BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales
 

 

EL PRESUPUESTO PARTICIPATIVO

Defendiendo lo público y construyendo ciudadanía.

La experiencia del departamento de Risaralda. Colombia

 Jahir Rodríguez Rodríguez

 

 

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LECTURAS RECOMENDADAS.

GLOBALIZACIÓN Y DEMOCRACIA (1)

Boaventura de Souza Santos.

Agradezco la organización de este foro temático tan oportuno en el tiempo y en el espacio. Al mirar este maravilloso y colorido mar de gente estoy seguro que vamos a tener éxito, porque vamos a proyectar globalmente a nuestra querida Colombia como un país donde los ciudadanos, los movimientos y las asociaciones luchan por la democracia, los derechos humanos, la paz, y por una política alternativa de drogas.

¿En qué contexto debatimos hoy la cuestión de la democracia en nuestros países y en el mundo?, es decir, ¿en qué situación nos encontramos? Lo que caracteriza a la sociedad moderna es que es una sociedad en la que hay una discrepancia interesante entre las experiencias que vivimos y las expectativas que tenemos. Las sociedades antiguas eran sociedades en donde había una simetría entre experiencias y expectativas: El que nacía pobre, moría pobre; quien nacía analfabeto, moría analfabeto. Por el contrario, la sociedad moderna ha intentado recrear esta discrepancia: quien nace pobre, puede morir rico; quien nace iletrado puede morir como padre de un médico o un abogado. Esa posibilidad de que las expectativas sobrepasen las experiencias es fundamental para nuestra interpretación del mundo, y para llamar esa discrepancia usamos diferentes palabras: progreso, desarrollo, modernización, revolución, reformismo. En suma, espera con esperanza.

Hoy vivimos un tiempo en que, para la gran mayoría de la población mundial, esta discrepancia se invirtió: las experiencias actuales son probablemente muy difíciles, pero las expectativas son todavía peores. Es decir, la idea de que si hay una reforma a la salud, a la seguridad social, o a la educación, no es para mejorar sino para empeorar. Por eso hoy la gran mayoría de la población mundial espera sin esperanza. Pero no es simplemente que las expectativas son negativas, es que para una parte grande de la población mundial no ni siquiera hay expectativas. Hoy tenemos un colapso total de expectativas: quien come hoy no sabe si comerá mañana; quien está vivo hoy puede estar muerto mañana; quien envió a su hijo a la escuela este año, no sabe si lo podrá enviar el año entrante.

Este colapso de expectativas es el colapso de la sociedad misma, el colapso del contrato social, es el contrato de las poblaciones desechables, son procesos de exclusión irreversibles. La gente deja de ser ciudadana, y es el paso de la sociedad civil a los que yo llamo sociedad incivil: tanta gente que vive con desigualdad y donde hay un colapso total de expectativas porque están totalmente dependientes de fuerzas poderosas sobre las cuales no tienen ningún control. El obrero hoy está contratado, pero si no hay un contrato colectivo o una ley laboral, mañana puede no tener empleo, y no tiene ninguna posibilidad de reaccionar.

Esta capacidad que los poderosos tienen de veto sobre la vida de los débiles y los vulnerables, permite que emerja en nuestras sociedades un fenómeno que he llamado el facismo social. No es un régimen político: es un régimen social, una forma de sociabilidad, de desigualdades tan fuertes, que unos tienen capacidad de veto sobre la vida de otros. Da lo mismo si hay libertad contractual porque la parte más débil tiene que aceptar las condiciones del contrato, por pésimas que sean, porque no tiene otra alternativa. Son sociedades donde emerge la violencia, una violencia política que asumes dos formas: la violencia política organizada, y una violencia que llamamos común, pero tan masiva, que de hecho es una forma despolitizada de violencia política.

Corremos el riesgo de vivir en sociedades que son políticamente democráticas pero socialmente fascistas. ¿Cómo fue posible? Porque en los años 80, con la globalización neoliberal, terminó una tensión creativa que existía entre democracia y capitalismo. Esa tensión era creada por las siguientes ideas: primero, el trabajo era un motor de ciudadanía. Al inicio, el contrato social era muy excluyente pero los trabajadores lucharon para tener derechos y el trabajo era un motor de ciudadanía. Hoy en día, este motor se quedó dentro del marco de la sociedad y la economía nacional, y la economía globalizada ha hecho una cosa muy sencilla: el trabajo es un recurso global, pero no hay un mercado global de trabajo, entonces el trabajo dejó de ser un motor de ciudadanía.

El segundo mecanismo de esta tensión es que el Estado ha empezado, a través de la lucha de lo obreros, de las mujeres de las clases populares, a crear interacciones no mercantiles entre los ciudadanos. Si estoy enfermo, una de dos: si tengo dinero voy al médico; si no, tengo dos opciones: si hay un sistema público, voy al sistema, o si no hay, me muero. Pero la idea es que en la salud, como en la educación, el Estado creó la posibilidad de una interacción no mercantil entre ciudadanos. Si estoy enfermo hay un sistema de salud que no me obliga a ir al mercado de los servicios médicos. El Estado fue el gran agente de creaciones de interacciones no mercantiles. Pero desde los años 80, la globalización neoliberal ha invertido totalmente esto. Hoy en día el Estado es un agente de interacciones mercantiles. Las privatizaciones de los servicios públicos son exactamente esto, relaciones que no eran mercantiles y ahora se están mercantilizando: la educación, la seguridad social.

