Los Frenos y el Embrague
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Los Frenos y el Embrague

La ALALC se puede decir que existió como una consecuencia de lo que admite ser visto como el agotamiento de la política de sustitución de importaciones al bulto. La calificación última de dicha orientación es excesiva si no nos detenemos a mirar los beneficiarios de la misma. Fue de una selectividad – los elegidos beneficiarios de esa forzada industrialización – que si no atendía las reales necesidades del crecimiento económica del país se atuvo al sustancial proceso de acumulación de empresarios vecinos al poder.

Ese proceso de integración – el término es sin duda exagerado si tomamos en cuenta la parálisis que lo ha caracterizado – pretendía teóricamente establecer una zona de libre comercio en un período de doce años, a realizarse a través de un programa de liberación comercial – de levantamientos de trabas al comercio intrazonal - basado en negociaciones producto a producto, a las cuales se les aplicaba la cláusula de la nación más favorecida. Es decir, una vez ubicado el producto al cual las partes estaban dispuestos a desarmar de protección, la facilidad se extendía a todos.

Dada esas características – corrales para la importación, seguridad a los allegados al poder de mercados cerrados para sus producciones, independientemente de su calidad y costo (es decir, sin tomar en cuenta para nada al consumidor nacional), negociación producto a producto - muy pronto el objetivo de crear una zona de libre comercio se vio definitivamente cegado.

Sucedió cuando se había alcanzado lo sustancial de lo fútil del intercambio de los países miembros: una Lista Común que significaba el 20% del comercio regional, que de por sí era escaso..

Esto, que era casi nada, significaba todo lo realizado durante los cinco años y medio que llevaba de vigencia el Tratado de Montevideo, es decir, el resultado del exageradamente llamado proceso de integración regional.

Pese a ese lento e ineficaz accionar, el mismo fue formalmente detenido por iniciativa del Brasil y Argentina, con el apoyo directo de México, a la que Uruguay sumó sus votos en aquella jornadas que se iniciaron el miércoles 7 de diciembre de 1966 y culminaron el lunes 12 del mismo mes, en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC)[i].

Desde entonces hasta la fecha, el invocado proceso no ha hecho más que frustrar expectativas hasta convertir a la sucesora de la ALALC[ii], la ALADI, en lo que ella era en los hechos y en el final de sus días: el ámbito para un mero registro de los acuerdos que realizan los países de la región entre sí.

Es gracias a su cuerpo de funcionarios de su Secretaría Permanente que se elaboran importantes trabajos sobre la integración regional y se procesan los datos relevantes de la vida económica y comercial de sus miembros. Nada más se le permite hacer.

La falta de voluntad política para ampliar las competencias de dicho organismo es notoria. Su accionar puede terminar siendo un homenaje al clientelismo de la amistad o al familiar, como ocurre en varias instituciones que refieren al ámbito interamericano.

En aquél entonces – en la reunión en Montevideo de ministros de Relaciones Exteriores de países miembros de la ALALC de diciembre de 1966 - se enfrentaron dos posiciones. Una, la que buscaba vitalizar la integración latinoamericana – que venía de concretarse en la denominada Declaración de Bogotá y a la que hace referencia el senador Robert F. Kennedy[iii] - , apoyada por Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela sostenida con el talento habitual y la clara visión de quien era el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Gabriel Valdés[iv], la jerarquía moral del canciller colombino Germán Zea y su par peruano José Vázquez Salas, respaldado por el destacado diplomático Vicente Cerro Cebrián, representante permanente del Perú ante la ALALC. La otra, defendida por Argentina y Brasil[v] hacía hincapié en no permitir que el proceso de integración regional pudiera ir más allá que el crecimiento de sus propios países o desviare de la atención de los intereses que entendían como inmediatos: el traslado, en síntesis, de la Guerra Fría a la zona

Es decir, miraban si no como excluyentes, en el largo plazo, sí como sucesivos en aquella años, la integración regional y el desarrollo nacional, como lo señaló expresamente el canciller argentino durante la mayor parte de la dictadura del general Juan Carlos Onganía (1966-1970), Nicanor Costa Méndez (1923-1992).

Era éste un fervoroso militante de pasiones equivocadas, entusiasta partidario de diversos extremismos de los que se jactaba, aunque su aplicación muchas veces omitía en aras de algún inhumanismo más fuerte en los hechos. Fue un declarado ultranacionalista, un confeso católico radical y un deleitado militarista de sincera raigambre antiliberal, cuya única relación efectiva con la diplomacia la constituía una cierta renguera que vagamente lo asemejaba a la sombra de Mauricio de Talleyrand.

