¿Buscas otro libro?
Buscalo aquí:
Amazon Logo





 

LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA
Teoría económica complementaria

 

Alberto C. Sigales

EL ESTADO

“La aplicación práctica de estos principios dependerá siempre y en todas partes de las circunstancias históricas existentes...”, decimos junto a Marx y Engels, pero agregando que cada sociedad se dará a sí misma las herramientas que considere oportunas, sabiendo que, aunque existe lo racional y momentáneamente imprescindible, nada es eterno. Especialmente en la forma de Estado que cada sociedad quiera darse.

Para el indev el Estado tiene que cumplir un rol que es exactamente el opuesto al que proponen los neoliberales: su papel fundamental consiste en el control, tanto de los precios como de los índices de crecimiento en los que se basa el valor de esa moneda, para evitar la posibilidad de que exista la apropiación indebida de riqueza, la irreparabilidad y la especulación, en fin, para eliminar la indignidad. Mientras los neoliberales propugnan debilitar en lo máximo la posibilidad del control estatal, con el objeto de beneficiar a una minoría, esta economía exige el control del Estado para beneficio de todos, incluso de esa misma minoría. El Estado debe controlar que se cumpla fehacientemente el proceso, el orden y las etapas del ciclo económico. Pero, si la sociedad así lo quiere, no mucho más.

El ciudadano en su papel de benefactor es el privilegiado de esta economía, y su obligación con ella es la denuncia ante los organismos estatales correspondientes de cualquiera de estas violaciones. Cualquier productor es también un benefactor, por lo que toda la sociedad tiene ese derecho y esa obligación, que en definitiva definen y defienden, ambos, a la riqueza social.

Cada sociedad, soberanamente -y sería lo deseable que democráticamente-, podrá dar otras posibilidades a su forma de Estado elegida. Este podrá, o no, seguir cumpliendo las tareas que hoy mantiene en los diferentes sistemas económicos que hoy existen, y los electorales o políticos que de ellos se derivan. Cada sociedad es, por fin, realmente libre.

Como dijimos al comienzo, hoy en el mundo hay sólo dos sistemas económicos. No obstante ello, dentro de cada uno existen innumerables formas diferentes de Estados. Si analizamos el capitalismo, podemos decir sin temor a cometer errores gruesos, que existe una forma de Estado por cada país. Si llegáramos a analizar las formas electorales que estos tienen y que conforman la definición más utilizada –aunque no es la mejor ni mucho menos-del nivel de democracia de cada país, aseguramos que hay una por cada Estado. Es más, hay estados capitalistas con diferentes sistemas políticos: hay republicanos y monárquicos, presidentes designados y dictaduras, presidentes electos que ejercen durante distinta cantidad de años, con reelección y sin ella, etc. Nadie, hasta ahora, puede asegurar que cualquiera de esas diferencias, tomándolas por separado, sea mejor que la otra, sin olvidamos de la obviedad de que sí existen algunas que no son las mejores. Nosotros, al agregar una nueva forma económica, no podemos más que confirmarlo.

Así, de esa misma manera, cada sociedad se dará la forma de Estado, y sus funciones, más apropiada a sus propios requerimientos. Definirá, por ejemplo, cuál es el monto de indevs que se distribuirá entre sus habitantes como ingreso mínimo, como patrón I, y su forma de hacerlo. Podrá hacerlo con diferentes montos según diferentes criterios, o podrá hacer que todos obtengan la misma cantidad sin diferencias. Esa distribución es aconsejable que se haga a través de organismos estatales, al menos hasta que la economía se auto sostenga. Debemos asegurar que todavía no se ha inventado una forma capaz y justa de suplir al Estado.

La recaudación para el mantenimiento del Estado se realiza, vaya novedad, a través del cobro de impuestos. Pero no puede existir, bajo ningún concepto, un impuesto al consumo, esto es, un impuesto al benefactor, cuyo ingreso es definido socialmente y distribuido en forma estatal. El ingreso principal del Estado ha de ser obtenido a través del impuesto a las ganancias, a las rentas, en fin, a los beneficios que todo productor define para sí mismo, según su criterio individual, y otra u otras formas fiscales que se consideren oportunas, siempre sin afectar al benefactor.

Está muy de moda hablar sobre la reducción del Estado. No existe ninguna solución mayor a ese problema que la aplicación del ciclo económico. Una enorme cantidad de tareas que realizan los Estados modernos serán obsoletas o inocuas con su simple puesta en práctica. Sólo nombremos una e imaginemos qué hacer con las organizaciones oficiales relacionadas con ella: la eliminación de la pobreza.

Más atrás escribimos una nota aparte, donde dijimos que cada sociedad debe procurarse las herramientas necesarias para no sufrir abusos desde el gobierno. Esa posibilidad se hace muy necesaria en función de la “fragilidad” o dependencia que adquiere toda la ciudadanía mediante el ingreso natural. Debemos poner en claro que esa fragilidad puede ser manejada por gobernantes inescrupulosos para usarla a favor de sus propios intereses o en contra de los intereses del benefactor. Avisada de la existencia de esa posibilidad, repetimos que la sociedad debe darse las herramientas preventivas que estime pertinentes.

El Estado para esta economía es un mal necesario. Debe tender a desaparecer, cuando el avance de la humanidad sea tal que permita lograrlo sin menoscabo de la igualdad, la libertad, la independencia y la seguridad de todos los hombres. Pensamos, mejor dicho aventuramos, que la aplicación de esta propuesta, por sí misma, permite acelerar ese avance y aumentar enormemente la amplitud de horizontes, incluida la posibilidad antedicha de hacer del mantenimiento del Estado un costo social menor.

 

 


Google
 
Web eumed.net

 

Volver al índice de LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA

Volver a "Libros Gratis de Economía"

Volver a la "Enciclopedia y Biblioteca de Economía EMVI"