BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


ÉTICA, PSICOLOGÍA Y CRISTIANISMO

José María Amenós Vidal y otros

 

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1. Persecución religiosa.

El segundo gobierno del Gral. Perón se destacó, entre otras particularidades, por su animosidad manifiesta contra la Iglesia Católica y su Jerarquía, desencadenando una serie de medidas y acciones gubernamentales que dieron lugar a la “Primera Persecución religiosa en la República Argentina”, y que concluyó en la triste, irreproducible y sacrílega jornada del 16 de junio de 1955, donde muchos templos porteños fueron incendiados y profanados, amén de la Curia Arzobispal –que ardió hasta quedar aniquilada con su rica biblioteca de 80.000 volúmenes y sus archivos que guardaban casi cuatro siglos de historia-, y las magníficas iglesias de Santo Domingo y San Francisco, la Capilla de San Roque, San Ignacio, La Merced, San Miguel Arcángel, La Piedad, Nuestra Señora de las Victorias, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Nicolás de Bari, San Juan Bautista, y la misma Catedral Primada, tesoros venerables de Fe y Patriotismo.

Bastan unas frases, significativas por cierto, de boca del entonces Vicepresidente de la Nación, Contralmirante Alberto Tessaire, para ilustrar la esencia de los tristes y sacrílegos hechos que se sucedieron en la República Argentina durante la segunda presidencia del General Juan Domingo Perón: “(...) La crisis partidaria fue, como es lógico, una consecuencia de la crisis política argentina. Se origina principalmente en la inmoralidad administrativa y culmina con la agresión contra la Iglesia, cuya iniciación nace del despecho que le produjeron a Perón los éxitos de público en los actos estudiantiles secundarios de Córdoba, frente al fracaso de los mitines organizados por la UES, creada por él como instrumento político. Pero como Perón no podía arrastrarnos a la lucha anticatólica con ese pobre argumento, fabricó la leyenda de la intromisión clerical en la política, a cuyo efecto inventó hechos imaginarios, exhibiéndonos elementos de juicio totalmente falsos. Embaucados de esa manera, se produjo el acto del Luna Park, donde algunos oradores -haciendo fe en su palabra y en sus afirmaciones—censuramos esa intromisión de la Iglesia en la política, sin advertir –hasta días después—que todo era un fraude cuidadosamente preparado por el ex presidente, cuya fingida indignación era parte de la comedia representada”.

(...) “Posteriormente, Perón intentó arrancar de las Cámaras legislativas una ley de expropiación del templo de la Catedral, a cuyo efecto le hizo presentar un proyecto a su ministro Méndez San Martín que, se empeñó personalmente en prestigiarlo. Pero varios nos opusimos terminantemente a ese propósito, evitando que se consumara otro atropello contra la Iglesia. Ya estábamos en antecedentes de la verdad del problema y esta vez Perón no pudo sorprendernos con otro engaño”.

(...) “En cuanto a la forma en que Perón ejercía el poder, debo significar que él conocía absolutamente todo y manejaba todo, hasta cosas muy chicas y generalmente de mala fe. Nada de lo que el gobierno de Perón ha ejecutado, sea cual fuere la naturaleza de los hechos ocurridos, se ha llegado a concretar sin el consentimiento directo de Perón. En consecuencia, hemos asistido a un ejercicio del poder con el que no se gobernaba, sino que se ordenaba”.

(...) “En homenaje a la más estricta verdad, por muchos presentida pero por mí bien conocida, debo destacar que Perón carecía absolutamente de sentimientos. Sin sentimientos para la madre, para la esposa, para el hermano, para nadie, solo tenía el sentimiento del odio, sentimiento sensualista y codicioso. No quería al país”.[2].

El actuar de los blasfemos y sacrílegos fue certeramente manipulado, y frases del entonces presidente de la nación argentina, resultan más que lustrativas al respecto: 2 de agosto de 1946."El día que ustedes se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan".

13 de agosto de 1946. "Entregaremos unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién".

24 de junio de 1947. "Con un fusil o con un chillo a matar".