El Estado ha hecho esto debido a la presión global; el Estado, que hasta entonces era considerado una solución para nuestros problemas, pasó a ser nuestro problema. La solución, entonces, está en la sociedad civil. Esta es una inversión total de una idea anterior muy clara: que el Estado no era el contrario de la sociedad civil, sino su espejo. Un Estado democráticamente fuerte podía crear una sociedad civil fuerte; un Estado democráticamente débil nunca crearía una sociedad civil fuerte. Pero al contrario, desde los años 80, la idea opuesta es la que domina: para que la sociedad civil sea fuerte es necesario que el Estado sea débil.

¿Qué instrumentos tenemos para salir de esta situación? Teníamos dos grandes instrumentos para crear expectativas positivas, pero se fueron: el reformismo y la revolución. Desde los años 80, de alguna manera la caída del Muro de Berlín es el símbolo de la crisis simultánea del reformismo y de la revolución. En la modernidad occidental no había reformismo, ni Estado de bienestar sin revolución, y tampoco había revolución sin reformismo. Los dos entraron en crisis simultánea, y nuestra situación hoy es compleja porque vivimos un tiempo demasiado tardío para ser post revolucionarios, y demasiado prematuro para ser pre revolucionarios.

Entonces, ¿qué tenemos? Para trabajar tenemos apenas dos instrumentos hegemónicos que pretenden reponer la lógica y una estabilización de expectativas: la democracia y los derechos humanos. Son dos semánticas, dos lenguajes competitivos, de la lucha por la dignidad en una sociedad indigna. Pero como instrumentos hegemónicos significa que sus promesas de dignidad no pueden ser cumplidas. De hecho, las democracias existentes conviven con tanto despotismo social que eso es claro para nosotros.

Por otro lado, hay mucho sufrimiento humano injusto que no constituye una violación de los derechos humanos. ¿Qué hacer, entonces? Parto de una idea básica: una cosa es un instrumento hegemónico y otra cosa es el uso hegemónico de un instrumento hegemónico, es decir, en lo hegemónico vamos a buscar las semillas de la contra hegemonía. Una característica de los instrumentos hegemónicos es que, si hay democracia, se despolitizan, se banalizan con la violencia y la violación de los derechos humanos. Las muertes se trivializan, una más y la vida sigue.

Nuestra propuesta es que hay que repolitizar y radicalizar los derechos humanos y la democracia. Lo que queremos proponer es reinventar la tensión entre democracia y capitalismo, para que alguna vez el objetivo de esta democracia sea hacer que el mundo sea cada vez menos confortable para el capitalismo, que un día podamos tener una alternativa. Si el socialismo tuviera hoy en día una definición sería, a mi juicio, democracia sin fin.

Hoy en la teoría política hay muchas ideas sobre alternativas democráticas pero todavía necesitamos, no sólo alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. Este tema de la democracia es uno de los más exigentes para los pueblos del Foro Social Mundial porque la democracia es el único régimen político legítimo hoy en día. La globalización neoliberal ha decidido que la democracia sea ahora una de las condicionalidades del Banco Mundial y del FMI. Aquí hay un problema porque la globalización neoliberal dice que no hay alternativa a la democracia, pero nosotros buscamos una alternativa a la globalización neoliberal.

¿Significa eso que queremos una alternativa a la democracia? No, lo que queremos es una democracia alternativa. La globalización neoliberal no lucha por la misma democracia que nosotros, la globalización alternativa solidaria por la cual luchamos tiene otro concepto de democracia. Pensemos en el ideal de Rousseau: él dice que sólo es democrática una sociedad donde ninguna persona es tan pobre que tiene que venderse a otra, ni ninguna persona es tan rica que puede comprar a otra. Por este criterio pienso que nuestras sociedades no son democráticas.

Lo que decimos es que, con gran lucidez analítica, debemos pensar que la democracia hoy es parte tanto de nuestro problema, como de nuestra solución. En cuanto parte de la globalización neoliberal es parte de nuestro problema, hay que criticarla y denunciar la. En cuanto parte de la globalización alternativa es parte de nuestra solución.

En la primera parte de esta ponencia, voy a dedicarme a l democracia como problema. En la segunda voy a dedicarme a la democracia como solución. Mi tesis central es esta: no hay una sino varias concepciones de democracia, lo que me parece más intrigante es que los últimos 20 años perdemos una serie de concepciones de democracia que existían, las democracias desarrollistas, las democracias populares del los países del este, las democracias liberales representativas. Hoy en día parece que hay simplemente un concepto de democracia: la democracia liberal representativa, es decir, hemos perdido no sólo biodiversidad sino también demodiversidad, y mi lucha aquí es para recuperar y preservar la demodiversidad. Por eso les propongo una serie de procesos analíticos que nos permitan eso, no lo hago teóricamente apenas, lo hago basado en las experiencias concretas de pueblo y comunidades en diferentes partes del mundo que están reiventando la democracia, una democracia de alta intensidad, a través de iniciativas populares, de presupuestos participativos en tantas ciudades brasileras, de la planeación participativa de algunos estados de India, de las formas de democracia de Africa del Sur o de Mozambique, de las comunidades de paz como la maravillosa comunidad de paz de esta tierra tan masacrada que es San José de Apartadó. Aquí tenemos una energía democrática muy fuerte, la responsabilidad de científicos y de líderes de los movimientos sociales es mirar toda esta energía.

