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LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA
Teoría económica complementaria

 

Alberto C. Sigales

EL CICLO ECONÓMICO

La naturaleza de la riqueza –como producción y consumo, social o individual, de bienes o mercancías-está conformada por un proceso cíclico, totalmente dependiente de la capacidad de trabajo social del hombre, capacidad que es una actividad intencional y es la energía que mueve y empuja dicho proceso. Solamente se genera, se restituye y se aumenta riqueza si la humanidad cumple ese ciclo dado por la naturaleza. Así, mediante el cumplimiento efectivo y completo de ese proceso, es que se distribuye, entre todos los integrantes involucrados, la riqueza que se usa, se crea y se repone.

La riqueza original que se toma de la naturaleza del lugar donde nos toca vivir es la que nos permite iniciar nuestras actividades productivas, las que tienen por fin producir bienes que serán consumidos o usufructuados, y así alcanzar en definitiva nuestro bienestar. El resultado de la actividad humana, (las mercancías o bienes producidos) tienen objeto de ser, razón y sentido, solamente, si son accedidas por el benefactor. Además de ser éste el objeto de todo acto económico, respaldado por la anterior aseveración, el benefactor es quien paga todos los costos de cualquier actividad, a la vez que transforma los costos sociales en beneficio general.

 

la actividad humana no se conforma únicamente de tareas productivas, sino una conjunción inseparable (dialéctica) de producción y consumo. El diagrama estilo “yin-yang” intenta representar esa unidad. Es una unidad de contrarios: no existe consumo sin producción, pero tampoco puede existir una producción (económicamente racional y efectiva) sin el consumo de ella.

El fruto del trabajo social moderno, la creación o producción de un bien cualquiera, se realiza a través de ese ciclo natural; y siempre es destructivo. El ciclo debe comprenderse y cumplirse en un orden necesario e ineludible para que la relación del hombre con su mundo (con la pachamama y consigo mismo), esté plasmada y sea realmente creadora y productora, creativa y productiva, permitiéndole el acceso a un desarrollo ilimitado. De otra manera no puede cumplir con ninguno de sus fines; la ruptura de este ciclo en cualquiera de sus puntos, por su característica destructiva, representa o representará un daño irreversible a la naturaleza (que no puede ser subsanado, quizá, durante generaciones), ni con el desarrollo que la actividad humana presupone. Ya veremos que, para que tanto la sociedad humana como la naturaleza toda sean beneficiadas, cada uno de los ciclos iniciados deben cerrarse, completarse, consumarse.

Lo descubrimos con la ayuda de las hormigas. A estos insectos habitualmente se los representa como los grandes trabajadores del mundo animal. Incluso hay quienes les dan una conformación “social” similar a la humana, con diferentes “clases” y con distintas “especialidades”. Ellas, tal como el hombre, siembran. En lo profundo de su “ciudad” siembran un tipo de hongos que es su único alimento; así, cumplen algo parecido a una producción social y hasta parece que también “dominaran” la naturaleza. Pero ésa no es la “labor” por la que se les reconoce como sacrificadas trabajadoras, sino que adquirieron tal fama por aquel esfuerzo enorme que realizan en la superficie, aquel que todos conocemos y que consiste en la “cosecha” de hojas o similares, que son utilizadas como una materia prima indispensable para la producción de ese único alimento; utilizan un “capital inicial” tomado de la riqueza natural, externo a ellas; no generado por ellas. Si no fuera por esta “cosecha” original el hormiguero no sobreviviría. Ellas también cumplen un ciclo económico (indiscutiblemente natural) que tiene un orden establecido; aunque, como todo integrante del reino animal, no lo concluyen, esto es, no reponen la extracción original. Es un ciclo simple que consiste en la extracción de riqueza natural y la siembra de hongos, con su posteriorrecolección y distribución. Ésta distribución no se realiza según “clases” sociales, ni “especialidades” productivas, ni “propiedades”, ni diferencias de ningún tipo. Y es natural que así sea: toda su actividad está dirigida a satisfacer la necesidad principal, la básica, del hormiguero: a mantener la vida. Ellas tampoco tienen la necesidad ni la obligación de reponer lo quitado, pues la acción extractiva que realizan no es irremediablemente destructiva; la propia naturaleza (de la que ellas forman parte) es la encargada de la necesaria reparación.

