HISTORIA DE LA ECONOMIA
Heinrich Sieveking fue profesor en
la Universidad de Berna, historiador de la Economía y discípulo de
Gustav Schmoller. Esta
ÍNDICE
Desde el siglo XVII hasta la actualidad
1. El mercantilismo
1.1 La posición del mercantilismo en el proceso económico
1.2 La expansión ibérica y los adversarios del imperialismo espańol
1.7 La expansión rusa y el mercantilismo oriental
2. Los fundamentos del librecambio
2.4 El fracaso del sistema mercantilista
2.5 La economía agrícola en Francia y en Inglaterra. Los comienzos del socialismo moderno
2.6 La emancipación de los campesinos y la libertad profesional en Alemania
2.7 La unión aduanera de Alemania y la formación de grandes regiones económicas
3. El desenvolvimiento del capitalismo moderno
3.2 Los progresos de la técnica
3.3 La gran explotación y el artesanado
3.4 El cambio de situación de la agricultura
3.6 La implantación del librecambio
3.7 La política colonial inglesa. La abolición de la esclavitud y de la servidumbre
3.8 La oposición al librecambio
3.9 La ofensiva del proteccionismo
4. Socialismo y Capitalismo
4.1 Saint-Simon y el Saint-Simonismo
4.2 La organización social del capital
4.4 El socialismo Ťcientíficoť
PRÓLOGO
No es tarea fácil encerrar en reducido número de páginas las líneas fundamentales de la evolución moderna de la Economía. Es evidente que, al hacerlo, no puede tratarse más que de un estudio de lo esencial del proceso. La benévola acogida que se ha dispensado a las ediciones precedentes es prueba de que he logrado mi propósito, hasta cierto punto. Lo que de modo particular me ha satisfecho ha sido la aprobación de Schmoller, quien, no obstante, ha debido reconocer que mi posición, que parte de la teoría económica, se corresponde con la suya política de modo totalmente independiente.
En la presente edición ha sido modificada especialmente la primera parte. La polémica pudo reducirse y la exposición ampliarse. Para los capítulos restantes ninguna razón me movió a introducir cambios de importancia, y así sólo se hallara en ellos algunos aditamentos. En la corriente de los hechos, la única misión de la Historia consiste en exponer los procesos ultimados, pero sin dejar de referirse a las tendencias del presente. En este punto el autor creyó deber limitarse, tanto más cuanto que ya en otros lugares ha expuesto su posición con respecto a los problemas teóricos y prácticos de la actualidad.
Heinrich Sieveking
Desde el siglo XVII hasta la actualidad
Desde el siglo XVII hasta la actualidad
LEMA: "Ya que tanto se arremete sin cesar
contra las hipótesis, hora sería de intentar adentrarse en la Historia,
prescindiendo de ellas".
FED. SCHLEGEL, Athen. I, 2.
Un estudio histórico científico puede arrancar de la población de un país y seguir las oscilaciones que determinan el aumento de ella y el crecimiento de las necesidades en punto a la organización económica. Pero como sea que las diversas economías particulares se articulan y conjugan entre sí por el tráfico y que la posición que en él adoptan, así como la que la economía de cada región sostiene con respecto al extranjero, son otros tantos factores decisivos para la propia estructuración del orden económico, resulta que puede partirse también de los hechos del intercambio universal y de su organización. Lógicamente, el primer método será más indicado para la historia primitiva de un pueblo, siéndolo el segundo para las épocas más modernas de él. La Economía alemana, independiente y orientadora en ciertos aspectos, no puede comprenderse, sin embargo, más que como una parte del desenvolvimiento europeo. Debido a haber perdido Alemania, en el siglo XVI, el lugar hegemónico que había mantenido hasta entonces en la vida del tráfico, la vemos renacer bajo múltiple dependencia de las potencias directrices de la economía del intercambio. Las posibilidades de la organización no fueron impuestas solamente desde el exterior, sino que también tuvieron origen extrańo las orientaciones volitivas e ideológicas de los dirigentes modernos de la Economía. Por eso la Historia de la Economía moderna debe arrancar del desenvolvimiento de los pueblos bajo la égida del comercio.
1.1 La posición del mercantilismo en el proceso económico
1.1. La posición del mercantilismo en el proceso económico
Para la Historia de la Economía, la Edad Media tiene una importancia especial por la lucha entre el trabajo organizado y la propiedad territorial. En las ciudades, el comercio y el artesanado logran elevarse a la categoría de potencia independiente, frente a la propiedad seńorial. En las villas los terratenientes urbanos alcanzan una influencia decisiva aun cuando álzanse frente a ellos los trabajadores, organizados en gremios, y en el campo los labradores consiguen conquistar determinados derechos, amparados, ora en asociaciones libres, ora en corporaciones cortesanas. En oposición a la Antigüedad, en las ideas de santo Tomás de Aquino ya se concede al trabajo el lugar primero en la determinación del valor.
Paralelamente aparece, ya en la Edad Media, un nuevo factor el capital. Es imposible explicar el capital sencillamente como una secuela de la producción, como pretendió hacerlo Marx, quien, por otra parte, defiende repetidamente el concepto de que el capital mercantil ha sido un precursor del de producción. El revolucionamiento de la producción por el capital no se produce hasta el siglo XVIII. Los métodos capitalistas, empero, se habían estructurado ya anteriormente; el capitalismo es una determinada ordenación jurídica que, en sus comienzos, supieron utilizar ciertos circulos mercantiles. Pero żcuáI es la misión del comercio? żAcaso debe concretarse únicamente a cuidar de la colocación de la producción y a realizar su valor? żNo sirve más bien el comercio a los consumidores, satisface del modo más completo y variado? Kuske opina que los mercaderes de los primeros tiempos de la Edad Media salieron, en parte, de las gentes del séquito de los palatinos, para el abastecimiento de ellos (1). En todo caso, el mercader libre aparece como proveedor de los grandes, particularmente de la Iglesia, cuyo crédito sabe utilizar. No tiene objeto contraponer, como quiso Hildebrand, el Medioevo, como era de la economía monetaria, a la Edad Moderna, como era de la economía de crédito (2). Precisamente fué en los comienzos cuando el tráfico se fundamentó especialmente en el crédito. El comerciante fiaba a los demas y se procuraba para sí esta confianza. La importancia decisiva del sistema capitalista empezó, como con tanta clarividencia comprendió Ehrenberg, con el incremento de la demanda.
Una caracteristica importante del capitalismo moderno consiste en no descansar, como el de la Antigüedad, en la propiedad territorial (no pudiendo, por lo tanto, ser considerado como mera continuación del capitalismo antiguo) (3), sino en haber surgido de las condiciones corporativistas de la Edad Media.
Por rica y variada que se desenvolviera en el Norte la vida económica, no cabe duda que el centro de gravedad del nuevo proceso se halló en las "comunas" italianas independientes. A los libros de cuentas, cuya existencia se revela ya en el siglo XIII y que desde el XIV llenan, en apretadas hileras, grandes salas de Génova y Florencia, no puede equiparárseles nada semejante. Dichas ciudades no podían cubrir ya con impuestos las cargas de las guerras, y así creáronse entre los burgueses, según el catastro tributario, empréstitos forzosos cuya renta debía pagarse con los ingresos arancelarios que se establecian al efecto. En Génova los acreedores tuvieron desde 1274 una organización que cuidó, hasta la desaparición de la República, de la continuidad de aquella institución. Las deudas contraídas en ocasión de las luchas contra Venecia quedaron consolidadas en 1409 en la "Casa di San Giorgio", cuyo capital se había elevado en 1597 a la cifra de 43 770 870 liras, de las 2 938 462 que había poseído anteriormente. Como fuera que por transferencia podía disponerse de los intereses y del capital, ańo tras ańo iban redactándose nuevos libros. A este tráfico se asoció un Banco. La constitución de la Casa había sido copiada de la del Estado; como en éste la comunidad, así en aquélla la última decisión correspondía a la totalidad de los acreedores. Sin embargo, los negocios, dirigidos en el Estado por el Consejo, lo eran en la Casa por los "Protectores". Sólo por privilegio especial podían los forasteros conseguir participación en la deuda del Estado. De modo idéntico fueron organizadas las Sociedades coloniales, las Maonas de Quíos, Chipre y Córcega, fundadas en el siglo XIV y absorbidas más tarde por la Casa di San Giorgio (4). De idéntico modo que aquí de la comunidad de los burgueses, desarroIIáronse en el Norte las formas del tráfico capitalista, surgiendo de las asociaciones de los copartícipes a los bosques y a las minas, de los propietarios de molinos y barcos.
El Estado utilizó esos elementos adventicios organizándolos para sus propios fines. Allí se encierra la esencia del mercantilismo, en el que no fué necesario estimular al comerciante de un modo especial, sino que todos fueron incorporados a la economía del tráfico. El campesino hubo de poner a la venta sus cereales y el tejedor sus tejidos, sin esperar a que nadie se los pidiera; él mismo había de acudir al mercado. El poder creciente de los príncipes había podido ver abrirse ante sí otro camino todavía: el de la creación de un Estado patrimonial con administración propia y economía estatal exclusiva, tal como lo encontramos en el antiguo Egipto, tal como se realizó en Bizancio y como intentó imponerlo Federico II de Hohenstaufen (5) en sus dominios sicilianos. El desenvolvimiento económico de Occidente vióse determinado por el hecho de haber fracasado el intento del Emperador, como consecuencia de haberse malquistado con la Iglesia. Nápoles tocó en suerte a la casa de Anjou, la cual, sin embargo, solamente logró sostenerse abandonando a los florentinos la explotación económica del país, particularmente la exportación de coreales. De este modo los florentinos del siglo XIV supieron hacerse indispensables a los soberanos de Francia e Inglaterra (6). En adelante, el poder del Estado vió su propio sostén en el impulso de las empresas privadas. La era mercantilista cifró su objetivo en la estructuración racional de estos dos factores: el Estado con su burocracia y la Empresa particular con su contabilidad.
Ha sido mal enfocado el conocimiento de la época de los Fugger, al ver en ella un florecimiento especial de la economía del crédito. Cierto que puede hablarse, en este punto, de una supremacia de la organización capitalista sobre la corporativista de la Edad Media; no obstante, este capitalismo vino determinado principalmente por las necesidades financieras de los monarcas, por lo que podría denominarse capitalismo financiero. Strieder (7) nos ha descrito con todo detalle la naturaleza de esa economía, ligada al arrendamiento del impuesto. Los Habsburgos, necesitando reunir dinero para sus empresas (o sea un fondo de consumo), conceden a las casas augsburguesas derechos sobre explotaciones mineras contra la entrega de determinadas sumas. Para utilizar esos derechos, los Wesler y los Fugger deben colocar su capital mercantil en las minas, pasando a convertirse en grandes productores de plata y cobre. Los préstamos que hacen a los príncipes consisten, en su mayor parte, en mercancías, en el aprovisionamiento de la Corte y de las tropas, para procurarse las cuales organizan el comercio y, como detallistas, la producción, pensando, naturalmente, al hacerlo, en su colocación en el mercado. También hay comerciantes alemanes que prestan su apoyo al rey de Portugal en los viajes que organiza a las Indias. Sin embargo, tan pronto como esas expediciones quedan aseguradas, el monarca se reserva el monopolio de los viajes a Oriente y cuida de que los mercaderos extranjeros se provean de pimienta india en Lisboa y aun en Amberes (8).
En conjunto, la marcha del proceso fué diferente. Particularmente en Holanda e Inglaterra cada día adquirió mayor independencia la empresa privada. Mientras en la era del mercantilismo los principes impulsan el aumento del tráfico con el fin de dar a sus finanzas una estructura económico-monetaria, la nueva época que se abre en el siglo XVIII quiere abandonar por completo el campo de la Economía a la iniciativa de los particulares ligados por las actividades del tráfico, las cuales dejará desarrollar el Estado.
Por oposición a las restricciones autoritarias de su época, Adam Smith consagró el concepto del "Mercantilismo", contra el cual se situó, no viendo que tanto la economía libre que él defendia como el mercantilismo que combatía se basan en el tráfico. Held describe el sistema de Smith como "producto natural de la evolución del sistema mercantil progresivo" (9).
Equivocaríase quien se imaginara la Edad Media como una época de escaso intercambio comercial, tal como nos ha sido descrita por Bücher (10). Cierto que, en el Medioevo, el campo nos aparece las más de las veces sujetado por el feudalismo. Cierto también que la ciudad favoreció el intereambio directo entre el productor y el consumidor, y que el artesano trabajó con mayor intensidad que más tarde a sueldo directo del cliente, como hoy es todavia corriente en la industria de la construcción. Sin embargo, no debemos representarnos los países poblados únicamente por campesinos que trabajan exclusivamente para el propio consumo y el de sus seńores, con ciudades rurales que sólo truecan sus artículos manufacturados por los productos agrícolas de la comarca. Los testimonios que nos han llegado, no solamente de las ciudades italianas, sino también de Colonia y Lübeck, para no citar sino las principales villas hanseáticas, muestran, desde la época de las Cruzadas, un activo tráfico a grandes distancias. En sus principios ese tráfico realizóse con gran libertad; las restricciones a que se refieren Bücher y Sombart corresponden esencialmente a períodos posteriores, cuando las ciudades, estrechadas por el mismo desarrollo alcanzado, se vieron obligadas a delimitar recíprocamente sus áreas de actividad. Pero si alguna que otra pequeńa ciudad, cuyos habitantes rebasaran en otro tiempo sus muros, descendió a la categoría de villa rural, otras, en cambio, que supieron concentrar el comercio en el interior de su recinto, adquirieron una importancia tanto mayor. En Flandes reuniéronse el comercio italiano y el hanseatico, y con razón puede Häpke hablar del "mercado mundial de Brujas".
En tanto la era del mercantilismo viene a continuar la economía intervenida desarrollada en las ciudades medievales, puede oponerse dicha era, junto con la Edad Media, a la Edad Moderna, tal como lo hacen Roscher (11), v. Below (12), Sombart (13), mientras que Bücher, Schmoller, Cunningham (14) consideran de gran importancia el cambio habido en el siglo XVI. También nosotros podemos hablar de una nueva época de la Historia de la Economía en cuanto que en este tiempo se ensancha la del tráfico y se van perfilando los métodos de la era capitalista.
(1) B. KUSKE, Die Entstehung der Kreditwirtschaft und des Kapitalverkehrs. Kölner Vorträge, I, 1927.
(2) H. SIEVEKING, Die mittelalterliche Stadt. VSozWG, II.
(3) Contra esta opinión defendida por BRENTANO, cfr. mi Mittlere Wirtschaftsgeschicte (trad. espańola, 1926), así como mi articulo sobre Handels- und Wirtschaftsgeschichte, en HWb. des Kaufmanns, 1925.
(4) H. SIEVEKING, Genueser Finanzwesen mit besonderer Berücksichtigung der Casa di San Giorgio, italiano: Atti della Societá Ligure di Storia Patria, vol. XXXV.
(5) V. MAX WEBER, Wirtschaft und Gesellschaft, 2.Ş ed., 1925.
(6) R. DAVIDSOHN, Geschichte von Florenz, IV, 2, 1925.
(7) Studien zur Geschichte kapitalistischer Organisationsformen, 2.Ş ed., 1925.
(8) F. HÜMMERICH, Die erste deutsche Handelsfahrt nach Indien, 1505-6, 1922.
(9) CAREY, Sozialwissenschaft u. das Merkantilsystem, 1866.
(10) Die Entstehung der Volkswirtschaft.
(11) Nationalökonomik des Handels und Gewerbfleisses.
(12) Probleme der Wirtschaftsgeschichte, 1920.
(13) Die deutsche Volkswirtschaft im 19. Jh. En la 2.Ş ed. de Modernen Kapitalismus, SOMBART designa los siglos XIII al XIX como la era del protocapitalismo.
(14) The growth of English Industry and Commerce in modern times. Cambridge, 1903.
1.2 La expansión ibérica y los adversarios del imperialismo espańol
1.2. La expansión ibérica y los adversarios del imperialismo espańol
A la era de las Cruzadas siguió
la de los descubrimientos. AI arremeter todo
el mundo occidental de entonces
de una manera directa contra el
Islam, era natural que las expediciones de los portugueses a las costas
africanas y más allá del Cabo de
Buena Esperanza, camino de las Indias, tendieran a eludir a los
árabes. Mediante el viaje directo
a las
El mundo quedó
repartido entre Portugal y Espańa,
pero las inmensas regiones nuevamente adquiridas
quedaron sujetas a la coerción de un sistema económico
intervenido. No quedó solamente transferida
al Nuevo Mundo la constitución
feudal al ser asignados a los conquistadores, por
el sistema de las encomiendas,
determinados territorios con sus habitantes, sino que
el dominio del suelo y la mano
Así como Portugal
concentró su tráfico indio en
Lisboa, así lo hizo Espańa
primero en Sevilla, después en Cádiz.
Los yacimientos de metales preciosos del Nuevo Mundo, cuya producción, en la segunda mitad del siglo XVI, sebrepasó en mucho la de las minas de plata alemanas, determinaron en Europa una verdadera revolución en los precios, si bien éstos no se elevaron en proporción al aumento de la cantidad de dinero. Mientras ésta se quintuplicaba o sextuplicaba, el nivel de los precios no se elevó sino al triple, según D'Avenel, y aun esta alza no se verificó de manera gradual y uniforme. Los obligados a compras en firme quedaron rezagados, en tanto que los que participaron en la diferencia de los precios ya aizlados o en curso de alza pudieron realizar magníficos beneficios.
No obstante, esas ventajas beneficiaron menos a Espańa que a los países que de ella dependían. Ranke ya observó que, para el imperialismo hispano, era de mayor importancia el dominio de las regiones de tráfico más activo de Europa que los tesoros de América, y Ehrenberg confirma aquella opinión. Carlos V pudo apoyarse sobre la capacidad financiera de los bancos de Augsburgo, particularmente de los Fugger. Los Países Bajos, Milán y Génova colocáronse a disposición de Felipe II al comenzar éste su reinado. Además, el mundo católico contaba con la técnica, avanzadísima, del tráfico mercantil y de crédito. Ranke nos describe la administración financiera del Vaticano. El servicio de deudas forestales podía estudiarse en la administración municipal, que, desde la Edad Media, supo utilizar este sistema crediticio. Ranke se admira de que Sixto V reuniese un tesoro fundado en deudas. Y sin embargo lo mismo encontramos en otros tiempos, bajo Alberto Achilles, por ejemplo. No siempre era posible, y menos en épocas de complicaciones bélicas, dirigirse al mercado de capitales, al cual se había ya recurrido con anterioridad, en horas más tranquilas.
El tráfico europeo se había concentrado en Amberes, en sustitución de Brujas, cuyo puerto se arramblaba. Guicciardini nos da sobre él algunos datos (1560), demonstrativos de su volumen y composición. De los 15 935 000, escudos a que aseendía el valor de la exportación, correspondían así:
Telas inglesas......................................................................5.000.000 31,4%
Tejidos de seda italianos................................................... 3.000.000 18,8%
Fustán alemán.................................................................... 600.000 3,8%
Artículos manufacturados.................................................. 8.600.000 54,0%
Lana espańola.................................................................... 625.000 4 %
Lana inglesa........................................................................ 250.000 1,6%
Colorantes franceses......................................................... 300.000 1,8%
Materias primas.................................................................. 1.175.000 7,4%
Granos de Alemania del Norte....................................... 1.680.000 10,5%
Vino alemán...................................................................... 1.500.000 9,4%
Vino francés...................................................................... 1.000.000 6,3%
Vino espańol..................................................................... 800.000 5 %
Especias portuguesas..................................................... 1.000.000 6,3%
Sal francesa...................................................................... 180.000 1,1%
Artículos alimenticios y de desgustación....................... 6.160.000 38,6%
Pirenne considera muy verosímiles estas cifras, equivalentes a 31,8 millones de florines o 50 millones de marcos aproximadamente, en valor monetario. Schanz evalúa la exportación de telas inglesas, bajo Enrique VIII, en 98.000, piezas, igual a 294.000 Iíbras esterlinas, de las 427.830 a que asciende la cifra total de exportación. Según Ludovico Falier, el valor de ésta, en 1531, elevóse a 2 millones de ducados, igual que el de la importación. En 1612, las cifras que se dan para Inglaterra son 2.487.435 libras esterlinas para la exportación, contra 2.141.151, valor de la importación (15). Sirva de dato de comparación el hecho de que hacia fines del siglo XIV, el intercambio comercial entre Lübeck y Génova se cifraba en 5 contra 20 millones de marcos, respectivamente, y que Mocenigo, en el siglo XV, evaluaba el tráfico entre Venecia y Lombardía (aunque sólo lo hiciera para hacer resaltar su importancia) en 2,8 millones de ducados, es decir, 28 millones de marcos. Ya entonces los pańos desempeńaban importante papel. La Lombardía pagaba con telas el tercio de sus importaciones. El balance de Venecia con el Oriente, Egipto y Siria era pasivo: Venecia tenía que remitir allí de 300 a 500 mil ducados, la mayor parte en plata alemana. En camblo, el balance de Inglaterra, a pesar de la importación continua de vinos, era activo, al principio gracias a la exportación de lanas y, más tarde, a la de pańos (16). Los valores elevados se explican en parte por la desvalorización de la moneda; Schanz tasa el pańo inglés en 3 libras esterlinas, en tanto que Guicciardini lo hace en 6. Todo, empero, confirma el incremento del tráfico. Contra la evaluación de Guicciardini puede oponerse el argumento de que en sus apreciaciones no incluye una serie de mercancías, tales como los artículos de hierro, que ya se elaboraban en aquella época (17). No obstante, la gran importancia del pańo destaca perfectamente.
Este comercio supo crearse nuevas formas. Abrióse en Amberes una Bolsa, tomándose por modelo la de Brujas, y en ella desenvolvióse, no solamente la labor del establecimiento de precios que debían regir para el intercambio de mercancías, sino que se formó también un mercado de capitales que concertaba empréstitos con los monarcas extranjeros. Para las necesidades financieras de Espańa tuvieron todavía mayor importancia las ferias que en 1552 celebraron los genoveses en Besançon. En esas ferias (que a partir de 1579 fueron trasladadas a Placencia) concentróse todo el tráfico de pagos de Occidente. El cambio estipulado en ellas dió la pauta para todas las transacciones, con excepción de las efectuadas en Francia, cuyo centro era Lyon (18). Las ferias servían a la Corona de Espańa para convertir en disponibles, en el teatro de la guerra de los Países Bajos, capitales no vencederos hasta más tarde, procedentes de impuestos, de bienes públicos napolitanos o de la flota de la plata americana.
A pesar de todo este conjunto de recursos económicos, a pesar de la nueva ordenación administrativa del tráfico, Espańa no pudo mantener su posición. La causa de ello hay que buscarla en la exageración de sus objetivos políticos y en la crisis económica motivada por las medidas que su realización exigía. Ya en 1560 Felipe II debía el importe de dos anualidades de salarios atrasados. Las cargas fiscales impedían toda aportación al desenvolvimiento de la vida económica. La desconfianza que inspiraba la administración financiera y sus repetidas bancarrotas paralizaban el crédito del país. Y así vemos cómo en una época de máxima potencia política y militar decaen las industrias ciudadanas, el país debe acudir a la importación extranjera y la clase campesina se ve reducida, por los rebańos nómadas de ovejas, a los derechos de pasturaje consignados en la Mesta. El intento de realizar la unidad religiosa fracasa. En el país se mantiene por la expulsión de los laboriosos descendientes de árabes y judíos. Para el espańol, el ideal sigue siendo el guerrero asceta; la dirección de la vida económica ha de ser abandonada a los herejes, quienes la manejan con mayor desembarazo.
Si en la dirección económico-racional de estos circulos aparece un rasgo característico del desenvolvimiento accidental, el origen del fenómeno debe buscarse remontándose muy a lo lejos. Sombart ve la fuerza impulsiva en la naturaleza psicológica de los judíos pero son muchos los que han impugnado sus afirmaciones. La primera objeción que se nos ocurrre es que en los judíos, como en todo grupo humano, al lado de la actitud vital racional está la entusiástica. En los circulos artesanos de los judíos orientáles la tendencia mística del Chassidim se subleva contra el rabinismo oficial. Es cierto, empero, que en la religión judaica lo mágico pierde pronto terreno; incluso los profetas subrayan únicamente la simple doctrina moral de los sacerdotes. Los rabinos se sitúan reflexivamente frente a los hechos de la vida.
Mientras en las esferas de las culturas china e india lo mágico se mantiene en las masas, en la cristiana retrocede. El mismo Jesucristo invocó explícitamente la doctrina de los antiguos (Moisés y los profetas). El monacato occidental ve en el trabajo, a la par que en la oración, el servicio de Dios; y del mismo modo que la campana divide el tiempo, así también las Ordenes monásticas que cultivan y explotan la tierra y llevan sus productos al mercado (como los Cistercienses) han desarrollado un notable sentido especulativo.
La audacia y el
sentido ponderativo caracterizan a los emprendedores. Encuéntranse
en la época de las Cruzadas. Desde el
siglo XIV Italia desarrolla los principios de la
partida doble. Más tarde, calvinistas y anabaptistas
hermanan la osadía con la exacta contabilidad. Así
como el Renacimiento exige del Soberano una actitud
reflexiva frente a los poderes existentes, así
también la ilustración estipula
por doquier como objetivo la comprensión racional de la
situación. Holanda e Inglaterra pasan a ser los centros
principales de esa actitud racional de la vida, y de ellas irradiará
y se extenderá por Francia y Alemania.
Cuando Sombart, en su
Para caracterizar a los modernos maestros de la Economía, precisa ańadir un tercer factor al sentido de empresa y ponderación: la limitación exclusiva a esta tarea. Esta limitación se encuentra especialmente en los excluídos de la vida política. Los Cistercienses fueron mejores calculadores que los Benedictinos, quienes hicieron de su inmunidad una fuerza estatal, mientras aquéllos se sometían quietamente a los príncipes terrenales que los protegían. Los excluídos del gobierno de la ciudad ocupáronse con preferencia de la vida económica, como los nobles de Asti o de Génova, donde, desde 1339 a 1528, no lograron llegar a la cumbre del poder, reservado al Dux popular. Los Médici y los Strozzi acumularon sus fortunas en el destierro. Así encontramos más tarde en la Holanda calvinista, a los mennonitas y remonstrantes desplegando gran actividad en el sector económico. En Inglaterra, los puritanos y los cuaqueros alcanzaron gran prosperidad económica bajo un gobierno nada benévolo para con ellos.
El forastero no se siente ligado por consideraciones sociales. Los hugonotes no necesitaban sujetarse a preceptos gremiales; en cuanto a los judios, el precio tradicional les era indiferente.
Inglaterra, donde el movimiento religioso ha tenido efectos más persistentes que en cualquier otro país, estaba destinada a asumir la dirección económica más adelante, en el período de la transición a la Economía moderna. No obstante, la primera nación entre las protestantes que entabló la lucha contra Espańa, fué Holanda, país modélico, cuyo ejemplo iban a seguir, no sólo las mercantilistas Inglaterra y Francia, sino también Prusia, Austria, Rusia (Pedro el Grande), Suecia (Götheburg) y Dinamarca. Los mismos campeones del Catolicismo, como Austria, hubieron de avenirse a tolerar a los herejes para hacer posible el florecimiento del comercio y la manufactura (19).
(15) PIRENNE, Geschichte Belgiens, Ill, pág. 334. - SCHANZ, Englische Handelspolitik gegen Ende des MA., págs. 31 y ss.
(16) W. STIEDA, Ueber die Quellen der Handelsstatistik im MA. Academia de Ciencias, Berlín 1903. - H. SIEVEKING, Aus Genueser Rechnungs - und Steuerbüchern. SBAk. Viena, 1909, 162, 2.
(17) En los siglos XV y XVI los opulentos zuriqueses debieron su riqueza al comercio del hierro. Anuario para Suiza, Hist., 1910: Zur Zürcherischen Handelsgesch.
(18) PERI, II Negoziante II, Génova 1647, der Kurszettel. Véase en Handlungsbüchern, de DAVID GAUGERS, 1588-90, Archivo municipal de Augsburgo, la cuenta de la lana remitida por Bérgamo a las ferias de Besançon.
(19) M. ADLER, Wiener Staatsw., St. IV, 3, 1903, pág. 50.
1.3. Holanda
Los holandeses debieron un gran florecimiento econуmico al fomento metуdico que de sus intereses realizaron los duques de Borgoсa y sus sucesores, los Habsburgos. Con todo, los Paнses Bajos septentrionales no lograron conquistarse el Iugar hegemуnico en el comercio mundial hasta el dнa en que se produjo la decadencia de Espaсa. Despuйs de haber los espaсoles conquistado Amberes en 1585, la mayor parte del comercio de esta ciudad se trasladу a Amsterdam. Pero, mientras Brujas y Amberes se veнan animadas por los comerciantes forasteros, contentбndose sus ciudadanos con servirles de intermediarios, los holandeses, imitando el ejemplo de hanseбticos e italianos, tomaron a su cargo la navegaciуn marнtima. Sus veleros cruzaban el BбItico, transportando los granos de Danzig. En otros tiempos los genoveses se habнan abastecido del trigo del sur de Rusia; pero entonces, cuando los turcos les cerraban el acceso al mar Negro, los holandeses cuidaron de suministrarles cereales de los Paнses bбlticos. Al circunnavegar el Africa, los portugueses se habнan adueсado de buena parte del comercio veneciano, y cuando, en 1580, Portugal se uniу a Espaсa, los holandeses no vacilaron en inmiscuirse en el бrea del trбfico portuguйs. En 1595 Cornelis Houtman salнa con rumbo a las Indias Orientales; desde 1591 el amberense Willem Usselinx propugnaba por el establecimiento de los holandeses en las Indias Occidentales. Mientras anteriormente Italia abastecнa de especias нndicas al Norte, entonces era Amsterdam la que suministraba pimienta al Mediterrбneo. Asн fuй cуmo los holandeses se convirtieron en los herederos del comercio hanseбtico e italiano.
La ъltima guerra europea ha demostrado lo difнcil que resulta aun hoy dнa el cбlculo del tonelaje de los buques. En caso preciso surgen los pequeсos barcos veleros, de cuya utilizaciуn nadie se ocupa. Tanto menor crйdito absoluto puede concederse, pues, a datos procedentes del siglo XVII; de ellos cabe deducir ъnicamente la importancia relativa de las flotas, y de las rutas.
Cбlculos
tales como los de Colbert, quien asignaba a la flota holandesa las tres
cuartas partes de la total europea, con 15.000 buques;
o los de Petty, quien le concedнa
450.000
Las listas de peajes del Sund nos muestran cуmo los holandeses participaban en aquella ruta con un promedio de 2.226 barcos, cerca del 60 % del trбfico total. No obstante, en 1608 nos encontramos con la cifra de 4.362 buques holandeses. La maxima frecuencia del transito del Sund, nъnca mбs igualada en el curso de la primera mitad del siglo XVII, corresponde al aсo 1597, y es de 6.673 barcos. En el comercio de Levante la exportaciуn holandesa se elevу a 2,5 millones de florines y la importaciуn a 2 millones y un tercio.
Frente a los 30 millones de florines anuales del comercio de Amberes en el perнodo de su mбximo esplendor, el holandйs alcanzу, a mediados del siglo XVII, la cifra anual de 75 a 100 millones. Hasta mediados del siglo XVIII no le sobrepasу el comercio exterior inglйs. En 1667 Amsterdam percibiу en concepto de permisos (2% para la importaciуn, 1% para la exportaciуn), un miIIуn de florines. Las salidas de tabaco ascendieron a 526.736 florines, mientras las drogas y colorantes no excedнan la cifra de 329.792 florines. Los ingresos de la Repъblica, procedentes principalmente de la imposiciуn del trбfico marнtimo, importaron de 32 a 34 millones de florines.
Holanda fuй el gran
emporio para pesca, cereales, vinos, sal, madera, materiales para construcciуn
de buques,
De mayor importancia fuй la tolerancia, la libertad de establecimiento que los Paнses Bajos concedнan a los extranjeros. Petty considera la libertad de conciencia y la seguridad de la regulaciуn del trбfico como la base principal de la prosperidad de Holanda.
El intercambio comercial sacу
a colaciуn la importancia del capital. Sуlo la tenedurнa de libros por partida
doble, tal como la habнan estructurado los italianos entre los siglos XIII y
XVI, permite al hombre de negocios la penetraciуn lуgica de la materia, el
examen de su situaciуn. Simon Stevin introdujo en Holanda la partida doble
italiana (2). En
Anteriormente la libertad de comercio se habнa desenvuelto, en un punto importante, en contraposiciуn con la moral dominante. La Iglesia prohibнa la percepciуn de intereses; por eso el rйdito aparecнa con frecuencia en forma velada. Ya en el siglo XVI, Calvino y el jurista francйs Molinдus habнan rehabilitado el interйs del capital numerario, fundamentбndose en su similitud con la renta de otro capital invertido en casas o tierras de cultivo; sin embargo, los escritos del holandйs Salmasius (3) fueron los que produjeron la revoluciуn decisiva en esta cuestiуn. Los escrъpulos religiosos que en otro tiempo habнan limitado el comercio, desaparecieron. "Libre debe ser el comercio en todas partes, hasta en el infierno", tal era el lema central de los mercaderes de la йpoca.
Con la Compaснa de las Indias
Orientales quedу creada en 1602 la primera gran organizaciуn capitalista
moderna, el modelo de las sociedades anуnimas (4). Allн, como en la Compaснa
Nуrdica, fusionбronse empresas comerciales y navieras competidoras, las
denominadas
En 1621 y con 7 millones de
florines, fundуse la Compaснa de las Indias Occidentales, a imagen y semejanza
de la de las Indias Orientales. La nueva empresa supo sacar partido
especialmente del contrabando y de la guerra corsaria en
Las acciones de las Compaснas de las Indias constituyeron pronto una base del negocio bursбtil, que se desarrollу en gran escala ante todo en Amsterdam. Ya en 1610 promulgуse una disposiciуn, inъtilmente ratificada con frecuencia, prohibiendo las operaciones a plazo a la baja (6). La fiebre de la especulaciуn se apoderу de vastos cнrculos cuando se creyу ver en los tulipanes un producto de valor cada dнa creciente. Aventurбronse en los tulipanes fortunas enteras, y cada cual intentу obtener participaciуn en la nueva riqueza, hasta que la aficiуn desapareciу bruscamente, acabando la manнa de la flor, en 1637, con una crisis general (7).
Holanda debiу su potencia capitalista al comercio, pero hay que reconocer que tambiйn contribuyeron al fomento del capital las ramas de la actividad anejas a aquйl, tales como las construcciones navales, la industria cervecera y la azucarera. El comercio mayorista de Amsterdam tuvo bajo su dependencia la industria textil de Leyden.
De igual modo que el comercio, tambiйn la industria fuй causa de que, en el siglo XVII, el capital cristalizara en nuevas formas en el suelo holandйs. Despuйs de la revocaciуn del Edicto de Nantes estableciйronse en el paнs refugiados franceses, a los cuales no se aplicaron las trabas de la vieja constituciуn gremial, y asн pudieron, sobre el sistema de fondos de comercio, o capital, desenvolver manufacturas, explotaciones en las cuales trabajaban numerosas personas reunidas en un mismo local y bajo una vigilancia ъnica. Ya en 1682 el languedociano Pierre Baille organizу en Amsterdam una fбbrica de tejidos de 110 telares. Los molinos de viento holandeses, trabajando para la desecaciуn del paнs, o como molinos de cereales, aceite y papel, representaron, en el proceso de producciуn, una inversiуn de capitales como raramente se viу en aquella йpoca. Leyden y Haarlem se convirtieron en centros de la industria textil de exportaciуn, como en otro tiempo lo fueron Ypres y Gante.
Holanda no sуlo se enriqueciу gracias a la agricultura, sino que tambiйn la agricultura floreciу en Holanda. El mercado urbano, al ofrecer al campesino grandes facilidades de venta, capacitуle para un intesнsimo cultivo. En ninguna parte la horticultura y la ganaderнa se vieron mejor atendidas que en Holanda, y el capital comunal, por la desecaciуn de los lagos, vino a engrosar la superficie de las tierras de labor. Por otra parte, las colonias, particularmente Nueva Holanda y El Cabo, abrieron vastos horizontes de emigraciуn al exceso de poblaciуn metropolitana.
No obstante, la libertad de la economнa del trбfico tal como Holanda la pretendнa, estaba llamada a favorecer solamente a un reducido cнrculo de sus ciudadanos. Integraba el paнs una Liga de provincias autуnomas, cuyas diversas clases sociales y ciudades se mantenнan separadas entre sн. Los Oranges, a quienes seguнa el bajo pueblo, no lograron romper las barreras de la constituciуn de clases. Holanda presenta el aspecto de una economнa municipal, como anteriormente la habнan presentado las ciudades italianas y alemanas en su fuerza, pero tambiйn en su exclusivismo (8). Por mucho esplendor que consiguiera en el siglo XVII esta potencia, tan enaltecida por Rembrandt, nunca supo desarrollar homogйneamente las distintas fuerzas del paнs ni estuvo a la altura de la capacidad conjunta de los grandes Estados.
Amsterdam se habнa engrandecido gracias a la caнda de Amberes. Los holandeses bloquearon el Escalda, de igual modo que en tiempos pasados Venecia habнa cerrado el Po a los ferrareses, con el fin de apropiarse el monopolio de la navegaciуn. Por sus puestos aduaneros los holandeses se hicieron dueсos del trбfico del Mosa, el Rhin y el Ems.
La mйdula espinal del comercio holandйs la constituнa el trбfico del Bбltico. El objetivo de la polнtica neerlandesa era lograr para sus barcos el libre paso por el Sund, dificultando, en cambio, el de los de otras naciones, particularmente de Inglaterra, siquiera por medio de elevados aranceles. Los holandeses intentaron, mediante la concesiуn de emprйstitos a Dinamarca, eximirse de la aduana del Snud, como antaсo los venecianos habнan conseguido franquicias aduaneras como compensaciуn de servicios prestados al imperio griego.
Las grandes Compaснas no mostraron menos severidad para con los intrusos nacionales que con los extranjeros. El comercio indio debнa quedar en manos de los miembros de las Sociedades, y cuando, en 1638, se relajу el monopolio de la Compaснa de las Indias Occidentales, pensуse que todos los desastres habнan de achacarse ъnicamente a las restricciones del libre cambio de ello derivadas.
Francia e Inglaterra habнan
apoyado a los holandeses en su guerra contra Espaсa; pero al
En 1689 subiу al trono inglйs
Guillermo III, y a partir de aquel momento Holanda e Inglaterra marcharon
juntas; en el
(1) W. VOGEL, Zur Gr ц sse der e urop. Handelsflotten i m 15, 16 und 17 Jh. F. und Versuche z. G. des MA. und den Neuze i t, Festschrift f. Di e trich Sch дf er, 1915.
(2) Hypomnemata Mathematica II, 2, 1605; cfr. E. L. JДGER, Luca Paccioli und Simon Stevin. Stuttgart, 1876.
(3) BЦHM-BAWERK, Kapital und Kapitalzins, 2.Є ed. Innsbruck, 1900, I, pбgs. 39 y ss.
(4) Cunningham llama
(5) De 1621 a 1636 apresу 547 barcos espaсoles y portugueses por un valor total de 30 millones de florines, y en 1628 Piet Heyn consiguiу capturar en la costa de Cuba la flota de plata, con 15 millones de florines.
(6) EHRENBERG, Die Fondsspekulation und die Gesetzgebung, 1883; J. G. VAN DILLEN, Isaai le Maire en de Handel in Actien der oost-indische Compagnie. Economisch-Historisch Jaarbok XVI, 1930.
(7) MAX WIRTH, G. der Handelskrisen, 4.Є ed., Francfort, 1890, pбgs. 23 y ss.
(8) PRINGSHEIM destaca, contra SCHMOLLER, el carбcter de economнa municipal de Holanda. Lo mismo hace HAGEDORN. El espнritu exclusivista de las comunidades municipales holandesas impidiу la anexiуn de Emden. BAASCH: El capitalismo holandйs es una manifestaciуn emanada exclusivamente de la ciudad.
(9) Tormento y ejecuciуn de ingleses en Amboyna (1623).
1.4. Francia
La potencia de la
Francia moderna
no se consolidó
hasta el siglo XVII, en el cual
tuvieron
fin las guerras
religiosas
del anterior en las cuales se dirimiу
a
la vez
la pugna existente entre la Corona
y
los Estamentos.
Richelieu tomó La Rochelle en 1628. El poder hispano,
que atenazaba a Francia por todos lados, habнase alzado
nuevamente en
el siglo XVII, y solamente bajo Turenne
los franceses se manifestaron superiores a la infantería
española. La victoria definitiva de Francia no tuvo
lugar hasta 1659, cristalizando en la Paz
Colbert ejerció el cargo de Intendente general de
la economía pública francesa desde 166l hasta 1683 habiendo sido
йl quien libró las finanzas de su país del fardo de deudas
y
del desorden en que
lo habнa encontrado,
y creando así los recursos que iban a hacer posible la polнtica de altos vuelos
de Luis XIV (1).
Una de las medidas
principales que
adoptó para el saneamiento
de las fi
En 1581 fué abolida en este país la autonomía de
los gremios; la Corona reclamó para sí el derecho de la
ordenación de los oficios. No obstante, no derogó la
antigua constitución económica, sino que se limitу a
asentarla sobre una nueva base jurídica, y así los gremios pasaron a ser instituciones oficiales, persistiendo
los privilegios ciudadanos. En 1673 Colbert intentó
extender a todo el país la constitución gremial. Los
gremios debían servir ante todo a la creación de un
impuesto industrial escalonado por clases y localidades. Con el fin de mantener
en toda su eficiencia al artesanado, se eliminaba la competencia mediante la limitación
del número de maestros
y
oficiales. Pero la diversidad de
las demandas y de los trabajos que las satisfacнan se
hicieron tan grandes, particularmente en el siglo XVIII,
que cada día resultaba más difнcil
delimitar entre si las
diferentes profesiones. Forbonnais calculaba que los
gremios gastaban anualmente más de un millón de
libras en procesos por desavenencias recíprocas, y era
de una dificultad extrema reducir al artesanado de los
suburbios al cumplimiento de los reglamentos gremiales. Por otra parte, la nueva
industria capitalista de
exportación no podía desenvolverse con libertad. Como en
las ciudades italianas, adoptó también las formas
del gremio, y asн vemos
en posición
de rivalidad, en la
industria sedera de Lyon, las organizaciones de los
El tráfico, circunscrito hasta entonces a las ciudades,
debнa beneficiar a todo
el
país. Francia habнa de ser
centro industrial donde se abastecieran los demás
paнses, como en días pretéritos la comarca lo había sido para la
ciudad. A tal fin Colbert se habнa propuesto eliminar los obstáculos, así de orden natural corno jurнdico, que entorpecían el intercambio en
elpaís. Construyó carreteras y canales, siendo su obra maestra el
Quedaban exentos los
El comercio y la industria franceses viйronse ayudados, de una parte, por premios directos otorgados a los particulares y, de otra, por un gravamen diferencial de los extranjeros. Con objeto de realzar la navegaciуn nacional, aplicуse a la extranjera un derecho de tonelaje, concediуse a las Compaснas francesas el privilegio del comercio con las colonias del Cenada y las Antillas, con Africa (Senegal) y las indias Orientales, y, finalmente, acudiуse en ayuda de la industria nacional con la tarifa de 1667, por la que se gravaban fuertemente o se excluнan las manufacturas extranjeras, a la par que se facilitaba la entrada de materias primas.
Las
Colbert pudo vanagloriarse del йxito de sus disposiciones, cuyo resultado venнa a resumirse del modo siguiente:
La exclusiуn de los holandeses del trбfico con las islas azucareras habнa representado para Francia un beneficio anual de 4 millones de libras, y otro tanto la exportaciуn de paсos y medias; la industria encajera de Venecia y de Gйnova quedaba destruнda, y su rendimiento, de 3 600 000 libras, pasaba a Francia, amйn de otro millуn que le valнan sus espejos. «Todos esos establecimientos dieron vida a numerosнsimas gentes y conservaron el dinero en el Reino» (Forbonnais).
Pese a tantos йxitos iniciales contra la Inglaterra de la Restauraciуn, la economнa francesa hubo de dejar el primer lugar a la inglesa bajo el reinado del mismo Luis XIV. їCuбles fueron las causas del fracaso?
En primer tйrmino, los franceses no supieron incorporarse aquella libertad de espнritu emprendedor que, en holandeses e ingleses, fuй el fundamento de la potencia econуmica. No sin razуn se han comparado las reglamentaciones de Colbert con las medidas de Isabel y del primer Estuardo. Pero mientras en Inglaterra la revoluciуn condujo a la aboliciуn de los monopolios, en Francia fracasaron totalmente las demandas del tercer estado (1614 y 1648), encaminadas a conseguir la supresiуn de monopolios y privilegios, y la instauraciуn de la libertad profesional de las industrias hasta entonces emancipadas de la constituciуn gremial. Frente a la «gran industria», artificialmente cultivada, hubo de retroceder la pequeсa explotaciуn, particularmente la industria agrнcola, que en Inglaterra formaba la base del sistema capitalista y que mбs tarde, a mediados del siglo XVIII, abandonado ya el sistema de Colbert, contribuyу esencialmente, bajo Gournay (1750-1770), a la prosperidad de Francia. El mismo Colbert calificу de «muletas», de expediente educativo, la protecciуn que otorgaba a la industria nacional, protecciуn que habrнa de cesar en el momento en que los industriales se hubieran emancipado. No obstante, en contradicciуn con esta concepciуn amplia, los reglamentos se convirtieron, bajo los sucesores de Colbert, en trabas burocrбticas que obstaculizaban la libertad de movimientos. Mientras el gran ministro de Luis XIV habнa procurado limitar el nъmero de empleos, sus seguidores no cesaron de crear nuevas plazas en enorme proporciуn. La creaciуn de la Curia en el siglo XIV habнa sido una medida financiera. Cuando el Estado necesitaba dinero, creaba un nuevo cargo venal, dotado con emolumentos y derechos que percibнa el funcionario una vez satisfecha al erario el importe del empleo adjudicado. El perjuicio ocasionado por esta instituciуn era doble: en lugar de explotar independientemente una empresa, muchos preferнan posesionarse de aquellos lucrativos puestos, mientras los gastos que su sostenimiento ocasionaba gravitaban sobre el comercio y el trбfico.
La represiуn de la libertad religiosa
tuvo, para el espнritu de empresa de los franceses, efectos peores aъn que el
embotamiento fiscal de la constituciуn industrial. Pareciу como si con los
herejes anduvieran aparejados el comercio y el bienestar, y precisamente
fueron aquellos elementos, los hugonotes, los afectados por la con-versiуn
forzosa y la revocaciуn dad edicto de Nantes de 1685. No es precisamente que
la persecuciуn del protestantismo hubiese destruido la industria francesa,
sino que, al llevar los
Ademбs, la economнa de trбfico, tal como la concebнa Colbert, presuponнa el mantenimiento del dominio del mar (3). Colbert creу una flota nacional que se hizo famosa en el Mediterrбneo por los bombardeos de Argel y Gйnova. Unicamente que Luis XIV desviу el centro de gravedad de sus empresas en conquistas territoriales que le enfrentaron con una coaliciуn de potencias, contra las cuales los recursos de Francia eran insuficientes.
Como lo habнan hecho Holanda e Inglaterra, tambiйn Francia
procurу enriquecerse a costa de Espaсa; y como Francia estaba rodeada de
territorios hispбnicos y la debilidad del vecino germбnico prometнa pingьes
beneficios, Luis XIV se lanzу бvidamente contra la frontera oriental.
Cierto que logrу grandes йxitos, puesto que se anexionу una
parte de los Paнses Bajos espaсoles, el Franco Condado y Estrasburgo, y que la
guerra espaсola de Sucesiуn llevу a los Borbones al trono de Espaсa; en la
cuestiуn principal, empero, Luis XIV fracasу por completo. La dominaciуn de
Holanda le resultу tan poco ventajosa como la reuniуn del imperio colonial
espaсol con la potencia industrial francesa, reuniуn que no durу mбs allб de
un breve espacio durante la antedicha guerra de Sucesiуn. Segъn la paz de
Utrecht de 1713, Espaсa no deberнa unirse nunca a Francia; el
Estas luchas motivaron el abandono de la propia expansiуn colonial. El plan de Leibniz de una expediciуn a Egipto quedу sin efecto, y la fIota creada por Colbert experimentу una derrota decisiva frente a La Haya, en 1692. A pasar de todos los esfuerzos de Colbert, Luis XIV dejу a Francia tan agotada y con tantas deudas como habнa estado en otro tiempo. Al finalizar el siglo XVII la deuda del Estado francйs se elevaba, segъn Davenant, a 100.130.000 libras, mientras que la de Inglaterra no excedнa de 17.552.544 libras y la de Holanda de 25.000.000.
