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LA NATURALEZA DE LA RIQUEZA
Teoría económica complementaria

 

Alberto C. Sigales

Ejemplo para Uruguay

No es fácil dar un ejemplo concreto puesto que no accedimos a los valores reales de cada uno de los módulos que integran las ecuaciones, por intermedio de las cuales se alcanzan los resultados que se necesitan para una completa demostración. No obstante ello, trataremos de dar una idea aproximada con el siguiente ejemplo. Supongamos el caso de Uruguay, con tres millones de habitantes, y con la propuesta de otorgarles a cada uno de ellos, como benefactores, la cantidad de 500 dólares estadounidenses mensuales, es decir, 6.000 anuales.

Como  nos queda 6.000 3:= 18.000: . Esto quiere decir que Uruguay, para empezar a utilizar y respaldar al indev debe generar mediante el trabajo esos 18 mil millones de dólares anuales (que también es el “valor del trabajo” de los uruguayos), cifra con la que solamente se alcanza a cubrir el pago del ingreso individual mínimo anual. Parece ser una cifra demasiado grande.

Pero falta aún calcular el valor de la riqueza total  , la riqueza accesible que existe en el país y desde la cual el indev toma su respaldo y mide su valor, esto es,   Debe quedar claro que el valor de esa cifra que representamos con la letra  , es la cantidad máxima posible de indevs, la cantidad máxima de riqueza factible de distribuir.

El valor de  ya lo calculamos, ¿pero cuánto puede llegar a ser  ? Para ello tendríamos que sumar el valor de cada hectárea de tierra sin cultivar más cada hectárea cultivada y según el cultivo, más cada cabeza de ganado vacuno, ovino, porcino, etc. Debiéramos agregar la riqueza pesquera, la minera y la forestal; en fin, toda la riqueza natural del país, y es muy fácil imaginar que también es una cifra enorme.

A su vez si calculáramos todo lo que conforma el módulo  , que comprende toda la riqueza artificial producida por las generaciones anteriores, todo aquello que el hombre construyó y que está integrado a la fisonomía del país, también llegaríamos a una magnitud que es gigantesca. ¡Imaginemos entonces cuánto podría llegar a ser la suma de   más  y esta multiplicada por esos 18 mil millones! Esa cifra estrepitosamente grande,  , es el respaldo del indev, y el “capital” con que cuenta la sociedad uruguaya para utilizar en lo que crea conveniente, en lo que necesita. O en lo que le venga en gana...

Esto demuestra que quizá se puedan distribuir, para mover toda la economía, no ya 500, sino 800, o quizá 1000 dólares estadounidenses por habitante y por mes, durante toda la vida. Damos como ejemplo simple de comparación que Uruguay, en el año 2000, tuvo un PBI de 20.053 millones de dólares, mayor que esos 18.000: que exigiría el ejemplo como valor del factor

Imaginemos ahora el movimiento que se generará en ese primer año. Imaginemos la producción, la magnitud de las compras, la satisfacción de necesidades que se alcanzará en ese primer año. Pero principalmente, imaginemos cuánto aumentarán   y  durante esos doce meses, y en qué cantidad esos nuevos valores aumentarán el respaldo del indev y la nueva cifra   para los siguientes. Podríamos seguir imaginando todas y cada una de las cifras que se manejan en la economía. No hay que ser muy imaginativo para darse cuenta que el país sería otro. Definitivamente otro mucho mejor.

 El indev no es una mercancía pues ni se compra ni se vende; no tiene propietarios, ni se transforma mágicamente –como las otras monedas-en ninguna de la enorme cantidad de mercancías que existen. Así como un metro no se transforma en la tela que mide, o una pesa no se transforma en el azúcar con que se la compara, el indev no se “transforma” en ninguna mercancía. No lo es ni nunca llega a serlo.