Su actuación posterior como ministro de Relaciones Exteriores de Argentina cuando el conflicto con Gran Bretaña por las Islas Malvinas ratifica ésa, su principal incapacidad de una larga lista de incompetencias.

El comprensible y solidario colega brasileño no era otro que el general Juracy Magalhães (1905-2001), un hombre de no muchas ideas y las pocas que lo sostenían eran, habitualmente, las del Departamento de Estado de los EE.UU. Fue quien acuñó una célebre frase, al hacerse cargo, antainado, de la embajada de su país en Washington, inmediatamente después del golpe de Estado de 1964: “Lo que es bueno para los Estados Unidos será bueno para Brasil”.

 Abandonó esa jefatura de misión para asumir como ministro de Justicia de la dictadura porque el anterior secretario de Estado, Milton Campos, se negó a firmar las proscripciones de los principales líderes políticos opositores, la disolución de los partidos actuantes antes de 1964 y la elección indirecta de autoridades estaduales (algo parecido a la actitud que después en Uruguay – ni siquiera en eso pudo ser original - adoptó el melifluo Aparicio Méndez con respecto a Alberto Demichelli, en 1976).

Cumplida dicha tarea, que estimuló generosamente su peculiar vanidad, la cual estaba siempre en pos de un motivo que la justificara, pasó Magalhães a desempeñarse al frente de Itamaraty, entre cuyas preocupaciones que la nueva misión le trajo al estrecho campo de su raquítico pensamiento, emergió la posibilidad del envío de tropas de su país a Vietnam, y culminó su gestión llevando a cabo el primer acto oficial de la aún prácticamente vacía nueva sede de la cancillería en Brasilia, el día antes de la terminación del gobierno de facto de Castelo, en 1967.

No piense el lector que Juracy Magalhães no desempeñó, anteriormente, ningún cargo político. No. Se sentía compelido a la actuación pública por un extraño sentido del deber frente al prójimo: debía someterlo. Por ese motivo fue interventor de Bahía, en 1931, siendo un teniente de 26 años y reprimió con singular éxito y dureza a quienes se le oponían.

Inmediatamente después, en 1935, es elegido gobernador de ese Estado por el nuevo régimen constitucional (1934) y ocupó en su nombre, en más de una ocasión, un escaño en el Senado, siendo electo constituyente en 1946. Todo, claro está, en defensa de las singulares ideas que él definía como liberales, fortalecidas en la Escuela de Comando y Estado Mayor de Fort Leavenworth en EE.UU. y pacientemente regadas, posteriormente, como agregado militar en la capital norteamericana. Petrobras lo tuvo como primer presidente, nombrado también por Getulio Vargas, y lo fue asimismo de la importante siderurgia Vale do Río Doce, hoy privatizada. Es quien le da refugio, en 1955, a Carlos Lacerda cuando éste fácilmente agrega un nuevo revés a su exitosa por extensa colección de fracasos en pos del poder. En ese momento, el de impedir la toma de posesión de la fórmula presidencial electa, formada por Juscelino Kubitschek y João Goulart[vi].

Es votado Juracy Magalhães popularmente como gobernador de Bahía, en 1958, por el partido que fue después importante sustento de la dictadura militar, la Unión Democrática Nacional, con el nombre de ARENA y acompañó, incluso, la gestión del presidente Fernando Henrique Cardoso.

Acompañó a Magalhães en esta reunión de diciembre de 1966 el representante permanente de Brasil ante la ALALC, João Baptista Pinheiro – un hombre de tanta inteligencia como capacidad tenía para el mal uso de ella en lo que hacía al interés general del proceso integrador latinoamericano. Mientras fue representante permanente de Brasil ante la ALALC, dividió su tiempo entre las respuestas a las duras críticas al régimen que representaba, formuladas en aplicación de la Doctrina Betancourt por el representante venezolano de entonces, Braulio Jatar Dotti y mantener el pie en el freno del proceso de integración. En mérito a su larga dedicación en esta última misión fue designado embajador de la dictadura brasileña ante su par argentina.

Constituían pues, Costa Méndez y Magalhães, una pareja de hombres públicos integrada por un dogmático versátil, de frustrado empaque apodíctico, y un militar de carácter acezante y celerado.

Ellos dos fueron los eficaces ejecutores de la formal detención de las posibilidades de ejecutar la integración latinoamericana.