Entonces, ¿dónde están los problemas de la democracia representativa?. El primer problema es que la democracia representativa liberal surge con el capitalismo y se basa en la idea de dos mercados: el mercado económico, donde se cambian valores que tienen precio; y hay un mercado político de las ideas e ideologías, donde se cambian valores que no tienen precio económico, y la democracia es de alguna manera esta tensión entre el mercado económico y el político, en el económico los empresarios luchan por controlar los trabajadores como ciudadanos y como consumidores; en el mercado político, es el control de la vida ciudadana por las ideas. Por eso, esta idea de mercado económico es muy importante porque hay una segunda idea: que los ciudadanos en la democracia representativa no hacen decisiones políticas, sino que eligen los decisores políticos, el voto tiene esta característico ambigua y muy intrigante, que es un acto de participación política que significa una renuncia a la participación política y por eso hay que analizarlo muy bien. En tercer lugar, esta democracia es una razón política formal, de procedimientos, lo que no es grave en sociedades donde todos tienen asegurado su supervivencia, su seguridad, pero como vamos a ver, ese no es el caso de la gran mayoría de las poblaciones mundiales.

Entonces este problema de la democracia representativa tiene estas tres características, y vamos a ver por qué son problemáticas, y tengo una más: que es monocultural, es decir, no acepta criterios multiculurales de democracia, no acepta que las autoridades tradicionales de Africa o las comunidades indígenas de Latinoamérica puedan crear formas alternativas de democracia, y eso también es problemático. Los problemas son estos: por un lado, es una razón formal, es una idea de procedimiento, de reglas de la democracia que, como decía, no garantiza las condiciones de libertad para ejercer el juego democrático. O sea, que la supervivencia no está garantizada. Si la seguridad de vida no está garantizada, si no hay acceso a la información, para qué la libertad de votar, par qué la democracia representativa. Un gran filósofo que vive en Costa Rica decía: una persona amenazada de muerte deja de ser libre independiente del contexto social en el cual viva. Entonces, tenemos que luchar por una política matrial, una política central en la vida: no hay una política progresista democrática que no sea centrada en el primado de la vida, es decir, que permita reproducir y desarrollar la vida humana e comunidad. Los criterios formales de democracia no hablan de estas cosas y por eso es demasiado problemático.

Por otro lado este proceso, estas formas de democracia tiene un problema grave, y es que, como decía tiene estos dos mercados, el económico y el político, que son independientes, uno trata de valores comerciales y otro de valores ideológicos. Lo que pasó en los años 80 hasta hora es que el mercado económico empezó a contaminar el mercado político, el mercado político hoy en día es cada vez más económico, las ideologías desaparecieron, los votos y las posiciones políticas de los partidos tienen precio, que es la corrupción y a veces es legal, como en el caso de las Estados Unidos. Entonces la democracia representativa se ha mostrado extremadamente vulnerable, a la fuerza de los grandes poderes económicos, que es el resultado del proceso que ha creado la contaminación entre el mercado económico y el político, que fueron las privatizaciones de los servicios públicos, las leyes de financiación de los partidos, la mediatización de la política. Todo esto, de hecho, ha creado un poder enorme a grandes actores económicos y sociales, que de alguna manera ejercen funciones políticas privadas. No estamos casi hoy en día como en un Estado colonial, en donde el Estado no gobernaba las comunidades sino que dejaba que los caciques locales gobernaban. De alguna manera, hoy en día tenemos un sistema que promete ser Estado cuando privatiza el agua porque la compañía privada que va a controlar el agua tiene un poder político sobre los ciudadanos, un poder de la sobrevivencia de los ciudadanos y esto es un asunto político, pero la compañía no es política sino económica. Entonces tenemos aquí un gobierno indirecto en que grupos económicos ejercen poder político en nombre del Estado. El Estado dice que los regula, pero el Estado es regente de esos intereses, y por eso, a la vez de regula, es regulado por ellos.