El indev es un patrón de medida fijo. Supongamos que utilizáramos el metro para medir la riqueza de un país. Diríamos entonces que la riqueza del período anterior medía  metros y que ahora aumentó a   metros. Lo que estaríamos diciendo es que la “distancia” aumentó, pero nunca diríamos, sensatamente, que el metro pasó a ser más largo; es irrebatible que un aumento de riqueza no modificaría la longitud del metro. El indev, como el metro, no se devalúa ni se revalúa; lo que cambia o puede cambiar es la “distancia” que mide. Es más, esa “distancia” debe variar continua y positivamente para que la economía mejore.

Con él en su forma macroeconómica, se representa el valor en concreto de la riqueza social general, de  , obtenida desde el trabajo de lasgeneraciones anteriores más las actuales y dirigida a las futuras. Él, en cualquiera de sus formas, no “representa” ni “hace las veces” de la mercancía que se adquiere por su intermedio, sino que mide su costo social de producción: su precio. Así, el indev representa numéricamente a todas y cada una de las mercancías; y a su vez, representa mucho más que todas ellas. Los factores que integran la fórmula del ciclo económico () identifican por sí mismos lo que él es. Su respaldo total, la magnitud  , además de la riqueza propia  de la zona, contiene el trabajo social, el factor  (que tampoco es mercancía). Así, el indev no sólo se respalda en él sino que también mide ese trabajo; lo representa numéricamente. El respaldo del indev es la suma de todas las mercancías creadas por el trabajo del hombre (

++ AA) más el factor  que las produjo, la actividad transformadora de la riqueza natural original y la actividad creadora-reponedora de riqueza nueva.

Cuando se reponga la deuda que tenemos con la pachamama es cuando se genera nueva riqueza propiamente dicha; riqueza otra vez natural, que aumenta el “capital inicial”, aumentando el saldo a nuestro favor. Con el indev -o con el granindev-, se mide el aumento del valor de esa riqueza. Así se obtiene la cifra que representa qué hicimos los hombres de bueno, en esa zona, durante ese período; con nosotros mismos y con la naturaleza. Y el balance de estas cifras nos devuelve la nueva riqueza producida, el nuevo valor del factor  : el valor  . Esa riqueza, ese número, es un aumento preciso de la riqueza total  , y del respaldo que la moneda ya tenía. El indev es la moneda de ese tipo de economía, que representa esa riqueza total  y está respaldado por ella. Es una cifra enorme, suficiente.

Cuando ella aumenta, es posible –y al principio necesario-aumentar la cantidad de indevs para representarla. No obstante, ella siempre será mayor, pues cumple con un círculo virtuoso inacabable. En tanto que la población de un país es una cantidad limitada; sus necesidades más urgentes se sacian muy prontamente; en tanto que las otras -los gustos o caprichos-, también se irán satisfaciendo: todas ellas están y son acotadas a un período histórico. Así, la cantidad de billetes que se necesitan también están delimitados en cada uno de esos lapsos de tiempo. La cantidad de indevs alcanza periódicamente un punto diferente de saturación.

El ciclo económico nos indica otra cosa importante: además de eliminar definitivamente los intereses, modifica el concepto de préstamo o empréstito. Lo que antes se englobaba en una única palabra, ahora se divide en préstamo propiamente dicho y en adelanto. Cada hombre, en su papel de benefactor, auto garantiza su capacidad de pago.

Con el indev se confirma algo que siempre existió y que nunca se reconoció. Quien necesita un préstamo y lo solicita, lo utiliza para invertirlo en sí mismo, en su familia o en la sociedad: lo usa en consumo o en producción; coincidentemente, éstas son las dos maneras que se tienen de aumentar la riqueza total. Por lo tanto, esa persona lo solicita para darle a ese dinero unuso real y efectivo, cosa que no permite su acumulación. Ése uso hace que aumente directamente la riqueza de la zona de que se trate. Esto motiva que el “deudor” merezca el apoyo de la sociedad y de la economía, pues con su inversión (tenga ésta un fin productivo o de consumo, indiferentemente) la propia riqueza de ambas aumenta automáticamente. Si no fuera porque aún no se conoce el resultado final que generará la inversión de ese préstamo, la sociedad debería pagar un beneficio, un “interés”, a quien lo pide, puesto que el objetivo final de esa persona (consciente o no), es mejorarla; aumentar la magnitud de la riqueza. Y por el contrario, se debería impedir el ahorro, porque el ciclo económico nos muestra que el dinero ocioso es perjudicial; no cumple su real función. El dinero quieto no cierra el ciclo económico: ni produce ni consume. Se confirma así que es innecesario agregarle un costo, un precio, un “interés” a los préstamos. Cualquier préstamo será devuelto con “interés” incluido cuando llegue el momento en el que se conoce cuál ha sido el resultado económico del período; cuando se cierre el ciclo económico inmiscuido en su solicitud. No obstante, se pagará un honorario fijo (conocido y reconocido previa y ampliamente), como costo administrativo o de servicio, por necesidad de pago del servicio que lo atienda.

