BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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4.1.2. El volumen de empleo

Dada la propensión al consumo de la comunidad, el nivel de equilibrio del empleo depende exclusivamente de la cantidad de inversión corriente, el cual por su vez depende del incentivo a la inversión, dependiendo este de la eficiencia marginal del capital en relación al compleja de tasas de interés de los prestamos de varios plazos y riesgos.

Siendo así, dada la propensión al consumo y la tasa de la nueva inversión, no existirá sino un nivel de empleo compatible con el equilibrio, pues un otro equilibrio produciría una desigualdad entre el precio de la oferta global de la producción en su conjunto y el precio de su demanda global. La demanda efectiva de pleno empleo es un caso especial, que se realiza solo cuando la propensión marginal al consumo y el incentivo a la inversión se encuentran en una relación recíproca particular, óptima, como presuponen los clásicos. El sistema económico puede encontrarse en un equilibrio estable con el empleo inferior al pleno empleo. Es decir, al nivel dado por la intersección de la función de demanda global y de la función de oferta global, que no corresponde al pleno empleo excepto en el presupuesto, defendido por la teoría neoclásica, segundo el cual existen fuerzas capaces de hacer con que la inversión D2 aumente lo suficiente de modo a que el ahorro Z  D1 sea igual a cero.

Si la propensión al consumo y la tasa de nueva inversión se traducen por una insuficiencia de la demanda efectiva, el volumen de empleo se reduce, permaneciendo a un nivel inferior a la oferta de mano de obra potencial disponible al salario real actual, y, el salario real de equilibrio será mayor que la desutilidad marginal del nivel de equilibrio del empleo. Una insuficiencia de demanda efectiva trabará el proceso de producción, aunque el producto marginal de la mano de obra exceda aun en valor la desutilidad marginal del empleo, y, en ese caso, los trabajadores no tendrán opción de empleo.

La propensión al consumo y la tasa de nueva inversión determinan el volumen de empleo, al cual se encuentra asociado un nivel determinado de salarios reales. Si el volumen de empleo fuese determinado por la demanda efectiva, entonces no será fijado por la desutilidad marginal, medida en salarios reales, excepto en el caso en que la oferta disponible de mano de obra para una dada magnitud de salarios reales indique un nivel máximo de empleo.

Enfrentando los hechos de este modo, las causas de la desocupación están dependientes de las fluctuaciones en la demanda efectiva. ¿Por que razones la demanda efectiva fluctúa? Para Keynes, esa fluctuación parece ser una enfermedad del capitalismo de la maturidad. El hecho de una comunidad posea una riqueza considerable la lleva a aumentar el ahorro, debilitando la propensión al consumo.

De ese modo, las oportunidades de nuevas inversiones se hacen menores, la eficacia marginal del capital cae, a menos que la tasa de interés disminuya suficientemente rápido a fin de amplificar el incentivo a invertir; pero la naturaleza capitalista se corrompe y corroe a través del lucro fácil.

El hecho de la demanda efectiva fluctuar y no regresar a los niveles de pleno empleo implica, para Keynes, que la ley de Say no siempre se verifica, lo que obliga a una dupla investigación. En primer lugar, presupone esclarecer como se utiliza el ingreso en consumo e inversión. En segundo lugar, convida a encontrar una explicación para el gasto, es decir explicar por que esta no se realiza en consumo e inversión, por que el no-consumo no se transforma en inversión. Para Keynes, esta situación acontece solo en una economía monetaria, donde la moneda, más allá de servir como medida de trueque y circulación, sirve como medio de pago, pudiendo ser atesorada.

La idea de atesoramiento ocupa, efectivamente, un lugar central en la reflexión de Keynes sobre las funciones del dinero y la determinación de la tasa de interés, aunque sea solo una de las determinantes de la incertidumbre sobre la demanda de moneda o la preferencia por la liquidez, problemas teóricos que están asociados al comportamiento de determinados agentes. La teoría de Keynes refleja el intento de dar cuenta del cambio comportamental de un grupo social que, en la época de la competencia pura y perfecta, aseguraba- aceptando como convencionalmente ajustada a la tasa de interés vigente- la acumulación necesaria a las inversiones.

El primero aspecto a investigar es la insuficiencia de demanda efectiva, por lo que la construcción del modelo de Keynes se concentra en los factores que provocan las fluctuaciones de la demanda agregada. Del estudio del consumo se deduce que existe para Keynes una tendencia de largo plazo que actúa en el corto plazo, en la cual la propensión marginal al consumo es decreciente, aunque el nivel de consumo pueda ser estable, y del análisis de la inversión resulta el mayor condicionamiento para la demanda agregada, pues la inversión es inestable, de incertidumbre y limitado por las fuerzas egoístas de la especulación.

La demanda efectiva de pleno empleo es un caso especial que se realiza solo cuando la propensión marginal al consumo y el incentivo a la inversión se encuentran en una relación óptima, donde la utilidad del salario real es igual a la desutilidad del trabajo. Dada la propensión al consumo y la tasa de nueva inversión, existe un nivel de empleo compatible con el equilibrio, pues un otro equilibrio produciría una desigualdad entre el precio de la oferta global de la producción es el precio de su demanda global. Tal como en una economía de trueque o de moneda neutral, en la cual el salario real y el empleo están correlacionados, los ingresos generados en pleno empleo permiten la realización de la demanda, sobre la vigencia de la ley de Say.

Si ese nivel poder ser inferior al nivel de pleno empleo, el salario no podrá ser inferior a la desutilidad del trabajo. En ese caso, los precios de la oferta se deberán reducir y los ingresos deberán adecuarse. Si eso no fuese posible, si el ajuste por los precios no funcionase, el nivel de empleo se reducirá, presionando el precio del trabajo a la baja, generando desocupación involuntaria.


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