En esta medida pasan dos cosas: primero, muchas de las importantes decisiones que afectan a los ciudadanos no pasan por el Parlamento, no pasan por los partidos, sino que pasan por otras acciones de estos actores directos a través de las instituciones del Estado. Por otro lado, controlan las decisiones de los partidos políticos siempre que pueden. Por eso, en esta medida tenemos un sistema que está en una crisis tremenda, que a mi juicio difícilmente podremos resolver de esta forma. Y esta vulnerabilidad a los intereses económicos ha creado varias cosas, una de ellas, lo que estoy diciendo de las poblaciones desechables, los no ciudadanos, los desplazados, la gente que no existe, que no está en el censo porque no tienen una dirección postal. Hoy hay muchas muertes civiles en los pueblos democráticos, y esto es lo más grave que podemos imaginar. Por otro lado, se elimina la participación ciudadana porque es una democracia tutelada, restringida, que siente en la participación ciudadana una amenaza cuando no es posible. Y siempre que es posible, destruye las condiciones mismas de participación. Entonces, hay aquí también una crisis institucional que nosotros conocemos con dos patologías: la representación, en que los representados nos sentimos muy distantes de nuestros representantes; y la patología de la participación, no votamos, hay abstención que es galopante en todos los países.

Por eso, esta crisis tiene otra dimensión que es importante y es que los partidos, como podremos ver adelante, que tenían una función integrativa de las poblaciones se trasformaron hoy en día en sistemas de reclutamiento de élites para distribuir recursos y violan sistemáticamente sus promesas electorales invocando imperativos globales. Tenemos un caso dramático en este momento en nuestro continente, que espero sea transitorio, y es que nuestro querido PT en Brasil en este momento no sólo parece que no está cumpliendo sus promesas electorales sino que está haciendo exactamente lo contrario de lo que decía en su programa electoral. ¿Por cuánto tiempo esto va a pasar? No sabemos, pero lo importante es que esta democracia representativa dejada sola no ha dejado de garantizar los presupuesto de la participación de los ciudadanos, y por eso cuando los partidos violan sus promesas no hay nada por hacer. Lo intrigante es que esta democracia, con estos problemas, es exactamente la democracia que la globalización neoliberal está exportando para todo el mundo. Es una caricatura de la misma democracia liberal que existía en Europa y en el mismo Estados Unidos, y esta caricatura que se está imponiendo, una democracia que antes se decía que tenía condiciones, que era necesario esto para que un país fuera democrático, hoy no hay condiciones, y la misma forma se va a imponer en todos los países.

Entro a la segunda parte de mi ponencia: Esta democracia es nuestro problema, esta de la que hable hasta ahora. Vamos a hablar un poco ahora de la democracia como solución; vamos a intentar de ver dónde podemos buscar en la democracia una solución a nuestros problemas.

Voy a empezar por algunas tesis, algunas conocidas, otras nuevas y después me voy a dedicar a tres, cuatro problemas grandes: la relación entre democracia participativa y democracia representativa; la relación entre estado y movimientos sociales; la relación entre partidos, movimientos sociales y asociaciones y la relación entre movimientos y movimientos. Esto es una tarea larga. Yo voy a intentar ser breve, pero tenemos que proseguir un poco por algún tiempo. La primera, la primera tesis la conocen y es que tenemos que luchar por la demo diversidad.

La segunda es que hay que desarrollar criterios trans-culturales de democracia. No hay democracia: hay procesos de democratización y hay principios alternativos, culturales, que permiten a los campesinos, las comunidades negras, las comunidades indígenas, tener la autoestima de ser los productores de modelos democráticos incluyentes.

La tercera tesis es que las democracias deben ser jerarquizadas según su intensidad: hay democracias de baja intensidad y democracias de alta intensidad. ¿Cómo se define el criterio? y ¿qué es la democracia para nosotros?. La democracia para nosotros es una cosa muy sencilla: es todo el proceso de transformación de relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida. Y esto no sólo en el espacio público; también en la familia, en la calle, en la escuela, en la fábrica. Esta es nuestra idea. La democracia de alta intensidad es la democracia que sustituye relaciones de poder por más relaciones de autoridades compartidas.

Cuarta idea: la democracia representativa tiende a ser una democracia de baja intensidad. ¿Por qué? porque es una isla de democracia que vive en un archipiélago de despotismos políticos y sociales. La democracia de baja intensidad nos pone dos retos: Denunciarla como tal y proponer una alternativa. Lo que tenemos que hacer es democratizar la democracia. Quinta idea, en muchas sociedades la democracia es de bajísima intensidad, no es baja, es bajísima. Estas son las ciudades, los países, donde hay facismo social, territorial, para-estatal; estas son las sociedades donde las democracias no tienen ninguna virtualidad redistributiva de riqueza.

Sexta idea: están emergiendo formas contra-hegemónicas de democracias de alta intensidad, a medias algunas. Hay que conocer sus capacidades, pero también sus límites. Uno de esos límites es que estas formas existen normalmente a nivel local pero no a nivel nacional y mucho menos a nivel global, y por eso la idea de la séptima. La séptima idea es de los límites: Es que probablemente para superar esos límites es donde podemos encontrar una complementariedad entre democracia participativa y democracia representativa para superar los límites de escala.

Octava idea: no hay democracia sin participación y no hay participación sin condiciones de participación. Esto significa dos cosas: Primero, los que tienen condiciones de participar como nosotros acá, tenemos una responsabilidad: la de representar solidariamente todos los que no tienen condiciones: todos los no ciudadanos lo que viven la sociedad incivil, los desplazados las poblaciones desechables, los exiliados, lo refugiados, los inmigrantes sin documentos ilegales en Europa. Segunda idea de la participación, es que los procedimientos de nuestra participación, tienen que ser vistos desde la perspectiva de las víctimas del sufrimiento humano causado por el capitalismo neoliberal. Las víctimas intensionales o no intensionales, son los efectos de las leyes que domino la globalización neoliberal.

