Capitalismo y subdesarrollo en América Latina
Andre Gunder Frank
ÍNDICE
Capítulo I: EL DESARROLLO DEL SUBDESARROLLO CAPITALISTA EN CHILE
A. Tesis del subdesarrollo capitalista. 1. La contradicción de la expropiación-apropiación del excedente económico; 2. La contradicción de la polarización metrópoli-satélite; 3. La contradicción de la continuidad en el cambio
B. Las contradicciones capitalistas en América Latina y en Chile
C. América Latina, colonial y capitalista
D. El capitalismo del siglo XVI en Chile: colonización de un satélite
E. El capitalismo del siglo XVII en Chile: desarrollo capitalista "clásico"
F. El capitalismo del siglo XVIII en Chile: resatelización, polarización y subdesarrollo. 1. La polarización internacional a través del comercio exterior; 2. La polarización interior; 3. La polarización latifundio-minifundio; 4. La polarización propietario-trabajador dentro del latifundio; 5. Polarización y subdesarrollo industrial
G. El capitalismo del siglo XIX en Chile: consolidación del subdesarrollo. 1. Tentativas de independencia y desarrollo económico: Portales, Bulnes y Montt; 2. El librecambio y el subdesarrollo estructural; 3. La revolución industrial frustrada: Balmaceda y el salitre; 4. La consolidación del subdesarrollo
H. El siglo XX: amarga cosecha de subdesarrollo. El sector "externo"; El sector "interno"
I. Conclusiones e implicaciones
Capítulo II: EL "PROBLEMA INDÍGENA" EN AMÉRICA LATINA
Capítulo tercero: EL DESARROLLO DEL SUBDESARROLLO CAPITALISTA EN BRASIL
B. El desarrollo del subdesarrollo. 1. El azúcar y el subdesarrollo del Nordeste; 2. Inglaterra y el subdesarrollo de Portugal; 3. El oro y el subdesarrollo de la Región Central; 4. La guerra y el subdesarrollo del norte; 5. El monopolio y el subdesarrollo de la industria; 6. El librecambio y la consolidación del subdesarrollo del Brasil; 7. Resumen: involución pasiva y subdesarrollo
C. El subdesarrollo del desarrollo. 1. El café y la satelización externa; 2. La industria y la satelización polar interna; 3. Las inversiones extranjeras y el subdesarrollo; 4. Crisis en la metrópoli e involución activa en el satélite; 5. La recuperación de la metrópoli de Brasil y la resatelización; 6. El desarrollo colonialista interno y el subdesarrollo capitalista; 7. Desarrollo imperialista y subdesarrollo capitalista
Capítulo cuarto. EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEŃA
A. EL MITO DEL FEUDALISMO. 1. La tesis burguesa; 2. Las tesis marxistas tradicionales; 3. Crítica del mito del feudalismo
B. LA AGRICULTURA CAPITALISTA. 1. Capitalismo y subdesarrollo; 2. Los principios organizativos; 3. Determinación de la producción, la organización y el bienestar en la agricultura; 4. Conclusiones teóricas y políticas; 5. Post scriptum: más pruebas
Capítulo quinto. LA INVERSIÓN EXTRANJERA EN EL SUBDESARROLLO LATINOAMERICANO
B. Del colonialismo al imperialismo. 1. Explotación y acumulación originaria en la colonia; 2. Industrialización, libre comercio y subdesarrollo; 3. Expansión imperialista y subdesarrollo latinoamericano
C. El neoimperialismo y más allá. 1. Crisis en la metrópoli y desarrollo latinoamericano; 2. Expansión de la metrópoli y subdesarrollo de América Latina
APENDICE: LA DEPENDENCIA HA MUERTO. VIVA LA DEPENDENCIA Y LA LUCHA DE CLASES
CRITICAS DE OBRAS DE ANDRE GUNDER FRANK
PREFACIO
Creo, como Paul Baran, que fue el capitalismo mundial y nacional el que generó el subdesarrollo en el pasado y que sigue generándolo en el presente.
Los ensayos que siguen se escribieron en épocas diferentes, en varios países y con diversos propósitos y medios š. Cada uno de ellos se propone, a su modo, esclarecer cómo la estructura y el desarrollo del capitalismo, después de haber permeado y caracterizado, desde hace mucho, a la América Latina y a otros continentes, continúan generando, manteniendo y haciendo más profundo el subdesarrollo.
En esto s estudios, el análisis se centra en y emerge de la estructura metrópoli-satélite del sistema capitalista. Aunque las características, contradicciones y consecuencias del capitalismo aparecen en todos ellos, en cada uno se pone énfasis especial en un rasgo particular del subdesarrollo capitalista. El estudio histórico sobre el subdesarrollo en Chile hace particular hincapié en la pérdida y enajenación del excedente económico durante el proceso del subdesarrollo capitalista, proceso hacia el cual llamó la atención Paul Baran. El breve ensayo en torno al "problema indígena" en América Latina sostiene que su base es la extensión del pillaje capitalista del excedente a las más apartadas capas de la sociedad. Las contradicciones del desarrollo desigual y de la polarización internacional, nacional y regional reciben, a su vez, un análisis más detallado en el estudio del subdesarrollo histórico del Brasil. Finalmente, la naturaleza monopolista de la estructura del capitalismo es el núcleo del análisis del último estudio, acerca del subdesarrollo de la agricultura brasileńa contemporánea. La persistencia de estas contradicciones del capitalismo, que a lo largo de la historia del desarrollo capitalista engendran subdesarrollo, brota de todos los ensayos.
El estudio acerca de Chile incluye el contexto histórico del desarrollo y el subdesarrollo capitalistas y expone detalladamente los rasgos esenciales de la estructura del sistema capitalista en los niveles mundial , nacional y local, rasgos que forman la base teórica de mi tesis general. El acento en la historia se propone demostrar cómo el desarrollo histórico del capitalismo empezó a introducirse , a formar y, en verdad, a caracterizar las sociedades latinoamericana ychilena ya desde la conquista, en el siglo XVI. El ensayo analiza cómo, a lo largo de las centurias siguientes, el capitalismo mundial impuso su estructura ydesarrollo expoliadores a la economía interna de Chile y la integró totalmente con el sistema capitalista mundial, convirtiéndola en un satélite colonial de la metrópoli capitalista extranjera. El estudio sugiere también cómo es que la consecuencia inevitable de esa estructura y evolución capitalista mundial, chilena y local ha sido el desarrollo del subdesarrollo en Chile.
El segundo bosquejo , acerca del llamado "problema indígena " latinoamericano, es parte de un estudio mayor, redactado como informe para la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas. Como tal, su preparación estuvo sujeta a cierta s limitaciones. El ensayo sostiene que esta estructura capitalista es ubicua. Hasta los pueblos indígenas de la América Latina, de cuya supuesta economía de subsistencia se dice a menudo que los margina de la vida nacional, se encuentran totalmente integrados en esa estructura, si bien como víctimas superexplotadas del imperialismo capitalista interno. Siendo ya pactes integrantes del sistema capitalista, la tan frecuente política de tratar de "integrar" a los indígenas latinoamericanos en la vida nacional mediante uno u otro esquema de desarrollo comunal, carece, por ende, de sentido y está destinada a fracasar. El carácter particular del supuesto atraso de los indígenas, lejos de provenir del aislamiento, debe atribuirse a y comprenderse en función de ese mismo sistema estructural capitalista, y de las particulares manifestaciones de subdesarrollo a que da origen en diferentes circunstancias.
El tercer estudio, "El desarrollo del subdesarrollo
capitalista en el Brasil", se preparó en forma de disertaciones para la
conferencia sobre el "tercer mundo" celebrada en la Escuela Nacional de Ciencias
Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de México, en enero de 1965.
Similar en intención al ensayo sobre Chile, este estudio subraya particularmente las inherentes
limitaciones que la estructure y el desarrollo del sistema capitalista imponen
necesariamente el desarrollo industrial y económico de sus miembros satélites.
Pone de relieve también cómo estos países, y en particular sus antiguas regiones
exportadoras principales, como el hoy
El ensayo sobre "El capitalismo y el mito del feudalismo en la agricultura brasileńa" fue escrito en Brasilia, en íntimo contacto con las figuras y las corrientes políticas de esa capital, antes del golpe militar de abril de 1964. Como este ensayo es el primero que escribí, refleja el más bajo nivel de madurez de mi análisis y mis conclusiones. Empero, este ensayo completa a los otros en dos importantes sentidos. Por ser de alcance más limitado y carecer de profundidad histórica puede examinar con más detalle un aspecto particular del subdesarrollo contemporáneo: la estructura comercial monopolista de la agricultura. El ensayo sostiene que, contra la opinión de la mayoría de los investigadores, burgueses y marxistas por igual, el Brasil y otras partes de América Latina, pudiera ańadirse no posee un a "economía dual", ni su sector agrícola es feudal o precapitalista. El análisis procede a demostrar a continuación cómo la ineficiencia y la pobreza, universalmente reconocidas, de la agricultura brasileńa provienen del capitalismo, de la misma estructura monopolista y por ende explotadora que se analiza en otra parte de este libro.
El análisis económico de este ensayo se dirige clara y específicamente a importantes problemas de carácter político. Si, como en él se sugiere, ninguna parte de le economía es feudal y toda ella se integra en un solo sistema capitalista, la opinión de que el capitalismo debe penetrar aún en el resto del país es científicamente inaceptable, y la estrategia política que la acompańa apoyar a la burguesía en su esfuerzo por extender el capitalismo y completar la revolución democrática burguesa es políticamente desastrosa. Desde que este ensayo se escribió, su tesis ha sido confirmada por la historia. La burguesía "nacional" brasileńa, no menos que la "compradora", ha participado plenamente en la dictadura militar neofascista y en los acontecimientos subsiguientes. Es de esperar, no obstante, que dicho análisis pueda servir todavía par a robustecer la base empírica y teórica de la acción política futura necesaria para superar el subdesarrollo del Brasil, del resto de América Latina y de otras regiones.
Estos ensayos no pretenden abarcar todos los problemas
económicos y político s, del desarrollo y
el subdesarrollo capitalistas en Chile, el Brasil o
América Latina, y quizás sea oportuno tomar nota de las importantes cuestiones a
las que prestan poca o ninguna atención. Mi esfuerzo por ver a distancia y
subrayar la continuidad fundamental del proceso del desarrollo y el
subdesarrollo capitalistas me ha llevado a subrayar me nos algunas
transformaciones de lo que probablemente merecen
El esfuerzo por estudiar la estructura colonial metrópoli -satélite y el desarrollo del capitalismo me ha llevado a dedicar poca atención específica a la estructura y desarrollo de las clases. Esto no quiere decir que me proponga reemplazar el análisis de las clases con este análisis colonial. Antes bien, con el análisis colonial intento completar el análisis de las clases y descubrir y hacer resaltar aspectos de la estructura clasista de estos países subdesarrollados que con frecuencia han quedado oscuros. Este es el caso, particularmente, del lugar de la burguesía y la función que puede o no puede desempeńar en el desarrollo económico y el proceso político. No obstante, como en estos ensayos se da preferencia a la estructura colonial, no pueden ser , ni pretenden ser, un instrumento adecuado para examinar la lucha de clases en general e idear la estrategia y tácticas populares para que aquélla se desarrolle, pare destruir el sistema capitalista y, por ende , desarrollar a los países subdesarrollados.
Todos los estudios llegan a una conclusión de primera importancia: el capitalismo nacional y la burguesía nacional no ofrecen ni pueden ofrecer modo alguno de salir del subdesarrollo en América Latina.
Esta conclusión y el análisis en que se
basa tienen importante s implicaciones. Seńalan l a necesidad de que en los países subdesarrollados y socialistas se elaboren la teoría y el análisis capaces de
abarcar la estructura y el desarrollo del sistema capitalista en escala mundial
integrada, y de explicar su contradictoria evolución, la cual genera a la vez
desarrollo y subdesarrollo económico en los niveles internacional, nacional,
local y sectorial. Las categorías teóricas especificas basadas en la experiencia
del desarrollo clásico del capitalismo en los países metropolitanos no son
adecuadas por s í sol as, para esta tarea. Es estéril hablar en términos de una
burguesía o clase industrial nacional que fomenta la economía de un supuesto
"tercer mundo", liberando a su sector capitalista nacional del colonialismo y el
imperialismo metropolitano en lo exterior y expandiéndolo en lo interior hasta
que finalmente penetra y elimina al sector tradicional o feudal de la sociedad y
economía dual. Es vano esperar que los países subdesarrollados de hoy
El análisis y la conclusión tienen, por ende, implicaciones políticas de largo alcance. Si la estructura y el desarrollo del sistema capitalista mundial han incorporado y subdesarrollado desde hace tiempo hasta el más remoto rincón de la sociedad "tradicional" y no dejan ya espacio alguno par a el desarrollo nacional clásico o par a el desarrollo del capitalismo estatal moderno, independiente del imperialismo, la estructura contemporánea del capitalismo no consiente el desarrollo autónomo de una burguesía nacional lo bastante independiente para dirigir un verdadero movimiento de liberación nacional (y, a menudo, hasta par a tomar parte activa en él), o lo bastante progresista p ara destruir la estructura capitalista del subdesarrollo de s u país. Si ha de haber una revolución democrática "burguesa" y si ésta ha de conducir a la revolución socialista y a la eliminación del subdesarrollo capitalista, no puede ser y a la burguesía, bajo ninguno de sus disfraces, la que haga esa revolución. La misión y el papel histórico de la burguesía en la América Latina que era acompańar y promover el subdesarrollo de en sociedad y de si misma han concluido.