El embrague lo apretó a su vez el canciller mexicano Antonio Carrillo Flores, con el fin que no se parara definitivamente, además, el motor de la misma.

Y así fue: se volvió luego a los acuerdos bilaterales, los Acuerdos de Complementación, los arreglos subregionales. Pero el proceso de integración latinoamericano como tal nunca más pudo retomar el impulso original.

Para ello, nada más oportuno que Carrillo Flores. Una persona, el ministro mexicano, al que no se asocia con las características del gobierno que integraba, en cuya cabeza se encontraba nada menos que Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979). El mismo que en su gestión (1964-1970) ordena la masacre en la Plaza de las Tres Culturas y que ejecuta su ministro de Gobierno, el posterior presidente Luis Echeverría (1970-1976). Sin embargo, es el iniciador luego, Echeverría, de la lenta apertura del régimen político de su país y supo defender con dignidad la política internacional de México, que en esos años tuvo intensa actividad debido a la caída de las democracias en Uruguay, Chile y los difíciles comienzos de la transición política española una vez muerto el dictador, en noviembre de 1975[vii].

Dada la respetada personalidad de Antonio Carrillo Flores - inexistente en sus socios en la posición contraria en los hechos a la integración latinoamericana - y el encontrarse en las antípodas ideológicas de sus circunstancialmente coincidentes colegas, fue correcto que, el 8 de diciembre a las 10 y 20 de la mañana como canciller de México – se desempeñó antes como secretario de Hacienda[viii] de su país en el sexenio 1952-1958[ix] – estrenara la palabra en esa Tercera Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Asociación.

[i] Estableció la resolución 170 (CM-I/III-E) aprobada el sábado 10 de diciembre de 1966:

“Programa de liberación

El CONSEJO DE MINISTROS, reunido en el Tercer Período de Sesiones Extraordinarias de la Conferencia de las Partes Contratantes del Tratado de Montevideo,

CONSIDERANDO que el propósito perseguido por el Tratado de Montevideo de lograr formas más perfectas de integración, enunciado en su Artículo 54, requiere ineludiblemente de un procedimiento que asegure un ritmo más acelerado en el proceso de reducción de gravámenes y de eliminación de restricciones;

Que el propósito de las Partes Contratantes de lograr la armonización de los tratamientos exteriores debe vinculares estrecha y coordinadamente a un proceso más acelerado de desgravación; y

Que el sistema programado de desgravación debe contemplar fórmulas que consideren tanto la situación de los países de menor desarrollo económico relativo y de la Resolución 71 (III) de la Conferencia, como también la naturaleza diversa de ciertos sectores productivos, 

RESUELVE 

PRIMERO.- Las Partes contratantes se comprometen a establecer un régimen de desgravación programada que asegure un ritmo más acelerado en el proceso de reducción de gravámenes y de eliminación de todas las restricciones incluso las administrativas y cambiarias.

SEGUNDO.- Encomendar al Comité Ejecutivo Permanente que asesorado por expertos de las Partes Contratantes, presente a más tardar el 30 de junio de 1967, el pryecto de un régimen específico de desgravación programada que será considerado en la próxima reunión del Consejo de Ministros.

TERCERO.- En los estudios tendientes a confeccionar el proyecto señalado en el artículo anterior, el Comité Ejecutivo Permanente deberá tener especialmente en cuenta el objetivo básico del Tratado de Montevideo del desarrollo armónico de la Zona, las disposiciones pertinentes de la Resolución 100 (IV) de la Conferencia y, entre otros:

a) La eliminación total, lo más rápidamente que sea posible, de los gravámenes y restricciones, incluso las administrativas y cambiarias, que afecten las importaciones de los productos originarios de los países de menor desarrollo económico relativo;

b) El establecimiento de ritmos de desgravación diferentes, en relación con todas las demás Partes Contratantes, para los países amparados en las disposiciones del Capítulo VIII del Tratado;

c) Ritmos de desgravación diferentes que contemplen la situación de los países de la Resolución 71 (III), frente a los restantes países de la Zona;

d) Los regímenes a que se someterán los productos agropecuarios; y

e) La introducción de elementos de flexibilidad que permitan ajustar el régimen en distintas etapas de acuerdo con los efectos de su aplicación, tanto en el volumen como en la estructura del comercio, teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes del Tratado.

