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LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA
Teoría económica complementaria

 

Alberto C. Sigales

LA PROPIEDAD y OTROS VALORES

Sobre el origen de la propiedad dicen los economistas actuales: ”Por ejemplo, la defensa de los derechos de propiedad sobre la tierra parece ser la forma en que se manifiesta en la especie humana la territorialidad tan común entre los restantes mamíferos y muchas otras especies. Uno de los atributos necesarios de la propiedad es la publicidad, el que "los otros" puedan reconocer que se encuentran ante una propiedad ajena. Como sabemos, los animales territoriales etiquetan su territorio mediante marcas olfativas, visuales y sonoras al igual que nosotros lo hacemos mediante letreros. Además no sólo saben interpretar las etiquetas dejadas por otros, sino que su comportamiento varía totalmente si están en un territorio propio o en uno ajeno.”

Desde la óptica que nosotros debemos tomar, la económica, todo animal, incluso el hombre, es un cuerpo que necesita ocupar un lugar en el espacio. De ese lugar y su entorno es de donde obtiene su sustento, que en definitiva es lo que defiende. Un perro domesticado con su comida en el plato la defenderá hasta de la mano que se la brinda, pero no es serio pensar que ese animal considere al plato como su propiedad o su territorio: no defiende al plato sino su contenido. Una vez el plato quede vacío, ya no tendrá para él valor alguno.

Lo mismo sucede con todos los animales, incluso el hombre primitivo. Aquellos que son territoriales y marcan una zona, no lo hacen en el sentido capitalista de propiedad, sino que la marcan para evitar que otros animales de su misma especie le quiten su sustento –en su forma de obtención de alimento, de la posibilidad de procreación que este le brinda y las demás seguridades-, formas de sustento que se ubican dentro de un territorio, el que comparten con otras especies y a las que no se lo “expropian”, como pretende hacer el ser humano con sus congéneres y las demás especies. Ellos no marcan el “plato” sino que marcan su “contenido”. Si de esa zona no pueden ya obtener su sustento, la abandonarán sin dudarlo, corriendo el riesgo de ingresar en territorios con su “contenido” ya marcado por otros. Y lucharán por él, invasores e invadidos, ¿esto es lo que los defensores de esa idea esperan que el hombre racional haga? No es razonable ni de hombres racionales pensar de esa manera: el hombre tiene más capacidad para entender y hacer entender de dónde en realidad proviene su sustento.

Ni siquiera los animales son tan elementales como para creer que la posesión del “plato” les brindará sustento por siempre, y que el simple hecho de su “apropiación” se los asegura; es más, seguramente ni siquiera “consideran” –instintos de por medio- que su sustento “proviene” de él, sino de donde realmente lo hace. El único animal lo suficientemente primitivo como para considerar –desde el punto de vista económico- que eso podría ser cierto es el hombre “racional”. La relación de los animales con la naturaleza que les rodea es menos compleja que la humana, ya que sólo consiste en la extracción de recursos sin daño extremo, esto es, sin la necesidad de reposición. El ciclo económico que el hombre racional y razonable debe cumplir consigo mismo y con la naturaleza necesita de un concepto más apropiado de propiedad, valga el juego de palabras.

Por lo tanto la explicación del derecho humano de propiedad sobre la tierra no puede darse a través de la similitud con los mamíferos y otras especies, sino consigo mismo y con la pachamama. Ya sabemos que todos los seres humanos, al igual que todos los animales y vegetales, de una manera u otra obtiene su sustento principal desde la naturaleza en general, y no sólo de ese insignificante “plato” marcado. Los hombres modernos ya no viven de la caza y la recolección sin destrucción, sino que dependen de lo que producen otros hombres, quienes destruyen y reponen lo destruido. Que comparten ese único territorio –mucho más grande que “mi plato”-que llamamos pachamama. Todo ese espacio es un medio de producción, natural. Todo él es el factor  .

Para el hombre actual, esa ley (la llamada “ley de la selva”), sólo tiene sentido con el fin de mantener la diferencia entre clases: la poseedora y la desposeída, la expropiadora y la expropiada, la invasora y la invadida. Quienes utilizan ese concepto (o el de que sólo sobrevive el más fuerte, la más equivocada versión de la evolución), es un promotor de la lucha de clases. Y ésta sólo la promueven quienes se benefician de ella: los defensores y promotores de los sistemas de explotación irracional del hombre y la naturaleza, los primitivos, los “propietarios” del “plato” que se llama mundo. Los hombres racionales, especialmente los “invadidos” (específicamente, los trabajadores), que tienen conciencia de la existencia de la lucha de clases no son sus promotores, sino exactamente lo contrario: son sus opositores, sus adversarios.