En América Latina como en otras partes, la misión de promover el progreso histórico corresponde ahora a las mases populares solamente, y quienes honesta y realísticamente quieran contribuir al progreso del pueblo deben apoyar a aquéllas en su búsqueda del progreso por y para s í mismas. Aplaudir y, en nombre del pueblo, respaldar incluso a la burguesía en su ya desempeńado papel en el escenario de la historia es una perfidia o una traición.
El análisis y las conclusiones de estos estudios envuelven también implicaciones digámoslo de nuevo con palabras de Paul Baran en cuanto a la responsabilidad del intelectual. Mis propias circunstancias sociales e intelectuales son las de la clase media norteamericana, y mi formación profesional la del ala m ás reaccionaria de la burguesía de los Estados Unidos. (Mi principal profesor de teoría económica se convirtió en el principal asesor de Barry Goldwater en su campańa presidencial de 1964.) Cuando hace unos tres ańos vine a América Latina, consideraba su subdesarrollo principalmente en términos de problemas de falta de capital, de instituciones feudales y tradicionales que impedían ahorrar e invertir, de concentración del poder político en manos de oligarquías rurales, y de muchos otros de los supuestos obstáculos, universalmente conocidos, a los que se atribuyen el estancamiento de la s sociedades subdesarrolladas supuestamente tradicionales. Yo había leído a Paul Baran, pero no lo comprendía en realidad, como tampoco al resto del mundo. Loa programas de desarrollo, como inversiones en capital humano y estrategias discontinuas de fomento económico, que mis investigaciones académicas me habían llevado a publicar en revistas profesionales, eran más o menos similares a lo s de mis colegas, aunque yo no llegaba a los extremos de la política monetaria clásica, ni al análisis social en términos de actitudes y motivaciones seudoweberianas y neofreudianas.
Al mismo tiempo, incluso antes de venir a los países subdesarrollados, yo había mantenido siempre en mi vid a personal, fuera de mi carrera de académico profesional, algunas perspectivas y posiciones políticas progresistas. Yo estaba, para decirlo con el título de la autobiografía de mi padre, "a la izquierda, donde está el corazón". Mis opiniones me situaban siempre a la izquierda de casi todos lo s liberales norteamericanos; por ejemplo, yo no dudaba que la Revolución Cubana era digna de apoyo, pero no comprendía su significado. Yo era, fundamentalmente, un irresponsable, un intelectual esquizofrénico: mantenía separadas mis opiniones políticas y m i labor intelectual o profesional, aceptando las teorías científicas más o me nos como me eran entregadas y formando mis criterios políticos en respuesta al sentimiento que los hechos aislados me inspiraban. Como mucho s de mis colegas, yo era un liberal.
Para aprender a realizar investigaciones
sociales dignas de ese nombre, para hacerme más responsable, social y
políticamente, y para atreverme a decir al pueblo de los países subdesarrollados
cuál economía política de crecimiento podía serles útil, tenía que abandonar mis
rumbos liberales y mi ambiente metropolitano e ir a esos países, a aprender allí
la verdadera ciencia
Por ende, otra implicación de estos estudios es que, para ser
responsable tanto intelectual como socialmente y, ańadiría yo, para
ser científicamente adecuado y políticamente efectivo es
necesario, en esta rama de la ciencia y la política, despojarse de los
estereotipos científicos y
Parte de este libro se escribió y preparó
para la imprenta con la ayuda financiera de la Fundación Louis M. Rabinowitz, a
la que quiero expresar mi gratitud por la confianza y la
ayuda que me brindó. Quiero también dar gracias a los amigos y colegas que
leyeron el manuscrito, en todo o en parte, y me hicieron sugerencias útiles: Deodato Riveira, Wanderley Guilherme
y Ruy Mauro Marini, en el Brasil; Enzo Faletto, Clodomiro Almeyda y
Dale Johnson, en Chile; y
ANDRÉ GUNDER FRANK
México, 26 de julio, 1965
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN
A la edición revisada en inglés (en rústica) y a las ediciones en espańol, portugués, francés e italiano, se le ha ańadido el ensayo "La inversión extranjera en el subdesarrollo latinoamericano". Este ensayo, escrito a petición de la Bertrand Russell Peace Foundation en mayo de 1966, en México, no se incluyó en la edición original en inglés por razones técnicas. Sólo se le han hecho ligeras revisiones, para incorporarle algunos datos nuevos que hemos recopilado en los dos ańos posteriores a su publicación.
Su inclusión contribuye a remediar algunas de las omisiones
mencionadas en el prefacio de la primera edición. Este ensayo intenta abordar,
aunque a través de la perspectiva de las inversiones extranjeras, el desarrollo
del subdesarrollo capitalista de América Latina en su conjunto. Es también más
histórico puesto que trata de rastrear la transformación de la economía
latinoamericana a través de las diversas etapas del desarrollo de
su subdesarrollo.
Es un esfuerzo por escribir una breve
Más que los otros ensayos, éste pone de relieve la decisiva importancia del medio siglo inmediatamente posterior a la independencia, en la determinación del destino ulterior de América Latina. Porque durante estos primeros decenios del siglo pasado se libró y se perdió la batalla por la independencia económica latinoamericana. Al igual que América del Norte, América Latina pasó por la experiencia de una guerra civil entre los intereses industriales nacionales y los exportadores agrícolas antinacionales. Pero mientras que en el norte las circunstancias coloniales facilitaban el fortalecimiento de los nacientes intereses industriales lo bastante para ganar esta guerra civil, tanto económica como políticamente, en el sur la inversión extranjera en el subdesarrollo era mucho mayor y llevaba a los intereses nacionalistas a perder esta lucha por la supervivencia... y, al mismo tiempo, su última oportunidad de llegar al desarrollo económico por la vía del capitalismo.
La derrota de los intereses de le industria nacional y la victoria de los intereses antinacionales exportadores de materias primas, franquearon en América Latina la entrada al imperialismo clásico, cuando el desarrollo capitalista mundial propició la oportunidad tanto en la metrópoli como en América Latina. Más que los otros, este ensayo pone asimismo mayor énfasis en la trasformación estructural de la economía y la sociedad latinoamericanas provocada por el crecimiento imperialista. Y al igual que los otros ensayos, éste seńala cómo el subdesarrollo causado por el imperialismo en América Latina allanó el camino al neoimperialismo contemporáneo y a un subdesarrollo estructural aún más profundo, que hoy sólo pueden ser eliminados por medio del socialismo.
Es importante subrayar que se trata de un problema de
subdesarrollo estructural a nivel nacional y local, a pesar de haber sido creado y
Quedan las otras omisiones del libro. Salvo la adición del mencionado ensayo, sólo se han corregido erratas de imprenta y errores del autor. El libro, pues, adolece aún de la falta que se hizo notar en el prólogo de la primera edición de un análisis adecuado de la estructura de las clases en América Latina. Un crítico ha observado un defecto que guarda relación con el anterior: el empleo del enfoque estructural, colonial o neocolonial, que no revela automáticamente cuáles sectores de la población, que son a la ves satélites y metrópoli, son amigos potenciales de la revolución, y cuáles son enemigos ciertos o probables. En efecto, necesitamos saberlo. Pero el enfoque de la estructura de clases no revela inmediata e inequívocamente tampoco este aspecto de la anatomía y la fisiología sociopolíticas. O no habría lento desacuerdo sobre quiénes son amigos y quiénes son enemigos dentro de la izquierda. Eso requiere un análisis y no un esquema general de las colones o las clases. Otro de los recientes ensayos del autor, "żQuién es el enemigo inmediato? América Latina: subdesarrollo capitalista o revolución socialista", intenta dar otro paso hacia el análisis necesario y demuestra cómo la estructura colonial, esencia del presente libro, de hecho ha formado y transformado la estructura de las clases en América Latina y por qué, precisamente, aunque el enemigo principal es el imperialismo, el enemigo inmediato es laburguesía en América Latina (Este ensayo será incluido en un segundo volumen acerca del desarrollo del subdesarrollo en América Latina, de próxima publicación, en el que la estructura de las clases y la política de partidos reciben mayor énfasis.)*
Otro crítico ha
observado que el presente libro proporciona la base
analítica socioeconómica para fundar las conclusiones políticas de Regis
Debray. Ojalá fuera así. Pero el planteamiento general aquí sugerido no
sustituye el análisis. Para distinguir entre amigos y enemigos y encontrar los
medios político-militares con que combatir a los últimos, debemos analizar la
estructura clasista y colonial en momentos y lugares particulares. Y, por
supuesto, debemos luchar, porque la teoría
ANDRÉ GUNDER FRANK
Montreal, 17 de abril de 1968
* Cf. A. Gunder Frank,
James O. Cockcroft, Dale L. Johnson,
A. TESIS DEL SUBDESARROLLO CAPITALISTA
JOSÉ ARMENDÁRIZ Virrey del Perú, 1736
Este ensayo sostiene que el subdesarrollo de Chile es el producto necesario de cuatro siglos de desarrollo capitalista y de las contradicciones internas del propio capitalismo. Estas contradicciones son: la expropiación del excedente económico a los más y su apropiación por los menos; la polarización del sistema capitalista en un centro metropolitano y en satélites periféricos, y la continuidad de la estructura fundamental del sistema capitalista a lo largo de la historia de su expansión y transformación, a causa de la persistencia o reproducción de estas contradicciones en todas partes y en todo tiempo. En mi tesis que estas contradicciones capitalistas y el desarrollo histórico del sistema capitalista han generado subdesarrollo en los satélites periféricos expropiados, a la vez que engendraban desarrollo en los centros metropolitanos que se apropiaron el excedente económico de aquéllos; y además, que este proceso continúa.
La conquista espańola incorporó e integró de lleno a Chile en el expansivo sistema capitalista mercantil del siglo XVI. Las contradicciones del capitalismo han engendrado un subdesarrollo estructural en Chile desde que éste comenzó a participar en el desarrollo de ese sistema universal. Contrariamente a la tan difundida opinión, el subdesarrollo de Chile y de otros países no es un atado de costes original o tradicional, ni una etapa histórica del crecimiento económico por la cual han pasado los países capitalistas hoy desarrollados. Antes bien, el subdesarrollo de Chile y de otros países, no menos que el desarrollo económico mismo, vino a ser a lo largo de los siglos el producto necesario del proceso, plagado de contradicciones, del desarrollo capitalista. Este mismo proceso continúa engendrando subdesarrollo en Chile, y este subdesarrollo no puede ser ni será eliminado con más desarrollo capitalista. En consecuencia, el subdesarrollo estructural continuará siendo engendrado y profundizado en Chile hasta que los chilenos mismos se liberen del capitalismo.
La interpretación que aquí se ofrece difiere no sólo de las interpretaciones generalmente aceptadas de la naturaleza y las causas del subdesarrollo y el desarrollo en general, sino también de las opiniones de importantes comentaristas y analistas de Ia sociedad chilena de ayer y de hoy. Por ejemplo, durante la campańa electoral de 1964 tanto el candidato presidencial democristiano-liberal-conservador como el candidato socialista-comunista dijeron que la sociedad chilena contemporánea contiene elementos "feudales"; en su comentario posterior a esas elecciones, Fidel Castro se refirió también a los elementos "feudales" de Chile, y G. M. McBride, en su libro de bien merecida fama Chile, Land and Society, escrito en los ańos 30, sostuvo que todo Chile adolecía del "dominio de una pequeńa clase de aristócratas terratenientes del viejo orden feudal".
El marxista Julio César Jobet, en su Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile, sugirió que el siglo XIX había presenciado la formación de una burguesía que se levantó "sobre las minas de la economía exclusivamente feudal de la primera parte del siglo XIX (citado por Pinto, 1962)š. Aníbal Pinto, en su fundamental Chile: Un caso de desarrollo frustrado, que desde su aparición en 1957 ha influido en todos los trabajos históricos y económicos acerca de Chile, retrocedió un poco más para sugerir que "la independencia abrió las puertas", no obstante lo cual sostiene que el "comercio exterior pasó a ser la fuerza motriz del sistema económico doméstico" sólo posteriormente, y que hacia finales del siglo XVIII Chile era y continuó siendo una "economía reclusa". Max Nolff, ampliando el análisis de Pinto, formula su teoría del desarrollo industrial chileno en el supuesto de que Chile tuvo durante todo el período colonial una "economía de subsistencia cerrada". Hasta el marxista Hernán Ramírez (1959), cuyos Antecedentes económicos de la Independencia de Chile proporcionen amplia prueba de que los anteriores juicios acerca de Chile en el siglo XVIII y siguientes no están bien fundados, se refiere a una supuesta "tendencia autárquica" en la economía chilena antes de ese tiempo.
De acuerdo con lo que he leído de la historia de Chile y de la de América Latina en general, tales referencias a una economía de subsistencia autárquica, cerrada, reclusa y feudal no representan cabalmente la realidad de Chile y de América Latina desde la conquista del siglo XVI. Además, el no reconocimiento y la incomprensión de la naturaleza y el significado de la economía exportadora capitalista, abierta y dependiente, qua ha caracterizado y plagado a Chile y a sus hermanos a lo largo de la historia posterior a la conquista, conducen inevitablemente e una mala interpretación y comprensión de la verdadera naturaleza del capitalismo de hoy, de las verdaderas causas no sólo del subdesarrollo pasado sino del todavía más profundo del presente, y de los caminos de acción necesarios para eliminar ese subdesarrollo en lo futuro. El esclarecimiento de esas cuestiones es el objeto de este ensayo.