CUARTO.- Reconocer que el programa de liberación del comercio intrazonal y el programa de coordinación de las políticas de comercio exterior y armonización de los instrumentos respectivos están estrechamente vinculados. En consecuencia, las etapas de aplicación de un mecanismo de desgravación automático deben estar coordinadas con las que se prevean para la gradual armonización de los tratamientos exteriores.

Las Partes contratantes atribuyen la más alta prioridad a las tareas establecidas en las Resoluciones 98 y 104 del Comité Ejecutivo Permanente.” 

[ii] El Tratado de Montevideo entró en funcionamiento el 21 de abril de 1961, presidiendo su Comité Ejecutivo Provisional el destacado embajador uruguayo Mateo Magariños. La sede entonces del organismo, y durante varios años, fue el hotel Victoria Plaza. 

[iii] Entrevista a Roberto Kennedy. El Día. Diciembre de 1966, ya citada. 

[iv] Señaló Gabriel Valdés en la sesión del 10 de diciembre de 1966 del Consejo de Ministros en el Tercer Período de Sesiones Extraordinarias de la Conferencia de la Partes Contratantes del Tratado de Montevideo de 1960, en la que se abordó la resolución que reprodujimos más arriba: “... Nosotros hemos propuesto, entre otras alternativas, comenzar a aplicar un arancel común externo que es, a nuestro juicio, lo que define el espacio económico latinoamericano o de la ALALC, sin el cual no hay integración y no va a haber mercado común. Hemos propuesto, repito, iniciar un proceso de arancel común externo en 1973 y parece que es riesgoso o peligroso adoptar una tal determinación.

Supe que ayer en un grupo de trabajo, un Delegado usó un símil que a mi juicio es muy feliz, porque proyecta nuestra realidad latinoamericana con la de otros mundos. Estados Unidos ha prometido públicamente llegar a la Luna en 1970. Creo que la Unión soviética ha hecho promesas similares. Estoy convencido de que van a llegar a la Luna los americanos en 1970. Y realmente es para nosotros un símbolo, a mi modo de ver, aplastante de que se prometa a cuatro o cinco años de plazo llegar a la Luna y nosotros no podamos prometer tres años después, en 1973, iniciar el proceso de arancel común que está en la médula, en la esencia de un Tratado que firmamos en 1965. Ciertamente, nadie dudará de que es bastante más difícil llegar a la Luna que iniciar un proceso de arancel común entre países que están todos los días prometiendo llegar a una unidad desde el momento en que Bolívar, San Martín, Sucre y otros Libertadores lo prometieron.

O sea que los americanos van a llegar a la luna en cinco años y nosotros en ciento sesenta años no vamos a comenzar a iniciar el proceso de nuestra reunificación, por lo menos económica y comercial.

Este es un factor, a mi modo de ver, que puede ser – no quiero exagerar el tono literario de mis palabras - de una densidad simbólica de la diferencia de ritmo en que estamos trabajando nosotros con el ritmo a que están trabajando otras áreas que pueden asumir y que toman riesgos que dan bienestar, que dan progreso, y al final, que dan poder.

Menciono otro antecedente que justifica la aprehensión con que vemos nuestra indeterminación. Según el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social, en un trabajo preparado en el mes de octubre del año en curso, habla de la brecha comercial de América Latina. Para entendernos, quiero repetir la definición que da de brecha comercial. Dice: “La brecha comercial se define como la diferencia entre las importaciones y el poder de compra de las exportaciones del área”. Vamos a ver qué pasa en la década del 70, en la década en que todavía no estaremos en condiciones de tomar decisiones mínimas. La brecha comercial, para 1975, va a ser en contra de América Latina en 4.600 millones de dólares y se calcula o se proyecta que para fines de la próxima década una brecha comercial será de 8.300 millones de dólares. Hoy día es del orden de los 1.800 millones de dólares.

Tamaña cifra está demostrando cómo América Latina, como unidad, frente al resto del mundo, va quedándose atrás en una progresión más que aritmética.

Esta brecha, contra la cuál sólo podremos luchar unidos y haciendo ciertos sacrificios, qué va a significar? Ningún país, ningún área del mundo nos va a regalar cuatro mil, seis mil, ocho mil millones de dólares; difícilmente esas sumas serán prestadas, porque hasta ahora ni la Alianza ni ningún sistema nos ha llegado a prestar esa suma; y si nos fuera prestado, tendríamos que pagarla y seguimos en el ciclo de un sistema que no es capaz de pagar sus propias obligaciones. ¿Cuál es entonces la alternativa que se ve bastante dramática? Que esta brecha va a significar –tiene que significar q la postre- una disminución del standard de vida real de América Latina, porque estas sumas, en definitiva, se pagan y las pagarán todos los pueblos, unos más y otros menos.