La actividad humana es siempre destructiva; aunque puede y debe no ser irreversible. La riqueza natural (la pesca, la minería, la ganadería, la agricultura, la silvicultura, etc.) es la única fuente verdadera de riqueza; el hombre transforma esa riqueza, y durante ese proceso, efectúa una destrucción real de ella. Cuando ese proceso se ejecuta sobre la riqueza mayor de la naturaleza (la vida) la destruye definitivamente. A veces, y sólo a veces, ha reparado lo destruido, y sólo cuando su acción se ha realizado en forma racional y económicamente productiva (en la agricultura y en la ganadería, por ejemplo), cosa que voluntariamente no siempre ha hecho (la pesca es un buen ejemplo). Cuando el proceso se realiza sobre riqueza natural sin vida (la extracción de minerales, por ejemplo) también la destruye definitivamente: el hombre es incapaz de reponer lo extraído; ejecuta un proceso de destrucción irreversible sobre la naturaleza.

El accionar humano también cumple un ciclo casi idéntico al de las hormigas; excepto que su actividad necesita cumplir con una tarea extra para que adquiera un carácter económico efectivo; el ciclo económico humano consta así de una etapa más: el hombre está obligado a completarlo mediante la reposición de lo que ha extraído. Sólo el hombre moderno (el que ha vivido durante y posteriormente a la revolución industrial, especialmente el actual) puede y debe hacer la reparación, pues la naturaleza es incapaz de reponer lo extraído a la misma velocidad con que el hombre lo destruye.

Entonces, el ciclo económico natural que corresponde a la humanidad se conforma de tres etapas bien diferenciadas: producción (extracción e industrialización), comercialización y reposición o reparación. Así es toda actividad que realmente transforma, crea y no agota la única riqueza a la que puede acceder para su propio bien: la riqueza de origen natural.

En la vida real se suceden recursivamente -sin solución de continuidad-un número incalculable de ciclos similares para cada diferente tipo de bien producido y un número inmenso de ciclos idénticos para cada uno de los mismos tipos de bien. Pero como todos esos procesos son similares, generalmente hablaremos, en su forma singular, de ciclo económico.

Desde el trabajo del hombre que produce tomates para el consumo social (para su venta en el mercado), hasta aquel producto social más elaborado (un computador, por ejemplo) todo se produce a través de ese proceso cíclico. A su vez lo conforman, es decir, se auto relacionan dialécticamente: no existe actividad (productiva y beneficiosa) fuera del ciclo, no existe ciclo económico sin ese tipo de actividad. La apropiación de ganancias generadas por otros (hurto, estafa, especulación, etc.) no es una actividad productiva ni reponedora, no cumple un ciclo; es una “ocupación” que no cumple con el ciclo económico que la involucra, por lo tanto, es perjudicial. Y todo perjuicio es, al menos, una infracción.

El trabajo conocido como intelectual –el arte por ejemplo- también conforma y se conforma de estas etapas, aunque éstas no sean tan claramente perceptibles. Aun la producción familiar para consumo propio se conforma de un ciclo, donde se evita la etapa de comercialización: aquí el productor y el benefactor son la propia familia. No obstante, si esa producción es realizada constantemente, también conlleva destrucción, por lo que necesariamente también debe cumplir con la etapa de reposición: si la familia quiere seguir cosechando, debe reponer rápidamente lo extraído. No se siembra para cosechar; se siembra por haber cosechado.

Así, esas tres etapas a veces se diferencian en forma evidente, en otras se mimetizan, según la actividad a la que nos refiramos. En cada una de ellas, tomándolas de a una, actúa la totalidad de los integrantes de la sociedad. Todo ser humano interviene de alguna manera en la producción social, todo ser humano, forma parte de la comercialización, toda la sociedad, sin excepciones, forma parte y es responsable de la reposición, que también es social. Por lo tanto, toda la humanidad, sin distinciones de ninguna especie, es la que transforma la riqueza natural en riqueza social; toda ella es la creadora y transformadora de riqueza; y la que recoge sus frutos, la que debe recibir igualitariamente su distribución; porque ella misma es el fin de su actividad. Es la que debe disfrutar de sus beneficios, sin distinciones de género alguno, como sucede en la “sociedad” de las hormigas.

