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VENEZUELA, CAPITALISMO DE ESTADO, REFORMA Y REVOLUCIÓN

Edgardo González Medina

 

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El anticomunismo como escudo de la estabilidad constitucional

Rómulo Betancourt había tomado posesión de la Presidencia de la República en febrero de 1959, montado en el Pacto de Punto Fijo, suscrito con fuerzas políticas antagónicas a AD, especialmente el partido COPEI, quien era expresión política de sectores derechistas y particularmente de la Iglesia Católica. No solamente estos partidos firmaron pactos. El derrocamiento del gobierno de Pérez Jiménez fue el 23 de enero de 1958 y las elecciones fueron en diciembre del mismo año, once meses en que debieron organizarse con emergencia, comicios generales libres, directos y secretos, en la mejor forma posible, frente a la intensa marejada política donde disímiles corrientes pugnaban por el poder, escenario donde se podía contar a militares de derecha que ambicionaban el lugar vacío del exdictador, militares de izquierda, el Partido Comunista, los partidos del Pacto de Punto Fijo, la oligarquía de Caracas, la Embajada Americana y la CIA, el gobierno cubano, el gobierno dominicano, la Iglesia, los sindicatos, las asociaciones de empresarios, etc. La consigna del tránsito de la dictadura a la constitucionalidad democrática empezó con la rápida organización de las elecciones, en medio del transcurrir de tres Juntas de Gobierno Nacional: La primera presidida por Larrazábal e integrada por militares, a la cual renunciaron por presión popular dos de ellos, Abel Romero y Roberto Casanova, quienes eran señalados como promotores del continuismo militar, lo que dio entrada a los civiles Blas Lamberti y Eugenio Mendoza, representantes de los altos empresarios, y a tres militares que se comprometieron con la estabilidad democrática que fueron los Coroneles Pedro José Quevedo y Carlos Luis Araque y el Capitán de Navío Miguel Rodríguez Olivares; y una tercera Junta presidida por el abogado Edgar Sanabria, designado cuando Larrazábal decide competir en la justa electoral. La campaña arrancó en octubre de 1958. Ya en diciembre se tenía por cierto que la mayoría de los venezolanos habían electo un Presidente por los votos, que debía estar allí cinco años, y que las apuestas estaban cazadas para ver si duraba ese tiempo o no. Muchos de estos factores en juego firmaron pactos pre-electorales entre ellos, cada uno a su manera. Entre sindicatos y patronos se firmaron diversos documentos de avenimiento obrero-patronal, representados por la Federación de Cámaras y el Comité Sindical Unificado donde estaban todas las tendencias incluyendo la comunista. El partido URD, el PCV y el expresidente de la Junta de Gobierno Wolfgan Larrazábal, hicieron diversos acuerdos que les permitió primero la entrada en organismos estatales y luego la alianza electoral. Los gremios de profesionales universitarios, como médicos, abogados, etc., suscribieron pactos declarativos de unidad democrática en apoyo del tránsito a la constitucionalidad. El Partido Comunista estrechó compromisos con el gobierno cubano y con el grupo que dentro de AD constituiría mas adelante el MIR. Sectores de derecha, junto con militares ambiciosos, hicieron pactos con el dictador de la República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo. Grupos prodemocráticos, antidemocráticos, y de izquierda, dentro de las Fuerzas Armadas se movían activamente celebrando alianzas que finalmente fueron dominadas por los grupos prodemocráticos, separándose algunos como Jesús María Castro León y Hugo Trejo, insatisfechos en sus exigencias. La Embajada Americana, así como la CIA, y organismos de espionaje europeo, se reunían para unificar criterios en torno al momento vivido en Venezuela. Las compañías petroleras pactaban con los altos empresarios, banqueros y otros venezolanos, para acordar las fáciles salidas a los capitales atesorados. Hasta la Iglesia era un convite obligado en los acuerdos, alianzas y otras reuniones, en los primeros meses de 1958. En su momento, el Pacto de Punto Fijo no fue sino un pacto más, solo que tuvo más fuerza explicativa y mas razón histórica que todos los demás, y fue en cierta forma la extensión de la Junta Patriótica organizada en los últimos meses de la resistencia, en la cual estaba representada AD por Silvestre Ortiz Bucarán, COPEI por Enrique Aristigueta Branco, Fabricio Ojeda por URD, y el PCV por Guillermo García Ponce. Previamente había existido una primera Junta Patriótica, presidida por Moisés Gamero, dirigente sindical petrolero, y formaban parte, Pedro Torres, dirigente agrario, Américo Chacón, dirigente sindical bancario, y el mismo García Ponce. La Junta Patriótica Universitaria y otros grupos académicos siguió funcionando un tiempo, y allí estuvieron entre otros Eduardo González Reyes, Chela Vargas, Francisco Mieres, Herrera Campins, etc., casi todos militantes de los mismos partidos políticos. El PCV había sido excluido de una próxima conformación de gobierno, pero no de la legalidad democrática; se le negaba la posibilidad de ocupar altos cargos administrativos sin dejar de reconocérsele su existencia ideológica o su presencia histórica. Las razones de esta decisión son sumamente conocidas: En estos momentos los EE.UU. consideraban a Venezuela como una colonia más, y el país del norte estaba en el apogeo de la Guerra Fría con la URSS. El régimen democrático requería una diferenciación de este orden del que se produjo, para minimizar y distraer el enfrentamiento con el gran país imperialista.