Esta brecha de ocho mil millones de dólares en la década del año próximo va a pesar sobre nuestra realidad social y económica y va a afectar todas nuestras estructuras, aplastándonos en un proceso de pérdida del estándar de vida que aún hoy día tenemos.

Pues bien: si vemos que otros mundos caminan en otras direcciones, si vemos que éste es el panorama que se nos presenta como conjunto, ¿no estamos en condiciones de adoptar algunas decisiones mínimas en la década futura que realmente signifique ponernos a trabajar desde ahora con ciertos marcos que nos hemos propuesto? Digo esto solamente para dejar testimonio de nuestra posición, testimonio de nuestro pensamiento porque bien sé que no hay acuerdo y no voy a insistir para que esos acuerdos se adopten. Simplemente quiero dejar testimonio porque creo sí que como políticos cada uno de nosotros debe responder por lo menos ante la comunidad a la cual pertenece y ante el gobierno del cual forma parte.”

Le contestó a Gabriel Valdés el canciller mexicano, Antonio Carrillo Flores, quien señaló: ” He escuchado como siempre, con enorme respeto y una muy auténtica admiración, a mi querido amigo el Canciller de Chile.

Me limitaré al punto que está en debate sobre la mesa, dejando de lado por el momento la declaración que ha hecho en ejercicio muy legítimo de su potestad, sobre el problema del Consejo de Ministros.

Creo, como él decía, que nuestra Organización es una realidad, vive, que tiene sus Cuerpos ya constituidos y que están trabajando. Y que para valorar los frutos –desde luego, hay que reconocer, modestos, sobre todo frente a nuestra ambición y nuestra esperanza- no podemos dejar de tomar en cuenta lo que órganos de menor jerarquía y responsabilidad que este Consejo han hecho.

(...)

 Hace menos de diez años nos reuníamos en la ilustra capital argentina, en la Conferencia Económica del Hemisferio, que se había postergado más de veinte años. Con qué timidez, con qué imprecisión, con qué vaguedad se hablaba de las cuestiones de la integración!.

En menos de diez años hemos dado pasos muy importantes, aunque muy insignificantes comparados con la meta final pero muy grandes respecto de lo que era prácticamente un erial en esta materia.

Y si miramos otras áreas de la colaboración económica del hemisferio, veremos que en el mismo, nuestros pueblos, tan divididos, tan pobres, tan remotos, las cosas así se han hecho.

Cuánto tiempo tardó la idea del Banco Interamericano para convertirse en realidad? Se sembró la simiente en 1902; estuvo a punto de ser realidad en 1940; hubieron después diversos campeones que fueron tomando la estafeta: México, lo digo con honor y satisfacción, en la Conferencia de Bogotá, en 1948, con un fracaso completo. Chile tomó la bandera en 1952, en Quitandinha, todavía con muy importante resistencia y cuajó finalmente en 1959. En gran parte, en mérito al esforzado campeón de la última etapa, tenemos a Felipe Herrera como Presidente del Banco Interamericano.

Si la idea de un Banco Interamericano tardó más de cincuenta años en convertirse en realidad, y en esta materia de integración en menos de diez años hemos tenido el Tratado de Montevideo, hemos creado, todavía imperfecto pero ya realidad viva, una Zona de Comercio Libre y ya estamos hablando con plazo fijo de un arancel común.

(.....)

Va a llegar el momento en que el mecanismo de la sustitución de importaciones ya no funcione y ojalá que así fuera, porque hubiésemos sustituido con importaciones de venta de la Zona muchas de las importaciones de fuera de la Zona y que entonces empecemos a tener que tocar más en carne viva.

En ese momento tendremos que usar el bisturí, pero si hay una zona intermedia que todavía podemos aprovechar , que podemos usar, que es la sustitución de la importación de fuera de la Zona, por la importación de dentro de la zona, por qué no de inmediato? En eso no hacemos daño a nadie.

En la época en que yo tuve la responsabilidad de dirigir la Secretaría de Hacienda de mi país, teníamos que aceptar que empresas del Estado adquiriesen bienes de capital en el exterior, cuando había la legítima y continuada presión de empresas que ya estaban produciendo bienes de capital. Entidades estatales, por ejemplo, la Comisión Federal de Electricidad, venía y me decía: Pero es que el Banco Mundial me da veinte años para pagar y me pone la condición de que esto lo compre fuera de México.

