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LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA
Teoría económica complementaria

 

Alberto C. Sigales

DEFINICIONES INELUDIBLES

Ahora comenzamos con las definiciones imprescindibles que se necesitan para lograr una cabal comprensión de lo que se quiere exponer, y porque cualquier ciencia como tal, exige definiciones precisas. Estas definiciones han de entenderse como propias de la economía, aunque parezcan que la sobrepasan. Son abiertas, no exhaustivas, pero inmodificables en su concepto fundamental, no por capricho del autor, sino porque su propia naturaleza así lo obliga.

Llamamos naturaleza -o pachamama, sin rozar lo religioso que pueda tener esta palabra tan del sur y tan clara (*)-, en un nuevo sentido económico, a una zona específica, delimitada geográfica, temporal y políticamente, que comprende un ambiente ecológico, pasado, presente y futuro. Puede ser una comarca, una provincia, un estado, un país, el planeta, la galaxia, el universo, según el caso. Es, talmente, como un “ser” colectivo, no deificado ni suprahumano. Por razones exclusivamente práctico-históricas, del momento en cuestión, es necesario darle una ubicación en el tiempo -pero es atemporal en sí misma-, y puede ubicarse en algún lugar específico -un país o nación-, pero puede ser cualquier lugar, puede serlo el planeta Tierra.

Llamamos riqueza a la totalidad de sólidos (la tierra, suelo y subsuelo) y fluidos (aire, aguas) de dicha pachamama. Son riqueza también todos los compuestos, orgánicos (animales, vegetales) e inorgánicos (minerales en general), todo tipo de energía (luz, calor), toda cosa o ser, todo objeto que se ubica temporal y espacialmente en dicha pachamama. Se desprende que no existen propietarios individuales de esta riqueza y que ella es el “capital” inicial en que la economía se basa y que todo lo mueve.

Desde esa riqueza, por ella, con ella y hacia ella transcurre la vida. No es ni debe ser, por tanto, considerada un recurso ni un medio ni un fin, en algo exterior a la vida, sino en parte integrante de ella, y que puede transformarse para hacer que la vida sea mejor. La propia humanidad forma parte de esa riqueza, pues la humanidad es naturaleza. La vida es la mayor riqueza.

De esa manera, al ser riqueza la vida misma, es riqueza también su disfrute y es perjudicial el mal uso de ella. Segar durante el proceso económico una vida extra humana (una brizna de trigo, un árbol, un animal) tiene por fin mejorar la vida del hombre.

La riqueza es única, pero puede diferenciarse según su origen en riqueza natural y riqueza artificial o racional. Aquélla es la producida por la naturaleza propiamente dicha, y ésta es la producida por la actividad del hombre, por el

(*) Pachamama, en la mitología inca, representa a la Madre Tierra: el término aymará pacha designa, sucesivamente, un momento del cosmos, este mismo cosmos, un lugar y la tierra nutricia. Pachamama madura los frutos, multiplica el ganado, evita heladas y plagas, da suerte en la caza. Ayuda también a las tejedoras y los alfareros. Madre de los seres humanos y de los cerros, sus templos, llamados apachetas, son montones de piedras en los bordes de los caminos o en las encrucijadas. Su apariencia física es la de una mujer india, muy baja, de cabeza y pies grandes, que lleva sombrero de ala ancha y enormes sandalias u hojotas. Sus animales característicos son un perro negro, que la acompaña; una serpiente, que le sirve de lazo; y un quirquincho o mulita.

trabajo. Son dos maneras contrapuestas, contradictorias, de relacionarse con la riqueza de la pachamama. Los animales o los vegetales, por ejemplo, la pueden transformar únicamente de manera natural.

La humanidad en cambio lo puede hacer mediante ambas, de forma interdependiente y mutuamente necesarias. La recolección de frutos para consumo inmediato es un ejemplo de la relación económica natural. Con ella (con la recolección o extracción), comienza un ciclo natural, el de la riqueza o ciclo económico. Ambas formas demuestran que en el fondo toda riqueza es natural. Porque repetimos, la riqueza es una sola.

Definimos como artificial, en puro sentido económico, a la transformación, por la mano del hombre, de algo natural en algo no natural. Así, lo artificial es derivado de lo natural. Es “hijo” de la naturaleza: ella es su madre y el trabajo del hombre es su padre.

