LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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DÉFICIT FISCAL: ECONOMÍA, JUSTICIA Y DEMOCRACIA

13 de noviembre de 1997.

La presentación de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación por parte del ejecutivo a los legisladores abrió de plano el debate sobre la pertinencia del déficit público, y sobre el componente de justicia y ética que guarda la recaudación de impuestos y el ejercicio del gasto público.

En las últimas semanas el Ejecutivo intensificó su propaganda a favor de no disminuir los impuestos y mantener el equilibrio presupuestal, sobre todo debido a la propuesta legislativa de reducir impuestos y la amplia aceptación que esto ha tenido en la sociedad.

El Ejecutivo ha insistido en que la discusión no debe politizarse, pero eso es prácticamente imposible. Es un tema político, y en la arena política hay que discutirlo. De ahí que es fundamental retomar desde esta perspectiva el debate.

Por desgracia el Ejecutivo no esta acostumbrado a recibir el rechazo a sus propuestas por parte de los legisladores. Pero la nueva realidad política ha demostrado que eso es inevitable. Por primera vez la sociedad esta ampliamente representada gracias a la apertura democrática y su voluntad debe ser atendida, no puede ser ignorada, de otro modo se estaría atacando los principios democráticos. Esto implica que el Ejecutivo deberá de ajustarse a lo que la representación popular establezca.

También es importante recordar que el poder político significa un servicio para la sociedad y no el dominio sobre ésta, por lo que aquel no habrá de oponerse al interés nacional, al bien común. Así que las decisiones y las acciones que aquellas deriven deberán estar en concordancia con dicho interés, con dicho bien. Atentar contra él implica la violación de los principios éticos sobre los que se funda el Estado.

Así, pues, mas allá de la discusión a partir de los aspectos técnico - económicos que implica el déficit fiscal y la reducción de los impuestos, el Ejecutivo debe de entender que a estos hay que anteponer aquellos principios y que si la sociedad se ha pronunciado a favor de tales decisiones, tendrá que ajustarse a ellas.

Aún, sin embargo, considerado desde el aspecto puramente económico, no se sostiene teóricamente la inviabilidad del déficit fiscal y la reducción de las contribuciones. Veamos: técnicamente el déficit es el resultado de la falta de coincidencia entre la cantidad de gastos y la de ingresos del gobierno en un período de tiempo determinado. Desde esta perspectiva no es ni malo ni bueno, ni benéfico ni pernicioso. Lo que le da ese carácter o contenido es el destino y uso que de ese déficit se haga. La teoría económica que sostiene la pertinencia del déficit aclara que si el exceso de gasto es utilizado directamente para inversiones productivas públicas o para estimular tal tipo de inversiones de carácter privado, muy probablemente en el período posterior el déficit podrá ser cubierto por la mayor recaudación de impuestos que generará la actividad económica redinamizada por el gasto excesivo del primer período. Así, el déficit habrá servido para impulsar el crecimiento económico. Queda el problema de como financiar el déficit. Es cierto que la vía de la deuda es riesgosa. Queda la emisión de dinero y el incremento de los ingresos de las empresas públicas. La primera puede utilizarse en el corto plazo, aunque implica sacrificar, en alguna medida, algunos puntos de inflación. La segunda se piensa no por el lado de incrementar los precios de dichas empresas, sino por la vía de incrementar su número (y no precisamente en sectores estratégicos sino en áreas altamente redituables en donde la ganancia es segura). Estas dos vías no se quieren explorar porque van en contra del proyecto neoliberal, pero son perfectamente pertinentes y viables.

El Ejecutivo argumenta que el déficit fiscal ha sido el causante de muchos de nuestros males económicos actuales y que eso es sólo responsabilidad de los gobiernos populistas quienes hicieron uso y abuso de dicho déficit. Por desgracia ese argumento tampoco se sostiene. Efectivamente los gobiernos entre 1940 y 1982 basaron su estrategia económica en un permanente déficit fiscal contra lo realizado por los gobiernos de entre 1983 y 1997. Sin embargo, el desastre económico vino en el segundo período, en el que se privilegió el equilibrio fiscal y se inutilizó el recurso de la expansión monetaria y la participación de la empresa pública. Basten algunos datos para ilustrar lo anterior.

Período y tendencia ideológica. Variación porcentual del PIB Situación fiscal Variación porcentual de los precios.

Según nos muestra el cuadro estadístico, la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el período 1940-49 fue del 6.2%, en 1950-59 fue de 6.7,% en 1960-69 de 8.4% y en 1970-79 de 7.5%. En cambio de 1980 a 1989 fue de 1.3%, en 1990-94 fue de 2.96%, en 1995 de -6.90% (decrecimiento) y en 1996 del 3.5%. Es decir, el déficit fiscal creó crecimiento, el equilibrio fiscal detuvo el crecimiento. Ahora veamos los precios. En 1940-49 la tasa de inflación fue de 17.80%, en 1950-59 de 8%, en 1960-69 de 2%, en 1970-79 de 29.40%. En cambio en 1980-89 fue de 69.70%, en 1990-94 de 18.90%, en 1995 de 51.97% y en 1996 de 40%. De donde se concluye que el déficit fiscal en ningún período logró generar las tasas de inflación que se vivieron en la época del equilibro presupuestal.

Así, pues, parece claro que tampoco desde la perspectiva económica existen argumentos de peso real para no incurrir en déficit como mecanismo para impulsar el crecimiento económico y mejorar lo niveles de bienestar de la población. Lo que se argumente en contrario es un mito con el que hay que acabar para siempre. En economía no hay verdades absolutas. He aquí la prueba.

Ética, democrática y económicamente es viable y pertinente utilizar el déficit fiscal para fines de interés nacional. Es una lástima que el Ejecutivo no piense igual.