Hubo una difícil negociación con el Banco Mundial para que nos autorizara que un por ciento de nuestras importaciones la hiciésemos dentro de nuestro país. Fue una lucha que llevó varios años para que las organizaciones de financiamiento internacional aceptaran la compra de ciertos equipos, de ciertos bienes de producción dentro de nuestro país.

América Latina es muchas veces la víctima de la aplicación extralógica, como nos enseñaron a decir en la escuela, de fórmulas que se acuñaron para el proceso de reconstrucción de Europa.

Lo que a Europa le faltaba eran divisas y entonces se dijo que el Banco Mundial daría créditos de preferencia para compras en el exterior. Nosotros argumentábamos que lo que era insuficiente, lo es independientemente del signo monetario en que se expresa. Luchamos y poco a poco no hemos ganado mucho, pero algo se ha avanzado y es posible que se autorice el financiamiento de ciertos márgenes de compra domésticas.

Me he salido del tema –pido perdón a la Presidencia- pero creí que era mi obligación hacer este comentario para decir, compartiendo totalmente la inquietud que a veces siente uno que ya llega a límites de la frustración legítima, respetable, del ilustre Canciller de Chile, que sigamos avanzando con firmeza, con modestia.

(...)

De modo que cierro mi deshilvanada exposición diciendo que votaremos la resolución que está presentada y votaremos favorablemente, con una pequeña enmienda, la propuesta del señor Secretario General, y que en caso de que esa resolución no sea aprobada, de todos modos nos gustaría hacer esa exhortación. Por lo que hace a México, después de haber consultado con mis colaboradores en esta reunión del Consejo de Ministros cada uno de ellos tiene posiciones de importancia en los Ministerios que directamente manejan la política arancelaria y la política económica, me dispongo a proponer al Presidente de México que independientemente de que haya o no una resolución de este Consejo de Ministros, México establezca al máximo de sus posibilidades un margen de preferencia para la producción zonal.”

Es el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia quien hace uso de la palabra a continuación:” No obstante las palabras sedantes y tan gratas que nos acaba de pronunciar el señor Canciller de México, tengo que manifestar que me siento muy desconsolado por el proyecto de resolución que se nos ha traído. Cuando se inició el estudio de este asunto tuve la oportunidad de manifestar que la Delegación de Colombia no sólo veía con mucho entusiasmo la propuesta de la Delegación de Chile, sino que la apreciaba favorablemente. Ciertamente, la presentación de esta propuesta implicaba para el resultado de las deliberaciones de esta reunión, un avance positivo.

Era realmente una medida que nos planteaba a todos nosotros la necesidad de trabajar con fecha precisas en la aceleración de la integración económica.

Ahora vemos que después del estudio que ha hecho el grupo de trabajo, se ha traído un proyecto de resolución que más o menos es lo mismo que se aprobó el año pasado en la resolución 8. La única diferencia visible es que en esa resolución se habla de que las Partes Contratantes reconocen la necesidad de establecer un mecanismo automático que asegure un ritmo más acelerado del proceso de reducción y aquí se habla de que las Partes Contratantes se comprometan a establecer un mecanismo de desgravación.

(...)

Desde luego respeto las razones que han tenido las diversas Delegaciones para eliminar lo que significaban un mayor avance dentro de la acción de la ALALC, que es lo contenido en el artículo cuarto. Era nada más ni nada menos que establecer cómo iba a operar ese mecanismo y en que momento.

(.....)

Aquí la decisión que se toma generalmente en un caso de éstos es que se haga un nuevo estudio, que probablemente se ha hecho y se repetirán los conceptos que se han dicho anteriormente. Se reúne el consejo de Ministros, vienen esas mismas posiciones que no se modifican, los países siguen dentro de la misma posición señalada anteriormente y el resultado es que si se logran avances, esos avances son un poco tímidos.

(...)

A su vez, el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Gral. Juracy Magalhães, formula una intervención que ofrece la ligera la impresión de actuar, en la ocasión, también como espontáneo psicólogo: “Vi el desaliento manifestado por el ilustre Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, al que todos nosotros nos sentimos vinculados por una sincera amistad y una profunda admiración. No oculta él su entusiasmo, su vigor de combatiente avanzado, su impaciencia para que lleguemos más rápidamente. No hay duda, pero hay una cierta prosperidad que todos aspiramos y deseamos para América Latina.

