Una Rectificación hacia el Rumbo Deseado
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Una Rectificación hacia el Rumbo Deseado

A fines del siglo XIX y a poco de haber aparecido El Día, Batlle y Ordóñez rompe con la cúpula partidaria fundando el Partido Colorado Independiente. La discusión luego con Julio Herrera y Obes, como la división de 1919 del Batllismo - la escisión vierista -, se sostiene también por un problema referido a la organización partidaria[i]. .

Pero, ¿cuál era la buscada?

Una por la que el gobierno elegido por el partido debía someterse a los dictados de éste, que lo había llevado al poder[ii], de real participación de la ciudadanía en secciones políticas partidarias permanentes, que funcionasen inclusive en los períodos interelectorales - discrepancia que se plantea también con el grupo de Julio Herrera y Obes en el Politeama Oriental. Asimismo, el que los elegidos por el Partido se sometan a él y debatan con él y en él los temas que conciernen al gobierno y sobre los que el Partido tiene y debe tener opinión. De “camino al soviet” fue definida esa fórmula por Feliciano Viera.

Y por éste último planteamiento el Batllismo quedó entre una situación de mayoría popular que lo respaldaba dentro del coloradismo y la mayoría que se formaba en el gobierno en virtud de los acuerdos del vierismo y el nacionalismo. 

¿Cómo se inicia esta cuestión? El país se iba moldeando. Las numerosas masas de inmigrantes rectificaban sus proyectos, ajustando sus puntos de vista de la realidad que imaginaron, a la que era en los hechos; los importantes contingentes de emigrantes que sangraban al país; los miles de tapes que aquí vivían, desarrollando su propio modo de ver las cosas; los hijos del país, los “mozos sueltos de la campaña”, en fin, los diversos conjuntos buscando o encontrando sin buscar el punto de convergencia, de coagulación de esa sociedad - algunos de cuyos integrantes pensaban que el Estado o las instituciones gubernativas significaban algo ajeno a esa misma sociedad donde se encontraban - que se iba plasmando como tal. La tarea, necesariamente, tenía que llevar años.

La supuesta quema de etapas – desde un páramo disputado al goce sereno de la independencia - que fue el período que transcurre desde la fundación de Montevideo al abandono de la ciudad en diciembre de 1828 de las tropas imperiales brasileñas – solo un siglo – no podía ser auténtica. Y no lo fue. El tiempo es vengativo y moroso en más ocasiones que las prudentes.

Sólo la educación de las nuevas generaciones podía acortarlo. De ahí la invocación de Lorenzo Batlle que referimos en el capítulo primero – que tenía a Sarmiento como presidente en la Argentina - que más que una propuesta para su deseado inmediato cumplimiento, era la manifestación del ardiente afán de quien reconoce su impotencia ante la testaruda y cruel realidad. Claro, el medio elegido para comunicar dicha aspiración distaba de ser el adecuado.

Por lo anterior tampoco representaban una consolidación del Estado las gestiones de Varela hasta Santos. Y no lo fueron, sencillamente, porque tampoco la propia sociedad terminaba de conformarse, ahogada por el peso del autoritarismo que no buscaba sino la perduración de su gobierno, sofocando a la ciudadanía[iii].

Es ese presupuesto – el motor de búsqueda y encuentro de ideas, pero también la instancia de “mediación e intermediación” que son los partidos políticos[iv] - el ausente “de piedra” en la historia Argentina. Cuando ha estado presente generalmente lo ha sido de manera movimentista, esto es, no orgánica, movilizado por esperanzas equivocadas y alentado por necesariamente efímeras supuestas urgencias.

[i] La anterior del Riverismo como la posterior de Brum tuvieron otras razones. En las elecciones para diputados del 30 de noviembre de 1919 compiten estas tendencias, como ya dejamos constancia. En todo el país, el Batllismos obtiene 40 escaños de diputados, el Riverismo, 9; Bandera Colorada del Vierismo, 7; la Unión Colorada de Baltasar Brum, 7.

