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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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3.1.5. El modelo de las ecuaciones fundamentales y el padrón-oro

Keynes consideraba que la desocupación resultaba de la deflación inducida por el elevado nivel de la tasa de interés. En ese sentido, quiso saber cual era el modo a través del cual una subida de la tasa de interés de mercado provocaba una caída de los precios y como esta generaba una caída de los salarios; saber por que motivo el mecanismo de los precios no animaba el empleo, incluso cuando la tasa natural estaba arriba de la tasa de interés bancaria.

En un sistema de libre iniciativa, en las circunstancias concretas del regreso al padrón-oro en Inglaterra, la subida de la tasa de interés era el único mecanismo para mantener la tasa de remuneración compatible con la tasa de eficiencia y la tasa de interés de mercado concertada con la tasa natural. Una tasa de interés más alta provoca un proceso de deflación a través de las pérdidas en las ventas y en la caída de los lucros de los empresarios, lo que hace con que los costos se reduzcan y tiene como consecuencia el aumento de la desocupación.

3.1.5.1. El padrón-oro y las causas de la desocupación

“(...) the gold padron is part of the apparatus of conservatism. For conservatism is always more concerned to prevent back sliding from that degrees of progress which human institutions have already attained, than to promote progres in those quarters which are ready for progress, at the risk of ‘upsetting the ideas‘of the weaker brethren and bringing into question precarious and hard-won conventions which have the merit that they do at last preserve a certain modicum of decent behaviour” .

Del análisis sobre la política de la tasa de interés y sus efectos deflacionistas se levanta un dilema para la política monetaria. Si el banco central controla el volumen de moneda a fin de evitar el riesgo de la circulación financiera, este retirará recursos a la circulación industrial y dará coraje a la posición ‘bull‘, permitiendo un aumento de P‘lo que irá provocar un exceso de inversión. En el caso contrario, provocaría una tendencia deflacionaria.

Estas son dos fuerzas desequilibradoras intrínsecas en una economía monetaria. La solución sería dejar que tanto la circulación industrial como la financiera encontrasen la cantidad de moneda que deseasen y una tasa de interés que en su efecto sobre la tasa de nueva inversión, equilibrase el sentimiento ‘bull‘. Como el equilibrio del sistema depende de la capacidad de previsión de los empresarios e inversionistas, esta política monetaria causará inevitablemente cierta inestabilidad. Como en el largo plazo el valor de los títulos, acciones y obligaciones, se deriva completamente del valor de los bienes de consumo en el corto plazo, la divergencia de su valor con los costos de producción corrientes de los bienes que reverencian esos títulos, estimulará o retardará la nueva inversión, lo que coloca en movimiento otros factores monetarios.

En tales circunstancias, la autoridad monetaria tendría que preocuparse con las posibles influencias y reacciones de la situación financiera en el equilibrio anticipado entre ahorro y la nueva inversión, a fin de determinar las causas del desequilibrio. Si la solución para la promoción de la inversión está en la capacidad del sistema financiero de satisfacer con préstamos la necesidad de recursos a la manufactura y al comercio, estos préstamos bancarios se destinarían a suministrar capital de trabajo a las empresas, es decir representan inversión corriente.

La pregunta que se levanta es: ¿porque motivo los bancos no generan crédito en cantidad suficiente y porque reciben una tasa por la cedencia de dinero en circunstancias que a estos no les cuesta nada o muy poco? De acuerdo con Keynes, la respuesta se debe encontrar en la existencia del monopolio bancario: “(...) the bankers, having a monopoly of magic, exercise their powers sparingly in order to raise the price. If bankers were a close corporation who could make bread of stone, it does not follow that they reduce the prices of the loaf to the cost of a quartern of stones. Where magic is at work, the public does not get the full benefit unless it is nationalised” .

Si la creación de crédito se destina a la demanda genuina de capital de trabajo, puede no haber inflación, porque el crédito cedido es liquidado en el fin del proceso de producción. También no hay razones para que el precio del crédito exceda el premio del riesgo y los gastos administrativos.

Para Keynes todo el problema reside en el hecho del sistema bancario optar por adherir a un sistema monetario con un padrón rígido que no corrige las divergencias periódicas entre ahorro e inversión, y, que es insensible a los cambios espontáneos de las tasas de ingreso, cuando estas tienden a elevar el nivel de los precios. Si un país adhiere a un padrón monetario internacional, el nivel de la tasa de interés no es fijado de acuerdo con esas circunstancias.

Keynes pone en causa hasta que punto un padrón monetario ideal tiene que ser un padrón monetario internacional, o de que modo los problemas de una gestión internacional del padrón monetario ponen en causa la autonomía política nacional: “ (...) for the maximum degrees of automatic action along these lines would by attained if every central bank were to surrender its right of independent action to the extent of agreing that it would always so regulate its credit policy that no appreciable quantity of gold would ever flow either into or out of its vaults-a result which would be sufficiently attained in practice if every central bank were to causes or to allow the inflow or outflow of gold to produce much effect as posibles on its term of credit, e.g. by causing it to move its bank rate up or down, as the case might be, to whatever extent might be necessary to reverse the movement of gold” .

El dilema, para un país que adhiere a un sistema monetario internacional, está en que, al preservar las ventajas de la estabilidad de su moneda relativamente a las monedas de los miembros del sistema en términos del padrón internacional, pierde al mismo tiempo la autonomía sobre la propia tasa de interés y sobre su volumen de prestamos externos.