Idea novena: atrás… tenemos, para desarrollar la democracia, que articular democracia local con nacional y global; nuestra tarea es re-fundar las Naciones Unidas, como decía Pedro Santana. Unas Naciones Unidas de los pueblos, de los movimientos y de las organizaciones y no solamente del Estado. Y ¿por qué? porque el facismo social que se nota en las sociedades nacionales, se nota ahora en la sociedad internacional; porque un Estado demasiado fuerte llega a tener derecho de veto, sobre todos los Estados frágiles y todos los Estados son frágiles o débiles. Ustedes mismos han visto como los países de la unión europea han sido débiles en la gestión de la guerra contra Irak. Son débiles en el medio Oriente donde los Estados Unidos hacen la guerra y los países europeos pagan la cuenta de la reconstrucción de las casas.

Esto es también la forma de fascismo internacional en que estamos allá. Y por eso es muy importante, esta es la tesis novena, luchar contra la perversión de la democracia. Porque es que la democracia funciona como forma de soberanía popular, nacional, pero ahora mismo esta siendo ejercida para destruir la soberanía popular y la soberanía nacional. Entonces con estas ideas pienso yo vamos a poder radicalizar la democracia.

No me puedo extender demasiado sobre las ideas porque me parece que ya son claras para nosotros. Hay sin embargo una idea que no me gustaría olvidar aquí, sobre todo acá: de que nosotros somos los movimientos de las organizaciones sociales, que vamos a tener y ustedes también, un papel muy importante: el de fortalecer las democracias de alta intensidad. Pero no lo podemos hacer sin condiciones, o sea, no lo podemos hacer si nuestras organizaciones no son democráticas ellas mismas. La democracia se hace con demócratas y los movimientos y las asociaciones deben tener sistemas democráticos internos fuertes. Por otro lado los movimientos y asociaciones del sur dependen hoy de la financiación de los movimientos y las asociaciones del norte. Es importante que el apoyo financiero no se transforme en una sumisión antidemocrática.

En tercer lugar hay (parcerías) relaciones de colaboración con el Estado como vamos a ver. Es importante que estas relaciones sean transparentes, democráticamente construidas. Finalmente no hay democracia sin una democracia de conocimientos, de saberes. Y esos saberes son varios, son distintos, son los de los pueblos, de los hombres, de las mujeres. Conocimientos prácticos, fácticos, no son técnicos, no son científicos. Una idea central en esta tesis es que no hay justicia social global sin justicia cognitiva global, o sea sin justicia entre los conocimientos, variedad entre los conocimientos. Y por eso es que hoy la educación popular es tan importante. Y por eso es que vamos a tener aquí realmente un encuentro internacional de educación popular.

Y finalmente la subjetividad. Es muy importante recordar que nosotros no queremos ser masas, queremos ser sujetos. Pero es una idea central para nosotros: no hay sujetos privilegiados para la transformación social: sujetos son todos los que se rehúsan a ser objetos. Y así con estas ideas vamos entonces a mirar un poco las relaciones entre democracia representativa y democracia participativa.

Mi tesis es que en las condiciones objetivas de nuestro tiempo es posible podemos crear una democracia de alta intensidad, combinando articulando en una complementariedad confrontacional y creativa la democracia representativa y la democracia participativa. Hago unas precisiones: cuál es la distinción entre democracia representativa y democracia representativa. En la democracia representativa los ciudadanos eligen los decidores políticos, en la democracia participativa los ciudadanos deciden las decisiones políticas. Pero no se debe polarizar demasiado esta distinción. Primero: En la democracia representativa también hay representación. El voto es una participación. Y en la democracia participativa nosotros que habemos probado las formas de presupuesto participativo por ejemplo en las ciudades brasileras como Porto Alegre sabemos que la democracia participativa conlleva también ideas de representación: hay delegados, como ustedes son delegados. Hay los concejales del presupuesto participativo, o sea, la democracia participativa contiene también formas de representación, y por eso no hay como digo no hay que polarizar demasiado.

Segundo, los partidos son en muchos países no en todos una forma importante de asociación. Pero no son la única. Hay que luchar, y nosotros como movimientos y asociaciones tenemos una responsabilidad grande para luchar por la pluralidad grande de los procesos de asociación. Por otras formas de asociación en movimientos y asociaciones y por otras formas de participación además del voto, los referendos, las consultas populares, los concejos de políticas públicas, las conferencias de concejo, las mesas de diálogo y controversias que las hacemos aquí y que deberíamos hacerlas en nuestras ciudades y comunidades, la gestión municipal participativa, todo esto son formas de participación que pueden crearse en complementariedad creativa en una relación virtuosa con la democracia representativa.