Específicamente, no puedo aceptar los supuestos fundamentos empíricos y, por ende, las formulaciones del problema y de la política para el desarrollo de Chile expuestas por Aníbal Pinto, Max Nolff (este último, principal asesor económico de Allende, candidato presidencial en 1964 de la coalición socialista-comunista), y otros autores vinculados a los principios del análisis de la Comisión Económica para la América Latina de las Naciones Unidas. Estos analistas, partiendo del criterio inexacto de que Chile tuvo en los siglos anteriores a la independencia política una economía de subsistencia cerrada y reclusa, atribuyen el posterior subdesarrollo de la economía chilena al supuesto error de desarrollarse "hacia afuera" en vez de "hacia adentro", una vez que la independencia, según ellos, abrió la puerta en el siglo XIX. De haber escogido entonces Chile el desarrollo capitalista hacia adentro, hoy estaría desarrollado, sugieren dichos autores, quienes asimismo arguyen que Chile podría desarrollarse todavía si se apresurara y por fin se dedicara al desarrollo (todavía capitalista) hacia adentro.
Mi interpretación de la historia chilena y mi análisis del capitalismo me obligan a rechazar tanto la premisa como la conclusión. Por causa, precisamente, del capitalismo la economía de Chile estaba ya subdesarrollándose durante las tres centurias anteriores a la independencia. Y si las innatas contradicciones del capitalismo continúan operando hoy en Chile, como mi análisis sostiene y mi observación confirma, ninguna forma de desarrollo capitalista, hacia afuera o hacia adentro, podrá salvar a Chile del continuo subdesarrollo. En verdad, si el desarrollo hacia afuera dependiente e incompleto ha estado en la entrańa de la economía chilena desde la conquista misma, la supuesta opción al desarrollo capitalista, independiente y nacional hacia adentro no existió siquiera en el siglo XIX. Mucho menos existe hoy.
1. Todas las fuentes entre paréntesis se refieren a la bibliografía citada.
1. La contradicción expropiación-apropiación del excedente económico
La primera de las tres contradicciones a las que atribuyo el desarrollo y el subdesarrollo económico es la expropiación-apropiación del excedente económico. Fue Marx, en su análisis del capitalismo, quien identificó y destacó la expropiación de la plusvalía creada por los productores y la apropiación de la misma por los capitalistas. Cien ańos después, Paul Baran subrayó el papel del excedente económico en la generación de desarrollo económico y también de subdesarrollo. Baran llamó excedente económico "real" a esa parte de la producción que se ahorra y se invierte en realidad (por lo que sólo es una parte de la plusvalía). Baran distinguió también y puso aún más en relieve el excedente económico "potencial" o potencialmente invertible, el cual no está a disposición de la sociedad, porque la estructura monopolista de ésta impide su producción o (de ser producido) es objeto de apropiación y derroche en usos suntuarios. La diferencia entre quienes perciben ingresos altos y bajos y gran parte de la incapacidad de los primeros para canalizar sus ganancias hacia inversiones productivas, puede atribuirse también al monopolio. Por tanto, la no realización y el desaprovechamiento del excedente económico "potencial" en inversiones se debe, esencialmente, a la estructura monopolista del capitalismo. Yo investigo en este trabajo cómo el subdesarrollo de Chile ha resultado de la estructura monopolista del capitalismo mundial.
La contradicción de la expropiación-apropiación monopolista del excedente económico en el sistema capitalista es ubicua, y sus consecuencias, en cuanto a desarrollo y subdesarrollo económico, múltiples y diversas. Para investigar el desarrollo o subdesarrollo de una parte determinada del sistema capitalista mundial, como es Chile o una parte de Chile debemos situarla en la estructura económica de todo el sistema mundial e identificar su propia estructura económica. En este estudio veremos que Chile ha estado sometido siempre a un alto grado de monopolio exterior e interior. Por competitiva que pueda haber sido la estructura económica de la metrópoli en cualquier etapa dada de su desarrollo, la estructura del sistema capitalista mundial total, así como también la de sus satélites periféricos, ha sido sumamente monopolista en toda la historia del desarrollo capitalista. Por ende, el monopolio exterior ha llevado siempre a la expropiación (y, por consiguiente, al desaprovechamiento para Chile) de una parte importante del excedente económico producido en Chile y a la apropiación del mismo por otra parte del sistema capitalista mundial. Específicamente, yo reseńo los hallazgos de dos estudiosos de la economía chilena que trataron de identificar el excedente económico potencial contemporáneo de que se apropian otros y que no está a disposición de Chile.
La estructura capitalista de monopolio y la contradicción entre la apropiación y la apropiación del excedente impregnan toda la economía chilena, tanto la anterior como la presente. En verdad, es esta relación explotadora la que, a modo de cadena, vincula las metrópolis capitalistas mundiales y nacionales a los centros regionales (parte de cuyo excedente se apropian), y éstos a los centros locales, y así a los grandes terratenientes o comerciantes que expropian el excedente de los pequeńos campesinos o arrendatarios y, a veces, de éstos a los campesinos sin tierra a Ios cuales explotan a su vez. En cada eslabón de la larga cadena, los relativamente escasos capitalistas de arriba ejercen un poder monopolista sobre los muchos de abajo, expropiándoles su excedente económico en todo o en parte, cuando a su vez no son expropiados por los aún menos que están encima de ellos, para su propio uso. El sistema capitalista internacional, nacional y local genera así en cada punto desarrollo económico pera los menos y subdesarrollo para los más.
2. La contradicción de la polarización metrópoli-satélite
La segunda y, para nuestro análisis, más importante contradicción capitalista fue introducida por Marx en su examen de la centralización inminente del sistema capitalista. Esta contradicción del capitalismo se manifiesta en la existencia de dos polos: un centro metropolitano y varios satélites periféricos, y fue eso lo que describió el virrey Armendáriz del Perú cuando en 1736 observó que el comercio del imperio capitalista mercantil de Espańa, de su virreinato del Perú dentro de él, y de la capitanía general de Chile dentro de éste, a su vez, era "una paradoja de tráfico y una contradictoria de la opulencia [...] floreciendo con lo que otro se arruina, y arruinándose con lo que otros florecen". Paul Baran observó esta misma contradicción dos siglos después, cuando comentó que "el precepto de la íntima relación entre el capitalismo e imperialismo monopolista de los países adelantados y el atraso económico y social de los países subdesarrollados no constituye más que diferentes aspectos de lo que es, en realidad, un problema global" (Baran, 1957).
Las consecuencias de la contradicción capitalista metrópoli-satélite en cuanto al desarrollo y al subdesarrollo económico están resumidas en los Fundamentos del marxismo-leninismo:
Caracteriza al capitalismo el hecho de que el desarrollo de ciertos países se realiza a costa del sufrimiento y la adversidad de los pueblos de otros países. Por el creciente desarrollo de la economía y la cultura del Ilamado "mundo civilizado", o sea de unas pocas potencies capitalistas de Europa y América del Norte, paga un precio terrible la mayoría de la población del mundo, esto es, los pueblos de Asia, África, América Latina y Australia. La colonización de estos continentes hizo posible el rápido desarrollo del capitalismo en Occidente, pero significó ruina, miseria y una opresión política monstruosa para los pueblos esclavizados. El carácter en extremo contradictorio del progreso donde el capitalismo impera es aplicable incluso a diferentes regiones del mismo país. Al desarrollo comparativamente rápido de las ciudades y los centros industriales acompańan, por regla general, el atraso y la decadencia de los distritos agrícolas (Kuusinen, sin fecha: 247-248).
Así pues, la metrópoli expropia el excedente económico de sus satélites y se lo apropia para su propio desarrollo económico. Los satélites se mantienen como subdesarrollados por falta de acceso a su propio excedente y como consecuencia de la polarización y de las contradicciones explotadoras que la metrópoli introduce y mantiene en la estructura económica interior del satélite. La combinación de estas contradicciones, una vez firmemente implantadas, refuerza los procesos de desarrollo en la cada vez más dominante metrópoli, y los de subdesarrollo en los cada vez más dependientes satélites, hasta que se resuelven mediante el abandono del capitalismo por una o ambas partes interdependientes.
El desarrollo y el subdesarrollo económico son las caras opuestas de la misma moneda. Ambos son el resultado necesario y la manifestación contemporánea de las contradicciones internas del sistema capitalista mundial. El desarrollo y el subdesarrollo económico no son simplemente relativos y cuantitativos porque uno representa más desarrollo que el otro; estén relacionados y son cualitativos por cuanto cede uno es estructuralmente diferente del otro, pero uno y otro son causados por su mutua relación. No obstante, desarrollo y subdesarrollo representan lo mismo, porque son producidos por una sola estructura económica y un proceso capitalista dialécticamente contradictorios.
Por tanto, no se les puede considerar como productos de estructuras o sistemas económicos supuestamente diferentes, o de supuestas diferencias en las etapas de crecimiento económico dentro de un mismo sistema. Un único proceso histórico de expansión y desarrollo capitalista en todo el mundo ha generado simultáneamente y continúa generando desarrollo económico y subdesarrollo estructural.
No obstante, como sugieren los Fundamentos del marxismo-leninismo, la contradicción metrópoli-satélite no sólo existe entre la metrópoli capitalista mundial y los países satélites periféricos, pues se encuentra también entre las regiones de esos mismos países y entre "el desarrollo rápido de las ciudades y los centros industriales y el atraso y la decadencia de los distritos agrícolas". Esta misma contradicción metrópoli-satélite penetra aún más hasta caracterizar a todos los niveles y las partes del sistema capitalista. Esta contradictoria relación entre el centro metropolitano y el satélite periférico, como el proceso de expropiación-apropiación del excedente, recorre todo el sistema capitalista mundial al modo de una cadena, desde su alto centro metropolitano mundial hasta cada uno de los diversos centros nacionales, regionales, locales y empresariales. Una consecuencia obvia de las relaciones externas de la economía del satélite es la pérdida de una parte de su excedente económico a manos de la metrópoli. La apropiación por la metrópoli del excedente económico de este otros satélites tiende a generar desarrollo en la primera, salvo que, como ocurrió en Espańa y Portugal, la metrópoli sea a su vez convertida en satélite y otros se apropien de su excedente antes de que pueda iniciar firmemente su propio desarrollo. En todo caso, la metrópoli tiende a dominar cada vez más al satélite y a hacerlo todavía más dependiente.
Para la generación de subdesarrollo estructural, aún más importante que el drenaje del excedente económico del satélite, después de la incorporación de éste al sistema capitalista mundial, es el infundir a la economía nacional del satélite la misma estructura capitalista y sus contradicciones fundamentales. Esto es, tan pronto como un país o un pueblo es convertido en satélite de una metrópoli capitalista externa, la expoliadora estructura metrópoli-satélite organiza y domina rápidamente la vida económica, política y social de ese pueblo. Las contradicciones del capitalismo se reproducen internamente y generan tendencias al desarrollo en la metrópoli nacional y el subdesarrollo en los satélites internos de éste, como ocurre a nivel mundial, pero con una importante diferencia: el desarrollo de la metrópoli nacional adolece, necesariamente, de limitaciones, entorpecimiento o subdesarrollo que la metrópoli capitalista mundial no conoce, porque la metrópoli nacional es al mismo tiempo satélite, mientras que la metrópoli mundial no lo es. De modo análogo, las metrópolis regionales, locales o sectoriales del país satélite ven limitado su desarrollo por una estructura capitalista que las hace depender de toda una cadena de metrópolis situadas sobre ellas.
Por consiguiente, a menos que se liberen de esta estructura capitalista o que el sistema capitalista mundial sea destruido totalmente, los países, regiones, localidades y sectores satélites estén condenados al subdesarrollo. Esta faceta del desarrollo y del subdesarrollo capitalistas, o sea la penetración de toda la estructura económica, política y social interior por las contradicciones del sistema capitalista mundial, recibe atención especial en este examen de la experiencia chilena, porque plantea el problema del análisis del subdesarrollo y la formulación de un enfoque político y económico que le ponga fin, de modo muy diferente de y, a mi juicio, más realista que otros enfoques de la cuestión.
La disertación precedente sugiere una tesis subsidiaria que envuelve ciertas implicaciones importantes con respecto al desarrollo y el subdesarrollo económico: si la condición de satélite es la que engendra el subdesarrollo, un grado más débil o menor de relaciones metrópoli-satélite puede engendrar un subdesarrollo estructural menos profundo o permitir una mayor posibilidad de desarrollo local. El ejemplo de Chile ayuda a confirmar esta hipótesis. Además, desde una perspectiva mundial, ningún país que haya estado firmemente atado como satélite a una metrópoli, a través de su incorporación al sistema capitalista mundial, ha alcanzado nunca la categoría de país económicamente desarrollado sin abandonar el sistema capitalista. Ciertos países, notablemente Espańa y Portugal, que fueron parte en un tiempo de la metrópoli capitalista del mundo, se convirtieron sin embargo en naciones subdesarrolladas por haberse convertido en satélites comerciales de la Gran Bretańa a partir del siglo XVIIš. Es también significativo, para la confirmación de nuestra tesis, el hecho de que los satélites, característicamente, han disfrutado de sus temporales auges de desarrollo durante guerras o depresiones en las metrópolis, que momentáneamente debilitaron o aflojaron su dominio sobre la vida de aquéllos. Como más adelante veremos, el mayor aislamiento en que estaba Chile de la metrópoli espańola, con relación a otras colonias, y su menor grado de interdependencia con Espańa y de dependencia de ella en tiempos de guerra o depresión, contribuyeron materialmente a fortalecer los intentos chilenos de desarrollo a lo largo de los siglos.