8 de septiembre de 1947. "Levantemos horcas en todo el país para colgar a los opositores".

3 de junio de 1951. "Vamos a salir a la calle una sola vez ... para que no vuelvan más ellos ni los hijos de ellos".

31 de agosto de 1951. "Distribuiremos alambre de fardar para ahocar a nuestros enemigos".

7 de mayo de 1952. "Compañeros, cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si ello fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días".

16 de abril de 1953. "Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo".

16 de abril de 1953. "Hay que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol”.

16 de abril de 1953. "Eso de la leña que ustedes me aconsejan por ¿Qué no empiezan ustedes a darla?”.

31 de agosto de 1955. "Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades puede ser muerto por cualquier argentino (...) Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos (...)”.

“Noche de la Pasión de Jesús en Buenos Aires”, fue llamada aquella noche trágica del sacrilegio, de la blasfemia, de la destrucción y del pecado. Junto a la Eucaristía pisoteada, los sagrarios rotos, los altares mancillados, los cálices ultrajados, las imágenes sacras deshechas y vejadas, no pocas reliquias patrias sufrieron el mismo y endemoniado castigo. Desde las tumbas de los héroes hasta las banderas nacionales y los trofeos de guerra.

Y en esa noche de orgía, el Rvdo. P. Jacobo Wagner, C.SS.R, se encontraba con su comunidad redentorista, para dar comienzo a la frugal refección presidida por el Cardenal Caggiano; cerca de las 20:15 hs se oyeron gritos en las calles y pocos minutos después, una turba asalariada por el régimen, violentaba las puertas de la Iglesia de Las Victorias, sita en la calle Paraguay 1204 de la entonces Ciudad de Buenos Aires, irrumpiendo en el templo y en la residencia, rugiendo y blasfemando, quemando y destrozando cuanto hallaban a su paso. La comunidad se dispersó por el interior del convento, las azoteas y el campanario, se hicieron sonar las campanas en demanda de auxilio, al que acudió un auto policial, cuyo oficial después de verificar lo que sucedía en el interior del templo, se retiró tranquilamente. El P. Wagner guió por los corredores de la casa al cardenal Caggiano, a fin de ponerlo a salvo; concluida su misión, pasó frente a la pieza del Padre Provincial, saqueda por siete u ocho de los asaltantes. Quiso entrar para llamarles la atención por lo sucedido, pero fue detenido por uno de aquellos forajidos y golpeado salvajemente con un palo. Aturdido por los golpes, sangrándole las heridas del rostro y de la cabeza, caminó penosamente hasta otra puerta, y a punto de abrirla varios malhechores se precipitaron hacia la salida y volvieron a golpear al sacerdote. Gracias a la acción de un caballero y una señorita, fue arrancado de los malvados y puesto a salvo, siendo rápidamente conducido a otra casa más lejana; en ese interín se hizo presente la policía para detener al sacerdote, y al no hallarlo, llevaron detenidos al caballero y a la señorita que le habían prestado auxilio. En el hogar de la familia Martínez del Villar, el P. Wagner recibió las delicadas atenciones que le salvaron la vida en principio, pero que dejaban entrever su lamentable estado y hacía temer la probabilidad de un rápido fin. Poco a poco fue reponiéndose de sus heridas y de la tremenda conmoción sufrida; no obstante, poco a poco se va acentuando su falta de estabilidad. El 25 de julio debía haber celebrado en el altar mayor de las Victorias, pero solo pudo asistir a la misa sentado en un sillón en medio del presbiterio. En la tarde del 30 de julio, el P. Leo Harkins lo confesó y el Padre Provincial en presencia de todos los Padres y Hermanos de la comunidad le administró los santos sacramentos del Viático y la Extremaunción, que recibió con toda lucidez y admirable serenidad de espíritu. Lentamente fue consumiéndose hasta la tarde del 7 de agosto; durante la mañana y en horas de la tarde permaneció inconsciente. A las 16:32 hs, susurra la invocación “Cristo”, terminando en ese instante “su agonía y pasión”, “verdadero martirio”, y comenzando su gloria, a casi 71 años de edad.


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