Las definiciones de cualquier concepto empleado por la economía capitalista –como el de propiedad dado más arriba-dejan mucho que desear desde la óptica económico científica. El propio concepto “oficial” de capital es un ejemplo más de esa mediocridad.

 Dentro de los sistemas económicos de clases antagónicas que han existido, el derecho de propiedad sobre cualquier bien tiene por base fundamental la propiedad sobre el dinero; el derivado de aquel “sobrante” original. Esta es la propiedad que sus poseedores utilizan como base explicativa de sus privilegios; es más, basan todo ese “derecho de propiedad” en la adquisición, directa o heredada, que realizan por su intermedio. Aunque los tecnócratas no gusten de esto, debemos decir que el concepto popular de capital es un neto sinónimo de dinero, y es también la definición exacta de él en el capitalismo. El dinero es el capital, y tiene sus escasos dueños. Dice el mayor estudioso del capitalismo, Carlos Marx: “El dinero en cuanto dinero y el dinero en cuanto capital sólo se distinguen, en un principio, por su distinta forma de circulación”. El indev no es “capital” ni tiene dueños, mucho menos “escasez” de ellos.

Nuestro sistema, que se basa en el ciclo de la riqueza, reconoce totalmente el derecho de propiedad sobre los diferentes medios de producción para toda persona física o jurídica que cumpla con los requisitos indispensables que él exige.

En el sistema que se propone, el derecho a la posesión de un campo –o cualquier otro medio de producción-está totalmente permitido a todo ser humano en su rol de productor, pero conlleva en sí mismo, contiene dentro de sí, simultáneamente, la exigencia de cumplir con la obligación de reponer la riqueza extraída por su explotación: eso es lo que demanda. Mientras se cumpla con esa obligación, se mantiene el derecho de usufructo de ese medio de producción, como medio de producción y medio de reposición, que es ambas cosas. La propiedad de uno de ellos hace que su titular, individual o colectivo, sea definido como productor y no como benefactor: no tiene sentido económico poseer un medio de producción para contemplarlo. Lo que otorga el derecho de propiedad sobre cualquier medio de producción no es el hecho de adquirirlo, sino el cumplimiento estricto de la obligación de usarlo como medio de producción de bienes y como medio de reposición de la destrucción que inevitablemente se genera por su explotación. Ha de cerrarse todo ciclo que se inicie.

De aquí se desprende que la explotación de riquezas no reponibles, o de muy difícil reposición, hacen que su explotación y el derecho a ella sólo pueda cumplirlo y aceptarlo la sociedad en su conjunto.

La forma de propiedad -privada o no-de lo que se conoce como medios de producción es indiferente para esta economía, mientras su explotación ejecute el único requisito indispensable del cumplimiento del ciclo, esto es, mientras el propietario concrete continuamente el factor  , la creación de riqueza artificial   que le corresponde y la reposición de la natural  en la que esta se basa. El ciclo económico obliga a toda la sociedad, por intermedio de sus directos responsables que son los usufructuantes de esos medios, a cumplir necesariamente con la reposición de la riqueza extraída. De allí que si un medio de producción no es explotado como tal, es un perjuicio absoluto para esa economía y por ende para esa sociedad. Un medio de producción ha de ser un medio de producción, no un paisaje telúrico.

No existirán más campos inexplotados o fábricas cerradas por sus dueños, sino el abandono de esos medios de producción por parte de sus usufructuantes; esto parece una sutileza, aunque en realidad es fundamental. Porque una fábrica abandonada no es una fábrica cerrada: podrá volver a producir mientras haya interesados en reactivarla. Un medio de producción debe producir, si no deja de ser lo que es. Y lo que no es lo que debe ser, no tiene sentido económico, ni ningún otro.

El rol de productor existe cuando un hombre realiza un trabajo, mediante el uso de un medio de producción, que produce y repone riqueza, la que implica un esfuerzo especial para lograr la necesaria reposición, y ese rol lo hace de una manera directa pero nunca automática. En cambio, en el papel de benefactor lo logra automática e indirectamente: no necesita de un esfuerzo especial más que el de adquirirla.

