Los sucesivos reclamos argentinos
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ISLAS MALVINAS, SU HISTORIA, LA GUERRA Y LA ECONOMÍA, Y LOS ASPECTOS JURÍDICOS SU VINCULACIÓN CON EL DERECHO HUMANITARIO

Bruno Tondini

 

 

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III.4.- Los sucesivos reclamos argentinos.

La toma de Malvinas por parte de Gran Bretaña llego a Buenos Aires durante el Gobierno de Balcarce, quien inicio las protestas de rigor que llevaron adelante todos los Gobiernos Argentinos a partir de esa fecha.

Los periódicos de la época , a partir de los acontecimientos reflejaban en sus páginas sorpresas y dolor por la contradicción ostensible entre los principios de libertad y civilización propugnas por Inglaterra y la realidad objetiva.

Sobre todo por que los ingleses fueron los primeros y más constantes defensores de la Independencia Argentina respecto de España. Los diarios atacaron fundamentalmente la negación de los ingleses de recurrir a la vía de las negociaciones. “Si se consideraba con títulos para invadirnos ¿les faltaban acaso agentes para exponerlos ”. “Cómo creer que el pabellón que en los mares Helenos ha sido la salvaguardia de la libertad e integridad, se enarbole ahora para defender la violencia y el despojo, cómo creer que aquel que se ostenta majestuoso para asegurar hasta el ultimo pesado de terreno a los Belgas, flamee sin gloria para arrebatar por sorpresa la propiedad del débil ”, “Una Isla, estéril abrigo de alguno marisca es suficiente sebo para que un pueblo marchite sus laureles ”.

A partir del 17 de junio de 1833 se estableció el patrón de discusiones diplomáticas entre ambas países para los años sucesivos.

En esa fecha, Manuel Moreno, representante argentino ante el gobierno inglés, presentó la protesta de su gobierno en la forma de un largo documento escrito tanto en inglés como en francés . Principalmente, la "Protesta", como se la conoce, desarrolla los fundamentos ya expuestos en el controvertido decreto de nombramiento de Vernet del 10 de junio de 1829. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, como comunidad política independiente, reconocida por Gran Bretaña y otros estados, sucedió a España en los derechos territoriales de ésta en esa jurisdicción. Las Malvinas habían sido claramente patrimonio de la Corona española. Por lo tanto, dado que la soberanía española sobre las islas había cesado por la independencia de sus territorios en América, Gran Bretaña no tenía derecho a reclamo alguno, "por derechos ya extinguidos ".

La respuesta británica tardó en llegar. Seis meses más tarde, 8 de enero de 1834, Palmerston le respondió a Moreno. En lo fundamental, el ministro inglés reitera que los derechos de Su Majestad Británica nunca se extinguieron, porque su Majestad Católica había restablecido el asentamiento inglés en 1771 y que al abandonar Puerto Egmont, por causas de austeridad, se habían dejado señales de la pertenencia a la Corona Británica (recordar el “hito” dejado oportunamente y que hemos mencionado).

Recordemos la poca atención prestada por los funcionarios del Foreing Office a la segunda nota de reclamación presentada por la Argentina, contrastando con el interés nunca perdido que existía en Buenos Aires. Desde ese momento los reclamos argentinos se sucedieron en Diciembre de 1834, en Abril de 1835, en Febrero de 1842 y así sucesivamente, ya que la Argentina no sólo que nunca dejó prescribir sus derechos soberanos, sino que de año en año y de gobierno en gobierno sentía en carne propia y en su sensibilidad nacional, el despojo armado de una parte de su territorio.

Mientras en la ciudad del Támesis no se agrega ninguna tramitación en los años que siguen, se puede apreciar en los mensajes anuales a la Legislatura, elevados por los gobernadores de Buenos Aires, que la Provincia, encargada de la conducción de las relaciones exteriores, vigilaba el patrimonio nacional. Así Juan José Viamonte decía el 7 de Mayo de 1834:

"El Gobierno ha manifestado al de los Estados Unidos de la América del Norte las razones que han obligado a postergar la misión anunciada con el fin de allanar las dificultades suscitadas por la conducta del comandante de la corbeta Lexington en las Islas Malvinas, expresándole al mismo tiempo nuestra disposición a admitir un cónsul que había dejado de recibir desde el regreso del último enviado de aquella nación" .