No faltaron ensayos, en el siglo XVIII, encaminados a restablecer el equilibrio en beneficio de Francia, habiendo sido uno de los principales el emprendido por el escocйs Law, sucesor, en 1720 y por breve tiempo, de Colbert en el cargo de Intendente general de finanzas.
Mientras Colbert habнa visto en las aduanas la
palanca principal para impulsar los fundamentos de la riqueza nacional, Law
tuvo una idea mбs amplia del comercio exterior. Cierto que tambiйn йl procurу
atraerse, y lo logrу durante un tiempo, a tйcnicos ingleses, fundidores de
caсones y especialistas en construcciones navales, tejedores de lana y
vidrieros, acudiendo para ello a la concesiуn de premios y privilegios. Con
todo, la varita mбgica que debнa servirle
Al igual que su compatriota Paterson, el fundador del Banco de Inglaterra, Law se proponнa crear una nueva organizaciуn capitalista. Y del mismo modo que Paterson no tuvo йxito con otra de sus fundaciones, la Compaснa escocesa del Dariйn, asн fracasу tambiйn por completo la empresa de Law. El principal motivo del fracaso estuvo en la sobreestimaciуn mercantilista que hizo Law del proceso de circulaciуn y en el hecho de haber confundido el dinero con el capital.
En un paнs, un aumento de los medios de pago puede cooperar al impulso de las explotaciones. Law viу en aquella incrementaciуn un elemento principalнsimo para el realce de la economнa nacional. El milagro debнan realizarlo no el oro y Ia plata, sino los billetes de emisiуn, billetes que deberнan emitirse en la proporciуn del importe de las acciones de su fundaciуn. En Escocia, Law habнa propuesto la creaciуn de un Banco hipotecario. En su concepto, el suelo del paнs poseнa un valor mбs positivo que el oro y la plata, puesto que podнa elevarse hasta lo infinito, mientras que aquellos metales se desvalorizarнan a medida que aumentase su producciуn. Debнa prestarse sobre las tierras la cantidad equivalente a los dos tercios de su valor, y emitir, sobre el capital de la fundaciуn, billetes que vendrнan e ser lo que hoy nuestras cйdulas hipotecarias. En Francia, Law edificу su sistema sobre las acciones de la Compaсia del Mississippi (5), las cuales debнan representar tambiйn un valor mбs sуlido que el oro y la plata, y que, en consecuencia, ofrecнan, con sus billetes, el mejor elemento de circulaciуn. Aun suponiendo que ese raciocinio hubiese sido justo, nada autorizaba aъn a inferir que aquellos valores se prestaran de modo especial a constituir un medio general de circulaciуn. Aun siendo estimados como un buen recurso de inversiуn de capitales, su valor como medio de circulaciуn dependнa de la demanda de medios de pago y de su eventual capacidad de realizaciуn, de su conversiуn en otras modalidades de capital, particularmente de capital numerario en metales nobles, tan apreciada tambiйn en el extranjero. Mientras no se emitiу un nъmero excesivo de billetes y los poseedores de ellos pudieron utilizarlos como medios de pago, todo marchу bien. Pero en cuanto hubo en circulaciуn un exceso de medios de pago, cada cual procurу realizar los que poseнa. Los primeros pudieron hacerlo, pero cuando el movimiento se generalizу, viуse que los valores destinados a servir de garantнa no podнan liquidarse con la rapidez necesaria. De igual manera mбs tarde, durante la Revoluciуn, los asignados fueron tambiйn garantizados sobre los bienes nacionales procedentes de las expropiaciones de la Iglesia y de la nobleza fugitiva; pero їquiйn iba a comprar, dada la inseguridad polнtica del momento? їQuiйn podнa adquirir tantas tierras? Los bienes debieron ser cedidos a un precio inferior a su valor, y con todo, su venta se realizу con gran lentitud. ЎCuбnto mбs las acciones de la Compaснa del Mississippi! Sumamente buscadas durante un tiempo, porque de su posesiуn dependнa la adquisiciуn de acciones de otras empresas, una terrible bancarrota sucediу al alza artificial de aquel modo provocada.
Al lado del escocйs Law puede colocarse a Iren Carey como inflacionista, como multiplicador de los medios de pago sin consideraciуn a su seguridad. Como el segundo en Amйrica en el siglo XIX, asн el primero en Francia obrу animado por el deseo de quebrantar la potencia capitalista inglesa por medio de la estimulaciуn de la economнa adversaria. Y, en realidad, en Londres preocuparon seriamente los proyectos de Law (6).
Law se brindу a hacerse cargo de la Deuda pъblica de Francia. ЎSeductora proposiciуn! Tan pesada carga debнa transformarse incluso en palanca impulsora de la economнa nacional al ser convertida en medio de circulaciуn. En lugar de rentistas ociosos iban a aparecer accionistas de una poderosнsima empresa que abarcarнa todo el comercio francйs. Law supo convencer al Regente de la bondad de sus proyectos.
En 1716 el financiero escocйs fundу un Banco que emitнa billetes y descontaba giros y, al aсo siguiente, creу la «Compagnie d'Occident», a la cual se le confiriу el derecho exclusivo al comercio de Luisiana. En 4 de diciembre de 1718 aquel establecimiento bancario fuй convertido en Banco del Estado. El fondo del proyecto de Law, sin embargo, no era la simplificaciуn del movimiento de pagos por medio de un Banco central, cuyas ventajas habнa explicado el escocйs a los franceses, ni tampoco la colonizaciуn de la Luisiana, a la cual se entregу Law con gran celo, atrayendo a emigrantes o haciendo deportar a gentes, persiguiendo la adquisiciуn de metales preciosos y procurando, aunque en vano, traspasar a Francia el comercio con las colonias espaсolas; mбs que en todo eso, pensaba en la utilizaciуn del agio en una empresa que a todo el mundo fascinaba, con el fin de facilitar el crйdito del Estado.
Nadie como Law ha sabido hacer subir el cambio de sus valores mediante negocios con prima, supeditaciуn de toda nueva emisiуn de acciones a los derechos adquisitivos de los antiguos accionistas y reducidos reintegros al lanzar emisiones nuevas.
Los «billetes de Estado» no valнan mбs que el 30% cuando
Law les otorgу el derecho de ser recibidos por la totalidad de su valor
nominal en los pagos destinados a constituir el capital de la Compaснa y del
Banco. Con todo, el curso de su propio papel apenas llegу a la par, hasta que,
en 1719, Law consiguiу incorporar a su Compaснa las empresas financieras mбs
importantes de Francia. En junio del citado aсo las Compaснas de las Indias
Orientales y de China se fusionaron con la suya, bajo el nombre de Compaснa de
las Indias, y en julio fuйle traspasado el arriendo de la moneda. En
consecuencia, a las 200.000 acciones de la Compaснa vinieron a sumarse, en 20
de junio de 1719, otras 50.000 nuevas para indemnizaciуn de las antiguas
Sociedades coloniales, y en 27 de julio otras 50.000 en pago de la concesiуn
del arriendo de la moneda. Diуse el nombre de
El sistema de Law llegу a su cъspide cuando el financiero
hubo conseguido, no sin la oposiciуn do otros concurrentes, hacer adjudicar a
la Compaснa el arriendo general de los impuestos, a la par que se hacнa cargo
del pago de los rйditos de la Deuda nacional. En agosto de 1719 la expectaciуn
de este negocio habнa hecho subir las acciones de la Compaснa al dйcuplo de su
valor nominal. En septiembre y octubre, Law pudo colocar a dicho cambio las
300.000 acciones necesarias para entrar en posesiуn del arriendo general. De
estas acciones exigiуse solamente el pago inmediato del 10%, es decir, 500
libras; de ahн que se las llamara
La renta correspondiente a tan elevados cambios difнcilmente podнa extraerse de la administraciуn del impuesto y de los beneficios comerciales y de arriendo de la moneda con que contaba la Compaснa; y aun cuando Law, en diciembre de 1719, decidiу el reparto de un dividendo del 40%, el rentista que habнa comprado a un cambio elevado se encontrу con que su capital le producнa un interйs menos que mediano. No habiendo ya mбs emisiones en expectativa, las gentes empezaron a realizar. Los mississippienses compraron terrenos y desplegaron un lujo inusitado, los precios subieron y el cambio de las acciones comenzу a vacilar.
A fin de evitar la caнda de las acciones, Law, en 23 de febrero de 1720, fusionу el Banco y la Compaснa; en 5 de marzo fijу el curso de las acciones en 9.000 libras, es decir, en 18 veces su valor nominal, y declarу que en todo momento aquel papel podнa ser cambiado por billetes. Con ello proponнase Law convertir las acciones en dinero. Al mismo tiempo el metal noble debнa ser rebajado a la categorнa de moneda de vellуn. Ya en 21 de diciembre de 1719 la plata habнa sido autorizada ъnicamente para pagos de hasta 10 libras, y para pagos de hasta 300 el oro; en 27 de febrero de 1720 quedу prohibido el pago en metбlico de cantidades superiores a 100 libras; nadie podнa guardar en su casa mбs de 500 libras en moneda efectiva. Por otra parte, los repetidos cambios de tarifaciуn y la desvalorizaciуn del dinero determinaron en los poseedores el afбn de desprenderse de йl, cambiбndolo contra billetes que, al parecer, tenнan mayor estabilidad.
Tanto los poseedores de dinero como los propietarios de
acciones se apresuraron a trocar en billetes sus existencias, hasta el extremo
de que, en el mes de mayo, se habнa desembolsado en billetes un valor de 2
1/2miliardos de libras. Su acumulaciуn
gravitaba sobre su valor, circunstancia que moviу a Law, en 21 de mayo de
1720, a reducir el cambio de los billetes a la mitad, fijando el de las
acciones en 500 libras, es decir, el dйcuplo de su valor nominal solamente, el
curso de emisiуn de los
Con razуn viуse en este edicto un abuso de confianza, principio de una crisis, la cual se tradujo en un pбnico que no logrу detener la revocaciуn de aquella disposiciуn promulgada en 27 de mayo. El mismo Law querнa que ese descenso del cambio del billete no se considerase mбs quo como una tarifaciуn modificativa de las monedas de oro y plata, modificaciуnque habrнa sido justificada por el estado de la circulaciуn. Asн como los medies de circulaciуn pertenecнan al rey en virtud de su derecho a la acuсaciуn de la moneda, asн podнa tambiйn el soberano determinar sus valores recнprocos. Pero precisamente esta facultad de estabilizar a capricho, sin tener en cuenta para nada las condiciones del mercado y la opiniуn del mundo de los negocios, hizo perder toda confianza en el Gobierno, el cual, del mismo modo que habнa forzado por todos los medios la coyuntura de alza, hacнa ahora todo lo posible para agudizar la bancarrota. Los beneficios de los mississippienses fueron declarados ilegнtimos y castigados, y los billetes revocados.
Billetes y acciones fueron convertidos nuevamente en valores a crйdito fijo; los atrevidos accionistas volvieron a ser rentistas; la deuda flotante del Estado trocуse de nuevo en deuda perpetua, aunque, como se comprende, con grandes cercenamientos, que debieron soportar, no sуlo los antiguos rentistas, sino—y principalmente—el mundo de los negocios, cuyo capital de circulaciуn en billetes quedу transformado sъbitamente en renta ruinosa. En vano los comerciantes extranjeros protestaron por boca de sus gobiernos; la liquidaciуn del papel de Law fuй una verdadera bancarrota.
La asociaciуn de las formas capitalistas de la economнa con la omnipotencia del absolutismo, asociaciуn de la cual tan grandes cosas habнa esperado Law, habнa resultado fatal por causa de la voluntad caprichosa del monarca. El brusco cambio en las condiciones de fortuna determinado por el sistema, conmoviу la posiciуn de los antiguos privilegiados. La constituciуn democrбtica qua Law diу a su Compaснa, en contraposiciуn a la de sus modelos holandeses, la igualdad de los accionistas, contribuyу a preparar la igualdad polнtica de la Revoluciуn.
Es curioso que escritores tan destacados como James Steuart y Bьsch no reconocieran el error de Law. Ambos creyeron que si se hubiese dejado circular tranquilamente todo el cъmulo de billetes, las cosas se hubieran mantenido en regla. Pasaron por alto la desvalorizaciуn. Asн, el sistema de Law pudo resucitar, mбs tarde, en la economнa de los asignados. Mientras el empleo moderado del recurso de la emisiуn de billetes no cubiertos con numerario hacнa del Banco de Inglaterra la mйdula de la potencia econуmica y financiera del paнs en su lucha contra la Revoluciуn francesa y Napoleуn, el Banco de Francia no pudo prestar el mismo servicio a su naciуn hasta 1870.
La guerra de los Siete Aсos costу
Al lado de los ricos comerciantes y fabricantes, los arrendadores de impuestos y los compradores de empleos formaban la aristocracia financiera, ante la cual, ya en el siglo XVIII, la vieja nobleza se eclipsaba.
Las turbulencias subsiguientes a la Revoluciуn arrebataron a Francia sus ricas posesiones coloniales, dando en este punto la hegemonнa a Inglaterra. Todavнa Napoleуn intentу quebrar el poderнo inglйs combatiendo, de acuerdo con las ideas de Colbert, la importaciуn britбnica por medio de aranceles y prohibiciones, y dirigiendo sus ataques, en concordancia con los planes de Law, contra el crйdito del Banco de Inglaterra.
El mercantilismo francйs llegу a su punto culminante el dнa en que la Revoluciуn y Napoleуn hubieron dado mayor fuerza a la potencia militar de Luis XIV. En 1791, con la supresiуn de las aduanas interiores, Francia quedу convertida en una regiуn econуmica unificada. Las victorias de las armas francesas abrieron a las mercancнas nacionales los mercados de los paнses continentales dominados, sin compensaciуn por parte de Francia, quo fracasу ъnicamente en la lucha contra Inglaterra. En vano el Directorio prohibiу en 1796 la entrada de los productos britбnicos; en vano decretу Napoleуn en 1805 el bloqueo continental. En 1805 Nelson obtuvo, frente a Trafalgar, una victoria decisiva. El dominio de los mares confirmу a Inglaterra el monopolio del comercio colonial. Y del mismo modo que fallу la exageraciуn de la interdicciуn mercantilista, asн tambiйn la mengua de la fuerza adquisitiva de las regiones sometidas condujo, en 1811, a una crisis de la industria francesa, perjudicada en sus mercados de salida. Ya antes del derrumbamiento polнtico manifestуse la derrota econуmica de Francia.
(1) G. K. HECHT, Colberts politische und volkswirtschaflische Grundanschauungen. Volkswirtsch. Abh. d. bad. Hochschulen I, 2. Friburgo, 1898.
(2) SAVARY, Dictionnaire du Commerce, 1743 y ss.
(3) Cfr. Edicto de 1664: «afin d'exciter par ce moyen tous nos sujets des Provinces Maritimes d'entreprendre des voyages de long cours, et ceux des autres Provinces а y prendre intйrкt». «Donnй la meilleure parte de nos soins au rйtablissment de la Navigation et du Commerce au dehors comme йtant le seul moyen d'attirer cette abondance, dont nous souhaitons si ardemment que nos Peuples jouissent». FORBONNAIS, I, pбgs. 345, 337.
(4) H. GRAVIER, La colonisation de la Louisiane а I'йpoque de Law. Paris, 1904.—A. FRANZ, Die Kolonisation des Mississippitales bis zum Ausgange der franzцsischen Herrschaft. Leipzig, 1906.- «La monnaie d'or tire sa valeur de sa matiиre qui est un produit йtranger. La monnaie de banque tire sa valeur de l'action de la Compagnie des Indes qui est un produit de la France». FORBONNAIS, II, pбg. 583.
(5) Public Record Office XIX State Papers, Foreing, France 166. Letters from Mr. Blade. and Mr. Pulteny. 26 August 1719: «We cannot but be something alarmed at a scheme that seems one day to threaten the destruction of all the British Colonies in America». 24 Dezember: «Part of Mr. Laws scheme to improve as much as possible the French sugar plantations and to beat us entirely out of the sugar trade». 3 January: «Law says, we are bankrupts and shall be forced to shelter ourselves under the protection of France».
1.5. Inglaterra
En la Edad Media, la economнa inglesa viуse obstaculizada, no solamente por las disensiones interiores, sino tambiйn por las exigencias de la Iglesia y la inseguridad de la sucesiуn dinбstica. Ante todo, la polнtica continental de los monarcas excedнa las posibilidades del pueblo. Las luchas en torno a la corona de Francia absorbieron hasta tal extremo los recursos, que forzosamente se hubo de hacer grandes concesiones a los comerciantes extranjeros, hanseбticos e italianos, a cambio de sus prйstamos monetarios. Los reyes les otorgaron mъltiples privilegios con el fin de poder organizar sus finanzas con seguridad e independencia, sustrayйndose a la incуmoda fiscalizaciуn del Parlamento. Por eso, hasta en pleno siglo XVI, una buena parte del comercio britбnico estuvo en manos de aquellos extranjeros.
La situaciуn de Inglaterra se consolidу despuйs de la guerra de las Dos Rosas, y en tiempos de Isabel pasу a ser una gran potencia protestante. Renunciуse a las conquistas continentales, ya que la reina hubo de acoplar todas sus fuerzas para imponer su autoridad a sus enemigos, tanto interiores como exteriores. Como Holanda, Inglaterra rompiу las hostilidades contra Espaсa, y en 1588 la flota inglesa obtuvo sobre la espaсola una victoria decisiva. Th. Gresham, el fundador de la Bolsa de Londres (1567) (1), logrу emancipar a Inglaterra del mercado de Amberes en cuanto a necesidades monetarias, sustentбndola sobre la potencialidad capitalista del propio paнs. Con la reforma de la moneda de 1560 habнase dado una sуlida base al sistema monetario de Inglaterra. Fueron retiradas las antiguas monedas de escaso valor, y aunque las nuevas no pudieron sustraerse a los efectos de la desvalorizaciуn, el hecho es que Inglaterra dispuso, en adelante, de un mуdulo fijo de valores.
Las ъItimas galeras de los
venecianos habнan abandonado Inglaterra ya en 1534
(2), y en
1578 quedaron anulados los privilegios del «Stahlhof»
hanseбtico de Londres (3). Los ingleses tomaron en sus
propios manos el comercio de Levante y de Alemania. Los
almacenistas que habнan venido exportando la lana
inglesa al puerto de escala de Calais, fueron perdiendo cada vez mбs
importancia ante Ios Merchant Adventurers, quienes instalaron su centro de
exportaciуn de los paсos britбnicos, primero en
Amberes, y mбs tarde en Hamburgo, la ciudad
hanseбtica. La Compaснa Rusa y
la Africana, designadas por Scott como las primeras
sociedades anуnimas, fuero fundadas ya en 1553. A ellas siguieron en 1568 los
privilegios a las empresas mineras de los
No obstante, el
comercio y la industria no pudieron moverse con plena libertad bajo la
protecciуn del Poder britбnico, sino que hubieron de sujetarse
a un riguroso control de la autoridad. En el
William Cecil, Lord Burleigh, Tesorero mayor en el reinado
de Isabel, desde 1572 a 1598, logrу instaurar
en Inglaterra nuevas ramas de la industria por medio de
la concesiуn de premios y de la atracciуn de forasteros,
mineros alemanes y tejedores
belgas. Francis Drake y
Walter Raleigh pusieron los fundamentos a la expansiуn colonial inglesa
(Virginia). Las crуnicas de Raleigh de 1603 y
1618 ponen de manifiesto la superioridad de
Holanda, todavнa en aquel memento.
Bajo los primeros Estuardos implantуse un sistema
de fomento Industrial y de explotaciуn fiscal, especie
de asociaciуn de capitalismo y fiscalismo parecida a la
que habнa existido entre los Habsburgos y los
augsburguenses. Contra el pago de una cuota estipulada, la
Corona concedнa un monopolio al ideador de una combinaciуn tйcnica o
comercial. De este modo fuй otorgado el monopolio de la
explotaciуn minera del estado a los fundidores del
mismo, y asн vemos aparecer sucesivamente los monopolios de la sal, del jabуn
y de los alfileres. Esas concesiones no sуlo oran odiados por constituir un
medio de proveer a la Corte de dinero sin la anuncia del Parlamento, sino que
contra ellos clamaba ademбs, y en primer tйrmino, la
masa de los pequeсos
productores perjudicados por aquel privilegio, y en segundo el pъblico, que
veнa aumentar continuamente el precio de las mercancнas sin que mejorase por
ello la calidad de las mismas. En 1601 y 1624 el Parlamento habнa ya
manifestado su disconformidad con el sistema de monopolios, pero sus esfuerzos
no salieron victoriosos hasta 1640, en que se comstituyу el
«Parlamento
largo». El resultado fuй que, en el siglo
XVIII, John Smith no pudo
establecer en Inglaterra otros monopolios que los municipales, como el de los
carniceros y los
La Revoluciуn inglesa fuй motivada por impulsos religiosos
y politicos. Econуmicamente, condujo a emancipar a los traficantes y
productores de toda intervenciуn de la autoridad.
No obstante,
tambiйn trajo consigo demandas sociales; bajo los Independientes
victoriosos,
alzбronse en 1649 los
«niveladores» al grito de:
«Ўviva la libertad del
pueblo! Ўviva el derecho del soldado!». La libertad no
consistнa en el libre
comercio, sino en el libre disfrute de la tierra, propiedad de todos. Y asн
comenzaron a cultivar Ia tierra comъn los
En su «Oceana» (1656), Harrington se lanza a la lucha contra el latifundismo. Sуlo un crecido nъmero de agricultores libres pueden, a su juicio, garantizar una constituciуn libre, puesto que la soberanнa se inspira en la propiedad.
Entre los cuбqueros, John Bellers, en 1695, diу,
la idea de un
Como vemos, la cuestiуn social era, en aquellos tiempos, un problema de labradores y de pobres. Por medio de la organizaciуn y la educaciуn los pobres debнan convertirse en obreros, y las tierras pasar a ser propiedad de los campesinos. Pero esas corrientes sociales hubieron de retroceder en la Inglaterra de aquella йpoca. La gran propiedad rъstica y las empresas capitalistas industriales y mercantiles tomaron, en la Gran Bretaсa, las riendas de la vida econуmica.
Las revoluciones del siglo XVII
socavaron la autoridad de las disposiciones de la йpoca isabelina, pero el
La acometida de Cromwell contra el imperio
colonial hispano fracasу en
En determinadas circunstancias, el absolutismo polнtico se inclina a otorgar, en cuestiones econуmicas, una libertad mayor de la que confiere una soberanнa parlamentaria, y serнa errуneo pretender atribuir el progreso de Inglaterra exclusivamente a la revoluciуn de 1688.
El Acta de Navegaciуn impulsу
la construcciуn naviera britбnica y, con ella, una de las bases de la potencia
nacional, motivo que incitу a Adam
Smith a ensalzarla; no obstante,
el comercio inglйs, que se servнa en gran escala de los
buques extranjeros y que no podнa
verlos
Bajo la Restauraciуn, la suspensiуn, en 1672, de los pagos de Tesorerнa produjo una crisis entre los orfebres, a quienes era costumbre confiar la custodia del dinero desde que, en 1640, Carlos I habнa decretado el secuestro de los depуsitos en la Torre. En 1661 Inglaterra, asociada con Portugal, obtuvo Tбnger y Bombay, y en el curso del siglo la industria inglesa se desarrollу hasta crearse una tйcnica dominante aъn en los ъltimos perнodos del proceso de producciуn, como la tintorerнa en la industria lanera, por ejemplo.
En una notable estadнstica de 1689,
Gregory King cuenta entre los que
incrementan la riqueza del paнs
a 356.586 familias campesinas,
en su mayorнa
quinteros y pequeсos
propietarios, pero tambiйn lores y eclesiбsticos. El
comercio se halla representado por 50.000
familias, 2.000 traficantes mayoristas ultramarinos
catalogados como caballeros, 8.000
comerciantes de menor importancia
distribuidos por el paнs, de
situaciуn algo inferior
a la de los
Por muy enйrgicamente que
en
el siglo XVII
Inglaterra emulara a los Paнses Bajos, la economнa
britбnica no pudo conseguir a la de aquйllos hasta el
ella en qua se realizу la uniуn polнtica de ambos,
mediante la gloriosa Revoluciуn» de 1688,
Revoluciуn quo llevу al trono inglйs a Guillermo
III de Orange. Desde la
Numerosas fueron las razones que movieron al capital a participar en esta forma en empresas arriesgadas. Al lado de las explotaciones de las diversas ramas del comercio exterior, la pesca, la navegaciуn en corso, el salvamento de restos de naufragios, la fundaciуn de colonias (Virginia Company, 1618), aparecieron las empresas mineras, las sociedades de abastecimiento de aguas, de mejoramiento de tierras, de explotaciones industriales (papel, hilo, vidrio, metales) y, finalmente, las sociedades bancarias y de seguros.
Entre las sociedades anуnimas, tres sobresalieron de un modo especial: el Banco de Inglaterra, la nueva Compaснa de las Indias Orientales y la Compaснa del Pacifico. Un rasgo comъn a las tres era su asociaciуn a las finanzas del Estado. Contra la aportaciуn de capitales cuantiosos (1.200.000 libras esterlinas en 1694, 2.000.000 en 1698, 10.000.000 en 1711) concediуse a los acreedores, ademбs del interйs garantizado por determinados ingresos del erario, un privilegio especial: al Banco de Inglaterra el de la emisiуn de billetes, a la Compaснa de las Indias Orientales el del comercio allende el Cabo de Buena Esperanza, y a la Compaснa del Pacнfico el del comercio en aguas sudamericanas.
Ya en Italia habнan sabido poner a contribuciуn el crйdito de un Banco apoyado por el Estado, a fin de facilitar la circulaciуn monetaria y la aportaciуn de capitales. El Banco di Rialto, fundado en Venecia en 1587, no era mбs que un establecimiento de depуsito al cual en 1593 se le confiriу el privilegio de que todos los pagos de giros debнan verificarse por su mediaciуn. El Banco del Giro, abierto en 1619, empezу sin embargo con grandes garantнas del Estado, cuyas obligaciones fueron utilizadas en los libros del Banco como medios de circulaciуn por el mundo de los negocios.
Asн, el Banco de Inglaterra, fundado en 1694, fuй,
contrariamente al de Amsterdam, no sуlo un
establecimiento de giro, sino tambiйn de crйdito. El crйdito que otorgaba se
lo procuraba ante todo por medio de billetes,
productores de interйs al principio y nominativos; y pudo endeudarse hasta la
cifra del capital prestado al Estado. Descontу giros, efectuу prйstamos con
interйs y negociу con los metales nobles. En 1708 obtuvo el privilegio de que
ninguna otra sociedad integrada por mбs de seis personas pudiese emitir
billetes. Obligaciones comerciales a corto plazo constituyeron de antemano la
garantнa de los billetes no cubiertos en numerario. No
obstante, las crisis, que ya en 1696 atravesу el Banco,
pusieron claramente de manifiesto qua el verdadero sostйn del establecimiento
era el crйdito oficial reforzado
por el control del Parlamento. Este crйdito oficial fuй
monetizado para el mundo
mercantil, el cual, por su parte, lo sostuvo nuevamente al aceptar como
medios de pago los billetes no cubiertos en
efectivo. De esta manera
el Banco de Inglaterra se caracteriza como una
instituciуn nacida de la asociaciуn del mundo de los
negocios y el Estado. El proyecto de Paterson
triunfу sobre el de Chamberlain
de un Banco territorial que, en interйs de los
La nueva Compaснa de las Indias Orientales, fundada en 1698, formу en 1702 una comunidad administrativa con la antigua y se fusionу totalmente con ella en 1709. La empresa britбnica del siglo XVII no pudo equipararse a la holandesa, a pesar de lo cual Davenant calculaba, en 1697, que de los 2.000.000 de libras de beneficios reportados por la actividad comercial inglesa, correspondнan 600.000 al trбfico de Ias Indias Orientales, 900.000 al de las restantes colonias y solamente 500.000 a la exportaciуn, en particular la de paсos. En el siglo XVIII Ia Compaснa conquistу para Inglaterra el continente indio. La victoria de Lord Clive sabre el nabab de Bengala en las cercanнas de Plassey (1757) y los йxitos de Warren Hastings, (1773-1785) procuraron a Inglaterra, en Oriente, el predominio no sуlo sobre la influencia francesa, sino incluso sobre la holandesa. Para las circunstancias interiores de Inglaterra, la Compaснa fuй un factor importante (de modo anбlogo a como la Casa di San Giorgio lo habнa sido para Gйnova), por el hecho de que en ella se acreditaron elementos qua en la metrуpoli se hallaban excluidos del rйgimen. Asн como la Casa di San Giorgio fuй una ayuda para la nobleza genovesa, asн tambiйn la Compaснa de las Indias Orientales cooperу a la exaltaciуn de la clase media britбnica (6).
Tanto el Banco como la Compaснa de las Indias Orientales parece como si se hubiesen propuesto eclipsar, durante algъn tiempo, a la Compaснa del Pacнfico, creada en 1711. Es cierto que el privilegio del comercio con la Amйrica espaсola no le suministrу los esperados beneficios, ni siquiera cuando, terminada la guerra de Sucesiуn en Espaсa (1713), йsta traspasу a la Compaснa inglesa el "Pacto de Asiento", por el cual adquirнa la Compaснa el monopolio, altamente productivo, del aprovisionamiento de esclavos negros a las colonias hispбnicas. De tanto mayor envergadura fuй el proyecto, concebido en 1719, de una transferencia de la totalidad de las deudas del Estado por medio de la Sociedad. Los planes de la Compaснa del Pacнfico guardan нntima relaciуn con los de Law en Francia. Law, que estaba influido por los procedimientos de la Compaснa inglesa, ejerciу a su vez influencia sobre ella mбs tarde. Desde febrero a julio de 1719, la Compaснa del Pacнfico se hizo cargo de los emprйstitos de loterнa; de julio a diciembre del mismo aсo, Francia viу los йxitos de Law una vez encargado de la Deuda pъblica del paнs. En diciembre de 1719 la Campaснa del Pacнfico se habнa asegurado la conversion de 31 millones de libras esterlinas de la Deuda nacional inglesa.
Mientras en Francia la empresa de
Law se esforzaba por reunir y abarcar la totalidad de las fuerzas econуmicas
del paнs, el йxito de la Compaснa del Pacнfico
determinaba en Inglaterra la apariciуn de otras
numerosas explotaciones, las
Era evidente que los cambios, llevados a un alza vertiginosa por la fiebre de especulaciуn qua se habнa apoderado de todos los cнrculos, no podrнan sostenerse a la larga; precisaba situarlos al nivel de los intereses y beneficios reales. La misma Compaснa del Pacнfico impulsу ese proceso de desencanto al adelantarse a las demбs empresas con el fin de asegurarse un monopolio sobre el afбn agiotista del pъblico. Esta actitud provocу una conmociуn general que se dejу sentir en el curso de sus acciones, las cuales, cotizadas a 1000 en junio de 1720, descendieron a 400, y a 180 en septiembre.
Las crisis de la Compaснa del Pacнfico y de Law representaron la primera crisis internacional de importancia, debido a la cuantiosa participaciуn del capital extranjero. La sociedad anуnima, una nueva forma de constituciуn del capital, pareciу abrir insospechados horizontes. La desilusiуn que habнa seguido a la quiebra fuй tan fuerte que, mientras hasta entonces las gentes habнan dedicado sus preferencias a la organizaciуn comercial de las empresas, los tiempos que siguieron inmediatamente a aquel hecho presenciaron una concentraciуn en torno a los problemas de la tйcnica. En 1720 alcanzуse una de las cumbres del desarrollo comercial, la constituciуn de sociedades accionistas, tipo de explotaciуn quo no fuй ampliado e intensificado hasta que se hubieron impuesto los йxitos tйcnicos. De todos modos, como resultado de los aсos de gran especulaciуn que fueron 1719 y 1720, quedу el robustecimiento de las organizaciones de trбfico capitalista, que eran las Bolsas de Londres y Parнs, equiparadas ya a la Bolsa de Amsterdam.
Como habнa ocurrido con el mercantilismo holandйs, el britбnico reclamу tambiйn la libertad de trбfico ъnicamente en los casos en qua se trataba de suprimir obstбculos a la propia actividad; por lo demбs, el mercado inglйs debнa ser de pertenencia exclusiva de los ingleses. Y como se procuraba intervenir sin el comercio espaсol, buscуse la manera de alejar a los holandeses por medio del Acta de Navegaciуn, y a los franceses acudiendo a las aduanas y prohibiciones de importaciуn.
El temor a las mercancнas francesas constituye el fondo de la doctrina de la baIanza comercial, representada en Inglaterra y celosamente defendida por Mun y otros. Era preciso asegurar a la industria nacional la mayor salida posible; en consecuencia, habнa que impulsar, no sуlo el consumo interior, sino Ia exportaciуn. La venta de artнculos al extranjero significaba la afluencia de dinero al paнs, y, por consiguiente, la preponderancia de la exportaciуn de productos era considerada como balanza comercial favorable. Muy distinto era el caso cuando se importaban mбs mercancнas de las que se exportaban; entonces, no sуlo la competencia del artнculo extranjero dificultaba la venta del de fabricaciуn nacional, sino qua el pago de su importe se llevaba el dinero del paнs, con la correspondiente debilitaciуn de la economнa. Bajo Colbert, Francia se habнa convertido en la primera naciуn industrial de Europa, y los artнculos franceses eran del gusto de la poblaciуn britбnica. Para contrarrestar aquella invasiуn, la industria inglesa reclamу y obtuvo la obstaculizaciуn de la importaciуn francesa. So pretexto de que las exportaciones francesas a Inglaterra excedнan en mucho a las inglesas a Francia, prohibiуse en 1678 la entrada de artнculos franceses manufacturados, o bien se los gravу con aranceles elevadнsimos, mientras qua, de otro lado, se cerraban al adversario, mediante disposiciones prohibitivas, el mercado de materias primas britбnicas, especialmente el de la lana (1660) (7).
Cierto es que en Inglaterra este sistema proteccionista no se limitу a favorecer exclusivamente la industria. No menos debiу Guillermo III su exaltaciуn a los terratenientes, en cuyo favor fuй promulgada la "ley de granos" (corn-law) de 1689, por la cual, cuando el precio del trigo no alcanzaba un determinado nivel, quedaba prohibida la importaciуn y se estimulaba la exportaciуn por medio de premios, mientras que en caso de carestнa, suprimнanse йstos y se daban facilidades a la importaciуn. Esta ley impulsу el cultivo de cereales, como el Acta de Navegaciуn habнa impulsado la actividad marнtima. Frente a las medidas tomadas por otros Estados, medidas que cambiaban para cada caso y que, por regla general, tendнan a obstaculizar la exportaciуn en interйs de un abastecimiento mбs econуmico del mercado indнgena, aquella ley fuй considerada entonces, lo mismo qua el Acta de Navegaciуn, como una medida de librecambio. La ampliaciуn de posibilidades de valorizaciуn contribuyo al mejoramiento de los cultivos.
Las disposiciones unilaterales contra la importaciуn de mercancнas debнan forzosamente provocar en el extranjero las rйplicas correspondientes y, en consecuencia, dificultar la exportaciуn del propio paнs. De ahн la necesidad de salvar esas limitaciones, ora por la fuerza, ora mediante pactos. Conceptuбbanse convenientes los tratados qua incrementaban la exportaciуn del paнs sin aumentar en la misma proporciуn las importaciones. El tratado de Methuen que Inglaterra estipulу con Portugal en 1703, correspondнa a dicho ideal (8). Por dicho pacto el Reino lusitano se comprometнa a abrir nuevamente su mercado a los gйneros de lana ingleses, mientras Inglaterra gravaba los vinos portugueses en un tercio manos que los franceses. Como Portugal no se hallaba en condiciones de pagar con vino la totalidad de la importaciуn britбnica, debнa remitir el resto en dinero. El oro brasileсo afluyу a Inglaterra, y йsta tuvo con Portugal una balanza comercial favorable.
Sin embargo, el mercado portuguйs no pudo reemplazar al
francйs; por eso los
Walpole diу mayor desarrollo al
proteccionismo mercantilista. El discurso de la Corona por йl redactado en
1722 ensalza la ley de Cromwell de 1650 sobre fomento
del comercio y constituye una rйplica a la memoria de Colbert de 1664.
Sirviуse en particular del reintegro de los derechos de aduana (
A pesar de la unificaciуn nacional, la
polнtica econуmica inglesa no favorecнa a Escocia ni a Irlanda. Para poner
tйrmino a la competencia
escocesa, acudiуse en 1707 a la
inclusiуn de Escocia en la esfera de la economнa inglesa; pero la competencia
irlandesa fuй sacrificada al poder
del vencedor. Prohibiу, a los ganaderos de Irlanda la importaciуn a Inglaterra
y el abastecimiento de las colonias (1670),
siendo destruida su prуspera manufactura lanera por un
arancel prohibitivo de exportaciуn sobre
los tejidos de lana (1697).
Ambas medidas afectaron precisamente a los residentes ingleses que habнan
esperado hallar en aquel suelo
colonial condiciones favorables, y entre otras
consecuencias tuvieron la de crear
En la guerra de los Siete Aсos Inglaterra consiguiу vencer a Francia y arrebatarle el Canadб. Los frutos de la victoria, emparo, debнan beneficiar ante todo a la metrуpoli. Precisamente despuйs de 1763 comenzу a aplicarse con mayor rigor el Acta de Navegaciуn, dificultбndose el comercio de las colonias con las Indias Occidentales e imponiйndose con, mayor rigor el privilegio de la Compaснa de las Indias Orientales, incluso en las colonias. La posiciуn de йstas con respecto a la metrуpoli hubo de guardar una relaciуn parecida a la existente entre la comarca y la ciudad en cuanto a la economнa urbana. Las colonias debнan proporcionar las primeras materias y, en este caso oportuno, productos semimanufacturados, mientras que la metrуpoli se reservaba el acabado de las mercancнas y se constituнa en centro o emporio del comercio colonial. Por eso se prohibiу la emigraciуn de artesanos a las colonias asн como el acabado de artнculos de hierro. Las tierras ultramarinas no estaban autorizadas para fabricar ni un mнsero clavo de herradura.
Si bien Inglaterra defendiу el libre cambio en el sentido de que, por el Acta de Navegaciуn y las leyes sobre granos, extendiу el cнrculo de beneficiarios mбs qua en todos los restantes paнses, en cambio el Parlamento diу al mercantilismo britбnico formas particularmente severas en la limitaciуn del comercio exterior y en el trato a las colonias.
(1) J. W. BURGON, The life and times of Sir Thomas Gresham, 1519-79 (1839).
(2) G. SCHANZ, Englische Handelspolitik gegen Ende des MA. Leipzig, 1881, I, pбg. 166.
(3) R. EHRENBERG, Hamburg und England im Zeitalter der Kцnigin Elisabeth. Jena, 1896.
(4) EHRENBERG, Zeitalter d. Fugger, II, pбg. 305; genaue Aufzдhlung und Geschichte der einzelnen Unternehmungen bei Scott.
(5) E. V. PHILIPPOVICH, Die Bank von England im Dienste der Finanzverwaltung des Staates. Viena, 1885, pбgs. 37 y ss. S. ASGILL, Several assertions proved in order to create another species of money than gold and silver, 1696, propugna por un Banco territorial.
(6) EHRENBERG, Ostindische handelsgesellschaften, im HWb StW, 3.Є ed., VI, pбg. 961.
(7) F. LOHMANN, Die staatliche Regelung der englischen Wollenindustrie vom XV. bis zum XVIII. Jh. Schmollers Forschungen XVIII, 1. Leipzig, 1900. -S. FORTREY, On Englands Interest and Improvement, 1663, afirma que Inglaterra perdнa anualmente contra Francia 1.600.000 libras.
(8) Ya Cromwell habнa concluido un tratado con Portugal en 1656. SCHORER, El Tratado de Methuen. Las buenas relaciones con Portugal redundaron en beneficio de la Compaснa inglesa de las Indias Orientales, en perjuicio de la holandesa. MICHAEL, Cromwell, II, pбgs. 99, 136.
1.6. Alemania e Italia
La Hansa y las ciudades sudalemanas, que en el siglo XVI habνan ocupado un destacado lugar en el trαfico, quedaron rezagadas en las siglos XVII y XVIII. Las causas de semejante cambio hay qua buscarlas tanto en las circunstancias exteriores como en las interiores.
La Alemania meridional habνa debido su florecimiento a la participaciσn que tuvo en el comercio italiano y espaρol, pero hubo de retirarse a medida que prosperaron Holanda y Francia. La caνda de Amberes acarreσ la quiebra de muchas e importantes casas de Augsburgo. Con la monopolizaciσn de la desembocadura del Rhin, la penetraciσn en el Bαltico y el acaparamiento del comercio de las Indias orientales y occidentales, Holanda conquistσ la hegemonνa comercial sobre Alemania, a la par que forzaba a la Hansa y a las ciudades sudgermαnicas a pasar a segundo tιrmino. Y mientras las incursiones militares de los franceses perjudicaban a la Industria alemana, la superioridad de las manufacturas galas situaba al mercado germano bajo la dependencia del gusto francιs (1). Lo que perjudicσ a Alemania no fuι el desplazamiento de las vνas de trαfico (en el siglo XVI los alemanes participaron plenamente de las ventajas de los descubrimientos geogrαficos), sino el cambio habido en la situaciσn polνtica (2).
Aραdase a ello el hecho de que en Alemania nunca
llegσ a
realizarse la uniσn de las fuerzas econσmicas. Las ciudades, que en sus luchas
contra la competencia exterior habrνan debido encontrar apoyo en
su
Mientras desde el siglo XIII al XVI los comerciantes alemanes penetraron
audazmente en los Paνses nσrdicos y en Espaρa e Italia, vemos ahora ocurrir
lo contrario, es decir, que son los extranjeros quienes invaden el circulo
comercial germαnico. A fines del siglo XVI, Colonia debiσ su prosperidad
mercantil a los portugueses, holandeses e italianos establecidos en su
recinto; en Nuremberg, los italianos suplantaron a los indνgenas en
el
comercio de artνculos de seda y especias; en Francfort y Mannheim
desempeρaron importante papel los holandeses inmigrados, y en cuanto al
florecimiento de Hamburgo en el siglo XVII, hay que atribuirlo, si bien con
ciertas reservas, a los ingleses, holandeses y judνos portugueses admitidos en
la ciudad (fundaciσn del Banco en 1619). Despuιs de la revocaciσn del edicto
de Nantes, en ningϊn paνs hallaron los
Cierto qua desde fines del siglo XVI las ciudades hanseαticas ganaron terreno en un sector, pues se adueρaron de los transportes a la Penνnsula Ibιrica, a Lisboa, Cαdiz y el Mediterrαneo, y lograron magnνficos beneficios gracias precisamente a las alternativas de la guerra; asν, por ejemplo, cuando holandeses e ingleses quedaron excluidos de los puertos espaρoles. Ϊnicamente cabe decir que si no faltaron tampoco gestas heroicas por parte de algunos convoyes, no habνa, tras ese trαfico, como en otros tiempos, la prepotencia marνtima de las ciudades asociadas, por lo que, fuι preciso exponerse al riesgo de someterse al dominio del mαs fuerte.
La flota alemana, que en el siglo XVI
habνa incrementado su tonelaje de 30.000 a 55.000
Paralelamente al trαfico marνtimo, el terrestre iba creciendo tambiιn en importancia, gracias al florecimiento de Leipzig, cuya regiσn, libre de una polνtica comercial territorial, convertνase, por sus Ferias, en el centro del comercio con el Este, especialmente con Polonia y los Balcanes. La capacidad adquisitiva de los judνos polacos, asν como la de los griegos y armenios, fuι decisiva para el ιxito de las Ferias.
En el Este algunos prνncipes germanos lograron extender la influencia alemana por Ios paνses vecinos: Austria sobre Hungrνa, Sajonia y Prusia sobre Polonia. No obstante, fuι mayor la influencia que sobre la personalidad alemana ejercieron Ias potencias econσmicas occidentales, superiores en realidad.
Del mismo modo que los diversos territorios llevaron al primer plano sus intereses respectivos, asν tambiιn la sociedad alemana de la ιpoca se caracteriza por una marcada diferenciaciσn y separaciσn de las clases sociales. Cuando los tiempos reclamaban la aproximaciσn cada vez mayor de las diversas clases, no cabe duda de que era contraproducente el tesσn con que la nobleza se aferraba a sus privilegios sobra los burgueses, y ιstos a su vez sobre los aldeanos. Pero precisamente las capas inferiores fueron las que con mαs porfνa defendieron sus prerrogativas. Nadie opuso condiciones mαs severas a la admisiσn de aspirantes, nadie mostrσ mαs rigor que los compaρeros artesanos en la exclusiσn de los "villanos" (4).
Semejantes exigencias pueden explicarse como el contrapeso a la desorganizaciσn de la gran guerra; no obstante, revelan las dificultades con que hubo de contar la estructuraciσn de una economνa nacional alemana despuιs de tantas devastaciones.
Mientras en Inglaterra se hermanaron la maldad y la libertad, en Francia la primera lucho de ser impuesta al principio a costa de la segunda, y en Alemania se mantuvo una cierta libertad a costa de la dispersiσn polνtica. Por eso los judνos expulsados de las ciudades imperiales y de los grandes principados pudieron establecerse en los pequeρos Estados espirituales y temporales (Deutz, Hanau, Fόrth).
A pesar de la descomposiciσn territorial; surgiσ un mercado nacional. El comercio y la industria traspasaron las fronteras locales, y el Norte y el Sur, que durante la Edad Media habνan formado, hasta cierta punto, dos esferas econσmicas separadas, fueron aproximαndose cada vez mαs, con lo cual la ordenaciσn del comercio y la industria convirtiσse en cuestiσn nacional. Y en efecto, por medio de sus disposiciones monetarias, el Imperio procurσ unificar la circulaciσn del dinero, mientras intentaba acabar con la rigidez de las viejas constituciones gremiales mediante las ordenaciones imperiales de policνa. En correspondencia con el nuevo sistema capitalista, era preciso salir al paso de las exigencias exclusivistas de los maestros y de las veleidades de independencia de los oficiales. En 1676 el Imperio prohibiσ la entrada de las mercancνas francesas en el paνs, de igual modo que en 1597 habνa prohibido la de las inglesas, y, tras un largo perνodo de dificultades, fuι promulgada en 1731 una ley sobre las industrias, ley que, como las disposiciones de Isabel y las francesas de
fines del siglo XVI, pretendνa anular la autonomνa de los gremios y de las asociaciones de operarios. Los primeros debνan convertirse en σrganos del poder pϊblico, y Ios oficiales iban a depender de los maestros por efecto del «certificado de trabajo».
Ocurriσ, no obstante, que el Imperio no se hallaba en condiciones de hacer cumplir sus ordenamientos. Sin embargo, desde 1567 a 1571 los oficiales habνan sabido resistir con ιxito al despido que las ciudades habνan intentado llevar a efecto en 1566. Pero ϊnicamente los territorios contaban con la fuerza suficiente para dar efectividad a sus disposiciones; por eso tomaron en sus manos la direcciσn propiamente dicha de la polνtica econσmica alemana. Como poseνan el derecho de acuρar moneda, pretendieron reemplazar por acuerdos privados las ordenaciones monetarias imperiales sobre la ley de la moneda, como las referentes a las monedas de estaρo de 1667 y de Leipzig de 1690. Hans Taxis, nombrado en 1595 Maestro general de postas del Imperio, sσlo pudo implantar plenamente la instituciσn ideada por su familia en los Estados pequeρos; los mayores organizaron sus correos propios, principalmente el Gran Elector, quien, despuιs de rechazar las proposiciones de los Taxis, mantuvo un modιlico servicio postal brandenburguιs entre Memel y Cleve. Tambiιn con la ley industrial del Imperio (1731) ocurriσ que, a pesar de haber salido la iniciativa de Prusia, la aplicaciσn estuvo a cargo de los territorios, cada uno de los cuales la interpretσ a su manera. Mientras los grandes Estados, especialmente Prusia, en su reglamento de trabajos de 1733, tradujeron con toda fidelidad el espνritu de la ley, los pequeρos y particularmente las ciudades imperiales hubieron de tomar en cuenta la personalidad de sus gremios y oficiales.