La economía del ciclo económico dice que toda necesidad ha de ser satisfecha. Si un benefactor adolece de alguna de ellas, podrá solicitar un préstamo –en este caso podría ser un adelanto a cuenta de lo que recibirá como ingreso social-para satisfacerla plenamente o para iniciar un proceso que lo permita. No sólo es un derecho inalienable de él, sino una obligación de la sociedad para con él, derivada de esa obligación de satisfacer todas las necesidades.

Si la sociedad necesita de una fábrica (cualquier otro medio de producción es igual) que produzca una mercancía que no existe, o de una que compita con un producto ya existente pero que tiene poca o ninguna competencia, un individuo o un grupo podrán obtener el dinero suficiente para comprarla o fundarla y echarla a andar. Su misma existencia como medio de producción hará que el “capital” (la riqueza) que la posibilitó aumente de por sí, y lo irá aumentado día a día, a medida que vaya produciendo. Por eso es que sus fundadores no pagarán interés por aquel préstamo que obtuvieron para crearla; los “intereses” son pagados con su existencia y su funcionamiento.

El indev representa un valor tangible, cierto, verificable: una proporción directa del fruto de todo el trabajo realizado en un período dado y de la riqueza acumulada en la zona en cuestión, desde épocas anteriores hasta las actuales. Por lo tanto su valor no es deformable; es concreto, preciso; mantiene un valor constante dentro de un período dado. Elimina así la posibilidad de especular con él; excluye la apropiación indebida de riqueza.

Sin embargo, su valor intrínseco, el que representa, aumenta durante el período que se considere, a medida que avanza la producción en general, que debe ir siempre creciendo, irreversiblemente, si las cosas se hacen bien. Cuanto más se usa, más riqueza genera. Elimina así el lucro improductivo y el ansia de acaparamiento y acumulación; pues aunque siempre se está obteniendo un beneficio idéntico por lo que se vende dentro de un mismo período, no necesita ni obliga a subas de precio o de disminución de costos. Los costos de reposición de cualquier mercancía se conocen previamente a suproducción, lo que evita la inseguridad en la inversión o la reinversión. Ésta puede realizarse una vez atesorada la venta efectuada, lo que no se logra hasta que no sea adquirida por el benefactor; tal característica traba (si es que no lo hace imposible) el acaparamiento especulativo.

Si un comerciante (u otro integrante del ciclo económico de cualquier bien) decide acaparar o acumular cierta mercancía, deberá, previo a todo, pagarle su precio al productor ubicado antes que él en la cadena productiva; pues si no lo hiciera, generaría una reacción inmediata de él o ellos. Además correrá el riesgo de que los demás comerciantes no sigan su mal ejemplo, manteniendo la distribución normal de ese bien,  arruinándole el “negocio”. Si de todos modos el comerciante decide continuar con su actitud, cualquier integrante de la sociedad –incluido el Estado-puede utilizar las herramientas financieras que el ciclo permite para evitarle el “negocio”, o utilizar los instrumentos legales que existan o se creen para castigarlo por tal comportamiento. Es el sistema económico por sí mismo el que, sin necesidad de una acción coercitiva, le cierra las puertas a ese tipo de “negocio”. Sin menoscabo de que es el Estado el que debe prever y dar una solución jurídica a esa cierta posibilidad delictiva.