"Al mismo tiempo es sensible al gobierno anunciaros que la protesta dirigida por el ministro argentino en la corte de Londres, sobre la ocupación de aquellas islas por fuerzas inglesas, no ha sido contestada satisfactoriamente, pero el gobierno, confiado en la ilustración y justicia del gabinete británico, no menos que en la claridad de los derechos de esta república, no desiste de su empeño".

A partir del momento en que reasume 1835 , Rosas persiste en su política de no pago de la deuda externa contraida con la Baring, recién en 1838 crece su preocupación ante esa bola de nieve de intereses acumulados, pues hace ya diez años que no se giraba un peso, y entonces, el 2 de noviembre, da instrucciones al cónsul argentino en Londres -Manuel Moreno- para que, sin comprometer al gobierno sino más bien como una inquietud personal, indague qué posibilidad existe de canjear las islas Malvinas, ocupadas por los ingleses en 1833, por la deuda pendiente.

Este mensaje de Rosas ha servido a los historiadores liberales para imputarle "entreguismo" y descalificarlo como defensor de la soberanía. Por su parte, el revisionismo rosista contesta que se trató solamente de una picardía del Restaurador pues si los ingleses evidenciaban disposición para esas negociaciones, estarían admitiendo implícitamente que las Malvinas eran argentinas y en ese momento, el gobierno de la Confederación obstaculizaría el acuerdo, pero quedándose con un poderoso argumento para discutir la soberanía sobre las islas.

De manera análoga, poco tiempo después, Felipe Arana, canciller de la Confederación, le indica a Federico Dickson, cónsul argentino en Londres, que reproduzca la indagación de Manuel Moreno para conocer el posible interés inglés sobre Malvinas. Sin embargo, no existe prueba de que estas gestiones o tanteos hayan llegado a concretarse.

Asimismo Juan Manuel de Rosas en su mensaje del 31 de Diciembre de 1835, luego de un amplio párrafo que informa del traslado del embajador en Londres a Washington para iniciar la negociación originada con el atropello de la Lexington, agrega: " Después de haber replicado nuestro ministro en Londres satisfactoriamente el año de 1834 a la contestación que dió el ministro de S.M.B. con respecto a la protesta que le fué dirigida contra la ocupación violenta de las islas Malvinas por fuerzas inglesas, no ha continuado aquella negociación, y el gobierno jamás desistirá de su empeño de reclamar también de la justicia del gabinete británico el reconocimiento de los claros e incuestionables derechos de la República a aquellas islas y la competente reparación". "El gobierno jamás desistirá de su empeño ". Así reza el mensaje. Pero era un empeño inútil, pues las actuaciones de Moreno morían con el eco de sus palabras, respondidas con la expresión de que se tendrían en cuenta pero sin que la respuesta llegara a su poder.

En 1841, el ministro inglés es relevado. Asume el cargo el Conde de Aberdeen. El diplomático argentino consideró oportuno el momento para recordar al nuevo canciller el asunto pendiente y el 18 de Diciembre le dirigió una reseña de los documentos oficiales cambiados hasta entonces, con la puntualización precisa de las reclamaciones argentinas, a saber: la soberanía propiamente dicha y la reparación justa de los perjuicios causados por el despojo.

Al hacerlo, afronta otra vez la cuestión de la soberanía con la mayor amplitud, pues se refiere a las islas en globo y especialmente a "la isla del Este o Soledad y Puerto San Luis". La contestación consistió en un simple acuse de recibo.

El 19 de Febrero del año siguiente, el diplomático argentino volvió a la carga y mereció una breve refutación: "El gobierno británico no puede reconocer a las Provincias Unidas el derecho de alterar un acuerdo concluido, cuarenta años antes de la emancipación de éstas, entre la Gran Bretaña y España. En lo concerniente a su derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas o Falkland, la Gran Bretaña considera este arreglo como definitivo; en ejercicio de este derecho acaba de ser inaugurado en esas islas un sistema permanente de colonización; el gobierno de S.M.B. comunica esta medida al Sr. Moreno, al mismo tiempo que su determinación de no permitir ninguna infracción a los derechos incontestables de la Gran Bretaña sobre las islas Falkland". Firmaba esta comunicación, datada el 5 de Marzo, el lord Secretario".