Si la dispersiσn de los oficiales artesanos y del trαfico comercial traspasσ las fronteras territoriales, asν vemos tambiιn agudizarse en las sectores agrarios, despuιs de la gran guerra, las diferencias entre el paνs colonial y los antiguos establecimientos, entre el Sur y el Norte. Por su constituciσn agraria, Alemania quedσ dividida en tres regiones; mientras en el Sudoeste predominaba la pequeρa explotaciσn agrνcola, en Hannover se restablecνa nuevamente el sistema de administraciones autσnomas y en el Este se desarrollaba la propiedad seρorial.
En el Este el Estado necesitaba tambiιn las explotaciones campesinas dependientes de los propietarios rurales, porque de ellas extraνa con preferencia sus reclutas. Sus establos y edificaciones, que constituνan una carga para el propietario, eran indispensables a los generales para sus alojamientos. La protecciσn de que en Prusia y Austria se hizo objeto al campesino fuι impuesta por necesidades militares. La llamada legislaciσn de reintegraciσn de los Estados germanos del Noroeste, por la cual se pedνa la reapertura de las administraciones autσnomas despuιs de la guerra de los Treinta Aρos, tuvo un carαcter distinto (5). Su finalidad explicαbase por el interιs financiero que los Gobiernos tenνan por los tributos a cargo de los granjeros, y se dirigνa ante todo contra la ocupaciσn del paνs por pequeρos propietarios, quinteros, etc., todos los cuales ofrecνan al Gobierno escasas posibilidades de rendimiento. Al ser declaradas las granjas unidades cerradas, procediσse en el Noroeste contra la desmembraciσn en pequeρas economνas y en el Este contra la absorciσn por el latifundismo.
Las ciudades imperiales y los pequeρos Estados lograron en aquella ιpoca cierta prosperidad, cuando, con su comercio e industria, consiguieron colmar las lagunas que habνa dejado la expansiσn de las potencias econσmicas dominantes. Pero asν como anteriormente el comercio y la industria tenνan su sede principal en las villas imperiales, eran ahora los territorios los que, al no poder someter a las ciudades libres, procuraban crearse centros independientes de trαfico por medio de fundaciones nuevas. A esas ciudades seρoriales se les otorgaba privilegios semejantes a los que tanto habνan contribuido al desenvolvimiento de las ciudades libres (6). El comercio y el trαfico debνan concentrarse en ellas. Frente a las fosilizadas disposiciones de aquellas ciudades, las fundaciones de los prνncipes solνan caracterizarse por sus principios mαs liberales; facilitαbase la residencia a forasteros y heterodoxos, y con mucha frecuencia la severa vigilancia del prνncipe territorial era ejercida con mucho mayor previsiσn que la del Consejo municipal (7). Asν, al lado de las ciudades imperiales aisladas floreciσ la palatina Mannheim, y al lado de Colonia creciσ Crefeld; y junto a Nuremberg vernos prosperar Fόrth, y Altona junto a Hamburgo. No obstante, las residencias donde los prνncipes se esforzaban por establecer manufacturas privilegiadas segϊn el concepto de Colbert, sufrνan de los desplazamientos territoriales y cambios de dinastνas, cambios que solνan acarrear el desplazamiento de la Corte (8). A las ciudades las favorecνan sus viejas relaciones comerciales y la tradiciσn de cultura de sus clases industriales. Asν pudo mantenerse Augsburgo en el siglo XVIII en su puesto de centro del trαfico monetario, a pesar de todas las contrariedades; y asν pudo tambiιn organizar en su recinto una manufactura de indianas estampadas bajo las nuevas faunas fabriles.
Mientras Augsburgo y Nuremberg sufrνan de la pιrdida de sus antiguas regiones de intercambio, crecνan Francfort, convertida, por sus ferias, en la puerta de acceso de las mercaderνas francesas y holandesas, y Leipzig, que, con las suyas, servνa de igual modo la venta de gιneros extranjeros (tela de seda francesas y de lana inglesas) al Este. Ambas ciudades proporcionaban tambiιn excelente mercado a las industrias de Sajonia y Turingia (Gera). Por su industria textil, Sajonia era la regiσn manufacturera mαs activa y rica de Alemania. Si bien sus talleres trabajaban fundamentalmente para el mercado local, la industria linera westfaliana (Bielefeld) y silesiana, por ejemplo, asν como la metalϊrgica, lograban producir un sobrante destinado a la exportaciσn, el cual, sin embargo, no compensaba, ni con mucho, la importaciσn de artνculos de lujo extranjeros. Los recursos para la adquisiciσn de este plus de importaciσn sacαbalos Alemania, en primer lugar, de los subsidios que ciertas potencias extranjeras pagaban a los prνncipes germanos a cambio de las tropas que ιstos les suministraban, tanto si luchaban ιstas como aliados independientes, como si lo hacνan al servicio de los holandeses, ingleses ofranceses (9). En el trαfico marνtimo las ciudades libres pudieron mantener cierta posiciσn, aunque solamente parte del trαfico se efectuaba en sus propios barcos. Danzig era el centro de la exportaciσn de trigo polaco, servida casi en su totalidad por Ios holandeses. Hamburgo, Brema y Lόbeck cuidaban de la importaciσn de productos coloniales, vinos y artνculos manufacturados extranjeros. Con el comercio articulαbase la elaboraciσn de las mercancνas importadas; asν fijσ cσmo florecieron en Hamburgo las refinerνas de azϊcar, las manufacturas de terciopelo y otras industrias.
Desde que, en 1734, Francia concediσ a sus colonias de Las Indias Occidentales la libertad de exportaciσn de sus productos, gran parte de este trαfico se concentrσ en Hamburgo, gracias a lo cual esta ciudad pudo emanciparse de Holanda. La conquista de los Paνses Bajos fuι causa de que, a partir de 1795 y por algϊn tiempo, el comercio holandιs se transfiriera a Hamburgo. La explotaciσn mαs racional del comercio y la marcha de las empresas hacia su amplificaciσn, marcha que, iniciada en Italia, se habνa abierto camino en la Alta Alemania durante el siglo XVI, generalizσse en Hamburgo en el curso del siglo XVIII (10). En esta ciudad abriσse en 1765 la primera Compaρνa anσnima de seguros, a la que siguieron otras, en ocasiσn principalmente de la guerra de independencia de los Estados Unidos (11).
El Gran Elector intentσ participar en el comercio de esclavos negros por la adquisiciσn de colonias en Africa (12). Carlos VI esperaba conseguir que sus Estados tomasen parte en el comercio ultramarino mediante el realce de Trieste, la fundaciσn de una Compaρνa oriental y el impulso de la de las Indias Orientales (1722-1731).
Pero los holandeses dieron al traste con aquella molesta
competencia. Mejores eran las perspectivas que ofrecνan
los ensayos coIonizadores de las potencias nσrdicas. En el siglo
XVII, Suecia se instalσ por algϊn tiempo
en el Delaware, y Dinamarca, por obra de Cristiαn IV,
entrσ a formar parte de la serie de los paνses coloniales.
Quebrantada por Inglaterra la
potencia de Holanda y debilitada
aquιlla a su vez
Dada la escasa extensiσn y consistencia del
territorio, es evidente que habνan de resultar
infructuosos los intentos de pequeρos Estados de
crearse una esfera econσmica independiente.
El subvencionamiento de una
fαbrica de porcelana o de patios que, esencialmente,
trabajaba para la Corte o para
el ejιrcito, no era, en la mayorνa
de los casos, sino una modalidad particular del
dispendio, una caricaturesca
imitaciσn, en pequeρa escala, del modulo francιs.
Ϊnicamente
los grandes Estados del Este, Austria y Prusia,
pudieron pensar seriamente
en adoptar semejantes medidas; y
para ellos no entraban tampoco en consideraciσn, en la realizaciσn de dichos
ensayos, los "enclaves"
dispersos en el Oeste. El aislamiento de estos Estados no hizo
sino agudizar la fragilidad de Alemania; al principio, a nadie perjudicσ
tanto el
mercantilismo austriaco y prusiano como a Sajonia y a
las ciudades imperiales (13). Sin embargo, ocurriσ que
el incremento de la capacidad de consumo de vastos territorios que hasta
entonces no entraban en una etapa de economνa de trαfico intensivo, hubo de
redundar en beneficio de aquellas ciudades, situadas fuera de ellos, a las
cuales concedνan ventaja la excelencia de su posiciσn comercial y
la libre economνa que por necesidad habνan adoptado.
Asν Leipzig, a pesar de todos los contratiempos de la guerra de los Siete
Aρos, por causa de la cual perdiσ su derecho de depσsito, habνa llegado a
fines del siglo XVIII
Mientras los Ramos de Hamburgo (1619) y Nuremberg (1621), asν como los de Amsterdam, Venecia y el que en Gιnova estaba asociado a la Casa di San Giorgio, fueron, en esencia, Bancos de giro al servicio del intercambio, el Banco municipal de Viena, fundado en 1706, pudo dedicarse a las operaciones de crιdito, a la manera del Banco de Inglaterra.
Cuando Schmoller quiere presentar los siglos del XVI al XVIII como la era de la economνa territorial entre la ιpoca ciudadana de la Edad Media y la econσmico-nacional del siglo XIX, precisa convenir que tal carαcter sσlo afecta a la idiosincrasia de la Europa central, donde no pudo constituirse ninguna fuerza econσmica centralizada. En Alemania, como en Italia, la dispersiσn territorial sometνa el paνs a influencias forasteras.
Los Estados italianos presentaban mayor unidad que los
germanos; mientras las ciudades imperiales alemanas,
incluso Ulm, Rotenburgo,
Nuremberg, Lόbeck, Hamburgo y Brema, no contaban
sino con reducidas extensiones territoriales,
Venecia se habνa creado un importante dominio
en
En Nαpoles las ciencias
econσmicas fueron objeto de
tantas atenciones como la
economνa polνtica y social en Prusia y Austria. Si Broggia, en 1743
En la Edad Media las ciudades habνan ido a la cabeza de los
movimientos de progreso econσmico; ahora, empero,
quedaban rezagadas. Venecia se convirtiσ en una ciudad de rentistas,
donde la nobleza disipaba los ingresos que le procuraban
sus propiedades de
Asν como vimos en el mercantilismo una asociaciσn de la administraciσn pϊblica racional y la direcciσn racional de la economνa, asν tambiιn predominσ en Holanda e Inglaterra, despuιs de la Revoluciσn del siglo XVII, la iniciativa particular, mientras en el resto del Continente, incluyendo Italia, pasaba a primer plano la administraciσn ilustrada.
(1) Segϊn A. BUFF, Augsburgo durante el Renacimiento. Para la decadencia de la ciudad, la guerra de los Treinta Aρos fuι aϊn mαs fatal que las turbulencias de Holanda. En 1617 tenνa 201 contribuyentes que tributaban por 25 a 50 fl., 103 que lo hacνan por 50 a 100 fl. y 124 que pagaban mαs de 100 fl. En 1661 aquellas cifras quedaban reducidas a 80, 36 y 20. En 1617 el impuesto mαximo ascendiσ a 2666 fl.; en 1661 no fuι mαs que de 448 fl. Sobre el "monopolio" de Holanda en el comercio de especias, efectuado anteriormente por vνa Venecia, cfr. BECHER, pαg.93, cap. 27.
(2) D. SCHΔFER, Die deutsche Hanse, 1903, pαgs. 124 y ss. H. SIEVEKING, Die Handelsstellung Sόddeutschlands in MA. und Neuzeit. Suplem. a la Allg. Zeitg., 4 y 5, nov. 1902.
(3) VOGEL, Zur Grφsse d. europ. Handelsflotten, pαg. 301.
(4) En 1671 fuι promulgada en Francfort d. M. una disposiciσn sobre el modo de vestirse las gentes, que fue renovada aϊn en 1731. Las cinco clases sociales debνan diferenciarse no sσlo en el traje, sino tambiιn en los atavνos usados para asistir a fiestas, bodas y entierros. Brδuer, I, pαg. 227.
(5) WITTICH, pαg. 401 y ss.
(6) BORGIUS, Mannheim and die Entwicklung des sόdwestdeutschen Getreidehandels. Friburgo, 1899, pαgs. 21 y ss., 26. SCHMOLLER, pαg. 19: fomento sistemαtico de la vida industrial-municipal.
(7) E. BAASCH, Hamburgs Handel und Schiffahrt am Ende des 18. Jhs. Hamburg um die Jahrhundertwende, 1800. Hamburg, 1900, 5, pαg. 171: Las restricciones gremiales llevan a los Estados vecinos la construcciσn de buques de Hamburgo.
(8) SCHMOLLER (Herkunft u. Wessen der deutschen Institutionen, Deutschland u. der Weltkrieg) no estα en lo cierto al atribuir ϊnicamente a las residencias de la Alemania de aquella ιpoca el florecimiento, y al aρadir: "Todas las demαs ciudades retrogradaron, tanto mαs cuanto mαs independientes eran". Hamburgo y Leipzig no eran residencias. Dόsseldorf y Mannheim sufreron intensamente del traslado de la Corte a Munich.
(9) Sobre la desfavorable balanza comercial de Alemania con respecto a Francia, cfr. BIEDERMANN. Mαs aϊn que al exceso de importaciσn de artνculos manufacturados (5,1 millones de libras contra 3,7) pesaba el plus de importaciσn de vituallas (vino!) (7 millones de libras contra 2,3). Las cifras relativas a materias primas arrojan 2 millones para la importaciσn de Francia y 2,3 millones para la exportaciσn a dicho paνs.
(10) J. G. BάSCH, Theoretisch-praktische Darstellung der Handlung; Versuch einer Geschichte der Hamburgischen Handlung.R. EHRENBERG, Grosse Vermφgen II, das Haus Parish in Hamburg. Jena, 1905.
(11) A. KIESSELBACH, Die wirtschafts- und rechtsgeschichtliche Entwicklung der Seeassekuranz in Hamburg, 1901.
(12) SCHάCK, Brandenburg-Preussens Kolonialpolitik unter dem Grossen Kurfόrsten und seinen Nachfolgern, 1889. Sobre las colonias de Curlandia en el Gambia y en Tobago, cfr. E. ECKERT, Kurland unter dem Einfluss, des Merkantllismus. Ein Beitrag zur Staats- und Wirtschaftspol. Herzog Jakobs v. Kurland (1642-92), Riga, 1927.
(13) HASSE, cfr. pαgs. 150 y ss., pαg. 326, 1765: Die hohen Imposten in Bφhmen und Brandenburg. HINTZE, pαgs. 210 y ss. ADLER, pαg.42. BάSCH passim.
(14) E. BAASCH, Der Kampf des Hauses Braunschweig-Lόneburg mit Hamburg um die Elbe vom 16.-18. Jh. Quellen und Darstellungen zur Geschichte Niedersachsen, vol. XXI,1905.
1.7 La expansiσn rusa y el mercantilismo oriental
1.7. La expansiуn rusa y el mercantilismo oriental
Mientras Ias flotas de Espaсa y Portugal funcionaban con carбcter oficial, como en Venecia, y las de Holanda e Inglaterra como las de Gйnova al servicio de una Compaснa privada, la expansiуn del Imperio moscovita, una vez emancipado del yugo de los tбrtaros, realizуse al principio hacia el Este por mediaciуn de una Sociedad privada que, mбs tarde, puso sus conquistas a disposiciуn del Zar.
La casa Stroganow, oriunda de Nowgorod, y dedicada al comercio de pieles y sal, obtuvo en 1558 una concesiуn colonial. En su cometido coquistу, en 1579-1581, Jermak, en Siberia. Sibir, sobre el Tobol, fuй arrebatado a los tбrtaros, y en su emplazamiento Ievantуse mбs tarde Tobolsk. En 1586 esas conquistas fueron cedidas al Emperador. Como en el Canadб los mercaderes de pieles de la Hudson Company, asн iban adentrбndose sin cesar en Siberia los tratantes en aquel artнculo y las estaciones del Gobierno, a las cuales sucedнan establecimientos urbanos y rurales. Desde que en 1653 se firmу el tratado con China, dirigнanse a Pekin caravanas de la Corona, expediciones que fueron reanudadas en 1727, despuйs de cinco aсos de interrupciуn.
Si los rusos se nos aparecen, por lo que respecta a
Oriente, como vehнculos de la civilizaciуn europea, la estructuraciуn del
Estado oriental condujo a compromisos tales como en Occidente no fueron
admitidos sino en lo que afectaba a los esclavos negros, tenidos por
inferiores en derechos. En Oriente el Estado debнa apoyarse sobre la nobleza.
La historia de Rusia, como la de Hungrнa y la de Polonia, estб caracterizada
por la oposiciуn entre la alta y la pequeсa nobleza. En Rusia la masa de los
campesinos era libre, pero obligada a ciertos servicios y tributos. Los
grandes terratenientes podнan ofrecer a los campesinos mejores condiciones que
la pequeсa nobleza, la cual veнa amenazada su existencia por la mezquindad de
sus recursos. Pero he aquн que, en 1597, el Zar acudiу en su ayuda. El
contrato de arriendo fue declarado irredimible, con lo cual el campesino quedу
sujeto a la gleba. Pedro el Grande al establecer la capitaciуn, aboliу la
diferencia que antes existнa entre campesinos libres y siervos. En 1713 fuй
concedido al terrateniente el derecho del
Mientras Rusia, en la cuestiуn del trato a sus campesinos, obraba deliberadamente en contraposiciуn con las tendencias emancipadoras de Occidente, Austria y Prusia procuraban adoptarlos mйtodos de la economнa del Oeste de Europa. No obstante, la posiciуn de ambos Estados centrales presentaba mбs analogнas con el Oriente que con el Occidente, a pesar de los esfuerzos de sus soberanos.
Austria, halagada por brillantes perspectivas al principio de la guerra de Ios Treinta Aсos, recibiу un nuevo impulso hacia una polнtica econуmica unificada en tiempos de Leopoldo I. Con todo, no lograron imponerse las sugerencias de Ios grandes mercantilistas, tales como Becher, Hцrnigk, v. Schrцder, partidarios de los mйtodos holandeses e ingleses. Hemos de llegar al siglo XVIII para ver adoptados los proyectos de v. Schrцder sobre la Banca y la organizaciуn de la informaciуn mediante un servicio anunciador que debнa ofrecer al comprador una visiуn de conjunto del mercado, estimulando de este modo la venta. La «Casa de artes y oficios» (Kunst- und Werkhaus), instituto de aprendizaje e investigaciуn para la introducciуn de la industria lanera y otras, fundado en Viena por Becher en 1675 y continuado por Schrцder en 1677, no logrу sostenerse. Las guerras contra los turcos y los franceses obligaron al Emperador a acudir al crйdito del judнo cortesano Samuel Oppenheimer y de los holandeses, a Ios cuales hubo que empeсar las reservas nacionales de mercurio y cobre. A pesar de todo, mientras Federico el Grande operaba, todavнa en la guerra de los Siete Aсos, con los viejos recursos financieros (tesoro, depreciacion de la moneda, crйdito privado), Austria podнa ya servirse del crйdito organizado del Banco municipal de Viena, fundado en 1706. El prнncipe Eugenio y Mula Teresa supieron preocuparse con amplitud de miras de la poblaciуn de las comarcas arrebatadas a los turcos. EI absolutismo ilustrado de Josй II se manifestу en el estнmulo de la industria y de la agricultura, y sus principios prepararon la libertad de empresa. Pero si Austria Ilevу la delantera en el fomento oficial de la economнa, su polнtica encontrу en Prusia una imitadora mбs consecuente.
Entre los prнncipes que se esforzaron por realzar la Economнa de sus respectivos paнses por medio de la intervenciуn del Estado, merecen ocupar Iugar sobresaliente Federico Guillermo I y Federico el Grande. Mediante la atracciуn de colonos del Palatinado y Salzburgo incrementaron la agricultura y la capacidad de consumo del paнs. Federico Guillermo I tratу de exportar a Rusia los paсos prusianos, mientras Federico II concentraba su atenciуn en la industria sedera. Para atraer a los «artistas» se les ofreciу privilegios, a la par que se establecнan castigos para retener a los que intentaban marcharse.
Dada la desfavorable situaciуn de las fronteras del Estado brandenburguйs, difнcilmente podнa el rey llevar a ejecuciуn proyectos mercantilistas. AI anexionarse Silesia, pensу en el sometimiento de la industrial Sajonia y la agraria Polonia. Contra Sajonia, procurу introducir la industria en el Brandenburg valiйndose de aranceles proteccionistas y prohibiciones; en cuanto a Polonia, quedу de hecho bajo su influencia en 1775, gracias a la adquisiciуn de la Prusia occidental y del Vistula inferior. Entonces pudo llevar a efecto el plan de situar a Polonia bajo la dependencia de la industrial Prusia, como paнs que era de materias primas. Mientras la tarifa polaca de 1775 gravaba con un 12% los artнculos de seda de todas las procedencias, las originarias de Prusia no pagaban mбs que el 2%.
Los terratenientes tenнan qua servir de mediadores en las luchas entre los estamentos, los nobles, los burgueses, los campesinos. Ni siquiera el absolutismo del siglo XVIII fuй capaz de nivelar las diferencias qua separaban a las clases sociales; pesando escrupulosamente los derechos y deberes de cada estamento con respecto al prнncipe, los hacнa resaltar aъn con mayor fuerzo; y si contribuyу a preparar Ia igualdad qua debнa ser patrimonio comъn de los ciudadanos de la йpoca moderna, lo hizo desposeyйndolos a todos de la propia independencia y sometiйndoles a la del soberano. Las tierras nobles, quedaron reservadas a la nobleza, que era la que proporcionaba al rey sus oficiales. A la clase campesina el monarca la necesitaba para su ejйrcito; por eso estaba prohibida a la nobleza la ocupaciуn de los puestos do los campesinos. Los ciudadanos debнan pagar tributos, los consumos; por eso el comercio y el trбfico se concentraban dentro de los muros de las ciudades (2).
La economнa municipal, que en Occidente era una fuente de rentas para la nobleza gracias a los campesinos que acudнan a vender a la ciudad, se hallaba menos desarrollada en Oriente. El propietario conservaba el derecho, no afectado por las limitaciones del mercado urbano, de valorizar sus productos. Si querнa aumentar sus rentas, el medio mejor para ello era la producciуn propia con miras a la exportaciуn. Esta explotaciуn particular le incitaba a agrandar el campo patrimonial a costa de las tierras comunales. Sin derecho ninguno confiscaba los puestos de los campesinos; en la guerra de los Treinta Aсos, en Ia del Norte y en la de los Siete Aсos, muchos establecimientos abandonados no fueron ocupados de nuevo, sino convertidos en cortijos.
La situaciуn de los campesinos subsistentes cambiу completamente por causa de este sistema de explotaciуn privada de los terratenientes. Las prestaciones e impuestos a que estaba sujeto el campesino occidental, en nada cambiaban eI hecho de su condiciуn de colonos independientes, aun cuando sus cargas fueran elevadas. Las servidumbres corporales o de recua, que en el Este venнan obligados a efectuar en las tierras del seсor, dбbanles el carбcter de siervos.
En Occidente los derechos del terrateniente eran, para йl una fuente de rentas y, en casos favorables, podнan ayudarle a afianzar su posiciуn seсorial; en el Este, en cambio, el latifundista valнase de la autoridad que le conferнa su soberanнa territorial sobre una extensa regiуn para redondear y desarrollar sus seсorнos. El campesino, que en el Oeste sacaba ventajoso partido de la multiplicidad de sus seсores, se encontraba en el Este sujeto al propietario de quien dependнa el Tribunal de justicia seсorial. Sus servidumbres crecнan hasta lo infinito, hasta el extremo de no quedarle tiempo para atender debidamente a sus propios campos, por lo cual, perdido el interйs por una propiedad semejante, no aspiraba sino a abandonarla y marcharse. Contra esto prevenнase el seсor, al principio no permitiйndole ausentarse sin haberse hecho sustituir antes; mбs tarde le prohibiу simplemente qua dejara la tierra. Al evadido contra la voluntad del seсor se le podнa obligar por la fuerza a que se incorporara de nuevo al terruсo.
La sujeciуn a la tierra llevaba aparejado el servicio domйstico obligatorio de los hijos del campesino. Al principio el seсor se reservу un derecho preferente cuando los muchachos quisieron servir; despuйs, empero, fuй establecida la obligaciуn de servir durante cierto numero de aсos, hasta que el mozo contraнa matrimonio o pasaba a encargarse de una granja. El plazo lo determinaba el seсor.
Las prestaciones, la sujeciуn a la tierra y el servicio domйstico obligatorio daban al campesino el carбcter de sъbdito hereditario. Su condiciуn empeorу en muchos Iugares por el hecho de qua se le aplicaron las normas del Derecho romano relativas a Ia esclavitud, como vemos en Mecklenburg a travйs de Husanus en su Tractatus de servis seu hominibus propriis (1590), mientras en el Oeste, en Hesse, su situaciуn mejorу al ser tratados Ios campesinos segъn el derecho de la enfiteusis. Aquella privaciуn de libertad diу por resultado la escasez de poblaciуn y de rendimiento de trabajo. El labrador araba el campo del propietario con cuatro escuбlidos caballos, y ello exigнa un conductor ademбs del labrador. Cuanto mбs deficientes eran los servicios forzados y mбs aumentaban las exigencias, menos tiempo le quedaba al campesino para cuidar del propio campo, y tanto menor era la inclinaciуn qua sentнa a fundar una familia que habrнa de verse condenada a una suerte tan triste como la suya (3). Cuanto mas decreciу el nъmero de los campesinos por efecto de la ampliaciуn de las tierras seсoriales, tanto mбs gravosa fuй la situaciуn de los que quedaron.
El Estado no podнa permanecer indiferente ante la cuestiуn del establecimiento de los campesinos. En tiempos anteriores, en la misma Inglaterra la preocupaciуn por la defensa de las costas contra Francia habнa llevado a la confecciуn de leyes que, en la isla de Wight, tendнan a evitar la fusiуn de los establecimientos rurales (4). En el siglo XVIII Prusia y Austria intervinieron con mбs energнa; esta protecciуn de los campesinos tuvo eficacia precisamente como en Inglaterra, y como en el Holstein oriental y Mecklenburg, cuando los campesinas fueron asentados en masa a consecuencia de la introducciуn de la nueva economнa.
En Prusia la asociaciуn de formas ya desarrolladas de la
economнa del trбfico con constantes limitaciones,
determinу una estructuraciуn caracterнstica
del crйdit. El reforzamiento del Derecho hipotecario habнa hecho aparecer,
desde 1748, la pignoraciуn del suelo, no ya como una carga
de la que era preciso desprenderse cuanto antes,
sino que ofrecнa la posibilidad
de mantenerla permanentemente. Esta posibilidad fuй
explotada por los propietarios
de tierras seсoriales
mediante la organizaciуn
de las comarcas, constituнdas en 1770 para Silesia, en
1777 para la Marca, en 1781 para Pomerania, en 1787
para Prusia occidental y en 1788 para Prusia oriental.
Basбbanse en una asociaciуn obligatoria solidaria,
apoyada por el Estado, de las propiedades
seсoriales de una provincia para la emisiуn
de emprйstitos. Cuando el cнrculo
de aquellos a quienes el crйdito podнa beneficiar era muy restringido,
procurбbase atraer a la combinaciуn a sectores mбs
vastos. A ello servнan las obligaciones hipotecarias propuestas por
el comerciante Bьring, tнtulos
sobre la deuda contraнda expedidos por la comarca y de
los cuales йsta salнa garante.
Al principio esas obligaciones
hipotecarias no habнan de constituir sino un auxilio
momentбneo para la nobleza silesiana maltrecha por la guerra. Veнanse
perfectamente los peligros que podнa acarrear tan estrecha asociaciуn del
hipotecamiento de la tierra al mercado general del
capital y, no obstante, esos recelos no lograron imponerse; las obligaciones
hipotecarias fueron
aceptadas sin dificultad como medios de pago, y los marquenses
esperaron de su emisiуn ni mбs ni menos que una incrementaciуn
de los medios de circulaciуn. En Viena, el prнncipe Eugenio habнa rechazado
las proposiciones de Law, quien se le habнa ofrecido
despuйs de la guerra de Sucesiуn de Espaсa y antes de
trasladarse a Francia. Podrнa decirse que sus ideas y las
de los
El comercio de granos fuй uno de los principales puntos de litigio entre las ciudades y la nobleza. Las primeras reclamaban el privilegio de que todo el grano fuese llevado, ante todo, al mercado municipal, destinбndose ъnicamente a la exportaciуn la parte no vendida allн. La nobleza, en cambio, querнa mantener a toda costa el derecho de la libre exportaciуn. En esta pugna el Gran Elector se declarу en favor de la nobleza, a la cual concediу plena libertad en aquel respecto, mientras prohibнa en eI campo el ejercicio del comercio y de los oficios manuales. Los monarcas del siglo XVIII siguieron esta misma polнtica; mientras la lana, la principal materia prima de las manufacturas, debнa quedar en el paнs, podнaexportarse el trigo, como en Inglaterra.
Federico Guillermo I y Federico el Grande supieron aunar los intereses de los productores de granos con Ios de los consumidores, pero no mediante la libertad del trбfico, ya que su polнtica se fundamentу en gran manera sobre la limitaciуn de dicha libertad y sobre la reglementaciуn fiscal. El trigo polaco era mбs barato que el prusiano y le hacнa una molesta competencia; por eso en 1722 quedу prohibida su importaciуn. Este bloqueo cerealнstico no suponнa, empero, una renuncia absoluta al grano polaco; ъnicamente era el comercio privado el que no debнa competir con la producciуn prusiana; el rey compraba, en Ios aсos de buena cosecha, grandes cantidades de trigo polaco, con objeto de almacenarlo. Los depуsitos asн constituнdos servнan no sуlo para el abastecimiento militar, sino que eran ofrecidos al consumo en los aсos en que la producciуn indнgena resultaba insuficiente. Lo que ofrecнan las primas de exportaciуn a Ios productores ingleses en aсos de abundancia, ofrecнanlo a los prusianos los almacenes: una venta remuneradora a pesar de una oferta copiosa. Compraban a precio de tasa de las camaras nacionales, incluso cuando una cosecha favorable habнa hecho descender el precio del mercado por bajo del de dicha tasa. Si, por el contrario, los precios del mercado subнan por encima de la tasa de 18 a 24 por fanega, entonces Ios almacenes vendнan a tarifas inferiores. De este modo en Berlнn los precios de los cereales quedaban resguardados contra alzas excesivas, y en la carestнa de 1771 los almacenes prusianos demostraron ser un excelente recurso para toda la poblaciуn.
El sistema de Federico el Grande, encaminado a crear en su patria una gran prosperidad industrial y dotarla de un abastecimiento siempre suficiente, exigнa, como condiciуn previa, la impotencia de Polonia (6), la cual debнa servir a Prusia, a la manera como la comarca servнa a la ciudad. Con la anexiуn de considerables extensiones de Polonia en los repartos de 1793 y 1795, el carбcter de la economнa prusiana cambiу por completo. A partir de entonces, el centro de gravedad estuvo en la exportaciуn de cereales, principalmente a Inglaterra, exportaciуn que sуlo en parte fuй efectuada por las Compaснas navieras de Prusia.
Pero tambiйn bajo el gran monarca el mercantilismo prusiano diferenciуse del de los Estados occidentales. En Holanda el poder pъblico no necesitaba estimular el espнritu de empresa antes bien hubo de frenarlo, atendido que йste no mostraba reparos ni siquiera en comerciar con el enemigo. Podнa dejarse al cuidado de los interesados y de sus organizaciones la regulaciуn econуmica. En Inglaterra, Isabel impulsу la empresa por medio de disposiciones gubernamentales; pero, despuйs de la Revoluciуn, tambiйn allн fueron los mismos comerciantes quienes supieron tomar a su cargo la defensa de sus intereses. Colbert y sus sucesores hubieron de intervenir de una manera mбs directa en la educaciуn de una clase de traficantes; pero ya vimos los repetidos fracasos de sus intervenciones, y cуmo finalmente la reglamentaciуn se convirtiу en una verdadera carga. En Alemania el poder pъblico estimу que todo esfuerzo era poco para el tutelaje del empresario. El elector del Palatinado querнa educar a sus fabricantes «como al niсo en la cuna», y en Prusia la intervenciуn era aъn mбs enйrgica: «La plebe no ceja en su vieja canciуn hasta que, tirбndole de las narices y de las brazos, se la conduce adonde estб su bien». Con el mismo нmpetu quiso Pedro el Grande hacer hombres modernos de sus sъbditos. No debe extraсarnos el hecho de que este proceder coercitivo, asociado con un fiscalismo como el que aparece en los ъltimos tiempos de Federico II bajo los funcionarios oficiales franceses, fracasara por completo.
Pero hay mбs. En Holanda
e Inglaterra el Estado
podнa apoyarse sobre clases experimentadas en
cuestiones de economнa monetaria.
Allн el mercantilismo
era pura derivaciуn de la polнtica
econуmica burguesa de las ciudades medievales. Ya
vimos cуmo en Francia,
bajo
En los sitios donde йsta decidнa, como en Mecklenburg y
Polonia, los campesinos estuvieron totalmente sujetos a ella.
Ni siquiera el gran Congreso de 1788-91 supo conceder a
Polonia una reglamentaciуn de la cuestiуn campesina. En
Hungrнa, Marнa Teresa y Josй II
tomaron la delantera por el procedimiento de los decretos. En 1767
Raab compuso el
El proceso de la economнa del trбfico en la йpoca del mercantilismo, presenta en dos puntos ciertos rasgos, que recuerdan la antigua evoluciуn en que el capitalismo condujo precisamente al incremente de la sujeciуn: la servidumbre en el Este y la esclavitud en las plantaciones coloniales. En el centro del trбfico, Europa occidental, si bien subsistieron algunas limitaciones en las tierras reales, en las colonias y en el comercio exterior, la tendencia dominante a su relajamiento habнa de llevar la victoria. La era del mercantilismo, en que el capital trata de imponerse frente a la tierra y al trabajo, se halla caracterizada por trabazones fiscales y societarias que podrнamos designar con los tйrminos de capitalismo feudal y capitalismo gremial. Lo que caracteriza la йpoca moderna es la anulaciуn de la sujeciуn mercantilista.
(1) Cfr., sobre eso, M. WEBER, Wirtschaftsgeschichte, 1923, pбg. 6. Kapitalistische Entwicklung der Grundherrschaft, pбg. 88.
(2) G. V. BELOW, Territorium und Stadt, pбgs. 211 y ss.
(3) HANSEN, pбgs. 29 y 60: Die Bevцlkerung der adeligen Gьter nur halb so stark wie die der freien Distrikte. Ueber kьnstliche Beschrдnkung der ehelichen Fruchtbarkeit bei den Leibeigenen, cfr. BЬSCH, Geldumlauf. Libro VI, 3, §7.
(4) ASHLEY, An Introduction to English economic history and theory, II, pбgs. 268 y 291, unter Heinrich VII.
(5) M. WEYERMANN, Zur Gesch. d. Immobiliarkreditwesens in Preussen. Freiburger vw. Memoria de 1910.
(6) W. NAUDЙ, Die brandenburgisch-preussische Getreidehandelspolitik von 1713-1806. Schmollers Jb.,1905, pбgs. 162 y ss.
8. Los tratadistas
Hasta entonces los problemas econуmicos habнan sido considerados menos desde el punto de vista de su significaciуn peculiar, que desde el del influjo que las soluciones que se les daba habrнan de ejercer sobre las relaciones religiosas y sociales. Asн, los profetas israelitas se habнan manifestado contrarios al esplendor del nuevo Reino porque su organizaciуn socavaba la antigua igualdad de los ciudadanos. Por eso Aristуteles habнa propugnado el desarrollo de la clase media, a fin de que la comunidad no se dividiese en ricos y pobres. Tambiйn los escolбsticos se interesaron por el acoplamiento de los intereses econуmicos en la ordenaciуn social.
Cuando, durante el Renacimiento, procediуse a la obra de
montar la suciedad sobre una base econуmica, pensуse ante todo en la
organizaciуn del trabajo, organizaciуn que constituye el fondo de la
El verdadero problema que caracterizу esta йpoca
fuй el de la constituciуn del capital; siendo el dinero la forma mбs flъida de
йste, no es de extraсar que encontremos a los mercantilistas ocupados
primordialmente en los problemas monetarios. Hase llegado incluso a echarles
en cara que el velo del dinero no les permitiу ver mбs allб, reproche
ciertamente injusto. No obstante, es cierto que atribuyen al dinero un valor
principalнsimo. Asн tenemos, por ejemplo, a Serra que, en 1613, escribiу su
La diferencia de concepciуn econуmica aparece asimismo en la literatura. En Alemania los economistas polнticosociales componen extensos tratados sobre el mejor modo de administrar la Cбmara real, dirigidos a los funcionarios, a los prнncipes y sus ministros. En Inglaterra encontramos, particularmente desde mediados del siglo XVII, una verdadera plйtora de opъsculos ocasionales dedicados a cuestiones particulares del comercio y dirigidos a la opiniуn pъblica del mundo de los negocios.
Por diversas que sean las voces que nos llegan de aquellos siglos, destбcanse sin embargo algunos sectores que ofrecen perspectivas caracterнsticas de la йpoca.
Tratбbase de considerar los hechos econуmicos desde el
punto de vista racional, y para ello era preciso, ante todo, poseer datos
exactos sobre la densidad de poblaciуn, sobre su capacidad impositiva y otras
cosas semejantes. Por eso la era mercantilista viу nacer la estadнstica. De
1591 a 1596 Giovanni Botero publicу su
Las necesidades del Estado constituнan la fuerza que
impulsaba el incremento de la economнa del trбfico. El agobio de las cargas
pъblicas Ilevaba a la ruina del paнs, pero, con una reglamentaciуn racional,
podнase, no sуlo asegurar la economнa del prнncipe, sino tambiйn reanimar la
de los particulares. Asн, el estudio de las finanzas conduce al conocimiento
de las relaciones econуmicopolнticas. Alemania, duramente castigada por
la
contribuciуn de la guerra de los Treinta Aсos, dedicу especial atenciуn a los
problemas financieros. Sobre ellos escribiу Kaspar Klock su
En la Francia de Luis XIV, Ias cargas fiscales dieron pie
a las obras de Vauban (
La expansiуn de la economнa
del trбfico, sobre Ia cual se levantaban las
finanzas pъblicas, estaba condicionada por la ampliaciуn de la
circulaciуn monetaria. El dinero que daba lugar al trabajo ъtil
era estimado no solamente
como tesoro, sino tambiйn como medio de circulaciуn. Por eso vemos
a los
investigadores dedicar su atenciуn de modo preferente al problema monetario.
Bodinus fuй el primero
en observar, en 1568, que la cantidad del metal noble
americano hacнa subir los precios. En 1582 Scaruffi se propuso, en su
Que tras el problema monetario se ocultaba el problema capitalista, es cosa que demuestran las polйmicas que se suscitaron en la Inglaterra del siglo XVII sobre la elevaciуn del tipo de interйs. En 1668 Culpepper sostenнa que el Estado debнa fijar un tanto por ciento reducido, mientras Josiah Child afirmaba que Inglaterra solamente a base de un interйs mуdico podнa competir con Holanda; Davenant reclamaba un fuerte gravamen para los capitalistas que prestaban a interйs elevado.
Mun procurу eliminar la oposiciуn existente entre la posesiуn de dinero y el comercio, es decir, entre el capital efectivo y el productivo, declarando que no era cierto que el incremento del dinero llevase consigo la disminuciуn del comercio, sino que ambos subнan y caнan al mismo tiempo. North veнa en la riqueza capitalista de Holanda el fundamento de su reducido tipo de interйs, y Barbуn sostenнa que lo que determinaba el crйdito no era el dinero, sino el capital (4).
El capital
encontraba entonces especialmente en el
comercio una actividad
econуmica. El comercio exterior, que aportaba
dinero al paнs, constituнa uno de
los principales temas de los
mercantilistas. Del mismo modo que la
contabilidad decнa a los particulares si realizaban o no
beneficios, asн tambiйn la balanza del comercio
exterior debнa demostrar
la cuantнa del lucro que obtenнa
el paнs. En su obra
Montchrйtien,
de acuerdo con
las circunstancias
imperantes en Francia, pide, en su
Becher, indiscutiblemente el
primero de los mercantilistas
alemanes, presenta una notable oposiciуn entre lo
que recomendу primeramente como polнtico
y lo que considerу como fin
ъltimo desde el punto de vista del
Derecho natural. En su
La idea de una regIamentaciуn de la vida econуmica resalta en W. v. Hцrnigk, cuando propone, en 1684, en Austria sobre todo, organizar a los oficiales (trabajadores) a base de la idea de una casa de comercio central, algo parecido a lo que propone v. Schrцder con su «centro manufacturero» y de un «banco oficial de cambio», encargado de proveer a los patronos (6).
En la lucha del Estado contra los gremios, los economistas polнticosociales se manifestaron enйrgicamente contra las limitaciones de producciуn impuestas a aquйllos. Becher llamу a los capitalistas las columnas bбsicas de todas las clases sociales. EI capital invertido y la manufactura parecнanle instituciones meritorias, no sуlo por su superioridad tйcnica y comercial, sino, y principalmente, porque ofrecнan oportunidades de trabajo a las masas de poblaciуn desorganizadas por la guerra.
El interйs que despertaron las cuestiones econуmicas fuй
tal que, en el siglo XVIII, llegу incluso a motivar en Alemania la publicaciуn
de revistas especializadas; la
En resumen, podemos designar, con Adam Smith, el perнodo que va desde el siglo XVI al XVIII como era del mercantilismo. Da las maneras mбs diversas fuй desarrollбndose una polнtica econуmica gue aspiraba al fomento de la economнa del trбfico por medio de la reglamentaciуn fiscal. Las ideas que la informaron surgieron de la experiencia. Los comienzos de aquella ciencia apoyбbanse en la prбctica de los distintos paнses. El omnipotente estadista creyу poder alcanzarlo todo por medio de sus decretos, pero la realidad de los hechos no quiso con harta frecuencia someterse a ellos. Esta resistencia hizo reflexionar sobre los problemas econуmicos, los cuales fueron estudiados al principio como hechos independientes y mбs tarde en sus relaciones de conjunto.
Sin embargo, la condiciуn esencial de
esta йpoca no se nos
aparece, cual a Schmoller, simplemente como de sнntesis polнtica. Tambiйn
Salin, aun afirmando la posiciуn particularista nacional
de los
diversos investigadores, no puede menos de reconocer el fundamento comъn de
la finalidad econуmica: el desarrollo de la economнa de trбfico. Al lado de la
persuasiуn de la eficacia de la intervenciуn oficial, tras las diversas
disposiciones adoptadas se encuentran concepciones
teуricoeconуmicas
perfectamente concretas. Desarrуllase la teorнa de la demanda y la del
marcado, y se cree ver en la circulaciуn la fuerza impulsora de la evoluciуn.
Sуlo asн puede comprenderse a Law con su sobrestimaciуn de la importancia
de la circulaciуn monetaria. Pinto sostenнa que el dinero aumenta a medida que corre (
Las teorнas mercantilistas fueron estudiadas de una manera
sintйtica por el napolitano Genovesi (
En el capнtulo X de su primera obra, titulada
Sombart estudiу detenidamente este proceso ideolуgico en su obra
maestra, y especialmente en sus libros
(1) A. MAGNAGHI, Le relazioni universali di Giov. Botero. Turнn, 1906.
(2) A treatise of taxes and contributions, 1662; Several essays in political arithmetic. Political survey anatomy of Irland, 1672. The economic writings of Sir William Petty, ed. C. H. Hull. Cambridge, 1899.
(3) F. FRENSDORFF, Ueber das leben und die Schriften der Nationalцkonomen J. H. G. v. Justi. Nachrichten der K. Gesellschaft d. Wissenschaften zu Gцttingen, 1903, fasc. 4.є.
(4) Interest is commonly reckoned for money; ...but this is a mistake; for the interest is paid for stock. HANEY, pбg. 102.
(5) SVEN HELANDER, Weltw. Arch. 1923. Sir Josiah Child escribнa como gran accionista que era de la Compaснa de Indias Orientales.
(6) H. v. SRBIK, W. v. SCHRЦDER, S. BAk. Viena, 1910. Phil.-hist. Kl. 164, 1.
(7) Della moneta, 1751.
(8) S. FEILBOGEN, J. Steuart. und Ad. Smith. Zeitschrift fьr die gesamte Staatswissenschaft. Tьbingen, 1889, pбgs. 218 y ss H. SIEVEKING J. G. BЬSCH und seine Abhandlung von dem Geldumlauf. Schmollers Jb., 1904, pбg. 157.
2. Los fundamentos del librecambio
Capítulo II
Los fundamentos del librecambio
Ya en la época del mercantilismo algunas teorías habían
adquirido accidentalmente cierto valor práctico (pensemos si no en la doctrina
de la balanza comercial o en el
Lo que primordialmente había sido demanda política y
religiosa, la libertad de la personalidad, fué presentado como
En Inglaterra el principal representante de estas ideas fué
John Locke (1632-1704) y Ia revolución de 1688 pareció haber dado a aquel país
la libertad natural. Los franceses siguieron con apasionado ardor aquel
proceso, y mientras Montesquieu, en su
2.1. Los fisiócratas
Francois Quesnay, nacido en 1694, era un cirujano que se
distinguió por sus campańas contra las sangrías demasiado copiosas y que Ilegó
a ser médico de la Pompadour. En 1756 y 1757 escribió para la Enciclopedia los
artículos
Quesnay partió de Ias deficiencias de la
situación en Francia. Vió sus fallas en la protección parcialista de la
industria
Mientras los mercantilistas habían
dedicado la máxima atención a las manifestaciones exteriores del tráfico,
conceptuando al dinero y su circulación como el signo de la riqueza, los
fisiócratas buscaron el manantial de la riqueza en el suelo cultivable.
Apartando la mirada del consumo y de la circulación, la dirigieron a la
producción y a la distribución.
La circulación del
Junto a la clase de los terratenientes
hállase la de los agricultores, cuyo trabajo crea el
Contrastando con la
La población que nada poseía, la clase de los asalariados, era apreciada ante todo como consumidora de los productos indígenas. Los precios elevados del trigo debían favorecerla también, por cuanto acrecentaban las oportunidades de trabajo.
También en lo referente a la teoría demográfica, los fisiócratas ocuparon una posición francamente opuesta a la de los mercantilistas. Lo que importaba no era el aumento de la población, sino el incremento de la producción agrícola, por la cual debía regirse la situación de aquélla. Mientras los mercantilistas veían en la penuria de las masas un estimulo al trabajo, Quesnay defendía la tesis, adoptada también por Smith, de que la elevación de la clase obrera trascendía en una incrementación de su capacidad productora.
Para Quesnay, allí donde estaba implantado el orden
natural, no existían altas y bajas; antes bien, el orden económico racional
creaba una situación sólida, capaz de hacer frente a todas las alternativas, un
Quesnay vió reunirse a su alrededor un grupo entusiasta de
partidarios, a cuya cabeza pósese Mirabeau. Sus ideas hallaron
también eco
fuera de Francia; particularmente el Margrave Carlos Federico de Baden ensayó
el sistema tributario de los fisiócratas en algunos de sus pueblos, y
José II y Leopoldo II adoptaron algunos de sus principios, la libertad
personal y de comercio, por ejemplo. Con sus exclusivismos, los fisiócratas
llamaron al mercantilismo a defenderse; Galiani, en sus
Teóricamente, Turgot representa un avance sobre Quesnay en
cuanto que admite una evolución en la economía
También fracasaron los ensayos de José II encaminados a animar el mercado de subsistencias por medio de la libertad de comercio y de tráfico. La idea de que ciertos principios mercantiles tales como podían enunciarse para la venta comercial no podían aplicarse a las disposiciones administrativas, como por ejemplo, las que regulaban el abastecimiento de Viena, indujo a sus sucesores a nuevas prohibiciones del comercio intermediario de artículos de primera necesidad y a tasas del pan y de la carne. Asimismo no pasó de ser un episodio, en la esfera industrial, la limitación de las reglamentaciones de José Il, de igual modo que de sus disposiciones relativas a la emancipación de los campesinos no subsistió más que la referente a la libertad personal, fracasando, en cambio, la intentada supresión de las condiciones campesino-seńoriales.