Cuando Betancourt toma posesión de la Presidencia de la República tiene una idea fija en la mente: Entregar cinco años luego la banda presidencial a otro Presidente electo. Era la misión a la que finalmente pensaba había reducido sus enciclopédicas campañas políticas. Betancourt concibe el gobierno de coalición separado del programa del partido. Desde muchos años antes había sostenido que el partido es el partido y el gobierno es el gobierno, tesis que expresaba la necesidad de separar la organización partidista de la maquinaria de gobierno, buscando evitar lo que se sabía era constante de los partidos populares en el resto de América Latina: El desgaste en el gobierno, la contaminación burocrática, la corrupción, y otros males. Betancourt concibió los gobiernos del Estado democrático-formal como situaciones de poder, que efectivamente no realizarían el programa partidista al menos en los períodos iniciales del desarrollo político de la democracia. Nunca llegó a resolver la desfase teórica en que incurrió, aún cuando al inicio de los años ochenta, poco antes de morir, intentó, según creo, solucionar esa incongruencia que le acompañó finalmente hasta su muerte, con una operación política de aliar al Buró Sindical con dirigentes del partido, entregando la Dirección Nacional a los sindicalistas ( alianza entre Jaime Lusinchi y el Buró Sindical), pero en un partido ya desideologizado, mutado hasta lo increíble, donde no había nadie capaz de interpretar, y ni siquiera desear, ese movimiento de búsqueda de las raíces ideológicas de AD.

En el lapso que corre entre la toma de posesión de Betancourt y el primer año de gestión, el Estado se encuentra absolutamente desorganizado. Los ministros de gobierno, no obstante el pacto interpartidista firmado, en buena parte no son militantes de las organizaciones del pacto. AD tiene en el gabinete ministerial dos ministros solamente, tres cada uno de los demás partidos (COPEI y URD). Entrando en el último trimestre del año, se suceden hechos de terrorismo político y agitación que no tenían origen en los partidos de izquierda sino en pequeños grupos del viejo perezjimenismo. Por el contrario, el PCV continuamente denunciaba a sectores golpistas, advirtiendo la organización de grupos que significaban una vuelta al pasado. El 13 de febrero de 1960, para celebrar el primer aniversario de gobierno, Betancourt convoca una concentración en el centro de Caracas, adonde acuden millares de personas, una reunión gigantesca para la época, y de entrada afirma que si le preguntan que es lo mejor que ha hecho el gobierno contestaría que sobrevivir. Esa era la percepción del momento político. En esta concentración reitera grandes líneas de la política gubernamental, siendo la más importante la decisión irreversible de no efectuar mas concesiones petroleras. El 5 de marzo siguiente, se celebra una reunión para firmar la Ley de Reforma Agraria. El 20 de abril, un día luego de la celebración de actos de recordación de la Declaración de Independencia, se alza el General Jesús María Castro León en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira. El 29 de abril de 1960 presenta Betancourt el mensaje al Congreso, donde expone un Plan Cuatrienal, donde destaca la reiteración de la política de no concesiones de petróleo ni de hierro, la reserva de las industrias básicas como petroquímica, siderúrgica y electricidad; se informa la continuación de la política de licencia previa para importaciones y en general una política proteccionista de las producciones nacionales; se anuncia el mayor apoyo a la diversificación económica; un plan de construcción masiva de carreteras; en materia educativa se exhiben logros cuantitativos muy importantes, sobre todo por la comparación con el abandono de ese sector durante los años de Pérez Jiménez; y entre otros puntos importantes se informa de una reforma bancaria que colocaría al Banco Central en una posición mucho mas firme de dirección de la política monetaria.

Para esos momentos, el gobierno tiene en su contra ya, la casi totalidad de los medios de comunicación social, desde donde se ataca esos lineamientos de política económica, especialmente de no concesiones, de planificación estatal, de regulación monetaria y bancaria. Los sectores más reaccionarios continúan organizándose para derrocar el gobierno electo. El 24 de junio siguiente, Betancourt sufre un atentado en momentos que se dirigía a los actos de celebración de la Batalla de Carabobo, Día del Ejército. Una poderosa bomba colocada dentro de un vehículo estacionado en el trayecto, estaba destinado a dar cuenta de Betancourt, el jefe de la casa Militar (quien muere en el atentado), y el Ministro de la Defensa. El atentado había sido organizado por sectores derechistas aliados con el déspota de la República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo. Paralelamente, mientras más intensificaban los sectores derechistas su intento de derrocar al gobierno, mas se intensificaba la acción del PCV y el MIR contra el mismo gobierno, postulando alternativas diametralmente opuestas. El Partido Comunista, reforzado e incluso impulsado por los contingentes de activistas de izquierda separados de AD, asume una responsabilidad histórica esencial para el desarrollo democrático. Hay que preguntarse qué hubiera ocurrido si las fuerzas de izquierda no asumen esta posición beligerante. Pudiera decirse que Betancourt hubiese sido derrocado por las fuerzas de derecha, tal vez. El PCV y el MIR equilibran el desfase ideológico, las debilidades políticas del gobierno de Betancourt, apuntan contra Betancourt pero son más los misiles que pasan de lado y estallan en el corazón de las fuerzas reaccionarias, dictatoriales y proimperialistas que pugnaban a la derecha del gobierno. Sin el hondo sacrificio consciente de los centenares de activistas y dirigentes de izquierda, pagado en sangre, frustración y hambre, el primer gobierno democrático no hubiera sobrevivido. Sería un crimen callar a estas alturas de la historia, condescendiendo en esa versión vulgar y maniquea acerca de los acontecimientos políticos de los años sesenta que pretende interpretarlos como una lucha entre malos y buenos, para oscurecer el grado de profundidad de conocimiento político y estratégico de los actores implicados, apocando la elevada moral de un pueblo que se ha hecho parcialmente dueño de su destino y su libertad a través de la inteligencia y la valentía de su tendencia ideológica fundamental que es la socialdemocracia en sus diversas vertientes.


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