Con el regreso al padrón-oro en 1925, Inglaterra se confrontó con dificultades adicionales y extraordinarias para la solución de los desequilibrios reales. Keynes estaba convencido de que el sistema de padrón-oro era un sistema que no ayudaba a sobrepasar las dificultades no-financieras, sirviendo solo a la clase ligada a los intereses financieros.

El pensamiento clásico defendía que la utilización del principio del laissez-faire permitiría nivelar la tasa de interés a escala internacional y, consecuentemente, permitiría también una mejor afectación de las cantidades de trabajo y de las cantidades de capital a nivel internacional, obtiendo así una eficiencia marginal del trabajo que seria homogénea en cualquier país. Si el movimiento del capital fuese libre y los riesgos fuesen los mismos, los salarios tenderían para un mismo nivel, por lo que en un país con salarios altos tenderá a producirse un desequilibrio negativo en su balanza externa, exigiendo una deflación de los lucros a fin de preservar su stock de oro. Así, la desocupación y la deflación de los ingresos presionarían el nivel de los salarios a regresar a un nivel similar al de los otros países.

La movilidad del capital, sea de corto o largo plazo, es evidentemente un fuerte argumento a favor de la existencia de tasas de cambio estables y de un padrón internacional estable. El problema para Keynes residía en ajustar los sistemas bancario, salarial y tarifario a un sistema de ámbito más amplio, como era el sistema monetario.

En ese sentido, sugiere adoptar un mayor control del crédito externo, de las importaciones y de las inversiones externas, a fin de evitar el vasto desempleo generado por la instauración del padrón-oro. Los automatismos atribuidos al laissez-faire monetario eran, para Keynes, resultado del convencimiento que la clase política y los medios financieros dominantes retiraban de la acción del padrón-oro en condiciones de dominio y hegemonía económica de la Corona Británica, la cual, siendo una realidad del siglo XIX, había dejado de ser después del cambio de siglo y, sobre todo, después de la I Guerra Mundial.

Keynes estaba persuadido de que un buen remedio solo es eficaz si sigue un buen diagnóstico, siendo el buen diagnóstico facultado por el análisis que las ecuaciones fundamentales permitían. El poder heurístico de las ecuaciones fundamentales residía en la capacidad de explicar la situación inglesa y, por extensión, la situación de los países capitalistas desarrollados, considerando que las fluctuaciones de los precios estaban indirectamente relacionadas con las fluctuaciones en la oferta de oro, y directamente dependientes del efecto combinado de las políticas de los bancos centrales relativamente a las tasas de interés y de las posibilidades de ahí avenientes, a fin de reducir los ingresos monetarios, sobre todo los salarios.

Como Keynes privilegiaba el equilibrio interno, la solución estaría en resolver el des-equilibrio entre ahorro e inversión, al cual atribuía la inestabilidad del nivel de los precios, buscando promover la inversión. Solo el incremento de la producción de la riqueza material en la forma de bienes de capital podría hacer reducir la tasa natural de interés, manteniendo el pleno empleo. Pero si el sistema bancario adherir a un sistema monetario que no corrija las divergencias periódicas entre S e I, donde los cambios espontáneas de las tasas de ingreso tienden a cambiar el nivel de los precios, la tasa de interés perderá el vínculo con el equilibrio interno.

La manutención de una situación de desocupación persistente induce Keynes a desconfiar de las relaciones establecidas en la determinación clásica de la tasa de interés. Una subida de la tasa de interés impide que el segundo término de la ecuación I - S/O aumente, y permite también con que E/O (o alternativamente M1V1) se reduzca. En un sistema de libre iniciativa este es el único mecanismo capaz de mantener la tasa de remuneración compatible con la tasa de eficiencia y la tasa de interés de mercado compatible con la tasa natural, aunque genere inevitablemente desocupación.

El objetivo de Keynes en este primer modelo fue demostrar que el nivel de los precios del output depende del nivel de los ingresos monetarios relativamente a la eficiencia, del volumen de inversión relativamente al ahorro, y de los sentimientos ‘bearish‘ o ‘bullnish‘ de los capitalistas relativamente a la oferta de depósitos de ahorro disponibles en el sistema bancario.

Como el poder heurístico de las ecuaciones no permite hacer consideraciones sobre las fluctuaciones en el empleo, estaba abierto el camino a la búsqueda de un otro modelo en que el output y el empleo fuesen el objeto de estudio; aunque un conjunto de categorías estuviese definido y un conjunto de relaciones estuviese establecido, será necesario establecer una otra relación entre el ahorro y la inversión; esto implicó una otra definición de ingreso, una otra discusión sobre la relación entre la tasa de interés de mercado y la tasa de interés natural, que alterase la relación de determinación de la tasa de interés y que integrase el futuro, es decir las expectativas de los agentes.

Las expectativas no influenciarían solo la tasa de interés, sino también la inversión, el ingreso y el consumo. Justamente, algún tiempo después de la publicación del ´Treatise‘, Keynes escribió: “My so-called “fundamental equations” were instantaneous pictures taken on the asumption of a given output. They attempted to show how, asuming the given output, forces could develop which involved a profit-disequilibrium, and thus required a change in the level of output. But the dynamic development, as distinct from the instantaneous picture, was left incomplete and extremely confused” .


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