Las esperanzas que habían concebido los fisiócratas de que el absolutismo ilustrado llevaría a la práctica sus ideas, no se vieron realizadas. Hubo de ser la Revolución francesa la que decretó la abolición de las cargas feudales (1789), la supresión de las aduanas interiores y la libertad profesional (1791). Ella hizo del impuesto territorial la principal base de las finanzas francesas. Cierto que la Revolución prescindió en buena parte de los postulados de los fisiócratas, ya que, contra el deseo de éstos, no favoreció la gran explotación en la agricultura, como se había hecho en Inglaterra. En este punto los economistas hubieron de enfrentarse con las ideas socialistas, las cuales hicieron sentir su influencia sobre la constitución agraria francesa, en oposición a la inglesa.
2. Adam Smith
En Inglaterra Hume, en sus
Pero tampoco el historiуgrafo puede pasarse sin la teorнa, y
por eso vemos a Hume combatir el
dogma mercantilista de la importancia del acopio de dinero con el dogma de la teorнa cuantitativa: un
aumento de dinero conduce
ъnicamente a la elevaciуn de los precios de las mercancнas y no representa, en
consecuencia, mбs que una ventaja nominal, o incluso un verdadero perjuicio si
se considera que los precios altos dificultan la exportaciуn. Las preocupaciones
de los defensores de la doctrina de la balanza comercial para la conservaciуn y
el aumento de la riqueza numeraria del paнs son, para йl, inъtiles. No sуlo como
hombre, sino tambiйn como inglйs, desea Hume la prosperidad comercial de
Alemania, Espaсa, Italia, y aun la de la mбs peligrosa de sus rivales, Francia.
Con ello Inglaterra saldrнa mбs beneficiada que si todos aquellos paнses
quedaran sumidos en la carencia de necesidades, como acontece en Marruecos y
Berberнa.
Hume observa las excelencias y las fallas de la escuela histуrica; a la vez, empero, se distingue, de muchos de sus posteriores representantes, por la circunspecciуn en limitar sus afirmaciones y por el cuidado en sacar consecuencias. Del mismo modo que seсalу el camino que introducнa en la teorнa del conocimiento de Kant, asн tambiйn su compatriota escocйs y amigo Adam Smith pudo apoyarse en sus ideas al desarrollar su ciencia econуmica.
Adam Smith naciу en 1733 en Kirkcaldy (Escocia), y en sus
estudios dedicуse principalmente a la Filosofнa. Profesor de Lуgica y
Filosofнa moral en Glasgow, compuso en 1759 su
En sus estudios Smith no parte,
como los fisiуcratas, de la materia de la economнa, el suelo, ni de su medio,
el dinero, como los mercantilistas, sino del trabajo humano. Demuestra cуmo
crece su fuerza creadora por la divisiуn del trabajo. Pero їque es lo que,
segъn Smith, limita esta divisiуn? La extensiуn del mercado. No todo trabajo crea un valor, sino ъnicamente
aquel que labora para el mercado. De igual modo que en su obra sobre la
El trabajo en que Smith pensу en primer tйrmino es el del pequeсo industrial independiente. Sуlo asн podemos comprender sus afirmaciones (I, 6) de que, originariamente, pertenecнa al trabajador el producto total de su trabajo, mientras mбs tarde viуse obligado a admitir que una parte de dicho producto corresponde al capitalista y al terrateniente. La posiciуn del obrero asalariado dependiente es totalmente distinta. El empresario tiene en su mano la direcciуn del proceso de producciуn y la valorizaciуn del producto. El obrero, segъn el contrato de salario, no tiene mбs derecho que a la percepciуn del sueldo estipulado y en modo alguno puede aspirar a la participaciуn en el producto del trabajo. Su renta es, por consiguiente, derivada, algo asн como ocurre con el perceptor de crйditos. Smith, al no diferenciar suficientemente las diversas clases de trabajo, independientes y dependientes, creу la base de la futura doctrina socialista, la cual habнa de impugnar, como una usurpaciуn, la cesiуn de una parte del salario a los capitalistas y propietarios territoriales.
Como los fisiуcratas, al describir las clases econуmicas partiу Smith de las condiciones de la empresa agrнcola; pero de Ўcuбn diferente manera caracterizу a los tan exaltados terratenientes, al definirlos como gentes que quieren cosechar allн donde nada sembraron! En cambio, asignу el lugar mбs alto a los trabajadores, siquiera en su estado primitivo. En una economнa evolucionada, empero, el primer sitio corresponde, en su opiniуn, a Ios capitalistas, los propietarios de las excedencias del trabajo anterior, ya que ellos, al invertir sus capitales en la producciуn y crear asн oportunidades de trabajo, son los que ponen en movimiento la rueda que impulsa toda la economнa.
Smith rechaza de manera expresa la idea de que el beneficio sea fruto de la actividad del empresario que dirige la explotaciуn (3). Antes bien procede ъnicamente del capital, por lo cual debe estar en proporciуn con la cuantнa de la suma invertida en aquel concepto. Las excepciones a esta regla, tales como el lucro mбs elevado de ciertas empresas como consecuencia de la superioridad que les confieren sobre sus competidores la posesiуn de secretos profesionales o de privilegios oficiales, o bien derivados de la favorable situaciуn local, no desorientan б Smith en su creencia en la ley natural, formulada por йl en consonancia con los fisiуcratas, mientras los porcentajes iguales de lucro puedan ser interpretados como el promedio de diversas manifestaciones y apreciaciones particulares.
Al otorgar Adam Smith al trabajo el carбcter de creador de valor, en vez de asignar esta propiedad a la tierra, pudo superar el doctrinalismo de los fisiуcratas, con su diferenciaciуn entre trabajo productivo del agricultor y labor estйril del industrial y del comerciante. No obstante, al situar el capital impersonal y sus beneficios en el lugar de la actividad del empresario o negociante y Ios suyos, abriу nuevamente la puerta a toda una serie de prejuicios fisiocrбticos.
Aun cuando Smith admitнa (II, 5, al final) que en el comercio y la industria el individuo, incluso habiendo empezado sin capital, conseguнa crearse una fortuna con mayor facilidad que en la agricultura, y aun cuando veнa la causa de la preeminencia de las naciones mбs ricas principalmente en su industria mбs desarrollada, reconociendo como base de esta ventajosa situaciуn el hecho de que en la explotaciуn industrial el trabajo podнa distribuirse mбs fбcilmente que en la agricultura (I, 1), con todo declaraba en otro lugar que la manera mбs ventajosa de invertir los capitales ofrecнala la explotaciуn agrнcola, atendido a que en ella la Naturaleza colaboraba generosamente, y opinaba que la productividad, menor, de la agricultura (cosa que contradecнa a la «Naturaleza») habнa que achacarla ъnicamente a las intervenciones inoportunas del Estado.
Esta idea constituye tambiйn el fondo de la Historia de la Economнa contenida en el libro III de su obra.
Smith se diferenciу de Quesnay en el sentido de que no opuso a un justo estado natural todas las desviaciones considerбndolas resultado de la torpeza del hombre, sino que procurу hacer justicia a la evoluciуn histуrica (4). Ciertamente construyу, de acuerdo con su estimaciуn de las diversas clases de inversiуn de capitales, un proceso natural de la evoluciуn, segъn el cual el capital debнa dar vida, en primer tйrmino; a la agricultura, despuйs a las industrias que trabajan para el abastecimiento del mercado local, en tercer lugar a la industria de exportaciуn, luego al comercio interior y, finalmente, al exterior. Y si no tuvo mбs remedio que reconocer que el proceso evolutivo de Europa no habнa seguido aquella trayectoria, que el progreso econуmico habнa empezado manifestбndose en el comercio y la industria urbanos y sуlo mбs tarde habнa trascendido a la agricultura; y cuando viу que las naciones modernas cuidaban del comercio colonial y de la industria de exportaciуn antes que del comercio e industria interiores, el hecho pareciуle una contradicciуn a la Naturaleza. A juicio de Smith, esta marcha contranatural de la historia solamente podнa ser provocada por lasintervenciones parcialistas de los Gobiernos, que entorpecнan el libre trбfico en el paнs a cambio de favorecer la industria y el comercio exteriores. En cambio, las colonias americanas Ie ofrecнan una imagen del progreso natural. En ellas el capital era invertido primordialmente en la agricultura, y sуlo despuйs y de modo racional en las demбs explotaciones. Smith no se diу cuenta de que este desarrollo «natural» de la acciуn del capitalismo naciу en tierras coloniales, pero que en la Edad Media y principios de la Moderna el objetivo habнa sido precisamente la formaciуn de este capitalismo.
Lo que Adam Smith presintiу justo y conveniente para su йpoca, aquella libre economнa de trбfico que debнa aportar el futuro, lo seсalу como un imperativo de la Naturaleza. Smith demostrу la insuficiencia y la improcedencia de las disposiciones del sistema imperante, sistema que, partiendo de la teorнa de la balanza comercial, pretendнa regular y limitar el trбfico en todas partes. El mercantilismo culminу en el sistema colonial; por eso la polнtica comercial de la йpoca es el blanco de sus crнticas mбs acerbas. Smith rechazу toda limitaciуn del trбfico colonial, sosteniendo que si las colonias britбnicas eran mбs prуsperas que las espaсolas debнase a que en ellas reinaba mбs libertad. Tambiйn arremetiу violentamente contra las grandes sociedades coloniales privilegiadas, partiendo del concepto de la superioridad de la pequeсa explotaciуn en la libre competencia. Si cada cual trabajase solamente para sн, su producciуn darнa el rendimiento mбximo. Tambiйn en la agricultura creнa Smith en las ventajas de la pequeсa explotaciуn, contrariamente a las opiniones de los fisiуcratas.
Debнa demostrarse que la libertad de comercio redundaba ante todo en beneficio del gran empresario comercial o industrial. Tan ajeno se sentнa Smith a la defensa de estos intereses, que si reclamaba la libertad de comercio hacнalo precisamente con el fin de acabar con los privilegios de aquellos grandes explotadores en beneficio de la agricultura y de los trabajadores. Si recordamos que las leyes de entonces tendнan a mantener al obrero bajo el dominio del empresario, que la estabilizaciуn de los salarios, del salario mбximo, servнa para impedir el alza de las remuneraciones, comprenderemos que Smith esperase un mejoramiento de la situaciуn del obrero, procurando suprimir la intervenciуn del Estado. En modo alguno era contrario a una intervenciуn en favor del obrero, como lo prueban sus elogios a la prohibiciуn del pago del salario en mercaderнas (Trucksystem), asн como no creнa tampoco en que la libertad de comercio pudiera perjudicar a la agricultura. Lo elevado de los gastos de transporte protegerнa al agricultor contra toda posible competencia exterior; argumento йste que List adujo mбs tarde contra los aranceles del trigo. Era mucho mбs probable que el librecambio aportase a la agricultura todos los capitales de que artificialmente la privaban las leyes entonces vigentes.
No falta quien ha interpretado canto aversiуn al Estado la oposiciуn de Smith a la intervenciуn de la autoridad en la vida econуmica. Nada mas errуneo. La separaciуn de las tareas de gobierno de las actividades econуmicas individuales (es decir, una especie de divisiуn del trabajo) debнa redundar en beneficio del Estado y de los ciudadanos a la vez, haciendo posible a ambos la realizaciуn mбs eficaz de las finalidades propias de cada uno. Si Smith arremetiу con tanta energнa contra la Compaснa de las Indias Orientales, fue por haber creнdo que la reuniуn en su mano de funciones econуmicas y de gobierno tendrнa por consecuencia hacer de la instituciуn un mal comerciante a la par que un mal estadista. No reparу en que estas Compaснas eran criaturas a imagen y semejanza del desenvolvimiento del poder del Estado en aquella йpoca. Si йste transfiriу su acciуn a unas empresas privadas, hнzolo porque no se hallaba en condiciones de llevar a tйrmino su misiуn en aqueIlas lejanas tierras. Sуlo un Estado fuerte podнa hacerse cargo de la empresa. Un Estado potente y una empresa fuerte son las condiciones previas del librecambio. Del mismo modo que la iniciativa privada asumiу al principio funciones de gobierno, asн tambiйn en otras regiones el Estado hubo de empezar por formar el espнritu de empresa por medio de sus providencias proteccionistas y de privilegios. Pese a todo lo que separa a Smith de los mercantilistas, no podemos pasar por alto lo que con ellos le une. Aquйllos y йl quisieron la economнa del trбfico, como elemento que proporciona mayor bienestar al individuo y mayor fuerza al Estado. Los mercantilistas se interesaron por desarrollar la economнa del trбfico desde sus principios, y a tal fin fomentaron la asistencia del Estado y la reglamentaciуn del intercambio. Smith abogу por una economнa del trбfico plenamente desenvuelta y cuyo pleno desarrollo ъnicamente podнa lograrse por medio de la libertad de comercio.
Para los mercantilistas era preciso estimular al sъbdito con el fin de servir a los fines del Estado; para ellos lo primero era la economнa pъblica, a la cual debнa asociarse el cuidado de la economнa polнtica. Para Smith, en cambio, lo que estaba en primer plano era el individuo, de cuyo estнmulo por medio de la libertad habнa de resultar, como consecuencia natural, la prosperidad de la naciуn. Por eso Smith no trata de las finanzas hasta el final de su Iibro: sus reglas deducнanse, para йl, de la aplicaciуn de los principios que informan y rigen el sistema econуmico.
Si el Estadodebe renunciar a una economнa propia, forzosamente ha de sacar sus ingresos ante todo de los impuestos que establezca, considerando siempre las posibilidades de las clases econуmicas. La oposiciуn de Smith a Ias rentas pъblicas procedentes de sus propias posesiones, de los patrimonios, explнcase por la mala administraciуn de que eran objeto en su tiempo los bienes del Estado. Esta circunstancia parecнa demostrarle que la explotaciуn por el Estado no se hallaba a la altura de la realizada por los particulares. Smith no pensaba en las grandes explotaciones, tales como las que mбs adelante desarrollу el capitalismo en las empresas de ferrocarriles y otras similares, que sуlo pueden explotarse a base de funcionarios y en las cuales йstos actъan con el mismo carбcter e igual eficiencia que el empleado privado. Cuando es cuestiуn, empero, de la competencia de empresas de capitales cuantiosos y que se presten a la pequeсa explotaciуn, entonces recomiйndase, aun hoy, la receta de Smith: vender los patrimonios; el particular sacarб del suelo mucho mayor rendimiento y los impuestos que se podrбn obtener de йl producirбn al Estado mucho mбs de lo que rinde actualmente la explotaciуn propia.
Vimos que Smith rechazaba las cargas polнtico-comerciales de las colonias. Pero їquй interйs tenнa Inglaterra en su subsistencia? ЎUn interйs financiero! Smith querнa obligar a las colonias a contribuir a las cargas del Imperio, pero, para ello, preciso era darles representaciуn en el Parlamento. El hombre a quien tan a menudo se ha acusado de cosmopolitismo, trazу el proyecto de un Imperio anglosajуnsegъn el modelo del romano. De todos modos, no pretendнa que el centro de gravedad de dicho Imperio radicara en la metrуpoli. Si las colonias llegaban un dнa a sobrepujar a aquйlla en capacidad tributaria y defensiva, la sede del Imperio deberнa trasladarse allн donde mayormente se contribuyese a su conservaciуn. Pero si resultase, imposible lograr que las colonias cooperasen a llevar las cargas del Estado, lo mбs conveniente era emanciparlas, ya que entonces costaban mбs de lo que producнan. El comercio con ellas subsistirнa incluso siendo independientes; la prosperidad que la independencia les aportarнa, redundarнa en beneficio de la metrуpoli, gracias a la mayor capacidad adquisitiva de su mercado.
(1) Gesch. d. National-Oekonomik in Deutschland, pбg. 594.
(2) W. WINDELBAND
(3) Contrariamente a SMITH, JEAN BAPTISTE SAY, en su Traitй d'economie politique ou simple exposition de la maniиre dont se forment, se distribuent et se consomment les richesses (Parнs, 1803), estimaba la importancia del «entrepreneur», Libro I, cap. 6.
(4) Sobre el sentido histуrico y realнstico de SMITH, cfr. la crнtica de SISMONDI, Nouveaux Principes, I, cap. 7, yGЬLICH, Geschichtliche Darstellung des Handels, der Gewerbe und des Ackerbauess V. S., 183. No hay que olvidar que SMITH escribio antes de la revoIuciуn industrial y agraria.
3. Möser y Fichte
Vimos ya cómo, en el siglo XVIII, los fisiócratas y Adam Smith extrajeron la ciencia políticoeconómica del Derecho natural individualista. Los restos de la Edad Media existentes aún en su época, la sujeción de la tierra, los gremios y demás instituciones similares, pareciéronles otros tantos obstáculos contranaturales que se oponían de modo absurdo al esfuerzo, único plenamente justificado, de la personalidad creadora de riqueza. Sus ideas correspondieron a los progresos de la economía en Inglaterra y Francia, aunque debieron forzosamente merecer un juicio muy distinto allí donde la situación económica del momento era poco satisfactoria, pero donde perduraba el recuerdo de un pasado cuya grandeza habíase debido precisamente a la unión corporativa.
En los círculos westfalianos encontraron los alemanes en Justus Möser, de Osnabruck, un escritor que supo observar con agudeza la esfera de la vida económica. Pocos vestigios restaban en su patria del pretérito esplendor que la Hansa había prestado a las ciudades norteńas. Los burgueses que un día habían llegado hasta Bergen y Nowgorod, hallábanse entonces diseminados, súbditos de varios seńores territoriales, y dependientes de las ciudades marítimas y del extranjero. Nada tiene pues de extrańo que Möser mostrara una carińosa comprensión por las instituciones medievales e intentara dignificar en su condicionalismo histórico las organizaciones tan menospreciadas por la cultura de su época. La lucha emprendida Ilevóle, empero, a combatir las doctrinas del Derecho natural.
Libertad y propiedad parecían a los enciclopedistas Derechos inalienables de la Humanidad. Möser opuso al Derecho natural una historia natural de la servidumbre (IV, 61). ŤLa causa de que tan pronto y de modo tan general se hubiese implantado la sevidumbre o la esclavitud, no había que buscarla tanto en la guerra y la tiranía como en la natural necesidad y deseos de la juventud de una noción, ya que unas gentes que nada poseían debían sentirse contentas de que se les prestara crédito sobre su cuerpoť. Claro es que a medida que crecía la población (y por ende la oportunidad de hallar mano de obra), disminuía la servidumbre con todas sus consecuencias, quedando únicamente la que comportaba verdadera utilidad.
Smith había cantado las excelencias de la división del trabajo; Möser, en cambio, nos presenta el reverso de la medalla. El maestro que se halla en condiciones de ocupar a muchos oficiales, no enseńa a cada uno de ellos más que una función parcial. De este modo se pierde el sentido de la obra. El obrero sabrá elaborar muelles de relojería o patas de silla, pero no será capaz de fabricar un reloj o una silla completos. żCuál es la consecuencia social de esta Ťsimplificaciónť? El oficial pierde su independencia; ya solamente podrá trabajar bajo un maestro de importancia, el cual, mediante una mejor organización del trabajo, situará fuera de competencia al pequeńo industrial. El gran mercado que ofrece la gran ciudad absorbe la industria de las pequeńas localidades y la concentra en las capitales (1).
Las simpatías de Möser se concentraban en la agricultura que se basta a sí misma, oponiéndose con ella a las opiniones de mercantilistas y fisiócratas, y coincidiendo en algunos puntos con Smith. Para el hombre no depravado, ninguna ocupación hay que ofrezca tantos atractivos y naturales encantos como el cultivo de la tierra, trabajo que reclama un esfuerzo el cual lleva en sí la recompensa y se mantiene por sí mismo. Allí donde cada cual posea su propio terruńo y viva tranquilo y gozoso de su cultivo, en un hogar donde moren la diligencia, el orden y la virtud, no serán necesarias leyes ni castigos. ŤTodas esas grandes ventajas para la virtud, la moral y la policía se pierden en cuanto una población nutrida está constituida por ciudades, pueblos o colonosť (2). Los campesinos independientes son los únicos que están en situación de proteger al país contra las calamidades y el peligro de guerra. Anticipándose a Malthus, Möser opinaba que difícilmente podría nunca el artesanado numerar una densa población, sin dejar perecer la mitad de ella bajo el látigo del hambre y de la miseria.
El comercio y la manufactura debían encerrarse de nuevo dentro de los muros de las ciudades. Para Möser, la causa de su decadencia radicaba en la preponderancia del comercio detallista, de comisionistas, de vendedores ambulantes, todos los cuales inundaban el país con los productos baratos de la gran industria. Contra ellos había que proceder de modo semejante a como lo había hecho el Acta de Navegación (3).
Sin embargo, las ciudades no debían encerrarse en su perímetro, sino antes bien asociarse, como en otro tiempo la Hansa, para realizar atrevidas empresas. El espíritu del comercio que sin duda se habría hecho seńor de ambas Indias y habría elevado al Emperador a la dignidad de monarca universal, constituía la base de la naciente nobleza territorial. Si otro hubiese sido el destino, no sería Lord Clive quien diera órdenes a orillas del Ganges, sino un consejero municipal de Hamburgo. ŤżNo habría medio de lograr que unas cuantas ciudades continentales estableciesen en los puertos levantinos un depósito colectivo y mantuvieran a su frente a un funcionario delegado?ť
Möser no tuvo en cuenta que la nación, si quería recuperar su antigua categoría, debía luchar con armas modernas y no con pertrechos anticuados. Una de aquellas armas era la unidad y fuerza política que Möser propugnaba, de igual modo que Smith, en su defensa del Acta de Navegación; le sacrificaba incluso consideraciones económicas. La otra, empero, era la nueva constitución económica que radicaba precisamente en la división del trabajo. No eran las ciudades continentales westfalianas las que tenían la posibilidad de reconquistar para Alemania un nuevo lugar en el mercado universal, sino las marítimas, tan difamadas por Möser; y quien confería nuevo valor a su vida económica no eran el campesino y el artesano individuales, sino la gran industria. A pesar suyo se le escapa a Möser la confesión de que un país que, como Inglaterra, toma sobre sí los sacrificios de la nueva organización económica, Ťes más grande y más dichoso que aquel otro en el cual, por temor a ladrones y mendigos, no se tolera a los colonosť.
Si puede considerarse a Möser come el jefe de
una escuela histórica que dirige sus miradas con preferencia al pretérito, en
cambio no faltaron en Alemania vigorosos defensores de las ideas del Derecho
natural. Fichte, en su
Nadie puede poseer un derecho inalienable sobre la persona de otro ser humano; el derecho a la propia persona pertenece en absoluto a cada cual. ŤEmancipad al comercio con el patrimonio natural del hombre, con sus energías, y veréis el curioso espectáculo de que el rendimiento de la propiedad de la tierra y de toda otra propiedad está en relación inversa de su magnitudť. Como Smith, Fichte cree ver el ideal en la convivencia de pequeńos propietarios, agricultores y artesanos independientes, unidos entre sí únicamente por libres pactos. Fichte va muy lejos en la demanda de la libertad de contrato: ŤEl hombre tiene derecho irrefutable a anular sus pactos y concilios en cuanto quiera hacerlo, incluso unilateralmenteť... ŤTiene derecho absoluto a modificar su voluntad arbitraria según el grado de su perfeccionamientoť. Cierto que la premisa es Ťel deber, y con él el derecho indiscutible,de trabajar incesantemente en pro de su perfeccionamiento y de seguir siempre sus mejores opinionesť. Para Fichte, la suprema finalidad del Estado consiste en la educación para la libertad. ŤSi este objetivo final pudiera conseguirse, no habría ya necesidad de más constituciones políticas; la máquina se mantendría estable porque ninguna presión contraria actuaría sobre ella. La ley, de valor generaI, de la razón, uniría a todos los hombres en la máxima unanimidad de opiniones, y ya ninguna ley tendría que velar sobre las accionesť.
Si aquí se nos presenta Fichte como
campeón de un individualismo extremo o, más aún, del anarquismo, en su
Geschlossenen
Aqui reina la coerción.
Las personas para las cuales el
nuevo urden (que es el único orden verdadero) resulte gravoso, opresor,
pedantesco, deben emigrar, pero solamente
con su dinero, sin liquidar sus
productos y tierras.
Como PIaton y Aristóteles, como Moro y Campanella, Fichte parte de
una crítica de lo existente:
ŤQuien nada ha
recibido
Si es digna de toda nuestra admiración la manera
con que Fichte formula las demandas éticas de la libertad
de la personalidad y de la igualdad de derechos de todos los ciudadanos para
el ejercicio de sus actividades, no cabe decir lo mismo del detalle técnico de
su realización. Si Smith, en sus lecciones, piensa todavía preferentemente en el
artesano, Fichte, en la doctrina jurídica de 1812, hace
surgir la figura del obrero a sueldo del capital. El filósofo escribió su
(1) I, 32: De la decadencia del artesanado en las ciudades pequeńas: Ť...la pequeńa localidad no es un escenario suficiente para tan grandes actores, y difícilmente una villa mediana podrá mantener buenos pintores, escultores y otros artistasť.
(2) lI,1: Von dem Einflusse der Bevölkerung durch Nebenwohner auf die Gesetzgebung.
(3) I, 38: Urteil über die Packenträger.
(4) P. NATORP, Gesammelte Abh. zur Sozialpädagogik I, IV; Pestalozzis Ideen über die Arbeiterbildung und soziale Frage.
2.4 El fracaso del sistema mercantilista
4. El fracaso del sistema mercantilista
Las restricciones mercantilistas del trαfico tropezaron
siempre con resistencias. Un
En nadie estaba grabado el sentimiento de la libertad individual con tanta fuerza como en los hombres que, sacrificαndolo todo en aras de su fe, habνan abandonado Inglaterra para poder vivir en Norteamιrica fieles a su ideal religioso. Al principio habνaseles concedido plena libertad, la cual, en buena parte, lograron conservar aun despuιs del Acta de Navegaciσn, ya que esta ley no pudo ser rigurosamente implantada a grandes distancias. Pero a medida que las colonias fueron desarrollαndose, sus intentos de limitarse en favor de la metrσpoli resultaron mαs difνciles, y precisamente el siglo XVIII trajo consigo una agudizaciσn de aquellas medidas. En 1718 prohibiσse a los artesanos emigrar a las colonias. En 1750 Inglaterra favoreciσ la importaciσn de hierro bruto de las colonias suprimiendo los derechos aduaneros, a la vez que prohibνa Ia elaboraciσn en ellas del referido metal, mandando destruir los talleres dedicados a aquella actividad. El monopolio de la Compaρνa inglesa de las Indias Orientales fuι extendido a las colonias, para las cuales resultaba mαs cσmodo abastecerse de tι por mediaciσn de los holandeses.
Mientras las colonias necesitaron de la protecciσn de la metrσpoli para resguardarse contra el poder de Francia, no pudieron pensar en la separaciσn. Pero el dνa en que, en la guerra de los Siete Aρos, Inglaterra hubo, arrebatado el Canadα a los francesas, los americanos se sintieron libres. Los intentos encaminadas a obligarlos a cooperar, mediante nuevos impuestos, a las cargas de la guerra con Francia, sin concederles participaciσn en el gobierno, produjeron una fermentaciσn cuyo primer sνntoma exterior se manifestσ en la destrucciσn de las cajas de tι en el puerto de Boston.
De 1776 a 1783 las colonias norteamericanas lucharon por su independencia, sostenidas por Francia. Pero los ingleses viιronse obligados a suavizar sus leyes marνtimas, no sσlo para con ellos, sino tambiιn para con los neutrales. Cierto que Inglaterra, al destruir la potencia marνtima holandesa, previno el intento de los Paνses Bajos de adueρarse del comercio como Estado neutral; pero en 1780 las potencias continentales, con Rusia a la cabeza, organizaron una neutralidad armada, ante la cual la Gran Bretaρa hubo de ceder. Gracias a ello Holanda pudo lanzar a la mar sus barcos bajo el pabellσn imperial y prusiano. Tambiιn Dinamarca y Suecia se beneficiaron copiosamente de la navegaciσn de carga.
La pιrdida de las colonias americanas obligσ a Inglaterra una nueva ordenaciσn de la situaciσn irlandesa. En 1779 fuι abolida toda una serie de restricciones que pesaban sobre el comercio de Irlanda. En 1782 se concediσ a Ios irlandeses un Parlamento cuyas disposiciones se dirigieron en seguida contra Inglaterra. En primero de enero de 1801 los dos paνses quedaron unidos por un contrato semejante al de la uniσn angloescocesa. En este punto quedaba, pues, realizado el proyecto de Smith el ιxito del cual se manifestσ todavνa en otra esfera.
En 1786 Pitt estipulσ un convenio comercial con Francia. El admirador de Smith convergiσ con la influencia de los fisiσcratas por parte de los franceses. El tratado acabσ con muchas de las antiguas prohibiciones. El mercado britαnico quedσ abierto a los vinos, a los cristales, a la orfebrerνa franceses, aunque no a su industria sedera, mientras, en cambio, concedνase entrada en Francia a los artνculos ingleses de algodσn y de hierro. El resultado de este feliz convenio y de la consolidaciσn aduanera de 1787 (una simplificaciσn y reducciσn de las tarifas), junto con la disminuciσn del contrabando, significaron para el comercio britαnico y especialmente para el irlandιs un gran impulso, que Pitt pudo celebrar en su discurso del presupuesto de 1792.
Mas al estallar la Revoluciσn francesa se produjo un recrudecimiento de la vieja enemistad comercial contra Inglaterra, y, con el, la readopciσn de los odiosos medios de lucha del mercantilismo. Pero precisamente el curso de la contienda acarreσ el desbordamiento de la libertad comercial. En el ϊltimo decenio del siglo XVIII, Inglaterra disfrutσ de una hegemonνa marνtima casi ilimitada, gracias a la cual vνσ doblado su comercio intermediario, el cual, de 5.199.037 libras esterlinas en 1791, pasσ en 1798 a la cifra de 11.948.234. No obstante, Napoleσn supo anular esta situaciσn de privilegio, valiιndose, para conseguirlo, de una asociaciσn con los Estados Unidos. En 1803 vendiσles la Luisiana por 80 millones de francos; con ello la navegaciσn neutral norteamericana iniciσ una competencia peligrosa para Inglaterra y que redundσ en beneficio de las colonias que ιsta habνa debido ceder nuevamente en la paz de Amiens de 1802.
Durante el dominio absoluto de Inglaterra sobre las Antillas, habνan recibido un impulso enorme los cultivos de la caρa de azϊcar y del cafι y, con ellos, el comercio de esclavos. Pero desde aquel momento, la continuaciσn de la trata de negros habrνa beneficiado a las regiones occidentales ya no britαnicas, perjudicando a las colonias antiguas. Por eso Inglaterra prohibiσ en 1807 el comercio de esclavos, despuιs que Dinamarca, en 1792, hubo decretado su aboliciσn para el aρo 1803. Como Inglaterra dominaba casi por completo esta rama del negocio, la prohibiciσn equivalνa virtualmente a la supresiσn total del mismo, supresiσn que hizo valer Inglaterra cuando, despuιs de 1813, Francia y Espaρa intentaron restablecerlo. Asν fuι cσmo los afanes ideales de los abolicionistas se vieron realizados gracias al curso de la lucha por la hegemonνa polνtica.
Pero Inglaterra pagσ a Francia con la misma moneda. Del mismo modo que Francia habνa contribuido a la independencia de los Estados Unidos, asν tambiιn Inglaterra apoyσ la oposiciσn continental a Francia. Sus subsidios sostuvieron los ejιrcitos de la coaliciσn, sus tropas combatieron en la Penνnsula Ibιrica, y los paladines de la libertad de 1813 vistieron, en gran nϊmero, uniformes britαnicos. A cambio de su asistencia, Inglaterra obtuvo, despuιs de la derrota de Napoleσn, la formaciσn, en Hannover y Holanda, de Estados νntimamente unidos a ella y que le aseguraban influencia decisiva sobre la costa septentrional alemana. Holanda, aliada con Francia, habνa perdido su imperio colonial; los ingleses se quedaron con El Cabo y Ceilαn, devolviendo a los holandeses el archipiιlago de la Sonda.
En el transcurso de la Revoluciσn, Francia perdiσ Haitν, pero fuι un hecho de mucho mayor trascendencia la emancipaciσn de la Amιrica del Sur. Las colonias espaρolas se declararon independientes bajo Bolνvar, y en 1822 el Brasil se separσ de Portugal, constituyιndose en Imperio. Cuando la Santa Alianza se dispuso a vengar esta deserciσn al orden legitimista, saliσle al paso la repϊblica de los Estados Unidos, cuyo presidente, Monroe, declarσ en 1823 que considerarνa como acto de hostilidad contra la Uniσn Norteamericana toda intervenciσn por parte de las potencias europeas. La emancipaciσn de las colonias sudamericanas abrνa vasto campo al comercio britαnico y yanqui, e incluso los paνses que no poseνan ninguna colonia, como Alemania, podνan participar directamente en el comercio ultramarino.
Mientras el mercantilismo aspiraba, en el fondo, a una Monarquνa universal o, cuando menos, a un Imperio que produjera todo cuanto necesitara, la opuesta rivalidad de los pueblos conducνa a la formaciσn de numerosos Estados independientes, interesados todos ellos en la implantaciσn del libre trαfico comercial, aparte de que aquella rivalidad impulsaba al mismo tiempo la libertad en el interior. La Revoluciσn francesa, por el hecho de haber traνdo la libertad a campesinos y ciudadanos, se hallaba en condiciones, no ya sσlo de resistir la acometida de toda Europa unida, sino de lanzarse victoriosa a la conquista. Las demαs potencias, por su parte, ϊnicamente podrνan resistir al empuje de Francia a condiciσn de apropiarse las ideas de la gran Revoluciσn. Asν Prusia fuι la primera en reorganizarse, despuιs de 1807, adoptando las constituciones militar y econσmica francesas. El partido de la guerra, que fuι el que diσ a Prusia una nueva capacidad defensiva, fuι, a la par, el mαs celoso defensor de la emancipaciσn de los campesinos.
2.5 La economνa agrνcola en Francia y en Inglaterra. Los comienzos del socialismo moderno
5. La economía agrícola en Francia y en Inglaterra. Los comienzos del socialismo moderno
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII difundióse, partiendo de Inglaterra, una explotación racional de la agricultura.
Con el sistema, predominante hasta entonces, del cultivo de triple amelga, la mayor porción de las tierras la constituían pastos perpetuos, de los cuales nadie cuidaba debido a utilizarlos en común todos los lugareńos. La consecuencia de este estado de cosas era una ganadería deficiente. En las tierras de sembradío, los campos pertenecientes a cada una de las fincas se hallaban dispersos en diversos distritos o circunscripciones, en confusión con los de las otras propiedades; por eso los vecinos del pueblo no podían emprender siembras ni proceder a las cosechas si no era a base de un plan común. Los rebańos de la comunidad eran llevados al rastrojo, y si bien de este modo el campo quedaba algo abonado, no lo era, nicon mucho, suficientemente. El cultivo forzoso excluía el cuidado de las labores que efectúa el individuo cuando se trata de un campo de su única pertenencia. Por regla general, los cultivos se hacían de manera que, en las tres amelgas, se sucedían cereales de invierno, cereales de verano y el barbecho; a veces éste se aprovechaba para sembrar plantas forrajeras. En resumidas cuentas, la escasez de rebańos y la falta de abono daban cosechas pobres, es decir, un mísero rendimiento de la agricultura.
Las cosas cambiaron el día en que la tierra fué repartida en parcelas, y en ellas se sucedieron, en turno regular, los ańos de cereales y los de prado, o bien los ańos de siembra de cereales fueron alternados con el cultivo de otras plantas (cereales de invierno). Esta alternancia de cultivos contribuyó al aumento del rendimiento del suelo por el aporte de elementos fertilizantes dado por esta racional rotación de cultivos.
Pero estos sistemas de explotación intensiva presuponían la liquidación de la vieja constitución agraria. El prado común fué cercado por el propietario o repartido entre los lugareńos. El dueńo de la tierra u otros propietarios separaron sus campos del conjunto del suelo de labor y los cercaron. Los pequeńos propietarios, para quienes la manutención del ganado era de importancia extrema, experimentaron una pérdida sensible en la del prado comunal, sobre el cual no tenían sino un derecho incierto, y que en ningún modo les ofrecía suficiente compensación. El cambio les planteó el dilema de emigrar o de convertirse en trabajadores asalariados. Pero también empeoró la situación de Ios campesinos, ya que en todos aquellos casos en que su derecho de posesión era incierto, en que no eran acaso sino arrendatarios temporales, el propietario reunió las pequeńas granjas para formar otras grandes que dió en arriendo. Los gastos de cercado y el sostenimiento de los pobres pesaron gravosamente sobre las pequeńas explotaciones. El arrendatario hereditario o el pequeńo propietario no se sintió con fuerzas para hacer frente a la competencia de la gran explotación y vendió su puesto, más o menos voluntariamente. De este modo la introducción de la explotación agrícola racional coincidió en Inglaterra con la desaparición de la clase campesina. En el Nordeste de Alemania Ias cosas sucedieron de modo muy semejante, y en Inglaterra formáronse las tres clases de los fisiócratas: el propietario rural, el arrendatario y el bracero del campo.
Ya en las siglos XV y XVI esta progresión de la gran explotación había adquirido en Inglaterra extensión considerable. Entonces, la causa de ello había sido la producción lanera. Las ovejas, según frase de Moro, devoraban a los hombres. En el siglo XVIII, lo que dió el impulso a las acometidas asoladoras contra la antigua constitución agraria fué el cultivo de cereales, de prados grasos y el engorde de los rebańos.
El primer impulso partió del afán de los propietarios de
aumentar sus rentas. Este incremento de réditos
Los esfuerzos técnicos de la agricultura inglesa tuvieron
su centro en el
Las tendencias imperantes en Inglaterra presentáronse
también en Francia antes de la Revolución. Una buena parte del malestar qua
se observaba entra el pueblo campesino se explica por el desalojamiento de
las capas más inferiores de la población rural de los prados comunales
acotados, así como de la reunión de las pequeńas explotaciones. La
diferencia esencial entre los procesos francés e inglés consistió en que, en
Francia, la constitución feudal se mantenía aún con considerable autoridad.
Precisamente en la segunda mitad del siglo XVIII numerosos privilegiados
intentaron acrecentar sus rentas, no implantando en sus predios la nueva
forma de explotación capitalista, sino exigiendo con mayor empeńo de los
campesinos el acatamiento a sus derechos feudales. Estos derechos, formas de
imposición qua hacían más gravosa la explotación, así como las servidumbres
y los derechos de caza del seńor, habían de producir forzosamente un hondo
resentimiento en aquella clase campesina de la Francia prerevolucionaria,
clase que se hallaba en vías de franco progreso espiritual y que empezaba a
adquirir conciencia de sí misma. Los derechos feudales no amenazaban la
existencia del campesino (como lo hacían los nuevos sistemas económicos);
antes bien pretendían continuar haciendo de él un objeto de explotación por
parte de los privilegiados. A los impuestos satisfechos al seńor feudal y
que gravaban onerosamente al pequeńo agricultor, venía a ańadirse otro
La secularización de los bienes eclesiásticos, realizada en el siglo XVI, había redundado esencialmente en provecho de la Corona y de la nobleza. Cuando la Revolución procedió a apropiarse de aquellos bienes, participaron en su adquisición los campesinos y los ciudadanos, con lo cual se formó en Francia una clase de pequeńos agricultores independientes mucho más numerosa que la de Inglaterra.
La repartición uniforme de la propiedad territorial
correspondía en Francia a las ideas socialistas, muy extendidas en el país.
Como las teorías de los fisiócratas, surgían aquéllas del Derecho natural;
pero mientras las primeras descansaban ante todo sobre la libertad del
individuo y las ventajas técnicas de la gran explotación, las segundas
sostenían que la misión de la sociedad consistía en velar por la dotación
igualitaria de sus componentes. Vairasse, en su
Aun cuando la Revolución francesa tuvo en cuenta, en
algunos aspectos, las ideas socialistas, significó ante todo una victoria de
la libertad del individuo, la cual comportaba la preponderancia del más
fuerte. La desigualdad de chances impedía llegar a Ia igualdad de los
hombres. Por eso pareció necesario completar aquella revolución. Tal fué el
proyecto de Graco Babeuf, quien, en su
Nacido en 1760, Babeuf había tenido ocasión de
experimentar sobre si la injusticia del estado de cosas imperante, ya que,
siendo uno de los notarios que habían renovado las batas de impuestos,
2.6 La emancipación de los campesinos y la libertad profesional en Alemania
6. La emancipación de los campesinos y la libertad profesional en Alemania
Aun cuando la finalidad que perseguía el enciclopedismo del siglo XVIII era el libre desenvolvimiento de las fuerzas económicas, la implantación de esta libertad dependía de determinadas corrientes políticas, y de ningún modo podía ser indiferente el momento de su realización y el agente de ella. Principalmente al reglamentar la constitución agraria planteóse el problema de definir en quién debía recaer la propiedad del suelo. żHabía de conservarla la nobleza, como en Inglaterra, o bien, como ocurría en Francia, eran los burgueses y campesinos los que, en concepto de propietarios de la tierra, se colocarían a la cabeza del nuevo proceso?
Verdad es que algunos soberanos ilustrados, tales como José II, Carlos Manuel III de Saboya y el margrave de Baden, habían seńalado la pauta con las reformas implantadas; pero lo que en realidad produjo la revolución en el Continente fué el movimiento de la sublevación de los campesinos. La Revolución francesa determinó la supresión de las trabas feudales en vastos territorios del Oeste de Alemania. Cuando, en 1815, Hannover y el Electorado de Hesse restablecieron la servidumbre, el alzamiento de 1830 acabó de nuevo con ella. En Suiza, la entrada de los franceses en 1798 tuvo como consecuencia inmediata la abolición de las cargas feudales y de los diezmos; sin embargo, la reforma quedó muy pronto en suspenso y no adquirió efectividad definitiva hasta después del movimiento de 1830, el cual quedó completado por la revolución de 1848. La indemnización de los primitivos derechohabientes se efectuó de muy distinta manera, según las circunstancias, pacíficas o turbulentas, entre las cuales se dispuso.
En el Oeste y en el Sur la tarea fué relativamente sencilla. Todo se reducía a emancipar al campesino de las obligaciones feudales que le había impuesto el propietario, el seńor de su cuerpo, el seńor de la justicia y, mediante la repartición de las comunidades y la separación de los campos, proporcionarle una situación independiente, libre de toda traba comunal. En el Este, en cambio, las condiciones eran totalmente distintas, debido a que allí el seńor se había hecho cargo personalmente de la explotación de sus tierras, convirtiéndose en propietario.
En el Este, la emancipación de los campesinos equivalía, no sólo a la supresión de cargas arcaicas que pesaban sobre el campesino, sino también a la cancelación de las relaciones entre amo y trabajador. Estas condiciones habían sido resultado de la economía de tráfico, aunque un resultado muy imperfecto; su disolución podía ser igualmente beneficiosa para el propietario y para el campesino.
Vemos cómo en el Holstein algunos nobles emancipan a sus campesinos, no solamente por motivos humanitarios, sino también con miras a incrementar la rentabilidad de sus fincas. El conde de Rantzau empezó en 1740 a transformar en predios enfitéuticos las tierras más distantes de sus propiedades. Los réditos pagadas por Ios campesinos libres e independientes producían más que las servidumbres manuales y de acarreo prestadas obligatoriamente cuando el mismo terrateniente cuidaba de la explotación de toda su propiedad. En Eckhof la reforma iniciada en 1786 elevó en seguida la renta neta de la finca en un 25%, a pesar de la situación relativamente favorable de los campesinos.
Mientras se anticipaban así algunos
propietarios clarividentes, los Gobiernos hubieron de limitarse al principio a
implantar la reforma en sus propios dominios, y sólo más tarde se resolvieron
a aplicar la misma medida a los colonos particulares de la nobleza. Suscitóse
la cuestión relativa a la manera de satisfacer las pretensiones de ambas
partes interesadas; żquién merecía mayor consideración: el campesino o el
propietario? Cabía la posibilidad de convertir en agricultores independientes
no sólo a los campesinos ya presentes, sino también a otros, mediante la
parcelación de las tierras seńoriales. Esto equivalía a una regresión respecto
al estado de cosas del Oeste. Así efectuada, la emancipación de los campesinos
respondía, no sólo al criterio de Adam Smith, sino también al de los
mercantilistas, quienes propugnaban por una población lo más densa posible y
con subsistencia propia. Esta idea se tuvo en cuenta en la reforma de
Schleswig-Holstein y de Austria. Había luego otro criterio, basado en la
superioridad de la gran explotación agrícola según el modelo inglés. Esta
tendencia defendía el sostenimiento y la dotación de la propiedad rural y no
se
En Schleswig-Holstein Ios dominios quedaron abolidos entre los ańos 1765 y 1787. Los campesinos, no sólo pasaron a ser libres, sino que hasta se los consideró como propietarios de sus tierras. Ya no eran necesarios sus servicios, puesto que el suelo seńorial había sido parcelado y distribuido en arriendos enfitéuticos. En 1805 quedó también abolida la servidumbre de los campesinos que dependían de la nobleza, y, al hacerlo, se tuvo en consideración la pequeńa propiedad. Así como hasta entonces el Gobierno, contrariamente a lo que se hacía en Prusia, no había protegido al campesino contra la confiscación, en 1805 dispúsose que no podía ser reducido el número de plazas familiares dotadas de tierras existentes en cada propiedad. En Prusia ocurrió el caso inverso: con la supresión de la servidumbre desapareció la protección del campesino.
En Austria se procedió de modo parecido a como se había hecho en Schleswig-Holstein. Bajo María Teresa, Raab emancipó a Ios campesinos bohemios en 1776 y a los moravos en 1778. Las alquerías reales fueron distribuidas en arriendos enfitéuticos, y los antiguos puestos de labradores declarados exentos de servidumbre. De este modo la reforma incrementó la pequeńa explotación. Los réditos de los nuevos arrendatarios compensaron de sobra al Fisco de los ingresos que antes le procuraban las alquerías.
José II fué más lejos: en 1781 abolió la servidumbre, el
vasallaje hereditario. La reglamentación de censos de 10 de febrero de 1789
venía a regular las relaciones entre campesinos y propietarios. En las
aparcerías los deberes de los campesinos, no sólo habían de ser definidos,
sino que, además, debían ser objeto de considerable reducción. Las cargas no
debían exceder del 18% del producto bruto de la parcela, y el propietario no
estaba ya autorizado para
Esta medida produjo casi más sensación
que la ley francesa de 4 de agosto de 1789. No hubo medio de llevarla a
efecto, y mucho menos en el espacio de un ańo, tal como estipulaba la
disposición. Leopoldo II anuló en 1790 la
Con la muerte de José II quedaron en suspenso las reformas en Austria. La emancipación de los campesinos no tuvo realidad hasta 1848. Sus prestaciones se evaluaron en dinero y se declararon redimibles. Una tercera parte perdióla el propietario sin indemnización; de otro tercio se hizo cargo el Estado, y así el campesino no hubo de cargar más que con el tercio restante. De idéntica forma se efectuó la liberación de los campesinos privados, si bien tuvo lugar más tarde, pero igualmente en beneficio de ellos.
En Prusia habíase proyectado en 1703 un parcelamiento similar de los dominios en arriendos hereditarios, tal como se verificó mas tarde en Schleswig-Holstein y en Bohemia y Moravia. La cosa, sin embargo, quedó en proyecto, y cuando, bajo Federico Guillermo III, se acometió la obra de la emancipación de los campesinos, la consideración del mantenimiento y del aumento de los pequeńos puestos no pudo ya servir de norma.
La emancipación de los campesinos de los seńoríos reales fué decidida en Prusia en 1798 y Ilevada a efecto en el transcurso de los ańos inmediatos. Realizóse, pues, antes de Jena, pero después de haberse dejado sentir las influencias de la Revolución francesa sobre los campesinos prusianos. La aplicación diferencióse en este caso de los métodos hasta ahora considerados, en el hecho de que se concedió el máximo valor a la conservación de la economía rural de los dominios. El campesino quedó exento de toda servidumbre, pero hubo de aceptar una serie de cargas en concepto de indemnización por Ios quebrantos inherentes a la función. No se habló del asentamiento de nuevos campesinos, cosa que hubiera sido posible acudiendo a la parcelación de las tierras seńoriales.
