Otra Punta de la Madeja 
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Otra Punta de la Madeja 

En la ocasión en que cierra definitivamente sus puertas el Banco Montevideano – diciembre de 1868 - a su cabeza se encontraba desde su aparición en 1865, Pedro Varela, quien será llevado por Latorre – para no pocas personas, quien ¡consolida el Estado! - a la jefatura del Gobierno cuando el motín contra el presidente José Ellauri[1], el viernes 15 de enero de 1875.

Los incidentes toman como excusa la elección de un nuevo alcalde ordinario, cargo que había perdido importancia al reducirse las competencias de éste en el campo del control electoral. El sufragio no había despertado, por ello, un manifiesto interés.

El viernes 1 de enero de 1875 debían producirse los comicios, pero graves desórdenes son activamente alentados por el coronel Francisco “Chino” Belén. En la fecha se confirma el comienzo formal de la conspiración militar contra el gobierno constitucional, que tuvo su primer indicio en el asesinato del comandante Romualdo Castillo, cometido el 11 de diciembre de 1874 en Paysandú.

La elección es postergada para el domingo 10 de enero. Y comienza el atropello institucional que viene acompañado – de atrás – por el militar de extrema confianza de José Ellauri: Lorenzo Latorre. Son asesinados en la fecha diversos ciudadanos, entre los cuales se encontraba el respetado, admirable y joven profesor blanco nacionalista Francisco Lavandeira (1848-1875), director del periódico La Democracia.  

 La primera resolución adoptada por el novel primer mandatario había sido precisamente restituir en su puesto de comando al pérfido coronel, que había sido dejado sin comando de tropa por el presidente interino Tomás Gomensoro. El bueno e ineficaz de Ellauri, lo consideraba – al igual que sus más cercanos colaboradores - el militar de máxima confianza y el de más arraigado acatamiento a las instituciones gubernamentales. Al fin y al cabo hasta alardeaba de ello. Lo dijo Mirabeau y lo ignoraba Latorre: La invocación de los principios no es lo sublime de los principios.

Este levantamiento es llevado adelante por los jefes y subjefes de la guarnición de Montevideo: Miguel A. Navajas, Lorenzo Latorre, Casimiro García, José Etcheverry, Ángel Casalla, Plácido Casariego y Zenón Tezanos. Quien no acepta esa posición es el comandante con mando efectivo de tropa Carlos Lallemand, pero se encontraba lejos de los hechos. Apoyarán a Latorre los generales Gregorio Suárez, Timoteo Aparicio y Nicasio Borges que protagonizaban, de ese modo, una fuerte competencia en antecedentes de sadismo y terror

El apoyo civil del golpe pretoriano fue dado por los llamados “candomberos” (colorados y blancos autodenominados netos) contra los principistas (blancos constitucionalistas, algunos colorados conservadores – así se llamaban a quienes eran orgánicos, defendían las tradiciones del Gobierno de la Defensa de Montevideo y rechazaban el caudillismo[i] - y un grupos de independientes que luego dan lugar al partido constitucional).

De inmediato son declarados suspendidos en sus cargos los miembros de la Asamblea General y convocados sus suplentes, los que el 22 de enero de ese año votan a Pedro Varela como presidente de la República. Posteriormente, cuando es destituido por su ministro de Guerra y tutor político, Lorenzo Latorre, aquél comienza a conspirar contra éste, buscando vanamente reinstalarse en el poder.

Durante su gestión se producen distintas sublevaciones que Pedro Varela sanciona con el degüello de los derrotados – estimulado por su ministro -, como en Guayabo[ii], encargo fielmente ejecutado por el general Nicasio Borges (1820-1884)[iii], el cual había participado en la batalla del Sauce...

Integró después Varela las Cámaras colectivistas y no aceptó acompañar al presidente Juan Lindolfo Cuestas (1837-1905) cuando el golpe de Estado del jueves 10 de febrero de 1898, al que fue convidado por el propio jefe de Estado.

Varela, que se consideraba, inexplicablemente, un hombre lleno de ideas, fue quien, además, primero sostuvo la necesidad de derogar la norma de inamovilidad de los funcionarios públicos y se manifestó partidario de la reducción de su plantilla debido, expresó en mensaje al Senado[2], a que “si bien la Constitución del Estado faculta al Presidente de la República para destituir a los empleados por omisión, ineptitud o delito, el ejercicio de esa facultad sólo puede llevarse a cabo con acuerdo del Senado o en su receso con el de la Comisión Permanente .... Esta restricción es una de las causas del mal servicio que se nota en algunas oficinas públicas, de la mala administración, de la defraudación de las rentas por falta de respeto al superior”. Y pese a las destituciones de empleados, reformas de la administración y contrareformas, el país debió esperar para lograr un desarrollo sustentable. Esas medidas no eran suficientes. Y resultaban innecesarias si se tenía un proyecto viable de crecimiento económico y búsqueda de eliminación de asimetrías sociales en democracia.

