Más Economía Solidaria en Uruguay
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Más Economía Solidaria

En 1914, el abandono del patrón oro como respaldo de nuestra moneda pudo ser instrumentado gracias a una sólida y custodiada producción nacional, cuyo principal factor fue la creación de empresas públicas, la búsqueda y el asentamiento de mercados fuera de la región para nuestros productos y la implementación de una economía solidaria.

Ocurrió cuando una nueva crisis se cernía sobre la república. Las medidas adoptadas fueran serias, rápidas y eficaces. Se hizo, en síntesis, lo que correspondía: persecución al agio y la usura, suspensión de la conversión de créditos en oro, reestructura de adeudos, suspensión de ejecuciones por cambios en la situación, seguridades del Estado para los tenedores de billetes, habilitación de créditos para la producción. No se le ocurrió al gobierno entonces que administraba en beneficio de un solo sector de la sociedad: el especulador. Aunque éste genere algún puesto de efímero trabajo...

Con tal firmeza fue manejado el momento excepcional que se vivía que unos meses después, antes que estallase el conflicto armado – la denominada en la época Gran Guerra -, el Uruguay contaba ya con más oro en sus reservas que cuando se adoptaron las resoluciones de emergencia.

Se estableció, entonces, la prohibición del envío de oro al exterior, medida que rigió hasta hace no mucho tiempo atrás. Ahora lo que se hizo fue especular con él y finalmente quedarnos sin nada, vendiendo las auríferas existencias finales cuando su cotización era la más baja de los últimos años. Y los depositantes de dólares del Banco República no han tenido la posibilidad siquiera de retirar su valor en pesos - cualquiera fuera lo grave de su necesidad -, lo que hubiera dado liquidez a la plaza.

La crisis provocada por la Gran Guerra motivó una caída de los ingresos fiscales desde que estos dependían, fundamentalmente de las importaciones. Pero se continuó con la obra modernizadora en varios aspectos. La pavimentación de las calles de la ciudad para mejorar la fluidez del tránsito, y la calidad y eficiencia del transporte público, por ejemplo, corrió por cuenta de los propietarios de los terrenos ubicados sobre ellas, bajo protestas casi histéricas de estos cuyos portavoces fueron los colorados anti batllistas y los herreristas.  

Entre las consecuencias en nuestro país de la situación europea, vemos que se impide – como dijimos - la salida de oro al exterior, las presentaciones en Bolsa de papeles inconvenientes para el interés nacional. Y a Batlle no se le ocurrió que, por encima de toda la racionalidad empleada, existía un dios llamado Mercado. Por el contrario. Y fueron múltiples las críticas recibidas, hasta que quienes las formulaban necesitaron de la intervención del Estado. A Buena Hora expresó El Día a propósito de ello en su editorial del viernes 21 de agosto de 1914, donde se señaló: Los propósitos exteriorizados en su política económica por el gobierno del señor Batlle y Ordóñez, merecieron siempre ser combatidos por los órganos contubernales[i]. Cada vez que el P. E. propuso la sanción de leyes tendientes al mejoramiento económico de las clases más necesitadas, se alzó contra él, en nombre de un individualismo absoluto, la prensa opositora, presagiando a negras tintas, el cuadro desolador que presentaría el país, si aquellas ideas se llevaran a la práctica... Dar al Estado intervención en el desenvolvimiento de las relaciones económicas sociales, era, para ciertos periodistas con más petulancia que ciencia, entregar al país a las consecuencias desastrosas de teorías inadmisibles.

Y ahora, llegado el momento de una dificultad, se clama por esas medidas, confesándose que su adopción y mantenimiento conjurarían peligros de mayor o menor importancia.

Si ahora se reconocen buenos esos propósitos, mejor es aún cuando se iniciaron, por que en la vida política como en todos los órdenes de la vida social, vale más emplear métodos preservativos que curativos!

No debemos, es claro, preocuparnos poco ni mucho de ciertas opiniones, sino para hacer notar la contradicción en que se incurre al emitirlas. Consecuencias, todo, de una oposición que no tiene más fundamento que un encarnizado despecho contra los hombres que trabajan honestamente, a favor del país.

