaudación fiscal ni con el dinamismo interno de la economía, porque ni genera empleos, ni genera pagos de impuestos, ni eleva los niveles de demanda agregada interna.

El problema para el país es ¿cómo sacar de un estado recesivo a la economía cuando existe una incapacidad estructural del mercado para generar los niveles de demanda requeridos para el crecimiento y el desarrollo? ¿cómo impulsar la inversión, el empleo, el ahorro, el consumo? Cómo si el propio presidente a manifestado que no se abandonará la disciplina financiera, lo que significa que si no se recurrirá al déficit para impulsar la economía. Pero tampoco se podrá recurrir al incremento de impuestos porque ello propiciaría mayor recesión, independientemente de que ya la población y la empresas no aguantan otro incremento de impuestos. El problema es que si el gobierno no entra al rescate de la economía mediante el impulso de programas que promuevan la inversión y el consumo, los mecanismos de mercado tampoco lo harán. Y dentro de estos últimos hay que apuntar a los del sector externo.

El gobierno se encuentra en una trampa propiciada por su propia política globalizadora que se olvida de lo interno para favorecer lo externo. Con ello es claro que ninguna economía de ningún país puede crecer permanentemente gracias al sector externo. Menos si ello significa el deterioro del sector interno, el que, debilitado y descompuesto en sus potencialidades, no puede servir de apoyo para impulsar el desarrollo nacional, a menos que haya una política específica para revitalizarlo.

Lo cierto es que no hay otro camino, a pesar de lo que se diga. Urge una intervención importante del gobierno en materia de administración de la demanda y una recomposición del mercado interno, como única vía para sacar al país de esta crisis que está a punto de eslabonarse con otra crisis en el marco de una crisis estructural de orden superior.