Pero esta complementariedad tiene condiciones. ¿Cuáles son? Primero los partidos y el Estado tienen que tener credibilidad mínima, si no tienen credibilidad mínima para qué. Segundo los movimientos sociales y asociaciones tienen que ser autónomos, no pueden ser emanaciones de partidos por ejemplo, porque tampoco tendríamos democracia participativa, tendríamos una farsa. Segunda condición: la complementariedad resulta siempre de la confrontación; nunca debemos pensar que la complementariedad va a ser pacífica.

Hay siempre posibilidades de confrontación ¿por qué? por un lado porque los partidos tienen la hostilidad inicial a los movimientos y asociaciones. Se sienten amenazados por los movimientos y las asociaciones. En segundo lugar las instituciones del Estado no les gusta ser transparentes porque esa es una lucha contra la corrupción y por eso tampoco les gusta la participación.

Así, la participación de los movimientos tiene que estar en tensión con la confrontación. Claro que la colaboración con los partidos es una colaboración eventualmente, en algunos países, institucional. Pero los movimientos y asociaciones tienen que mantener viva la posibilidad de una acción directa, una acción no institucional. Y debo decirles que los momentos más creativos de la democracia, mundialmente, no sólo en estos países, y desde hace mucho tiempo, son formas extraparlamentarias, extrainstitucionales: marchas, huelgas, funerales, por ejemplo en África del Sur, la lucha contra el aparthaid. Las marchas por la paz son formas densas e intensas de democracia. Entonces, hay que mantener siempre abierta la posibilidad de una acción institucional y de una acción directa…. (pendiente) si es imposible tenemos muchos ejemplos: el movimiento sin tierra de Brasil es un movimiento que se articula con el estado, que recibe muchos subsidios del estado pero hace también invasiones de tierra.

Ambas cuestiones son muy importantes para los líderes y, pienso yo, para activistas de los movimientos sociales. Una de las ideas, y esto es clave para nosotros, más peligrosa que la democracia representativa es que hay que superar con las ideas de la democracia participativa es esta: que un ciudadano común individualmente organizado puede, a lo sumo, tener conocimientos suficientes para describir un problema, pero nunca para promover una solución. Y esa es una idea que está muy enraizada en la estructura política y que parte de dos ideas: la profesionalización de la política en los partidos y la prioridad dada al conocimiento científico técnico.

En Porto Alegre fue interesante observa como los arquitectos, los ingenieros tenían dificultad de hablar con la gente, cuando decía “no esto no puede ser así, nosotros tenemos experiencia que para contener las aguas de la lluvia necesitamos de este tipo de tamaño de esta obra” y los ingenieros decían “pero en los manuales eso no esta”. No eran técnicos, era el conocimiento de la experiencia.

Ahora bien, es necesario pasar de una tecnoburocracia a una tecnodemocracia y para eso es necesario realmente esa justicia cognitiva, esa ecología de saber, ese reconocimiento de la diversidad desde los saberes.

¿Cuáles son los objetivos de la complementariedad? El objetivo es, por encima de todo, ampliar la agenda. Si ustedes miran los talleres que tenemos aquí en este Foro y comparan con la agenda política del Congreso aquí en Colombia o en Brasil o Portugal, verán que hay una discrepancia total entre las ansiedades, las aspiraciones democráticas que están aquí para ser debatidas y lo que pasa en los congresos. Entonces, lo más importante es ampliar la agenda política, y esto no puede venir desde dentro del estado, porque el estado está atrapado en su propia estructura, hay que traerlo desde afuera y, ese afuera, a mi juicio, es el de la democracia participativa.

Es que como la democracia representativa se ha tornado demasiado vulnerable a los intereses del mercado económico y político, cada vez más juntos y promiscuos, la democracia participativa trae otros valores de cooperación, de solidaridad. No es de filantropía, es de solidaridad ciudadana. Es esto a lo que Rousseau llamaba la obligación política horizontal de ciudadano a ciudadano. Hay dos obligaciones políticas, una entre el Estado y el ciudadano y una horizontal entre los ciudadanos.

Esto es importante como objetivo, exactamente, en la complementariedad. Y nosotros en la democracia participativa podemos tener otro objetivo: es que en la democracia participativa los movimientos han sabido muy bien luchar contra actores privados, por ejemplo, los sindicatos, el movimiento obrero, han luchado contra actores privados cuando se privatiza el agua, cuando se privatiza la electricidad, los servicios fundamentales y básicos. Cómo vamos a luchar contra violaciones de derechos humanos que no compromete al estado pero sí a actores económicos. Yo pienso que la democracia participativa p’uede ser muy útil en este sentido para crear un rol social alternativo que puede incluir toda la diversidad de las víctimas de la globalización neoliberal.

Unos momentos más para referirme a las relaciones con el Estado, con los partidos y entre los movimientos. Sobre el estado hay un debate en el Foro Social Mundial: hay quienes piensan que el estado es obsoleto, que el estado, con la globalización neoliberal a perdido interés o está transnacionalizado, obedece a los imperativos neoliberales y nosotros no podemos, de ninguna manera cooperar con ese estado. El Estado es un enemigo o es irrelevante. Pero hay otros que piensan lo contrario y curiosamente van de continente a continente (es muy importante ver la diferencia de los movimientos sociales de Latinoamérica con los de Asia o Africa, por ejemplo. Son realidades distintas. Quienes dicen que no sostiene que el estado ha cambiado en los últimos veinte años pero sigue siendo una relación social contradictoria. Es un campo de lucha, no hay que abandonarlo, hay que luchar. Son los que tienen una actitud pragmática. Yo pienso que, hoy en día, esa es la actitud. Hay que ser pragmático en el sentido de que el estado puede ser potencialmente un enemigo o potencialmente un aliado.