A partir de aquel momento la economía
particular de los campesinos había de suministrar lo que sus prestaciones
personales proporcionaban antes a Ia hacienda seńorial. Por eso fué necesario
proporcionarse animales de tiro para la explotación, así como construir
establos para su alojamiento. También hubo que levantar viviendas para los
labriegos jornaleros, que tomaban a su cargo el trabajo efectuado antes por
Los nuevos recursos ofrecieron al arrendatario la posibilidad de introducir la gran explotación moderna racionalizada de rotación de cosechas. Pero también el campesino seńorial quedó, no ya sólo exento de servidumbre, sino en posesión de los puestos, cuando menos en aquellos en que con sus yuntas podían ejecutar el trabajo estipulado. Cierto que esta concesión, para muchos campesinos, fué un arma de doble filo, ya que por ella perdían el apoyo que hasta entonces les había venido prestando el Fisco en los momentos de necesidad, así como perdían también el derecho a disponer de la madera de construcción y la leńa de los bosques seńoriales, las cuales pasaban a ser propiedad del Estado. Tratábase de saber si la capacidad de crédito que la emancipación otorgaba al campesino era una compensación a lo que él cedía. Por eso el Estado exigió al principio a los campesinos de Pomerania y Brandenburg que querían ser propietarios el pago de 100 a 200 escudos. Sólo a partir de 1808 fué suprimida en Prusia esta indemnización, previéndose para los dos ańos de transición inmediatos el mantenimiento del socorro oficial.
La emancipación de los campesinos privados no se llevó a cabo en Prusia hasta después de la derrota del viejo Estado. Cuando, en 22 de julio de 1807, la Constitución del ducado de Varsovia hubo otorgado la libertad a los campesinos del país, Prusia suprimió la servidumbre en su territorio por el edicto de 9 de octubre. Con él, empero, no se concedía sino lo que en Bohemia regía ya desde 1781. Fué misión ulterior de la reforma de Stein-Hardenberg el rescate de las prestaciones y el afianzamiento del derecho de propiedad, incierto hasta entonces, de los campesinos. Mecklenburg suprimió la servidumbre en 1820, anulando al mismo tiempo todos los derechos de propiedad sobre su suelo de todos los que hasta entonces habían sido sus súbditos. También en Prusia la nobleza intentó apoderarse de las tierras rurales valiéndose de la emancipación de los campesinos; pero su empeńo encontró fuerte resistencia, especialmente por parte del barón de Stein y del consejero de guerra Scharnweber, quienes pidieron que fuesen respetados los establecimientos rurales en interés de la capacidad defensiva del país. El sistema recomendado por Thaer e inspirado en la modalidad inglesa, de una agricultura libre y racional (1), fué combatido por Adam Müller (2) y su círculo, quienes le opusieron el ideal romántico de una constitución económica mediatizada. La lucha entre estas dos tendencias dió forma a la obra reformadora.
Las disposiciones promulgadas en Prusia en 1808, en Silesia en 1809, en la Marca y Pomerania en 1810, ofrecieron a los propietarios, en concepto de compensación por la supresión de la servidumbre hereditaria, una limitación de la protección al campesino. Autorizóseles para ocupar las plazas de labradores de nueva creación, es decir, las reestablecidas después de la guerra de los Siete Ańos. Respecto a las plazas restantes no se tomó tampoco en cuenta la conservación del número de las antiguas. Las pequeńas alquerías pudieron ser acopladas y reunidas en otras mayores.
Mientras en esas disposiciones se dictaban solamente normas para los propietarios que se disponían a suprimir las cargas de sus campesinos, en el edicto de 1811 se dispuso la reglamentación de los enfiteutas y colonos a propuesta de uno de los interesados y una vez transcurrido un plazo de dos ańos. En cambio, concedíase a los propietarias, a su conveniencia, una indemnización territorial en compensación de su otorgamiento de Ia libre propiedad al campesino. Los enfiteutas hereditarios debían ceder un tercio de sus tierras; los no hereditarios y los colonos, la mitad de ellas.
La declaración de 1816 favoreció aún más a los terratenientes, ya que limitó la reglamentación a los grandes campesinos. Y aun de las tierras de éstos únicamente podían ser reglamentadas las que figuraban en el catastro como fincas de agricultores y, por tanto, no las que constaban como campos seńoriales, para las cuales las medidas hasta entonces dictadas no habían abolido aún la ocupación forzosa. No habiendo prosperado, por motivos de gobierno, la reglamentación prevista en 1811 y aplicándose únicamente a petición de una de las partes, toda la obra reformativa quedó pronto poco menos que paralizada.
Así, si bien en Prusia una parte de los campesinos particulares pasaron a ser propietarios libres, fué el terrateniente quien más beneficiado salió con la reforma, ya que de la pérdida de la servidumbre hereditaria, de las prestaciones y de su seńorío sobre los bienes de los campesinos, quedó sobradamente compensado por la supresión del deber de protección a éstos, por la parte de tierra que le cedía el agricultor emancipado y, además, por la circunstancia de que la reglamentación dejaba de afectar a un crecido número de campesinos. El seńor siguió disponiendo de los servicios de los pequeńos labriegos, sujetos a prestaciones personales.
Esta situación de favor del terrateniente prusiano explícase no sólo por las ventajas económicas que se atribuían a la gran propiedad y a la gran explotación, sino también por consideraciones políticas que había que guardar con la nobleza leal a la Corona. Esto nos lo aclara el trato distinto de las condiciones silesianas y posnanianas. Nada forzaba a guardar la más mínima consideración a la caída nobleza polaca; por eso en 1819 se mantuvo para Posnania la protección al campesino del viejo régimen jurídico territorial, y en la reglamentación de 1823 pudo observarse una solicitud para los labriegos mayor que la que se manifestaba en las demás provincias. Hasta 1836 no lograron los terratenientes de Posnania una limitación de la facultad reguladora de las propiedades rurales susceptibles del servicio de acarreo de una extensión mínima de 25 yugadas. En Silesia las cosas pasaron de modo muy distinto, ya que se procuró dar plena satisfacción a los nobles. La limitación, decretada en 1827, de la facultad reguladora de aquella clase de propiedades de tierra de tipo corriente tuvo por consecuencia que en la Alta Silesia fueran muy pocos los rescates. En cambio, en 1845 y a petición de los propietarios, declaráronse redimibles incluso los pequeńos agricultores llamados Ťhortelanosť, propietarios cuyos servicios, cancelados en especie mediante su participación en el producto bruto, representaban, más que un deber, un derecho gravoso para el seńorío.
La disposición de rescate de 1821 significó, para los campesinos acomodados, con mejor derecho de posesión, y para los propietarios, censatarios y arrendatarios hereditarios a los que no alcanzaba la Declaración de 1816, la posibilidad de redimir sus cargas contra una renta o una indemnización, a petición de uno de los interesados. Al mismo tiempo, la disposición sobre el parcelamiento de bienes comunales preveía, a petición de una de las partes, el reparto de los prados y dehesas comunes entre el seńor y los campesinos, y la supresión de la siembra mixta y de las cargas de ella derivadas.
El final de la emancipación de los
campesinos de Prusia vino por la ley de 2 de marzo de 1850. En ella y no antes
se declaraba el finiquito de toda una serie de privilegios seńoriales
(principalmente el de
Paralelamente a la abolición de las
cargas feudales había tenido lugar la supresión de las limitaciones de la
actividad industrial urbana. Los franceses implantaron la libertad profesional
en todos los países por ellos ocupados. En Prusia había sido decretada la
libre facultad de adquisición territorial por el edicto de octubre de 1807, y
la instrucción comercial de 16 de diciembre de 1808 vino a proclamar el
principio de libertad profesional. El edicto de 2 de noviembre de 1810 y la
ley sobre actividades industriales de 7 de septiembre de 1811 introdujeron el
sistema francés: el ejercicio de toda profesión era libre
a cambio del pago
de un impuesto o de la adquisición de un certificado.
Unicamente la
autoridad se reservaba facultades restrictivas para determinados profesiones
cuyo ejercicio deficiente pudiera irrogar perjuicio a la comunidad (por
ejemplo, las de médico o farmacéutico). Pero
Sajonia mantuvo su constitución gremial, y Hannover y el Electorado de Hesse la readaptaron después de 1815. Prusia respetó el derecho profesional en los territorios nuevamente adquiridos, por lo cual en los distritos que habían pertenecido a Sajonia y en la Nueva Pomerania anterior continuó el sistema gremial, mientras en las regiones que habían pertenecido a Francia se siguió trabajando con plena libertad profesional. Así fué cómo no solamente Alemania, sino Prusia, quedó repartida en comarcas de derecho profesional diferente hasta 1845, en que fue promulgada una reglamentación profesional aplicable a todo el país y que daba validez general al principio de libertad de profesión, si bien guardaba ciertas consideraciones al antiguo estado de cosas al permitir, en gran número de oficios, el mantenimiento de aprendices, sólo a los miembros de un gremio.
También en Suiza aportó la Helvética en 1798 la emancipación de los campesinos y la libertad profesional; pero la reacción restableció en 1803 los gremios, cuyos privilegios políticos y de clase quedaron suprimidos por efecto del movimiento de 1830, aun cuando pudieron subsistir, como en Alemania, con carácter de cajas de resistencia, o, como en Inglaterra, con el de corporaciones sociales.
(1) Einleitung zur Kenntnis der englischen Landwirtschaft, 1795.
(2) Elemente der Staatskunst, 1809.
2.7 La unión aduanera de Alemania y la formación de grandes regiones económicas
7. La unión aduanera de Alemania y la formación de grandes regiones económicas
Bajo Napoleón la situación de Alemania estructuróse en una forma que guardaba bastante parecido con la que Federico el Grande había dado a Polonia. Por la ocupación de la costa del mar del Norte y de los principales puertos del Báltico, así como por el dominio de las vías de acceso del Sur, Bonaparte interrumpió todo libre tráfico entre Alemania e Inglaterra. El bloqueo continental pudo ser burlado únicamente por un vasto contrabando, cuyo objeto principal eran los productos coloniales y el hilo. Cierto que el referido bloqueo actuaba de aduana protectora contra la competencia británica, pero las regiones germanas que conservaban su independencia no vieron aquella pérdida compensada por la apertura del mercado francés.
La expulsión de los franceses no aportó a Alemania la unidad que Stein tanto había deseado (1). Los territorios nuevamente constituidos tuvieron bastante que hacer con reducir a un todo económico sus propias comarcas.
En el siglo XVIII la base de la política comercial de los Estados alemanes había sido la economía municipal. Era obligatorio que las mercancías transitaran por determinadas ciudades, con lo cual los derechos municipales de consumo (portazgo) obraban como aduanas fronterizas. Éstas no fueron creadas hasta el siglo XIX. La primera en trasladar sus aduanas a la frontera fué Baviera (1807-08); en 1818 Prusia se rodeó de una aduana fronteriza y suprimió todas las interiores.
Aparte de la libertad de comercio interior, la ley prusiana vino a instituir, en lugar de las restricciones antiguas, el reconocimiento, en principio, de la libertad de comercio exterior. La tarifa a que este tráfico quedó sujeto seńalaba derechos más bajos de los que aplicaba entonces cualquier gran Estado. El acuerdo de 1815 con Rusia dió por resultado un gravamen arancelario promedio de un 10 % del valor del producto; además, dicho tratado preveía una relativa libertad de comercio de tránsito para los súbditos polacos de ambos Estados. No obstante, la estructuración efectiva de los derechos aduaneros, fijados a base del peso, no respondió a aquel principio; antes bien tomó por base las antiguas tarifas de consumos (2).
A pesar de su liberalidad, los derechos estipulados por la tarifa prusiana de 1818 representaron un perjuicio para los Estados vecinos, especialmente los pequeńos Estados alemanes, a causa de la vigilancia fronteriza que hubo que implantar para su aplicación. En 1822 el hessiano Cancrin, después de denunciar el tratado de 1815, estableció en Rusia una tarifa aduanera alta y, en parte, prohibitiva que se refería incluso a los polacos afectados por la constitución del Congreso de Viena. En el Este las condiciones hegemónicas se habían desplazado totalmente desde los días de Federico el Grande. Si entonces se habían presentado perspectivas
de una industria prusiana de exportación hacia el Este, ahora el bloqueo de la frontera rusopolaca hacía confluir a la Polonia rusa buena parte de la producción industrial de la Posnania. Lodz pasó a ocupar el lugar de Meseritz (3). Prusia, cuya política hasta aquel momento se había orientado preferentemente hacia el Este, vióse en el caso de ir a una unificación con los demás Estados alemanes por causa de la situación de sus nuevas provincias del Oeste germánico.
Tras no pocas dificultades Prusia logró atraer a su sistema aduanero a algunos pequeńos países y Ťenclavesť rodeados por su territorio, cediéndoles una participación en los rendimientos financieros. En el número de dichos países figuran Schwarzburg-Sondershausen, Anhalt-Bernhurg (1823), Anhalt-Köthen y Anhalt-Dessau (1828). Unicamente no se acudió a este procedimiento con los grandes Estados centrales, celosos guardadores de su soberanía, los cuales se avinieron a formar parte de la Unión como miembros independientes que seguían en posesión del derecho de participar en la legislación y administración. La Unión aduanera siguió a las anexiones.
Prusia estableció dicha Unión con Hesse-Darmstadt en 1828. En el mismo ańo habían establecido un pacto idéntico Baviera y Württemberg, y por su parte Sajonia, Hannover, el Electorado de Hesse y 15 Estados menores se unieron formando la Unión comercial centroalemana. Esta institución, cuya alma fué Francfort, se introdujo entre los territorios de las otras dos Uniones con el único objeto de proteger a sus miembros contra las medidas exclusivistas de Prusia y asegurarles mejores condiciones en el caso de una posible anexión. Pero Prusia logró hacer fracasar aquellos propósitos. Gotha y Meiningen dieron su conformidad a la construcción de una carretera que debía enlazar las Uniones meridional y septentrional. El Electorado de Hesse, que se vió amenazado con la pérdida de su comercio de tránsito, adhirióse a la Unión prusiana después de haber sido modificada su constitución en 1832. Al ańo siguiente asociáronse las Uniones prusianohessiana y bávarowurttemburguesa, así como Sajonia y Turingia, para constituir la Unión aduanera alemana, en la cual entraron Baden y Nassau en 1835 y Francfort en 1836.
De este modo quedó creada para Alemania la unidad políticoeconómica que Colbert y la Revolución habían dado a Francia. Cierto que en sus comienzos no fué sino una asociación, de la que quedaron excluídas regiones considerables de Alemania. Hannover, Brunswick y Oldenburg se reunieron en 1834 en una Unión tributaria, de la cual salió Brunswick en 1841 para pasar a formar parte de la Unión aduanera. Se mantuvieron fuera de esta Unión las ciudades hanseáticas, que si bien acariciaban la idea de una Liga alemana de navegación, nada querían oír de su inclusión en la nueva Iínea de aduanas, recordando, como recordaban, el bloqueo continental.
De todos modos, la Unión aduanera creó un marco dentro del
cual la técnica moderna pudo ayudar a Alemania a
realizar una nueva fundamentación económica. El
En general, con la implantación de una constitución agraria e industrial libre coincidió la formación de grandes regiones económicas unitariamente administradas. Así, ya en 1789 los Estados Unidos habían suprimido los límites aduaneros existentes entre los diversos Estados. En Suiza la unificación aduanera hubo de vencer casi Ios mismos obstáculos que en Alemania. Si bien en 1813 se había establecido una aduana fronteriza como garantía de la neutralidad, Ias posibilidades que el tratado confederal de 1815 ofreció para su desarrollo quedaron sin consecuencias. Las antiguas aduanas Iocales y cantonales persistieron, y tampoco obtuvieron éxito los ensayos encaminados a crear una coyuntura por medio de convenios entre los cantones, como se había hecho en Alemania. AI acuerdo de represalias contra Francia (1823) se adhirieron únicamente 13 cantones y medio; los 8 y medio restantes, Zurich y Ginebra entre ellos, permanecieron al margen. Solamente la unificación política de 1848 hizo de la cuestión aduanera un problema confederal, de igual manera que en Italia fué también dicha unificación la que llevó al país a una unidad económica.
(1) M. LEHMANN, Stein, III, págs. 347, 393: ĄAbajo las aduanas interiores! ĄAduanas confederales!
(2) R. V. DELBRÜCK, Lebenserinnerungen, II, pág. 80, TREITSCHKE, I, pág. 619.
(1) TREITSCHKE, III, págs. 475 y ss. L. WEGENER, Der wirtschaftliche Kampf der Deutschen mit den Polen um die Provinz Posen, págs. 62 y ss.
El desenvolvimiento del capitalismo moderno
CAPÍTULO IIl
El desenvolvimiento del capitalismo moderno
Ya descubrimos los fundamentes de la
moderna Economía en la aspiración, primordialmente religiosa, a la libertad de
la personalidad, aspiración que se fué
Ya vimos cómo el derrumbamiento de la antigua servidumbre fué una consecuencia de las luchas políticas en Inglaterra y en Francia; pero de ella se derivaron también las condiciones positivas de la moderna Economía.
La guerra no destruye únicamente valores económicos, como hicieron las acometidas de los germanas, árabes, mogoles y turcos. La organización de las necesidades de la lucha puede llevar a una coordinación de energías económicas capaz de fecundar por largo tiempo este aspecto de la vida. El sostenimiento y la dotación de las tropas exigen grandes empresas capaces de reunir desde muy lejos la producción o de concentrarla.
Por otra parte, difícilmente cabe imaginar un medio más eficaz que la guerra para agudizar los contrastes existentes entre pobres y ricos. Sus cargas ahogan al débil individuo emancipado y le sitúan bajo la dependencia de los pocos hombres adinerados que, en medio de la general conmoción, no sólo saben mantener su posición y afirmarla, sino que medran y se encumbran actuando como dirigentes, proveedores del ejército, etc. Así fué cómo en la última fase de la guerra del Peloponeso, en que sucumbieron los campesinos áticos, salió ganando el capitalismo ateniense, y en las guerras púnicas, que destruyeron a Ios campesinos itálicos, beneficióse el capitalismo romano. Vemos asimismo cómo en las ciudades italianas medievales y en Holanda, las campańas realizadas con soldados y barcos estimulan la articulación capitalista de la sociedad. Hipotecóse el futuro para aligerar las cargas del presente; una buena parte de los gastos de guerra fué cubierta con la deuda nacional. Los ricos, por su aportación a las cargas del Estado, recibieron un rédito perpetuo que equivalía a una excelente inversión de sus capitales, en tanto que las masas populares habían de pagar aquellos intereses en forma de impuestos indirectos sobre el consumo.
La tremenda lucha que sostuvieron Inglaterra y Francia durante el siglo XVIII y comienzos del XIX fué, pues, una palanca de gran fuerza para el capitalismo moderno. Inglaterra llevó a cabo aquella guerra con la potencia de su capital, con soldados, con los elementos de la moderna técnica bélica, buques y cańones, así como con los subsidios satisfechos a sus aliados continentales. Cierto que también los ricos hubieron de contribuir; en 1798 se estableció un impuesto sobre la renta en concepto de tributo de guerra. Pero la Deuda nacional se elevó, en tiempo de las guerras napoleónicas, a la cifra de 898,9 millones de libras esterlinas. żCómo pudo Inglaterra soportar semejante carga? Pues gracias a la circunstancia de que las inversiones extraordinarias del Gobierno, que de 1793 a 1815 importaron 1277 millones de libros, afluyeron a la industria nacional y estimularon los progresos de la técnica. Construyéronse en los astilleros británicos los buques que combatieron contra el corso, y si bien es cierto que los subsidios fueron a parar al Continente, también lo es que dieron lugar al incremento del comercio inglés. Con aquellas ruinas de dinero se compraron pańos, telas de lana y fusiles ingleses.
1. El Banco de Inglaterra
La concesiуn imprudente de crйditos llevу a la ruina a los Bancos de los siglos XVI a XVIII. Los de Venecia, Gйnova y Amsterdam habнan anticipado cuantiosas sumas al Estado o a la Compaснa de las Indias Orientales. El «Wiener Stadtbank» habнa puesto su crйdito a disposiciуn del Gobierno austrнaco desde 1762, mediante la emisiуn de «billetes». En las guerras contra la Revoluciуn, la cantidad de esos billetes creciу enormemente, y en 1800 fueron declarados de curso forzoso, sin compromiso de rescate por parte del Estado. A fin de remediar la crisis financiera y de numeraria (valuta), ocasionada por el exceso de papel emitido, en 1811 hubo que reducir a la quinta parte el valor de los billetes de Banco inflacionados hasta un nivel que rebasaba el miliardo de florines. El Banco de Prusia, fundado en 1765 con carбcter de Banco nacional, encontrуse en 1807 con grandes dificultades, debido a haber invertido gran parte de su efectivo en hipotecas innegociables y, para mayor desdicha, en las comarcas polacas que Prusia perdiу en el referido aсo. Unicamente el Banco de Hamburgo pudo sostenerse hasta el momento de su fusiуn con el Banco del Reich, y lo consiguiу gracias a haberse limitado, en su carбcter de establecimiento de giro, al trбfico de pagos, y a haber fijado como base de su valor monetario un tipo de dinero no sujeto a las oscilaciones de la acuсaciуn, representado por una ъnica cantidad determinada de plata fina.
Cuando, en 1797, el Banco de Inglaterra
(al cual debнa el Estado unos 12 millones de libras esterlinas y cuyas
existencias eran objeto de insistentes reclamaciones, motivadas, ante todo,
por el pбnico reinante en el paнs, debido al peligro de invasiуn) fuй eximido
de la obligaciуn de verificar el pago de sus billetes en metбlico, un escritor
tan escrupuloso como Bьsch reyу poder pronosticarle la suerte del Banco de Law
y del sistema de los asignados franceses. Y sin embargo, a pesar de las
grandes exigencias que representaban para el mercado monetario inglйs los
subsidios y la importaciуn, hecha imprescindible, de trigo, el curso de los
billetes no descendiу a mбs de 71,1, ni siquiera en el aсo 1813. La razуn de
ello estб en la cautela con que el Banco habнa procedido en las emisiones de
papel, operaciones que habнa realizado sуlo a base de una segura cobertura en
letras a corto plazo, y, por encima de todo, en la prudencia con que habнa
otorgado crйditos al Gobierno y en la confianza que, por lo tanto, el mundo de
los negocios concediу a sus billetes. El
Observуse que la circulaciуn podнa
soportar, a la vez qua una determinada cantidad de moneda de vellуn de poco
valor, una suma limitada de papel moneda, sin que se resintiese la solidez del
valor monetario. Ricardo comparaba la prensa de billetes a una nueva mina. El
fuй el jefe de la
No faltaron tampoco en Inglaterra gentes que vieron una ventaja para el negociante en el incremento de los medios de pago, incluso cuando su exceso pudiese comprometer la seguridad del valor efectivo (1). El compromiso del Banco a aceptar los pagos en efectivo en 1819 significу, no obstante, una victoria de Ricardo, de cuyas ideas surgiу tambiйn la ley bancaria de Peel de 1844.
La emisiуn de billetes separуse del
negocio del Banco, El
Con razуn la
La creencia de
Law
de que el papel
podнa
representar el numerario, pareciу refutada por
las experiencias realizadas en Francia, Estados Unidos, Suecia y Dinamarca.
Ricardo estimу que sуlo la presencia de un metal noble
podнa
asegurar el valor de una cifra limitada de
papel moneda. Pero їeran suficientes unas leyes para asegurar este valor? їNo
serнa posible confiar la administraciуn a un Banco central que, por su emisiуn
de billetes, ocupase una posiciуn directora y al cual se concediera la
facultad de lanzar al mercado estrictamente el papel que el trбfico requerнa,
sin que su exceso pesara sobre
su valor? Mediante el cambio que se le
ofreciese en constante contacto con el mercado monetario, una
administraciуn de este gйnero estarнa en condiciones, no sуlo de asegurar el
numerario, sino tambiйn de salir al paso de oscilaciones
demasiado
La cobertura de los billetes no reembolsables en efectivo del Banco de Inglaterra por el crйdito contra el Estado ofrecнa una seguridad absoluta (como ocurriу en 1863 con los Bancos nacionales de los Estados Unidos, o en 1881 con los Bancos suizos de emisiуn, estipulada por medio de papel del Estado), pero no podнa responder a la demanda variable de medios de pago. Sуlo la prescripciуn de una cobertura bancable, principalmente por la negociaciуn a corto plazo, conseguirнa dar a la circulaciуn de billetes la elasticidad necesaria.
Semejante tarea sуlo podнa confiarse a una organizaciуn en la cual todas las consideraciones de lucro particular o fiscal cedieran ante la conciencia de la necesidad de sacrificarse en servirlo de la totalidad de la economнa nacional.
Ricardo habнa sustentado el criterio de que la facultad de emisiуn de billetes, asн como de monedas, era privativa del Estado, pero que la concesiуn de crйditos correspondнa a la concurrencia particular. Sin embargo, el justo conocimiento del billete de Banco demuestra que el Banco emisor central, al regular las necesidades de la circulaciуn monetaria, realiza simultбneamente una importante misiуn en la organizaciуn del crйdito del paнs. Si es justo y acertado mantener la emisiуn de papel moneda bajo el control del Estado y no dejar que los beneficios afluyan exclusivamente a las cajas privadas, ya no lo parece tanto que sea el Estado quien se haga cargo del Banco central de emisiуn. Esto comportarнa el peligro de que el crйdito de que dispondrнa el Gobierno fuese utilizado de una manera parcialista, para finalidades financieras o de partido, y de que toda conmociуn que sufriese el crйdito estatal repercutiese sobre el del Banco. La separaciуn del Banco central de emisiуn de las actividades administrativas del Estado aconsйjanla, no solamente la economнa nacional, sino el interйs del mismo Estado. Para satisfacer a las diversas consideraciones que cabe hacer a la afirmaciуn apuntada, lo mejor es adoptar el sistema mixto que eligieron Francia, Alemania y Suiza.
El Banco de Francia fuй fundado en 1800 como sociedad anуnima, pero un 1806 pъsose al frente del mismo un gobernador nombrado por el Estado. Al unirse, en 1848, con los Bancos departamentales, le fuй concedido el monopolio de la emisiуn de billetes. En 1850 quedу abolida toda limitaciуn a su facultad emisora. En 1870-71 el Banco prestу seсalados servicios al Estado y a toda la economнa nacional de Francia. En las horas en que el crйdito del Estado flaqueaba, el del Banco permaneciу incуlume y pudo facilitar al Gobierno el cumplimiento de los dificilнsimos deberes que le habнa impuesto una guerra desgraciada. La circulaciуn mбxima de los billetes se fijу en una cifra tan elevada (1800 millones de francos en 1870, 3500 millones en 1883), que nunca llegу a alcanzarse el Iнmite. Ya a partir de 1874 el Banco empezу a rescatar los billetes de menor valor. Una vez cancelada la deuda del Estado para con el Banco, pudo йste, en 1878, comprometerse plenamente al pago en efectivo.
El Banco de Prusia se creу en 1846 bajo la forma de sociedad anуnima, cuyas accionistas tuvieron representaciуn en el Comitй central, mientras se hacнan cargo de la direcciуn funcionarios oficiales, como tambiйn correspondнa al Estado una parte de los beneficios. Esta constituciуn fuй adoptada por el Reichsbank cuando, en 1875, absorbiу al Banco de Prusia. El Imperio alemбn no limitу la emisiуn de billetes, como habнa hecho Inglaterra, sino que se contentу con exigir un impuesto del 5% sobre ellos cuando los puestos en circulaciуn rebasaran una suma prefijada no cubierta en metбlico, «el contingente». El Banco Nacional Suizo (1905) no se halla sujeto a limitaciуn alguna por lo que afecta a la amplitud de sus emisiones de billetes.
Como Banco de los Bancos, el de Inglaterra absorbiу la direcciуn de todo el mundo monetario britбnico. No solamente fuй el celador de la divisa, sino tambiйn el regulador y la base mбxima del crйdito. EI monopolio de billetes que poseнa el Banco no era absoluto, ya que en el mismo Londres podнan emitir billetes los banqueros particulares, mientras que en provincias estaban autorizadas para hacerlo las saciedades anуnimas bancarias. No obstante, su derecho quedу sujeto a limitaciones en 1844. Quedaban todavнa 207 banqueros privados y 72 Bancos por acciones en posesiуn de la facultad de emitir 5,1 millones y 3,4 millones de libras en billetes, respectivamente. Poco a poco fueron fusionбndose, hasta quedar reducidos a 7 banqueros privados y 4 sociedades anуnimas de Banca. Su contingente fuй a engrosar el del Banco de Inglaterra, el cual, en vez de 14 millones, puede ya emitir billetes por valor de 18.450.000 libras no reembolsables en metбlico. Cuando las anуnimas bancarias buscaron sucursales en Londres, el Banco de Inglaterra viу en esto un intento de competencia, por lo cual les retirу la cuenta y las excluyу, de momento, de toda participaciуn en el trбfico de cheques instituнdo por los banqueros privados. La prohibiciуn no fuй levantada hasta 1854. La crisis de 1866 determino el reconocimiento mutuo y la distribuciуn del trabajo entre los Bancos; Ios grandes Bancos de depуsito pasaron a ser los principales clientes del Banco de Inglaterra, el cual, en 1890, cuando la crisis de Baring, asumiу la direcciуn de una acciуn de ayuda a los mismos.
El valor monetario seguro y el crйdito a buen precio
hicieron de Londres el centro del mercado universal de las letras de cambio;
con letras en libras cancelбronse pagos incluso entre otras paнses, por
ejemplo, las exportaciones alemanas a Ultramar. Londres fuй la oficina de
contabilidad del mundo. Su Bolsa, que al principio habнa servido al crйdito
del Estado y de las naciones aliadas, financiу mбs tarde las grandes empresas
capitalistas: hacia mediados del siglo XIX los ferrocarriles, los caminos de
hierro americanos y las colonias, los campos aurнferos del Transvaal. Por ella
Inglaterra fuй la prestamista del universo. Los cambios, determinados por
la especulaciуn en la Bolsa londinense, eran decisivos para naciones enteras.
En tiempos ordinarios, los grandes Bancos de depуsito financiaban a los
Agentes de cambio y bolsa; pero cuando aquйllos, en йpocas peligrosas, les
retiraron el crйdito, dirigiйronse los negociantes directamente al Banco de
Inglaterra, el cual les otorgу constantemente su confianza, si bien a
intereses elevados; ademбs, procurу regular el mercado, tanto por medio de su
tipo de interйs, como por la venta o el prйstamo de Deuda consolidada.
Ъnicamente la crisis de agosto de 1914 hizo necesaria la
intervenciуn del Estado, a la par que exigiу
una garantнa
para las deudas de efectos de vencimiento fijo, un cierre bursбtil como no lo
habнan presenciado Ios tiempos napoleуnicos y, ademбs, el derecho otorgado al
departamento del Tesoro, de suspender a discreciуn la ley bancaria cuando la
gravedad de las circunstancias lo aconsejara. Al lado de los billetes sin
cobertura, cuya suma tanto excedнa al contingente de 1844, aparecieron las
(1) En MACLEOD,
3.2 Los progresos de la tйcnica
2. Los progresos de la técnica
Hacia fines del siglo XVIII opinaba Büsch que el crecimiento de las ciudades nórdicas y el incremento de su industria se verían limitados por las existencias disponibles de leńa. Pero precisamente el temor de esta escasez sirvió de acicate para el hallazgo de nuevos recursos más eficientes aún. La vieja Edad de la madera y de la piedra fué reemplazada por otra moderna del carbón y del hierro; y si a mediados del siglo XVIII los molinos de viento y de agua, sumados a los motores animales, llegaron a duplicar, poco más o menos, la mano de obra, hacia fines del siglo XIX la fuerza activa del vapor, de acción uniforme, la quintuplicaba cuando menos.
Ya en el siglo XVII transportábase carbón, por vía marítima, de Newcastle a Londres, para destinarlo a la calefacción doméstica. En el siglo XVIII comenzóse a utilizar aquel combustible en la producción industrial, particularmente para la obtención del hierro. En 1735 Abraham Darby Iogró extraer el coque del carbonde piedra. En 1766 los Cranages introdujeron los altos hornos de reverbero calentados con coque de hulla, gracias los cuales obteníase un aprovechamiento incomparablemente mayor del hierro. En 1779 construyóse el puente de Severn con hierro de fundición. El relojero Huntsman consiguió en 1740 elaborar acero fundido, cuya calidad supo mejorar Alfredo Krupp, poniendo así los cimientos de la futura prosperidad de Sheffield. En 1769 James Watt patentó su máquina de vapor, aplicada en 1785 a la industria algodonera, y en 1790 a la siderúrgica.
En la industria textil fué donde la máquina provocó la
revolución máxima. Paralelamente al estampado, la fabricación de tejidos fué
perfeccionada ante todo por la lanzadera rápida de Kay (1730). La copiosa
demanda de hilo llevó a la utilización de la hiladora (hiladora hidráulica de
Arkwright, 1769; mejorada en 1772 por la Jenny de Hargreaves; la de Crompton
Mule, combinación de ambas, 1775; Ia
El cierre de las vías comerciales levantinas dió por resultado, a fines del siglo XVI, el advenimiento de la era de los descubrimientos geográficos. A partir de aquel momento, el estudio de la Tierra no ha dejado de progresar. En este aspecto los ingleses tuvieron participación destacadísima, gracias a los viajes de Cook. El dominio de los mares proporcionó a Inglaterra una compensación, cuando menos parcial, a los mercados continentales cuyo acceso le había cerrado Napoleón. Entonces los progresos de la técnica se concentraron en los medios de tráfico, cuyo perfeccionamiento dió una nueva base a la totalidad de la vida económica.
En el siglo XVIII concedióse especial atención a la construcción de canales. El de Bridgewater, trazado entre 1758 y 1765, redujo en un 40% los precios de Ios carbones en Manchester. Cuando, a lo largo de las carreteras empedradas, el servicio regular de postas vino a disminuir las distancias, creyóse haber realizado un gran progreso; pero la revolución decisiva en los sistemas de tráfico se produjo con la asociación de la vía férrea y la fuerza del vapor aplicadas al arrastre de los carruajes. El primer ferrocarril entre Stockton y Darlington se inauguró in 1825; cinco ańos después Stephenson abría al tráfico la nueva línea (y más importante) entre Liverpool y Manchester. Pronto siguieron el ejemplo Bélgica y Francia. En Alemania, Harkort había pedido inútilmente en 1826 la creación de un tren carbonero para el Wuppertal; el primer ferrocarril alemán de alguna importancia fué el inaugurado en 1839 y que unía Leipzig a Dresde.
Del mismo modo que los ferrocarriles desbancaron a las diligencias y carruajes de carga, los vapores de hierro suplantaron a los veleros de madera. Inglaterra fue el primer país que se benefició del cambio. Una verdadera red de raíles cruzó la Isla, y si hasta entonces la construcción naval británica había sufrido de la escasez de madera, desde aquel momento adquirió una preeminencia tal, gracias a la técnica siderúrgica, que el Gobierno pudo suspender sin reparo, en 1849, el Acta de Navegación, a la que tantos favores debía. Cierto que, con el correr de los ańos, Ios ferrocarriles y telégrafos reportaron a las naciones continentales ventajas aún mayores, si cabe. Unicamente el perfeccionamiento de los transportes terrestres y de los medios de información hizo posible la articulación económica de vastas regiones y, hasta cierto punto, compitió eficazmente con Ias vías acuáticas, que hasta entonces habían ocupado el primer lugar.
Para que el lector se haga cargo de las diferenciaciones cuantitativas que ha experimentado el tráfico marítimo hasta entonces preferido, diremos que la sociedad de armadores de Brema poseía, en 1778, 119 barcos con 14.781 T. R.; en 1826 este número había descendido a 95 buques con 14.678 T. R. (lo que desplaza un vapor moderno del Lloyd), mientras en 1909 contaba con 722 buques equivalentes a 851.234 T. R.
Preciso es reconocer que los avances de la técnica determinaron la concentración de la industria en los puntos de producción más favorables. Asimismo, en el tráfico interior, los centros menores de venta perdieron su importancia. En el tráfico marítimo alemán las ciudades bálticas quedaron rezagadas, y el movimiento se concentró en las plazas hanseáticas del mar del Norte, emplazadas entre las desembocaduras del Elba y del Weser. Hamburgo logró emanciparse del comercio comisionista inglés y trabar relaciones directas, especialmente con laAmérica del Sur, desarrollándose hasta convertirse en importantísimo centro de depósito. Brema se dedicó principalmente al tráfico norteamericano y al de ciertos artículos de tránsito, tales como el tabaco y el algodón. Para esto, al principio había fomentado en mayor escala el propio fletamento y el transporte de emigrantes. Entre 1840 y 1850 los fletes de Brema se calculaban en el doble de los de Hamburgo. En los últimos ańos, la tendencia de concentración se ha manifestado más en favor de Hamburgo. En 1905 esta ciudad, con una cifra de anclaje de 10.382.000 T. R., era el primer puerto del Continente, viniendo inmediatamente después de Londres (10.814.000 T. R.), mientras que en 1842 la capital británica contó con 874.000 T. R. y Hamburgo, con 269.855, figuraba después de Liverpool, Amsterdam, Trieste, Rotterdam y Marsella.
De igual modo que la red europea de tráfico se extendía de Oeste a Este, hacia Austria y Rusia, así también la de los Estados Unidos, donde la construcción ferroviaria había comenzado en 1829, se dirigía hacia Occidente, en busca de las costas del Pacífico. Cada día nuestro Globo terráqueo se veía más envuelto por esta red, mientras en los Estados de vieja cultura su trama se iba densificando incesantemente. Junto con las aduanas y las prohibiciones, las deficiencias de los sistemas de transporte habían constituído, en la época mercantilista, la base de monopolios locales y nacionales. La superación de las barreras técnicas tuvo casi mayor importancia que la supresión de las jurídicas. Cuando la emancipación de los Estados Unidos hizo posible el libre viaje a América, Büsch creyó que, por razones técnicas, debía continuar la limitación del comercio colonial. La libre concurrencia saturaría, a no tardar, los mercados. Hasta tanto que llegasen los barcos, habría variado desde haría tiempo la coyuntura con la cual el comerciante había calculado al efectuar su envío. Pero el servicio moderno de información y de transporte elimina estas objeciones y crea la base de un mercado mundial. Hasta mediados del siglo XIX el mercado local decidió en artículos a granel, tales como el trigo. Todavía hoy se depende de la pérdida de la cosecha local, y en aquellas regiones donde no llega aún el ferrocarril hay que contar con la carestía. En el resto del mundo el mercado universal equilibra la penuria y el exceso, y mientras antes las disposiciones aduaneras podían determinar la independencia de la región que circunscribían, hoy sólo significan una diferencia entre los precios del país y los del mercado mundial.
Las cifras que damos a continuación ilustran el crecimiento de la Era del hierro.
La producción de hierro en la Gran Bretańa ascendió:
en 1740 a 17.350 Tm. en 1830 a 700.000 Tm.
en 1788 a 68.000 Tm. en 1853 a 2.700.000 Tm.
en 1806 a 260.000 Tm. en 1870 a 6.059.000 Tm.
En 1909, de los 61.000.000 de Tm. de hierro bruto a que ascendió la producción total, correspondieron 9,8 millones a la Gran Bretańa, 26,1 millones a Ios Estados Unidos y 12,6 millones a Alemania.
Prusia, que en 1875 contaba con un total de máquinas de vapor equivalentes a 600.000 H. P., poseía en 1912 la cifra de 6.182.116 H. P.
3.3 La gran explotación y el artesanado
3. La gran explotaciуn y el artesanado
Los hombres que habнan puesto los fundamentos de la economнa del librecambio creyeron dejar expedito el camino de una existencia independiente a los pequeсos productores por medio de la supresiуn de arcaicos privilegios. Pero mientras ellos opinaban que las grandes explotaciones sуlo mediante los derechos preferentes que se les otorgaba podrнan hacer frente a la competencia de la pequeсa industria, la prбctica demostrу que las ventajas de la libertad recaнan precisamente sobre las grandes empresas, merced a la tйcnica moderna y a la organizaciуn del crйdito. La utilizaciуn de mбquinas costosas ъnicamente resultaba compensada en el caso de una copiosa venta que permitiese una producciуn en grande. Esta clase de explotaciуn necesitaba del capital para su puesta en marcha y su continuaciуn; y el capital, que buscaba oportunidades de inversiуn, ofreciуse solнcito. Se concediу mбs fбcilmente crйdito a una gran empresa conocida que a otra pequeсa desconocida. Fuй, pues, la superioridad tйcnica y financiera de la gran explotaciуn la que pidiу la implantaciуn de la libertad econуmica y la eliminaciуn de las barreras gremiales.
La libertad profesional, como la habнan pregonado Turgot, Josй II y la Revoluciуn francesa, se dirigнa ante todo a proteger a la clase inferior, la de los oficiales o compaсeros, contra el monopolio de los maestres corporativos. Tratбbase entonces de facilitar el camino de los viejos dominios del artesanado a las grandes explotaciones surgidas junto a los maestros y por encima de йstos.
Contrariamente a la constituciуn agraria, esta modificaciуn jurнdica de la constituciуn profesional era de escasa importancia. Precedнala y abonбbala el positivo desarrollo de la industria, y la libertad profesional no hacнa sino sancionar una situaciуn ya extendida. En Inglaterra fuй anulada la Ley de aprendices de 1562 cuando, en 1814, una peticiуn de obreros y pequeсos industriales reclamу la aplicaciуn de las antiguas leyes, y en 1835 la Ley de Municipalidades acabу con los privilegios profesionales de las corporaciones. En Prusia, las quejas de los artesanos produjeron en 1849 el refuerzo de las cofradнas. En muchos profesiones artesanas la explotaciуn privada libre pasу a depender de la pertenencia a un gremio y de la posesiуn de un tнtulo de capacidad. Pero cuando, en los aсos del sexto decenio del pasado siglo, toda una serie de Estados alemanes hubieron proclamado ya la libertad profesional, la ley de crisis de 1868 y la ordenaciуn profesional de 1869 implantбronla tambiйn en la Uniуn alemana del Norte.
La lucha entre el artesanado y la gran industria condujo en ciertos casos (como en la industria textil) a la aboliciуn del artesanado independiente. Los primeros que hubieren de sentir el predominio de los capitalistas fueron los tejedores, independientes tйcnicamente, como industriales domйsticos. Primero los hiladores y mбs tarde Ios propios tejedores entraron en las fбbricas con carбcter de obreros. Pero no siempre se desenvuelve en esta forma la lucha entre el artesanado y la gran industria. Esta ъltima crea ocasionalmente una nueva necesidad que nunca se hallarб en condiciones de satisfacer la pequeсa explotaciуn; piйnsese si no en la industria de maquinaria, en la de construcciуn de vнas fйrreas, puentes y vastos almacenes, o bien en la industria elйctrica. Otras veces la nueva tйcnica va socavando el terreno al artesanado por medio de un desplazamiento de la demanda; las conducciones de agua hacen innecesarias las tinas de madera de los toneleros; la calefacciуn en Ios coches de ferrocarril es un rudo golpe para la peleterнa. En mъltiples casos la gran industria se adueсa ъnicamente de elementos parciales de la actividad productora: los carpinteros y cerrajeros subsisten como vendedores suministradores de artнculos fabricados. O bien el zapatero y el relojero se quedan con los trabajos de mera reparaciуn. Con frecuencia parece que nada ha cambiado en la situaciуn exterior del artesano; sуlo ha sido incorporado a una gran empresa, y asн le vemos trabajando para una fбbrica de muebles o para una compaснa de tranvнas. El ferrocarril acabу, en la industria de transportes, con el papel predominante de los carromatos, a pesar de lo cual йstos, lejos de disminuir, han aumentado, ya que se han encargado del servicio de transportes al tren y de йl, si bien esta actividad no suele ya ir a cargo de individuos, sino de grandes empresas. Un hecho parecido puede observarse en el comercio al por menor, el cual no ha menguado, sino que ha crecido rбpidamente; pero el detallista depende mucho mбs que antes del productor, y en esta clase de negocio la gran empresa, en forma de almacenes o de sucursales, hace una formidable competencia al detallista.
Con todo, si hemos de reconocer que el artesanado ha sufrido un retroceso, no cabe duda de que sigue poseyendo marcada importancia. Hay paнses que se prestan menos a la fabricaciуn en masa de la gran industria que a la producciуn individual del artesano. Si bien йste ha perdido terreno en las ciudades, en cambio ha encontrado cierta compensaciуn en el campo, y si en el corazуn de las populosas urbes la pequeсa tienda ha de humillarse ante las lunas y estantes de los almacenes, en los arrabales y en los pueblos prosperan y lucen tenderos y detallistas. Difнcilmente encontrarнamos un paнs en el que no sea disputada la independencia de la pequeсa explotaciуn, a pesar de lo cual no puede hablarse de lucha a muerte contra el artesanado. Este, empero, cede a Ia gran industria la posiciуn preeminente que ocupу en otros tiempos. En adelante, el desenvolvimiento industrial no depende tanto de la situaciуn del artesano como de la gran empresa y de los obreros que йsta ocupa. En sustituciуn del pequeсo empresario independiente va formбndose, con elementos de las capas superiores de los empleados de las grandes industrias, una nueva clase media, cuyos recursos pecuniarios son mбs elevados y seguros que los de la antigua y cuya posiciуn social no ha de suponer retroceso alguno si la organizaciуn de los funcionarios sabe hacer respetar sus derechos.
La constituciуn gremial encontrу un defensor en Winkelblech, profesor de Quнmica en Marburg y Kassel, del mismo modo que la organizaciуn de la propiedad territorial lo habнa hallado en Adam Mьller. Las «Investigaciones sobre la organizaciуn del trabajo o sistema de la Economнa mundial», de Winkelblech, publicadas entre 1848 y 1859 bajo el seudуnimo de Karl Marlo, constituyen, por una parte, una crнtica de la constituciуn econуmica liberal y los fundamentos de una teorнa social orgбnica, y por la otra ofrecen las bases de una polнtica de la clase media, polнtica que, desconociendo la importancia de la transformaciуn tйcnica, espera de la restauraciуn de las viejas ordenanzas una distribuciуn equitativa y la afirmaciуn de numerosas existencias independientes frente al demoledor desplazamiento plutocrбtico y proletario de las clases.
3.4 El cambio de situaciуn de la agricultura
4. El cambio de situación de la agricultura
Los progresos de la técnica se dejaron también sentir en la Agricultura, cuyos rendimientos se aumentaron tanto por la nueva constitución agraria como por los drenajes, el abono artificial (Liebig) y las máquinas. Pero la introducción de una explotación más racional con miras al incremento de las cosechas, trastornó las relaciones patriarcales que existían entre el propietario y el labrador.
Las oscilaciones de la coyuntura agrícola se dejaron sentir también entre los trabajadores del campo, aun cuando los salarios no siguieron sino con gran lentitud los cambios experimentales en los precios de los granos y demás mercancías. Así, en la crisis que siguió a la especulación sobre artículos de 1815 a 1819, los salarios mostraron ciertamente urna determinada capacidad de resistencia; en cambio, sólo paulatinamente pudieron seguir el alza de los ańos 1830 a 1850.
Vimos ya que la reforma agraria de Prusia no benefició a los pequeńos campesinos sujetos a servidumbre corporal. Estas gentes fueron transformadas en braceros rurales, con lo cual su situación, al principio, poco varió exteriormente. Como el campesino, el bracero poseía una economía propia, una yugada de tierra laborable y algún ganado. Participaba en las cosechas de la propiedad de su seńor, quien le ayudaba en caso necesario. De este modo su situación dentro de la nueva modalidad de servicio resultaba mejor que la de campesino independiente; únicamente su colocación dependía de la duración del contrato de servicio, la renovación del cual era facultativa del propietario cuando las condiciones variaban.
En la Economía intensiva el arrendatario o el dueńo suprimieron las aportaciones en especie que obstaculizaban Ia explotación: la yugada en el campo, los pastos en común. La máquina trilladora y el cultivo de la remolacha hicieron de la agricultura un oficio de temporada; ya no se necesitó un número crecido de trabajadores fijos, sino que se acudió a los obreros ambulantes. El propietario procuró librarse de las cargas que pudieran derivarse de una población que cada día se sentía con mayor derecho a ser protegida, despidiendo a tiempo a aquellos elementos. El labriego, por su parte, perdió, con el desarrollo de la industria, el trabajo complementario que ocupaba sus jornadas de invierno; además, Ia máquina le quitó también una parte de sus labores del campo, labores que, como la del trillado, habían llenado hasta entonces sus meses invernales. El trabajador que cobraba en dinero no veía en las comarcas de la gran propiedad ninguna posibilidad de llegar a poseer tierras, es decir, ninguna posibilidad de emancipación; por eso los mejor dotadas emigraban o se trasladaban a las ciudades. El campo conservó su población únicamente en aquellas regiones donde el campesino mantuvo su independencia y donde los jornaleros vieron posibilidades de llegar a emanciparse. Allí donde no concurrieron estas circunstancias, los terratenientes y los obreros laboraron de consumo en la despoblación del campo.