Algunos días después, Manuel Moreno sostuvo una entrevista, muy poco cordial por la actitud descortés asumida en la misma por el conde de Aberdeen, y dado que no era posible entrar a discutir la usurpación que en esos instantes se consolidaba, al instalarse la administración civil inglesa en las islas, ni tampoco tolerar pasivamente los hechos consumados con un silencio cohonestador, dirigió el 10 de Marzo la nota de protesta solemne y permanente, que en lo sucesivo marcó el punto de referencia para todos los gobernantes argentinos. Su contenido era el siguiente:

"El abajo firmado, en ejecución de los deberes que le imponen sus instrucciones, se ve en la necesidad de manifestar, para que el silencio de las Provincias Unidas no sea interpretado como un asentimiento tácito, que las Provincias Unidas no pueden ni podrán jamás conformarse con la resolución del gobierno de S.M.B., del 5 del corriente, que consideran injusta y contraria a sus derechos evidentes, reproducen sus Protestas del 17 de Junio de 1833 y del 29 de Diciembre de 1834, contra la soberanía que se ha arrogado la corona de la Gran Bretaña en las Islas Malvinas, y contra el despojo y la desposesión ejercidos contra los establecimientos de la República en Puerto San Luis, llamado también Puerto Soledad, por la corbeta de S.M.B. Clío, cuya reparación se les debe, así como también por todo acto resultante de la dicha ocupación: en consecuencia, el gobierno de las Provincias Unidas deposita estas protestas y les deja todo el valor que actualmente y en cualquier otra época puedan tener".

La situación prevista en la proclama de Balcarce y Manuel V. de Mazza, desgraciadamente se había consumado. Al país pequeño y débil sólo le quedaba la fe en la justicia y en la verdad, convencimiento encarnado en su alma para practicarlo en todas sus relaciones, según había dado ya pruebas en su breve historia de libertad y volvería a darlos pronto una vez superados los peligros y el decaimiento originados por las guerras civiles.

En 1848, Rosas reproduce el intento de años atrás, manifestándole a Manuel Moreno que ofrezca a los ingleses una concesión por el guano de las islas y costas patagónicas, durante 15 años, a cambio del pago del empréstito. Pero los ingleses manifiestan desinterés, probablemente porque, como en el caso Malvinas, estiman dudoso el derecho soberano de la Confederación sobre esas regiones.

También en este caso, los revisionistas rosistas sostienen que se trata de una estratagema para lograr el reconocimiento implícito de nuestros derechos sobre ese olvidado sur.

Lógicamente es dable señalar que no es posible dejar de lado que los acontecimientos de política interna y exterior han suministrado los diferentes tonos de negociación de la sustancia de la política argentina, no obstante dicho conocimiento en razón de la brevedad no podremos mencionarlas ni analizarlas como es debido.

A mediados de 1849 se presento un nuevo reclamo. En una sesión de los Comunes, celebrada el 27 de Julio, uno de los miembros de dicha asamblea, Mr. Baillie, interrogó al gobierno acerca del estado en que se encontraba la reclamación formulada por la Argentina. La respuesta, publicada por los periódicos londinenses en su crónica de la sesión, daba lugar a que se entendiera que todo estaba arreglado con la aquiescencia del gobierno argentino. El embajador, que aun era Manuel Moreno, no dejó pasar la ocasión y cuatro días después hizo constar que el gobierno de la Confederación Argentina nunca había consentido en el despojo de su soberanía en las islas y mantenía sus derechos y su queja por la falta de satisfacción. La breve contestación de Palmerston, fechada el 8 de Agosto, con el alcance de una rectificación de las informaciones periodísticas, le confirmó que el pleito "en cuestión se halla exactamente en el estado que Ud. ha descripto en su comunicación".

En 1884,el reclamo discurrió esta vez por la afirmación del derecho que correspondió a la Argentina ante una reclamación de Inglaterra.

