POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

Maria Cecilia Montemayor Marin y otros

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2. UN MODELO EN TRANSICIÓN

El modelo Burocrático demuestra claros síntomas de agotamiento, resulta ineficiente e insuficiente para afrontar la nueva realidad y por lo tanto está en crisis. Así, los primeros en reconocer esta crisis, y actuar en consecuencia, han sido los propios dirigentes locales. Presionados por el llamado proceso de descentralización de funciones del Estado nacional y por la demanda social es necesario comenzar a poner en marcha políticas que procuran una salida productiva para la crisis social.

3. BASES PARA UN NUEVO MODELO

Si aceptamos que el desarrollo local, tal como se definió antes, es el resultado de la acción conjunta y coordinada de las instituciones públicas y sociales locales que de lugar al desarrollo económico sustentable; debemos reconocer que se requiere una transformación en la forma de concebir y ejecutar la política local. Se requiere, entonces, un nuevo modelo tanto de gestión como en la relación Estado- Sociedad, lo que demanda un cambio en ambos. Veremos, entonces las principales características que deben tener el estado y la sociedad local.

3.1. EL ESTADO Y EL GOBIERNO

La implementación de políticas de desarrollo local requiere que el municipio actúe como catalizador, facilitador de oportunidades y coordinador, y no solamente como distribuidor de recursos. De esta forma la dinámica de los procesos de decisión política se ve transformada de la tradicional “coordinación jerárquica y burocrática” a una serie de acciones de consulta, consenso y articulación de redes de actores, donde el municipio cumplirá un papel central pero no monopólico. Esta transformación es de índole política y requiere de un cambio de visión y de práctica por parte de los dirigentes locales.

El municipio continuará con un papel central por dos razones. Una, que en su rol de Estado al nivel local tenderá a proponer un determinado rumbo de desarrollo, y, a su vez, buscará conducir políticamente a las fuerzas sociales involucradas, debiendo resolver los conflictos de intereses. La otra razón es de tipo institucional; esto es que por su naturaleza jurídica la autoridad política estatal posee, en el marco de sus competencias formales, la capacidad de normar y legislar, y por lo tanto imponer y hacer respetar sus decisiones en los asuntos públicos. Esta capacidad, que no la posee ninguna otra institución local, le otorga necesariamente centralidad frente a los demás actores.

Asimismo, un nuevo modelo de gestión requiere de un municipio ordenado, con información confiable y capacidad de gestión, aunada a profunda reforma del Estado.

Consideramos relevante decir, que esta reforma del estado pendiente debe ser diferente a la experimentada en los noventa, que se centró en los procesos de desregulación, descentralización y privatización recomendados por los diferentes organismos internacionales, para construir un Estado al servicio del desarrollo.

Por otro lado, para el desarrollo local el gobierno municipal debe tomar en cuenta la relación con la sociedad local, lo que le permite conocer con mayor certidumbre la realidad económica, social y política en la que tiene que actuar. Esta situación le permite poseer condiciones óptimas para llevar adelante una política de participación que vaya contribuyendo a la democratización, tanto de la vida política como del propio estado.

Así, el involucramiento de la comunidad en la resolución de sus problemas es complejo, demanda grandes esfuerzos, los plazos son más extensos y en ocasiones la tarea es desgastante, pero en la mayoría de los casos los resultados estarán garantizados

Por su parte, los políticos locales deberán reconvertirse hacia un perfil de facilitadores, catalizadores y mediadores de los intereses de los actores de la comunidad, que no siempre son coincidentes entre sí.

La asociación público- privado no sólo remite al sector empresarial, sino que incluye a los trabajadores y a todo tipo de organizaciones sociales. Armonizar y conducir políticamente todos estos intereses será la nueva tarea de los políticos locales. Así, si el perfil del funcionario del modelo tradicional rescataba las capacidades de administrar con eficiencia, y obtener y asignar recursos; ahora deberá incorporarle la de liderar proyectos innovadores en dónde deberá superar bloqueos, canalizar y diluir los conflictos, en fin, articular con los actores locales.

Se requiere por parte de la dirigencia política un cambio en la visión que se tiene sobre la sociedad local. Esto significa que debe dejar de ser tomada solamente como la base social y legitimadora del poder político, para ser considerada como una “cantera de recursos” para asociarse con el fin de procurar el desarrollo local. De esta forma, un adecuado diagnóstico de las fortalezas y debilidades de su comunidad es el elemento central para cualquier proyecto de desarrollo local. En este sentido, se debe tener en cuenta no solo los aspectos materiales (infraestructura, equipamiento, etc.) con que se cuenta sino, y principalmente, las características de las instituciones y los recursos humanos existentes en la sociedad.