El acrecentamiento de la capacidad de producción coloca a la agricultura en una situación más desfavorable que la de la industria, debido a que tiene que contar con las energías Iimitadas del suelo nacional. Ricardo, citado por Turgot, hizo observar que, con el aumento de los cultivos, las producciones de la tierra no crecen en la proporción del empleo de capital y de trabajo. Precisaría poner en explotación los suelos poco fértiles, o bien intensificar la de los antiguos con gastos desproporcionados. El americano Carey (1) arremetió contra esta ley del rendimiento decreciente del suelo. Preciso es admitir, con él, que el trabajo invertido en un campo, el drenaje por ejemplo, puede, hasta cierto punto, no sólo compensar los gastos ocasionados, sino sobrepasarlos incluso; y que no existe ninguna prueba de que tierras distantes puestas a contribución más tarde den menor rentabilidad. Así las tierras de las praderas ocasionaron gastos muy inferiores a los que habían exigido las que, puestas en explotación anteriormente, habían estado cubiertas de bosque y cuya roturación había resultado difícil; y el perfeccionamiento de los medios de transporte permitió, por la apertura de regiones más lejanas, un abaratamiento inesperado de los abastecimientos. Como Carey, también Rodbertus combatió la ley del rendimiento decreciente del suelo al referirse, en su tercera carta a v. Kirchmann, al aumento de capacidad de producción de su hacienda Jagetzow gracias a su desecación por medio del drenaje. La referida Iey solamente tiene aplicación en el caso de un cultivo uniforme, para un territorio limitado.
Von Thünen observó por vez primera la diferente importancia
económica de los sistemas de cultivo en la hacienda del barón von Vogt, en las
cercanías de Hamburgo. Mientras Vogt fué uno de los primeros en introducir en Alemania, en
Klein-Flottbeck, la alternancia de frutos
inglesa, los campesinos de Gross-Flottbeck
seguían aferrados a su arcaico sistema de la triple amelga, desaprovechando
las ventajas de la proximidad del mercado (2). El discípulo de Thaer siguió
estudiando en su propiedad mecklemburguesa de Tellow
las condiciones de la economía a través de la venta. En su
Por lo dicho podemos comprender que la misma agricultura, mientras sufre de las imperfecciones del tráfico y de las dificultades del mercado, pida la libertad de comercio, mientras reclame protección en el momento en que presiente la competencia de regiones más apartadas que, a igualdad de cultivos, puedan trabajar con gastos de producción más reducidos. Los fisiócratas y Adam Smith pidieron el librecambio para la agricultura, pero la inglesa solicitó el establecimiento de aduanas en cuanto vió el peligro de la competencia báltica, después de 1815. Mientras el mercantilismo protegía preferentemente a la industria, ésta, una vez la posesión de la técnica la hubo colocado al nivel del adversario y afanosa como estaba de incrementar sus exportaciones, se convirtió en la defensora del librecambio, y logró imponerlo, a pesar de los intereses de los terratenientes.
De este modo se produjo un importante cambio para la agricultura. Al principio, la mayor parte de la nación saca de ella su subsistencia. Su posición, su capacidad de consumo, son factores decisivos para la prosperidad del país. Al aumentar la población bajo los progresos de la técnica y de la creciente división del trabajo, únicamente una pequeńa parte de la nación necesita dedicarse a la producción primordial; numerosas substancias alimenticias y materias primas han de ser adquiridas en el extranjero, con lo cual el centro de gravedad económico y por ende el político, se desplazan, pasando de la agricultura a la industria. Mientras en la Gran Bretańa la pobIación campesina representaba en 1811 todavía un 34% de la total, en 1841 la proporción había descendido al 22% y en 1861 al 10 %. En adelante, la prosperidad del cuerpo social, la agricultura inclusive, depende de la continua marcha ascendente de la industria. Aquélla puede no solamente sostenerse, como el artesanado, sino tomar grandes vuelos en aquellas de sus ramas que se ven favorecidas por la proximidad del mercado y la creciente capacidad de absorción. Los cultivos que poseen por excelencia estas condiciones ofrecen la particularidad de que la pequeńa explotación supera a la grande. Pero la misión principal no la desempeńa ya la agricultura; si en tiempos pasados fueron las cosechas las que decidieron del bienestar de un país, la que decide hoy es la coyuntura industrial.
(1) The past, the present and the future. Filadelfia, 1848; Die Grundlagen der Sozialwissenschaft, I, cap. 4; III, cap. 32.
(2) EHRENBERG, Thünenarchiv, I, Thünens erste wissenschaftliche Studien.
5. Malthus y Ricardo
Los enciclopedistas del siglo XVIII, y con ellos los
fisiócratas y Smith, opinaban que todas los miserias qua azotaban al mundo
eran provocadas por las leyes e instituciones absurdas y erróneas
de los hombres. Todo se repararía con sólo dar libre curso a la Naturaleza.
Los horrores de la Revolución francesa dieron un categórico mentís a este
optimismo. No es que se dejara de proseguir en la labor de investigación de
las leyes naturales que presiden la evolución social, pero en lugar de verlas
a través de un prisma de esperanza optimista, aparecieron como una resignación
pesimista. En este terreno se sitúa Malthus. Su libro sobre la población fué
publicado como réplica a la
Los mercantilistas habían sostenido que la posesión de gran copia de dinero y de una numerosa población eran las máximas condiciones para la prosperidad de la economía nacional. Ya Hume se esforzó en demostrar que no es esencial la importancia de las existencias monetarias. Ricardo impugnó la inflación desmesurada del papel moneda sin cobertura en metálico, y Malthus puso de relieve los aspectos sombríos del aumento de población.
Basándose en las realidades del movimiento demográfico, Malthus dedujo que la humanidad se hallaba sujeta a una ley natural que tenía aplicación a todas las demás criaturas: al instinto irrefrenado de procreación se oponía el aumento limitado de los alimentos de que disponía. Sabido es que esta teoría sirvió de base a Darwin para formular sus razonamientos acerca de la lucha por la existencia y de la adaptación de las especies a sus condiciones de vida. Malthus hizo de esta opinión una fórmula matemática: el suelo de Inglaterra podría producir dentro de 25 ańos el doble tal vez de lo que rendía en el momento considerado; al cabo de 25 ańos más daría quizás el triple, y el cuádruple, como máximo, dentro de 75 ańos. La capacidad de alimentación crece, pues, en progresión aritmética. En cambio, allí donde la población vive abandonada a sí misma, como ocurría en América, notábase la tendencia a duplicarse en el espacio de 25 ańos, a cuadruplicarse en el de 50, a octuplicarse en el de 75; es decir, que crece en progresión geométrica. La falta de correlatividad entre las dos series únicamente podía nivelarse por medio de la obstaculización del incremento de la población, de lo cual se encargaba la Naturaleza valiéndose de las plagas de la guerra y de la peste en los pueblos de cultura atrasada, y de otros recursos no menos eficaces (como la lenta muerte de miseria en calles y fábricas) en las sociedades de más elevado nivel cultural.
Según Malthus, la ampliación de la capacidad alimenticia lleva como consecuencia el incremento de la población (consecuencia que tal vez el hambre y la miseria se encargarán de corregir), únicamente por el hecho de que se mejora, aunque sólo sea momentáneamente, la situación de los sobrevivientes. En este angustioso ciclo, la acumulación de la población siempre creciente hace ilusoria toda tentativa de mejoramiento, y Malthus se revuelve contra la ley inglesa sobre el pauperismo y el proyecto de Condorcet de crear un seguro de ancianidad y orfandad, afirmando que tales medidas no harían más que agravar el mal. Malthus creyó que el único medio eficaz contra la ley demográfica era la continencia, si bien no pudo negar al vicio una misión social.
Después que en el sigla XVI, se hubo intentado en vano acabar con la mendicidad, acudiendo para lograrlo a los castigos más severos, la ley de Pobres promulgada en 1601 por la reina Isabel preveía, no solamente una protección a los indigentes en el asilo de los necesitados de asistencia, sino también la ocupación de los sin trabajo. Hasta 1640 estas disposiciones se aplicaron en favor de las capas inferiores de la población; la Revolución, empero, suprimió la vigencia de aquellas leyes, imponiéndose ante todo el criterio puritano de que cada cual debía procurar para sí. Para combatir el horror al trabajo de los vagabundos creáronse las Ťcasas de trabajoť con carácter de casas de corrección. En 1662, y a petición de las grandes comunidades que sufrían de la afluencia de gentes que se acogían a la caridad pública, impúsose a las asociaciones nacionales el deber de asistencia. En 1772 concedióse a las comunidades parroquiales (municipios) el derecho de edificar casas de corrección y de retirar todo socorro a los que rehusaran ingresar en ellas. Contra esas rigurosas disposiciones, la ley Gilbert de 1782 vino a apoyar de nuevo una institución de asistencia de las comunidades mediante la facilitación de un trabajo adecuado. Una ley de 1795 acabó con la costumbre de las comunidades de negar a estas instituciones los trabajos que se temía pudieran revertir sobre la asistencia a los pobres.
La revolución agraria e industrial había empobrecido a numerosas clases inglesas. Las cargas que representaban los pobres alcanzaban proporciones inmensas, y como la resistencia consistía, en definitiva, en un complemento de salario, venia a significar, a la vez, un trato de favor de los empresarios. Calculábase que la carga de los pobres consumía la sexta parte de la renta territorial y que la cuarta parte de la población británica puede decirse qua vivía a expensas de la asistencia pública.
Contra estos abusos se dirigió la ley elaborada por Senior en 1834, la cual, a la vez que preveía una mejor organización a base de asociaciones mayores, limitaba considerablemente la limosna al negarla a aquellas personas que, siendo aptas para el trabajo, se negaban a ingresar en los temidos asilos. De este modo dichas personas debían recurrir al mercado del trabajo, y a los patronos no les quedaba otro recurso que pagarles la totalidad del jornal. Pero lo que ante todo se perseguía con esta ley era evitar la creación de nuevas familias y el aumento de la población proletaria (cosa disparatada según Malthus), para lo cual se reducían las perspectivas de una asistencia pública suficiente en caso de necesidad.
Engels, en su estudio sobre la situación de la clase obrera de Inglaterra (1845), considera la teoría de la población, de Malthus, y la ley de asistencia pública que de ella surgió, como una abierta declaración de guerra de la burguesía contra el proletariado.
Mientras la Convención francesa, todavía en 1795, instituía el primero de mayo como el día de la ŤFiesta de la Pobrezať y las ordenanzas de los pobres de Hamburgo (1787) estimaban como su misión principal el proporcionar trabajo a los Ťpobresť, a partir de mediados de siglo íbase formando en el Continente una clase social de obreros conscientes.
La doctrina de Malthus se explica por las dificultades de abastecimiento que las guerras napoleónicas y el bloqueo continental crearon a Inglaterra. Malthus subestima la capacidad de amplificación de Ios medios de sustento, capacidad que iban a demostrar los progresos de la técnica y del tráfico en el siglo XIX, y no ve que una cultura más elevada trae consigo una mengua del incremento de la población proletaria. Malthus no comprendió la importancia de una población fuerte y creciente, factor que, en el fondo, decidió la victoria de Inglaterra sobre Francia, del mismo modo que Hume, Smith y Ricardo menospreciaron la trascendencia, real en definitiva, de las reservas monetarias de su país.
Ricardo no se conformó con adoptar la ley de la población de Malthus, sino que sobre ella erigió su teoría del salario. La retribución natural del trabajo, según él, gravitaba sobre el mínimo de subsistencia. Ganara el obrero más o menos, el aumento o la mengua de la población no tardaría en restablecer el equilibrio. Esta concepción, que, por otra parte, aparece ya en los fisiócratas, halla su explicación en el hecho de que hasta el siglo XIX las tarifas del salario aseguraban a los obreros un mínimo de subsistencia a tenor de las variaciones en los precios del trigo.
Si bien Malthus y Ricardo coincidían en su enjuiciamiento pesimista de la situación de las masas de población, su temor era de índole diferente. Malthus se preocupaba por la tendencia que el pueblo manifestaba a aumentar en progresión superior a los medios de sustento, mientras Ricardo temía que lo hiciera con mayor intensidad que el capital. Ambos se fundamentaron sobre Smith, aunque de manera diversa; por eso son opuestos sus puntos de vista sobre la renta de la tierra y los aranceles del trigo.
Malthus se adhirió a los fisiócratas (1) y a Adam Smith, a los cuales siguió. Para él la renta de la tierra constituía la principal de las fuentes de ingreso, de cuyo caudal dependían todas las demás. Los precios de los granos ingleses que habían descendido a principios del siglo XVIII por efecto del incremento de la productividad de la agricultura (45 chelines 8 peniques el cuarterón durante el período de 1692 a 1715; en los 50 ańos subsiguientes 34 chelines 11 peniques en promedio), volvieron a subir desde 1765 casi continuamente, resultado que fué consecuencia no sólo de las malas cosechas, sino también del crecimiento de la población y, por tanto, de la demanda. La posición de las propietarias de tierras mejoró todavía cuando las guerras contra Francia y especialmente el bloqueo continental interrumpieron las importaciones y les crearon así casi un monopolio en el mercado interior. Precisamente aquellos ańos de guerra fueron para los terratenientes un período de magnificas rentas; la cosa, empero, cambió en cuanto, llegada la paz, dejóse sentir el peso de la competencia extranjera. Los propietarios pidieron que se preservaran de la baja los precios de los cereales y, con ellos, las rentas rurales y los precios de sus haciendas, por medio de la limitación de la importación extranjera. Malthus apoyó su petición, y ellos lograron su objeto: en 1815 se declaró permitida la importación de trigo únicamente cuando el precio llegase a 80 chelines el cuarterón .
Ricardo, en cambio, adoptó una posición mucho más fría, si ya no hostil, frente a la renta de la tierra, tal como la seńalamos ya en Smith. Combatió los puntos de mira fisiocráticos, incluso los adoptados por Smith, y en las cuestiones de renta de la tierra y de política comercial, adhirióse a las conclusiones formuladas por éste en su teoría de la división del trabajo.
Ya conocemos la teoría del dinero de Ricardo. Mientras Malthus
fué sacerdote, Ricardo, hijo de un judío originario de Holanda, se
vió, gracias a una serie de felices operaciones bursátiles, en situación de poder
dedicarse a la ciencia. En sus
Siguiendo la idea de Smith de que primordialmente la totalidad del producto de la explotación pertenece al trabajador, Ricardo llega a la conclusión de que la renta de la tierra no es un producto de la Naturaleza, como pretendían los fisiócratas y Malthus y, ocasionalmente, el mismo Smith, sino un producto del cultivo. Para Ricardo, no todos los terrenos rentan; al principio, cuando había suficiente extensión de suelo cultivable, la renta de la tierra no existía. No se creó sino cuando, por efecto del aumento de la población, fué necesario acudir a la explotación de suelos más alejados y menos bien situados. Entonces el precio del grano subió lo preciso para que resultasen compensados los gastos realizados en los terrenos últimamente puestos en explotación. Estos gastos dieron la pauta para fijar el precio del producto. El último terreno no produjo renta alguna, pero los propietarios de tierras más fértiles o mejor situadas y que, en consecuencia, trabajaban con gastos más reducidos, percibieron el mismo precio y obtenían así un beneficio extra, producto de la diferencia entre sus gastos y los de los demás, iguales para todos, de capital y salarios. Este beneficio extra es precisamente la renta de la tierra, que para Ricardo no es otra cosa que la renta diferencial de los propietarias de terrenos más fértiles y mejor situados, y que muestra tendencia e subir sin intervención alguna de los rentistas a medida que crece la población.
Con esto perdía la renta de la tierra la alta importancia absoluta que todavía Malthus le había atribuido y se convertía en una donación de los trabajadores a los propietarios. Por eso en interés de la colectividad era conveniente, no una renta lo más elevada posible, sino, por el contrario, reducida al mínimo. Ricardo consideraba el rendimiento de la economía como un factor fijo, y por eso opinaba que una cuantiosa renta de la tierra debía menguar las otras dos ramas de ingresos, principalmente el beneficio del capital, ya que el salario era a su vez fijo. Coincidiendo con Smith, estimó Ricardo que un elevado beneficio del capital redundaba en pro de la economía nacional, ya que el número de los obreros que podían hallar ocupación dependía de la cuantía del capital. Se comprende que hubo de discrepar del criterio de Malthus en la cuestión de Ios aranceles de granos; lo conveniente no era el estímulo artificial de la renta por medio de la restricción de las importaciones, sino el librecambio.
Ricardo se declaró partidario de la libertad del comercio exterior a fin de que pudiesen desarrollarse las ventajas de la división internacional del trabajo. No obstante, no fué adversario absoluto de las aduanas trigueras, sino que quiso, de acuerdo con el pensamiento de Smith, ofrecer a la agricultura un arancel proteccionista de 10 chelines y una prima de exportación de 7 chelines por cuarterón de trigo, para compensarla de las cargas tributarias especiales que en Inglaterra pesaban sobre ella. Además, la transición de la limitación vigente al nuevo estado de cosas debía realizarse de modo lento y paulatino.
(1) Principles of population, Lib. III, cap. VIII: Ťla posición de los economistas será siempre la verdadera, ya que el producto sobrante de los agricultores es el gran caudal con que, en definitiva, se paga a todos los que trabajan en el campoť.
3.6 La implantación del librecambio
6. La implantación del librecambio
Los terratenientes ingleses no pudieron mantener
indefinidamente la situación de ventaja con que les había favorecido la
postguerra. A pesar de las restricciones en la importación de granos prodújose
en la agricultura (1) una crisis que no logró remediarse con la escala gradual
de tarifas establecida en 1828. Para el agricultor, obligado a pagar al
propietario un arriendo fijo, lo importante no eran solamente los precios
elevados, sino también los precios estables del grano. Creyóse poder lograr
esta estabilidad, y a la vez complacer a los consumidores, aplicando un
arancel reducido cuando los precios del mercado interior fuesen altos
y otro
más elevado cuando se diera el caso inverso. Así, cuando el precio estuviera a
73 chelines, la tarifa arancelaria sería solamente de un chelín y, en cambio,
subiría a
22-8
cuando el precio descendiera a 64-65 chelines.
No obstante esta escala, cuya aplicación fué adoptada también en Francia y los
Países Bajos, no hizo
sino introducir un nuevo elemento de
incertidumbre en los cálculos del agricultor, a quien de nada sirvió, y sí, en
cambio, a la especulación, haciendo más aguda la baja de los
precios y aumentando el encarecimiento, puesto que cuando un precio alto
provocaba un alza de
la oferta interior, automáticamente la
disminución de la tarifa aduanera producía una agudización en la competencia
de la importación extranjera, y viceversa.
Por eso los
El paso de Inglaterra al librecambio se efectuó de modo paulatino. El primer impulso debióse a una petición del comercio londinense en 1820, el cual reclamaba qua se acabase con el sistema de las prohibiciones importativas y tarifas restrictivas, a fin de estimular el comercio exterior. La tarifa aduanera de 1825, elaborada por Huskisson a instancias de J. D. Hume, vino a satisfacer esos deseos. Un sinnúmero de leyes aisladas (en 1815 se contaron 1500) produjeron un embrollo tal en la tarifa arancelaria británica, que se hubo de proceder ante todo, como en 1787, a una labor de unificación. AI mismo tiempo la tarifa de 1825 trajo consigo la supresión de muchas prohibiciones, como por ejemplo para artículos de seda extranjeros, y una reducción en las aranceles de importación de 50 a 10-25 libras esterlinas para géneros manufacturados de algodón, lana e hilo, por ejemplo.
El paso decisivo no pudo darse hasta que, por efecto de la
Revolución francesa de julio, el
La agricultura británica no sufrió de la supresión de las
tarifas aduaneras de los cereales. El aumento del comercio general mundial y
la posibilidad de apreciar con mayor exactitud las circunstancias la
favorecieron. En el estado en que se hallaban los transportes
incumbióle a ella el
abastecimiento principal del mercado interior. Todavía de 1852 a 1859 en la
producción media anual correspondieron a la inglesa de trigo 13.160.000
cuarterones y 4.653.000 a
la importación. Hasta después de 1870 la
importación de trigo no superó la producción indígena, siendo ello debido al
establecimiento de la concurrencia transoceánica. Esta
competencia de las colonias hizo financieramente improductivo el cultivo del
trigo en la metrópoli, y de ello
se siguió una disminución de las plantaciones de
cereales.
La supresión de los aranceles de los granos marcó en Inglaterra el traspaso de la hegemonía política de manos de los terratenientes a la clase de los empresarios industriales. Pero esta supresión sólo constituyó una parte de la reforma de Peel, la cual abolió también otras aduanas proteccionistas, determinando con ello una simplificación esencial de las tarifas. Con la anulación de los derechos arancelarios sobre primeras materias y substancias alimenticias, dióse a la industria tal ventaja, que, fuerte como se sentía además por la posesión de la técnica moderna, pudo renunciar a la protección de sus artículos fabricados. Con todo, en los géneros de seda, por ejemplo, sólo se rebajaron las tarifas aduaneras.
Este cambio de política comercial era posible
únicamente
con una transformación
simultánea del sistema financiero. La restricción mercantilista del tráfico se
imponía, no sólo en interés
de la producción nacional, sino también
de las finanzas
del Estado. Dicha limitación constituía,
a la vez, un gravamen sobre el comercio. Si se dejaba a
éste en Iibertad, era preciso
crear una compensación a
la mengua que sufría el Tesoro público. Peel la
encontró en 1842 con
Gladstone había participado activamente en la reforma de la política comercial ya bajo Peel. De 1853 a 1860 llevó a término su obra. Suprimidos los aranceles proteccionistas, subsistían sólo unas pocas tarifas aduaneras financieras que afectaban a artículos superfluos de consumo general, tales como el tabaco, las bebidas alcohólicas, el té. Mientras el impuesto sobre la renta (que empezó gravando solamente las rentas desde 150 libras y que a partir de 1894 se aplicó de 160 libras en adelante) afectaba únicamente a las clases acomodadas, el mantenimiento de los derechos de aduanas sobre los artículos mencionados hizo que la totalidad de la población, aun las clases modestas, participaran en las cargas del Estado.
La escuela manchesteriana propugnó el librecambio para todos los sectores. Y si logró un éxito definitivo incluso en Ia esfera del comercio exterior, una buena parte del suelo británico quedó en manos de un número relativamente reducido de propietarios, en concepto de fideicomisarios, por vinculación. Esta sujeción de la propiedad ha impedido, por una parte, la disminución, reclamada hacía últimos de siglo en interés del cultivo intensivo, de las dimensiones de la propiedad y explotación agrícola (tal como fué realizada en Dinamarca), y, por otra, ha contribuído poderosamente al incremento de un movimiento dirigido a la abolición de la propiedad privada de la tierra.
Con su radical demanda de libertad económica, la cual movió a John Bright, por ejemplo, a votar en 1847 en contra de la Ley de protección al obrero, por la que se limitaba a diez horas la jornada de mujeres y nińos en la industria textil y que hacía prever en las colonias una carga que pronto sería necesario rechazar, los manchesterianos se enajenaron muchas simpatías y se hicieron acreedores al reproche de egoístas y cosmopolitas. John Stuart Mill, defensor también del punto de vista de la libertad de comercio, creyóse sin embargo en el caso de apoyar la injerencia del Estado en las cuestiones de la protección al obrero y en los asuntos de colonización.
La Liga contra los aranceles del trigo había esperado que
el ejemplo de Inglaterra movería inmediatamente a las demás
naciones a adoptar el libre cambio. Esta esperanza se
vió frustrada; no obstante, las ideas de la nueva escuela se difundieron por
el Continente, gracias ante todo a
la labor de Bastiat, y Napoleón III se dispuso a llevarlas a la
práctica. Cierto es que no quería disminuir las tarifas arancelarias de una
manera autónoma, tal como lo había hecho
En 1860 Cobden estipuló con Francia un tratado de comercio que fué la base de la extensión de las tarifas librecambistas a todo el Continente. Inglaterra se aprovechó de la abolición de sus últimos aranceles proteccionistas recabando de Francia concesiones para su exportación. Francia no fué tan lejos como el Reino Unido; limitóse a suprimir sus prohibiciones y fijó un máximo de tarifa aduanera del 30% del valor, máximo por debajo del cual quedaban la mayoría de las partidas. En cuanto a las concesiones hechas a Inglaterra, no les dió carácter general, sino que se mostró dispuesta a otorgarlas también a otros países a cambio de tratados compensativos. Tratados de esta especie firmólos con Bélgica y Prusia.
Después de la derrota de Prusia en 1850, Austria intentó tomar en sus manos la dirección, incluso en la esfera económica, de Alemania, intento que dificultaban el atraso de la economía austriaca y las complicaciones de índole monetaria acarreadas aI Imperio Danubiano por las guerras de Crimea y de Italia de 1859. Prusia, ante las crisis aduaneras provocadas por el afán de anexión de Austria, pudo desarrollar una política económica liberal. Así en 1852 se asoció a Hannover, y en 1862 Delbrück, aprovechándose de la incorporación a la red de tratados de la Europa occidental, sometió a reducciones progresivas la tarifa de la Unión aduanera. Tras vivas luchas, libradas principalmente contra los Estados sudcentrales de Alemania, los cuales intentaban impedir la exclusión de Austria, cada vez más necesaria, consiguióse en 1865 una renovación de la Unión aduanera sobre esta base librecambista. En estas luchas Sajonia, en otro tiempo la más encarnizada rival política de Prusia, se adhirió a ella, movida por los intereses de su industria de exportación.
Gracias a sus tratados comerciales, la exportación francesa logró aventajar a la inglesa. En consecuencia, Inglaterra se vió obligada a no esperar a que el extranjero se decidiese, movido por una mayor reflexión, a abrir las puertas a sus mercancías, sino que procuró asegurarse aquel acceso por media de tratados. Aunque la Gran Bretańa no podía ofrecer mayores reducciones de sus aranceles aduaneros, los demás países se mostraban dispuestos a concluir pactos que les asegurasen las bajas tarifas inglesas, a la par que les procuraban ciertas facilidades en el mercado financiero británico. En 1862 y 1865 respectivamente, concedióse a los ciudadanos belgas y de la Unión aduanera residentes en las colonias inglesas la igualdad de derechos con los súbditos británicos.
A los tratados firmados entre 1860 y 1870 ańadióse la cláusula de nación más favorecida, en que se trataba de pactos de tarifas o que consistían simplemente en la otorgación recíproca de este trato de máximo favor. En 1871 la paz de Francfort estableció la cláusula de nación más favorecida entre Alemania y Francia. De este modo todas las nuevas ventajas que un país concedía a otro repercutían automaticamente en beneficio de todos los demás contratantes. Con esos tratados extendióse por toda la Europa occidental una red que si no suprimió todos los aranceles proteccionistas, cuando menos los mantuvo dentro de límites razonables.
A todo eso vino a ańadirse la supresión de gravosos impuestos de tránsito. En 1857 quedó abolido el peaje del Sund, en 1861 el de Stade, en 1863 el del Escalda. Las tarifas de navegación por el Rhin quedaron suprimidas en 1867, y en 1870 las últimas del Elba. La eliminación de estas trabas, junto con la nueva técnica de comunicaciones, ferrocariles y navegación a vapor, determinó una intensificación extraordinaria del tráfico y, por ende, de los posibilidades productivas y tributarias de los pueblos, con lo cual se compensó la crisis financiera.
Idéntico resultado dieron las reducciones de tarifas en la organización del tráfico. Mientras el franqueo postal se computaba antes según el peso y la distancia, la proposición que presentó en 1837 Rowland Hill estableció en 1840, para Inglaterra, la tarifa única, de un penique por carta. Cierto que esta fórmula radical, tan bien recibida por el público y el mundo de los negocios, hizo que, en los primeros ańos, el producto neto de Correos descendiera de 1.649.088 libras esterlinas a 495.914. El déficit no fué compensado hasta 1872 por el aumento de la correspondencia. En Prusia no se pasó hasta 1849 a un triple franqueo graduado, y sólo en primero de enero de 1868 se implantó para la Unión Nortealemana con la unificación de los territorios postales, la tarifa única de 10 peniques. De este modo los ingresos quedaron preservados de oscilaciones excesivas, y la disminución de entradas producida por la reforma de 1868, y que ascendía a 138.000 escudos, pudo ser nivelada más rápidamente (3).
(1) El precio del trigo bajó de 126 chelines en 1812 a 65 en 1815, y a 44-7 en 1822.
(2) VON NEUMANN-SPALLART, Uebersichten der Weltwirtschaft, 1885-1889. Edición de Juraschek, 1896, pág. 115.
(3) G. COHN, Nationalökonomie des Handels und Verkehrswesens. Stuttgart, 1898.
3.7 La política colonial inglesa. La abolición de la esclavitud y de la servidumbre
7. La polнtica colonial inglesa.
La aboliciуn de la esclavitud y de la servidumbre
En Inglaterra, simultбneamente a la supresiуn los obstбculos que se oponнan al comercio exterior, prodъjose una eliminaciуn de las limitaciones del trбfico colonial. Para sustituir las prohibiciones del Acta de Navegaciуn, Huskisson habнa establecido un arancel diferencial de favor para los productos coloniales frente a las mercancнas extranjeras. En 1846, al ser suprimidas las tarifas aduaneras de los granos, desapareciу tambiйn la preferencia, introducida en 1825, por el trigo canadiense, y se preparу la derogaciуn paulatina del trato de favor que disfrutaba el azъcar de las Indias Occidentales. En 1860, con la preferencia de las maderas del Canadб, desapareciу el ъltimo eslabуn de este sistema.
En el transcurso del siglo XIX Inglaterra fuй agrandando incesantemente su imperio colonial, pero respetando siempre los principios del liberalismo, hasta el extremo de conceder una considerable autonomнa a las colonias de poblaciуn blanca. El Canadб se presentaba particularmente peligroso en este concepto, a causa de su proximidad con los Estados Unidos. En 1791 aquel territorio habнa recibido una constituciуn, y cuando, en 1839, se produjo allн una sublevaciуn, dejуse al ParIamento canadiense, a propuesta de Lord Durham, el privilegio de designar a los miembros del Ministerio, facultad privativa hasta entonces de la Corona britбnica. En 1849 cediуse a la colonia, no sуlo la administraciуn financiera, sino tambiйn la comercial. En 1867 las colonias britбnicas norteamericanas se unieron para formar un Estado federativo. Australia y Nueva Zelanda obtuvieron un Gobierno autуnomo en 1855, mientras El Cabo lo lograba en 1872. En cambio, despuйs de la sublevaciуn de los cipayos (1857) fuй suprimido el privilegio de la Compaснa de las Indias Orientales, haciйndose cargo el Estado de la administraciуn despuйs de haber sido concedida la libertad de comercio, en 1793 con la India y en 1833 con China. La ocupaciуn de Egipto en 1882 asegurу a Inglaterra el camino del Indostбn.
En Inglaterra, una parte de la poblaciуn arrancada del campo por la revoluciуn agraria fuй absorbida por la industria de las ciudades, mientras la parte restante emigrу. Wakefield demostrу que las colonias estaban llamadas a complementar la economнa nacional inglesa. Mientras en la metrуpoli se iba reduciendo el suelo laborable y crecнa, en cambio, el capital y la mano de obra, en las colonias ocurrнa el caso inverso, es decir, la sobra de tierras y la falta de mano de obra y de capital. Tratбbase, pues, de proporcionarles estos elementos. A fin de atenuar en las colonias la oposiciуn de los factores productivos, Wakefield recomendaba qua las tierras no fuesen cedidas gratuitamente, sino vendidas. El producto obtenido se destinarнa a facilitar el traslado de los trabajadores y colonos. Los razonamientos de Wakefield hallaron aplicaciуn principalmente en la colonizaciуn de Australia meridional y de Nueva Zelanda (1839).
La demanda de emancipaciуn de la personalidad no se detuvo
ante los individuos de raza negra. A pesar de los tratados internacionales que
prohibнan el comercio de esclavos y de la caza de que los cruceros britбnicos
hacнan objeto a los barcos negreros, en el perнodo qua va de 1819 a 1847 se
calcula en cerca de 3 millones de esclavos el nъmero de los que fueron
transportados de Africa a Amйrica. Era pues cuestiуn de abolir la esclavitud
como instituciуn. Inglaterra llevу la delantera; en 1832 declarбronse
emancipados los esclavos de la Corona, y al aсo siguiente quedу suprimida la
esclavitud en todas las colonias inglesas, con indemnizaciуn de los
propietarios. Estas medidas no pudieron llevarse a la prбctica sin que fuese
preciso sortear dificultades econуmicas. Los plantadores de las Indias
Occidentales viйronse expuestos, con la aboliciуn de la esclavitud, a una
peligrosa competencia por parte de Cuba y del Brasil, paнses que continuaban
explotando a los negros. La apariciуn del azъcar de remolacha diу totalmente
al traste con la prosperidad de aquellas colonias britбnicas, de mбximo valor
en otros tiempos. Privados de su mano de obra por efecto de la supresiуn
absoluta de la esclavitud, los
En este paнs los propietarios de plantaciones habнan venido representando el principal papel desde el dнa de su fundaciуn. A instancias suyas la capital federal fuй trasladada en 1790 a un territorio entresacado de los Estados no abolicionistas de Maryland y Virginia. Siendo el algodуn el principal de los artнculos de exportaciуn de los Estados Unidos, los habitantes del Sur tuvieron una influencia predominante en los esfuerzos expansionistas a costa de Mйjico, el cual, en 1848, cediу los territorios de Texas, Nuevo Mйjico y California. Con todo, la inmigraciуn y los progresos industriales habнan fortalecido tambiйn a los Estados del Norte, y ambas partes se disputaban el destino de los de reciente creaciуn: tratбbase de ver si el predominio iba a corresponder o no a los Estados antiabolicionistas del Sur. Cuando, en 1860, Lincoln fuй elevado a la silla presidencial, los Estados meridionales se separaron de la Uniуn, mientras los republicanos septentrionales luchaban por el mantenimiento de la integridad federativa y contra la extensiуn de la esclavitud, pero de ningъn modo por su supresiуn, la cual era considerada como un problema particular de cada Estado. Asн, de los territorios limнtrofes, mantuviйronse fieles a la Uniуn Delaware, Maryland, Kentucky, Missouri y Virginia occidental. Sуlo los йxitos Bйlicos de los Estados del Sur obligaron a los del Norte a considerar a los negros como sus aliados. En 23 de septiembre de 1862 concediуse la libertad a los esclavos de los territorios ocupados, pero la manumisiуn no tuvo carбcter de ley constitucional hasta 1865. Para los Estados del Sur, esta modificaciуn de la antigua organizaciуn del trabajo constituнa un serio perjuicio econуmico. Los plantadores perdнan sus capitales, invertidos en los esclavos, y en la peuda pъblica, totalmente desvalorizada, de la Confederaciуn, mientras los negros manumitidos mostraban muy poca disposiciуn para el trabajo. Para el Sur no empezу un nuevo florecimiento hasta despuйs de 1880, gracias a la industrializaciуn.
De igual modo que en Occidente, tambiйn los aсos subsiguientes a 1860 aportaron en Oriente la eliminaciуn de la antigua servidumbre. La derrota de Rusia en la guerra de Crimea seсalу la necesidad de reformas interiores. En 1861 Alejandro II decretу la emancipaciуn de los siervos. Esta liberaciуn de los campesinos, empero, no suponнa, como en el Oeste, la instauraciуn de empresarios independientes, agricultores y propietarios, sino que los campesinos rusos, en su mayor parte, continuaron ligados en la vieja forma de la propiedad comunal en tierras reducidas y gravadas por cuotas de rescate. El terrateniente viуse privado de la clase trabajadora que habнa proporcionado al propietario prusiano la no regulaciуn de los campesinos sujetos a servidumbre personal; de modo que si quiso seguir explotando sus tierras, no le quedу otro recurso que acudir a los servicios de los labriegos con sus propias yuntas, sistema retrуgrado, totalmente equivalente al empleado en el viejo rйgimen de servidumbre, sin otra diferencia que la de formas jurнdicas. Hasta fechas bastante mбs recientes no se constituyу una clase de empresarios agrнcolas que arrendaban o compraban tierras de labor, e integrada, ya por elementos ciudadanos, ya por campesinos que habнan logrado reunir un capital trabajando en el Sur como obreros temporeros. La derrota de Rusia en la guerra con el Japуn volviу a poner a la orden del dнa, junto con la cuestiуn de la constituciуn del Imperio, el problema agrario, tan mal resuelto antes. Las Leyes de 1906 y 1910 abolнan las antiguas trabas de la propiedad territorial y creaban para Rusia la base de la agricultura capitalista-individualista.
El sexto decenio del siglo XIX seсala el apogeo del movimiento en pro de la libertad econуmica iniciado por los fisiуcratas y Smith. Mientras Ios Estados de la Europa occidental se unнan por una red de tratados librecambistas, en Amйrica era abolida la esclavitud y en Rusia la servidumbre. El movimiento hubo de enfrentarse continuamente con tendencias opuestas que aparecieron en primer plano hacia 1880.
3.8 La oposiciуn al librecambio
8. La oposiciзn al librecambio
La observaciзn de las fases sombrьas de la nueva Economьa convirtiз a Sismondi, de adepto y propagador de las teorьas de Adam Smith, en un crьtico y transformador de las mismas. Sismondi reprocha a su maestro el haberse limitado a considerar el incremento de la riqueza, sin preocuparse de las relaciones que dicho incremento guarda con el bienestar de la poblaciзn. Un ingreso nacional reducido debe juzgarse como mрs favorable cuando se reparte entre una poblaciзn mрs reducida aun relativamente. Lo importante no es el aumento de la riqueza, sino su equitativa distribuciзn. Por eso no debe abandonarse la Economьa a la competencia libre, sino que los Gobiernos tienen la obligaciзn de velar constantemente sobre el progreso de la riqueza. Adam Smith nos diз Щnicamente una crematьstica, cuando la Economьa nacional debe ser una ciencia жtica (1).
No niega Sismondi las ventajas que reportaron a Inglaterra sus manufacturas, pero la saturaciзn del mercado puesta de manifiesto por la crisis de 1815 y la miseria provocada por la falta de venta le hacen deplorar los progresos de una civilizaciзn que, al originar grandes aglomeraciones humanas, no ha hecho mрs que aumentar su pobreza. Se muestra adversario del progreso tжcnico, el cual si enriquece a los innovadores, lo hace a costa de los antiguos industriales. Ante la separaciзn de clases que provoca el capitalismo, preferirьa volver al viejo sistema, en el que el dueыo de la tierra es a la vez el cultivador de la misma. La ausencia de otras fuentes de alimentaciзn constituirьa una barrera natural al aumento de poblaciзn, en el que Sismondi, coincidiendo con Malthus, ve una desdicha. No serьa cosa de imitar el ejemplo de Inglaterra; antes al contrario, su desarrollo deberьa servir de advertencia a las demрs naciones.
La oposiciзn al librecambio se produjo, no sзlo desde el punto de vista de aquellos que -como Francia despuжs de 1815-, en posesiзn de una cultura econзmica, no se sentьan con fuerzas para hacer frente al embate de la libre competencia, sino tambiжn desde el de aquellos otros que, contando con fuerzas econзmicas poco desarrolladas aЩn, esperaban del sistema proteccionista su elevaciзn a la capacidad competidora; tal era el caso de Alemania y de los Estados Unidos, por ejemplo. Si con frecuencia la escuela histзrica vuelve la mirada hacia atrрs, en cambio vemos cзmo en su defensor mas sobresaliente, List, la comprensiзn histзrica del presente vienen ser como el grito de alerta para el futuro de la naciзn.
List, nacido en 1789 en Reutlingen, fuж promovido por el ministro v. Wangenheim y nombrado catedrрtico de Ciencias polьticas de TЧbinga en 1817. Su intervenciзn en Francfort en defensa de la supresiзn de las aduanas interiores, verdaderas fronteras dentro de Alemania, le valiз una reprensiзn del Gobierno por manejos agitadores Фfuera del paьs╗, incidente que le hizo renunciar a su cрtedra. Elegido en 1820 diputado por Reutlingen, expuso tan sin rodeos la mьsera situaciзn de la clase campesina, que fuж condenado a prisiзn en una fortaleza. Su fuga y el regreso inoportuno le llevaron al castillo de Hohenasperg, de donde saliз en 1825 contra promesa de emigrar.
List pasз a Amжrica. En Pensilvania logrз enriquecerse gracias al descubrimiento de unas minas de carbзn, al que dьз salida por medio de un ferrocarril. No obstante, todos sus esfuerzos iban dirigidos a laborar por la prosperidad econзmica de su patria. En 1833 pudo fundar en Leipzig una sociedad anзnima para la construcciзn de la primera gran lьnea fжrrea alemana, la de Leipzig a Dresde, que iba a ser la base del sistema ferroviario general de Alemania. Simultрneamente dedicзse a la creaciзn de la Uniзn aduanera alemana, a la cual sirviз su obra maestra y el periзdico fundado en 1843. La fatiga fьsica, las muchas preocupaciones materiales y la poca comprensiзn que hallaron al principio sus ideas le incitaron a poner violento fin a su sida en 1846.
Las ideas de List se hallan
influidas principalmente por tratadistas franceses (Dupin, autor de las
En su
Si de este modo List demuestra reconocer la importancia positiva del mercantilismo, estр muy lejos de recomendar sus normas como aplicables a todos Ios tiempos. Lo que ante todo reprocha al mercantilismo, es que pretenda extender la protecciзn, en perjuicio de la agricultura, a жsta y a las materias primas, cuando la agricultura, por la naturaleza misma de las cosas, se halla suficientemente protegida contra la competencia extranjera; y le reprocha tambiжn que no enseыe a la naciзn, una vez llegada ya a la supremacьa fabril y comercial, a proteger a sus fabricantes y comerciantes contra la indolencia, por medio de la admisiзn de la competencia exterior en los propios mercados. No obstante, estima no sзlo Щtiles, sino necesarias, las aduanas proteccionistas, a condiciзn de que abracen un vasto territorio, una naciзn (pero no una naciзn-mosaico), y cooperen a la creaciзn de una potencia manufacturera al lado de la agrьcola.
Contra la Economьa nacional clрsica, la cual pretendьa que el librecambio era ventajoso incluso para los Estados agrarios porque les permitьa comprar en el extranjero sus artьculos fabricados a precios convenientes, objeta List que la naciзn debe desarrollar todas sus capacidades productoras, tanto las agrьcolas como las industriales, aunque el hacerlo suponga un sacrificio momentрneo para los consumidores. AI sistema de intercambio de Smith y sus seguidores, por ejemplo Juan Bautista Say, opone la afirmaciзn de las fuerzas productoras del paьs. Cuando List habla de las capacidades productoras nacionales, personales, sociales y polьticas, lo hace concediendo al empresario un valor que inЩtilmente buscarьamos en Smith (2).
La gran actividad que despliega el industrial moviз a List a conceder, contrariamente a Smith, mayor importancia a las manufacturas que a la agricultura. Considerз como desatinado principio el hecho de realzar la producciзn agrьcola interior mediante aranceles proteccionistas, los cuales, por el encarecimiento de las materias primas y de los productos alimenticios, mantenьan a bajo nivel las manufacturas del paьs, puesto que la agricultura indьgena, segЩn жl, sзlo podьa prosperar econзmicamente por medio de la industria fabril interior. En este punto se invertьa, pues, la afirmaciзn de los fisiзcratas: ФCuando el campesino tiene dinero, lo tiene todo el mundo╗; List pretendьa demostrar que cuando la industria fabril prospera, todo el mundo tiene dinero, incluso el campesino y el noble.
List admitьa el paso de Inglaterra al librecambio; su opiniзn era que tan acertado habrьa sido abolir el sistema proteccionista despuжs de la guerra, como antes lo habьa sido implantarlo. No obstante, recomendaba la aduana proteccionista a todas aquellas naciones cuyo comercio e industria se hallaban aЩn bajo la supremacьa de Inglaterra. El sacrificio momentрneo de los consumidores quedarьa muy pronto compensado por el hecho de que las industrias de nueva creaciзn acabarьan, gracias a la competencia interior, con la elevaciзn de precios que les permitьa sostener el arancel protector y que, logrado esto, venderьan mрs barato que el extranjero por lo menos en lo que se refiere a los gastos de transporte.
Lo que con mayor entusiasmo perseguьa List era la unidad y la independencia de la vida econзmica de Alemania. La Uniзn aduanera habьa creado un lazo de solidaridad, pero todavьa permanecьan fuera de la Liga las ciudades hanseрticas, Hannover, Schleswig-Holstein y Mecklenburg. List estimз necesario, no solamente su extensiзn a la costa del mar del Norte, sino tambiжn la adhesiзn de Holanda y de Bжlgica. Una uniзn aduanera alemana que no incluyese la desembocadura del Rhin parecьale una casa cuyo puerta de entrada perteneciese a un extraыo.
La Uniзn aduanera debьa completar la educaciзn de su capacidad industrial por medio de unas aduanas moderadas, pero al mismo tiempo tenьa que continuar desarrollрndose hacia el exterior. List pedьa una flota alemana y una representaciзn nacional en el extranjero. ┐Hacia dзnde se orientarьa principalmente el comercio germрnico? Desde la emancipaciзn de las colonias sudamericanas no necesitaba ya de colonias. Pero Alemania tenьa mрximo interжs en que se mantuviera libre el mercado de Sudamжrica, en que existiera allь un estado de orden que tal vez ella podrьa apoyar mediante la concesiзn de cuerpos auxiliares.
Como MШser, tambiжn List aspiraba a la expansiзn hacia el Este, a travжs de Austria, Hungrьa y Turquьa. Las potencias continentales tenьan un interжs comЩn en que los dos caminos que conducen del Mediterrрneo al mar Rojo y al golfo Pжrsico no estuviesen en manos exclusivamente de los ingleses, ni que la barbarie asiрtica los hiciese inaccesibles. List propone confiar a Austria la tutela sobre ambos importantes puntos.
Su programa se dirige ante todo contra la supremacьa comercial de Inglaterra. Las naciones del Continente deberьan unirse contra ella; habrьa que reanudar el bloqueo continental, aunque por procedimientos pacьficos. Inglaterra deberьa darse cuenta de que Щnicamente puede ser la primera entre iguales. Una vez aceptado este hecho no habrьa inconveniente en que se colocase a la cabeza de los Estados Unidos de Europa contra el poder cada dьa mрs absorbente de Norteamжrica. De este modo List oponьa a la idea de Smith de un imperio universal anglosajзn, el sueыo de una Liga europea.
En 1846 List propuso a Peel una alianza germano-inglesa. Junto a la potencia de los Estados Unidos, que abarcarьa todas las Amжricas, restarьale a Inglaterra laposibilidad de expansiзn en Oriente. El Asia Menor y Egipto le servirьan de puente en el camino a su imperio de la India y Australia. Pero, entre Francia y Rusia, Inglaterra tenьa tambiжn interжs en la existencia de una Alemania amiga que extendida hacia el Este, le asegurase la ruta de la India. En compensaciзn, Inglaterra concederьa a Alemania aranceles proteccionistas moderados que en nada la perjudicarьan, puesto que reforzarьan el poder adquisitivo del paьs, incluso para mercancьas inglesas precisamente. En sus consideraciones posteriores, List encuentra tambiжn que Francia lleva a extremos excesivos el sistema proteccionista; los alemanes no rechazaban, ni mucho menos, la teorьa del librecambio, la cual habьa sido plenamente justificada en tiempos de Smith. Despuжs, empero, con el advenimiento del maquinismo, las ventajas de Inglaterra no podьan contenerse si no era mediante la concesiзn de barreras proteccionistas. De momento, la realizaciзn del librecambio solamente era posible para Inglaterra; sin embargo, la competencia interior debьa finalmente elevar hasta su nivel el espьritu de empresa de los paьses que le iban a la zaga.
Como teзrico, List no puede compararse a la universalidad y a la profundidad de Smith. El problema de la distribuciзn, la cuestiзn social, son temas que tratз sзlo someramente. Para жl hay males mucho mayores que el que representarьa una clase de proletarios: arcas vacьas -impotencia nacional- sujeciзn nacional- muerte de la naciзn. En la ciencia de la polьtica comercial, empero, List estр a la altura de Smith, y aun representa un progreso sobre жl.