1. El desarrollo de las ex colonias británicas en América del Norte y en Oceanía fue posible porque los nexos entre ellas y la metrópoli europea no igualaron nunca la actual dependencia de los países subdesarrollados de América Latina, África y Asia. La industrialización del Japón después de 1868 debe atribuirse al hecho de que era entonces el único país importante no incorporado aún al sistema capitalista mundial; no había empezado, por ende a subdesarrollarse. De igual modo, el hecho de que Tailandia esté hoy menos subdesarrollado que otros países del sureste de Asia se debe a que, a diferencia de los otros países, no fue nunca colonia, hasta que el reciente advenimiento de Ia "protección" de los Estados Unidos inició allí también el subdesarrollo.
3. La contradicción de la continuidad en el cambio
Las dos contradicciones precedentes sugieren una tercera contradicción del desarrollo y el subdesarrollo económico capitalista: la continuidad y ubicuidad de sus elementos estructurales a lo largo de la expansión del sistema capitalista en todo tiempo y lugar. Como lo dijo Engels, "hay contradicción en que una cosa siga siendo la misma pese a cambiar constantemente". Aunque la estabilidad y continuidad estructural puede haber caracterizado o no al desarrollo capitalista "clásico" en la metrópoli europea, el sistema capitalista, a través de su expansión y desarrollo en escala mundial, mantuvo en conjunto su estructura esencial y engendró las mismas contradicciones fundamentales. Y esta continuidad de la estructura y las contradicciones del sistema capitalista mundial son los factores determinantes que tenemos que identificar y comprender si queremos analizar y combatir eficazmente el subdesarrollo de la mayor parte del mundo actual.
Por esta razón hago hincapié en la continuidad de la estructura capitalista y en su generación de subdesarrollo más que en los muchos cambios y transformaciones históricos, indudablemente importantes, por los cuales Chile ha pasado dentro de esta estructura. Mi propósito general es contribuir a la formulación de una teoría general más adecuada del desarrollo económico capitalista y, particularmente, del subdesarrollo, no acometer el estudio detallado de la realidad chilena pasada y presente.
Mi insistencia en la contradicción del cambio continuo implica que la misma no se ha resuelto en Chile. Lo que no quiera decir que no pueda resolverse. Mi revisión de la historia del desarrollo capitalista en Chile revela que en el transcurso del tiempo se han resuelto varias contradicciones imponentes. Aunque pueda haberse creído, en la época de la independencia, por ejemplo, que los acometimientos habían llevado o llevarían a la resolución de la contradicción fundamental que determina el curso de la historia chilena, no ha sido este el caso. Es importante, por ende, comprender las verdaderas contradicciones menores que se resuelven más fácilmente y a menor costo, pero que en última instancia no cambian nada esencial y a la larga hace más costosa y/o más distante lo resolución de las contradicciones fundamentales. Creo que varios caminos de acción contemporáneos para la "liberación" de los países subdesarroIlados y la eliminación del subdesarrollo, por bien intencionados que sean quienes los proponen, empeoran las cosas a la larga (y a menudo a la corta también). La comprensión de las realidades del capitalismo y el subdesarrollo no basta, desde luego, pero es sin duda esencial; no puede tener éxito ninguna revolución que carezca de una teoría revolucionaria adecuada. He ahí lo que me propongo.
Con la continuidad se relaciona también la discontinuidad. Mi análisis de la experiencia chilena sugiere qué puede haber habido oportunidades en que incluso ciertos cambios estructurales dentro de la estructura capitalista de Chile podían haber alterado materialmente el curso de la posterior historia del país. Cuando tales cambios no se efectuaron, o los esfuerzos por llevarlos a cabo no se realizaron como las circunstancias del momento requerían, esas oportunidades como la inversión del excedente económico producido por las minas de salitre de Chile se perdieron para siempre. La experiencia de Chile sugiere que la historia de la evolución del subdesarrollo en muchas partes del mundo fue y todavía es probablemente jalonada por desaprovechamientos semejantes de las oportunidades de eliminar o reducir los sufrimientos creados por el subdesarrollo.
B. LAS CONTRADICCIONES CAPITALISTAS EN AMÉRICA LATINA Y EN CHILE
El proceso histórico de la expansión y desarrollo del capitalismo sobre la faz del globo creó toda una serie de relaciones metrópoli-satélite eslabonadas entre sí como la cadena de la apropiación del excedente que antes se mencionó, pero también en las más complejas y diversas formas que adelante se indicarán. No es este el lugar para inquirir acerca de los orígenes históricos, en la Europa medieval, del sistema capitalista que en siglos recientes se extendió desde allí a todos los rincones de la tierra, aunque tal pesquisa es importante sin duda pare comprender el carácter esencial del sistema capitalista-imperialista del mundo contemporáneo y los problemas de desarrollo y subdesarrollo económico que engendró y sigue engendrando. Tal vez baste observar que desde ciudades de Italia, como Venecia, y después de Iberia y del noroeste de Europa, se extendió una red comercial que en el siglo XV abarcó el mundo mediterráneo, partes del África subsahariana y las islas atlánticas adyacentes, las Indias occidentales, América y parte de las Indias orientales y de Asia en el siglo XVI, los otros abastecedores africanos del centralizado comercio de esclavos y la economía de la Europa occidental y posteriormente de la América del norte también, en los siglos XVI a XVIII, y el resto de África, Asia, Oceanía y la Europa oriental en las centurias siguientes, hasta que toda la faz del globo quedó incorporada en un solo sistema orgánico, mercantilista o mercantil-capitalista, y después también industrial y financiero, cuyo centro metropolitano se desarrolló en la Europa occidental primero y en la América del norte después, y cuyos satélites periféricos se subdesarrollaron en todos los demás continentes.
Los indígenas y los negros de la América del norte evidentemente sufrieron la misma relación de dependencia, mientras que los inmigrantes blancos pero no, naturalmente, la población indígena de Oceanía y hasta cierto punto de África del sur puede decirse que en cierta medida quedaron incluidos en la metrópoli capitalista mundial.
La América Latina se convirtió en un satélite o conjunto de satélites periféricos de la metrópoli ibérica y europea. En alianza con sus aprovechados monarcas, el capital mercantil espańol, el portugués, como también el italiano y el holandés, partiendo de la península ibérica en busca de rutas comerciales hacia las Indias y el oro, conquistaron algunas avanzadas en las Antillas y en la costa americana y las convirtieron en satélites comerciales suyos por medio de la guerra, la toma de esclavos, el pillaje, la creación de empresas de exportación minera y agrícola alimentada, por esclavos y, gradualmente, también por medio de las relaciones mercantiles. Estos satélites militares, productores y mercantiles de la metrópoli ibérica sirvieron luego de trampolines para la conquista y el establecimiento de nuevas avanzadas satélites en la tierra firme americana, las que a su vez se emplearon pare conquistar e incorporar a los que habían de convertirse en satélites continentales aún más distantes (en parte, de los satélites antes citados, que llegaron a ser sus metrópolis, y en parte de la metrópoli europea directamente). Así pues, al igual que otros pueblos y continentes, todo el continente latinoamericano y sus pueblos quedaron convertidos en una serie de constelaciones económicas menores, cada una con su propia metrópoli menor y sus propios satélites menores, componiéndose éstos a su vez de todavía más metrópolis y satélites; pero todos ellos dependiendo directa o indirectamente del centro metropolitano europeo. Éste se trasladó primero a los Países Bajos y luego a Inglaterra (la cual se apropiaba del excedente hispanolusoamericano y de otros excedentes económicos para su propia acumulación de capital y su posterior industrialización), convirtiéndose así Espańa y Portugal en satélites del centro metropolitano británico.
Al principio, la metrópoli final de Chile fue Espańa. El hecho de que la misma Espańa se convirtiera luego en satélite de la Europa noroccidental, particularmente Inglaterra, influye en mi análisis; pero en un ensayo dedicado específicamente a Chile sólo necesito tener en cuenta ésta y otras transformaciones del sistema capitalista mundial en la medida en que influyen directamente en el proceso chileno. La estructura económica de Chile, tanto nacional como internacional, ha sido profundamente afectada, incluso determinada, por la estructura y las transformaciones del sistema capitalista mundial en su conjunto. Dentro de los límites de este ensayo debemos, sin embargo, tomar estos últimos cambios principalmente como "datos". Las mismas consideraciones valen, desgraciadamente, para la aparición y la desaparición de Lima como centro metropolitano también satélite dependiente de la metrópoli europea, y del cual Chile dependía más directamente.
Chile llegó a tener su propia metrópoli en Santiago y en el puerto de Valparaíso. Expandiéndose desde este centro, los intereses mineros, agrícolas, mercantiles y estatales incorporaron al resto del territorio y del pueblo chilenos en la expansiva economía capitalista y los convirtieron en satélites periféricos de Santiago. En relación con el centro metropolitano nacional, podemos considerar como satélites periféricos a los centros mineros, los centros comerciales, los centros agrícolas y, a veces, los centros militares de la frontera. Pero éstos, a su vez, se convirtieron (a veces permanentemente) en metrópolis o micrometrópolis de sus respectivas regiones interiores, poblaciones, minas, valles agrícolas o latifundios todavía mas pequeńos, que fueron a su vez micrometrópolis de sus periferias.
Una de las tesis principales de este ensayo es que esta misma estructura se extiende desde el centro macrometropolitano del sistema capitalista mundial hasta los obreros agrícolas más supuestamente aislados, los cuales, mediante esta cadena de relaciones metrópoli-satélite están atados a la metrópoli mundial y, por ende, incorporados al sistema capitalista mundial en su conjunto. La naturaleza y el grado de estas ataduras difieren en tiempo y lugar, y estas diferencias producen disimilitudes importantes en las consecuencias económicas y políticas a que dan origen. Tales diferencias deben ser finalmente estudiadas caso por caso. Pero estas disparidades entre las relaciones y sus consecuencias no salvan su similaridad esencial, por cuanto todas ellas, en una u otra medida, se fundan en la explotación del satélite por la metrópoli o en la tendencia de la metrópoli a expropiar y hacer suyo el excedente económico del satélite.
Son varias las relaciones metrópoli-satélite de este tipo. Tenemos, por ejemplo, la relación entre la fértil e irrigada tierra llana de un valle cultivable y la de las colinas que lo circundan, menos productivas agrícolamente o menos valiosas comercialmente; entre las tierras de la cabecera de un río, favorecidas por un sistema de irrigación gravitacional, y las tierras menos favorecidas de la parte baja del río; entre los latifundios y los minifundios que los rodean; entre la empresa latifundista manejada por su propietario o por un administrador y las empresas aparceras o arrendatarias que dependen de ella; incluso entre el campesino (o empresa) arrendatario y los asalariados permanentes u ocasionales qua pueda emplear; y, por su puesto, entre cada serie de metrópolis y cada serie de satélites de una a otra parte de esta cadena. Fundamentalmente, las mismas relaciones operan entre la gran firma industrial (a menudo "moderna" o "eficiente") y las empresas más pequeńas que le suministran elementos para su proceso de fabricación, o productos para sus agencias de venta; entre los grandes comerciantes y financistas y los pequeńos comerciantes y prestamistas, entre los comerciantes urbanos y los terratenientes traficantes y los pequeńos productores o consumidores rurales que dependen de aquéllos para venderles sus productos o para setisfacer sus necesidades de producción, consumo, crédito y otras.
Podemos apuntar sucintamente algunas de las condiciones de control monopólico relacionadas con la expropiación de los más por los menos que encontramos una y otra vez en nuestro examen de la historia chilena. Las fuentes del poder monopolista ejercido sobre el excedente económico chileno que se transfiere al extranjero son más evidentes, quizás, que las de sus semejantes nacionales. Aunque el producto principal de la exportación de Chile ha cambiado varias veces durante le historia del país, cada vez ha sido este sector exportador la fuente principal del excedente económico potencialmente invertible, y cada vez este sector exportador ha estado bajo el dominio de intereses extranjeros. Extranjeros han sido los propietarios de las minas que producían el excedente. Y cuando no eran los dueńos de las minas o de la tierra que daban el producto de exportación, los extranjeros se apropiaban gran parte del excedente mediante el ejercicio de un poder de compra monopólico sobre el producto en cuestión, y el monopolio de su venta en otra parte. Por ańadidura, los extranjeros han poseído o controlado una gran proporción de los almacenes, el transporte, los seguros y otros servicios relacionados con la exportación de la principal mercancía productora de plusvalía. En ocasiones los extranjeros han monopolizado o controlado el abastecimiento de los factores de producción que requería la mercancía exportable. Los extranjeros se han valido e menudo de su poder financiero y de su mayor integración mundial vertical u horizontal, de la industria de la que el producto chileno formaba parte. Similar posesión o control monopólico ha existido sobre otras industrias chilenas, además de la primaria de exportación.
Por medio del monopolio colonial o del "librecambio" basado en la superioridad tecnológica y/o financiera, los extranjeros han disfrutado también a menudo de posiciones monopolistas, en la esfera de la exportación de mercancías a Chile. Estas relaciones de las empresas comerciales extranjeras con sus socios chilenos, de las que resulta la explotación de los últimos por las primeras, permitieron a los intereses extranjeros controlar a los diversos intereses chilenos, tanto en lo político como en lo económico. Cuando esta relación económica no fue suficiente para dar a los extranjeros el grado de control que deseaban, le completaron a menudo con la fuerza política y militar.