El poder adquisitivo de cada habitante, su salario común y corriente o su ingreso natural, o ambos, está dado por el valor del indev, que es conocido, concreto, inmodificable dentro de tal período. Ése poder de los ingresos es lo suficientemente alto como para que el precio de toda mercancía pueda ser de un nivel alto, quizá el internacional, o tal vez –seguramente-mayor que éste.

La sociedad que utiliza esta moneda no necesita de capitales extraños ni de inversores ni inversionistas para alcanzar sus objetivos; su uso no genera deuda externa. La inversión se realiza a través del “capital” con que se cuenta desde y en la riqueza total  , representada por el indev y lo respalda. Su propietaria es la sociedad en su conjunto. Hace que sea mucho más redituable cv vvinvertir cualquier dinero (que es mucho) en la producción que en la acumulación, pues los propios índices de crecimiento que el indev mide aumentan con los de aquélla, y de una forma más rápida.

Definida de esa manera y dentro del período establecido, la moneda -en forma de billete o en otra cualquiera-que se tenga en la mano, tendrá un valor específico, firme, conciso, que no puede ser modificado arbitrariamente por nadie; porque están ahí, verificables, las cifras que se relacionaron entre la actividad del hombre y la riqueza de esa zona en ese período.

: Es cierto que existe la posibilidad de que algún gobernante pueda torcer esas cifras en su interés, pero para ello existe la información y las herramientas sociales (la justicia por ejemplo), que se encargarán de colocarle las trabas que sean necesarias. Además, de esa posibilidad no se escapa ningún sistema, por

“perfecto” que parezca. Al menos hasta ahora.

La cantidad de unidades a imprimir de indevs ha de estar relacionada directamente con tal riqueza y necesariamente con la cantidad de habitantes de la zona en cuestión, en ese período, en cantidad suficiente para que permita racionalmente el cumplimiento efectivo de la principal de todas las metas: el pago del ingreso natural, el patrón  , Para que por su intermedio se vayan satisfaciendo todas las necesidades de la gente.

Otro ejemplo. Supongamos que este año la riqueza total aumentó un 2% con relación al anterior. Si existe una persona que durante el año pasado había depositado en un banco una cantidad de indevs, éstos no aumentaron su valor, no recibieron intereses. Es más, seguramente esa suma se vio reducida en una cantidad previamente conocida, por el pago del cargo fijo de gastos administrativos. Pero esa persona también recibirá, como benefactor, un aumento del 2% en su ingreso natural, debido a la distribución de la nueva riqueza generada, con el que podrá, si así lo desea, aumentar la cantidad de indevs que tiene depositada. Su capacidad de ahorro ha aumentado un 2%.

También podrán mantenerse el ingreso natural exactamente al mismo nivel que el año anterior (sin distribuirse la nueva riqueza), y utilizarse ese incremento del 2% para generar una reserva implícita o explicita de indevs a nivel social para ser utilizado en una nueva inversión (de obra pública, por ejemplo), con el fin de aumentar el bienestar general. Si la economía maduró como para que se considere que ya se ha alcanzado un nivel de vida suficiente para toda la población (ya no hay necesidades que satisfacer, sino solamente gustos y caprichos), ese incremento, en su totalidad o no, puede ser acumulado en reserva para invertirlo en lo que se considere necesario.

Corrientemente se establece en un año el período económico. Dentro del período actual de un año cada indev irá aumentando su valor intrínseco continuamente tras el correr de los meses (porque  pasa a ser   todos los días), y, sin la necesidad de imprimir más billetes, cada uno de los existentes representará un mayor valor, lo que lo “revalúa” diariamente. Pero atención: esto sucede solamente en comparación con las demás monedas; nunca sucede en relación consigo mismo; el indev es un patrón de medida, no se “estira” ni se “encoge”. Llegados al fin del período, donde ya conocemos cuál ha sido el aumento de riqueza total (por ejemplo aquel 2%), esta podrá distribuirse entre todos los benefactores en forma de aumento del ingreso natural de cada uno; materialmente, a través de mayor cantidad de indevs. Cada indev “anterior” mantendrá su valor. Cada indev “nuevo” valdrá lo mismo que el anterior, y cada ingreso natural de este período podrá ser desde cero hasta un 2% mayor que el del año pasado.

