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Premios y castigos
Eudal Carbonell, uno de los codirectores de Atapuerca, ha señalado (1) un fenómeno que contradice nuestras intuiciones: la revolución neolítica trajo más vidas, pero no más felicidad. Efectivamente, el número de seres humanos creció de forma extraordinaria, la densidad de población aumentó ya que las técnicas agrícolas y ganaderas permitieron que sobre una misma extensión de terreno pudieran sobrevivir muchos más individuos, pero tenemos razones para pensar que estos individuos eran menos felices que los paleolíticos. La altura media de los individuos disminuyó, de lo que podemos deducir que aunque se alimentaba más número de personas y sobrevivían más niños, la alimentación durante la infancia era peor. Las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres del neolítico (y las tradiciones culturales que nos han legado) apuntan a que el hombre sobreexplotó a la mujer, utilizándola "como animal de carga, además de reproductor".
Las argumentaciones que estamos desarrollando en este texto refuerzan esa idea. En el Neolítico nace el aparato coactivo del Estado como una de las dos formas de solucionar "la tragedia de los comunes". Las actividades productivas del neolítico son más complejas y permiten alimentar a más individuos, pero requieren la especialización laboral y una planificación logística en la que un individuo decide las tareas que van a hacer otros y diseña medios de asegurarse de que esos otros realizan efectivamente esas tareas.
(1) En una entrevista de Eduard Punset para el programa televisivo "Redes".