En el plan nacional se dan formas análogas y de otro tipo de dominio monopolista, y de ellas resulta asimismo la expropiación del excedente económico producido por los más en los niveles inferiores, y su apropiación por los menos en los altos niveles de la economía nacional chilena. Siempre ha habido un grado mayor o menor de concentración monopolista de la propiedad y dominio de los principales medios de producción de la industria y de la agricultura, de los servicios de transporte y almacenamiento de los canales del comercio y, lo que probablemente es más importante, de la banca y otras instituciones financieras, así como también de las principales posiciones económicas, políticas, civiles, religiosas y militares de la economía nacional y la sociedad chilena. En verdad, el grado de concentración monopolista, a lo largo de la historia de Chile y de otros países subdesarrollados, probablemente ha sido siempre mayor que en los países desarrollados, en épocas recientes.
En nuestro análisis de la historia chilena hemos encontrado una y otra vez que los exportadores e importadores extranjeros o nacionales, así como otros grandes comerciantes y financistas, dominan y se apropian el capital de los comerciantes relativamente menores de la capital de la nación y los de las regiones. Estos últimos, a su ves, se alzan sobre los comerciantes, los productores y los consumidores, a quienes explotan directa o indirectamente gracias a nuevas series de relaciones en las que un capitalista aniquila a muchos. Aparte la más obvia expropiación de los productores por los poseedores del capital, podemos distinguir también otros tipos de apropiación, por uno o varios capitalistas, del capital y el excedente de muchos. Esta contradicción existe asimismo entre una empresa industrial o agrícola relativamente grande y sus productores agrícolas, quienes dependen de la oferta de parte de lo que consumen o de la demanda de parte de lo que producen, o necesitan capital, crédito, canales de venta, intervención política y otros servicios en general. Todas estas relaciones económicas dentro del sistema capitalista internacional, nacional, local y sectorial se caracterizan de manera típica por la contradicción expropiación-apropiación vinculada a los elementos monopolistas de las relaciones mismas y a la estructura o red económica que éstas forman en su conjunto.
Cada una de estas relaciones o constelaciones metrópoli-satélite, cualesquiera sean los otros sentimientos o relaciones que puedan contener, se apoyan en una fuerte y a la larga determinante base económica comercial. Toda la red de relaciones metrópoli-satélite, o todo el universo de constelaciones económicas, surgió por razones esencialmente económicas y comerciales. Digamos lo que digamos de la metrópoli capitalista, primero comercial, luego industrial, después financiera, el carácter esencial de las relaciones metrópoli-satélite, en la periferia del sistema capitalista mundial, sigue siendo comercial, por más "feudales" o personales que parezcan estas relaciones. Es a través de estos nexos económicos y también, por supuesto, de los nexos políticos, sociales y culturales, que el asalariado ocasional se vincula, en la mayoría de lo casos de hecho, con el campesino arrendatario que lo emplea (o, con más frecuencia, directamente con el dueńo de la tierra), el arrendatario con el terrateniente y con el comerciante (o ambas cosas), que está a su vez relacionado con el mayorista de la metrópoli comercial (o a veces a un gran comerciante nacional o internacional), que tiene vinculaciones con la metrópoli nacional industrial, financiera, comercial e importadora, finalmente vinculada con el centro mundial, de modo que el último miembro y el más "aislado" se conecta con la cúspide capitalista mundial.
Cada una de estas relaciones entre satélite y metrópoli es, en general, un cauce a través del cual el centro se apropia de una parte del excedente económico de los satélites. De este modo, aunque en parte es expropiado en cada peldańo de la escalera, el excedente económico de cada uno de los satélites menores y mayores gravita hacia el centro metropolitano del mundo capitalista.
C. AMÉRICA LATINA, COLONIAL Y CAPITALISTA
Las tres contradicciones del capitalismo, la expropiación-apropiación del excedente, la estructura centro metropolitano-satélite periférico y la continuidad en el cambio, hicieron su aparición en América Latina en el siglo XVI y desde entonces han caracterizado a este continente.
América Latina fue conquistada y su pueblo colonizado por la metrópoli europea para expropiar el excedente económico de los trabajadores del satélite y apropiárselo para su acumulación de capital, iniciando con ello el presente subdesarrollo del satélite y el desarrollo económico de la metrópoli. La relación capitalista metrópoli-satélite entre Europa y América Latina fue establecida por la fuerza de las armas. Y por esta misma fuerza, así como por la fuerza de la creciente vinculación económica y de otro tipo, se ha mantenido esta relación hasta hoy. Las principales transformaciones ocurridas en América Latina en los cuatro últimos siglos han sido producto de sus respuestas a las influencias económicas, políticas y otras que, o bien partieron de la metrópoli, o bien surgieron de la estructura metrópoli-satélite. Excepto en la Cuba postrevolucionaria, todos estos cambios no han alterado las esencias de esa estructura.
Marx observó que "la historia moderna del capital comienza con la creación, en el siglo XVI, de un comercio y un mercado mundialmente expansivos". (Marx, I:146.) Después de Marx, la contradicción capitalista de la expropiación-apropiación fue subrayada, entre otros, por Werner Sombart y Henri Sée. Este último escribe en su Orígenes del capitalismo moderno:
Las relaciones internacionales constituyen el fenómeno principal que uno encuentra cuando trata de comprender la causa de la acumulación primaria del capital (...). La más fecunda fuente del capitalismo moderno se halla, sin duda, en los grandes descubrimientos marítimos (...). Los orígenes del comercio colonial consisten ante todo, como dice Sombart, en la expropiación de los pueblos primitivos, incapaces de defenderse contra los ejércitos invasores. Mediante verdaderos actos de piratería, los mercaderes europeos obtuvieron enormes ganancias (...). No menos lucrativas fueron las prácticas de trabajo forzoso que Ios europeos exigieron de los aborígenes de las colonias (...) y de los negros importados de África por los tratantes de esclavos, comercio criminal éste, pero que creó, no obstante, enormes riquezas (...). Debemos reconocer que esta fue una de las fuentes (...) del capitalismo. (Sée, 1961: 26, 40.)
La conquista y la incorporación a la estructura metrópoli-satélite del capitalismo fueron más rápidas y llegaron más lejos en la América Latina que en otras partes. żRazones? El oro, el azúcar y la expropiación de ambos a los satélites latinoamericanos y su apropiación por la metrópoli europea y, más tarde, también por la norteamericana. Así, Sergio Bagú escribe en su clásico Economía de la sociedad colonial-Ensayo de Historia comparada de América Latina:
"La revolución comercial, que se inicia en el siglo XV, al multiplicar el capital mercantil y estimular su vocación internacionalista, vinculó la suerte de un país con la de otro, intensificando su interdependencia económica". "La economía que las metrópolis ibéricas organizaron en América fue de incuestionable índole colonial, en función del mercado centro-occidental europeo. El propósito que animó a los productores luso-hispanos en el nuevo continente tuvo el mismo carácter. No fue feudalísmo Io que apareció en América en el período que estudiamos, sino capitalismo colonial... Iberoamérica nace para integrar el ciclo feudal". "Si alguna característica bien definida e incuestionable podemos encontrar en la economía colonial es la de la producción para el mercado. Desde los primeros tiempos del régimen hasta sus últimos días, ella condiciona toda la actividad productiva"... "Es así como las corrientes que entonces predominaban en el mercado internacional europeo constituyen elementos condicionantes de primera importancia en la estructuración de la economía colonial. Esto es, por otra parte característico de todas las economías coloniales, cuya subordinación al mercado extranjero ha sido y sigue siendo el principal factor de deformación y aletargamiento".
La penetración capitalista, además de convertir a la América Latina en satélite de Europa, introdujo pronto en ella esencialmente la misma estructura metrópoli-satélite que caracterizaba las relaciones latinoamericanas con Europa. El sector que explotaba las minas y exportaba los minerales fue el alma de la economía colonial, y aunque nunca dejó de ser un satélite de la metrópoli europea se convirtió en todas partes en un centro metropolitano del resto de la economía y la sociedad nacional. Surgió o se creó una serie de sectores y regiones satélites pera abastecer a las minas de madera y de combustible, a los mineros de comida y ropa, y a los ociosos dueńos de minas, comerciantes, funcionarios, clérigos, militares y gorrones, de la parte de los elementos de su vida parasitaria que no importaban de la metrópoli con el producto del trabajo forzoso indígena e importado. Creció de este modo una economía ganadera, triguera y textil que no era menos comercial y sí más dependiente que la economía minera misma.
El ganado, que entonces era una fuente de bienes de consumo y exportación mucho más importante que ahora, y el trigo, renglón principal de la hacienda espańola, se produjeron desde el principio en grandes haciendas que espańoles y criollos poseían y administraban. Los primeros trabajadores fueron, por fuerza, esclavos, después indígenes encomendados o sujetos a la mita; más tarde brazos alquilados, obligados a la servidumbre por deudas o por diversos contratos de aparcería que aseguraban su permanente disponibilidad. La tierra, al principio en gran parte inútil para los espańoles, pero después progresivamente buscada y más valiosa a medida que el valor comercial de sus productos aumentaba, se adquiría por merced, por conquista, por expulsión de los indígenas de sus tierras comunales, y posteriormente de los mestizos y hasta de los pobladores blancos de sus predios, ocupándose primero la tierra secuestrada y legalizándose después la ocupación mediante soborno y falsificación de documentos, a menudo mediante compra o embargo por deudas del propietario anterior, o por diversos medios fraudulentos, pero nunca, debe observarse, por encomienda, pues ésta sólo otorgaba derechos sobre los indígenas y no sobre la tierra.
Los monarcas sólo concedían tierras a quienes se hacían acreedores a ello por vivir en la capital de la colonia o de la provincia. A menudo los propietarios de tierra no se distinguían de los poseedores de derechos exclusivos sobre el comercio internacional o interior, la explotación de minas, los medios de transporte, el capital usurario, los empleos civiles y religiosos y otras fuentes de privilegios.
La propiedad privada surge, pues, en circunstancias favorables para que cambie de manos; sus títulos se heredan, se negocian, se transfieren por compraventa; los compradores surgen entre Ios funcionarios (cuyos buenos sueldos les permiten disponer de dinero, tan escaso entonces) y entre quienes han logrado enriquecerse con rapidez gracias al comercio y, sobre todo, a las minas de oro y plata. Es lógico, por tanto, que encomenderos funcionarios fuesen los primeros propietarios rurales e iniciaran un lento proceso de acumulación de tierras que alcanzará su apogeo en el siglo XVII (Céspedes, 1957): III, 414).
Fue el nexo monetario y la dura realidad económica en que se apoyaba, y no principalmente las tradiciones, los principios o las relaciones sociales aristocráticas o feudales, lo que rigió en América Latina desde el comienzo. Y fue la concentración estructural de la propiedad, del predominio y del capital la que también concentró la tierra, los brazos encomendados, el comercio, las finanzas y los empleos civiles, religiosos y militares en unas pocas manosš. El poder del capital monopolista predominó desde el principio y continúa predominando. La sede geográfica, económica, política y social de esta apropiación y acumulación monopolista de capital fue, por supuesto, la ciudad y no el campo, por mucho que éste haya sido la fuente de la riqueza.
La ciudad colonial vino a ser el centro metropolitano interior predominante, y el campo el satélite periférico dependiente. Al mismo tiempo, el dominio y la aptitud para el desarrollo económico de la ciudad latinoamericana fueron coartados desde el principio, pero no por su región satélite o alguna supuesta estructura feudal de aquélla (antes bien, la estructura del campo fue y sigue siendo la fuente principal del desarrollo económico urbano), sino por su propia condición de satélite de la metrópoli mundial extranjera. En cuatrocientos ańos ninguna metrópoli latinoamericana ha superado esta limitación estructural de su desarrollo económico. Un investigador de la América Central observa:
"La posición privilegiada de la ciudad tiene su origen en la época colonial. Fue fundada por el conquistador para cumplir las mismas funciones que todavía cumple en la actualidad: las de incorporar al indígena en la economía traída y desarrollada por ese conquistador y sus descendientes. La ciudad regional era un instrumento de conquista y es aún en la actualidad de dominación". (Stavenhagen, 1963: 81.)
De dominación, empero, no sólo de su propio grupo gobernante sino también de la metrópoli imperialista, cuyo instrumento es la ciudad latinoamericana, con su disperso sector terciario "de servicios".
Una vez introducidas en la América Latina, en los niveles internacional y nacional, las contradicciones capitalistas de la polarización y la expropiación-apropiación, sus consecuencias necesarias, esto es, desarrollo limitado o subdesarrollo en las metrópolis del continente y desarrollo del subdesarrollo estructural, lejos de retardar su aparición varios siglos, hasta después de la revolución industrial inglesa, como con tanta frecuencia se sugiere, comenzaron a generarse y brotar desde luego. Bajo el subtítulo de "Dinámica de las economías coloniales", Aldo Ferrer confirma nuestra tesis en La economía argentina, las etapas de su desarrollo y problemas actuales:
"Si se pretende determinar cuáles fueron las actividades económicas dinámicas en la economía colonial, deben recordarse las características de la economía de la época y se concluye qua fueron aquellas estrechamente ligadas al comercio exterior. La minería, los cultivos tropicales, las pesquerías, la caza y la explotación forestal, dedicadas fundamentalmente a la exportación fueron las actividades expansivas que atrajeron capital y mano de obra. En estos casos, (economías coloniales) la producción se realizaba generalmente en unidades productivas de gran escala, sobre la base de trabajo servil. Los grupos de propietarios y comerciantes vinculados a las actividades exportadoras eran, lógicamente, los de más altos ingresos, conjuntamente con los altos funcionarios de la Corona y del clero (que muchas veces consiguieron sus puestos por la compra de los mismos). Estos sectores constituían la demanda dentro de la economía colonial y eran los únicos sectores en condiciones de acumular. Forzando el concepto, constituían al mismo tiempo el mercado interno colonial y la fuente de acumulación de capital.