Hemos visto, por ejemplo, la lucha por la biodiversidad en Colombia y Brasil. Hay momentos en que el estado ha sido un aliado y después ha sido un enemigo. Otras veces hemos visto casos como, por ejemplo, la lucha de los Uwas en la Sierra Nevada del Cocuy, la lucha por el petróleo en su tierra sagrada. Una parte del Estado, la Corte Constitucional, parece ser amiga, mientras que el Consejo de Estado aparece como enemigo. Estas contradicciones dentro del Estado deben ser manejadas con sofisticación y lucidez. Por eso es importante mantener una actitud pragmática para que tengamos claro las razones y condiciones de colaboración entre las instituciones del estado. Porque hay situaciones en las que esa colaboración es posible.

En el Foro Social Mundial, hoy en día se reconoce que hemos pasado a la construcción de la alternativa que llamamos una globalización solidaria. Ahora hay que entrar as la construcción de agendas alternativas y, para eso, tenemos que tener otras armas políticas. Y como digo, la confrontación con el estado, la autonomía frente al estado no impide la posibilidad de colaboraciones puntuales. El movimiento de los sin tierra es un ejemplo. Las complejidades modernas permiten exactamente que si definimos muy bien los objetivos, los límites de la colaboración, esta puede ser algo que, de alguna manera, va a contrarrestar la captura de las instituciones del estado por parte de actores económicos muy poderosos.

Por eso, yo lo he dicho muchas veces, el estado es el novísimo movimiento social para nosotros. Hay que luchar por dentro y por fuera, porque es la única manera de evitar que haya una captura total de las instituciones. Por eso necesitamos un pluralismo democrático radical que pueda asumir varias formas, resistir contra la privatización de los servicios públicos, o encontrar alianzas para, si están privatizados, haya una regulación efectiva. Por ejemplo en Inglaterra, hoy día, la lucha más interesante es entre los sindicatos y los consumidores de servicios públicos. Lo sindicatos se aliaron con los consumidores para exigir el cumplimiento de las normas de regulación de los servicios privatizados. Son formas novedosas que deberemos atender.

Y una idea general para ustedes como delegados y líderes de movimientos sociales: hay que estudiar, muy claramente, en esta cooperación con el estado, en estas colaboraciones puntuales la estructura de oportunidades políticas.

No tengo tiempo para detallarlo, pero las ideas centrales son estas: que un sistema política tiene más aperturas o cierres, puede haber más o menos conflictos internos entre las elites. Las elites y las instituciones pueden estar, más o menos propensas a la violencia. Puede haber, más o menos, posibilidad de alianzas entre los movimientos.

En cuanto a los partidos y los movimientos, hay una situación curiosa dentro del Foro Social Mundial: hay, de alguna manera, dos fundamentalismos. Hay fundamentalismos de partidos, por ejemplo, que piensan que la representación electoral coincide con el monopolio de la organización política. O sea, los movimientos y las asociaciones no tienen legitimidad. Y por eso toman una de tres actitudes frente a movimientos y asociaciones: los ignoran, los hostilizan o los manipulan.

De la parte de los movimientos sociales también proviene un fundamentalismo antipartido, la idea de que cualquier colaboración y aproximación con los partidos, significa cooptación. Muchos tienen razones para hablar de eso, pero debemos imaginar t6ambién que las situaciones son diversas de país a país. En algunos partidos que son el resultado de movimientos, el Partido de los Verdes es Alemania es el resultado del movimiento de los Verdes; el Partido de los Trabajadores en Brasil es el resultado de los movimientos. Entonces las situaciones son distintas. Pienso que las condiciones son objetivas para alguna cooperación quizás puntual y táctica, pero importante. Los partidos enfrentan una crisis de credibilidad, precisamente porque están perdiendo el control sobre la agenda política. La globalización neoliberal les impone y fuerza a los partidos a incumplir siempre todos los programas electorales.

Por eso pienso que entre los partidos y los movimientos es posible alguna cooperación, en algunos países, en algunas condiciones, bajo cuatro ideas. Primero, el reconocimiento de las diferencias organizativas y culturales entre partidos y movimientos; segundo, respeto recíproco por la autonomía; tercero, identificación clara de los objetivos de la colaboración; cuarto, apertura a trasformaciones recíprocas como resultado de la colaboración. No tengo tiempo de detallarlas, pero lo importante es ver que si realmente seguimos en esta posibilidad de complementariedad vamos a ver una cosa muy importante y esa es la idea central que quería decir aquí: en la democracia representativa, representar no significa sustituir. Representar significa autorizar, exigir rendición de cuentas; a través del voto autorizo a que alguien me represente, pero después exijo rendición de cuentas. ¿Cual es el problema de la democracia representativa? Que cuando mucho funciona la autorización, pero no funciona la rendición de cuentas. La única posibilidad que tenemos de exigir la rendición de cuentas es en la próxima vez de la autorización, es decir, en las siguientes elecciones. La democracia participativa puede ser un aporte importante para que la exigencia de rendición de cuentas pueda exigirse de los partidos. Pero esto es siempre dialéctico y obligará a los movimientos y las organizaciones a una cosa recíproca: también hay autorización y rendición de cuentas, y algunos de nuestros movimientos y organizaciones, hay que reconocerlo, a veces no están en mejor situación que los partidos.