Sólo la propia naturaleza –erupciones volcánicas, inundaciones, sequías, el hombre mismo, huracanes, etc.-puede destruir y, a la vez, reponer esa riqueza. El uso de ella por parte del hombre, cuando la explota artificialmente, debe finalizar con la reparación del daño y concluir ese ciclo productivo con un resultado positivo o, como mucho, igualado, en el momento que tenga que rendirle cuentas. La actividad humana propiamente dicha se mide según esta reparación, según cumpla con la terminación del ciclo iniciado.

El hombre no domina la naturaleza ni ella está puesta a su servicio, sino que es el único animal que puede hacer reversible el proceso destructivo que conlleva su actividad vital, que sucede en ella y que de ella depende. Los animales, diría Lavoisier, ni la crean ni la destruyen, sólo la transforman. Ningún integrante vivo de la naturaleza, de su riqueza, puede ser considerado mercancía; ni se compra ni se vende. Sólo lo producido por la mano del hombre puede tener esta característica, que incluye también la producción artificial de seres vivos, animales o vegetales.

El hombre primitivo, cazador recolector, transformaba la riqueza sin destruirla; utilizaba la forma natural de relacionarse con ella: la extracción gratuita y sin daño (en sentido económico) y por tanto, sin la necesidad de su reposición. El proceso artificial moderno, social, racional, de producción, hace que esa riqueza se destruya definitivamente, ni siempre ni nunca irreversiblemente, con o sin transformación. El hombre como productor, por tanto, tiene la posibilidad de destruir y la obligación –con la pachamama y así consigo mismo-de reparar el daño que produce, de reponer la riqueza que toma y consume: de reconocer que no es gratuita. Tiene la obligación de cerrar el ciclo que él comenzó.

Toda producción humana tiene por función esencial el ser consumida, sin importar la diferenciación de su origen entre esas dos formas de relacionarse con la pachamama. Pero la forma de producción social (la actual, la que utiliza lo que llaman la división del trabajo) es la única que necesaria y forzosamente debe llegar al hombre como consumidor, debido tanto al cometido de dicha función esencial como por la forma destructiva en que ésta se genera.

El valor económico de la riqueza artificial o racional (la producida por la humanidad), su significado, razón y sentido, se obtienen desde y en ese estado social, no individual, que contiene y se conforma del trabajo de éste. En especial de aquel que la repone, pues es el único trabajo que contiene valor social; valor que es concreto, medible, calculable, fácilmente traducible a números.

En el proceso de producción de un bien, el hombre toma prestado de la naturaleza parte de su riqueza, no gratuitamente, dañando a aquélla y destruyendo a ésta como tal, generando así una deuda. A partir de ese momento la riqueza natural destruida pasa a ser materia prima, no natural. De allí su desarrollo: lo natural es transformado en artificial. En la tala de árboles, sea para producir leña o madera, el árbol ha dejado de ser riqueza natural para pasar a ser materia prima, riqueza artificial. El árbol ya no existe como tal, sólo quedan madera y desperdicios. Todo trabajo humano se realiza sobre objetos que fueron naturales pero que ya no lo son. La pesca por ejemplo, consiste en destruir vida marina para transformarla en otra cosa –alimento, aceites, artesanías, etc-. Un pez al morir por la mano del hombre se transforma en pescado.

Llamamos vida, en un sentido puramente económico, a la riqueza principal de la naturaleza. La terminación natural de una vida es una transformación de riqueza; es una etapa más de ambas. En cambio, la terminación no natural de una vida es una pérdida irreparable, un cataclismo. Cualquier terminación no natural de vida es pura destrucción, es perjuicio, es ruina. La muerte de un ñu por una manada de leones es una transformación natural de riqueza, es una muerte que genera vida. La caza de animales sin un fin transformador –que sólo lo logra el consumo- es perjuicio puro. El hombre es el único ser que comete este crimen, y el único que puede y debe enmendarlo.

El aumento de vidas es aumento de riqueza. El mantenimiento de la vida es mantenimiento de la riqueza. El mejoramiento de la vida es mejoramiento de la riqueza. Vemos así que el concepto de riqueza es social.

Toda la vida del hombre es productiva. No podemos definir la actividad del hombre tal como se ha hecho hasta hoy, en que se considera al ser humano como un eterno empleado de un patrón eterno. Cada hombre como productor tiene su propia finalidad social, su propia vocación y capacidad particular para cada una de las incontables tareas que la humanidad puede realizar. No existe un trabajo que sea más trabajo que otro.