En estas condiciones, al mismo tiempo que el sector exportador era muy poco diversificado, la composición de la demanda tampoco favorecía la diversificación de la estructura productiva interna. Cuanto más se concentraba la riqueza en un pequeńo grupo de propietarios, comerciantes e influyentes políticos, mayor fue la propensión de adquirir los bienes manufacturados de consumo y durables (consistentes en buena proporción de bienes suntuarios de difícil o imposible producción interna) en el exterior, y menor fue la proporción del ingreso total de la comunidad gastado internamente... El sector exportador no permitía, pues, la transformación del sistema en su conjunto, y una vez que la actividad exportadora desaparecía, como ocurrió con la producción azucarera del noreste del Brasil ante la competencia de la producción antillana, el sistema en su conjunto se desintegraba y la fuerza de trabajo volvía a actividades de neto carácter de subsistencia. Independientemente de las restricciones que las autoridades solían imponer sobre las actividades que dentro de las colonias competían con las metropolitanas, poca duda cabe que tanto la estructura del sector exportador como la concentración de la riqueza constituyeron obstáculos básicos para la diversificación de la estructura productiva interna, la elevación consecuente de los niveles técnicos y culturales de la población y el surgimiento de grupos sociales vinculados a la evolución del mercado interno y a la busqueda de líneas de exportación no controladas por la potencia metropolitana. Este chato horizonte del desarrollo económico y social explica buena parte de la experiencia del mundo colonial americano y, notoriamente, de las posesiones hispano-portugueses". (Ferrer, 1963: 31-32).
Poniendo en mis propios términos las observaciones y el análisis de Ferrer, se puede observar cómo el establecimiento de la estructura metrópoli-satélite entre Europa y las colonias latinoamericanas, y dentro de estas mismas, sirvió para fomentar desde luego un desarrollo limitado o subdesarrollo en la metrópoli colonial (nacional después) y un subdesarrollo estructural en los satélites periféricos de estas metrópolis coloniales. Bagu y Ferrer observan que la exportación del excedente económico de las colonias fue la causa y la fuerza motriz que las llevó a ser partes integrantes del expansivo sistema capitalista mundial. Como anota Ferrer explícitamente, el sector dinámico de las colonias o satélites fue el de la exportación, es decir, la metrópoli interior. Desde el principio mismo, esta metrópoli interior y más tarde nacional expropió el excedente económico de sus satélites periféricos y, sirviéndose de esta metrópoli interior como instrumento de expropiación, la metrópoli mundial se apropió a su vez de gran parte de ese mismo excedente económico. Algo de este excedente económico de las periferias provinciales quedó, por supuesto, en las diversas metrópolis latinoamericanas. Es decir, como seńala Ferrer, el producto interno se concentró allí, como también, en consecuencia, la actitud nacional para el consumo y la inversión o la acumulación. Pero la misma estructura metrópoli-satélite, cuyo desarrollo, en primer lugar, dio existencia a la América Latina que conocemos, creó y sigue creando en estas metrópolis latinoamericanas (quizás aún más ahora) intereses que indujeron a sus grupos dirigentes a satisfacer por medio de importaciones gran parte de su concentrada demanda de consumo.
Esta estructura conspiró también contra la inversión por aquéllos del excedente económico apropiado de sus compatriotas, en fábricas para su propio consumo o para la exportación, y mucho menos, por supuesto, para el consumo de los expropiados. Las consecuencias de la estructura metrópoli-satélite del capitalismo internacional sobre la estructura y el proceso capitalista nacional no se resumen únicamente, por tanto, en la apropiación por la metrópoli mundial del excedente de los centros nacionales, que además de ser satélites de aquélla son metrópolis de sus respectivos satélites periféricos, de cuyo excedente económico se apropian a su vez. Los efectos del capitalismo mundial y nacional calan más hondo y conducen a la orientación errónea y el mal empleo hasta del excedente que queda a disposición del satélite.
Esta ha sido, pues, la regla del desarrollo económico y, simultáneamente, del subdesarrollo a lo largo de la secular historia del capitalismo. Si los grupos gobernantes de los países satélites han encontrado provechoso, de vez en cuando, adoptar un grado relativamente mayor de industrialización y desarrollo autónomos, como ocurrió en el siglo XVII y varias veces después, no fue porque hubiese cambiado la estructura esencial del sistema capitalista mundial sino únicamente porque el grado de dependencia de las metrópolis mundiales había menguado temporalmente, debido al accidentado desarrollo del belicoso sistema capitalista mundial. Durante las depresiones y las guerras, el desarrollo industrial y económico de los satélites latinoamericanos tomó impulso, sólo para ser cercenado de nuevo o reencauzado en el subdesarrollo por la subsiguiente recuperación y expansión de la metrópoli, o por el restablecimiento de la integración activa de ésta con sus satélites.
Vale decir que en el conjunto de América Latina, las tres contradicciones del capitalismo hicieron su aparición desde el principio y comenzaron a ejercer sus inevitables efectos. A despecho de todas las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales por las que han pasado la América Latina y Chile desde el período inmediatamente posterior a la Conquista, han retenido los elementos de la estructura capitalista que la colonización implantó en ellas. La América Latina, lejos de haber superado recientemente o de no haber superado aún el feudalismo (que, en realidad, nunca conoció), o de haber tomado hace poco un papel activo en el teatro del mundo, inició su vida y su historia posterior a la Conquista como parte integrante y explotada del desarrollo capitalista mundial. Eso explica su subdesarrollo de hoy.
1. Eduardo Arcila Farías escribe en El régimen de la encomienda en Venezuela (1957: 307):
"La encomienda y la propiedad territorial en América son instituciones que no tienen entre sí ninguna relación. Entre los institucionalistas no existe confusión alguna al respecto, y los historiadores especializados han puesto cada cosa en su sitio. En realidad no se justifica el hacer aquí esta aclaración sobre una materia muy clara, sino en razón del desconocimiento que existe en Venezuela tanto sobre la encomienda como sobre los orígenes de la propiedad territorial, sobre los cuales no se ha intentado aún estudio alguno.
"A menudo muchas personas que escriben sobre historia en nuestro país confunden ambos términos y atribuyen los orígenes de la propiedad a Ia encomienda".
Silvio Zavala, en su New Viewpoints on the Spanish Colonization of America (1943: 80, 84), dice así : "La idea más generalmente aceptada al respecto de la encomienda es que las tierras y los indios fueron repartidos entre los espańoles desde los primeros días de la Conquista [...]. Pero esta noción de que las encomiendas fueron el verdadero origen de la hacienda está expuesta a seria duda, a la luz de la historia de la tierra tanto como a la del pueblo [...]. En resumen podemos decir que la propiedad del suelo en Nueva Espańa no era conferida mediante encomiendas. Dentro de los límites de una sola encomienda podían encontrarse tierras pertenecientes a indios individualmente, tierras poseídas colectivamente por las aldeas, tierras de la Corona, tierras adquiridas por el encomendero mediante una concesión diferente de la encomienda o relacionada con su derecho al pago de contribuciones en productos agrícolas, y, por último, tierras otorgadas a otros espańoles, aparte el encomendero. Lo anterior demuestra que la encomienda no puede haber sido el antecedente directo de la hacienda moderna, porque no daba verdaderos derechos de propiedad [...]. En Chile, en cierto caso, el encomendero de una aldea despoblada, lejos de pretender que las tierras abandonadas le pertenecían por virtud de su encomienda original, acudió a las autoridades reales para que le diesen el derecho a ellas mediante una nueva y diferente concesión".
De las funciones capitalistas de la encomienda se trata en el capítulo sobre el "problema indígena", y los orígenes capitalistas de la propiedad de la tierra se examinan más adelante en este mismo capítulo.
D. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XVI EN CHILE: COLONIZACIУN DE UN SATЙLITE
Las mismas contradicciones capitalistas comenzaron a determinar el destino de Chile en el siglo XVI. Ya desde el comienzo de su existencia colonial Chile ha tenido una economнa basada en le exportaciуn. La estructura econуmica, polнtica y social de Chile fue siempre determinada —y sigue siйndolo— en primer lugar por la realidad y la naturaleza especнfica de su participaciуn en el sistema capitalista mundial y por la influencia de este sistema en todos los aspectos de la vida chilena. Mi tesis, desde luego, no es compatible con la imagen generalmente aceptada que presenta al Chile de ayer y aun al de hoy como una economнa y sociedad "autбrquica" o "feudal", "cenada" y "reclusa". Pero es compatible con la realidad histуrica y contemporбnea de Chile.
Es muy caracterнstico el hecho de que Chile iniciara su existencia colonial como exportador de oro. Pero sus minas (en Chile, lavaderos en la superficie) no eran muy ricas ni duraron mucho. Su explotaciуn formal comenzу por el aсo de 1550 y su producciуn decayу rбpidamente despuйs de 1580. Empero, a diferencia de las colonias continentales espaсolas, aunque no, quizбs, de Guatemala, ya en esa йpoca Chile exportaba un producto de su paнs: el sebo de sus reses. Por cierto, el mбs atento estudioso de esa йpoca chilena cree que el valor de las exportaciones de oro de Chile no excediу en ningъn momento el de las de sebo (informaciуn personal de Mario Gуngora). El grueso de las exportaciones de sebo chilenas iba ya entonces a Lima, el mбs cercano centro comercial grande del imperio colonial, y no a la metrуpoli europea. AI mismo tiempo, la crнa de ganado para venta y consumo local y la producciуn de lana para telas con que vestir a mineros, soldados y otros formaron la base de una creciente economнa comercial, dependiente e interior.
Pocos aсos despuйs de la muerte de Valdivia ya existe un pequeсo intercambio con el virreinato; dice Ross que en 1575 ya menciona la historia un cargamento de 400 fanegas de trigo que se exportaba a Lima por el Maule. Este comercio se mantuvo por vнa marнtima desde entonces, y mбs de una vez fue estimulado por las medidas oficiales: en 1592, por ejemplo, Hurtado de Mendoza suprimiу en forma eventual los derechos de alcabala de la exportaciуn de Chile al Perъ. El intercambio era interrumpido transitoriamente de cuando en cuando por los corsarios que siguieron a Drake despuйs de 1568, y con posterioridad fue alterado de un modo artificial por los intereses monopolistas. Al finalizar el siglo XVI la influencia del encomendero sobre la tierra, y las mercedes que se conceden, han echado las bases de una gran propiedad territorial que va a imprimir una especial fisonomнa a la vida agrнcola; lo propio ocurre con la encomienda indнgena respecto de la mano de obra rural. Es el momento en que se impone la economнa pastoril y pierden importancia los lavaderos de oro, pero la larga transformaciуn que ahн se inicia, a juicio del profesor Jean Borde, viene a culminar sуlo en el siglo XVIII; y es en relaciуn, sin duda, con el auge del trigo que dicha evoluciуn converge a la lenta definiciуn de un nuevo tipo de mano de obra y de estructura agraria, el inquilinaje, que constituye hasta la actualidad el elemento caracterнstico de toda la vida rural del Chile central.
Historiadores como Vicuсa Mackenna y Barros Arana, al referirse a este momento de transiciуn en la economнa colonial, han insistido quizбs demasiado en su carбcter de subsistencia y en el escaso auge alcanzado por el comercio de los frutos de la tierra. Nosotros creemos que este comercio se iniciу tempranamente, y tuvo algъn significado, puesto que sacando ventajas de las condiciones de clima, el retorno chileno a las mercaderнas espaсolas provenientes del Perъ, pasу pronto del oro primitivo a los productos agrнcolas y al sebo. No tiene otra explicaciуn que los corsarios capturaron barcos repletos de mercaderнas que iban hacia el Perъ, y que espaсoles de empresa como Juan Jofrй y Antonio Nъсez de Fonseca poseyeran navнos dedicados a la navegaciуn comercial y permanente con el virreinato...
Existe mбs de un motivo para pensar que la producciуn agrнcola excedнa, al explicar el primer siglo de la Colonia, las necesidades del consumo; asн lo evidencia un informe ordenado por Garcнa Ramуn, en 1600, al decir, tal vez con algo de exageraciуn, que la producciуn agrнcola del reino podнa abastecer a cincuenta ciudades mayores que la capital... Mъltiples son los testimonios que dan cuenta de la relaciуn comercial con el Perъ y de los mayores ingresos de una poblaciуn en aumento; asн, por ejemplo, el corsario holandйs Oliverio de Noort que estuvo en Valparaнso en 1600, enumera las mercaderнas encontradas en uno de los barcos que hacнan este comercio pionero, en el cual ya se evidencia un dominio de los productos de origen animal sobre los propiamente agrнcolas; es la caracterнstica del siglo del sebo. Idйntica opiniуn se encuentra en las informaciones proporcionadas por el padre Ovalle, cuando dice que fuera de 20.000 qq. de sebo que quedaba en el paнs, todo lo demбs se repartнa por el Perъ. Sin embargo, la producciуn agrнcola propiamente tal, ocupaba un lugar secundario (Sepъlveda, 1959: 13-15).