Cada bien producido por el hombre le otorga a sus productores un beneficio que es definido libremente por cada uno de ellos, según su real saber y entender; y hasta según su ambición, que puede llegar a ser desmedida. Por ese motivo, también libremente, podrá –y si quiere seguir vendiendo, deberá-disminuirlo. Los productores podrán este año mejorar sus mercancías o productos (y por ende sus precios de venta) hasta ese máximo de un 2%.

Por lo tanto, ningún bien que mantenga las mismas características que tenía en el período anterior, necesitará ningún aumento de precio. Por el contrario, mantendrá el mismo, pues no ha mejorado su componente esencial: la satisfacción de una necesidad, un gusto o un capricho, ya que el nivel de satisfacción que daría esa mercancía (el valor de la necesidad que satisface), es el mismo. En tanto que cualquier modificación a las características propias de cada mercancía que conlleve un valor nuevo, un valor agregado al original que implique una mejora evidente del producto final, podrá aumentar hasta un máximo insuperable igual a ese 2%. Quizá esté demás decir que lo mismo sucede con los insumos que se utilizan para producir una mercancía; ellos no son más que mercancías, como cualquiera de ellas.

Esta situación nos obliga a subrayar, otra vez, la importancia del concepto. De esa manera se logra que toda iniciativa por mejorar los productos sea reconocida; que el avance del conocimiento y su aplicación en la realidad económica se vea continuamente empujado desde la propia economía. La actualización, la renovación, el mejoramiento de cualquier bien, la inversión en inventiva, así como el estudio y la investigación en general, serán de esa manera recompensados. Nadie ni ningún sector queda excluido de la justicia y la libertad.

La suba de precios tiene un tope máximo establecido (ése 2% dado en el ejemplo), dentro de un período; pueden volver a aumentarse, dadas las condiciones antedichas, en el período siguiente. Pero no tiene límite la baja de precios, que puede ser aplicada en cualquier momento y sin otros topes más que los que los productores dispongan.

El precio de un bien está dado por la suma de los costos inherentes a su producción y las ganancias planificadas por los distintos productores que participan es su ciclo particular. Los costos propios de cada productor son perfectamente conocidos porque sólo contienen: a) el valor de la riqueza natural utilizada -en forma de materia prima u otra cualquiera- y b) los valores agregados por los propios productores –costos y beneficios-de todas las etapas productivas del ciclo económico. El precio final de venta (el costo social de producción), contiene todos los costos agregados y las diferentes ganancias que ocurren durante dicho ciclo, en el sentido del trayecto del bien: el sentido de los costos. El beneficio de cada uno es, para el siguiente, otro costo más, y ese beneficio no lo obtendrá hasta que esa mercancía no sea adquirida por el benefactor, momento en el cuál el ciclo cambia de dirección, tomando el sentido de los beneficios.

Cada productor considera, en justa manera, su propia ganancia como resultado y fruto de su actividad. El ciclo económico nos dice lo mismo; pero también nos dice que así es para todo hombre productor, sea patrono o asalariado, y que cada productor (sin importar cuál de esos roles personifique), debe considerar a los ingresos de sus compañeros de tarea de la misma manera; no como un costo a rebatir. Desde ese beneficio general es de dónde se obtendrán los diferentes salarios a retribuir para cada uno de los hombres dedicados a ésa precisa actividad.

Cuando un productor a nivel industrial recibe una materia prima para su elaboración, su costo contiene –además de los insumos propios de su explotación- el beneficio del productor-extractor; para el industrial éste no es más que otro costo. A su vez, la industrialización de producto le agregará costos nuevos inherentes a esa labor, más los beneficios propios que sin trabas se calculen por el industrial, todo lo cual representará otros costos que abonará el siguiente productor del ciclo, y así sucesivamente, hasta llegar al benefactor.

Para éste, el precio que pagará por la mercancía producida, obviamente, es sólo costo. Se deduce que los conceptos de costo y beneficio son relativos: dependen del punto de vista de donde se miren. Para poder afirmar sin relativismos esos diferentes conceptos, el punto de vista de esta economía toma para sí el punto de vista del benefactor: es el punto de vista del ciclo económico.

