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El potencial de sostenibilidad de los asentamientos humanos

Josep Antequera

 

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CAPÍTULO 1

LOS SISTEMAS AUTO-ORGANIZADOS



 

1.11. Evolución biológica versus cambio cultural


La diferencia básica más evidente entre evolución darwiniana y cambio cultural radica sin duda en la gran capacidad que posee la cultura- y de la que la naturaleza carece - de crecer con rapidez explosiva y direccionalidad acumulativa. En un indetectable pestañeo geológico, el cambio cultural humano ha transformado la superficie del planeta como ningún acontecimiento de la evolución natural podría haber hecho a la escala darwiniana de miríadas de generaciones. Todo lo que hemos construido en el inapreciable instante geológico de 10.000 años ha germinado sobre la base de un cerebro prácticamente inalterado en su estructura .

Si analizamos la evolución natural nos damos cuenta que es un proceso de separación y diferenciación constantes. Las especies no se amalgaman o reúnen entre sí. Interaccionan a través de un variado repertorio de relaciones ecológicas, pero no pueden fundirse físicamente en una sola unidad reproductiva. El cambio cultural humano en contraposición puede alimentarse del poderoso mecanismo de la mixtura y anastomosis de diferentes tradiciones culturales. El cambio cultural de los seres humanos se nutre del fructífero (o destructivo) impacto explosivo de la ósmosis entre tradiciones, un mecanismo desconocido en el parsimonioso mundo de la evolución darwiniana. Una simbiosis de conocimientos que si dependiera de la genética requería millones de años en surgir. La evolución darwiniana se basa en el indirecto e ineficiente mecanismo de la selección natural. Es preciso, ante todo, que una variación prácticamente aleatoria suministre la materia prima del cambio. Después actúa la selección natural ( una fuerza negativa incapaz de construir nada por ella misma), que elimina a la mayoría de variantes y protege a aquellos individuos casualmente mejor adaptados a ambientes locales sometidos a cambios continuos. La suma de variantes favorables a muchas generaciones conduce al cambio evolutivo. La mejora local se levanta a sí misma sobre la base de incontables hecatombes; como dice Gould, no alcanzamos una posición “mejor” construyendo de forma activa una versión más perfeccionada, sino librándonos de los inadaptados .

El proceso de evolución mediante selección natural puede resumirse como sigue. Según explica Wilson, el proceso se genera mediante substituciones al azar de nucleótidos en el gen que producen cambios correspondientes a la anatomía, la fisiología o el comportamiento. El proceso esparce en toda la población múltiples formas del gen creado de esta manera. El cambio genético se inicia así mismo cuando hay genes que cambian de posición en los cromosomas, o cuando el número de cromosomas (y por tanto el número de genes) aumenta o disminuye. En jerga biológica, el genotipo ha sido alterado por una u otra de estas formas de mutación, y como resultado ahora hay un fenotipo distinto. Los nuevos fenotipos, es decir, los rasgos alterados en la anatomía, fisiología o comportamiento, tienen por lo general algún efecto en la supervivencia y la reproducción, los genes mutantes que los prescriben empiezan a extenderse por toda la población. Si el efecto es desfavorable, los genes que lo prescriben se reducen y pueden desaparecer completamente . En caso de que la adaptación sea favorable el carácter se transmite a la descendencia.

La herencia es mendeliana no lamarckiana, sostiene Gould. Un organismo puede luchar durante toda su vida por mejorar pero estos caracteres adquiridos ventajosos, no podrán transmitirse a la descendencia porque no alteran el material genético que dará origen a la siguiente generación. A los organismos, en el decurso de su lucha por la supervivencia y la reproducción, no les preocupa en sentido darwinista la persistencia de la especie en su conjunto. Tampoco resultan afectados por el grado en que la especie se multiplica. Así, sus genes se insertan en la nueva generación o perecen por sus propias acciones idiosincrásicas, sin importar si la especie se expande y se multiplica o si se está reduciendo hasta la extinción. No obstante, los rasgos que posee hacen que la especie dure mucho tiempo o poco tiempo, y que siga siendo una sola especie o se multiplique. Esta influencia es lo que se ha identificado como la transmisión hacia arriba de la microevolución a la macroevolución. A la inversa, y esta es la esencia de la selección específica, la longevidad de una especie, junto con su tendencia a formar nuevas especies ( o sea su capacidad reproductiva), afecta a lo rápidamente que los rasgos cruciales se extienden por la fauna o flora en su conjunto .

El cambio cultural es potencialmente lamarckiano en su mecanismo básico de funcionamiento. Todo conocimiento cultural adquirido en una generación puede transmitirse de forma directa a la siguiente mediante lo que llamamos educación. La evolución natural no lleva aparejado principio alguno de progreso predecible o movimiento dirigido hacia una mayor complejidad, según Gould. Pero el cambio cultural es en potencia progresivo o autocomplejizante, porque la herencia lamarckiana acumula las innovaciones favorables por transmisión directa, y la amalgama de tradiciones permite a cualquier cultura elegir e incorporar las invenciones más útiles de otras muchas sociedades distintas .
 


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