Documentos contemporбneos confirman el reciente juicio de Sepъlveda e iluminan mбs la estructura monopolista del comercio exterior e interior del siglo XVI y el empleo que se hacнa del excedente econуmico generado y concentrado por esa estructura. En 1583, el Cabildo de Santiago resolviу que "por cuanto hay gran falta en esta ciudad de candelas y sebo para ellas, y si se diese lugar a que se saque para el Perъ, como al presente se dice que lo envнan algunas personas, esta ciudad quedarнa muy desproveнda, y para que se ponga remedio en lo susodicho, mandaron a que se apregone pъblicamente que ninguna persona lleve a embarcar ningъn sebo ni velas sin licencia de este Cabildo, so pena que lo tenga perdido, aplicado para propios de esta ciudad". (Alemparte, 1924: 21).
Cien aсos despuйs, en 1693, el Cabildo de Santiago ordenaba "que ninguna persona saque de esta ciudad, de cualquier calidad que sea, para el puerto de Valparaнso ni otros de estas costas... trigo, harina, ni bizcocho, so pena de cien pesos y perdido cualquiera de los gйneros referidos y las mulas en que se condujiere". (Alemparte, 1924: 22).
"Somos informados y se ha visto por experiencia que cuando hay falta de mercaderнas, algunas personas procuran recoger todas las que hay de aquel gйnero, para efecto que solamente se hallen en su poder, para venderlas a los precios que йl quisiere, con lo cual se sigue notable daсo a la repъblica". (Alemparte, 1924: 12).
Alemparte habla de cientos de ejemplos en las actas municipales de tales faltas artificialmente creadas, de especulaciуn interior y de exportaciуn, cuando esta ъltima, en detrimento de la poblaciуn local, resultaba aъn mбs provechosa, y de ordenanzas municipales destinadas a reprimir tales prбcticas. Alemparte aсade que "es cierto que la revisiуn completa de estos documentos muestran como fueron violadas frecuentemente estas ordenanzas; pero no deberнamos sorprendernos de ello, puesto que los regidores de la ciudad y los hacendados —como ya observamos— eran los mismos". Aunque Alemparte sugiere que estas regulaciones eran compatibles con las costumbres econуmicas y morales de la йpoca, las actas del Cabildo de mayo de 1695 dan de ellas una razуn mбs esclarecedora: sin ellas, "pereciera una repъblica por voluntad de codicia o se diera lugar a un motнn, que fuera de peor consecuencia". (Alemparte, 1924: 19, 21, 24).
Las ordenanzas de la йpoca, particularmente en sus esfuerzos por imponer restricciones y prohibiciones, revelan mucho acerca del empleo que se daba al excedente econуmico generado en forma tan monopolнstica: "En los aсos que siguen [1558], el lujo va en aumento y el color negro —implantado por el sombrнo Felipe— pasa tambiйn a Chile... en 1559 vemos figurar en un inventario «treinta barras de damasco de la China, dos libras y una de seda de la China... veinte barras y cuarta de franjas de oro... un vestido de mujer argentado»...." (Alemparte, 1924: 64). El 23 de octubre de 1631 el Cabildo de Santiago, en reuniуn con "ciertos individuos privados de esta ciudad, para tratar de la reforma del vestido", ordenу como sigue:
"El 23 de octubre de 1631 el Cabildo de Santiago, reunido junto con algunas personas particulares de esta ciudad, para ver la reformaciуn de los trajes", dictу las ordenanzas siguientes: I, "que ninguna persona, hombre o mujer, de ningъn estado o calidad que sea, puede vestirse enteramente de tela rica, de oro y plata, ni de seda, ni traer jubones, ni mangas de dicha tela, ni lana de oro y plata, ni mбs guarniciones en los vestidos que la que en las ordenanzas siguientes se dispondrб", bajo serias penas... Octava: que "ningъn indio ni india, de cualquier naciуn que sea, negro o negra, mulato o mulata, puedan vestirse mбs que a su uso de ropa de la tierra, o cuando mucho de paсo de la tierra ...", dйcima cuarta: "que los vecinos y moradores, con gastos superfluos e inexcusados [no se arruinen] mandamos que en todas las cosas que se ofrecieren y hubieren de hacer, guarden y cumplan en gasto y orden muy moderado, sin exceder de una modestia justa, y que las autoridades corrijan y castiguen cualquier exceso, lo mismo que a los inventores de gastos nuevos e intrusos". (Alemparte, 1924: 66).
Alemparte observa, indudablemente con razуn y con evidente importancia, para la tesis que en este ensayo se expone:
"Es ъtil agregar que estas disposiciones contra el lujo fueron dictadas no por razones morales o religiosas —como pudiera creerse, a primera vista— sino por motivos econуmicos, segъn se establece en su parte expositiva. Pues la ruina de los particulares, causada por los "costosнsimos trajes, que cada dнa se varнan... enflaquece las repъblicas, desustanciбndolas del dinero... sangre y nervios que las conservan". (Alemparte, 1924: 68).
En tйrminos de hoy, el gobierno se preocupaba por la balanza de pagos y el drenaje de divisas del paнs y de recursos locales (el excedente) que las importaciones de este sector monopolista representaban entonces no menos que hoy.
E. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XVII EN CHILE: DESARROLLO CAPITALISTA "CLÁSICO"
Los acontecimientos del siglo XVII esclarecen aún más cómo la participación de Chile en el sistema capitalista mundial determinó no sólo la estructura interna de su economía y sociedad sino también sus instituciones económicas y sociales, sus transformaciones y, en verdad, la historia económicosocial de todo Chile. De una parte, son los ciclos económicos y las influencias generadas por el desarrollo del capitalismo en el mundo los que determinan en gran parte el relativo aislamiento económico y espacial de Chile respecto de su metrópoli (era pobre en minas y se hallaba al final de un larguísimo viaje desde Espańa, a través del istmo de Panamá), aislamiento que debilitó los lazos entre metrópoli y satélite y permitió a Chile un grado de independencia y, por ende, de desarrollo económico potencial y real mayor que el que otras colonias pudieron lograr. Por otra parte, fue el debilitamiento temporal o cíclico de estas eficaces relaciones entre metrópoli y satélite, como resultado de una guerra o una depresión en la metrópoli, lo que permitió a los satélites, entonces como ahora, una oportunidad igualmente temporal de iniciar instituciones y medidas capitalistas que promueven el desarrollo económico, en tanto no las revierta de nuevo el cese del alivio momentáneo de la hegemonía metropolitana.
El siglo XVII puso a Chile y a otras partes de América Latina en tales circunstancias. Las influencias económicas generadas por el desarrollo del capitalismo mundial introdujeron cambios de mucho alcance en las instituciones y en el nivel de producción agrícola y fabril de América Latina, los cuales han sido documentados en cuanto a México y a Chile. Como la mayoría de las otras partes del imperio colonial espańol, incluyendo a la metrópoli misma, Chile presenció durante el siglo XVII un notable descenso del suministro de brazos indígenas y de la productividad de su economía minera. Sus resultados fueron análogos a los que respecto de México estudiaron detalladamente Chevalier, Borah y Kubler. La decadencia del poder de la oligarquía doméstica para comprar bienes metropolitanos, originada en el descenso de la producción de oro, causado a su vez por el menor rendimiento de las minas y el menor suministro de brazos, resultado, esto último, de la decadencia de la población indígena inducida por la Conquista, así como también la baja de la demanda metropolitana de bienes coloniales y la del suministro de bienes metropolitanos, derivada de la "depresión" que en el siglo XVII sufrieron Espańa y Europa, se combinaron para aislar un tanto de la metrópoli a Chile y a otras colonias.
Existe cierto desacuerdo acerca de las consecuencias precisas de esos factores en México, Chile y, en otras partes, especialmente en el Perú. Pero se puede decir con certeza que, al igual que en el nordeste brasileńo, a cuya declinante economía azucarera se refirió Ferrer, el peso del impacto desfavorable cayó sobre los estratos más bajos indígenas y mestizos de la sociedad colonial. A causa de la reducción del suministro de trabajadores, se concibieron nuevos medios institucionales, a menudo más onerosos, para forzar a las capas inferiores a dar su trabajo a la oligarquía espańola y criolla. Aunque algunos criollos sucumbieron, sin duda, durante la larga crisis de todo el siglo, otros capearon la tormenta, pasando cada vez más de la minería a la cría de ganado, a la producción de trigo (y, en México, de otros comestibles de que la población blanca se abastecía anteriormente mediante los pequeńos y numerosos cultivos de los indios), de telas y otros bienes de consumo, para reemplazar los abastecimientos relativamente menores que venían de la metrópoli. Como seńalan Chevalier, Borah, Góngora y Zavala, el siglo XVII, por ende, si no dio a luz a la hacienda la vio crecer en número, en tamańo, en diversificación interior y en importancia general. El auge de la hacienda, debe destacarse, no se debió a la encomienda ni, mucho menos, a instituciones feudales que Ios espańoles pudieran haber traído consigo en el siglo XVI. La hacienda de Chile y de toda la América Latina, así como la estructura de la explotación agrícola, deben atribuirse a la difusión y desarrollo del capitalismo mercantil en el mundo en general y en Chile y América Latina en particular.
"A partir del gran incremento del valor comercial de Ios productos ganaderos, hacia 1595, ya la distribución de tierras empieza a abarcar todo el valle del Puangue, cerca de Santiago]"... "Tampoco existía una jerarquía aristocrática de familia... La clase dirigente es aún muy fluida, pesan fuertemente la riqueza y la posición personal... La utilización fundamental del trabajo indígena es, hasta cerca de 1580, la minería... Los encomenderos sacuden sus obligaciones militares; por otra parte, compensan la disminución de la minería por el incremento de la riqueza ganadera, que empieza a valorizarse en el mercado... Los comerciantes importadores formaban el núcleo más poderoso de la clase jurídica de los moradores (es decir, de los vecinos con casa establecida en las ciudades, y con pleno derecho a participar en la vida comunal, pero no dotados de encomienda).
Los importantes mercaderes que obtienen mercedes en Puangue, adquieren otras aun mayores... El poder económico de estos mercaderes parece haber sido considerable. El motor principal de la acumulación de tierras es, evidentemente, el interés mercantil por Ios productos ganaderos y agrícolas. La economía ganadera chilena se constituye desde el comienzo en grandes explotaciones. La frecuencia de estos remates indica que no son accidentes aislados en la historia de algunas fortunas familiares. Debe tratarse de un resultado de las frecuentes oscilaciones del sebo, cordobanes y trigo en el mercado limeńo y santiaguino, que constituye un rasgo característico de la economía chilena. (Góngora, 1960: 43-44, 49-50, 57, 62).
Podemos cerrar nuestro examen del Chile colonial del siglo XVII con las observaciones de un contemporáneo:
"Lo que logra en aquel país la industria humana, consiste principalmente en la cría de ganados de que hacen las matanzas que apunté arriba, y el sebo, badanas y cordobanes que navegan a Lima, quedando esta ciudad con lo que ha de menester, que son veinte mil quintales de sebo cada ańo, y a esta proporción los cordobanes; se reparte todo lo demás por Perú y los cordobanes suben a Potosí, y todas aquellas minas y ciudades adentro, donde no se gasta otra ropa que la de Chile, y baja también a Panamá, Cartagena y a todos aquellos lugares de Tierra Firme; también se saca alguna de esta ropa para Tucumán y Buenos Aires y de allí a Brasil. El segundo género es la jarcia, de que se proveen todos los navíos del Mar del Sur y la cuerda para armas de fuego que se lleva de Chile a todos los ejércitos y presidios de aquellas costas del Perú y Tierra Firme... El tercer género son las mulas que llevan a Potosí por el despoblado de Atacama". (Ramírez, 1959: 31-32).
Esto no describe una economía cerrada o autárquica, sino más bien una economía abierta cuya estructura interna y el destino de su pueblo son determinados, ante todo, por su relación con otras partes del sistema mercantilista y por la estructura y el desarrollo de este sistema mundialmente expansivo.
Es posible que el principal factor determinante fuese, en el siglo XVII, el mayor aislamiento y la menor interdependencia entre metrópoli y periferia. Chile estaba ya más aislado o más débilmente integrado en la estructura metrópoli-satélite del mundo capitalista que otras colonias espańolas. La depresión del siglo XVII redujo el volumen del intercambio comercial entre Espańa y sus colonias, como lo prueban la reducida navegación atlántica, el descenso de las exportaciones americanas de mineral y el más bajo nivel de las exportaciones espańolas de trigo y productos nanufacturados. Chile y las otras colonias vinieron a quedar más aisladas que en el siglo XVI; más, presumiblemente, el primero que las otras. Lejos de ser una causa directa del subdesarrollo, es este menor grado de interdependencia (y, como satélite, de dependencia) de la metrópoli el que sin duda originó la acrecida producción doméstica de bienes "para sustituir importaciones", e incluso de mercancías exportables a los mercados de las restantes colonias americanas de Espańa. Con el nuevo fortalecimiento, en el siglo XVIII, de la interdependencia y la dependencia chilena, esta producción y, en verdad, la capacidad para producir declinaron otra vez, con lo que el subdesarrollo se enraizó aún más firmemente en Chile.