Brasil participa de ese entusiasmo, lucha con el mismo vigor y está dispuesto a marchar rápidamente con los pueblos de los demás compañeros de trabajo, pero no podemos dejar atrás a los que no nos pueden acompañar en los pasos más vigorosos que damos ni desamparar a aquéllos que se encuentran con dificultades momentáneas internas que no les permiten asumir compromisos más serios en estos momentos. (Se refiere implícitamente a la Argentina, que había inaugurado el nefasto régimen de Juan Carlos Onganía)

(...)

Cuando en cada uno de nosotros tenemos un momento de desaliento, es preciso que haya alguien que nos dé ánimo nuevo y nos haga permanecer en la trinchera. Aquí no es sólo mi palabra aislada, sino la palabra fuerte de todos los compañeros de trabajo del Ministro Gabriel Valdés, que esperan que comprenda que hoy estamos dando un paso más en el edificio que todos deseamos construir y nada se podrá hacer sin la colaboración de su competencia y su entusiasmo, que traduce las grandes líneas de acción del Gobierno que él integra con tanta honradez y dignidad.

(...)

Nos proponemos, por ejemplo, estudiar con la Delegación de México, una enmienda que permita alcanzar una nueva etapa en esa integración que todos deseamos.

A continuación, el ministro Valdés volvió a hacer uso de la palabra:

“En primer lugar, voy a aclarar algunas de mis ideas, atento a la respuesta que tuvo la bondad de dar a ellas el señor Canciller de México.

El calendario de plazos para estudiar el proyecto de arancel externo común fue adoptado por el Comité Ejecutivo Permanente en la Resolución 98. En ese comité Ejecutivo Permanente se formó un grupo de trabajo en el cual participó la Representación de México conjuntamente con la de Chile y, en un arduo esfuerzo, se logró llegar a este programa. De manera que el fijar un calendario de estudio es una materia típica del Comité y yo no estoy desconociendo, en ningún momento, que hay un calendario fijado. Pero es un calendario que no tiene nada que ver con una decisión política de adoptar o no en determinada fecha un arancel común.

Aquí vemos cuáles son las respectivas funciones del Comité y del Consejo de Ministros. El Comité en uso de sus funciones normales y cumpliendo con las obligaciones propias a su naturaleza, dispuso y ordenó, sin necesidad de ratificación de los Ministros los estudios que no requieren resolución del Consejo de Ministros. No vale la pena que se reúnan los Ministros para encargar estudios, porque para eso está el Comité y los estudios ya están encargados.

Quería aclarar este punto porque tal vez de mis palabras podría deducirse una equivocación, en el sentido de que yo pensara que deberíamos repetir aquí los acuerdos del Comité que ya se tomaron. Deseaba despejar esta duda, que podría estar en la mente del señor Canciller de México.

En segundo lugar, creo que el señor Canciller de Colombia ha traído a colación en sus expresiones un punto que, aunque marginal, creo que es importante mencionar y es esta rotativa de decisiones en que estamos cayendo, pues los temas los trata la Conferencia y se los encarga al Comité, éste se los pasa al Consejo de Ministros y este Cuerpo, por falta de tiempo u oportunidad, los vuelve a encargar al Comité.

Según entiendo examinando el Tratado y los reglamentos, el Comité tiene dos funciones: una, ser formado por Delegados de los países y otra, ser un órgano de estudio concreto y que en algún momento los Delegados de los países se saquen el sombrero que los acredita como tales y se convierten en hombres de la ALALC, el Comité podría buscar fórmulas y presentar acuerdos a los Ministros, es decir, hacer un poco como órgano de proposición interna. En esa forma, no tendríamos permanentemente que seguir esta línea de que en la Conferencia los países adoptan decisiones, el Comité sigue actuando por países y esa línea de acción de un país determinado llega al Consejo de Ministros sin que haya un proceso de negociación y acuerdo dentro del Comité sigue actuando por países y esa línea de acción de un país determinado llega al consejo de Ministros sin que haya un proceso de negociación y acuerdo dentro del Comité para que proponga, como Comité, como órgano en sí, al margen de que sean Representantes de países, a los Ministros, fórmulas ya negociadas, con el fin de evitar el trabajo de estar repitiendo discusiones que se realizaron en el Comité durante todo el año.”

Acto seguido intervino el secretario general de la ALALC quien al hacerlo muestra los límites de lo que se venía acordando y apoya la posición chilena: “En relación con este proyecto de resolución, no puedo dejar de señalar dos preocupaciones: una de orden técnico y otra de orden práctico.