La producción es la primera etapa del ciclo y es totalmente artificial en su forma y contenido. Mediante ella se le agregan diferentes valores a los bienes que se van produciendo: se agregan costos y beneficios. En una palabra, se agrega riqueza racional. La ejecuta la actividad humana a través del trabajo; en ella no interviene en absoluto la naturaleza más que en su forma de ser humano. La materia prima que se usa, se transforma o se consume en esta etapa, fue (pero ya no es) un producto natural: por definición es un bien artificial. Esta etapa consta de dos partes: la extracción y la industrialización. Puede contener, si se quiere, una subetapa seudo-productiva: la de los servicios (éstos se definen en un capítulo propio).

La producción en su forma extractiva es la etapa que inicia el ciclo y que, ella misma, comienza con la toma en consignación, con la toma en préstamo (un anticipo que no es gratuito) por parte del hombre productor, de la riqueza que existe en la naturaleza, de la que todos y cada cosa formamos parte, destruyéndola como tal, y transformándola en materia prima –tiempo de la cosecha, por ejemplo-. Este es el momento en el que adquiere un valor nuevo: el instante en el que “nace” el precio y las ganancias. Ese precio recién nacido es entonces la suma de costos y beneficios. Su magnitud es perfectamente calculable a través del costo total que se generó cuando hubo que reponer la misma cantidad de la riqueza natural destruida –la anterior “cancelación” del préstamo, la “siembra” anterior-, más los valores que se le agregan por motivo de los insumos de la propia actividad del productor y del merecido beneficio de éste: la retribución de su trabajo. Todo productor obtiene un beneficio (que no es el único que recibe) derivado de su actividad productiva.

Si la materia prima producida, por cualquier causa, no llegara a pasar a las siguientes etapas, el ciclo nos indica que se produce un perjuicio, un daño, que no podrá ser revertido sin costos quizá enormes, costos que, en última instancia, los pagará el productor extractor, ya que por un lado, la naturaleza no podrá ser retribuida normalmente, y por otro lado, el benefactor no la accede, ni puede así pagar su costo de producción. El daño es evidente, ya que hubo una destrucción definitiva de riqueza sin haberse alcanzado el objetivo de esa destrucción que es el llegar al benefactor; sin haberse cerrado el ciclo. El trabajo del productor extractor -y el de la sociedad-consiste, justamente, en esto: reposición de la riqueza y pasar esa materia prima a las etapas siguientes.

Si así lo requiere el bien final -la mercancía-, la etapa productiva continúa cuando la materia prima se transforma en un producto, mediante la ejecución de otros diferentes métodos artificiales (fabricación, elaboración, manufactura, etc.), en los que también se agrega a su precio otra riqueza racional (costos y beneficios). Suele dársele el nombre de industrialización. Esta etapa también destruye riquezas varias; por ejemplo, en forma de energía consumida o en forma de desperdicios no reponibles; todo aquello que integra lo que llaman insumos o costos relacionados al proceso industrial. El trabajo, tanto del productor de esta etapa como el de la sociedad, consiste en la elaboración del producto y en la minimización de dichos perjuicios, además de la cuota parte de la reposición que le corresponda. Esta etapa aumenta el precio del producto que se originó en la etapa extractiva: aumenta el costo social de producción. Es evidente que no todas las materias primas deben pasar por ella necesariamente.

Si el producto (nombre que le damos al bien que se crea en esta etapa) no llega a la siguiente, se genera un perjuicio ya irreparable: la materia prima que se destruyó en el transcurso de este proceso, no tiene forma de ser repuesta y, además, no será alcanzada por el benefactor. El costo de este perjuicio lo sufrirá directamente el propio productor de esta etapa, e indirectamente el de la etapa anterior, la naturaleza y con ellos toda la economía.

La segunda etapa es la comercialización. Es la etapa en que el bien extraído o el producto –según el caso particular-se transforma en mercancía propiamente dicha. En ella, al bien en venta se le ha agregado toda la riqueza artificial (todos los costos y beneficios), cuya suma conforma lo que se llama precio, que será pagado en su totalidad por el benefactor. Con esta etapa se cumple el fin principal y motivo fundamental de todo el ciclo que involucra a cada mercancía: alcanzar al benefactor y ser accesible por él.

