El viaje de Menem
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

ISLAS MALVINAS, SU HISTORIA, LA GUERRA Y LA ECONOMÍA, Y LOS ASPECTOS JURÍDICOS SU VINCULACIÓN CON EL DERECHO HUMANITARIO

Bruno Tondini

 

 

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III.15.8.- El viaje de Menem

Finalmente el presidente Menem realizó su buscado viaje al Reino Unido entre el 28 de octubre y el 1º de noviembre de 1998. Era la primera visita de un presidente argentino tras el conflicto bélico de 1982. Menem tuvo un encuentro con empresarios británicos, asistió a una ceremonia con ex combatientes en la catedral de St. Paul y fue recibido por la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham. En Canning House, un ámbito de académicos y empresarios británicos relacionados con América Latina, el presidente dijo que, sin olvidar el pasado, su mirada estaba puesta en el futuro. Expresó que la Argentina siempre estaría dispuesta a cumplir con la resolución del Comité de Descolonización de la ONU, que instaba a las partes a negociar una solución pacífica en el conflicto por las Malvinas. Midió sus palabras: no le pidió ni le exigió al Reino Unido que acatara el mandato de la ONU; sólo dijo que la Argentina quería abrir un diálogo. Por último, sostuvo que 1982 fue un momento traumático en la historia bilateral, porque “valerosos jóvenes de ambos países murieron en un conflicto que hoy lamentamos profundamente”.

Menem y el primer ministro Blair abordaron el tema de las Malvinas durante las dos horas que compartieron en el despacho del último. El vocero de Blair señaló que cada uno había planteado su posición. Menem expresó que había traído un mensaje de reconciliación, con el objetivo de “limpiar el camino” para profundizar las relaciones bilaterales. El primer ministro destacó el gesto del presidente argentino de depositar una ofrenda floral a los caídos británicos en la guerra de 1982. No obstante, Menem expresó que sería hipócrita si no hablaba de un tema sensible, el de las Malvinas, porque la Argentina quería que se respetara la resolución 2065 de la ONU. Blair respondió que, si bien se sustentaban posiciones distintas en el tema de Malvinas, lo importante era que eso no impidiera hacer cosas juntos. De acuerdo con el vocero del primer ministro, cada uno plantó su bandera y no hubo ninguna discusión más allá de eso, porque estaba claro que ésa no era una visita para discutir el tema de la soberanía. En el comunicado conjunto emitido al cabo del encuentro ambos gobiernos ratificaban sus posiciones: “Cada gobierno refirma expresamente su conocida posición en relación con la soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y espacios marítimos circundantes. Ambos gobiernos refirman también su apoyo a las Naciones Unidas y el compromiso de resolver sus diferencias exclusivamente por medios pacíficos”.

Menem planteó también a Blair el asunto del embargo de armas, señalando que, si la Argentina era un país amante de la paz, no podía estar en la misma categoría que Irak e Irán (para las reglas que regían las exportaciones británicas de armas). Blair respondió que se iba a reconsiderar el tema bajo una mirada positiva porque, aunque se tuvieran en cuenta los intereses de seguridad británicos, se sabía que la Argentina no era lo mismo que Irán e Irak. Menem tocó luego el tema de la oposición a que la Argentina fuera sede del Tratado Antártico, obteniendo asimismo la promesa de que se revisaría la posición del Reino Unido. El comunicado conjunto señalaba que ambos gobiernos mantendrían un diálogo constructivo al respecto, pero el canciller británico Cook fijó como condición la desmilitarización de las bases argentinas en la Antártida. Al efecto, el gobierno argentino crearía una comisión, bajo la órbita de la Presidencia, a fin de manejar el Plan Antártico fuera del ámbito del Ministerio de Defensa. Los británicos se comprometieron a evaluar la propuesta que Di Tella había hecho hacía más de cuatro años para que la Argentina financiara la remoción de las minas instaladas en las Malvinas durante la guerra.

