La guerra de Malvinas
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ISLAS MALVINAS, SU HISTORIA, LA GUERRA Y LA ECONOMÍA, Y LOS ASPECTOS JURÍDICOS SU VINCULACIÓN CON EL DERECHO HUMANITARIO

Bruno Tondini

 

 

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VI.2.4.- La guerra de Malvinas.

El 24 de marzo de 1976, el golpe , "le dio el poder" a la Junta Militar, asumiendo la presidencia Jorge Rafael Videla y colocando en el Ministerio de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz.

Figura de prestigio en los ambientes empresarios tras-nacionales, abogado, hijo de una familia de la oligarquía, ejecutivo en varias empresas privadas, terco, de contextura aparentemente frágil, estrechamente vinculado a la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, liberal a ultranza, Martínez de Hoz dio vuelta la media de la concepción económica, basado en políticas de ajuste de una magnitud desconocida hasta ese momento.

El nuevo ministro llevó adelante una opción libremercadista en un contexto internacional donde sobraban los préstamos.

A Martínez de Hoz lo siguió Lorenzo Sigaut, un académico que tuvo que "abrir el paquete que contenía la bomba cambiaría". Un día declaró al periodismo: "No se puede continuar con el programa. No tendríamos ni rastros de las economías regionales, ni del agro pampeano ni qué decir de las industrias manufactureras. Seríamos un país yermo, usufructuado por quien quisiera, excepto por los argentinos".

La deuda externa creció de 8.500 millones de dólares en 1979 a 19.500 millones de dólares en 1980. Durante 1981 llegaría a los 32.000 millones de dólares. En definitiva, entre 1975 (el Rodrigazo) y 1981 la deuda externa de Argentina se multiplicó cuatro veces y media. Cuando se fueron los militares la deuda externa sumaba 44.000 millones de dólares.

El cepo cambiario se abrió dejando paso a una devaluación que comenzó siendo del 30 por ciento; luego le siguió otra similar de un 30 por ciento más. Sigaut dividió su Ministerio en cinco, fue constantemente acosado por los sectores liberales y vivió en una eterna inestabilidad, producto de las luchas de máximo poder político. Debía luchar contra la desconfianza generalizada.

El problema de la "confianza" comenzaría a tenerse en cuenta como un elemento clave en la economía criolla. Los mercados financieros concentrados, el mercado interno oligopolizado y un Estado cacheteado, sin fuerzas, vaciado constantemente, obligaba a los líderes políticos a asegurar "confianza" y condiciones "atractivas" a una burguesía nativa cada vez más desconfiada.

Viola perdió fuerzas y sustento en el aparato militar. En su puesto fue ubicado el general Leopoldo Fortunato Galtieri, de porte soberbio, formado en West Point, que designó a un hombre de confianza en un Ministerio que se volvía decisivo: Roberto Alemann, ex embajador argentino en Washington, ligado a la banca europea y a la suiza en particular. Su acción se concentró en "desrregular, desestatizar, desintervenir".

El gobierno había perdido apoyo en todos los sectores y ya no podía valerse de otro Mundial de Fútbol, como el de 1978, que le sirviera de "vía de escape". En esta línea Galtieri y el Estado Mayor decidieron "recuperar" las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982 con el pretexto de que las negociaciones pacíficas con Gran Bretaña habían fracasado dos meses antes .

El gobierno argentino, que estaba a la deriva, de pronto enfió hacia los mares del sur, creyendo que contaba con el respaldo de militares norteamericanos para esa audaz y caprichosa acción. Esta decisión sin criterio que costó la vida de miles de jóvenes argentinos (la mayoría proveniente de las provincias) partió de hipótesis erróneas.

La Casa Rosada insistía en que Ronald Reagan, vinculado históricamente a la Inglaterra de Margaret Thatcher, no abandonaría a su suerte a sus "amigos" argentinos. Ocupadas las islas, en el centro de una tensión internacional, Argentina quedó sola en el intento. Estados Unidos ha sido, es y será aliado de Inglaterra, en todo concepto.

Pero cualquiera fuese el razonamiento -el de oportunismo demagógico, el de desesperación o el de ignorancia de las reglas de juego internacionales y de los intereses de las grandes potencias-gran parte de la sociedad argentina le dio el visto bueno al mesianismo del gobierno en el camino de la guerra.