Por dos razones diferentes es fundamental que la mercancía sea alcanzada por benefactor: una, porque repone, al consumir, una parte (y sólo una parte, aunque fundamental) de la riqueza necesaria para la conclusión del ciclo, y otra, porque él entrega parte del fruto de su vida, de su propia actividad social (en la forma de dinero, de indev), a cambio de esa mercancía.Ésta acción que él realiza (la compra) es lo que explica todo y cualquier proceso económico; en especial la reposición antedicha, pero también la obtención de los beneficios de cada uno de los productores de las diferentes etapas del ciclo. Es el momento en que el costo de un producto (que es un costo social) se confunde con el precio (de cancelación individual); es el momento en que todas su partes se unen y se convierten, para el benefactor, sólo en costo, en costo puro: por eso el producto ya es mercancía, y por eso el precio de venta de cualquier mercancía es su costo social de producción.

Un productor que por motivos de su actividad necesita adquirir una mercancía que no consume en provecho propio, sino que la utiliza como insumo de su actividad productiva, cumple un papel parecido al de un benefactor en el ciclo económico propio de aquella mercancía. Pero como ésta formará parte de una nueva mercancía, aquél costo será agregado al de ésta, por lo que su ciclo se alargará, y su verdadero benefactor será el compradorfinal. Éste es realmente su consumidor.

El benefactor al consumirla, la transforma en algún tipo de elemento integrante de la naturaleza, devolviéndola a ella, reponiéndola, y de esta manera, cumple con su parte del cierre del ciclo. Es una forma que no completa el ciclo, pero que también es elemental. A su vez, mediante el pago que éste realiza, se permite a los productores (mediante la apropiación de sus beneficios) la cancelación de aquel “préstamo” inicial y la obtención del merecido ingreso derivado de su labor.

Todo bien producido ha de ser alcanzado por el benefactor (consumido o usufructuado según su carácter) para que la humanidad y la naturaleza no sufran un daño irreparable, pero principalmente, para que se cumpla con el objeto de toda esa actividad y el de la propia economía.

Debemos hablar de la intermediación. Es una infraetapa prescindible del ciclo y que en realidad no lo integra, ya que el bien producido puede pasar a la siguiente etapa sin que necesariamente tenga que pasar por ésta. En ella no se agrega ningún valor al bien, sino que por el contrario, se le agregan solamente costos; no recibe nueva riqueza artificial alguna. Generalmente el intermediario obtiene la mercancía ya terminada por y desde el productor anterior, en estado de ser accedida en forma inmediata por el benefactor, y ,sin que la consuma o la utilice, él la agiotiza, la inflaciona, o sea, le aumenta el precio de venta, el costo de compra, sin invertir, quizá, un mínimo de trabajo en mejorarla. Es la etapa de la especulación pura: es productivamente negativa, aunque no perjudicial. No repone riqueza, tampoco la destruye, pero se apropia de ella sin haberla generado y sin reponerla, lo que está definido como apropiación indebida de ganancias. Sucede más por costumbre que por una necesidad real. Generalmente es el interés de los productores, sólo a veces el del benefactor, el que hace que esta subetapa exista: nunca es el interés de la economía. Deberá formar parte de la actividad de los productores que integran estas dos etapas (que puede ser un único productor, el mismo siempre) o debe desaparecer, cuando se llegue al punto en que no sea ya “necesaria” su función. Cuando la economía se haya adaptado, lo suficiente a esta nueva forma que estamos proponiendo; al cumplimiento del ciclo que se está describiendo.

En el ciclo económico nos muestra que la carne o la madera que ingresan al proceso productivo, no son ya productos naturales: son materia prima, materia muerta. Son artificiales, ya que en su transformación de algo natural a algo artificial, intervino necesariamente la mano del hombre, la mano del productor. El ciclo nos dice que naturales son los vacunos y los árboles, que no son creación humana y que no forman parte del ciclo de la carne o de la madera. Natural es la energía vital que se produce al consumirlos y natural es la devolución, fruto de la etapa de reposición. Es cierto que la reposición se logra por intermedio del trabajo social, pero en definitiva es la naturaleza la encargada de concretarla. El hombre sólo siembra las semillas, la naturaleza es quien las hace vivir.

Así se define la tercera y última etapa del ciclo, la reposición de la riqueza extraída, producida y consumida. En ella sucede la restitución, por parte del hombre, de la riqueza natural destruida, la reparación total del daño. Tiene una doble faz: la que realiza el productor al volver a sembrar, y la que realiza el benefactor al consumir el bien producido.

