LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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DESEQUILIBRIO DEL SECTOR EXTERNO: DEVALUACIÓN O ESTABILIDAD

Abril, 1992

A pesar de las declaraciones oficiales respecto al rumbo de la economía mexicana. A pesar de algunos signos inequívocos de estabilidad y crecimiento económico, nuestro país aún transita una etapa llena de incertidumbre. Ningún avance, hasta el momento, puede tomarse como un hecho consolidado, la estabilidad es apenas aparente y temporal, mientras que los rezagos sociales se multiplican.

En lo económico la invasión de productos del exterior ha propiciado importantes incrementos en el déficit del sector externo, lo cual representa en estos momentos el punto más frágil de la economía nacional. Pues para cubrir dichos déficit se ha recurrido a créditos del exterior y de manera importante se confía en que la entrada de inversión extranjera permitirá financiar dichos déficit. Sin embargo, los déficits van en incremento requirieron volúmenes de inversión extranjera que definitivamente están lejos del alcance del país. Sobre todo si consideramos que buena parte de la entrada de capitales extranjeros se ha producido a través de la participación en operaciones de bolsa. Es decir, su volatilidad es muy alta. Al mismo tiempo es necesario considerar, además, que no se esta tomando en cuenta los fuertes flujos de capital hacia el exterior que representa la existencia y ampliación de la inversión extranjera.

Según datos del Banco de México en los últimos dos años nuestro país ha pagado al exterior por concepto de utilidades, intereses y regalías de inversión extranjera una cantidad que representa las dos terceras partes del monto de capital extranjero que ha ingresado en los mismos años. Ello significa en otras palabras que entre más capital extranjero entre más fluye hacia el exterior. De manera que se complica aún más la situación del sector externo.

Esto último sólo denota que a pesar de las reformas económicas nuestro país no ha sido capaz de generar una vocación exportadora, porque, entre otras cosas, no existe aun capacidad suficiente para hacerlo. Y por desgracia, mientras la economía mexicana se ha abierto al mundo, el resto de los países adoptan medidas proteccionistas para defender sus economías. De esta manera los caminos para los productos mexicanos se han vuelto más estrechos y en algunos casos se han cerrado.

La afanosa búsqueda por la firma del TLC denota cierta angustia por acceder a nuevos mercados, pues existe la conciencia de que solo incrementando las exportaciones se aliviaran los problemas del sector externo y de la economía en su conjunto. Desde luego, en un marco de acción en que las importaciones no se limitan y se pretende que los capitales extranjeros impulsen en el proceso exportador.

En este afán por crear una capacidad exportadora y en general con el fin de generar una estabilidad para toda la economía se ha mantenido la paridad del peso frente al dólar. Pero ello a conducido a niveles de sobrevaluación muy importantes a tal grado que las exportaciones nacionales han perdido competitividad en el extranjero y las importaciones se han vuelto demasiado baratas.

Es decir, la sobrevaluación del peso ha contribuido a la inestabilidad del sector externo. Tarde o temprano esta inestabilidad tendrá que corregirse con una devaluación, que entre más se retarde, de mayores consecuencias será. La apuesta del gobierno mexicano es hacia la inversión extranjero, cuyo flujo asegura los fondos necesarios para financiar los déficits externos. Pero ello es una apuesta riesgosa. La gran mayoría de las nuevas inversiones extranjeras se registran en forma de compra de acciones bursátiles. Una devaluación forzada no solo producirá fuertes presiones sobre la estabilidad de la economía en general y de las empresas en particular. Además generará un fuerte proceso especulativo y la inmediata salida de los capitales extranjeros que en forma de acciones son extremadamente volátiles. Una devaluación reprimida conduciría a perder en buena medida las fuentes de financiamiento del sector externo y trabarían los esfuerzos por controlar la inflación. Al mismo tiempo cerrarían ( aunque sea temporalmente) la posibilidad de expansión de las empresas.

Así pues la estabilidad es un riesgo que corre todo el país. Contradictoriamente la estabilidad interna alcanzada y la inestabilidad externa son producto del mismo esquema de acción gubernamental, la política actual ha propiciado ambas sin que hasta el momento existan o están en proceso de implementarse mecanismos que medien la contradicción y aseguren la estabilidad de colapsarse el sector externo. El tiempo para corregir el rumbo puede agotarse en un plazo muy corto.