LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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DEPENDENCIA ECONÓMICA Y DESARROLLO

Octubre, 2001

El proceso de integración económica de México con Estados Unidos mediante el Tratado de Libre Comercio reformuló las relaciones de dependencia económica de nuestro país con su poderoso vecino profundizándolas a un nivel sin precedente.

Es cierto que desde hace muchos años, la economía mexicana ha estado ligada de manera estrecha a la norteamericana, sin embargo, en el nuevo esquema de integración el peso económico de la relación con E.U. es aplastante. El comercio de exportación con éste país pasó de representar el 60% a casi el noventa por ciento, en tanto que sus flujos de inversión extranjera hacia México incrementaron su importancia en un 20%.

Lo más grave es que esta nueva forma de dependencia económica ha obligado a reformular las bases del funcionamiento de la economía mexicana de tal manera que los mecanismos que promueven el crecimiento económico ya no se encuentran, como en el pasado ligados al comportamiento del mercado interno, sino que, por el contrario dependen casi exclusivamente del sector externo, lo cual ha disminuido considerablemente la capacidad de respuesta del gobierno mexicano y de los agentes económicos nacionales para resolver los problemas derivados de la crisis económica internacional. Pero, al mismo tiempo los espacios de maniobra en materia de política económica se han reducido para México debido a que los acuerdos comerciales firmados impiden aplicar medidas que pudieran mejorar la situación nacional. De modo que ahora las posibilidades para el desarrollo nacional están más lejanas porque la profundización de la dependencia económica es un impedimento muy grande para lograrlo. Los países que hoy son potencias económicas lograron su progreso debido a su capacidad para manejarse con total autonomía, eso fue lo que les dio fortaleza. Es un mito la idea de que mediante la globalización se alcanza el desarrollo, no es verdad, sólo se profundiza la dependencia y se aplaza de manera indefinida el progreso de los países más débiles.

Esto lo confirman las declaraciones del Secretario de Hacienda la semana pasada en el sentido de que el crecimiento económico del próximo año depende de lo que suceda con la economía norteamericana “ si crece su economía, crece la de nosotros” y que “esto sucederá con o sin reforma fiscal” (El Financiero 24/10/01).

Estas afirmaciones ponen en claro tres cosas: Primero, la pérdida de la capacidad de la economía mexicana para propiciar por sí misma una dinámica de crecimiento económico. Segundo, el hecho de que la reforma fiscal no asegura el mejoramiento de la economía, porque, en este contexto, es un instrumento muy débil y poco significativo para poder promover la recuperación económica. Tercero, la insistencia del presidente Fox de querer crear pánico o falsas expectativas con mentiras o medias verdades, ya que él mismo ha dicho que sin reforma fiscal no habrá crecimiento y esto no es cierto por partida doble, porque puede haber crecimiento sin reforma y porque aún con reforma puede no haberlo.

La economía mexicana se encuentra en un punto de inflexión muy importante. Las situaciones de crisis normalmente constituyen momentos de redefinición de las pautas del desarrollo. La crisis de los treintas y la derivada del fin de la segunda guerra llevó a una reorganización económica interna, básicamente pensando en reducir la dependencia económica que había probado ser nociva para nuestra economía. La crisis de 1982, llevó a replantear todo el esquema de desarrollo nacional y a implementar otro modelo que hoy está haciendo crisis. Este es un momento para la renovación, para el replanteamiento de nuestros objetivos y de los medios a través de los cuales los podemos alcanzar. No es momento ya para seguir esperando que nuestro futuro lo determinen desde fuera. No podemos seguir pensando al país desde una actitud contemplativa en la que nada podemos decidir. La globalización no tiene porque ser un pretexto para no tomar decisiones que nos permitan avanzar. Aún en la complejidad que implica la integración económica es posible obtener ventajas para México, lo cual sólo es posible si se deja de lado la actitud de vasallo y se adopta una actitud de hábil negociador, cosa que, en el primer caso les ha sobrado y en le segundo les ha faltado a los gobernantes mexicanos en las últimas dos décadas.