Un animal o un vegetal cualquiera –en realidad toda cosa-no es un productor ni consumidor, sino que de por sí sólo y por definición de ella, es riqueza. Exceptuado el hombre moderno, ningún ser vivo es un productor o trabajador. El hecho de formar parte de la naturaleza convierte a todo ser en un objeto del principal derecho: el de la vida. En tanto que formar parte de la humanidad hace que ese principal derecho conlleve además el agregado de dignidad. Aquel derecho elemental adquiere otra particularidad cuando nos referimos al hombre, pasando a ser el derecho a una vida digna.

No existen derechos por encima de esos naturales. Por ejemplo, para la humanidad no existe derecho que esté por encima de los llamados derechos humanos; los derechos humanos son aquellos derechos que se obtienen al nacer y que se mantienen durante toda la vida. Definimos a éstos, sólo en sentido económico, como el derecho a una vida digna; una vida que tenga asegurada su alimentación, su salud, su educación, su esparcimiento, su vivienda, su libertad, su independencia, su dignidad... alcanzables a través de un ingreso mínimo de magnitud suficiente. Ese ingreso pasa a ser entonces un derecho humano. Por ello a ese ingreso mínimo fundamental también le llamaremos ‘ingreso natural’.

Llamamos perjuicio a toda actividad humana que destruye riqueza y que no cierre el ciclo de ésta -o ciclo económico-. Se logra mediante: el consumo de lo producido (la reposición de lo consumido) y la restitución de lo destruido (la resiembra), únicas formas de devolver el “préstamo”. La destrucción o apropiación de riqueza natural o artificial sin reparación es apropiación de riqueza sin culminación del ciclo que la generó. Es apropiación indebida: no cierra su ciclo, no devuelve el “préstamo”. Aquel “sobrante” que explicaba la acumulación originaria queda visto como simple especulación. Mientras haya especulación habrá perjuicio, mientras haya un desempleado habrá perjuicio, mientras haya una enfermedad incurable habrá perjuicio. El perjuicio económico producido por la apropiación de la riqueza artificial sin su reparación se define como una falta social; toda la sociedad es la responsable, por permitirlo.

Definimos que el valor de la riqueza está determinado por la satisfacción cuantitativa del trabajo social necesario para producir y reponer y, conjuntamente, por el nivel de necesidad de consumo que ésa producción satisface.

El valor de una riqueza de fácil reposición es menor que el de otra de más difícil reposición. Todo valor de reposición está dado por la cantidad de trabajo social contenido en él, más, si cabe, el valor de irreparabilidad, esto es, el valor derivado del perjuicio ocasionado, calculable a su vez por el trabajo social que se necesitará para suplirlo, en el futuro, de alguna manera. Existe un tipo especial de uso de la riqueza, ineficiente por perjudicial, que es la extracción de los llamados “recursos no renovables”. Para atenernos a las definiciones dadas, debiera decirse riqueza no reponible (el petróleo por ejemplo) pues su reposición será imposible o tan costosa que su explotación se hace ineficiente, haciendo necesaria la toma de riqueza mediante otro tipo de actividad menos perjudicial (el biocombustible, por ejemplo) cuyo costo de reposición es mucho menor. Así, un posible perjuicio se transformará en un real beneficio. Existe también la posibilidad de que, al cierre de su ciclo económico propio, la creación de riqueza artificial sea mucho más beneficiosa que la destrucción de riqueza natural, por lo que los beneficios para la humanidad o para la naturaleza serán tales que harán perder su calificación de perjudicial.

El costo traducible a cifras de una riqueza se calcula a través de su costo de reposición, de reparación, nunca el de extracción. La siembra es reposición, la cosecha es extracción, el valor económico de ésta está dado por el costo de aquélla. La meta u objetivo inicial es aumentar siempre el volumen de reposición, aumentando así la riqueza; es devolver el “préstamo” con “intereses”, siempre y cuando este hecho no genere un perjuicio. No se debe llegar al punto en que dicho aumento de la producción genere un daño (ecológico por ejemplo), sino a uno inferior. Una vez alcanzado ese máximo de productividad los valores de reposición y de extracción han de ser iguales.