Todo benefactor –todo ser humano en ese papel-logra el derecho total e irrestricto de posesión y de usufructo de todo bien integrante del módulo   al adquirirlo para su consumo o uso, pues siempre cumple con su parte del cierre del ciclo económico, automáticamente, y esta particularidad es lo que le asegura ese derecho. Por eso es indispensable que todo benefactor merezca un buen poder adquisitivo por el simple hecho de que éste es el que le permite concluir el ciclo de cualquier bien, al adquirirlo y consumirlo o usarlo. Todo bien que cumpla con la condición de no ser un medio de producción social –único medio que no puede ser accedido por el hombre en su rol de benefactor sino únicamente en su rol de productor-pasa a ser posesión privada sin restricciones del benefactor que lo adquiere. Cualquier objeto (que no sea un medio de producción) cumple con esas condiciones, puesto que plasma su parte correspondiente del cierre del ciclo que le atañe.

En tanto que todo aquello que sea un medio de producción de cualquier bien que necesite ser consumido socialmente, pasa a ser posesión en usufructo del productor (que por lo tanto no es un benefactor) que lo adquirió, a condición de que, con su uso, éste cumpla con el cierre del ciclo económico, pues en ese cumplimiento se basan sus derechos y sus obligaciones. Para el ciclo ha de ser así, puesto que el manejo de un medio de este tipo genera responsabilidades que pueden hacer correr el riesgo de irreparabilidad económica, anteriormente definido. Todo medio de producción es también un medio de reposición y ninguno de los dos completa el ciclo que le concierne en forma automática.

Que todos los hombres y cada uno tengan, disfruten y posean lo producido por el hombre mismo es el objetivo de la economía: que se haya satisfecho la necesidad de poseerlo. El hombre no posee ni tiene derecho alguno sobre aquellos bienes no producidos por su propia mano. Solamente puede tomarlo prestado y reponerlo, debe cumplir con el ciclo económico que se realiza con ellos y a través de ellos. Ningún derecho, ni el de propiedad ni el de comercio, está por encima del derecho humano natural a una vida digna, que se alcanza, entre otras cosas, teniendo, disfrutando y poseyendo lo socialmente producido.

Todo invento realizable, toda creación artística o técnica, toda novedad científica ha de ser reconocida, obviamente, por la sociedad a su creador o creadores, mediante la forma que esta quiera darle, sea en dinero, en fama, en su combinación o en otra u otras cualquiera. Seguirán existiendo las patentes o los derechos de autor, por ejemplo. Pero no existe el derecho de propiedad individual u otro sobre ellas, sino el merecido reconocimiento a su autor. Toda la humanidad es su propietaria, pasa a formar parte de la riqueza, es   Todo invento técnico o creación artística tiene un fin: el de su uso por el hombre como benefactor, quien es el que posee todos los derechos sobre ese bien al adquirirlo o usarlo. Y todos somos uno, incluso el propio creador.

Sobre la ecología, citaremos las palabras iniciales del Capítulo 9 “Como si fuéramos los últimos” del libro “Al margen de la globalización“ de Ricardo A. Lomoro:

Dice Lester Brown que “nos comportamos en cuanto al medio ambiente como si fuéramos los últimos. Asistimos al mayor proceso de extinción desde los dinosaurios”. Segun la World Conservation Union: 48.000 especies vegetales, 9.600 tipos de aves, 4.400 mamíferos, están amenazados de extinción. Los límites clave XXI serán: el agua dulce, los bosques, los pastizales, los bancos de pesca, la biodiversidad, y la atmósfera del planeta. Pero, ¿seremos capaces de reconocer los limites naturales de nuestro planeta y ajustar nuestro desarrollo en función de ello o procederemos a expandir nuestra impronta ecológica hasta el punto de no retorno? ¿Nos encaminamos hacia un mundo donde la aceleración del cambio desbanca nuestra capacidad de gestión y nos lleva a un declive a gran escala de los sistemas ecológicos?

En el Informe Global de la ONU -Geo-2000-sobre la situación medioambiental en que vamos a recibir al próximo milenio, la conclusión es clara: “El actual curso de las actividades humanas es insostenible. Es imposible posponer los remedios por más tiempo”. La creciente pérdida de biodiversidad es un problema urgente por irreversible. Una vez producido no es posible resolverlo, solo podemos actuar con prevención. La disminución de la capa de ozono y el cambio climático han planteado un nuevo reto: la necesidad de afrontar de modo urgente problemas globales inducidos por el hombre capaces de destruir toda la vida del planeta, no solo la humana”.

