BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

DESARROLLO AGROINDUSTRIAL SOSTENIBLE: SUBREGIÓN CENTRO-SUR DE CALDAS

 

Carlos Humberto González Escobar

 

 

 

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4.3. Visión de la Agroindustria en la Subregión Centro--Sur

Como parte de las respuestas a la visión agroindustrial se obtuvo de los encuestados que: “Existen insumos agropecuarios para una agroindustria con calidad y cantidad. Lo que falta es crear condiciones adecuadas por parte del Estado para su desarrollo” (E 1).

Es una respuesta que no se enfoca a la mirada del actor desde su propia óptica y capacidad para identificar caminos futuros posibles, en primera instancia se da como un hecho que desde las dotaciones naturales se adquiere ventajas, por eso considera que existen insumos suficientes para el desarrollo agroindustrial, sin embargo en la parte siguiente se cierne sobre el estado la responsabilidad de asumir el compromiso de crear las condiciones del desarrollo. Desde ese punto de vista ya hay un condicionamiento, que puede ser generalizado, es al Estado al que se le debe imputar su compromiso con el desarrollo, dejando al margen la posibilidad que sea una visión y una construcción colectiva de desarrollo, en donde estén vinculados y comprometidos todos los actores (cuando se señala aquí Estado parece estar haciendo referencia más que a la estructura colectiva de ciudadanos y gobierno, al componente solo de gobierno), y se indica un actor que está allá (una jerarquía superior) y es quien debe dar las orientaciones y, además, procurar generar condiciones.

En este orden de ideas se entiende el porqué tenemos limitaciones de asumir compromisos por lo público, en una mirada de las potencialidades de emprender desarrollo desde lo local, tenemos una alta dependencia de la administración pública y de las apuestas que haga el gobernante de turno, esperando que sea él quien se responsabilice por movilizar el tema en los medios de comunicación, en actos públicos, en la emisión de documentos y en la tarea de motivar a los demás actores. Ello significa que existen barreras culturales en los actores sociales y dirigentes regionales que impiden que se pueda establecer procesos de desarrollo en el largo plazo. Lo que tampoco incide en que se pueda trabajar sobre ello, bajo la perspectiva de transformar formas de pensamiento y actuación, sobre aquellos aspectos obstaculizadores y retrasadores de procesos de desarrollo real del territorio.

Se evidencia la necesidad del fomento a las Mipymes, la promoción de nuevo tejido empresarial y social a partir de diversificar la estructura productiva, esto requiere de inversión en ciencia y tecnología, apoyar los centros de investigación y que éstos produzcan conocimiento aplicado al desarrollo productivo, introducir en el sistema educativo programas de formación en mentalidad y espíritu empresarial, de manera que se siembre futuro, a través de la conformación de una masa crítica renovada de líderes empresariales y dirigentes innovadores; la innovación del aparato productivo se desencadena de la formación de capital humano competitivo, que tenga las competencias y la capacidad de asumir el reto de planear y ejecutar un desarrollo en el largo plazo, sin las oscilaciones y vacilaciones de corto plazo que afectan las apuestas futuras. El vaivén de los planes de desarrollo y sus programas, los cuales cada tres años son cambiados por los del nuevo gobernante de turno, sin permitir su continuidad, provoca rupturas en la gestión y en los proyectos complejos como la agroindustria y el desarrollo productivo rural. Por tanto es necesario un planteamiento de política social y económica que sea coherente, persistente y sostenible.

Una de las razones que limita la acción colectiva en la región se puede explicar por “la existencia de cultura individualista que no tiene relación con procesos de integración y organización por parte del productor y aún de los gremios e incluso las mismas instituciones del sector”. Esto confirma el planteamiento de que no existe una visión colectiva de futuro, en la acción política, todo se enmarca en una propuesta de campaña de un candidato que expone un programa de gobierno y que se convierte por ley en plan de desarrollo; ¿recoge esa apuesta planteamientos serios, estudiados, asimilados y asumidos por los diferentes actores sociales de la región?

Es una realidad compleja: el hombre nuestro es individualista, aunado a la falta de capacidad de construcción colectiva de desarrollo, de asociatividad e integración, existen también problemas de seguridad, no hay estabilidad en las condiciones de mercado y en general en la economía, el mundo de hoy es un mundo incierto, y no se poseen capacidades para asumir los retos que nos impone el entorno turbulento de hoy, que se enfrenta de manera atomizada y aislada.

Las dificultades del productor se hacen más difíciles cuando las instituciones que se han construido a su alrededor entran también en crisis, reducen los niveles de intervención, los recursos se hacen escasos, se le cuestiona su actuación cerrada e impermeable, su inflexibilidad para adaptarse a las exigencias del entorno y de sus agremiados, no tener la capacidad de respuesta cuando se le requiere ,conduce al productor a su enquistamiento, a que trate de conservar sus pocas riquezas materiales, a continuar en las formas tradicionales de decisión y producción o, definitivamente, desistir de su actividad productiva.

Las formas de actuación institucional de actores estratégicos en una región como la nuestra, en donde su influjo ha sido de alta trascendencia durante años, que se ha permitido actuar de manera paralela al estado en la construcción de infraestructura física, no pasa desapercibida en sus ciudadanos y asociados, esas prácticas de gestión que no permiten el acceso a información, que restringen las posibilidades de obtener los beneficios colectivos al productor, o la participación en los escenarios de decisión con conocimiento y capacidad, y en general, las actuaciones no democráticas y de círculos de élite, generan exclusión, no permiten que los actores sociales de base, el productor raso, participen equitativamente en los procesos democráticos, en una actuación política deliberativa y actuante, un actor crítico ecuánime, con conocimiento. Esta fase formativa se obtiene a partir de obtener competencias educativas, con el acceso a información valida, fluida y oportuna, en la obtención de conocimientos, que sea capaz de comprender, interpretar, explicar y recrear, y ser propositivo.

Si es evidente que existe una cultura individualista a nivel de actores sociales, en ese mismo sentido se destaca una completa desconexión entre los actores institucionales estratégicos para que conduzca la región al desarrollo (el análisis del mapa de actores de la agenda de ciencia y tecnología así lo corrobora) .

La academia, el sector productivo, la administración pública y demás actores claves del desarrollo deben establecer una alianza estratégica de largo plazo, en la cual se definan cuáles son las apuestas de futuro de la región.

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