LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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FUNDAMENTALISMO ECONÓMICO Y DEMOCRACIA.

En la tierra y en el cielo existen mas cosas de las que usted imagina en su filosofía.

Shakespeare.

19 de noviembre de 1997.

Desde la perspectiva oficial la democracia es, hoy, una incomodidad muy grande con la cual se vuelve muy difícil la tarea de gobernar, porque la sociedad ha empezado a opinar e influir en las decisiones gubernamentales, a través de sus diputados (a quien se le ocurre con tamaña impertinencia querer que las cosas salgan bien en el país.

Para el Ejecutivo y el PRI la democracia sólo vino a complicar las cosas. Quien no recuerda aquellos tiempos sin disputas en la Cámara de Diputados en donde todos estaban de acuerdo y la aprobación de las iniciativas de Ley que enviaba el Ejecutivo eran un mero trámite que no requería mas que levantar la mano.

Pero la democracia no sólo vino a quitar la paz y la armonía al recinto legislativo. También vino a amenazar la estabilidad económica y la viabilidad misma de nuestro sistema económico.

Resulta que el Ejecutivo (su titular y sus subordinados) cree tener la razón en todos y cada uno de los asuntos en materia económica. Según se ve parece decirnos que nunca se equivocan. El Secretario de Hacienda se atrevió a decir, con respecto a la reducción de impuestos que propone la oposición que no aceptará dicha propuesta, “no porque haya cerrazón ni defensa de un dogma o de una posición irreducible” (El Financiero 19/11/97)

El mismo titular del Ejecutivo fue a Estados Unidos y dijo ante miembros de la Cámara de Comercio de aquel país que “No existe ninguna alternativa a la responsabilidad fiscal: si uno lo hace está bien, si uno no lo hace está invitando un desastre” El Secretario del Trabajo, también entró en la defensa del programa económico gubernamental y dijo “...jugar con la economía es algo muy serio que pudiera cobrarnos los platos rotos.”

Y uno se pregunta ¿juegan los diputados de oposición con la economía al proponer reducciones de impuestos que mejoren el nivel de bienestar de la población? ¿Es una falta de responsabilidad fiscal la promoción de reducciones a los impuestos? ¿es irresponsable proponer la reducción de los gastos relacionados con el apoyo a banqueros y constructores de autopistas para propiciar un incremento en los gastos en programas sociales?

Creo que si se esta defendiendo el programa económico desde perspectivas fundamentalistas y por eso se descalifica al que piensa distinto con argumentos que sólo exhiben una falta de compromiso social y una incapacidad para adecuar los programas de gobierno a la satisfacción de las necesidades sociales. Fundamentalismo económico al que le es sumamente incómoda la democracia porque no acepta la crítica ni el debate ni la negociación, porque no le cabe la posibilidad de estar en un error. La verdad es que no hay mayor ceguera que la de aquel que no quiere ver las cosas.

Por suerte organizaciones sociales, asociaciones empresariales, líderes de opinión pública, intelectuales y académicos se han pronunciado en contra del programa de gobierno que propone el Ejecutivo para el próximo año. Ello manifiesta que no es una revancha política lo de os diputados. Ello quiere decir que es expresión de la voluntad popular cambiar las cosas, como lo evidencian de manera mas clara los resultados de las elecciones del 6 de julio.

El gran argumento del Ejecutivo para defender su proyecto lo constituye los resultados en materia macroeconómica, principalmente la tasa de crecimiento de la economía que en lo que va de este año alcanzó el nivel de 8.3%. Como si lo que contara fuera la cantidad y no la calidad del crecimiento, como si el crecimiento acabara automáticamente con todos los males del país.

Otro argumento sustancial para el Ejecutivo es que no hay alternativas para una reducción de los impuestos. Es decir, no es una cosa de querer sino de poder. No es una cuestión política sino económica. Pero no es verdad. Hay múltiples soluciones. Por ejemplo, aumentar el IVA a productos de consumo suntuario, aumentar el ISR a contribuyentes de muy altos ingresos, reducir gastos superfluos de la burocracia (sueldos, compensaciones, uso de automóviles, viáticos, etc.) reducir el volumen de recursos destinado a programas de apoyo a grandes empresarios. Lo que se requiere es voluntad política, imaginación y compromiso social. Cosas que los subordinados del Ejecutivo no han demostrado tener.