Mujeres trabajadoras
en América Latina


Irma Balderas Arrieta

 
 

Los modelos productivos: fordismo y toyotismo

El fordismo

Existen elementos teóricos para definir el modelo fordista, o ford-taylorismo; método a partir del cual se organizó la producción industrial en los países centrales del capitalismo, desde la década de los veinte hasta la crisis de su modelo productivo, en los años setenta.

El método de producción fordista inauguró la producción en masa, que a su vez generó su propio consumo en masa.

Esta producción redujo los costos de producción y los precios unitarios. Su principio fue la racionalización taylorista, también conocida como “organización científica del trabajo”, cuya característica es la división de tareas: el obrero ya no será un artesano que participa en el proceso de producción de principio a fin, sino que ocurre una descalificación del obrero, que de ahora en adelante realizará una sola y monótona tarea.

Un segundo elemento de la organización fordista de la producción tiene qué ver con la aplicación de la técnica; su principal innovación fue la introducción de la cadena o línea de montaje, cuyo propósito es unir o ligar el trabajo individual de los obreros y marcar el ritmo de trabajo previamente administrado por la empresa, la cual ha introducido ya el cronómetro (Coriat, 1982).

Con estos antecedentes, es decir, la organización de la producción en masa, la racionalización de las tareas y la introducción de la línea de montaje, se pasa a la automatización, que se define como la capacidad de una máquina para funcionar sola y detenerse automáticamente ante el menor problema.

Esta organización conocida como fordista-taylorista se aplicó esencialmente en la industria automotriz, cuyo método arrancó en Estados Unidos y posteriormente se expandió a otras empresas del ramo en los países de Europa occidental.

Este modelo productivo implicó –como hoy en día signifi ca el nuevo modelo– el reemplazo de fuerza de trabajo vivo por máquinas o por tecnología, un mecanismo utilizado por las empresas para elevar sus índices de productividad y rentabilidad. Cabe anotar que el modelo no se hizo extensivo al conjunto de los países periféricos del capitalismo central, como tampoco está sucediendo con el actual.

El modelo ford-taylorista, sustentado en innovaciones tecnológicas para la optimización de los recursos en el proceso productivo, tuvo su contraparte en los mecanismos de pago de salario y regulación de la fuerza de trabajo, incluso llegó a formar una elite de trabajadores cuyas condiciones de trabajo y reproducción eran contrastantes con las condiciones del resto de la clase obrera.

Este mecanismo de producción atrajo también, de manera relativamente masiva, a las mujeres hacia la producción industrial y hacia los trabajos de oficina previamente automatizados.

El toyotismo

Después de que el fordismo como modelo de producción agotó sus límites para mantener o elevar tanto la productividad como la tasa de ganancia de las empresas, en los años setenta surgió un nuevo modelo productivo cuya pretensión fue reemplazar al primero. El toyotismo –como se le conoce a este nuevo modelo, porque surgió en la fábrica de automóviles Toyota en Japón– tuvo que contemplar algunos elementos que estaban condicionando o limitando la acumulación de capital, como la caída de la productividad y el bajo crecimiento de la economía, y ha tenido que responder a un incremento lento de la demanda.

El modelo productivo que reemplazó al fordismo y apareció desde la década de los setenta en Japón, tiene como base dos dimensiones: la innovación tecnológica y la organización del trabajo con nuevos principios: “[…] la innovación es sólo de organización y conceptual, sin que intervenga nada ‘tecnológico’” (Coriat, 1992:46). Se sustenta en la microelectrónica aplicada a los procesos productivos. Su objetivo es el incremento constante de la productividad y de la tasa de ganancia, y, por tanto, la eliminación constante del trabajo vivo en la fábrica y su sustitución por la introducción de puestos automatizados.

Se define como un sistema creado para la variación del producto y su ajuste a la dinámica del mercado, en el que los principios calidad y productividad son factores inseparables.

Entre sus elementos más importantes, maneja algunos conceptos que a continuación vamos a definir:

a) Flexibilidad: la capacidad del sistema para adaptarse a la demanda.

b) Justo a tiempo: es la producción basada en el “impulso de la demanda” (Slaughter, 1997:40), las piezas van llegando justo en el momento en que van necesitándose.

c) Trabajo polivalente: destaca lo que Benjamín Coriat llama “el carácter polivalente de los trabajadores y su multifuncionalidad”. Y más adelante define “Capacidad para efectuar tareas diferentes, para manejar varias máquinas correspondientes a operaciones sucesivas, para administrar tanto la programación como el diagnóstico, el mantenimiento o la calidad”. Para concluir que: “[...] el conjunto de las propiedades dinámicas de la empresa se basa en el conocimiento práctico de los empleados y en los efectos de aprendizaje construidos en los propios modos de organización del trabajo” (Coriat, 1992:89).

d) Formación y multicualificación: a esto se refiere Coriat cuando apunta que la empresa invierte en la formación y calificación del obrero, realiza una intelectualización de los trabajadores de cuello azul y los incluye como parte del círculo virtuoso del modelo japonés:

las inversiones en recursos humanos garantizan un alto nivel de polivalencia y plurifuncionalidad de los asalariados, quienes hacen posible la eficacia de las innovaciones en la organización: a su vez, estas últimas permiten obtenciones de ganancias de productividad, que permiten realimentar las inversiones en recursos humanos (Coriat, 1992:90).

e) Trabajo en equipo: la reunión en las áreas de trabajo de un conjunto de trabajadores para discutir y resolver problemas de producción, de calidad o de defectos en la fabricación.

f) Subcontratación: es la base de la producción flexible, llamada también externalización de la producción; lo que significa que una gran parte de la producción de un bien sea realizada en empresas llamadas subcontratadas o proveedoras de la gran empresa matriz.

La idea es que, mano de obra más barata, haga la mayor cantidad posible del trabajo que va en el producto final. La producción de piezas, así como los trabajos de limpieza e instalación de equipos nuevos, la realizan los proveedores y no los relativamente bien pagados trabajadores de los Tres Grandes [las tres grandes automotrices]. Los supuestos ahorros del sistema ‘justo a tiempo’ se explican en parte por la subcontratación. [El sistema de subcontratación] divide a los trabajadores hasta en tres o cuatro categorías, a la baja: sin sindicato, sin prestaciones, sin seguridad en el empleo y con los salarios más bajos (Slaughter, 1997:51).


Google
 
Web eumed.net

Volver al índice de Mujeres trabajadoras en América Latina

Volver a "Libros Gratis de Economía"

Volver a la "Enciclopedia y Biblioteca de Economía EMVI"