A su vez, Blair también presentó algunos reclamos. El primer ministro dejó en claro que el Reino Unido no estaba conforme con la legislación de pesca ni con la de petróleo, en alusión a los proyectos con media sanción del Senado que exigían una participación menor de la Argentina continental en los beneficios que el gobierno de las Malvinas obtenía con ambas actividades. Menem respondió Que todavía faltaba la sanción y promulgación del Ejecutivo, que tenía el poder de veto, dando una señal de que estaba dispuesto, sobre todo en el tema de la pesca, a negociar. Menem le dejó a Blair una invitación para visitar la Argentina, como lo había hecho también con la Reina. Como conclusión, un miembro de la delegación británica dijo a La Nación que Blair había asumido un riesgo al brindarle a Menem un escenario para que planteara la cuestión de las Malvinas y prometerle que revisaría la posición inglesa en temas menores, aunque disputados.

El encuentro con el primer ministro Blair dejó al presidente Menem tan conforme que incluso consideró que había logrado avances en el conflicto por la soberanía de las islas Malvinas. “Ahora se abre la posibilidad del diálogo”, dijo Menem. Cuando se le preguntó si había percibido algún cambio en la posición del Reino Unido, Menem sostuvo que el comunicado conjunto daba la pauta de que algún avance había habido sobre el tema.

En una nota firmada por Robin Cook y publicada en La Nación cuando todavía Menem se encontraba en el Reino Unido, el canciller británico afirmaba que la visita del presidente Menem había despertado el interés de los medios como casi nunca antes había sucedido, tanto en su país como en la Argentina. En el Reino Unido la imagen de la Argentina había mejorado significativamente. El pueblo británico sabía ahora que la Argentina tenía una democracia floreciente con una economía estable y en crecimiento. Cook esperaba que la cobertura de los medios en la Argentina reflejara la “sincera y cálida bienvenida” que tanto el presidente Menem como su hija Zulemita habían recibido en Londres. No obstante, sostenía que aún existían diferencias, por todos conocidas.

Cook señalaba también que tanto el presidente Menem como el primer ministro Blair habían expresado claramente sus posiciones respecto del Atlántico Sur, y que habían existido conversaciones directas sobre las leyes de petróleo y de pesca que se encontraban en esos momentos en el Congreso argentino. Pero en su opinión, existían entre ambos países muchas más razones que los unían que las que los separaban. El año último el comercio bilateral había ascendido a 1000 millones de dólares, de prácticamente nada diez años atrás. Los británicos bebían más vino argentino que ningún otro lugar del mundo. El comercio se desarrollaba en ambos sentidos, y el mes siguiente una importante misión encabezada por el ministro de Comercio e Industria buscaría aumentar aún más la cooperación comercial. El Reino Unido apoyaba a la Argentina con grandes inversiones, siendo el mayor inversor europeo en la Argentina. También destacaba el trabajo conjunto que los soldados británicos y argentinos desarrollaban en las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en Chipre.

A su vez, Menem hizo una defensa de su viaje al Reino Unido en una nota en La Nación, respondiendo las críticas del radicalismo y el Frepaso, nucleados en la Alianza, cuyos miembros se habían negado a acompañarlo. La diputada por el Frepaso, Graciela Castagnola de Fernández Meijide había objetado que Menem no hubiera planteado el tema de la soberanía en Londres y que el viaje hubiera generado un “gasto absolutamente inútil”. Menem le respondía que el reconocimiento del canciller del Reino Unido, más los convenios firmados, la mención de las Naciones Unidas en el marco del reclamo argentino por las Malvinas y la definitiva clausura de antiguos enconos por la guerra habían sido en realidad una “formidable inversión para el futuro internacional de la Argentina”. A su vez, ante los comentarios del ex presidente Raúl Alfonsín, en el sentido de que el viaje significaba un “retroceso soberano”, y su pedido de “una verdadera política de estado dirigida a recuperar el ejercicio de la soberanía argentina en las Malvinas”, Menem preguntaba qué creía el ex presidente que se había estado haciendo en Londres. Por su parte, el ex canciller Caputo había criticado una frase atribuida al presidente argentino por una agencia noticiosa sobre el respeto argentino al “deseo” de los isleños sobre su futuro. Menem negaba haberla dicho, pero señalaba que si se quería volver a las Malvinas, era necesario dialogar con el Reino Unido y tener a la vez una buena amistad con los habitantes de las islas. En opinión del presidente argentino, la Alianza opositora había cometido su “más grave error político” al no haber participado de la histórica misión a Londres. Su “miopía política” les había impedido comprender el verdadero sentido del viaje, confundiendo los intereses permanentes de la Nación con las cuestiones de estado y los asuntos partidarios domésticos. Definitivamente, no sabían construir política en grande.

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