Como cada productor es un habitante, también es un benefactor; así tendrá su propio ingreso natural más los beneficios de su actividad específica. El salario que cada productor recibe por su propio trabajo, más el ingreso natural que recibe como benefactor, será utilizado con absoluta libertad en lo que quiera. Podrá usarlo en consumo o podrá usarlo en reinversión, según su necesidad, su gusto o su capricho.

Estamos obligados a decir que llamamos salario a todas las ganancias, incluyendo los dividendos o beneficios, rentas o seguros etc. en fin, a toda retribución extra al ingreso natural del hombre trabajador. El ingreso total hace que (por intermedio suyo y del trabajo que lo generó), todo ser humano al cumplir su rol de benefactor cuente con un ingreso doble para utilizar en consumo, solución del ciclo de la producción y de la economía. La actividad que logra un aumento de las ganancias logra, directa y simultáneamente, un aumento de salarios, y todo aumento individual de salarios implica un aumento del beneficio social, y con ello, logra un aumento del consumo y del consecuente aumento de riqueza, trasladándose así a toda la economía. Repetimos, esta economía es lo que llaman un círculo virtuoso.

Cada mercancía proviene de un número impreciso de componentes. La definición de los precios de cada mercancía está relacionada en forma directa a la definición del producto primordial que la origina, y el de éste con el de la materia prima principal que se utiliza para su fabricación. Por lo tanto, al iniciarse el proceso, se debe determinar el precio de cada materia prima que el país explote o importe, para poder reconocer con suficiente exactitud la certeza de los precios de los productos o mercancías que de ellas se derivan.

El precio de venta de toda mercancía –en verdad es costo de compra- se convierte en un costo general, en el costo social de producción, que lo paga el benefactor en su totalidad, y que representa una cifra equivalente a la deuda original asumida con la naturaleza por parte de toda la cadena productiva, conjuntamente con los beneficios agregados por sus productores durante las diferentes etapas del ciclo económico que le atañe. En el momento exacto en que su consumo transforma el trabajo de toda la sociedad en vida digna para el benefactor, es que se alcanza el objeto de la economía: satisfacer las necesidades de la población. Aquí es cuando se genera un balance de saldo perfecto, puesto que se finaliza el ciclo en forma correcta.

Supongamos que el costo de compra de un pan es de 0,10i; ésa es la cifra que paga el benefactor por él. El productor, que en este caso se le llama panadero y que generalmente asume dos papeles diferentes de productor (industrial y comerciante), conoce el costo de la harina, del agua, de la sal, en fin, de todos sus insumos, y también conoce su propio salario o beneficio. Ese décimo de indev que pagó el benefactor “pierde” la parte que corresponde al beneficio del panadero (y de sus ayudantes) que queda en su caja, en tanto que el resto continúa hacia atrás por el recorrido del ciclo, en el sentido de los beneficios. Pasa por otros productores, el molinero, por los transportistas, y por quien más corresponda, hasta llegar al agricultor, por ejemplo, quien cosechó el trigo con el que se fabricó ese pan. Cuando el panadero paga al molinero por la harina consumida, salda su parte de la deuda que se tiene con la naturaleza, y así todos y cada uno. La “parte” que quedó de aquella moneda en las manos del agricultor, es el costo de la riqueza N arrancada a la naturaleza de la que él se apropió y que mediante su trabajo la ha transformado en su salario, y que únicamente la repondrá volviendo a sembrar trigo, o cualquier otro tipo de explotación que haya elegido. Todas esas partes que la moneda va “perdiendo” en su recorrido son totalmente conocidas, hasta esta última en la que esa moneda se “transforma” en un cero. No obstante, cada uno de los productores participantes en el ciclo obtuvo un beneficio, una ganancia que la reinvertirán, como productores o como benefactores, en otro ciclo distinto y a la vez

similar a este.