Hasta ahora se ha entendido –erróneamente-que el precio de un “recurso no renovable” está dado por su costo de extracción. Por ejemplo, el petróleo de la península arábiga es más barato que el venezolano o el argentino, pues su extracción es más fácil. Sin embargo, la calidad de riqueza no reponible es igual en cualquiera de esos y de todos los países productores. Para la pachamama y por lo tanto para toda la humanidad, el costo de ellos es el mismo: inalcanzable. Porque el hombre es incapaz de reponerlo (por ahora) mediante la única herramienta de que dispone para hacerlo: el trabajo.

La explotación que genere la imposibilidad de reposición, la irreparabilidad, conlleva una enorme responsabilidad al ser humano, por lo que si se hace inevitable el explotarla, la decisión de llevar a cabo esa destrucción debe ser respaldada, necesariamente, por todos los involucrados de la zona en cuestión. Su grado de inevitabilidad no puede ser resuelto por unos pocos, por más funciones ejecutivas que estos pocos cumplan.

Llamamos productor, como término absoluta y únicamente aplicado a la economía, a todo ser humano en edad productiva, cualquiera sea su actividad, por intermedio de la cual produce o crea un bien como objeto, tangible o no, que mejora la existencia de su mundo, su comunidad y la suya propia. Porque: la esencia del hombre es el conjunto de las relaciones sociales. Todo productor es generador indirecto de nueva riqueza, racional o natural, cuya razón de ser es el consumo. Así, la personalidad del hombre está determinada por las relaciones sociales en general y las de producción-consumo en un lugar primordial.

Definimos edad productiva como la edad en la que un productor ejerce tal actividad. Un bebé es un productor dentro de la actividad que pueden ejercer los bebés. Un anciano es un productor dentro de la actividad que pueden ejercer los ancianos. Estos ejemplos extremos se muestran porque ellos, al crear bienes intangibles o no, también son capaces de mejorar la vida del mundo, de la comunidad y la propia. Son también, como todo hombre, productores de riqueza y consumidores de ella.

Toda la vida del hombre es productiva. No podemos definir la actividad del hombre tal como se ha hecho hasta hoy, en que se considera al ser humano como un eterno empleado de un patrón eterno, individual o colectivo, público o privado. Cada hombre como productor tiene su propia finalidad social, su propia vocación y capacidad particular para cada una de las incontables tareas que la humanidad puede realizar. No existe un trabajo que sea más trabajo que otro.

Un animal o un vegetal cualquiera –en realidad toda cosa-no es un productor ni consumidor, sino que de por sí sólo y por definición de ella, es riqueza. Exceptuado el hombre moderno, social, ningún ser vivo es un productor o trabajador. El hecho de formar parte de la naturaleza convierte a todo ser en un objeto del principal derecho: el de la vida. En tanto que formar parte de la humanidad hace que ese principal derecho conlleve además el agregado de dignidad. Aquel derecho elemental adquiere otra particularidad, pasando a ser el derecho a una vida digna.

No existen derechos por encima de esos naturales. Por ejemplo, para la humanidad no existe derecho que esté por encima de los llamados derechos humanos; los derechos humanos son aquellos derechos que se obtienen al nacer y que se mantienen durante toda la vida. Definimos a éstos, sólo en sentido económico, como el derecho a una vida digna; una vida que tenga asegurada su alimentación, su salud, su educación, su esparcimiento, su vivienda, su libertad, su independencia, su dignidad... alcanzables a través de un ingreso mínimo de magnitud suficiente. Ese ingreso pasa a ser un derecho humano. Por ello a ese ingreso mínimo fundamental también le llamaremos ‘ingreso natural’.

El objeto de cualquier actividad económica de un ser humano es la producción de un bien que satisfaga una necesidad, propia o ajena. El objeto de ese bien no puede considerarse, entonces, como un intermediario para la obtención un beneficio o ganancia para quien lo produce o lo genera, sino como una obligación de la sociedad para con el que lo está necesitando; porque la eliminación definitiva de toda necesidad es la meta de la actividad humana productora y productiva: es el fin de la economía. Mientras un hombre adolezca o sienta una necesidad, la humanidad entera es la responsable por esa falta. Y si no la satisface, tanto la economía (como herramienta que se ha dado a sí misma para alcanzar ese fin), como los propulsores o impulsores de ella, quedan en evidencia de su inutilidad, de su incapacidad y se hacen carentes de dignidad. El ser humano es dignificable, es digno, es dignidad.