Nosotros no sólo lo compartimos sino que lo afirmamos porque hablamos que la naturaleza da la riqueza, o de la riqueza de la naturaleza, y su ciclo económico, que nos ha mostrado que si no reponemos lo extraído, si no reparamos lo dañado, si no restituimos lo destruido, no hay riqueza ni futuro posibles. Dijimos que la vida es riqueza, incluyéndolas a todas, si fuera correcto usar es palabra en plural. Nuestra propuesta no separa al ser humano de la ecología, tanto por afirmar que él es el principal responsable de su daño como de su cura, así como para confirmar que él es también otra y una más de las vidas que la integran. Mediante esta propuesta no seguirá dañándola ni destruyéndola.

En cuanto a los cambios que promueve en aquellos “valores” de muy reñida definición científica que demasiado reiteradamente utilizan los economistas -porque son muy abstractos o porque no están siquiera definidos­, nos atrevemos a conjeturar que serán totalmente renovados, actualizados y, lo más importante, traídos a tierra nuevamente. Dejarán de andar volando por los aires.

No hay ni hubo teoría económica más contraria a la libertad que la neoliberal. Es la economía del pensamiento único.

Decimos junto a Ricardo A. Lomoro que en su libro ya citado, Capitulo 10, titulado “Las otras formas de totalitarismo. El pensamiento único (o peor aun, pensamiento “cero”)”, él dice: “Para el éxito de la globalización el totalitarismo de mercado es condición necesaria, pero no suficiente. Necesita además que el individuo no piense (pensamiento “cero), no dude, no discuta sobre las reglas del mercado, sobre el imperio del mercado; acepte el librecambio como un hecho (¿afortunado?) de la naturaleza. [Que el individuo] Se entregue a las verdades absolutas que los profetas del capitalismo global le sirven por los medios de comunicación día a día (pensamiento “único”).

Lo que ciertos periodistas y políticos llaman “democracia”, es en realidad una oligarquía liberal”.

El concepto de libertad que nos ingresaron por los poros los liberales, los neoclásicos, los clásicos suyos y los neoliberales –estos falsos paladines de ella-, será barrido por la realidad, esa empecinada realidad, única ley de leyes, indiscutible.

Esa libertad por ellos monótonamente repetida y nunca definida, al fin adquirirá un sentido cierto. Perderá el sentido, primeramente, de ser un “algo” que sólo llegan a conocer aquellos pocos que la alcanzaban, para ser algo cierto y accesible para todos. En segundo lugar, perderá el sentido de muro tras el cual se esconden todas las injusticias, para adquirir el de horizonte abierto al mundo con las responsabilidades que ello trae consigo. En tercer lugar dejará de estar compartimentada, divorciada, quebrada en partes para convertirse en una única libertad: ya no habrá necesidad de distinguir entre libertad económica, política o de pensamiento, por ejemplo. Será lo que siempre debimos hacer que fuera, simplemente, libertad. Se concretiza lo abstracto.

Miremos esta propuesta desde su punto de vista, y veremos que en el benefactor se personaliza la libertad, se incorpora en él, se hace parte de él. También veremos que el hombre como trabajador, como productor, no ha tenido nunca mayor libertad de acción, de elección, de perfección. Lo hemos dicho muchas veces pero lo repetiremos: cada uno de nosotros, cada ser humano es un benefactor y cada benefactor es un productor. Por eso la libertad se hace concreta en el hombre mismo y se generaliza en la humanidad. Nunca se habrá disfrutado de mayor libertad.

La libertad, esa libertad, esa única libertad, hace que sea posible la independencia económica completa, tanto en un sentido social como individual. Cada hombre tomado por separado podrá ser él mismo, cada sociedad tomada por separado podrá ser lo que ella quiera ser. Esa libertad hace que sea posible la emancipación de todos, sea tomada en sentido nacional como internacional. Sabemos que la independencia económica es la que permite las demás. Nunca se habrá disfrutado de una independencia similar.

La libertad, esa libertad, esa única libertad, hace que la democracia exista por vez primera en la absoluta mayoría de países del mundo que hoy creen vivir en ella. No hay democracia cuando una ínfima minoría es la que disfruta de los bienes que da la vida. Porque no son muchos los pueblos que hoy pueden decir que en su país no hay sectores con intereses encontrados, opuestos, enfrentados, condición indispensable para que exista democracia. Todos esos países solamente están viviendo una democracia renga, tuerta, incompleta. Les falta dar el salto de sufrirla e imaginarla a vivirla y disfrutarla. Con esta propuesta se satisface así otra necesidad.

 

 


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