El estudio del ciclo económico de cada mercancía nos indica que todo productor, en cualquier etapa del proceso, cumple un rol o función similar a la de un consignatario del bien principal de su actividad, recibiéndolo en forma de préstamo (como si fuera una deuda con pago a crédito), adquiriendo una especie de compromiso con el productor anterior (o con la naturaleza si el que se considera como productor es el extractor), mientras le va agregando sus propios costos de producción y sus beneficios al monto de dicha deuda, mediante el uso de recursos propios o sociales. Solamente al adquirir el benefactor ese bien, el productor comerciante (como último productor de la cadena) podrá retribuir el pago a los productores antecesores y mantener en su poder el beneficio propio calculado. Así sucede con cada uno de ellos. Esta situación puede describirse de otra manera: el productor extractor toma en préstamo de la naturaleza una riqueza original que él transforma en materia prima, y que posteriormente cede en un tipo de consignación al productorindustrial. Éste la transforma en un producto elaborado, y a su vez lo consigna al comerciante, quien lo transforma en mercancía definitivamente, y es quien lo vende al consumidor, o sea, quien realmente cambia su precio por dinero. Todos los productores basan su accionar en aquel “capital inicial” que, en forma no gratuita, la naturaleza cedió a la sociedad.

Este análisis nos muestra que todos los productores del ciclo, al ser también benefactores, han recibido el ingreso natural que les corresponde. Pero también nos enseña que, mientras tanto, anterior o simultáneamente, la forma en que pierde todo sentido la acumulación o el acaparamiento de mercancías, una de las maneras más burdas de la especulación.

Si no suceden catástrofes, el valor de una cantidad constante de una misma materia prima (que es el acceso al “capital inicial” del ciclo que la involucra, primera transformación a la naturaleza que el hombre realizamediante su trabajo) se mantiene igual período tras período. Ése valor es el que fue definido en la propia creación del ingreso natural, establecido en forma oficial, en términos económicos sociales o nacionales. Así, el valor del producto (o mercancía) creado a partir de esa materia prima se mantiene constante; sin olvidar que esto sucede si es que aún es el mismo producto, sin que haya tenido cambios en su calidad que lo hagan más caro, o que su productor haya decidido bajar su precio. Toda mercancía mantiene o cambia su valor de igual manera.

Para bien del benefactor (que somos todos) es necesario que la sociedad tenga que dar forma al necesario control de los costos de cada etapa y asegurar los precios finales correspondientes, estableciendo un máximo. Para ello se fijan valores máximos de cada insumo básico, con un margen suficiente (el precio internacional, por ejemplo). En cuanto a los beneficios, éstos son fijados por los productores a su libre albedrío.

Supongamos el mismo caso anterior del panadero. El precio de venta de un pan era en el ejemplo de 0,10i. Esta cifra contiene el beneficio por él libremente calculado (por ejemplo 0,02i), lo que nos indica que sus costos son de 0,08i por pan. Este señor sabe perfectamente (es más, tiene la plena seguridad) que esos ocho céntimos no será variados dentro del período actual. Sabe exactamente cuál es el costo (el costo máximo) de cada uno de sus insumos.

Pongámosle el caso de la harina. El precio del trigo tiene un precio máximo fijado por la sociedad. El agricultor podrá (al igual que cada uno de los demás productores) venderlo al molinero a ese máximo, o a un precio menor, según los muchos parámetros que maneje él con su labor y con su propia ambición. Si esa cifra es acorde a las circunstancias, el molinero le pagará el precio que el agricultor le exige, al que le agregará sus costos propios más su beneficios, llegando a una cifra que representará el precio de la harina que vende al panadero.

El panadero sabe cuál es el precio máximo del trigo, por lo que también puede deducir cuál es el beneficio que obtiene el molinero, por lo que podrá comprarle a él o a otro molino la harina que precisa, según los factores que maneje.

Cada productor decide soberana y libremente cada uno de sus beneficios, teniendo además la plena seguridad de que serán alcanzados. Pero tendrán que decidir dichos montos conociendo de antemano que los demás productores y cada benefactor sabe (al igual que ellos) cuales son los límites máximos del precio del trigo, la harina y el pan.