La de orden técnico se refiere a un punto que había sido cubierto por la resolución que en esta materia adoptara la reunión anterior y que no tuvo vigencia formal porque al formalizarse la resolución de la conferencia fue objeto de veto.

Entiendo que es muy difícil trabajar en la elaboración de programas de desgravaciones sin que esto se vincule estrechamente con el programa de armonización de instrumentos de política comercial de nuestros países. Es imposible preparar un programa de liberación para un país que tiene un derecho de 100 y otro que tiene un derecho de 10, así como hay países que aplican exclusivamente el arancel mientras otros establecen restricciones directas, lo que hace que desde el punto de vista técnico, sea difícil armonizar las diferentes situaciones.

Por estas consideraciones, me permito sugerir que se adicione al proyecto de resolución el antiguo artículo tercero de la resolución 8 de la reunión del año anterior, que dice:

‘Reconocer que el programa de liberación del comercio intrazonal y el programa de coordinación de las políticas de comercio exterior y armonización de los instrumentos respectivos están estrechamente vinculados. En consecuencia, las etapas de aplicación de un mecanismo de desgravación automática deben estar coordinadas con las que se prevean para la gradual armonización de los tratamientos “exteriores”.’

(...)

Si bien no con el grado de compromiso explícito que algunas Delegaciones hubieran seguramente preferido, entendemos que introducir este texto en el proyecto de resolución que se está aprobando, desde el punto de vista técnico mantendría el equilibrio entre esos dos grandes esfuerzos que el Canciller de Chile ha señalado como indispensables para la integración: el esfuerzo de la desgravación y el esfuerzo de la construcción de un espacio que tenga un arancel, unas condiciones comunes frente al resto del mundo”.

El embajador bilateral del Perú a quien acompañaba en la Delegación incaica nada menos que el gran diplomático Vicente Cerro Cebrián señala: “ Quiero concretar la posición del Perú que hasta ahora no se había expresado, en el sentido de que Perú votará por la aprobación de esta resolución. Sin embargo debemos dejar muy claramente expresado que la resolución no ha contemplado la situación singular del Perú. Pero abrigamos la esperanza de que al estudiarse o llevarse a cabo este proyecto, el Comité Ejecutivo Permanente tenga en cuenta las reservas que Perú formuló a la resolución 8 de Cancilleres. Es decir que la desgravación programada considere la propuesta peruana de desmantelamiento de todas las restricciones. Queremos también manifestar nuestra adhesión a la fórmula presentada con el sentido que pasaremos a la Secretaría; donde dice: “La eliminación total, lo más rápidamente que sea posible”, nosotros quisiéramos que quedara así: “la eliminación total dentro del mínimo de tiempo que sea posible de los gravámenes y restricciones, incluso las administrativas y cambiarias”. 

[v] Tan decidido fue el apoyo que el Brasil anterior al golpe de 1964 le dio al proceso de integración que uno de sus diplomáticos, jefe de misión ante la ALALC hasta 1963, fue el reconocido diplomático brasileño, Gerson Augusto da Silva, considerado por muchos como uno de los padres de la integración latinoamericana  

[vi] Sobre dicho período, Jorge Otero. João Goulart, lembranças no .... Op. cit. y Jorge Otero. De Lula a Jango. Op. Cit. 

[vii] Luis Echeverría es designado ministro de Gobierno bajo la presidencia de Adolfo López Mateo (1958-1964) en 1963. En 1964 es indultado al gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros (1896-1974) que había sido condenado a 8 años de cárcel en 1962 por el gobierno al imputársele cargos subversivos. Durante el gobierno de Echeverría se produjo el fallecimiento del eminente plástico, siendo su funeral un problema de orden público, que pudo sortear Echeverría no permitiendo que el traslado del cuerpo pasara por lugares de natural concentración pública, en la capital mexicana. Siqueiros representaba, desde la izquierda, uno de los más firmes opositores a la dictadura institucional del PRI. 

[viii] Durante su gestión la economía mexicana creció a una tasa anual de 6.4% y el ingreso per cápita aumentó más del 20%. Fue quien llevó, en 1954, el tipo de cambio a 12,50 pesos mexicanos por dólar, en relación que luego se mantuvo durante más de veinte años. 

[ix] En ese período el presidente de la República fue Adolfo Ruíz Cortines. Durante el mismo se le reconoció el voto a las mujeres y se profundizaron la reforma agraria y el proceso de industrialización.

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