Finalmente, en cuanto a las relaciones entre los movimientos, nosotros creamos la idea de una globalización y una democracia alternativa. E es curioso, porque esta idea empezó como una utopía, pensando en que otro mundo es posible, pero ¿qué mundo? El problema es que luchamos contra una utopía conservadora que dice una cosa muy clara que es herencia de la modernidad occidental, y es que si radicalizamos el presente no hay utopías. Es la idea conservadora de que hay hambre y exclusión social en el mundo no como resultado de la aplicación de las leyes del mercado, sino que son el resultado de que las leyes del mercado no hayan sido aplicadas radicalmente. Es una la utopía conservadora porque radicaliza el presente. Y nosotros hemos creado una utopía crítica que busca la emergencia de una alternativa a este presente.

Y por eso ha sido más importante para el foro afirmar la idea de alternativa que definirla. Por eso, los movimientos sociales aquí somos más capaces de unirnos que de separarnos. Hay tantas distinciones entre vosotros…los temas, las actitudes políticas, las formas de práctica política, la acción colectiva, la cultura, pero nos acostumbramos a que sea necesario unirnos más que separarnos. Pero es para realizar foros como este. Es necesario avanzar realmente hacia la segunda fase de construcción de agenda política, y no sólo cambiar los discursos del Banco Mundial o del FMI, porque ya lo logramos pero las cosas no han cambiado. Por eso realmente para nosotros la utopía ahora tiene que entrar en una segunda fase que no es cambiar discursos, es cambiar agendas. Y para eso, me pregunto: ¿Esta diversidad enorme, esta capacidad de quienes nos juntamos aquí es suficiente? No tendremos que crear una unión más profunda entre movimientos? ¿Cómo hacerlo si somos tan diversos? La idea es esta: hubo una intención en el pasado de resolver todo con una teoría general sobre el futuro, fuera socialismo o comunismo, o lo que fuera. Yo pienso que hoy no es posible una teoría general que incluya toda esta diversidad. Disculpen que lo formule así, pero pienso que nosotros en este momento no necesitamos de una teoría general pero necesitamos de una teoría general sobre la imposibilidad de una teoría general. Tenemos que estar de acuerdo en que no es posible una teoría general, que ningún movimiento tiene la verdad revelada, que no hay movimientos privilegiados porque no hay sujetos históricos, todos somos históricos y son sujetos todos los que e rehúsen a ser objetos.

Esa es la idea y puede ser la manera por la cual podemos crear una posibilidad de una alternativa con los movimientos, pero ¿cómo si no hay una teoría general? Yo les propongo un trabajo de traducción, que es cómo crear inteligibilidad entre los movimientos y asociaciones para profundizar lo que tenemos en común, entre el movimiento feminista y el ecológico, entre el indígena y los foros civiles de derecho humanos, entre las luchas por la paz y las luchas de los homosexuales y las lesbianas. Para saber qué tienen en común hay que crear inteligibilidad, hay que traducir diferencias que no son negociables, y otras diferencias que son resultado de culturas distintas que se pueden aproximar. Y ahí podemos aumentar nuestra capacidad e traducción, entre la gente, entre formas de acción colectiva, entre saberes, para poder encontrar tácticas de articulación que no sean meramente coyunturales.

Nuestro objetivo es salir de una democracia tutelada, restringida, de baja intensidad para llegar a una democracia de alta intensidad que realmente haga que el mundo cada vez sea menos confortable para el neoliberalismo. Pero la realidad no cambia espontáneamente. En política para hacer algo hay que tener siempre dos condiciones: hay que tener razón a tiempo, en el momento oportuno; y hay que tener fuerza para poder imponer la razón.

Estoy seguro que en este foro tenemos razón a tiempo, es muy oportuno el momento y el lugar en el mundo donde nos encontramos. Y tenemos fuerza, nuestra fuerza no viene de la armas porque luchamos por la paz, viene de nuestros argumentos, de nuestra participación ciudadana, del entusiasmo, la consistencia y la sostenibilidad de nuestras movilizaciones, es la fuerza de los debates que vamos a tener aquí de donde pueden emerger redes críticas y propositivas para poner en la agenda política otra agenda, una agenda de desarrollo de hecho, en que la vida humana en comunidad, el primado de la vida, de la seguridad, de la sobrevivencia, sean centrales. Esa es una lucha que es una fuerza, no sé esa fuerza será suficiente, pero si lo queremos será suficiente.


1. Ponencia presentada en el Foro Social Mundial Temático. Sao Pablo. 2003.
 

 

 

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