La Unión Colorada de Baltasar Brum contó con el apoyo activo de Gabriel Terra, Javier Mendivil, Augusto Turene, Mateo Legnani y Guillermo Ruprech. Gabriel Terra es ministro del Interior de Brum y quien alimenta un desencuentro importante entre el Parlamento y el jefe de Estado. Sucedió en dicha secretaría a Pedro Manini Ríos.

En Montevideo, la división del Partido Colorado en tres tendencias (Batllistas, Vieristas y Brumistas) supuso la pérdida de cinco escaños. Dos los recogió el Riverismo, 2 el Socialismo y 1 el Partido Católico.

En la ocasión obtuvieron 13 bancas los Batllistas, los Vieristas 3 y los Brumistas, 2.

Para Montevideo el resultado fue el siguiente: Batllismo: 21.880 votros; Nacionaismo, 17.953; Vierismo, 4.162. Socialismo, 3.758; Brumismo, 3023; Riverismo, 2.932; Católicos, 1.234.

En todo el país el escrutinio primario arrojó las siguientes cifras:: Partido Nacional, 84.979 votos; Batllismo, 57.799; Riverismo, 14.049; Vierismo, 13.332; Unión Colorada, 12.700; Socialismo 4.171; Católicos, 2.001.  

[ii] Fue ésta la causa que profundizó e hizo irreversible el distanciamiento entre Batlle y Ordóñez y Julio Herrera y Obes. Consolidada la separación cuando la renuncia a la presidencia del Comité Ejecutivo del senador por Tacuarembó, entonces batllista, Juan P. Castro, ocupando su lugar el también batllista, aunque de tímida adhesión, Claudio Williman. Sucedió el hecho en 1903, y luego del pacto entre Julio Herrera y Obes y Máximo Tajes.  

[iii] Con esta afirmación no estoy negando que situaciones de fuerza puedan tener éxito en ese sentido. El duro régimen franquista 1939-1977 - merece ser acusado, con razón, de diversas cosas, menos que no cuidó del Estado español. Es más, entre sus repugnantes excesos figura precisamente el modo como lo hizo. Pero el mérito de lo que ocurrió luego con ese Estado español no es atribuible, ni considerándolo producto de la casualidad, a la dictadura de Francisco Franco, “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Fue obra de la transición que sobrevino con Adolfo Suárez, posteriormente asentada con Felipe González. Es decir, por gracia y esfuerzo del propio pueblo español, de su Sociedad que ya daba señales del camino a recorrer y de lo cual refieren estudios como el del Informe Foessa (en éste se consigna el apoyo que un régimen democrático tenía en la población española mucho antes de la muerte del dictador. Informe Sociológico sobre el cambio político en España 1975-1981. Juan J. Linz, Manuel Gómez-Reino, Francisco A. Orizo, Darío Vila. Fundación Foessa 1981), más allá de la plañidera multitud – vacía de demócratas, de humanidad – que desbordaba con creces y bastedad la plaza de Oriente a la muerte del dictador. Y de esto no hace tanto tiempo: noviembre de 1975. Es decir, ayer, en términos de la historia de España en estas cosas... El éxito definitivo del esfuerzo realizado se verá recién cuando la sucesión de Juan Carlos I. O de su evolución de acuerdo a las normas democráticas que los españoles se den, en el pleno uso de sus libertades y derechos.

[iv] Condición ésta última que pasan por alto casi todos los estudios contemporáneos de la historia política del país. Una de las manifestaciones de tamaña omisión es la siguiente observación que desconoce a la política comparada: “un partido conservador puro – la Unión Democrática de 1919 - era tan innecesario como peligroso para las clases altas. Lo primero, porque los partidos tradicionales podían expresar con cierta eficacia los intereses de esos sectores, y lo segundo, porque mostrar al desnudo ambiciones de clase no era (¿no es?) rentable en el Uruguay.

Detrás de esta opción política de las clases altas no hay sólo maquiavelismo y búsqueda de la mejor estrategia, también hay características de la sociedad que no acunaban formaciones políticas ideológicamente muy definidas o con un contenido de clase preciso, al menos si se las quería exitosas.”

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