En resumen, el ciclo económico comienza con la apropiación (en forma de préstamo) que se realiza a la pachamama –la cosecha, por ejemplo-yfinaliza con la devolución de tal préstamo –la resiembra y el consumo-. Ésta es la única forma de ver el verdadero orden en que el ciclo económico ocurre, no de otra manera.

Y si no se cierra un ciclo abierto , esto es, si la quita a la naturaleza o el bien producido no llegan al benefactor, o el productor de cualquier etapa abandona el trabajo antes de completarlo, no se produce la necesaria reposición de riqueza en cantidad suficiente para equilibrar la extracción, para “saldar la deuda” adquirida con la naturaleza.

Para terminar de cerrar el ciclo es imprescindible, como mínimo, la reposición total de la riqueza extraída. Pero inicialmente es conveniente el aumentarla. Esta reposición se conforma de dos partes mutuamente necesarias, incompleta la una sin la otra. Pueden darse en un orden cualquiera, no específico, pero ambas deben ser cumplidas obligatoriamente, para que no exista un perjuicio a la naturaleza y un daño evidente a la economía. Lo que implicaría que todo el trabajo realizado haya sido sea en vano.

Lo vemos mejor con un ejemplo concreto. Supongamos una persona – física o jurídica- que de alguna manera (no es necesario hacerla explícita) obtiene un campo. Dicha persona tiene la intención de explotarlo en la producción de maíz, pero observa dicho campo y, sorprendido, ve que en él hay muchas hectáreas de trigo casi prontas para la cosecha. Él no sabía de su existencia, pero acepta sin resquemores la realidad. Fue favorecido con un regalo, con un premio, con una riqueza que no esperaba. Llega el momento de la cosecha y la realiza. Vende el trigo a un molino, como materia prima para la producción de harina. Es cierto que esa persona intentará sacar el máximo provecho del trigo que recibió, deseará venderlo al máximo precio, pero no le interesará demasiado si su deseo no es alcanzado. Lo vende al precio que le ofrecen (el que, mediante el cumplimiento de lo que proponemos, nunca será menor que el justo), y así dedicarse a la plantación de maíz, que es su actividad elegida. Comienza entonces el proceso de preparar la tierra para la siembra del maíz, teniendo ya un “capital” inicial con el que no contaba. Su empresa nació fructíferamente gracias a una cosecha.

El ciclo nos enseña que todo proceso productivo comienza con la extracción de una parte de la riqueza natural. Es una toma destructiva, depredadora y deliberada de riqueza, de la que se apropia el productor, adquiriendo éste un “capital” que, por las características de ésa apropiación, se adeuda. Es un préstamo que necesariamente debe ser devuelto, debe ser repuesto, especialmente para poder continuar con su tarea. Si nuestro amigo productor de maíz hubiera llegado a un campo virgen, necesariamente tendría que haber quitado las malezas, los árboles o cualquier otro elemento que le impidiera sembrar el maíz directamente. La naturaleza los puso ahí y ahí están, como si fueran el trigo, y serán extraídos del suelo, “cosechados” como si fueran el trigo. Que el hombre no le dé el mismo valor a uno que al otro, no indica que para la pachamama no lo tenga. De una manera u otra se le ha quitado una porción a la riqueza que es de todos y de la que todos formamos parte.

El recorrido de ese trigo por todo el ciclo económico lo mostraremos más adelante. Diremos ahora que al consumir el producto derivado del trigo (el pan, por ejemplo), el benefactor devuelve a la naturaleza –que es él mismo-una parte importante, (aunque sólo una parte), de aquella riqueza original.

El ciclo de esa explotación agrícola será definitivamente cerrado cuando el señor siembre el maíz, y espere que éste se vea crecer verde y saludable siguiendo el curso dado por la naturaleza, sin su intervención directa. Allí, económicamente hablando, la pachamama habrá sido repuesta, y con esto la economía y la sociedad saldan su deuda. Entre tanto, la humanidad ha obtenido sendos beneficios.

Así es como se explica, por ejemplo, por qué para el hombre –no para la naturaleza- tiene más valor el trigo que la maleza, o el oro que el maíz. Para la pachamama todo lo que la conforma tiene el mismo valor: el máximo, pues es su propia razón de ser.

