BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

ANÁLISIS CRÍTICO DE LA CULTURA EN GUANAJUATO

Reflexiones sobre la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales
 

Ricardo Contreras Soto (Coordinador)

 

 

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La muerte se cumple en un instante.

Los preparativos para inhumación es todo un proceso, desde el día del deceso hasta la hora de su entierro, no teniendo otro objetivo que permitir lo necesario material y el convocar a los parientes y amigos. El ritual se presenta para varias culturas de forma distinta. Ningún intervalo separa la vida por venir de la que acaba de apagarse, pues en el instante de exhalar el último aliento se manejan varios “caminos” que creen se pueden recorrer; desde si el alma comparece ante un juez y se prepara para recoger el fruto de sus buenas obras o expirar sus pecados. Hay quienes dicen que todo acaba en ese momento.

Los que siguen la tradición o cierta tradición comienzan un luto, para algunos corto, para otros prolongado y en determinadas fechas celebran ceremonias conmemorativas en honor al difunto. Esta concepción de la muerte, y la manera en que pasan los acontecimientos que la construyen y la siguen, son tan familiares para mucha gente que apenas imaginan puedan ser necesarios. La presencia de un muerto impone a mucha gente tabúes rigurosos, desde si lo ven en la caja, de si pasan por delante, de pensar en el día que les tocará, de decir que solamente se adelantó, de si se hizo suficiente cuando en vida estaba, al muerto se le perdonan todos los pecados, a tal grado que no quieren ofenderlo ni con el pensamiento en el momento de su muerte. La noción de tabú oculta a la vez lo sagrado y lo impuro, lo divino y lo demoníaco. Esta oposición domina al mundo espiritual.

La antítesis de lo sagrado y lo profano recibe un significado diferente según la posición que ocupa en el mundo religioso la conciencia que clasifica y evalúa a los seres. Las potencias sobrenaturales no son todos del mismo orden: unas ejercen en armonía con la naturaleza de las cosas y disfrutan de un carácter regular y augusto que inspira veneración y confianza; otras, por el contrario, violan y turban el orden universal y el respeto que imponen está hecho sobre todo de aversión y temor. Este dualismo que existe entre las cosas y los seres también es trasladado a la muerte y la vida. En vida para muchos el principio sagrado residen los poderes que conservan y acrecienta la vida, dan la salud, el coraje, la virtud, la excelencia.

Y en la muerte los protege de caer en el infierno, de ese pagar por tus culpas y en la promesa de la otra vida que te ofrecen. Lo profano y lo impuro son esencialmente debilidades que provienen de influencias funestas que oprimen, aminoran y corrompen a los seres, mientras que los dioses y los demonios se pelean por ese ser que dejo de existir. Por un lado la fuerza del bien y la vida, y, de otra, la debilidad del mal y la muerte. Así, luz y tinieblas, día y noche, lo alto y lo bajo, cielo y tierra: arriba la morada sagrada de los dioses y los astros que no conocen la muerte; abajo, lo profano de los mortales que se traga la tierra, y descendiendo más aún, las regiones tenebrosas donde se esconden las serpientes y la muchedumbre de los demonios. Así, todavía creen la mayoría de la gente.

También en la cultura existen esas dualidades, tiene algo de contradictorio e imposible: coordinar el egoísmo del Yo (vuelto biológicamente hacia la muerte) y el impulso hacia la fusión con los otros en la comunidad (impulso altruista). La lucha, sin solución previsible, entre el amor y la muerte prolongada sin fin la insatisfacción.

Eros quiere unir todas las cosas, llama a luchar contra el instinto humano de agresión y autodestrucción y en consecuencia a jamás amar la muerte, llama a amar la vida a pesar de la muerte; la pulsión de muerte quiere regresar a lo inorgánico, donde la lucidez sin ilusión invita a aceptar la muerte, esto es, a colocarla entre la necesidad de la naturaleza ciega, quiere regresar a lo inorgánico, pero tiene que destruir al viviente. La paradoja prosigue en los estratos superiores de la vida cultural. ¡Extraña lucha en verdad, ya que la cultura nos mata para hacernos vivir, usando el sentimiento de culpabilidad en su favor y contra nosotros, y por otra parte hemos de desligarnos de su abrazo para poder vivir y gozar!.

La muerte en este tiempo, en casi todos los casos es, únicamente el fin de un proceso natural, lo que se tiene que cumplir en un tiempo, lo que debe pasar es un acto como cualquier otro, la diferencia es que este acto se torna desagradable, que pone en tela de juicio todas las concepciones y el sentido mismo de la vida, la filosofía del progreso (¿Progreso de qué, hacia dónde y desde dónde?) pretende engañar su presencia. Este progreso que es trasfondo y distracción, a los que se adapta la vida a fin de proseguir en este nuevo plano, su designio conservador. Por eso resulta cada vez más difícil morirse: cuanto más se prolonga y se complica el camino hacia la muerte, más se individualiza y singulariza. En el mundo moderno o “posmoderno” todo funciona como si la muerte no existiera, no se toma en cuenta, se suprime a través de anuncios de los comerciantes que te venden la eternidad, la moral pública que nunca se acaba, las costumbres de que existe otra vida, la alegría a bajo precio; la salud al alcance de todos que ofrecen hospitales para prolongarte la vida, las farmacias que todo curan y algo nuevo que te hace que permanezcas joven, los campos deportivos, todo es una ilusión pero la muerte ronda por todas partes, como algo vacío que nunca se llena y que habita todo lo que se emprende. Este es siglo de salud, de las drogas milagrosas de la tecnología que prolonga la existencia, de esos alimentos que te hacen crecer como nunca, sin tomar en cuenta esa “vida” rápida (la velocidad mata) que hace que no tengas una vida personal, ¿a qué viene todo eso? ante todo, se trata de acostumbrarnos a reconocer en la muerte una figura de la necesidad, para que nos sea más fácil someternos a la sublime Anake “a la ley inexorable de la naturaleza” (“puede que esta creencia en la interna necesidad del morir no sea tampoco sino una de las ilusiones que nos hemos forjado para soportar la carga de la existencia”).

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