Definimos un bien económico como un objeto que suple una necesidad y que ocupa un lugar en el espacio y/o un momento en el tiempo. A la calidad de ocupar un lugar en el espacio se le llama tamaño; a la calidad del momento que ocupa en el tiempo se le llama durabilidad: existen, en términos humanos, objetos durables y perecederos, permanentes o instantáneos. Cualquier fruta es perecedera, cualquier edificación es durable.

Definimos ingreso como todo beneficio representable numéricamente, medible matemáticamente, verificable económicamente, que únicamente se obtiene y se alcanza al completarse definitivamente el ciclo económico que le atañe. Por su intermedio se satisfacen las necesidades materiales en general, entre las que se destaca el aumento del propio ingreso. No existe beneficio de ningún tipo, ni individual ni social, si el ciclo económico en el que está involucrado no se concluye correctamente, no se cierra completamente.

Pero si se alcanza a cumplirlo, no sólo se logran beneficios sociales significativos, sino la posibilidad del enriquecimiento individual. Cada ser humano recibirá un ingreso doble: el ingreso natural y los beneficios propios derivados de su actividad.

El objeto de la actividad humana, de toda la sociedad humana (dado y medido a través de la economía), no es el estudio de cómo generar ganancias

o dividendos, sino que es la obligación de saciar las necesidades materiales de la humanidad, lo que le da su valor. Especialmente de aquellas que no pueden ser satisfechas de una manera natural, sino mediante lo producido artificialmente en el cumplimiento del ciclo económico. Entre ellas se encuentra el propio ingreso. La economía debe colmarlas sin generar perjuicios. Primero debe saciar las necesidades, después saciará lo gustos y por último los caprichos, inclusive. Repetimos: ese objeto se alcanza únicamente cuando la actividad del hombre se ha realizado mediante el cumplimiento del ciclo, que definiremos en un capítulo aparte.

Las necesidades, en un sentido más general, son aquellas faltas que son imprescindibles, en primer lugar, para mantener viva y sana a una persona. Posteriormente, las que se necesitan para mejorar esa vida con todas las seguridades y comodidades que pueda y deba producir la propia sociedad. Necesidades, específicamente, son aquellas cosas, materiales o no, que unos hombres poseen y disfrutan en tanto otros sufren su carencia.

La necesidad de un bien es lo que lo hace útil. Dicho de otra manera: la utilidad de un bien se la da la necesidad que exista por él, que es una propiedad intrínseca del bien. Es por ese motivo que se lo produce: para existir como objeto de consumo o usufructo.

El conocimiento en general -la ciencia, la técnica, la tecnología-, forma parte de la riqueza de la pachamama. No es monopolio de nadie, es monopolio de todos. No integran el “capital”, sino la propia naturaleza en su aspecto humano. Todo conocimiento, toda creación, todo invento se basa en una cadena de conocimientos anteriores que no nace en él, ni en él terminará. Esa es la infinita cadena del avance de la humanidad; su último eslabón, es cierto, nos parece el más importante, pero todos lo son de igual manera. El fruto derivado del conocimiento es útil, en sentido social, si facilita la vida del hombre o su actividad, individual o colectivamente. Un artilugio de la técnica – la robótica, por ejemplo- no es más que una herramienta de uso, como tantas otras. La sustitución de trabajadores por robots debe ser prohibida mientras hayan desempleados, y promovida cuando no exista tal falta social o necesidad general. No solamente para aumentar la productividad, sino especialmente, para aumentar el bienestar del hombre.

Lo que se conoce hasta hoy como consumidor final (o simplemente consumidor, en el sentido económico común del término), es uno de los dos papeles fundamentales del hombre en la economía; es tan importante como el de trabajador. En verdad es aún más importante, porque cada habitante es un consumidor, sin importar si ejerce un trabajo o no. Todos somos él, todas las cosas económicas son él, toda actividad existe por y para él. Un bebé es un consumidor, un anciano también. El consumidor entrega parte del fruto de su vida social e individual –el salario, sus ingresos- a cambio del bien que necesita y que le ofrece la sociedad por intermedio de su ciclo económico.