El Congreso, al sancionar el presupuesto, había votado una partida de 25.000 pesos como subsidio para el Instituto Geográfico Argentino empeñado en la edición de un mapa general de la República. Algunos diarios, al comentar las características que ostentaría, expresaron que se incluirían todas las islas australes, incluso las Malvinas. El embajador de la Gran Bretaña, Sir Edmundo Monson, se dirigió al Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Francisco J. Ortiz, para indagar acerca de la responsabilidad que pudiera competer al gobierno de Buenos Aires en la afirmación de soberanía involucrada en el mapa. Durante un mes (de mediados de Diciembre de 1884 a mediados de Enero de 1885) hubo un activo intercambio de correspondencia diplomática, que en parte protocolizaba las frecuentes entrevistas que se sostuvieron, en el cual las notas fueron creciendo en extensión y en alcance, pues si bien el Ministro Ortiz desde el primer momento equiparó su posición a la de Palmerston en 1849, desechando su responsabilidad por las palabras que pudiera difundir la prensa, aprovechó la ocasión para expresar que, a pesar de todo, y de que un mapa particular no era atributivo de Soberanía, las islas habían sido despojadas en 1833 a la República. Un amplio memorial, agregado a su correspondencia, del 2 de Enero de 1885 historiaba tres largos siglos de vida del archipiélago. Finalmente, el embajador se dió por satisfecho con las explicaciones recibidas y eludió una cuestión en la que se colocaba en terreno harto desagradable.

Además ante la falta de respuesta a sus reiteradas protestas, el 2 de enero de 1884, el Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, en nota y memorandum a Monson (Ministro inglés en Buenos Aires), ofreció llevar el diferendo a arbitraje, lo cual también fue rechazado sin dar razones por el Reino Unido.

Desde 1892, las islas adquirieron el estatuto de colonia para Gran Bretaña. Argentina continuó reivindicando su posesión.

Gran Bretaña por Carta Patente del 21 de julio de 1908, enmendada por Carta Patente del 28 de marzo de 1917, incorporó como dependencias de las Islas Malvinas (“Dependencies of the Falkland Islands”) a las Islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur y Tierras de Graham.

En el ámbito del Foreign Office se produjeron, en significativas oportunidades, diversas manifestaciones que han puesto en evidencia las dudas de los expertos ingleses en relación a los mejores derechos británicos sobre las Islas, favoreciendo con ello, la posición argentina. Vg.: los Memoranda de G. Bernhardt (1910), R.H. Campbell (1911), C. J. Torr (1927); R. A. Hadow (1928); J. M. Vyvyan (1935); G. Fitzmaurice (1936); W. Beckett (1946) .

En el año 1926, el Canciller Angel Gallardo mantiene la protesta argentina por la "indebida" ocupación de las Malvinas y en 1939, se Funda la Junta de Recuperación de Las Malvinas, presidida por A. Palacios.

Al comenzar la II Guerra Mundial (en 1939) , dadas las condiciones de interdependencia entre las naciones y la movilidad de los elementos bélicos, así como la circunstancia especial de tratarse de una guerra de recursos para cuya disposición las comunicaciones contaban en primer término, las naciones americanas efectuaron diversas reuniones consultivas para coordinar su acción defensiva que las mantuviese a salvo del conflicto. En la primera de ellas, celebrada en Panamá, en Septiembre del año expresado, el presidente de la delegación argentina, Dr. Leopoldo Melo, declaró al firmar el acta final "que dentro de las aguas adyacentes al continente sudamericano, en la extensión territorial de costas correspondientes a la República Argentina en la zona que se delimita como libre de todo acto hostil, no reconoce la existencia de colonias o posesiones de países europeos y agrega que especialmente reserva y mantiene intactos los legítimos títulos y derechos de la República Argentina a islas como las Malvinas, así como a cualesquiera otras tierras argentinas que resultasen ubicadas dentro o más allá de la línea".

La reserva inicial fue sostenida, durante todo el conflicto, sin que ello fuese óbice en la alineación de la República dentro del sistema americano, y concluido aquél, los actos de posesión indiscutible encarados, con la doble finalidad expresada y de investigación científica por la marina de guerra, han determinado varios cambios de notas entre las respectivas cancillerías, dentro de un tono enérgico aunque amistoso.

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