Para reponer la riqueza extraída, que es la actividad principal de todo productor (la siembra del trigo, por ejemplo), él tiene que realizar un esfuerzo especial, que no sólo implica su propio beneficio y su propio riesgo, sino que implica a todos lo integrantes del ciclo económico del trigo. Completar un ciclo económico no sólo concierne al trabajo del productor directamente involucrado –el agricultor que lo cosecha y lo siembra-, sino que también se debe tener en cuenta que desde el benefactor provinieron directa o indirectamente (a través de los demás productores del ciclo) las porciones correspondientes de beneficios de ese productor extractor y de todos los productores de las diferentes etapas que lo conforman. ¿Cómo se resiembra el trigo si la cosecha anterior no redituó beneficios? ¿Desde dónde provienen esas ganancias? Provienen, todas , del benefactor; éste no sólo cumple directamente su cuota de reposición al consumir el pan (la mercancía), sino que él es quien “financia” todo el proceso.

Después, el productor extractor completa la reposición de lo extraído mediante su actividad principal, que se comprende como la preparación previaa la siembra y la siembra misma. Él corre el riesgo de pestes, de sequías, de inundaciones, de plagas, etc. antes de cosecharlo y llevarlo al molino, riesgo que tiene un costo extra, y que no concierne solamente al agricultor; conciernea toda la sociedad. Ésta interviene a través del benefactor, que es ella misma. Todo productor siempre se encargó, y seguirá encargándose, de agregar ese costo extra al precio de lo que produce y vende.

En cambio la maleza se repone sola, naturalmente, sin necesitar de la intervención humana, por lo que su costo de reposición es nulo -a no ser que la explotación hecha por el hombre haya terminado con la fertilidad del suelo-. Lo mismo que con el trigo sucede con el maíz o con cualquier otra riqueza que el hombre pueda y sea capaz de reponer.

Pero con el oro (o con cualquier riqueza no reponible) la situación no es la misma. No existe la posibilidad, al menos por ahora, de que el ser humano reponga el oro extraído. Ese es el motivo de por qué históricamente este elemento, para el hombre, tiene más valor que el maíz, más que el trigo o la maleza. Su costo de reposición es tan elevado que no existe forma de alcanzarlo. Este ejemplo muestra una de las conclusiones fundamentales derivadas del estudio del ciclo económico: no es la escasez de un bien lo que le da su valor, es el costo de reposición de ése bien lo que lo evalúa. Si en el futuro se encuentra una forma de crear el oro artificialmente (para regocijo de los alquimistas), su costo de reposición será medible, probable, comprobable, lo que hará que ese costo sea accesible. Pero como sólo la nada se obtiene de la nada, esto dependerá de la materia prima que sea utilizada para tal fin: quizá sea de tan difícil reposición como la de aquél.

La minería en general, como integrante de ese grupo de actividades humanas que no reponen la riqueza extraída, se relaciona a un ciclo económico inconcluso: los ciclos de esas características son perjudiciales. Generalmente, y según el caso, sólo se cumple la función reponedora del benefactor, aunque muchas otras veces tampoco ocurre esa necesaria posibilidad. Quizá una de sus futuras tareas complementarias sea el reciclado de la misma o de otra materia prima que reponga de alguna manera la riqueza destruida.

Aunque no sea comprensible ni creíble, tanto ecológica como económicamente hablando, debemos agregar a ese grupo de actividades perjudiciales la propia pesca industrial. Es imprescindible que se dedique desde ya a la resiembra de lo extraído (algo totalmente posible), para así cumplir con su ciclo económico, hoy por hoy también inconcluso.

Todo proceso productivo finaliza con la reparación del daño a la naturaleza. Aquí llegamos al punto fundamental, el que garantiza el desarrollo ilimitado. El trabajo de la humanidad tiene valor y sentido en función de la obligatoria necesidad de devolver a la naturaleza la riqueza de ella extraída y destruida por la actividad del hombre y de la dificultad o facilidad con que ésta se realice. Los costos de reparación del daño son los costos de cada ciclo económico para cada uno de los bienes producidos por el hombre, y sólo se pagan mediante el trabajo social (la verdadera actividad colectiva), y el consumo, conjuntamente, que es la auténtica actividad del hombre tomado individualmente. Y esta es otra demostración de que lo finalizan, de que no lo comienzan. El cumplimiento efectivo de la finalización del ciclo es lo que genera todos los beneficios y todos los derechos que la humanidad pueda obtener desde y sobre lo por ella producido. Si este no se concluye, repetimos, todo el trabajo ha sido en vano.