Desde él (únicamente desde él) se obtienen todos los beneficios individuales y colectivos que se distribuyen a lo largo y ancho de ese ciclo. Su función como consumidor aumenta la riqueza automáticamente y sin generación de costos, perjuicios o pérdidas. Él y sólo él hace que la economía y la destrucción de la riqueza natural tengan razón de ser: es quien le da valor (valor social cuantitativo) al bien producido. La economía y sus herramientas – la contabilidad, la estadística, etc.- se deben utilizar desde el punto de vista del consumidor y no desde otro. Por todos esos motivos, y desde ahora, pasa a llamarse benefactor, con un sentido puramente económico.

Desde el punto de vista de la sociedad toda, el bien que se está produciendo va, en sí mismo, generando riqueza, cuyo valor máximo es el precio de venta final: su costo social de producción. Éste se transforma, en el momento de pagar su monto el benefactor, en riqueza social.

De esa manera, el costo social de producción (que no encarna ningún beneficio, ni general ni particular) se transforma en un valor social (en beneficio social) sólo por obra del benefactor.

Cada benefactor es propietario de todo bien que adquiera y que haya sido producido mediante el cumplimiento del ciclo económico, puesto que el cumplimiento de ese hecho es el que le otorga aquel derecho y el que lo hace inalienable. A él estuvo y está dirigido.

Porque para el ciclo, el fin de sacrificar una vaca no es el obtener ni el intercambiar ganancias con esa muerte. Ni siquiera es el de obtener carne como mercancía. El fin de esa muerte (como lo es la siembra, la tala, la pesca, etc.) es llegar al benefactor para que éste, al consumirla como alimento, la transforme en energía, la transforme otra vez en vida, y así, conjuntamente con la crianza de nuevos vacunos, cerrar el ciclo económico, transformando una destrucción de riqueza en su creación y su reposición. Ésta se alcanza a través del consumo que ejecuta el benefactor y la “resiembra” que realiza el productor, en una única conjunción de ambas. Se destruyó una vida parareponer vida. Ése es el fin del sacrificio.

La crianza de animales para obtener una mercancía mediante su muerte, (o para ser utilizados vivos como mascotas o instrumentos), forma parte de la producción humana, artificial; es una destrucción con reposición, lo que indica que no es perjudicial para la pachamama ni para la economía. Cuando se los sustrae a la naturaleza, cuando son silvestres o salvajes, es cuando se genera un perjuicio irreparable.

El desequilibrio entre destrucción de riqueza y su reposición puede ser negativo o positivo, tangible o intangible, según el caso. Debiera ser siempre desequilibrio positivo para que haya aumento de riqueza; o equilibrio propiamente dicho, para que no haya pérdida de ella. Cuando es negativo se genera perjuicio. El equilibrio y el desequilibrio positivo son los únicos que cumplen con el ciclo económico. De allí que ninguna guerra es beneficiosa; toda guerra, y todo lo que se relaciona con ella, es perjudicial. De allí también que todo avance en la ciencia es beneficioso, porque aumenta el conocimiento de la humanidad, otra riqueza natural.

Un robo es un perjuicio siempre, porque por su intermedio un individuo o grupo se apropian de ganancias sin que repongan la riqueza que las generó: es la apropiación indebida de la riqueza generada por otros. La especulación es otro perjuicio por ésa misma razón: apropiación de ganancias sin generación o reposición de riqueza. La toma de ganancias sin generación o sin reposición no es trabajo, es delito. Sólo la culminación del ciclo iniciado es lo que garantiza que no haya perjuicio. Para el ciclo todo perjuicio económico es una falta, una infracción, un delito.

La humanidad tiene una manera principal –por su magnitud- de reponer la riqueza natural que destruye con sus actividades: mediante la creación de la riqueza artificial en sus innumerables formas, que sólo puede realizarse a través del trabajo (todo acto productivo o reponedor). Además, por su intermedio y su conclusión, un productor se transforma en benefactor. Un mismo hombre mientras trabaja es un productor, mientras consume es un benefactor, y éste es quien finaliza el proceso productivo o ciclo que aquél inició. Toda la humanidad, sin exclusiones, es productora y benefactora, alternativa y simultáneamente.