Cada productor es libre de comprar o no al anterior, sabiendo que no será burlado en sus costos; cada benefactor también es libre de elegir dónde, cuánto y cómo comprar lo que necesita. Por ello la sociedad debe controlar, mediante la fijación de esos límites máximos: ése control es el que asegura la libertad de todos y la justicia para todos.

Así como la materia prima es para un producto, el trabajo lo es para la economía: parte integrante original, fundamental e imprescindible. No lo es tanto porque transforme la naturaleza en materia prima o en producto o en mercancía (cosa que hace pero que en realidad no es su fin primordial), sino porque transforma a esa mercancía en un integrante más de la riqueza artificial o natural de la zona, aumentándola. Hace que todo productor sea un benefactor, en real sentido económico, quien es el que devuelve a la naturaleza una parte de la riqueza extraída de ella, al consumirla. El trabajo produce, transforma y repone, y también genera beneficios; es quien permite que un productor sea un benefactor con mayor poder de compra, con mayor poder adquisitivo (cuyo monto es decidido por él mismo) que los demás pobladores.

El beneficio de todo productor aumenta su ingreso natural como benefactor, y lo utilizará en consumo. El ingreso de todo benefactor termina siendo la ganancia de todo productor, tanto cuando son distintas personas como cuando es la misma que cumple ambos roles. Toda la sociedad es la generadora de ganancias, toda la sociedad es quien disfruta de los bienes que produce. Toda la sociedad es responsable de completar el ciclo económico y de cerrarlo con balance positivo. Así, toda la sociedad es la que disfruta de sus logros.

Por otro lado, la relación del indev con las monedas de otros países que no integran esta forma de economía es extrañamente nueva. Por ejemplo, mientras este siempre tiende al alza, aquellas tienden a la baja, siempre. Por lo que la posesión de monedas extranjeras se torna en un “negocio” negativo, siempre. Se pierde así la posibilidad de otra forma de especulación. Ya no tiene sentido, tampoco, marcar una mercancía en moneda extranjera.

El objetivo de esta economía es devolver a la naturaleza lo que esta nos ha prestado, y esto se logra, en parte, mediante el consumo que realiza el benefactor. Por lo tanto, el ahorro no es una virtud del ahorrista sino que es una mezquindad o avaricia de su parte, porque se opone al fin de la economía al interrumpir la concreción del ciclo económico inherente a ese beneficio. El indev no admite la ociosidad, ni la individual ni la social. Incluso no admite que él mismo esté en reposo.

No obstante, se debe reconocer que existe la posibilidad de que haya gente que no invierta todo su poder adquisitivo en consumo. Por esa razón, el ahorro será admitido, aunque quedó demostrado que no es esencial para la economía y que no se lo necesita para mantenerla en funcionamiento. Pero el ahorro no generará “intereses” de ningún tipo sino los que intrínsecamente lleva consigo el indev; los dividendos generados mediante el uso de ése ahorro por terceros como inversión, sea productiva o sea de consumo. Como se ve, tampoco podrán llamarse “intereses”, sino que se llamarán, sencilla y llanamente, aumento de riqueza.

Llegará un momento en que se alcance el punto de saturación del ingreso, esto es, el momento en que los ingresos ya no admitirán más aumentos. No obstante ello, la riqueza seguirá aumentado. ¿Qué hacer con esa riqueza “sobrante”? Antes que responder esta pregunta debemos imaginar cuál es su verdadero significado: la sociedad ya no tendrá necesidades ni gustos ni caprichos por satisfacer. Significa que hemos alcanzado el objetivo primario. Pero la vida es movimiento, y estamos seguros que habrán cosas nuevas por hacer, que aún no imaginamos, y habrá nuevas necesidades a satisfacer, por lo que dicha saturación sólo será momentánea, se dará dentro de un período o un grupo de ellos, pasados los cuales se necesitará satisfacer nuevas necesidades.

Habrán problemas nuevos por resolver, pero ya no serán problemas económicos, es decir, problemas que debamos resolver, teniendo los pies en la tierra, a través de una teoría económica. Y ésta los tiene.

 

 


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