A buena hora se declaran convictos los que no hicieron, hasta ayer, sino injuriar a los mismos a quienes se ven hoy obligados a dar la razón! 

No se trataba de crear cotos de caza de consumidores nacionales en favor de usureros, agiotistas o especuladores. Como tampoco sucedió en nuestros Uruguay en esos años. Se hizo lo opuesto.

Recordemos un solo caso: la creación de las denominadas ferias francas, en las que se exoneraban los vendedores del pago de impuestos y tributos de toda naturaleza para permitir el fomento del empleo y el abaratamiento de los productos, siendo los consumidores defendidos por un estricto control municipal de lo que se vendía. Nadie se planteó siquiera lo que acontece hoy día en la realidad y con la ciudadanía: los supermercados – cartelizados, es decir puestos de acuerdos entre sí para su único beneficio – disponen de total control sobre los precios, calidad y variedad de los productos que imponen a sus necesitados clientes, en directo perjuicio de consumidores y fabricantes nacionales.

No es resultado del azar sino del abandono de aquella orientación que, desde hace años, una empresa de capital nacional tenga menos expectativa de vida al ser creada fuera del circuito del poder político, que un inocente niño nacido en las profundidades del hambre del más inhumano país africano.  

La paz europea – subraya luego Morató - estaba en inminente peligro; no había publicación que no se refiriera al estado de incertidumbre, al estado de intranquilidad en que vivía toda la Europa; al caos que ya se producía y extendía sobre el continente, ante las amenazas de una guerra inmediata.

Desde los principios de 1913, ya la situación del crédito internacional era muy severa, señala Morató. Los tipos de redescuento, que tienden a condicionar la extensión de las colocaciones, habían subido extraordinariamente. No se podía contar con capitales internacionales para atender necesidades propias. Todos los países trataban de sumar las mayores fuerzas financieras dentro de fronteras.

Era la crisis mundial que estalló y afectó, principalmente, la zona económica-financiera, precisa.

Entre nosotros, en realidad, la crisis se produjo – destaca - por el desequilibrio monetario impuesto por los rigores del régimen a oro, que sujetaba a condiciones severas el mantenimiento de determinado encaje con relación a las obligaciones a la vista, base fundamental de la conformación monetaria de nuestro país, establecida en la ley de fundación del Banco de la República y confirmada por la Carta Orgánica de 1911, cuando éste se convirtió en Banco de Estado. 

A partir de 1913 -  expresaba el presidente Batlle y Ordónez en agosto de 1914 a la Asamblea General a poco de declararse la Primera Guerra - viene repercutiendo la crisis general que gravita sobre el mundo financiero. El ejercicio 1913-1914 ha cerrado con un déficit de $ 2 millones. La sola renta de Aduana ha sufrido una merma de $ 3 millones. Si el déficit no llega a esta última cifra, lo debemos a que el cálculo de recursos era bajo. Con la guerra europea empieza ahora a actuar una nueva y grave perturbación. Nuestro déficit hasta fines de 1914, que estaba calculado en $ 2.555 mil subirá a $ 3.500 mil por efecto del retiro del veto a la ley que destina a capital todas las utilidades del Banco de la República que contaban $ 1.800 mil y que de acuerdo al régimen anterior debían distribuirse por igual entre el Banco y el Tesoro Nacional[ii].

Nuestro país, precisaba el ministro de Hacienda en su Memoria anual, tiene una deuda flotante de $ 6 millones constituida por los créditos de Erlanger y South American Bank ($3.995 mil) y del Banco de París y Países Bajos ($1.865 mil), carga agravada por el retiro del Banco de la República del millón de pesos afectado a la construcción del Palacio de Gobierno y de otro millón pedido al mismo establecimiento para ser reintegrado con el 45% de las rentas de Aduana[iii].

La proporción entre el encaje y los compromisos exigibles – escribe a su vez Eduardo Acevedo – descendió a 26.81%, pero reaccionó al finalizar el año 1913 hasta llegar a 53.75%.

[i] Refería a las publicaciones que respondían a la coalición de hecho de anticolegialistas encabezados por Manini, los disidentes colorados liderados por Bianchi y a nacionalistas. 

[ii] Eduardo Acevedo. Op. cit. 

[iii] Idem.

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