Definimos el trabajo justamente de esa manera; al haberse convertido en un componente inseparable de la vida humana, es toda actividad que genere un objeto -tangible o no-que aumenta la riqueza de la sociedad humana, integrante y conformadora de la naturaleza, o de ésta directamente. Todo trabajo es consumidor de vida, todo trabajo es productor de vida. Vida y trabajo siempre se han medido de la misma manera: mediante el tiempo. Pero la vida no se conforma solamente de trabajo. También tiene horas de descanso, de diversión, de aprendizaje, etc. Tiene horas de sueño en ambos sentidos: el sueño de dormir y el sueño de soñar. Por lo tanto, la vida tiene dos características principales, no excluyentes de otras: la vida es actividad, pero hay una vida socialmente activa y otra que no lo es. Además, el trabajo que es la actividad social más importante para la economía- no contiene en sí una parte inactiva: el trabajo es una actividad social permanente; es una acción continua, es energía en incesante transformación. Por lo tanto no puede ser medida (en términos sociales) mediante el tiempo; la unidad de medida del trabajo social que utiliza el ciclo económico es el indev; el medio de consumo, el patrón de medida de la riqueza. Otra vez: la vida es la mayor riqueza.

El trabajo social consiste en crear, transformar y reponer riqueza. De allíque el trabajo puede existir solamente dentro del ciclo económico. Éste es quien lo constituye y le da su definición.

Es muy fácil notar al trabajo como la actividad que realiza el agricultor o el obrero. Pero el estudio del ciclo nos muestra que la actividad deportiva también lo es; lo es la música o todo arte; lo es la medicina o toda ciencia. Repetimos: el trabajo es cualquier actividad que crea, transforma y repone cualquier tipo de riqueza. El trabajo es actividad. Definitivamente debemos descartar el concepto común, y equivocado, que se tiene de trabajo: no es un medio para ganarse la vida, es en sí la vida misma. El ciclo económico nos dice claramente que todo hombre debe tener garantizadas sus necesidades básicas, sin importar si está empleado o no: nos dice que no hay que ser empleado para llamarse trabajador.

Porque no es necesario crear objetos concretos o definidos para considerar la actividad que los produjo como único trabajo que el hombre realiza. El propio acto social de trabajar es intangible, impalpable. Hemos definido al objeto de cualquier actividad de un ser humano como la producción de un bien que puede ser intangible. La característica fundamental que le otorga el carácter de bien a ése producto, es la posibilidad de satisfacer una necesidad, propia o ajena, es decir, social. Un escritor, un deportista, un actor, una persona que realiza asistencias sociales, un pensador o investigador, etc., sin duda alguna también son trabajadores. No es necesario tener patrones para ser un trabajador.

Por definición, las personas que no realizan ninguna actividad son las únicas que no trabajan, y es necesario conocer el motivo de esa inactividad, para que la sociedad pueda solucionar el problema (cuando ella es la responsable) o simplemente comprenderlo, captarlo, cuando no lo es.

El trabajo dependiente (un empleo, por ejemplo) alcanzará tal grado de justicia, de humanismo, de naturalidad y de libertad que puede llegar a ser considerado como un pasatiempo bien retribuido y no como un suplicio insufrible por quien lo realiza, porque cada individuo ya tiene satisfechas sus necesidades básicas; solo trabajaría por aumentar su ingreso y por simple gusto. La explotación del hombre por el hombre (donde cada uno es un “recurso no reponible”) queda de hecho eliminada.

Definimos al dinero, a grandes rasgos, como un patrón de medida de la riqueza social total (la suma de la riqueza natural y de la artificial, generadasmediante el trabajo). Él no es la riqueza, tal como el metro no es la distancia, ni el termómetro la temperatura.

El concepto de escasez es clave en la economía de “libre mercado”. Pero el ciclo define a la escasez como falta de riqueza, como falta de previsión, como perjuicio. Porque ella misma es, de por sí, la demostración práctica de la ineficiencia de la economía y de sus ejecutores. Demuestra la ineptitud de sus responsables y, en especial, de sus ideólogos. Utilizar la escasez como explicación de la propia economía es una incoherencia, un dislate, un absurdo. El ciclo nos dice que hay que preverla, evitarla y derrotarla.

Así, queda definida la abundancia como aumento de riqueza, como existencia de trabajo, como fruto y fin de la previsión, como inteligencia. Es el cumplimiento efectivo del ciclo económico; es su razón de ser. Hay que alcanzarla siempre.

A través del cumplimiento del ciclo económico haremos posibles la libertad y la liberación, la igualdad y la justicia, la solidaridad y el enriquecimiento. Todo dentro de la independencia real y definitiva.

 

 


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