Vemos así que el recorrido que realiza cualquier bien producido a través de su propio ciclo económico (el recorrido en el que va adquiriendo costos de cualquier tipo) va en una única dirección; en tanto que el dinero utilizado para adquirirlo y los beneficios que desde él obtienen todos los productores inmiscuidos en ese ciclo, lo recorre en dirección opuesta. El ciclo tiene dos sentidos: uno, el sentido dado por y desde el productor, el sentido de los costos; dos, el sentido dado por y desde el benefactor, el sentido de los beneficios. Desde esta observación se llega a la certeza, por ejemplo, de que los beneficios de todo productor no pueden ser considerados por ellos como costos a rebatir, o sea, los costos de los productores están dados en el sentido

o dirección dado por ellos mismos y nunca en la dirección dada por el benefactor. Los costos se agregan en el sentido dado por el productor, los beneficios se obtienen en el sentido dado por el benefactor, opuesto a aquél.

Todo bien mientras recorre su ciclo va cambiando de estado económico ininterrumpidamente hasta alcanzar al benefactor, cambios que pueden ser medidos en su magnitud, usualmente utilizando como medida una moneda. Desde el punto de vista del benefactor (que es el punto de vista de la economía), sufre un continuo agregado de costos; desde el punto de vista de cada productor se le van agregando valores (gastos y utilidades); desde el punto de vista de la sociedad toda ese bien en sí mismo va generando riqueza, cuyo valor máximo es el precio de venta final: su costo social de producción.Éste se transforma, en el momento de pagar su precio el benefactor, en riqueza social.

El ciclo de construcción de una vivienda, por ejemplo, se cierra cuando ésta sea habitada: si tal condición no se da, el ciclo no está cerrado, puesto que no ha satisfecho la necesidad de haberla construido. Una casa en buen estado y deshabitada, así como una casa habitada pero en ruinas, son perjudiciales a la economía: una porque cuando, al ser nueva y estar deshabitada, no está siendo usufructuada por el benefactor –ese fue el fin de construirla-, la otra porque al estar en ruinas y habitada no es una construcción correcta, no cumple una verdadera reposición, no colma la satisfacción de la necesidad por la que se construyó; de nada sirve construir una vivienda que no cumpla correctamente su función o para que esté vacía. Sólo una construcción finalizada correctamente y habitada conforma la riqueza artificial y así pasa a integrar la riqueza total de una zona. Todo bien pasa a formar parte de la riqueza total cuando es usufructuado (como en el ejemplo anterior de la vivienda), por el benefactor.

La conclusión de una construcción cualquiera –una vivienda, una ruta, un hospital- no finaliza el ciclo, pues aún no se cumple el objetivo para el que fue levantada: ser accedida por el benefactor usufructuante de ella, el haberle satisfecho esa necesidad. Allí es cuando su costo es transformado en beneficio y pasa a integrar la riqueza total.

Terminar el trabajo no concluye el ciclo que lo involucra. La conclusión de cualquier trabajo se alcanza al finalizar el bien que por su intermedio se ha creado, sea cuál sea su tipo, lo que no implica la finalización del ciclo que lo inmiscuye. La razón de su producción o creación se consigue al ser accedido por el benefactor: allí finaliza realmente el ciclo. El ciclo que conforma la producción de un bien cualquiera finaliza únicamente al llegar al benefactor.

Por ese motivo se llega a otro concepto fundamental derivado del estudio del ciclo económico. El beneficio económico real sólo se obtiene desde el consumo o usufructo por parte del benefactor del bien producido. Eso es lo que justifica todo el proceso destructivo, productivo y reparador, pues el benefactor es el único integrante del ciclo que realmente paga los costos de su producción y el que tiene la capacidad de devolver a la naturaleza parte de su riqueza extraída, cuando ésta ya adquirió la forma final de mercancía. Es quien devuelve a la naturaleza una parte de la producción artificial, social, y lo hace en forma automática y natural.