Fue durante su gestión que Latorre sostiene el destierro a Cuba de  un grupo de opositores - a los cuales, sea dicho de paso, no les es permitido por las autoridades españolas de destino su desembarco[iv] y deben hacerlo en Charlestone[v], EE.UU. - en un navío utilizado como cárcel y conocido como “la barca Puig[3]”. Uno de los forzados pasajeros fue Julio Herrera y Obes, quien resultaría líder del colectivismo al que serviría después Varela[vi].

[1] José E. Ellauri (1834-1894) hijo del constituyente José L. Ellauri (1789-1867). Este último fue el primer gran diplomático de la República. 

[2] Eduardo Acevedo. Op. cit. 

[3] El nombre del barco obedece al apellido del propietario del mismo, Juan Puig. Este fue obligado por el gobierno a cumplir con dicha tarea. El buque continuó luego como transporte de mercaderías hasta mediados de la década de 1880.

[i] Esa línea se continuó luego, revitalizándose con Batlle y Ordóñez, siendo su último fuerte baluarte la Agrupación Joaquín Suárez, la cual sostuvo la fórmula presidencial César Mayo Gutiérrez - Lorenzo Batlle Pacheco en la elección de 1950. La reiteración de su derrota dentro de filas partidarias, en 1954, marcó su irreversible final. Expresó El Día en la oportunidad, el lunes 29 de noviembre de 1954, bajo el título Como Siempre:

 “El Resultado de las urnas nos ha sido desfavorable.

Esta elección marca una nueva etapa en el Partido y en el País.

Comprobamos que los ciudadanos, en mayoría, prefirieron apoyar con su voto a la política personalista.

El Colegiado será sometido a una dura prueba; a pesar de ser un gobierno pluripersonal será orientado por un solo hombre, que es el único triunfador del momento.

En la derrota, como en la victoria, seguiremos animados por los mismos principios que han definido nuestra política.

No estaremos frente al gobierno, ni por despecho, ni por rencor.

Nuestra oposición o nuestro apoyo contemplarán, siempre, el interés nacional y el del Partido.

En esta lucha del “todo o nada” nos ha tocado perder y el gobierno pasará integralmente a manos de quien ha obtenido la victoria.

La Agrupación Batllista “Joaquín Suárez” no tendrá en el gobierno nacional, otroas posiciones que aquellas que conquistó, con sus propias fuerzas, en el Parlamento.

Y nosotros continuaremos el camino que a este diario le trazó su fundador, deseando que la derrota de ayer no sea una derrota de las fuerzas colegialistas.” 

[ii] En octubre de 1875 en Guayabo, departamento de Paysandú - campo de Batalla que en 1815 vistió de gloria la causa nacional -, el general Nicasio Borges (quien, conjuntamente con los generales Enrique Castro, Gregorio Suárez y Timoteo Aparicio, apoyaba decididamente a Pedro Varela) tomó por sorpresa las fuerzas revolucionarias y ordenó ejecutar a todos los sobrevivientes de la Infantería, colaborando personal y eficazmente en ello.  

[iii] Nicasio Borges nació en Santa Cruz de Tenerife, viniendo con sus padres a nuestro país cuando tenía cinco años de edad. Tuvo destacada actuación en nuestras contiendas civiles y en las de Argentina, participando en esta última a las órdenes de quien sería su gran amigo y compadre, el general Urquiza. Este, por los servicios prestados a su causa contra Buenos Aires en la batalla de Cepeda (1859), le regala un sable que había pertenecido a Fructuoso Rivera.

Fue Nicasio Borges quien organizó en Montevideo “una pueblada” en apoyo a la candidatura de José Cándido Bustamante cuando la elección presidencial de 1868. Enemigo de Flores en las luchas intestinas argentinas, lo apoya decididamente en la Cruzada Libertadora de 1863. Posteriormente respalda al gobierno de Lorenzo Batlle, aunque defecciona cuando el levantamiento del general Caraballo. Luego pasa a ser uno de los instrumentos represores de Pedro Varela. 

[iv] Eduardo Flores se niega a firmar la solicitud de desembarco por considerar ilegítimo el gobierno al cual se elevaba la misma. Cuba aún era propiedad de España y Eduardo Flores quería pedir el permiso a quienes luchaban contra España por la independencia de Cuba. 

[v] Los 15 deportados son puestos en libertad, pasando luego a comprar armas (los novedosos fusiles Remington) para la que sería conocida como Revolución Tricolor. 

[vi] Integraban, entre otros, el núcleo de ciudadanos deportados por la dictadura, Agustín de Vedia, Fortunato Flores, Aureliano Rodríguez Larreta, Osvaldo Rodríguez, Cándido Robido, Carlos Gurmendes. El jefe de la custodia militar era el oficial francés Coronel Courtin.

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