La agitaciзn de List, a la que se adhirieron especialmente los tejedores de algodзn del Sur de Alemania y los industriales siderЩrgicos, tuvo жxito en la Uniзn aduanera en la cuarta decena del siglo. En 1844 fueron elevados los aranceles del hierro y en 1846 lo fueron los del hilo. Pero desde 1848 hasta 1876, Prusia, bajo la influencia de DelbrЧck, persiguiз una polьtica aduanera librecambista, que respondьa no solamente a los intereses de la agricultura oriental, sino tambiжn a las ideas liberales reinantes (3).
Carey adoptз las ideas mercantilistas con mayor entusiasmo
aЩn que List, animado por el deseo de proteger a los Estadas Unidos
contra la hegemonьa de Inglaterra. Carey, no sзlo pedьa tarifas
proteccionistas contra los artьculos
de fabricaciзn britрnica, sino que la depreciaciзn del valor monetario
americano producida por la emisiзn exagerada de papel moneda (los
(1) ФEn general, Adam Smith habьa considerado la ciencia como demasiado sometida exclusivamente al cрlculo, cuando, por diversos conceptos, pertenece al dominio de la sensibilidad y de la imaginaciзn, muy difьciles de calcular╗. I, cap. 7.
(2) Cfr. tambiжn cap. 19: Ф(Smith) ha olvidado que жl mismo, en su definiciзn del capital, encierra dentro del tжrmino las capacidades espirituales y corporales del productor╗. Cfr. asimismo E. D▄HRING, Die Verkleinerer Careys und die Krisis der NationalШkonomie. Breslau, 1867, pрg. 142: ФSin caer en la paradoja puede afirmarse con seguridad que es casi exclusivamente el tema del capital el que, prрctica y teзricamente, Ileva consigo la crisis y la crьtica en todas las principales orientaciones de la Economьa polьtica y su Ciencia╗. Por lo demрs, en su Traitж d'economie politique, 1803, cap. VI, SAY ha observado, contra SMITH, la importancia del Фentrepreneur╗.
(3) Defendidas especialmente por PRINCE-SMITH y FAUCHER, fundador, en 1861, de la Revista trimestral de Economьa Polьtica e Historia de la Cultura.
3.9 La ofensiva del proteccionismo
9. La ofensiva del proteccionismo
Así como
De modo semejante a los Estados Unidos, Rusia, en 1880, transformó en sistema de alta protección aduanera las tarifas arancelarias implantadas en 1878-1880 para sufragar los gastos ocasionados por la guerra con Turquía.
En Alemania quedó disuelta en 1867 la Liga septentrional germánica, para constituir la Unión aduanera, de la cual pasaron a formar parte los Estados del Sur, representados por el Consejo de la Liga aduanera y el Parlamento aduanero. Mecklenburg, Lübeck y Schleswig-Holstein quedaron incluídos dentro de la frontera aduanera. En 1871, el Imperio alemán fué el heredero de la Unión; Alsacia-Lorena entró en ella, y en los ańos subsiguientes a 1880 adhiriéronse también Hamburgo y Brema. La línea fronteriza aduanera alemana deja fuera los puertos libes; en cambio, incluía el Luxemburgo, entrado en la Unión en 1842. El Imperio llevó a la economía alemana no sólo la conclusión de Ia unidad aduanera, sino que, mediante la legislación imperial, creó en el interior una verdadera unificación económica.
El Reich se preocupó, en primer lugar, de impulsar la política comercial librecambista de la Unión aduanera; en 1873, y a petición de la clase agrícola, fué decidida la total anulación del arancel del hierro. Pero la crisis de 1873 desalentó a la industria, y la agricultura, a su vez, se manifestó contraria al librecambio, debido a la concurrencia transoceánica, cada día más sensible, contribuyendo así a que se realizara un profundo cambio en la política comercial alemana aun antes de 1880.
List había tolerado la aduana proteccionista únicamente como factor educativo: la competencia extranjera debía servir de aguijón a una industria desarrollada. Creyóse, sin embargo, que, tanto como una aduana proteccionista educativa, se justificaba otra conservadora que protegiese las energías productivas de la nación contra los embates de la competencia exterior, que trabajaba en condiciones naturales más favorables.
Austria se había aislado en 1878; al ańo siguiente Alemania abandonó también el camino del librecambio. Los representantes de las industrias textil y siderúrgica, siempre proteccionistas y que habían sufrido más que nadie de la supresión de los aranceles del hierro después de la crisis, aliáronse con los agricultores del Este del Elba, convertidos también al proteccionismo. El Gobierno del Reich, que se había visto privado de otros ingresos, aspiraba a mantener, por medio de aranceles proteccionistas, la base financiera con la que debía hacer frente a sus necesidades.
Desde 1816 hasta los días de Napoleón III, Francia había opuesto a la superioridad inglesa el sistema de la solidaridad de los intereses proteccionistas, combinación de protección agraria e industrial. Nada tiene de extrańo que, después de la derrota de 1870, los intereses proteccionistas levantaran aún más la cabeza. Ocurrió además que los viticultores, librecambistas hasta entonces, se vieron en la imposibilidad de exportar por causa de la plaga de la filoxera, y solicitaron protección contra la competencia espańola y la italiana. Así fué cómo Francia implantó en 1892 unas elevadas tarifas aduaneras proteccionistas.
Habiendo conseguido Alemania asegurarse el trato de nación favorecida, nada hubo de temer, durante los ańos de 1880, por la suerte de su exportación, a pesar de la elevación de sus aranceles. Pero las cosas cambiaron cuando, a principios del último decenio del siglo XIX, Francia se dispuso a aumentar también sus aduanas a costa de las relaciones de tarifas hasta entonces existentes. Entonces fué cuando Alemania, bajo Caprivi, entró a desempeńar el papel que Francia había representado bajo Napoleón Ill. En 1891 concluyó tratados con Austria-Hungría, Italia, Bélgica y Suiza, en 1892 con Serbia, en 1893 con Rumania y en 1894 con Rusia; tratados par los cuales el Reich aseguraba a su exportación tarifas fijas a cambio de la reducción de sus aranceles trigueros.
Pero esta política fué abandonada en 1902, al aceptar una tarifa aduanera con elevados derechos, especialmente para granos; y si en 1905 fué posible establecer nuevos pactos, a base de esta tarifa, con Rusia, Austria-Hungría, Bélgica, Suiza, Italia, Rumania y Serbia, en ellos pueden observarse unos derechos mucho más elevados por ambas partes. Inspirándose en el proceder de Alemania, las potencias europeas occidentales, lejos de suprimir sus barreras aduaneras, aisláronse mutuamente más y más, y el Reich, que gracias a la debilitación de Rusia por su guerra con el Japón hubiera podido realizar el proyecto de economía política de Federico, es decir, impulsar intensamente su exportación industrial hacia el Este, hubo de contentarse con establecer con Rusia un simple pacto de tarifas.
En la propia Inglaterra el librecambio hubo de sufrir diversas acometidas. Al principio sus ventajas sobresalientes se manifestaron en la creciente prosperidad del país. El cuadro, sin embargo, cambió en cuanto aparecieron en escena sus dos grandes competidores industriales, los Estados Unidos y Alemania. La exportación británica, no sólo encontró dificultades crecientes, sino que se vió enfrentada con una activa importación. Y lo más doloroso para los ingleses fué, no ya el aislamiento del extranjero, sino que las colonias utilizaran la autonomía que se les había otorgado para imitar a aquél. Un Estado y una economía fuertes son las premisas esenciales del comercio libre. La industria inglesa, empero, ya no poseía superioridad absoluta, y políticos orgullosos parecieron asignar al Estado objetivos para cuya realización hubiera sido preciso recurrir a medios considerados dudosos en otros tiempos.
Chamberlain propuso medidas fiscales que, a la vez, tenían carácter proteccionista. Pero ahora no se trataba, como antońo, de la protección de la agricultura, sino de la industria; y así como en tiempos pasados Mánchester, con su industria algodonera, se declaró partidaria del librecambio, ahora fué Birmingham, con su fabricación siderúrgica, la que reclamó arancel proteccionista. Cierto que, simultáneamente, debía restablecerse un arancel triguero; pero ello no iba en favor de la agricultura indígena, sino de la colonial. Mediante la reimplantación del trato diferencial de favor para los productos coloniales, Chamberlain creyó alcanzar mejores condiciones para la exportación británica a las colonias y así ligar a éstas más fuertemente con la metrópoli. En efecto, las principales posesiones (Canadá en 1897, Nueva Zelanda y Africa del Sur en 1903, Australia en 1907) concedieron a Inglaterra tarifas preferentes; pero este relativo trato de favor no significa la apertura del mercado colonial a los productos británicos. Las tarifas aduaneras de las colonias van dirigidas, hoy como antes, contra la importación inglesa principalmente. Pero Inglaterra, en las elecciones de 1906 y 1910, declaróse contra Chamberlain, inclinándose por el mantenimiento del librecambio.
Generalizando, se ha hablado de una Era del neomercantilismo. Habíanse formado grandes regiones económicas independientes, tales como Rusia, Francia, los Estados Unidos e Inglaterra con sus colonias. Su rivalidad, empero, dejaba lugar a los demás. Alemania, pese a su limitado territorio, pudo vivir hacia 1890 un poderoso impulso económico, y, ya en nuestro siglo, apareció en escena una nueva gran potencia: el Japón. A los avances del proteccionismo oponíanse la permanencia de Inglaterra en el régimen de librecambio y el paso de los Estados Unidos a una moderación de sus tarifas aduaneras (1913). Existían tendencias al aislamiento por parte de los Estados, pero frente a los múltiples aumentos arancelarios, cabía pensar que, en determinadas circunstancias, podía producirse una compensación más que suficiente por medio del abaratamiento de los transportes. Las diversas partes del Globo iban uniéndose cada día más estrechamente por el tráfico comercial, por los créditos internacionales y por el movimiento de trabajadores y viajeros.
De este estadio de la evolución, la Guerra llevó al mundo a una situación de mutuo bloqueo de una tal intensidad, que apenas la encontraríamos en los ańos del primitivo mercantilismo. Cruelmente se nos recordó que la libertad personal de los neutrales y la libertad de la propiedad privada, consideradas como bases naturales del tráfico, dependen del poder del Estado llamado a defender esos bienes, y de su capricho.
Para la política económica exterior, la Guerra significó un retroceso a los tiempos que precedieron al fin del mercantilismo, puesto que mientras entonces un grupo de potencias mantenía siempre el equilibrio con respecto a otro, esta vez nos encontrábamos ante la victoria absoluta de un grupo que podía explotar impunemente a su rival, sin que primeramente se manifestasen en la organización politicoeconómica aplicada en toda la redondez de la Tierra nuevas posibilidades de desarrollo independiente, tal como las presentaron las colonias en épocas pasadas. La finalidad de dominio universal que habían perseguido sucesivamente los espańoles, Luis XIV y Napoleón, habíanla logrado casi por completo los anglosajones. El librecambio, considerado por la Inglaterra victoriana como el objetivo lógico del proceso racional, fué conocido en sus limitaciones por la constelación política. Hoy cabría calificarlo casi de provechoso episodio de la Historia de la Economía. Ricardo, el economista de la paz, habría de ceder ante el de la guerra, Malthus. De nuevo, como en los tiempos de las corporaciones y de los gremios, uníanse las empresas de una misma profesión en defensa de sus intereses en lo relativo al abastecimiento de materias primas y frente a los trabajadores y compradores. En la economía de guerra el Estado apoyó a aquellas organizaciones, las cuales se ven forzadas a mantener su cohesión precisamente para asegurarse la necesaria libertad de movimientos entre la trama de disposiciones fiscales que envuelve a todos los países. En cambio, la estructuración interior de la Economía plantea problemas totalmente distintos a los de la Era del mercantilismo.
Aunque el mundo fué ya abarcado espacialmente en el período de los descubrimientos, y aunque en la época de las comunas italianas realizáronse ya cosas fundamentales para la articulación reciproca de diversas regiones económicas, la Economía mundial de nuestros tiempos está constituida por regiones de esta misma especie completamente organizadas. A mediados del siglo XIX existía un único centro industrial (Inglaterra), al cual se enfrentaba todo el resto del mundo, como proveedor de primeras materias y de productos alimenticios; en contraposición, la descentralización de las industrias, que la Guerra impulsó intensamente, constituye una de las características esenciales de la Economía mundial actual.
(1)
4.1 Saint-Simon y el Saint-Simonismo
CAPНTULO IV
Socialismo y Capitalismo
La revoluciуn polнtica y econуmica habнa trastornado, desde fines del siglo XVIII, las viejas organizaciones de la propiedad de la tierra, de la economнa municipal y de la reglamentaciуn estataI. Durante un periodo todo pareciу estribar en la consecuciуn de la libertad econуmica. Pero ya durante el transcurso de la Revoluciуn francesa pudo verse la imposibilidad de realizar aquella concepciуn. Fue preciso crear nuevas organizaciones, y mientras unas de ellas aspiraban simplemente a restablecer lo antiguo, otras iban en busca de nuevas formas de la sociedad. De ahн otra vez la necesidad de una nueva trabazуn, ya sea por medio de corporaciones o de poderes autoritarios, y el desarrollo del capitalismo moderno llevу a situaciones de dependencia que han sido designadas, no sin razуn, como una nueva modalidad de sujeciуn.
1. Saint-Simon y el Saint-Simonismo
El conde Henri de Saint-Simon, nacido en 1760, descendнa de una noble familia francesa cuyos orнgenes se remontaban a Carlomagno. Como su antepasado desde el puesto de Regente, asн tambiйn Saint-Simon soсу con renovar el mundo como filуsofo. Rico y encumbrado antes de la Revoluciуn, despuйs de una agitada vida de aventuras lo perdiу todo en aquella inmensa convulsiуn, pero logrу crearse una nueva fortuna por medio de especulaciones comerciales, que invirtiу en el estudio de la vida y de la ciencia.
En sus
En 1819 Saint-Simon, en el
Sus obras maestras son
Como Quesnay, tambiйn Saint-Simon
encontrу entusiastas discнpulos en los ъltimos aсos de su existencia. Cierto
es que el principal de ellos en el aspecto econуmico, Augusto Comte, nacido en
Montpellier en 1798, le abandonу en 1823 por no haber sido estampado su nombre
en el
En el aсo 1888, muerto ya el Maestro,los saint-simonistas se unieron bajo los auspicios de Bazard y Enfantin.
Bazard se preocupу ante todo de terminar el edificio histуrico de Saint-Simon.
En la revoluciуn de Julio, los saint-simonistas se distinguieron por su
demanda de supresiуn del derecho de herencia. Bazard y Enfantin se separaron
cuando йste reclamу la emancipaciуn de la carne. La secta, en la que Enfantin,
como
Como los fisiуcratas, Saint-Simon tenнa
la mirada fija en Inglaterra. La Constituciуn britбnica,
a la cual debнa el paнs el pudor y la libertad, le parecнa ideal. Pero
mientras a los fisiуcratas les preocuparon los problemas de la agricultura,
los saint-simonistas se ocuparon con preferencia de las cuestiones de la
industria y su organizaciуn. El Saint-Simonismo no era hostil al capital.
Ъnicamente querнa que йste no favoreciese sуlo al individuo, sino a todo el
cuerpo social. El mismo Buchez, que puso de manifiesto la oposiciуn de clases
y la explotaciуn de los trabajadores por los poseedores de los instrumentos de
producciуn
4.2 La organizaciуn social del capital
2. La organizaciуn social del capital
En el punto central de la moderna economнa de trбfico estб el banquero. El banquero facilita el movimiento de pagos, cobra por sus clientes y cuida de sus pagos y, principalmente, sirve de intermediario en el trбfico de capital. Al banquero van a confluir los capitales sobrantes, que йl distribuirб entre los que solicitan dinero. Al principio, esta posiciуn de confianza se otorgу a personas cuyas casas pudieron alcanzar mбs tarde una importancia extraordinaria. Con el incremento de los objetivos y con el progreso de la acumulaciуn de capitales y de la educaciуn econуmica, las organizaciones colectivas fueron reemplazando a los banqueros particulares. Ya vimos la misiуn que desempeсу el Banco central de emisiуn, a cuyo lado se encuentran otras instituciones adaptadas a las necesidades especiales de las diferentes ramas del negocio.
Para las posesiones territoriales de la nobleza, los Comitйs comarcales, fundados ya en el siglo XVIII, habнan creado una notable organizaciуn de crйdito, que demostrу sus valiosas cualidades durante las guerras napoleуnicas y cuando la crisis agraria de los aсos 1820. En correspondencia con la legislaciуn sobre amortizaciones, creбronse en la Alemania norteoccidental y central Cajas de crйdito agrнcola, Institutos oficiales que favorecieron tambiйn a la propiedad rural mediana y a la pequeсa.
En 1847 Raiffeisen iniciу la creaciуn de asociaciones de crйdito popular destinadas al auxilio de los agricultores pobres. En 1819 Schulze-Delitzsch fundу la primera de sus sociedades que debнan servir a las necesidades de crйdito del artesanado y de la clase campesina. A partir de aquel momento se ha venido desarrollando el cooperativismo, especialmente en la agricultura, y esta organizaciуn del crйdito de explotaciуn ha terminado al fin con la usura.
Vimos cуmo en Inglaterra, ya en el siglo XVII, las grandes Compaснas privilegiadas concedнan crйditos al Estado, mientras en el Continente esta funciуn estaba reservada a firmas particulares. Los Eichborn, de Silesia, ayudaron al Estado prusiano a salir de los apuros del dominio extranjero, y mбs tarde, cuando empezу la construcciуn de lнneas fйrreas, tomaron parte en la instalaciуn de minas y fundiciones. La casa Rothschild cobrу categorнa internacional al cubrir las necesidades financieras provocadas por las guerras napoleуnicas. Encumbrados por su uniуn con el Landgrave de Hesse (Prнncipe Elector desde 1803), los Rothschild supieron atraer al Continente las remesas monetarias de Inglaterra, y a partir de 1818 emprendieron la labor de ser los agentes de los emprйstitos de Prusia, Austria, Francia y otros paнses. La mejor ordenaciуn de las finanzas y el importantнsimo desarrollo de las Bolsas de valores impidieron que los Rothschild alcanzaran la preeminencia que en tiempos pretйritos lograron los Fugger. Con todo, desde el segundo decenio del pasado siglo constituyeron la primera potencia capitalista de Europa, suplantando a los Baring, Hope y Parish, que ocupaban el primer plano todavнa en 1815.
Si bien en la actualidad la casa Rothschild ocupa una situaciуn todavнa eminente en Inglaterra, y paнses como Chile y Brasil dependen financieramente de ella, lo cierto es que, desde mediados de siglo, la importancia de estas potencias monetarias de carбcter privado se ha visto excedida, en el Continente, por las organizaciones capitalistas de las sociedades bancarias.
Junto con los Rothschild participaron los hermanos Pereira, los discнpulos de Saint-Simon, en las primeras construcciones ferroviarias francesas que tuvieron йxito, el ferrocarril de Saint-Germain, inaugurado en 1837, y el del Norte, cuya concesiуn se otorgу en 1845. Bajo el Imperio aparecieron en primer plano. En 1852 fundaron el Crйdit Mobilier, un Banco que reunнa capitales para invertirlos principalmente en la construcciуn de la red ferroviaria francesa, pero que, a la vez, servнa al crйdito del Estado, fundaba las sociedades del Gas y de los Уmnibus, la Compaснa Marнtima y los nuevos tranvнas de Paris, y lograba, incluso, atraer el extranjero a la esfera de intereses del capital francйs, construyendo ferrocarriles en Espaсa, Suiza, Austria-Hungrнa y Rusia. En 1853 fuй fundado el Banco de Darmstadt, y en 1855 el Kreditanstalt austriaco, ambos, bajo el modelo del Crйdit Mobilier.
Ya por los aсos de 1840 Mevissen habнa seсalado en Renania la importancia de las sociedades anуnimas, las cuales, sin embargo, no llegaron a adquirir verdadera importancia hasta despuйs de 1850. El mismo Mevissen, influenciado por las ideas saint-simonistas, desplegу grandнsima actividad como organizador de esta clase de empresas. Presidente, desde 1844, del Ferrocarril Renanu (Colonia a Amberes), encargуse, en 1849, una vez malogradas las esperanzas polнticas de una constituciуn germбnica, de Ia reorganizaciуn de la asociaciуn bancaria de Schaaffhausen, en Colonia. Fundу el Banco de Darmstadt, cuya sede no pudo ser establecida en Francfort (como se habнa proyectado), a causa de la oposiciуn de Rothschild. Mevissen supo extender la red del ferrocarril renano mediante la construcciуn de la carretera del Rhin desde Bingen a la frontera holandesa y la penetraciуn en la comarca del Ruhr. Creу tambiйn Compaснas de seguros, fбbricas textiles y de maquinaria, empresas mineras. Las grandes explotaciones de la йpoca del hierro, del carbуn, de las mбquinas y de los ferrocarriles exigen sumas que solamente pueden ser aportadas por la organizaciуn colectiva del capital: Sociedades anуnimas y Bancos. Mevissen demostrу de quй manera esas empresas pueden ser administradas en provecho de los intereses de la colectividad. Sin embargo, es necesario tener presente que tales instituciones creadas con miras al interйs general, otorgan ventajas preponderantes a los capitalistas y, en consecuencia, no determinan una nueva organizaciуn de toda la suciedad, como en principio se habнa proyectado, sino que hacen mбs honda y sensible la oposiciуn entre el capital y el trabajo.
A mediados de siglo Francia se situу a la cabeza del progreso econуmico. Pero por haberse lanzado a empresas demasiado audaces (Ferrocarril del Norte de Espaсa, especulaciуn sobre terrenos en el puerto de Marsella), por habйrsele impuesto obligaciones de carбcter polнtico y por la especulaciуn de Bolsa, el Crйdit Mobilier abusу de sus fuerzas, hasta el punto de que, habiйndose retirado los hermanos Pereire, en 1867 el Barco de Francia hubo de hacerse cargo de su liquidaciуn. La guerra de 1870-71, por su parte, trasladу a Alemania el centro econуmico de gravedad.
La favorable situaciуn financiera de Alemania patentizуse en el hecho de que el Reich proporcionу a la economнa germбnica no sуlo la tan ansiada unidad de circulaciуn monetaria, sino, al mismo tiempo, el paso al valor oro.
Los ensayos de unificaciуn de la moneda alemana habнan
cristalizado solamente, en 1857, en la creaciуn de una moneda confederal, el tбlero
La ley relativa a la acuсaciуn de monedas de
oro
del Reich (4 de diciembre de 1871) y la ley monetaria de 8 de julio de
1873 determinaron, a la par que la unificaciуn de la moneda del Imperio, el
paso del valor plata al valor oro, por el que, aparte de este metal, sуlo
Del mismo modo que en el siglo XVIII los pequeсos Estados alemanes habнan emitido un exceso de monedas de valor inferior para qua circulasen en los Estados vecinos, asн tambiйn hacia 1850 toda Alemania se viу inundada de papel moneda de poco valor de los Bancos de emisiуn de los referidos pequeсos Estados. Para proceder a la reforma monetaria, promulgбronse en Alemania la Reglamentaciуn del papel moneda (Ley relativa a la emisiуn de certificados de caja del Reich, de 30 de abril de 1874) y la Ley bancaria de 14 de marzo de 1875.
El Banco del Imperio fuй erigido en celador de la circulaciуn monetaria y del crйdito al conferнrsele la categorнa de centro emisor principal de billetes. De los 32 Bancos de emisiуn que al principio quedaron subsistentes junto a йl, la mayorнa han quedado ya disueltos; hoy quedan sуlo los Bancos emisores de Baviera, Wurttemberg, Baden y Sajonia.
Los Estados Unidos no llegaron a una organizaciуn unitaria del papel moneda hasta 1913, con la creaciуn del Federal Reserve System. En cambio, la potencia capitalista que alcanzaron como resultado de la guerra mundial situуles en condiciones de sanear los quebrantados valores europeos sobre la base del oro. En 1924 fuй concedido un emprйstito a Alemania, y el Reichsbank fuй separado completamente del Estado. Pero tambiйn Inglaterra necesitу del auxilio de Amйrica para volver al patrуn oro en 1925.
Mientras en los dнas de la Dieta federal el centro del trбfico capitalista de Alemania habнa radicado en Francfort, despuйs de ellos se trasladу a Berlнn, la nueva capital del Imperio. Los Bancos alemanes y a su cabeza el Deutsche Bank (fundado en 1870 bajo la direcciуn de Georg v. Siemens), la Diskontogesellschaft (fundada en 1851 por Hansemann) y, mбs tarde, el Banco de Dresde, constituyen hoy las principales entidades capitalistas alemanas, resultantes de una amplia absorciуn y asimilaciуn de otras instituciones y empresas particulares.
3. Anarquismo y Socialismo
Mientras Saint-Simon fuй el portavoz de una organizaciуn de amplias miras y que debнa sustentarse sobre la solidaridad fraterna y la articulaciуn jerбrquica de los hombres, Fourier proclamу el derecho del individuo y de las pequeсas organizaciones espontбneas. Al desarrollar Ias ideas liberales combatidas por Saint-Simon, constituyуse en precursor del anarquismo.
Nacido en Besanзon en 1772, Fourier, en su condiciуn de
empleado de comercio, habнa podido conocer por experiencia los aspectos sombrнos
de la economнa de su tiempo. Como Newton con la ley de la Naturaleza, creyу йl
haber descubierto la ley de la sociedad humana. Sus ideas quedan expuestas en
las obras
Asн como la ley de la gravedad nos da la clave para el conocimiento de la Naturaleza, asн tambiйn, segъn Fourier, la doctrina de la sociedad humana tiene por base los instintos de los hombres. A su juicio, cada persona lleva en sн el impulso para una actividad determinada, y basta con combinar debidamente esos impulsos para hacer surgir una organizaciуn en la cual se atienda a todas las necesidades. La armonнa de las pasiones ha de ser el fundamento del trabajo. Pero їacaso no existen trabajos que cada cual procura evitar? Fourier opina que hay hombres cuyos impulsos los inclinan incluso a la suciedad, y los mozos en quienes esos instintos se manifiestan de un modo mбs marcado, deben organizarse como cuerpo de cochinos (1).
La colectividad debe repartirse en grupos de 1620 personas, grupos que recibirбn el nombre de «falanges», sacado de la distribuciуn del pueblo y el ejйrcito de la antigua Esparta. En estas falanges se hallan representadas todas las diversas pasiones, actuando en el trabajo. Se vive en colectividad en los «falansterios» y se trabaja segъn un plan basado en la armonнa de tus pasiones. Como cada cual no sigue sino su propio impulso, resultarб una tal productividad en el trabajo, que los obreros no habrбn de pensar en la expropiaciуn de los ricos; antes al contrario, los falansterios ofrecen a aquйllos una magnнfica manera de colocar sus capitales: los 5/12 del rendimiento del trabajo corresponderбn al capital, los 4/12 a los obreros y Ios 3/12 restantes al talento.
Disuelta la escuela saint—simonista, el sistema de Fourier adquiriу cierto prestigio hacia los aсos de 1830, particularmente gracias a Victor Considйrant, cuyos ensayos encaminados a fundar falanges, en Texas particularmente, mostraron, hacia 1850 y 1860, que los humanos instintos no se avienen armуnicamente con facilidad sin el empleo de la coacciуn.
Con idйnticas dificultades hubo de luchar Cabet, quien
despuйs de
haber publicado en 1840 su
Las doctrinas de Fourier hallaron un apasionado defensor en Godin, quien habiendo llegado desde simple obrero a la categorнa de fabricante de estufas y propietario de fundiciones, organizу en 1859 su empresa de Guisa en forma de «familisterio». No sуlo se atendнa allн a todas las necesidades de los obreros, los cuales disfrutaban de sanas viviendas, de un parque, un palacio social y de las mбs variadas instituciones de asistencia, sino que destinando el propietario una gran parte de sus beneficios a los trabajadores, podнan йstos sentirse copartнcipes de la empresa y copropietarios de una ciudad obrera colectivamente administrada. Una creaciуn semejante, como la que en 1888 Ernst Abbe realizу en Jena con la Fundaciуn Carl-Zeiss, presuponнa, ciertamente, una productividad de la fбbrica por encima de la normal.
Mientras los socialistas franceses habнan partido de especulaciones ingeniosas, el socialismo inglйs encarnу, con Robert Owen, en un hombre que se preocupу enseguida del aspecto prбctico. Enriquecido gracias a haber sido uno de los primeros hiladores de algodуn que comprendieron en Mбnchester la aplicaciуn de la fibra americana, habнa fundado, en 1800 y en circunstancias harto difнciles, una gran fбbrica, modйlica tambiйn desde el punto de vista social, en New Lanark (Escocia). Como en las nuevas fбbricas era cuestiуn de disciplinar una multitud abigarrada de obreros, salidos con frecuencia del arroyo, en los primeros decenios del siglo XIX hubo de preocupar por encima de todo la situaciуn de los pequeсos productores, que se hizo crнtica por la implantaciуn de la gran industria.
La crisis de 1815 hizo que Owen dedicase su atenciуn a este problema. Para йl, el origen del mal radicaba en el gran mercado que favorecнa a las nuevas industrias y en las dificultades de venta con que habнan de luchar los pequeсos productores, para ayudar a los cuales se proponнa crear, de acuerdo con Biller, como Fourier, pequeсas comunidades autуnomas cuyo nъmero no excediese de 1000 personas. Pero sus intentos de organizar una colonia de dichas caracterнsticas en New Harmony (Norteamйrica) fracasaron (1824).
En el mismo aсo Thompson formulу con la mбxima precisiуn el socialismo inglйs, apoyando para ello las ideas de Owen sobre la doctrina de Ricardo. Puesto que el trabajo es la ъnica fuente del valor, aquйl y el intercambio de sus productos debнan ser libres, y el rendimiento нntegro pasar a los trabajadores.
Si Thompson, con Owen, veнa como un ideal la colectividad autбrquica,
Ya en el siglo XVIII los tejedores escoceses se habнan
asociado espontбneamente para realizar sus compras en comъn y, por lo tanto, en
mejores condiciones. Este movimiento fuй organizado sobre una base mбs amplia
por W. King, quien habнa fundado
cooperativas en Brighton y otras
localidades y, desde 1828, editaba el
Para las cooperativas de producciуn de los obreros huelguistas y de los pequeсos industriales, la venta resultaba el problema de mбs difнcil soluciуn. Gray habнa propuesto una direcciуn de la actividad productora por medio de una Cбmara de comercio nacional y el depуsito de las mercancнas en almacenes nacionales. En 1832 Owen intentу resolver el conflicto acudiendo a la creaciуn de una Bolsa de trabajo, en la cual las mercancнas enviadas se valoraban por el tiempo invertido en su elaboraciуn, entregбndose a los productores unos billetes que les daban derecho a otras mercancнas de valor equivalente. Pero la Bolsa fracasу debido a que afluнan a ella, principalmente, los artнculos de difнcil salida, tales como medias, chalecos, mesas, pero no substancias alimenticias, que era la que precisamente interesaba a los pequeсos productores.
Los proyectos de Owen hubieron de ceder, en Inglaterra en el transcurso de los aсos
1830-35, ante el embate de una corriente mбs radical. La reforma electoral de
1832, para cuya consecuciуn se habнan alzado tambiйn los obreros, sуlo habнa
aprovechado a las clases medias. En 1834 fuй promulgada una ley de asistencia
social inspirada en las doctrinas de Malthus, que restringнa en todo lo posible la utilizaciуn de la ayuda a
los pobres. El descontento producido por esta disposiciуn diу motivу a los
obreros a reunirse en el movimiento
Cuando, hacia 1850, iniciуse una йpoca de prosperidad, los
obreros ingleses procuraron mejorar su situaciуn valiйndose para ello de
organizaciones econуmicas y renunciando a finalidades polнticas. Propagуse el
movimiento sindical; en 1850 quedу constituнda la Sociedad unida de los
constructores de mбquinas. En 1844 los
Uno de los principales mйritos de Owen serб siempre el de
haber difundido entre las masas las ideas de organizaciуn, aunque fracasara en
sus ensayos prбcticos. En su
Si fuй en Inglaterra donde se desarrollу primero el capitalismo y si fuй en su suelo donde provocу las mбs enconadas pugnas entre el capital y el trabajo y la mбs terrible miseria de la clase trabajadora, tambiйn fuй Inglaterra la primera en asistir a la regeneraciуn del proletariado a travйs de la organizaciуn cooperatista y sindical. Frente a este plбcido progreso del movimiento obrero britбnico, el socialismo francйs no pudo sino realizar un intento, en la revoluciуn de 1848, para llevar a la prбctica sus ideas.
Contra los hombres que, como Buchez, creнan ъnicamente en
el
propio esfuerzo de las organizaciones obreras, Louis Blanc cifrу todas sus
esperanzas en la asistencia del Estado. Tambiйn йl partiу de los males de la
economнa contemporбnea y, para remediarlos, aconsejу, en su
Blanc recuerda a Saint-Simon por el valor que concede a una
alta y severa organizaciуn y por sus consideraciones histуrico-filosуficas; pero
en йl aparece con mбs fuerza que en Saint-Simon o en Fourier la oposiciуn entre
el capital y el trabajo. En su
La nueva Era no sуlo habнa disuelto organizaciones arcaicas, sino que, con el maquinismo y la organizaciуn del crйdito, habнa creado tambiйn una nueva sujeciуn, nuevos deberes tributarios. En su primera etapa el socialismo aspira con aсoranza, no sуlo a la vieja organizaciуn, sino tambiйn a la libertad de antaсo. Proudhon fuй quien con mayor crudeza expuso este afбn, del cual hallamos ya manifestaciones en Babeuf y Fourier.
Proudhon, nacido, como Fourier, en Besanзon, se diу a conocer
al pъblico por el trabajo con que tomу parte en un concurso organizado por la
Academia de su ciudad natal. A la pregunta:
«Qu'est-ce que la propriйtй?»,
Proudhon respondiу en 1840:
«La propriйtй c'est le vol». En 1846 publicу el
Para Proudhon, como para Law, la circulaciуn es el factor decisivo en el proceso econуmico. No quiere, como Blanc, una nueva organizaciуn del trabajo, sino solamente una nueva reglamentaciуn de la circulaciуn, en la forma contemporбnea de la cual ve la causa de todos los males. Hay que abolir el dinero y los intereses, y crear, en su lugar un Banco de intercambio y popular que regularice la circulaciуn natural. Los obreros entregan al Banco los productos de su trabajo y reciben de los tasadores del establecimiento unos bonos controlados de canje, en correspondencia con sus desembolsos y el tiempo empleado en la elaboraciуn de los productos, y contra Ios cuales el Banco les suministra lo que necesitan.
Ya en 1832 Owen habнa realizado el experimento de un Banco de intercambio del referido tipo, basado sobre el salario. Suprimidos en 1848 los talleres nacionales, Proudhon creyу se le ofrecнa una oportunidad para poner en prбctica su mutualismo. No obstante, el autor del nuevo sistema fuй encarcelado antes de que su instituciуn pudiera surgir a luz.
Con su Banco y su crйdito gratuito, Proudhon creнa poder regular, no ya la vida econуmica, sino incluso todas las relaciones sociales. Una vez los hombres estuviesen ligados por aquellos elementos, toda la mбquina gubernamental serнa inъtil. Esta teorнa de la superfluidad del gobierno y la demanda de una descentralizaciуn de la poblaciуn hicieron de Proudhon el jefe del individualismo extremo, el anarquismo.
Las doctrinas de Proudhon hallaron eco principalmente en los paнses latinos y en Rusia, donde Bakunin y Kropotkin las desarrollaron.
Descendiente de una familia de rancia nobleza, Kropotkin habнa esperado que, despuйs de la guerra de Crimea, tendrнa lugar una reforma en Rusia. Cuando el sistema de poner en practica la emancipaciуn de los campesinos y la reacciуn que le sucediу hubieron desvanecido sus esperanzas, Kropotkin intentу actuar en Siberia, en la provincia del Amur, de reciente adquisiciуn. Finalmente trasladуse al occidente de Europa, donde entrу a participar en el movimiento anarquista de los relojeros del Jura.
Kropotkin, cuya vida agitada le obligу a bastarse siempre a sн mismo, condena de modo rotundo la divisiуn del trabajo: precisa volver a la unificaciуn del mismo, a una sнntesis de la humana actividad. Hay que hacer desaparecer toda separaciуn entre la agricultura y la industria, separaciуn a la que tanto valor concediera Smith. Una educaciуn integral debe poner al hombre en condiciones de ejercer a la vez los trabajos del campo y de la industria descentralizada, una labor manual agradable a la par que una actividad espiritual. De ello espera Kropotkin un progreso tal, particularmente en la producciуn agrнcola, que incluso los paнses densamente pobladas puedan bastarse a si mismos sin la distribuciуn internacional del trabajo, de manera que, en el fatuo, puedan evitarse los rodeos a travйs de la exportaciуn y del lucro (3).
Ante todo Kroputkin arremete contra la divisiуn del trabajo entre el listado y los sъbditos. A su juicio, los principios bбsicos de la sociedad humana son la confianza en sн mismo y el federalismo. Doquiera dominaron estos postulados, como en la mutua asistencia en los gremios medievales, hubo un gran florecimiento cultural; a la usurpaciуn de las funciones sociales por el Estado opuso Kropotkin un individualismo desenfrenado y espiritualmente limitado. Para йl, lo natural no es la lucha entre los individuos (como creyeron los investigadores, desde Hobbes a Huxley); sacбndolo de la Naturaleza y de la Historia, Kropotkin pretende demostrar que la «asistencia mutua» es la condiciуn primordial para el desarrollo progresivo de la especie (4).
El anarquismo se halla en absoluta oposiciуn con el
socialismo autoritario, fundamentado ante todo en una rнgida organizaciуn;
tendencia representada por Saint-Simon,
Louis Blanc, y especialmente por Carlos Marx y los
socialistas alemanes. Entre los socialdemуcratas marxistas y los anarquistas
produjйronse, hacia 1870, vivнsimas polйmicas y luchas. Los anarquistas, empero,
aun cuando parten de la libertad individual, quieren sin embargo una
organizaciуn, pero una organizaciуn voluntaria, no basada en la canciуn, ni
siquiera de los dirigentes de la clase obrera; y asн como ven a su precursor en Fourier, se sienten
afines a Owen y a
las organizaciones de los trabajadores en sindicatos
Asн como el capitalismo no es un movimiento exclusivo y
caracterнstico de la
Era moderna, asн tambiйn encontramos una reacciуn anticapitalista, comparable al
socialismo de nuestros dнas, en la Antigьedad (Platуn) (5) y en la Edad Media, particularmente en los albores de la Moderna
(Moro, Campanella) (6). Todos esos movimientos no pueden ser pasados por alto,
Iimitбndose a considerarlos como otras tantas
utopнas. En los comienzos de la evoluciуn de
la municipalidad de la comarca, nos enfrentamos con asociaciones de individuos
posesores de la igualdad de derechos, algo asн
como lo que imaginaron los socialistas.
Asн en las leyes de las colonias norteamericanas aparece algo sacado de
la
Entra las formas de socialismo hasta ahora consideradas y el historismo romбntico, pueden observarse numerosos puntos de contacto. En las organizaciones del pasado viуse un ideal frente al cual fueron menos-preciados los progresos tйcnicos y econуmicos de la actualidad. De hecho, este progreso al principio beneficiу solamente a una clase, la de los modernos empresarios. Los antiguos ricos y los explotados, feudales y proletarios, se manifestaron hostiles al nuevo proceso. Y no obstante, tambiйn a ellos les reportу innegables beneficios la nueva Era, circunstancia que les indujo a cesar en su resistencia contra ciertos aspectos de la nueva vida: el trбfico en cuanto no les perjudicaba, la mбquina en cuanto no los explotaba. Si con List y Carey surgieron hombres en quienes la comprensiуn de las particularidades histуricas abriу los ojos a los objetivos del progreso de su йpoca, con Carlos Marx entrу en la lid una orientaciуn del socialismo que enfocу las conquistas de la nueva organizaciуn econуmica como un adelanto, aunque no definitivo.
(1) Le nouveau monde, Section III, Education harmonienne, pбg. 242: «Parmi les enfants, on trouve environ 2/3 de garзons qui s'inclinent а la saletй... Ces enfants s'enrфlent aux petites hordes dont l'emploi est d'exercer, par point d'honneur et avec intrйpiditй, tout travail rйpugnant que avilirait une classe d'ouvriers. Cette corporation est une espиce de lйgion а demi sauvage, qui contraste avec la politesse raffinйe de l'harmonie, seulement pour le ton et non pas pour les sentiments, car elle est la plus ardente en patriotisme».
(2) HANS MЬLLER, Kings Stellg. in d. Gesch. d. Genossenschaftswesens. Jb. d. internat. Genossenschaftsbewegung, II. Londres, 1913.—R. MUNDING, W. King und R. Owens Beziehungen z. Schweiz, Schweizer Konsumverein, 1913, nъms. 48-51.
(3) Landwirtschaft, Industrie und handwork oder die Vereinigung von Industrie un Landwirtschaft, geistiger und kцrperlicher Arbeit.
(4) Gegenseitige Hilfe in der Entwicklung, traducciуn alemana de G. LANDAUER. Leipzig, 1904, contra HUXLEY, Struggle for existence and its bearing upon man, 1888.
(5) R. PЦHLMANN, Geschichte des antiken Kommunismus und Sozialismus. Munich, 1893.
(6) Die Geschichte des Sozialismus in Einzeldarstellungen von E. BERNSTEIN, C. HUGO, K. KAUTSKY, P. LAFARGUE, F. MEHRING, G. PLECHANOW, I. Die Vorlдufer des neuren Sozialismus. Stuttgart, 1895. —G. ADLER, Geschichte des Sozialismus und Kommunismus von Plato bis zur Gegenwart, I. Leipzig, 1899.
(7) Memorias, I, cap. XVI: «Cuando vi las enormes ventajas que les proporcionaba su organizaciуn fraterna, semicomunista; cuando observй la maravillosa prosperidad de sus colonias, contrastando con el fracaso de las del Estado que las circundaban, aprendн algo que no puede aprenderse en los libros».
4.4 El socialismo «cientнfico»
4. El socialismo «cientнfico»
Carlos Marx naciу en Trйveris en 1818, hijo de un abogado judнo. Estudiу en Bonn y en
Berlнn y se doctorу en Jena en
1841 con una disertaciуn sobre la filosofнa de Epicuro. En vista del trato de que fuй objeto su amigo,
el profesor de Teologнa Bruno Bauer, y en atenciуn a йl, renunciу a su intento
de lograr una cбtedra de profesor agregado en Bonn. Marx fuй primero colaborador
y luego director de la
Marx, que en sus estudios se habнa ocupado principalmente
de la filosofнa hegeliana, tuvo en Francia ocasiуn de conocer el socialismo
mбs de cerca. Expulsado del paнs a instancias del Gobierno prusiano,
trasladуse en 1845 a Bйlgica, donde, en 1847, publicу contra Proudhon la
La revoluciуn de 1848 llevу a Marx de nuevo a Parнs y a
Colonia, iniciando en esta ъltima ciudad la publicaciуn de la
En 1864 pasу a ocupar un puesto destacado en la Asociaciуn Internacional de Trabajadores, de reciente creaciуn; puesto que abandonу cuando el fracaso de la Commune de Paris, y la oposiciуn interna de los grupos anarquistas acaudillados por Bakunin le hicieron creer inъtil la persistencia en la lucha.
En Marx vienen a reunirse las diferentes trayectorias del
movimiento socialista. Por la estructuraciуn independiente que le diу
convirtiуse
La filosofнa de Hegel constituye el punto de partida de la ideologнa marxista. Sin embargo, Marx manifiesta de manera categуrica su oposiciуn a Hegel: Marx es materialista, mientras que Hegel fuй idealista. No obstante, si bien Marx impugna las ideas hegelianas, lo fundamental permanece comъn a ambos: el mundo es un proceso interpretable lуgicamente. Hegel trajo una nueva especie de racionalismo, y asн podemos comprender cуmo en la inteligencia de Marx hallaron cabida unas doctrinas surgidas del viejo Derecho natural. Pudo sentirse algo asн como el perfeccionador de la clбsica economнa nacional de un Smith y un Ricardo; pero lo que para йstos era un fenуmeno aplicable a todos los tiempos, para Marx era caracterнstico de una йpoca solamente. Marx veнa en ellos a los representantes de la economнa capitalista, y asн como a йsta la habнa precedido la йpoca feudal, йl, como revolucionario, considerбbase el campeуn de un nuevo periodo socialista, para el cual eran ya inъtiles las leyes del capitalismo. Lassalle caracteriza a su amigo como un Hegel economista y como un Ricardo socialista.
Ya observamos la conexiуn existente entre la escuela histуrica y el socialismo. Ambos intentaron emanciparse del Derecho natural individualista, y asн como los histуricos pusieron de relieve la importancia de los grupos sociales y principalmente del Estado, asн tambiйn los socialistas intentaron justificar por la Historia la legitimidad de sus demandas. Pero mientras el historiador se esfuerza por enfocar cada acontecimiento como tal, Marx, al igual que Hegel, renuncia a esta investigaciуn particularista. Ambos quieren ahondar ъnicamente en el conjunto de los sucesos; si algъn valor dan a los hechos aislados, es sуlo considerбndolos como piedras de construcciуn del edificio de la Historia.
Para Hegel
el mundo es la realizaciуn de una idea.
De igual manera
que en el pensamiento humano, a cada afirmaciуn, a cado tesis, puede
oponerse su negaciуn, su antнtesis, para formar asн el equilibrio de ambas,
la sнntesis que permita obtener la plena claridad de la aseveraciуn
conjunta, asн tambiйn para este filуsofo el mal en el mundo no es otra cosa
que la negaciуn del bien, negaciуn que hubo de
ser superada para conseguir el bien
consciente, absoluto. Para Marx lo primordial no es lo ideal, sino lo
material. Lo ideal, en su concepto, no es mбs que
«lo material traducido y
trasplantado a la cabeza humana
En esas construcciones hay qua distinguir tres йpocas: la primera estб representada por un estado primitivo, rudimentario que, no obstante, aparece como una edad paradisнaca, una edad de oro en comparaciуn de los horrores de la йpoca siguiente. La segunda es aquella en que se desarrollan todos los gйrmenes del vicio; es la йpoca del pecado y de la maldiciуn. El tercer estadio trae consigo la redenciуn, debido que son reconocidos los aspectos buenos de la primera йpoca y rehabilitados, utilizando para ello las conquistas y los conocimientos adquiridos en la segunda. El segundo estadio, estadio negativo, fuй, para Marx, el perнodo de la libre competencia, aquel que los economistas burgueses consideraron como el ideal. A su anбlisis dedica Marx la mayor y una importante parte de su libro. Los primeros socialistas habнan repudiado tambiйn los males de su tiempo, males que Marx estima necesarias para el futuro progreso. No sin cierta fruiciуn enumera Marx todas las abominaciones de la segunda йpoca, la del capitalismo; ellas demuestran que йste ha vivido y se ha sobrevivido, que hay ya lugar para la negaciуn de la negaciуn, para la nueva era social.
Reclamen otros un cambio de las condiciones existentes apoyбndose en razones йticos; para Marx todo se reduce a un proceso lуgico que debe evolucionar hasta el fin. Acaso la gran impresiуn que produjeron sus escritos se explique precisamente por la circunstancia de que no formula demanda ninguna. El progreso debe venir por sн mismo. Pero їquiйn negarб que en el fondo de esta dialйctica ha de haber la fe en la victoria de la justicia? Marx, a diferencia de otros, no predica esta fe como profeta; la ciencia, la dialйctica, hacen sus veces; pero precisamente en este gйlido patetismo es donde radica todo el engaсo de sus escritos.
«Lo que es real es comprensible», habнa enseсado Hegel. De esta afirmaciуn los filisteos han sacado la justificaciуn del estado de cosas existente. Pero los jуvenes invirtieron la sentencia: «y lo que es comprensible es real» (2). Si se lograba demostrar la sinrazуn de la situaciуn reinante, descubrir su ilуgica contradicciуn, la sentencia quedaba pronunciada. Y eso es lo que pretendiу Marx.
їCuбl es la esencia del capitalismo? «Explotaciуn y anarquнa», respondiу Marx; y por eso debe desaparecer.