Es quien genera todos los beneficios económicos de los productores, es quien entrega a cambio de ese producto una parte de su actividad vital –de su vida-en la forma de dinero, de indev, mediante el cual se pagan todos los costos incluidos, los beneficios que se distribuyen, como salario, entre todos lo productores del ciclo, en el que puede incluirse él mismo; da al ciclo el sentido de los beneficios, el sentido de las ganancias. De aquí se concluye que, si el bien no alcanza al benefactor (o no es accedido por él, sea por el motivo que sea), todo el proceso de su producción ha sido en vano, pues ya no sólo la naturaleza no será repuesta en su totalidad, sino que todo el trabajo utilizado en la producción del bien habrá sido infructuoso, y ningún productor recibirá el dinero mediante el cual, primero, repone los insumos de su actividad y, segundo, obtiene sus propios beneficios.

De esa manera, podemos asegurar que ningún hombre en su papel de productor puede considerarse propietario del bien que ha producido (solamente lo tuvo en una especie de consignación mientras este recorre la etapa que le corresponde del ciclo) pues ese bien no finaliza su propio ciclo hasta ser adquirido por el benefactor. El productor poseerá la porción de beneficio que integra el precio de venta de éste, que solamente viene desde el orden de los beneficios, cuando sea adquirido por el benefactor. En cambio cada hombre en su papel de benefactor –papel que cumple también todo productor- es el único que tiene todos los derechos sobre ese bien, al adquirirlo.

El ciclo económico contiene dentro de sí la razón fundamental de toda la actividad humana, y es en sí mismo esa razón: extracción, industrialización, comercialización y la reposición en sus dos formas, la que repone el productor, que puede considerarse como una reposición directa pero no automática, y al ser el bien accedido por el benefactor quien lo repone indirecta y automáticamente, y ,según la naturaleza del bien, esta reparación podrá tener la forma de consumo propiamente dicho o la forma de usufructo del bien. Así se conforma, en un sentido económico general, el objeto y el fin del trabajo de la humanidad. Es la naturaleza de la riqueza.

En síntesis: toda producción de bienes o mercancías tiene por objeto el ser alcanzada por el benefactor, para que éste satisfaga una necesidad específica mediante su consumo o usufructo. Su costo social de producción (que comprende todos los costos y beneficios generados en dicho procesoproductivo) se representa en su precio de venta. Éste es transformado de costos social en beneficio social por el consumidor, de allí que sea el benefactor de la economía.

Ese proceso productivo tiene un carácter cíclico, el que puede dividirse en diferentes fases o etapas, las que, en forma íntegra, cumplen todos los bienes producidos por el hombre; por lo tanto, una mercancía es el resultado de su ciclo productivo o, dicho de otra manera, sólo es mercancía aquel bien generado mediante dicho proceso.

Así se demuestra que lo que el dinero representa no es mercancía, y que el trabajo tampoco lo es. Esta conclusión (entre otras) da por tierra con los postulados esenciales de las economías primitivas, que basaban su estructura teórica en dichas falacias.

 

Su etapa de comercialización puede interpretarse como las relaciones que comúnmente llaman “mercado laboral”, donde se compra y se vende tal mercancía. Es la única etapa que efectivamente cumpliría el trabajo como mercancía, y por ende, con la teoría primitiva. Aunque en realidad el ciclo nos dice que la forma de pagar el precio de dicha mercancía no se corresponde con el de las demás. Su pago no lo realizaría el benefactor sino otro productor de la misma etapa (el patrón), quien es el que se sirve de ella (quien se “satisface” con ella); así cumple con el requisito del ciclo de ser retribuida a través de los beneficios que ella misma genera. Esto no sólo demuestra la existencia de lo que se reconoce como plusvalía, sino que confirmaría la existencia de la explotación del hombre por el hombre. (Tal aseveración contradice a la propia teoría primitiva).

A pesar de las anteriores etapas ya contradicen la hipótesis, continuemos con la

suposición absurda de que el trabajo es una “mercancía”.

La última etapa, la de reposición, como ya vimos, tampoco existe: no se puede reponer lo

no extraído. Ni siquiera existe la posibilidad abstracta de imaginarlo.

De aquí llegamos a concluir que el trabajo es, según el ciclo económico, una “mercancía” que no cumple con los requisitos necesarios para serlo. Se puede asegurar entonces que la definición de mercancía no abarca al trabajo, o que el trabajo no es una mercancía.

Vimos también que ni siquiera lo es según las propias teorías primitivas.

 

 


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