La Plaza de Mayo congregó a febriles manifestantes que vivaron la ocupación. Se recolectaron joyas en la televisión para disponer de más fondos. Una semana antes miles de obreros habían exigido en el mismo sitio aumentos salariales y habían sido severamente reprimidos por las fuerzas de seguridad. Pero esta vez, Galtieri salió al histórico balcón, patrimonio del peronismo, y fue ovacionado por la multitud repetidas veces.

A lo largo de los acontecimientos el poder militar dispuso de un aparato de acción psicológica, de una campaña publicitaria que justificaba las acciones bélicas y el trabajo diario de periodistas de prensa escrita, radio y televisión que elogiaban la ocupación.

En medio del conflicto, Alemann fue reemplazado por José María Dagnino Pastore, ex ministro del onganiato y figura respetada en el establishment; se lo eligió más por su tecnicismo que por sus habilidades políticas o sus contactos internacionales. Su segundo fue Adolfo Sturzenegger, angelocista devenido en cavallista en los noventa. En el Banco Central ocupó la presidencia Domingo Cavallo, economista cordobés, ex asesor del general Tomás Liendo, quien de inmediato se manejó con independencia y puenteando a Dagnino Pastore. Cavallo se negaba a recibir órdenes o sugerencias del Ministro de Economía . Actuaba por su cuenta y exasperaba a sus colegas. El momento era particularmente angustioso. La invasión costó cara al país porque quedó totalmente marginado del mundo financiero mundial y muy mal calificado.

La deuda pública y privada del país llegaba al 150 por ciento del Producto Bruto Interno. Las reservas en divisas no alcanzaban para responder a los vencimientos de la deuda externa. Era un adelanto de lo que se venía en todo el nuevo continente, cuyas clases dirigentes tomaron créditos delirantes en los setenta. El 20 de agosto de 1982 México anunciaría la suspensión de los pagos de su deuda externa desencadenando un terremoto internacional que se conocería como "La bomba de la deuda".

El cuadro internacional presentaba rasgos dramáticos. Una segunda oleada de aumentos en el precio del petróleo en 1979-1980 llevó a Ronald Reagan y Margaret Thatcher a luchar contra la inflación; no contra la recesión que era el motor del estancamiento. Desde el Hemisferio Norte se aumentaron las tasas de interes y eso repercutió en los países deudores. Las naciones periféricas, con déficit de arrastre desde hacía años, suscribieron a todos los créditos posibles a cualquier tasa de interés. Ese proceso se llamó "reciclaje de petrodólares".

La deuda externa global de América Latina y el Caribe en 1978 arañaba los 155 mil millones de dólares. Cuatro años después, en 1982, trepaba a 331.470 millones.

Fue de este modo que los países del Tercer Mundo y de Europa Oriental llegaron a comprometerse con deudas externas por 626 mil millones de dólares, más de tres veces el total de seis años atrás. Quince países (entre ellos Argentina) procuraron negociar vencimientos por más de 90 mil millones de dólares tomados a la banca comercial. Argentina era un eslabón importantísimo de la cadena de moratoria. Después de 1982, de las Malvinas y de la moratoria mexicana los bancos gritaron socorro y pidieron desesperados que interviniera el Fondo Monetario. Los acreedores fomaron entonces un "club" (steering committee) y el FMI se propuso negociar caso por caso.

Los empresarios argentinos, ahogados financieramente en medio de la recesión y sin respaldo bancario -muchos de ellos dependientes de los negocios con el Estado- solicitaron ayuda con urgencia. Cavallo los escuchó y los protegió. Dispuso la transformación de la deuda privada de corto plazo en largo plazo, con seguro de cambio. El Estado, en definitiva, se hizo cargo de los pasivos del sector privado .

La derrota militar vino junto con la humillación internacional, el definitivo fracaso económico y el constante petitorio de la clase política, agrupada en la Multipartidaria. El desprestigio y la disconformidad de la sociedad llevaron al traspaso del poder a los civiles. Poco antes de las elecciones que llevaron a Raúl Alfonsín a la presidencia Juan Alemann predijo: "El próximo gobierno estará tan inhibido para actuar que, virtualmente, estará condenado al fracaso". Alemann creía que el peronismo sería el ganador de la lucha electoral. Pero su augurio, sin tener en cuenta el escenario político, al tiempo, se cumplió al pie de la letra.

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