Desde los tiempos de Smith el concepto de capital se halla en el primer plano de la ideologнa econуmica. Marx se distingue de los primeros socialistas, principalmente, por el hecho de que adopta este orden de ideas con mayor intensidad que todos ellos.
Adhiйrese a la doctrina de Smith-Ricardo de que el trabajo determina el valor de las mercancнas. El valor idйntico al intrнnseco de los productos no es el valor de consumo, sino el de trueque, el cual se determina, no por la clase particular de trabajo (como el de Carpintero, albaсil o tejedor), sino por la reducciуn a una mano de obra social promedia. Simples substancias homogйneas del trabajo, para Marx las mercancнas son comparables cuantitativamente, poseen un valor de cambio.
Aquн aparece lo original de la deducciуn de Marx. Entre una serie de posibilidades dadas, ъnicamente reconoce aquellas que, en su futuro sistema, se adaptan a la categorнa de resolutivas. Cuando dos partidos luchan, existen cuatro posibilidades: o vence el antiguo o el nuevo, o ambos se aniquilan, o se soportan mutuamente. En el Manifiesto comunista, Marx acepta solamente dos: «La lucha termina cada vez con una transformaciуn revolucionaria de toda la sociedad o con la ruina comъn de las clases contendientes». Asн sabe Marx que sуlo el consumo decide sobre el valor y que existen diferencias individuales. Sin embargo, no da beligerancia a йstas, y se limita a afirmar, sin desarrollar empero la idea, que el trabajo deberнa ser socialmente necesario». Considera el capital comercial como la forma mбs antigua del capital; no obstante, su anбlisis no toma a йste por objeto, sino que explica ъnicamente el «que compra trabajo», el capital de producciуn.
Si el trabajo determina el valor, en el fondo el salario habrб de absorber el producto del artнculo. їCуmo se explica, pues, que una parte del producto vaya a parar al capitalista en concepto de beneficio? Para Marx como para Smith el empresario no es mбs que un propietario de capital. Lo que quieren explicar no es el lucro del empresario individual, sino los porcentajes medios del beneficio. Marx considera los intereses y las rentas ъnicamente como manifestaciones secundarias. El interйs es una parte del beneficio, la renta un excedente sobre el lucro medio. Pero їen quй se basa el beneficio? їNo va al trabajador el valor de su trabajo? Proudhon y Rodbertus responden: ЎNo! Entonces hay que dar al trabajador todo el rendimiento de su trabajo. Marx aplica a la Economнa esta interpretaciуn de la Moral. Al obrero se le da lo justo... dentro del marco de la economнa capitalista. їQuй es pues el beneficio, sino un robo? La economнa capitalista consigue crear una plus valнa, la cual es extraнda del capital como lucro. El capital hace que la economнa sea mбs productiva por la cooperaciуn, por la organizaciуn del trabajo y por la explotaciуn de este trabajo organizado.
Segъn Carlos Marx
Marx distingue entra capital variable y constante. Este ъltimo lo integran los costos del material que el capitalista ha de desembolsar para la adquisiciуn de maquinaria, materias primas, etc.; el capital variable es el conjunto de los salarios que paga. A su juicio, ъnicamente el capital variable puede crear plus valнa.
La aplicaciуn de esta idea resulta difнcil a Marx, hasta cierto punto; pues їno ha existido tambiйn una cooperaciуn en otros perнodos de la economнa, aparte del capitalista?, y їno es una caracterнstica del capitalismo moderno la gran industria, la que trabaja con mбquinas, o sea a base de un incremento del capital constante, incapaz de producir plus valнa?
Marx se sale de la dificultad no
reconociendo la cooperaciуn capitalista como una forma histуrica especial de la
cooperaciуn, sino que declara que la cooperaciуn misma aparece (frente al
artesanado y a la economнa agrнcola) «como una forma histуrica
caracterнstica
del proceso de producciуn capitalista y que lo distingue especнficamente»
La maquinaria, como parte que es del capital constante, no crea ningъn valor, pero funciona en manos de un trabajo inmediatamente socializado o comъn. «El carбcter cooperativo del proceso de trabajo se ha convertido, pues, en una necesidad tйcnica, dictada por la naturaleza misma del medio de trabajo», aсade Marx mбs adelante. Mediante el trabajo de niсos y mujeres, una labor mбs prolongada e intensiva, la mбquina permite al capital una explotaciуn mбs intensa de la mano de obra. Marx no va contra la mбquina en sн, la cual es, para йl, una victoria del hombre sobre las fuerzas de la Naturaleza, un elemento que acorta la jornada de trabajo y hace a йste mucho mбs llevadero y sencillo. Pero ocurre que, utilizada la mбquina capitalнsticamente, sus efectos son opuestos, ya que hace mбs penoso el trabajo a los obreros y deja sin ocupaciуn a una masa de trabajadores, el ejйrcito de reserva industrial que pesa sobre los salarios. «El instrumento de trabajo mata a los obreros».
Marx sigue la historia de la formaciуn del capitalismo y
seсala los aspectos sombrнos de su primer desarrollo. Esta exposiciуn,
basada principalmente en fuentes inglesas, las Encuestas parlamentarias, los «Libros Azules» y contenida en el primer tomo
de
En esta clase de construcciones la situaciуn primitiva
debe contener forzosamente caracteres de la nueva que se espera. Pero їquй
fuй lo esencial en la antigua: la propiedad privada del artesano y del
campesino, o la propiedad comъn de los hindъes? Al final del penъltimo
capнtulo del tomo I de
їHasta quй punto la producciуn capitalista constituye una contradicciуn? Ante todo por la situaciуn de los trabajadores en ella. El poderнo siempre creciente del capitalismo va eliminando cada vez mбs las existencias independientes, hasta el extremo de que, finalmente, la masa de los productores, constitutiva del proletariado, y cuyo ъnico haber es la mano de obra, se enfrenta con un nъmero, segъn Marx cada dнa mбs reducido, de capitalistas, en cuyas manos se hallan concentrados todos los elementos de producciуn. Las condiciones de vida del asalariado tornбnse cada vez mбs desfavorables (teorнa de la depauperaciуn), con lo cual la burguesнa demuestra su incapacidad para seguir siendo la clase social dominante. El desacuerdo existente entre la producciуn colectiva y la apropiaciуn capitalista, desacuerdo que se manifiesta en la oposiciуn entre el proletariado y la burguesнa, ъnicamente puede resolverse uniйndose los proletarias y apoderбndose del dominio de Ios medios de producciуn.
Pero hay, ademбs, una segunda
consideraciуn. Paralelamente al despotismo queel capital despliega en las fбbricas con sus
obreros, la anarquнa de la producciуn va perturbando
cada vez mбs toda la vida
social. Las modernas fuerzas
productoras se alzan contra las condiciones de producciуn actuales. A juicio
de Marx, las crisis comerciales que se producen
periуdicamente y cada vez con mayor gravedad
son consubstanciales con el rйgimen
capitalista. Cada crisis trae
consigo una concentraciуn
mayor de capitales; cada capitalista destruye a otras muchos, y a medida que
decrece el nъmero de los magnates del capital, va
aumentando sin cesar Ia
miseria de Ia
clase trabajadora. Y cuanto mбs insoportable se va haciendo esta situaciуn,
mбs se acerca la hora de la emancipaciуn: los
expropiadores serбn expropiados.
Como la doctrina de Smith, la de Marx es ъnicamente comprensible en las circunstancias econуmicas de la йpoca en que escribiу. Marx observу con sagacidad la situaciуn de Inglaterra entre 1840 y 1850. Pero їiban a evolucionar las tendencias en la forma preconizada por el ideуlogo socialista? No ha ocurrido asн.
їEra forzoso que la situaciуn de los obreros bajo el
capitalismo se hiciese cada vez
mбs desesperada? їNo era posible que participasen en la
incrementada productividad? El
mismo Marx, en
їY quй diremos de los avances de la acumulaciуn capitalista? їAcaso han desaparecido del todo las pequeсas industrias y las pequeсas granjas? Acaso no se han manifestado, en la agricultura, mбs fuertes que las grandes haciendas? Las crisis, їse han sucedido acaso con rapidez e intensidad crecientes? El capital de la gran industria, asociado en cartels y trusts, їno ha logrado regularizar la producciуn y acabar con la competencia y la anarquнa que ella creaba?
Marx se distingue de sus antecesores por el hecho de haber reconocido la importancia del capital, al cuбl no quiso combatir, como hicieron aquйllos, sino estimularlo para que diese de sн cuanto podнa dar. Cierto que fuй un utopista al creer que la йpoca capitalista tocaba a su fin. Desde entonces hacia acб, el poder del capital no sуlo no ha disminuido, sino que ha crecido. Y el socialismo no se pregunta hoy, con razуn: їcуmo suprimirй el capital?, sino їcуmo crearй la mejor situaciуn posible para los obreros dentro del capitalismo? Cuanto mбs consecuentemente se formule el socialismo esta pregunta, tanto mбs pasarб de una orientaciуn retrуgrada a otra progresista.
Marx creyу haber elevado el socialismo a la categorнa de una ciencia por la aplicaciуn del mйtodo dialйctico. Pero por mucho que ahondara en sus observaciones y supiera sacar deducciones, hay que convenir que su vicio mбximo estб en la sobrestimaciуn de ese mйtodo. La plenitud de la vida histуrica no puede dominarse ni con las construcciones mбs originales e ingeniosas. Y por trascendentes que sean las bases econуmicas de la sociedad, por importante que sea reconocer la influencia de las conmociones econуmicas, siempre supondrб estrechez de miras el ver en ellas el ъnico impulso. La misma estrechez de miras revela Dьring al seсalar, en oposiciуn a Marx, como ъnica causa determinativa de la situaciуn econуmica, las condiciones polнticas, el poder polнtico directo en vez de una potencia econуmica indirecta (6).
En Rodbertus, lo mismo que en Marx, la construcciуn histуrica desempeсa un papel importante. Rodbertus realizу estudios profundos sobre las circunstancias econуmicas de la Roma imperial (7). Como Saint-Simon, ъnicamente atribuyу valor a las organizaciones de la sociedad. El librecambio, al liquidar esas organizaciones, actuу, para йl, de barrendero, de iniciador de una nueva organizaciуn mбs perfecta que encerrу en su seno cнrculos mas vastos y ligу con mayor fuerza a sus miembros.
Como Marx, Rodbertus extrajo de la economнa nacional clбsica la doctrina de que sуlo el trabajo crea el salario. En la sociedad actual, no obstante, este salario no es suficiente, y Rodbertus habнa de una cuota decreciente de salario. La causa de este fenуmeno la ve en la propiedad privada vigente, la cual debe ser sustituнda por la economнa colectiva.
Unicamente no admitнa Rodbertus que
este nuevo orden pudiese establecerse por sн solo. Por
eso apela al deber de la sociedad. Solamente en la Naturaleza las cosas y las
circunstancias llevan en sн la ley lуgica que
las rige; en la Sociedad, en cambio, han de recibirla del hombre. Ademбs, al
pedir la nueva organizaciуn, no piensa Rodbertus
ъnicamente en los trabajadores, sino en la colectividad toda. A su juicio, la
privaciуn de derechos a los obreros
es una amenaza a la cultura. Asн como
en tiempos pretйritos la civilizaciуn latina se derrumbу debido a que
la sostenнa un estrato social demasiado reducido, asн
se trata tambiйn de que el proletariado participe de la
cultura moderna, de no excluirle de ella como si se tratara
de una casta de bбrbaros, a fin de no prepararle un
destino idйntico.
Rodbertus y Marx propugnan una nueva
organizaciуn; el primero la esperу del Estado, el
segundo de la clase obrera. Lassalle,
por su parte, intentу organizar al proletariado
y, a la vez, interesar al Estado en sus necesidades. Nacido en Breslau en
1825, destacуse primeramente en el medio publicista como
filуsofo (
El movimiento obrero alemбn va
ligado al de los oficiales artesanos. Su primer representante literario fuй el
oficial sastre Wilhelm Weitling, quien, en 1842,
publicу en Vevey las
Las clases proletarias no empezaron a adquirir importancia en el aspecto social hasta el aсo 1848. En 1863 Lassalle fundу un partido independiente para la defensa de los intereses obreros. La importancia del elemento literario en este movimiento lo revela el hecho de que a fines del sexto decenio y a principios del sйptimo fueron constantes las luchas entre los partidarios nacionalistas de Lassalle y los marxistas internacionalistas. Durante un perнodo desempeсу un papel predominante como sucesor de Lassalle el patricio catуlico de Francfort Joh. Baptist v. Schweitzer, al cual se opuso, con carбcter de representante del internacionalismo de Marx, el demуcrata antiprusiano Liebknecht, quien en Leipzig logrу ganar a su causa a Augusto Bebel, oficial tornero natural de Colonia, y en el cual el partido obrero encontrу su mбs brillante orador y su organizador mбs entusiasta. En 1869 los marxistas formularon su programa en Eisenach, y en 1875, por la fusiуn de los dos grupos del movimiento proletario alemбn, consiguieron la supremacнa.
Otra derivaciуn socialista de la economнa nacional clбsica
es la doctrina de Henry George, contenida en su obra
Mientras la Asociaciуn Internacional de Trabajadores de 1864 habнa predicado como el primer deber de la clase obrera la conquista del Poder polнtico, el sindicalismo francйs se orientу en contra de las luchas parlamentarias de los obreros, los cuales se mostraban descontentos de sus йxitos precisamente en aquellos lugares donde habнan logrado ejercer influencia sobre el Gobierno. Por eso se propugnу, de acuerdo con Proudhon, que la sociedad se emancipara de la fuerza coactiva del Estado y la fбbrica fuese liberada del dominio del patrono. El medio para conseguirlo no debнa ser otro que la acciуn directa, la huelga revolucionaria; nada de papeleta electoral.
Esta orientaciуn es notable, no por su nueva tбctica solamente, sino tambiйn por la fundamentaciуn psicolуgica de sus demandas. Para Marx, la victoria del proletariado significarнa el tйrmino de la lucha de clases; para йl los obreros son la sociedad. Sin embargo, debнan hacerse cargo de las conquistas de la йpoca capitalista, la organizaciуn racional de la gran industria. El obrero francйs, de temperamento mбs fogoso, no se avenнa con dicha racionalizaciуn; exigнa una libertad capaz de satisfacer los deseos individuales. Por eso el sindicalismo nada quiere saber del predominio de la mayorнa. Segъn йl, el mбximo valor humano radica en las minorнas animosas (7).
La aspiraciуn mбs ferviente de los eruditos del siglo XVIII habнa sido la racionalizaciуn de la vida y, principalmente, de la Economнa. En el siglo XIX se habнan sumado a ella la burguesнa y, mбs tarde, el proletariado. Pero asн como el romanticismo comenzу en los sabios afirmando la importancia de lo irracional contra la ilustraciуn, asн tambiйn, andando el tiempo, se produjo en la burguesнa una reacciуn contra lo puro inteligible. Mientras los obreros se adherнan al raciocinio dialйctico, entregбbanse aquн al lirismo wagneriano. Si hoy el proletariado se rebela tambiйn contra una racionalizaciуn demasiado rigurosa, manifiйstase en ello el atinado afбn de llegar, por encima de lo puramente inteligible, a una humanizaciуn general, lo cual no significa que haya de prescindirse de toda razуn.
(1) FRIEDR. ENGELS, Die Lage der arbeitenden Klasse in England, 1845.
(2) Vorrede zur Rechtsphilosophie, KUNO FISCHER, Hegel, pбg. 1154.
(3) K. LIEBKNECHT, Grundzьge einer Marxkritik, llama a esta contraposiciуn de mano de obra y trabajo una sutileza dialйctica en vez de una soluciуn. Archivos de Ciencias sociales y Polнtica social, 46, 3, 1919.—Cfs. tambiйn SIEVEKING, Der Gebrauchswert bei Marx.
(4) Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staates, 1884.
(5) KAUSTKY, en su prуlogo de 1906 al Manifiesto comunista, declara, con razуn, anacrуnica la teorнa de la depauperaciуn: «hoy la situaciуn del proletariado es muy distinta».—J. WOLF, en su obra Sozialismus und kapitalistische Gesellschaftsordnung (1892) habнa rechazado la referida teorнa.
(6) Theorie der neuen und politischen Oekonomie, 1910.
(7) M. G. SOREL, La dйcomposition du marxisme; Rйflexions sur la violence, 1908.
5. Capital y Trabajo
El librecambio redundу en beneficio del capitalismo; por eso йste hubo de esforzarse al principio a impulsar la libertad de comercio. Pero a medida que fuй progresando la acumulaciуn de capitales, empezу a manifestarse una tendencia distinta. El capital, no sуlo aspira a un interйs elevado, sino que lo quiere tambiйn seguro, y cuando ha encontrado un buen modo de inversiуn, procura conservarlo. De esta manera el capital, que en los comienzos del proceso fuй la fuerza impulsora del progreso, puede convertirse con el tiempo en un obstбculo a йl.
El avance de la tйcnica lleva consigo una disminuciуn de la dependencia de la Naturaleza y, con ello, una mengua de riesgo para la Economнa. La organizaciуn de la especulaciуn, la moderna Bolsa, procura disminuir las diferencias de precios, no sуlo locales, sino tambiйn cronolуgicas, siempre que gana en dichas diferencias. Mientras de 1816 a 1865 el desnivel entre el precio mбximo y el mнnimo del centeno fuй, para Prusia, de un promedio anual de 8,1 %, de 1865 a 1893 no fuй mбs que de 3,6% (1). El perfecto servicio de informaciуn, el telйfono y el telйgrafo, permiten calcular cada dнa con mayor exactitud las probabilidades de la Economнa.
Con la continua difusiуn de los conocimientos econуmicos disminuye la importancia de la clase mercantil independiente, la cual, al principio, desempeсу un papel de primer orden como intermediaria e introductora de nuevas combinaciones tйcnicas y comerciales. Por eso la clase mercantil, que al fundarse el Imperio alemбn ocupaba el primer puesto con ocasiуn de la introducciуn del valor monetario del Reich, ha debido ir cediendo su lugar a la industria y a la agricultura. Van organizбndose los consumidores, y sobre todo los productores, con miras a realizar por cuenta propia las compras y ventas.
Doquiera que se manifieste el interйs pъblico y el riesgo es relativamente pequeсo, como ocurre en los organismos de comunicaciones del paнs, la explotaciуn del Estado rechaza a la privada. En Bйlgica y en algunos Estados del centro de Alemania los ferrocarriles se construyeron ya desde el primer momento con carбcter de caminos de hierro nacionales. Allб por los aсos de 1870 Bismarck intentу hacer revertir al Estado los ferrocarriles. Asн fuй cуmo Prusia comenzу a nacionalizar los caminos de hierro del Norte a partir de 1879. Paralelamente fueren incorporados a la red prusiana los ferrocarriles de los Estados menos importantes (Turingia, Lippe, Hamburgo, Brema, etc.), y en 1896 quedу constituida la Compaснa explotadora Preussisch-Hessische Finanz- und Betriebsgemeinschaft, con la cual tenнan estrecha relaciуn los caminos de hierro alemanes de Alsacia-Lorena. Al mismo tiempo habнa los ferrocarriles del Estado de Baviera, Wьrttemberg, Baden, Sajonia, Mecklemburg y Oldemburg, y algunos de propiedad particular, como el de Lьbeck-Bьchener. Pero la organizaciуn ferroviaria pruso-hessiana, con su red de unos 30 000 kilуmetros, constituнa una de las mas importantes empresas unificadas. Correlativamente a la intensificaciуn de la explotaciуn por el Estado, las ciudades iban municipalizando tambiйn los servicios de agua, gas, electricidad, tranvнas, etc.
Mientras el trбfico ve abrirse ante sн nuevos horizontes y el progreso de la tйcnica suministra nuevas posibilidades de valorizaciуn de las riquezas naturales, el emprendedor audaz aparece en primer plano. En la sociedad anуnima, empero, la direcciуn de la empresa corresponde al poseedor del mayor nъmero de acciones; el director es un funcionario de los accionistas. Este desempeсa la direcciуn tйcnica, pero la econуmica no la ejerce a menos de controlar a la vez un nъmero suficiente de acciones. Lo que importa a los accionistas es la obtenciуn de dividendos lo mбs regulares posible; la ambiciуn personal de superar a otras empresas les es ajena. Por eso la forma de la sociedad anуnima es propicia a la constituciуn de empresas reunidas cuyos participantes se garantizan mutuamente, hasta cierto punto, los dividendos.
En Alemania, la crisis de 1873 impulsу poderosamente la formaciуn de empresas reunidas. Si se produjo el fenуmeno debiуse a que el incremento del consumo no respondнa a las condiciones de producciуn, cada dнa crecientes. Construidas ya las principales vнas fйrreas del Occidente de Europa, restablecido el material de guerra de Francia y Alemania, la creciente capacidad de producciуn se hallу frente a una capacidad de consumo cada vez mбs reducida. La mutua reducciуn de precios habrнa sido ruinosa; este pensamiento equivalнa ya casi a regular la competencia, a fin de fortalecer a los productores ante los consumidores. Empezуse por avenirse respecto a las condiciones de pago, siguiу luego la inteligencia sobre reparto del mercado y, finalmente, la asociaciуn pasу a reglamentar la cantidad de producciуn.
Estas asociaciones de empresas especializadas pueden adquirir influencia monopolizadora cuando logran adueсarse de substancias naturales existentes sуlo en cantidades reducidas o de rutas de trafico, o bien, tratбndose de otras grandes empresas de igual clase, cuando, si bien cabrнa montar una competencia, la falta previsible del incremento de la venta no ofrecerнa perspectivas de rentabilidad. La esfera principal de estas organizaciones es, por lo tanto, la minerнa (carbуn, cobre, etc), el transporte (ferrocarriles, navegaciуn), y la industria pesada de los productos semielaborados (fundiciones, talleres metalъrgicos).
En los Estados Unidos y en Alemania es donde principalmente
se han desarrollado esos
cбrtels. Desde que en 1859 comenzбronse a excavar pozos de petrуleo en Pensilvania, la competencia desenfrenada condujo, ya hacia 1870,
a la uniуn de los empresarios. Entre estas asociaciones conquistу un lugar
predominante la Standard Oil Co., fundada por Rockefeller en
1867 y 1870, sociedad que debiу su йxito a la utilizaciуn del arma de la lucha
de tarifas de transportes ferroviarios y a la instalaciуn de tuberнas de
conducciуn (
La concentraciуn de las grandes industrias en manos del Estado o de los cбrtels hace posible una economнa mбs racionalizada, pero existe el peligro de que las potentes empresas asociadas utilicen su poder no en interйs de la colectividad, sino ъnicamente con miras a la obtenciуn de un rйdito elevado y seguro, el cual parece mбs fбcil de alcanzar mediante la limitaciуn de la producciуn y el alza de los precios que por la intensificaciуn de aquйlla y la moderaciуn de йstos. Se logra una gran estabilidad de la Economнa, pero a costa, quizб, de la capacidad de adaptaciуn a las condiciones variables de la vida econуmica.
La aduana proteccionista, tanto la educadora como la
mantenedora, fueron recomendadas originariamente sуlo como medidas pasajeras
que debнan hacer mas fбcil a los empresarios el perнodo de
transiciуn. Pero al eliminar la concurrencia, los industriales pueden volver
La Polнtica econуmica no parece tornar tanto en consideraciуn la protecciуn del trabajo como la de las rentas nacionales. En un paнs de movimiento demogrбfico estabilizado, como Francia, estas consideraciones a los rentistas han venido desempeсando, desde hace largo tiempo, un papel considerable; pero tambiйn se manifiestan en Inglaterra, al servicio del movimiento de la aduana proteccionista. El capital inglйs busca oportunidades de inversiуn en las colonias, y durante la guerra de los boers y la agitaciуn de Chamberlain dominу en la polнtica inglesa el propуsito de organizar estas inversiones de un modo productivo. Los intereses econуmicos mбs importantes parecнan estar representados no por las empresas y los obreros, sino por los financieros que colocaban los valores coloniales y los rentistas que se hallaban detrбs de ellos.
La propiedad, adquirida por el medio que sea,
debe gozar de todas las garantнas de seguridad
posibles. Despuйs de la Deuda pъblica, el medio que
parece ofrecer
Esta situaciуn, adversa especialmente para la masa de los obreros asalariados, modificуse en Inglaterra cuando los patronos industriales tomaron a su cargo la direcciуn econуmica del paнs. Lo que no podнa conseguir el obrero individualmente, logrбronlo las organizaciones proletarias: igualdad de derechos en el contrato de salario. Gracias a esto la clase obrera inglesa pudo mejorar sus posiciones. Sin embargo, en los paнses donde las asociaciones de empresas y el Estado adquieren una potencia dominante, el espacio para un movimiento obrero autуnomo se reduce cada vez mбs. Los cбrtels tienen, evidentemente, una significaciуn muy distinta segъn que se hallen a su lado organizaciones obreras potentes o que se produzca el caso contrario. El sello del socialismo de Estado de la democrбtica Nueva Zelanda fuй muy distinto del de Alemania o Rusia. Mediante instituciones de beneficencia (viviendas y cajas de pensiones) cuya administraciуn se reservaban, los empresarios procuraban mantener a los obreros bajo su dependencia. En Alemania, bajo Bismarck, el seguro obrero oficial realizу grandes cosas (seguro contra enfermedades en 1883, contra accidentes en 1884, contra invalidez y vejez en 1889); pero estas leyes no eran propicias a un movimiento obrero independiente, ya que suprimieron a las organizaciones proletarias importantes objetivos, y de 1878 a 1890 imperу la ley de los socialistas.
En el Continente hubo quien concibiу la esperanza de salir al paso de la descomposiciуn de la clase media independiente (artesanos y pequeсos comerciantes), amenazada por el crecimiento de la grande industria, por medio de medidas legislativas. Asн el Imperio alemбn (leyes de 1881, 1897 y 1908) y Austria (leyes de 1883, 1897 y 1907) intentaron dar nueva vida a los gremios. En Alemania fuй concedido ъnicamente el llamado «pequeсo certificado de aptitud» por el que se reservaba el mantenimiento de aprendices a los maestros titulares; pero en Austria, para toda una serie de profesiones, la autorizaciуn de establecerse como maestro independiente, se hizo depender de la pertenencia a un gremio y de la posesiуn del certificado de aptitud. Con ello se volvнa a la legislaciуn de 1840, bajo la cual habнase desarrollado, sin embargo, la gran industria y no se veнa que, con esta clase de leyes, no se hacнa otra cosa que impeler al capitalismo hacia nuevas formas (implantaciуn de sucursales industriales), mientras la clase media, necesitada, en lugar de adaptarse a la nueva situaciуn por medio de la preparaciуn tйcnica y de la organizaciуn del crйdito, se lanzaba a las actividades burocrбticas.
La moderna polнtica social inglesa, tal como la representa Lloyd George, equivale, de modo totalmente distinto, al abandono de la libertad profesional manchesteriana y al restablecimiento de una serie de medidas de la antigua organizaciуn econуmica. No solamente se adoptу la idea alemana del seguro obrero oficial con crecidas aportaciones del Estado (Iey de pensiones para la vejez de 1908, seguro contra enfermedad e invalidez de 1911, seguro contra el paro obrero, 1911) y se impulsу la colonizaciуn interior mediante la imposiciуn del latifundismo y de la protecciуn a colonos y campesinos (Small Holdings Act, 1907), sino que con la instituciуn de las oficinas de salarios (primero en la industria domйstica, en 1909, y extendida en 1913 a los labriegos y mineros) y el reconocimiento de la asistencia obligatoria a los parados (subsidio oficial para el seguro de los obreros en paro forzoso), volviуse a los principios que informaban la legislaciуn de los tiempos de la reina Isabel.
El capital no ha sido aniquilado por las crisis, contrariamente a lo que creyera Marx, sino que ha dado origen a una potente organizaciуn de la Economнa polнtica. Pero gracias a la organizaciуn econуmica y polнtica, los obreros han podido ver realizada una serie de postulados sociales dentro del marco del capitalismo. Sindicatos y asociaciones, protecciуn a los obreros y explotaciуn por el Estado debнan hacer posible un social-capitalismo (Sombart), una constituciуn econуmica en la cual el capital no estuviese al servicio de unos cuantos afortunados, sino al de toda la colectividad social. En este sistema, si bien el empresario capitalista conservaba la direcciуn, sus obreros entraban en posesiуn de ciertos derechos, de modo semejante a lo que ocurrнa con la Ley constitucional del Estado. Creнase que ъnicamente con una constituciуn econуmica de base democrбtica existнa la posibilidad de una cultura que abrazase a la totalidad de los ciudadanos (2).
Reconozcamos que la pasada guerra mundial ha traнdo consigo, ante todo, un fortalecimiento extraordinario del capitalismo. En todos los paнses ha adquirido una nueva significaciуn la asociaciуn inicial del poder pъblico y la empresa privada. Esta asociaciуn fuй provocada, no sуlo para responder a las necesidades del Estado, aumentadas en proporciones enormes, sino tambiйn en interйs de la poblaciуn, para cuyo abastecimiento la organizaciуn cooperativista habrнa debido contar con mayor espacio. De ello salieron favorecidos no los empresarios particulares, sino las asociaciones cerradas de los interesados en los aprovisionamientos de materias primas y en la venta. Al fin y a la postre, la guerra fuй un conflicto entre los grandes grupos capitalistas. Derrotado el grupo germбnico, la organizaciуn capitalista americana ha podido seguir desenvolviйndose holgadamente, pero ha debido cargar con una fuerte responsabilidad, ya que tiene en sus manos, no sуlo el abastecimiento del mundo sino tambiйn toda la estructuraciуn de la vida econуmica. En la guerra el capital ha demostrado que no solamente fecunda la economнa, sino que puede poner en juego fuerza destructoras mбs terribles aъn que cualquiera otra organizaciуn econуmica. Hoy debe percatarse de su misiуn positiva. Capitalismo significa predominio de la clase capitalista en oposiciуn a los terratenientes y a los obreros. Una hegemonнa semejante del capital, en la que todas las ventajas recaerнan sobre los capitalistas, hoy ya no es posible; el proletariado llama a la puerta con demasiada insistencia. Pero el capitalismo no deberнa servir al enriquecimiento de unos pocos; si se le viу con buenos ojos, fue porque aseguraba el abastecimiento de todos y ofrecнa ocupaciуn a los hombres faltos de fortuna. La cuestiуn estб en saber si hoy, como antaсo, no se halla en condiciones de cumplir su misiуn mejor que otros sistemas, como la asistencia oficial, por ejemplo.
La eliminaciуn radical del capitalismo fuй posible. Pero alIн donde se llevу a cabo, como en Rusia, hizose en condiciones tan desfavorables que no pudo pensarse en un incremento del rendimiento de la economнa, ni siquiera en una distribuciуn equitativa de los frutos obtenidos. Lenin no descartу la idea de la competencia (3). En realidad, los municipios rurales hicieron lo posible para quedarse con los productos, y hubo necesidad de obligarles por la fuerza a que los entregaran. Igualmente fuй preciso tomar en consideraciуn las diferencias en la calidad del trabajo y pagar sueldos mucho mas elevados a los tйcnicos y directores de fбbricas. En la Nueva Polнtica Econуmica (NEP) de 1922, el programa inicial sufriу profundas modificaciones.
De igual manera que en este caso un movimiento de mбximo radicalismo hubo de avenirse con la multiplicidad de fenуmenos de la vida econуmica y con las ansias de lucro de los individuos, asн tambiйn el capitalismo, incluso el de las paнses vencedores, ha debido decidirse a hacer grandes concesiones sociales. No se trata ya ъnicamente de las demandas del derecho de trabajo por las cuales se vino luchando hasta hace poco, tales como pactos tarifarios entre organizaciones patronales y obreras, comitйs paritarios y tribunales industriales; hoy el Estado ha debido garantizar tambiйn el esfuerzo mбximo, la jornada de ocho horas y los salarios mнnimos (4).
Al lado del Estado como organizaciуn de consumidores, el socialismo guildista reclama el Congreso gremial de productores reunidos en unos pocos grandes grupos profesionales y emancipados del sistema de salarios. De igual modo que junto al cбrtel (que refine a los empresarios de una categorнa de producciуn) propagуse la empresa combinada comprensiva de las diversas fases de la producciуn, asн tambiйn en el movimiento obrero moderno han adquirido gran importancia, junto a los sindicatos que reъnen a todos los obreros de un ramo, las organizaciones de las diversas explotaciones. Mientras en tiempos ya pasados eran solamente Comitйs los que representaban a los obreros en las cuestiones proletarias, hoy los Consejos de empresa quieren extender la influencia de los trabajadores a la fiscalizaciуn de la marcha del negocio. A menos que no se quiera renunciar a la iniciativa de los empresarios independientes, aquella acciуn habrб de limitarse a un control semejante al que ejercen los Consejos inspectores con respecto a los accionistas, incapaces en su mayorнa de participar en la direcciуn del negocio. En Inglaterra y los Estados Unidos reclamуse la nacionalizaciуn progresiva de los ferrocarriles y explotaciones mineras, en interйs de los obreros. En Alemania la socializaciуn viу, en las minas de carbуn, una representaciуn no sуlo de los obreros y los patronos, sino tambiйn de los consumidores, de igual manera que en los Consejos de las Compaснas ferroviarias podнan ya estos ъltimos manifestar sus deseos.
Las tendencias seсaladas, todas las cuales sometenal individuo a la direcciуn colectiva en la lucha por la existencia: intervenciуn del Estado, hegemonнa de los trusts y cбrtels y de los sindicatos, inducen a Sombart a afirmar que en 1914 terminу la era del «alto capitalismo», mientras el «neocapitalismo» echaba por los suelos el afбn de lucro por medio de una ordenaciуn normativa. Sea come fuere, nos hallamos en presencia de una crisis del capitalismo. Este pudo rehacerse, despuйs de la guerra de Sucesiуn espaсola y de la crisis de Law, gracias a haberse asimilado nuevas capas sociales, los pequeсos empresarios del paнs. En esta absorciуn de capas aъn no capitalistas por el cнrculo del pensamiento calculador, Rosa Luxemburg no cree ver una necesidad vital del capitalismo, y ciertamente, terminada la crisis de las guerras napoleуnicas, el sometimiento de la Naturaleza realizado por la tйcnica tuvo mucho mayor importancia que dicha expansiуn. їSerнa hoy un remedio un nuevo progreso comparable a aquйl? Oppenheimer opina que del mismo modo que entonces la victoria fuй sobre la Naturaleza inorgбnica principalmente, hoy se encierran enormes posibilidades en la investigaciуn de las leyes de la Naturaleza orgбnica. Acaso habrнa que buscar el factor principal en una organizaciуn mejor de la sociedad y la economнa.
Hasta hace poco Alemania marchу a la cabeza de la legislaciуn social (5). La intervenciуn capitalista con ayuda de elementos extraсos, consecuencia de la situaciуn creada por la Guerra, le harб muy difнcil mantener su posiciуn. Cierto que la paz de Versalles prevй el fomento internacional de los intereses proletarios, pero precisamente en los paнses que marchan a la cabeza, Estados Unidos e Inglaterra, los obreros manifiestan una disposiciуn marcadamente nacionalista, que el Gobierno favorece por medio de prohibiciones de inmigraciуn, con lo cual las ventajas de la situaciуn serнan exclusivamente para los afiliados a la organizaciуn propia.
(1) J. CONRAD, Grundriss zum Studium der politisch. Oekonomie, 3.Є ed., 1900, I, pбg. 214.
(2) Cfs. sobre esto: Industrial stability, ed.
C. KELSEY, Universidad de Pensilvania, The Annals. Filadelfia, 1920: Mutual obligations and duties of labor and capital and the public. Esp., pбg. 17 y ss.: Organizaciуn democrбtica en las Leeds y Northrup Comp., la cual ocupa
450 empleados en la construcciуn de
maquinaria de precisiуn. Allн aparecen, desarrolladas, las ideas puestas en
prбctica en Jena por Abbй, en las
fabricas Zeiss; el derecho de voto limitado a
Ios
(3) LENIN, Die nдchsten Aufgaben der Sowjet-Macht, 1918.
(4) En la
(5) Cfs. el prуlogo de Lloyd George en WALTER, 1914: «Con frecuencia he tenido oportunidad de reconocer lo mucho que debe a Alemania no solamente mi patria y sino todo el mundo civilizado, por el valor con que, ya en la generaciуn pasada, entro en un campo de experiencias nuevo y virgen entonces». F. A. OGG, Economic development of modern Europe, Nueva York, 1917, dedica los dos ъltimos capнtulos de su librу al seguro social de Alemania y su expansiуn en otros paнses.
6. Nuevas orientaciones
1. En Alemania, la escuela histórica utilizaba el método inductivo, contrariamente al deductivo empleado por la Economía nacional clásica. Por muchos que sean los méritos que ha adquirido con sus investigaciones históricas y estadísticas, sería un error creer que con ello ha aportado algo más que un método nuevo, una nueva teoría o una nueva política, pongamos por caso. Hubo quien, como Roscher, adoptó la teoría de los clásicos, a la cual quisieron solamente ańadir una fundamentación histórica y algunas rectificaciones. Otros, como Schmoller, que rechazaron las construcciones de los clásicos, estableciendo en su lugar con tanto mayor ardor épocas de evolución social. Estas construcciones proceden, ora según el plan hegeliano de los tres grados (como en Marx), ora adoptando un desenvolvimiento constantemente progresivo de lo simple a lo complejo, ora hablando, como en la vida del individuo, del crecimiento, apogeo y decadencia. Así es cómo Hildebrand describió la economía natural como un estadio primitivo imperfecto, seguido de un periodo más desarrollado, aunque no satisfactorio, de la economía monetaria, para llegar a un tercer momento, el de la economía del crédito, en el que vuelven a sintonizar las disonancias. Bücher quiere hacer evolucionar la economía de la privada, donde no existe el intercambio, a la política, pasando por la municipal, y Sombart opone el capitalismo al modesto artesanado. Para él, en el capitalismo se distinguen tres estadios: primitivo, alto y neocapitalismo, en el cual nos hallamos desde la Guerra.
Sin fundamentos teóricos, el propio historiador puede avanzar tan poco como sin una orientación ética. Si la ausencia de aquéllos lleva fácilmente a la confusión, la de ésta conduce a una falta de credo de la Ťrealidad políticať a la que únicamente pueden dar validez los resultados favorables. Hasbach es quien con mayor agudeza ha formulado la renuncia del historismo puro. En sus estudios sobre Adam Smith, dice: ŤEl relativista no cree en un ideal general, pero manifiesta también aversión a establecer ideales especiales porque, generalmente, se ha percatado de lo poco que conoce las fuerzas que actúan en los hechos. En todo caso, no considera sus ideales como normas que deban informar la legislaciónť. Lo poco que ese modo de ver es compartido por los representantes más destacados de la escuela histórica, lo demuestra el hecho de que precisamente en 1872 se congregaron en Eisenach, en la Asociación de Política social.
2. Contra el menosprecio que en algunas ocasiones ha puesto de manifiesto la escuela histórica por la teoría, hanse alzado Carl Menger y la escuela austriaca que le sigue, quienes han seńalado como la misión primordial de la Ciencia la investigación de las leyes de la economía racional. Mientras Schmoller afirma que ha conseguido superar las teorías de los clásicos por medio de estudios monográficos históricos, aquéllos oponen una teoría nueva a la clásica. Vimos ya cómo, no sólo Smith y su seguidor Ricardo, sino el mismo Marx, encontraron el principio determinativo del valor en los costos de producción, principalmente en el trabajo. A esta teoría objetiva del valor, enfrentáronle otra nueva, subjetiva, otros tratadistas más recientes, como Gossen, inadvertido casi en sus comienzos, y después, procediendo simultáneamente y con independencia, Jevons, Walras y Menger. Estos toman por punto de partida el valor de consumo, abandonado por los clásicos. El grado limítrofe de la utilidad, la utilidad límite, quedó constituído como el problema decisivo de la Economía. Aun cuando esta tendencia procede de manera psicológica y matemática, no deja de tener un próximo parentesco con la escuela históricoestadística. Ambas combaten las doctrinas de los clásicos, y la teoría marxista del valor encontró su critico más severo en el austríaco Böhm-Bawerk.
Si bien los ideadores de la utilidad
límite creyeron haber descubierto algo totalmente nuevo, Marshall y Dietzel
propusiéronse demostrar que la referida teoría y la del costo de los clásicos
podían armonizarse perfectamente. El error, error de consideración, de los
primeros estaba en descuidar las ideas generales, como la tierra, el capital, el
tiempo de trabajo socialmente necesario, la personalidad de los productores. Los
segundos intentan remediar estas omisiones apoyándose para ello en la
investigación psicológica. En este aspecto no podemos pasar por alto el nombre
de Schäffle (1). De este modo ha sido posible una justa rehabilitación de los dirigentes
de la Economía, los empresarios. Wirminghaus contrapone el beneficio del
empresario, como no limitado, a los restantes tipos de ingreso: salario, renta
de la tierra e interés del capital (2), y J. Wolff quiere que
el empresario reúna, como productor, la Naturaleza y el trabajo, el
capital y la idea técnica (3). Apoyándose en Tühnen, Ehrenberg ha abierto un
archivo especial para estos estudios. Pero el propio Thünen, que se esforzó por
3. La teoría puede considerar de manera aislada los problemas de la vida económica, y debe hacerlo si quiere comprender su dependencia mutua. Pero el fenómeno económico no es sino un aspecto de la vida del individuo y de la sociedad. Los problemas prácticos de la Economía únicamente pueden apreciarse en sus relaciones con el Derecho y la cultura. Aquí vemos enfrentarse dos concepciones distintas, una de las cuales atribuye el peso decisivo a las formas exteriores de la Economía (ya que estas formas determinan toda la cultura), mientras la otra se preocupa del rendimiento económico, cuyo acrecentamiento es el factor primordial para realizar independientemente los objetivos de la cultura. Se trata, pues, de adoptar una posición frente al problema de la cultura de la humanidad. En este punto han adquirido gran influencia los progresos de las modernas Ciencias naturales, fecundadas por las ideas evolutivas.
De nuevo hay que enfocar la sociedad desde las leyes de la Naturaleza.
Ella representa el punto cumbre
de la evolución. Según esta doctrina, la sociedad se
fundamenta sobre la naturaleza orgánica, de igual modo que ésta lo hace sobre la
inorgánica, y la misma ley que podemos observar presidiendo el paso de los
protozoos a los vertebrados, rige para el mundo social. Unicamente que, como
existía un derecho natural individualista y otro socialista, un investigador,
al estudiar la diferenciación e integración de la colectividad humana, atribuye
la mayor influencia a la formación de la personalidad individual, mientras el
otro la concede a la organización colectiva. Particularmente Herbert Spencer,
en su obra
Schäffle, que, en su calidad de ministro austriaco (1871), tuvo ocasión de conocer a fondo la eficiencia de la máquina del Estado, no quería tampoco transferir a éste la dirección de la Economía, sino a corporaciones articuladas profesional y territorialmente, a las cuales se las revestiría de autoridad pública. Junto con Rodbertus, ha ejercido la máxima influencia sobre el socialismo de Estado de Adolph Wagner. Su mérito principal está en el enfoque práctico de los problemas agrario y obrero; sus sugerencias influyeron de un modo esencial en la organización del seguro obrero alemán, entre los ańos 1880 y 1890. Pero por muy avanzado que se manifestara en este aspecto y por muchos que hayan sido los éxitos que logró, siempre puso en primer plano el bienestar y la independencia de la colectividad, a la cual previno contra el anarquismo práctico de los intereses particulares que se manifestaron en Alemania en el movimiento socialista y agrario de los últimos decenios del pasado siglo.
Como político, Schäffle estuvo por encima de su teoría. Equivocóse cuando habló de una ŤEconomía nacional ético-antropológicať, o cuando concibió la Economía política como un Ťmetabolismo de naturaleza éticať. Cabe considerar los problemas económicos a la manera de los fenómenos naturales, pero se abandona este punto de vista cuando se habla como político de lo que debe ser atendida la condición humana. La Etica, la ciencia de lo que debe ser, va unida a la doctrina del ser. El error de los apologistas del Derecho natural consistió en haber confundido ambos conceptos: Ątambién es natural aquello que no debe ser! La Sociología moderna a menudo incurre en esto mismo error.
El idealismo alemán de Kant y de sus seguidores ha sustituído el racionalismo y el empirismo de la época enciclopedista por una fundamentación crítica de la Ciencia. Para la Economía nacional esta fundamentación no ha sido valorizada todavía suficientemente. Cierto que Fichte ha ejercido influencia sobre la escuela histórica y el socialismo, pero Schmoller procuró darle una interpretación psicológica, y Lassalle estimó a Fichte como político y precursor de Hegel. A pesar de Fichte persistióse en ser empirista o racionalista y, en realidad, cabe dudar de si en las corrientes románticas que se remontan a él, pueden ser superadas por este camino las herencias de la ilustración prekantiana, la resignación relativista o el doctrinarismo parcialista, bases aun hoy de nuestra Ciencia.
Para los problemas teóricos y prácticos de la Economía
social, la
Sin la critica del valor no pueden ser tratadas ni la evolución histórica ni la política económica; pero es que incluso en la teoría no es posible prescindir de ella, pues el objeto de la Economía social no es el proceso circulatorio de los productos, sino el hombre, el cual necesita aquellos productos, les da valor y organiza su elaboración y distribución. La actividad productora sigue siendo una parte de la actividad humana, y si, por un lado, hay que poner en claro las condiciones y los limites de esta actividad, por otro precisa determinar de una manera precisa los principios que deben informarla. Estos principios en ningún modo son subjetivos, en el sentido de arbitrarios, sino que la Ética está condicionada por la Lógica, la volición es consciente, y de igual modo que las cuestiones relativas a la existencia, también las relativas al deber hay que estudiarlas científicamente, con miras a su conocimiento general. Trátase de partir de la autoconciencia de los que actúan económicamente; conciencia individual que debe ensancharse hasta llegar a ser conciencia colectiva a través de las múltiples organizaciones de la familia, de la clase y de la nación.
En los últimos tiempos la teoría ha procurado ante todo fijar los sectores limites de la Ciencia económica y seguir las relaciones técnicas, psicológicas y jurídicosociales. La doctrina del capital es una piedra de toque de las teorías. Quien todo lo cifra sobre los bienes reales, como lo hacen Wolf y Cassel al hablar de Ťobjetos del capitalť o de Ťcapital realť, no escapa al peligro de la confusión de los problemas técnicos y económicos. Pero la Economía tampoco tiene nada que ver con el agrado o el desagrado, sobre cuya comparación Liefmann quiso edificar, cuando él mismo habla en otros pasajes de otras consideraciones económicas, utilidad y comparaciones de costos, que de ningún modo deben atribuirse al sentimiento de agrado, sino que han de resolverse a base de motivos de convenienciafinalidad perseguida en todo momento, o evitación del agotamiento. Como quedó probado ya desde Smith, en la sociedad basada en el intercambio pueden seguirse perfectamente las leyes económicas; pera si ya Smith se manifestó en favor de intervenciones accidentales en esta libre reunión de los individuos, también Liefmann prevé el arbitraje de la autoridad en las cuestiones básicas, como en la constitución del capital, por ejemplo. Con ello se aspira a la oposición al grupo social-jurídico, representado principalmente por Diehl, la subordinación del individuo al bien común, pero se expresa únicamente una ley general sociológica no específicamente económica, de consecuencias prácticamente nulas. La Economía científica ha brotado de si misma, gracias especialmente a la doctrina de la Economía privada, que, en estos últimos tiempos, viene siendo objeto de atento estudio.
Así como la actividad económica iniciada en los estrechos círculos del pueblo, Ia ciudad y en el seno de reducidas agrupaciones, llega a convertirse en una cuestión nacional y conduce, a través de las fronteras del Estado, a asociaciones económicas mundiales, trátase de hermanar el problema particular de la organización de la Economía (la máxima capacidad de rendimiento para los objetivos de la humanidad, capacidad que sólo podrá conseguirse mediante el desenvolvimiento de las propiedades específicamente nacionales y las características del circulo reducido de la familia y la comarca) con la firme garantía de los derechos personales de los que cooperan en ella.
(1) Su importancia la reconocen tanto CASSEL, Theoret. Sozialökonomie, 1918, como von LIEFMANN, Grundsätze d. Volkswirtschaftslehre.
(2) Diccionario de Economía política: Empresa, Beneficio de empresa.
(3) Die Volkswirtschaft der Gegenwart und Zukunft, 1912.
Heinrich Sieveking-Graficas