La situación surgida en el siglo XVII respecto de la tierra fue transformada también por el renovado aumento del comercio en el siglo XVIII. Por una parte, el siglo XVII presenció el continuo desarrollo de la hacienda como empresa agrícola, manufacturera y comercial indicada a servir al mercado urbano y a su propia población. La hacienda, por supuesto, no habría de convertirse en una economía de subsistencia en si misma, puesto que su principal raison d'étre era, y lo es todavía, el suministro comercial de productos agrícolas al mercado urbano o extranjero y la apropiación, por el propietario, de la mayor parte del excedente económico así producido por los trabajadores de la hacienda, que aquél expropia ejerciendo su poder monopolista sobre ellos. Esto excluye, claro está, todo intercambio entre la hacienda y el mundo exterior, excepto el que pasa por la puerta del peaje, que el propietario controla. Pero la hacienda chilena del siglo XVII no tenía aún todo estos rasgos monopolistas. Iba a adquirirlos con el aumento de la demanda de sus productos. En el siglo XVII, el propietario de estancias ganaderas, que necesitaba relativamente pocos trabajadores, a menudo mantenía inquilinos mestizos o "blancos pobres" en su propiedad, a quienes exigía poco o nada por el uso de su tierra y que a su vez explotaban sus pequeńas empresas ganaderas, manteniendo, al parecer, un nivel de vida adecuado mediante la producción para ellos mismos y para el mercado. La relación metrópoli-satélite entre el propietario y sus inquilinos, si no sus trabajadores indígenas, no estaba todo lo polarizada que habría de estar después.
F. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XVIII EN CHILE: RESATELIZACIÓN, POLARIZACIÓN Y SUBDESARROLLO
En 1736, el virrey del Perú, José Armendáriz, apuntó: "la insigne dependencia que esta capital [Lima] tiene de un reino [Chile] que es el almacen de las preciosas especies... y el depósito de los granos con que la alimenta... que sin Chile no existiera Lima..." (Ramírei. 1959:33.) No obstante, un observador oficial informaba en 1802 que "Chile sufre, en efecto, todas las verdaderas pérdidas de un comercio meramente pasivo" (Ramirez, 1959:51). La dependencia de Lima respecto de Chile, que no obstante llevó a éste "todas las pérdidas connaturales de un comercio pasivo", fue, por supuesto, el resultado y el reflejo del carácter y la relación de satélite capitalista de Chile con respecto a su metrópoli primaria, Lima, y con respecto a las metrópolis espańola y francesa también.
El estudio de Chile en el siglo XVIII revelará cuán profundamente arraigadas estaban ya las contradicciones capitalistas en el país, tanto en sus relaciones con el mundo exterior como en cuanto a su estructura económica, política y social. Tan profunda y firmemente arraigadas, en realidad, que el pueblo de Chile no pudo evitar el continuo desarrollo del subdesarrollo chileno en los siglos XIX y XX, a despecho de algunos esfuerzos por resolver las contradicciones capitalistas y evitar que Chile continuara subdesarrollándose. Todas estas tentativas de liberación se efectuaron dentro de la estructura capitalista misma; no podía ser de otro modo entonces. Después de las elecciones de 1964, debemos afirmar una vez más que el pueblo chileno no ha logrado todavía la necesaria emancipación de la estructura y el proceso económicos que inevitablemente producen al mismo tiempo un desarrollo limitado y un subdesarrollo estructural.
Las tres contradicciones capitalistas de la expropiación-apropiación del excedente, de la polarización metrópoli-satélite y de la continuidad en el cambio en el Chile del siglo XVIII se expresan de la mejor forma, quizás, apelando a la observación de Marx acerca de que "en todas las esferas de la vida social la parte del león corresponde al intermediario. En el campo de la economía, v.gr., los financistas, los especuladores de la bolsa de acciones, los mercaderes, los tenderos se llevan la crema; en los asuntos de la vida civil... en la política... en la religión" (Marx, I, 744, nota 1). El poder monopolista de los intermedios expropió-apropió el excedente económico a través y dentro de la estructura capitalista de las encadenadas constelaciones-metrópoli-satélite, y dominó las relaciones de comercio y producción entre Lima y Chile hasta el punto de resistir y vencer toda oposición pública y oficial a ellas en ambos países; caracterizó la producción y distribución chilena y peruana de productos agrícolas; cambió totalmente en Chile la institución de la propiedad de la tierra en formas que sólo después vendrían a ser mal llamadas "feudales"; determinó la nueva extinción de las industrias manufactureras chilenas que habían surgido al amparo del relativo aislamiento del siglo XVII.
1. La polarización internacional a través del comercio exterior
Un reciente analista de la historia chilena subraya que "el carácter de la economía chilena colonial [era] esencialmente de exportación y no de mera subsistencia, como alguna vez se ha afirmado. Esta impronta es genérica a la economía colonial de diversos países, exceptuando al Paraguay..." (Sepúlveda, 1959:21-32).
No obstante, durante todo el siglo XVIII Chile tuvo una balanza comercial claramente desfavorable con respecto a Lima, Espańa y Francia (Ramírez, 1959: 46-49). Fue así a pesar del hecho de que su producción minera (ahora de plata y cobre cada vez más, en vez de oro) volvió a aumentar a lo largo del siglo, y de que conoció y satisfizo un espectacular aumento de la demanda exterior de los productos de su tierra, ahora principalmente agrícolas mas que ganaderos. Las exportaciones chilenas de trigo a Lima habían empezado a crecer entre 1687 y 1690. Esta se ha atribuido a menudo al terremoto de 1687, del que se supone que destruyó la capacidad productiva de las tierras trigueras cercanas a Lima. En El trigo chileno en el mercado mundial, Sergio Sepúlveda pone en duda esta explicación y ofrece en su lugar una razón económica que concuerda con mi tesis acerca del papel de los monopolios mercantiles en un sistema capitalista estructurado sobre la polarización metrópoli-satélite.
"Queda establecido que entre el 18 de noviembre de 1698 y el 9 de diciembre de 1699, se registraron en el Callao 113 entradas de buques, correspondiendo 44 de ellas a buques procedentes de Chile (23 de Valparaíso, 13 de Concepción, 3 de Coquimbo y 5 de Arica, que el autor incluye como viniendo también de Chile), que en conjunto internaron 86.013 fanegas de trigo, 18.402 zurrones también de trigo y 5.561 zurrones de harina, además de 27.038 quintales de sebo. Vale decir, que Perú importaba en este momento comercial claramente decidido, unos 66.000 quintales entre trigo y harina de Chile.
Tal como lo hemos insinuado, es una verdad que con ocasión del terremoto de 1687 se abrió el mercado peruano, iniciándose las mayores exportaciones de nuestro trigo, debido a la alteración de la vida económica de Lima y la lógica escasez de bienes de consumo, durante la emergencia. Pero la inundación de los trigos de Chile se hizo permanente, no por los efectos del polvillo, sino que se perpetuó gracias a la acción económica inteligente de un monopolio que no tardó en organizarse que supo aprovechar su mejor calidad para imponerlo definitivamente en el medio menos apto. La producción interna del Perú fue aniquilada en virtud de una política de regulación de la oferta mediante la imposición de los precios. Modalidad que se vio facilitada por la debilidad congénita del trigo peruano frente al chileno.
Como conclusión se infiere que el trigo de Chile se impuso desde entonces, iniciando la conquista de su primer mercado, en virtud de una voluntad económica sistemática y por haber encontrado un medio adecuado capaz de crear la dependencia. Nuestra opinión es que ella se habría creado de todas maneras, aún sin mediar el accidente del terremoto, pues tarde o temprano en un régimen de concurrencia normal el trigo chileno habría terminado por imponerse. El intercambio entre ambas colonias se activa desde entonces, animando el Valle central, especialmente entre el Choapa y el Maule donde se recogía en 1695, entre 80 y 90.000 fanegas, sin contar algo más que se obtenía en Coquimbo y en Concepción. El grueso de la exportación salió desde el comienzo por Valparaíso, donde los granos aprovechaban las antiguas bodegas destinadas a guardar el sebo y se beneficiaban con nuevas construcciones, siendo además la salida natural del fértil valle del Aconcagua. Algunas agrupaciones con carácter institucional participan de él y originan, andando el tiempo, conflictos graves por el choque de sus intereses con los productores y bodegueros de Chile y los importadores peruanos. Interesante es este momento de la iniciación de la nueva corriente comercial, por el reajuste económico que supone y por los efectos psicológicos que produce en una población que no estaba preparada para entender la oportunidad." (Sepúlveda, 1959:20).
Los efectos económicos, políticos, sociales y culturales sobre Chile fueron trascendentes y duraderos, y desde el punto de vista de la discriminada población de la periferia satélite local, cuyo subdesarrollo se fomentaba, no fueron ni ventajosos ni bien acogidos. La razón no era tanto la falta de preparación para "comprender", como Sepúlveda sugiere aquí, sino que era y todavía es la absoluta incapacidad para reaccionar de otro modo dentro de las limitaciones políticas y económicas que la misma estructura capitalista imponía, como lo demuestra el propio Sepúlveda en otros pasajes.
Si los intereses monopolistas peruanos arruinaron la relativamente ineficiente producción de trigo de su país para reemplazarla por el producto chileno, que la geografía y el clima favorecían más, no fue porque tuvieran presentes los intereses de los productores de trigo chilenos. AI contrario:
"Chile, además de ser colonia de Espańa, se encontraba económicamente subordinado al virreinato del Perú. Aquel país era el más potente centro económico de Sudamérica... Pudo formarse en el Virreinato un núcleo de poderosos comerciantes que no sólo comandaba las actividades productoras peruanas, sino también las de otras colonias espańolas en la América meridional, desde Guayaquil hasta las provincias del Plata. El comercio limeńo controlaba la riqueza minera del Alto y Bajo Perú, la producción agropecuaria y minera de Chile, la producción agrícola tropical del Perú y la región de Guayaquil y las producciones ganaderas de las provincias de la Plata. Por su comunidad de intereses y por sus aspiraciones hegemónicas fundadas en su superioridad financiera, estos comerciantes operaban con una solidez y eficacia tales Ťque parecían actuar bajo la inspiración de una o muy pocas personas... La red de negocios manejados por este grupo, que por rico y numeroso tenía largos brazos, era enormeť. El influjo de estos empresarios guiados por un espíritu monopolista infinitamente mayor que el de la Corona les permitió subordinar a sus designios a las autoridades políticas del virreinato, con lo cual pudieron conquistar y consolidar todo un sistema de privilegios establecidos en su favor. Tales ventajas fueron debidamente aprovechadas por los círculos mercantiles de Lima: a base del riguroso sistema monopolista establecido por la metrópoli del cual eran activos usufructuarios llegaron a constituir una especie de imperio autónomo dentro del imperio espańol. Cuando observaron que la metrópoli orientó su política comercial en un sentido más liberal se movilizaron luchando tenazmente contra todas las franquicias económicas que pudieran otorgarse a otras regiones y procurando conservar, de todos modos, los mercados que en un principio les pertenecieron por razones históricas más que geográficas" (Ramírez, 1959: 65-66, citando también a Guillermo Céspedes del Castillo. Lima y Buenos Aires, y a Emilio Romero, Historia económica del Perú).
La situación descrita se hizo sentir con particular intensidad sobre Chile, Perú fue su único proveedor de algunos artículos de primera necesidad: era el intermediario indispensable de artículos europeos. Además, fue el principal mercado consumidor de sus productos. Por estas razones, los comerciantes peruanos que eran dueńos de casi la totalidad de los barcos que traficaban en el Pacífico Sur y que disponían de abundantes recursospudieron ejercer dominio efectivo sobre nuestro comercio externo. Ellos compraban el trigo "en las bodegas de Valparaíso al costo y a veces sólo del flete, perdiendo el labrador su trabajo y expensas"; además, se comportaban frente a los productores de cobre como "duros comerciantes que se valen de la necesidad para fijarles los precios" (Ramírez, 1959: 68-69, citando también del "Informe del gobernador A. O'Higgins al gobierno de Espańa", setiembre 21 de 1789).
Al mismo tempo, estos mercaderes traficaban con ciertas mercancías "en que ganan a ciento, doscientos y trecientos por ciento con la sola navegación de quince o veinte días, que no se gastan más en llegar de Chile a Lima" (Ramírez, 1959:69, citando a Alonso Ovalle, Histórica Relación, I, 19).
"De los navieros del Callao y de los bodegueros de Valparaíso, de cuyos planes de recíproco monopolio para dańarse inconsiderada y torpemente los unos a los otros, de cuyos interminables litigios, de cuyos avenimientos ocasionales y aun alianzas solemnes para poner bajo su ley a los panaderos de uno y otro reino y por medio de éstos a todos sus habitantes, estaban llenas las crónicas y los archivos de entonces" (Sepúlveda, 1959: 23, citando a Benjamín Vicuńa Mackenna, Historia de Valparaíso).
Los productores y consumidores satélites de Perú y Chile, y hasta sus respectivos gobiernos, lejos de ignorar lo que ocurría se daban perfecta cuenta de ello e intentaron remediar la situación quebrantando el poder de los monopolistas comerciantes importadores y exportadores. Pero, como hoy, la lógica del sistema capitalista no permitía tal remedio. Al contrario, la estructura acaparadora del sistema capitalista polarizó el poder económico y político entre ambos países y dentro de ellos, de modo tal que los monopolistas eran más poderosos cada vez y el "público" y sus gobernantes, consecuentemente, menos capaces de adoptar las medidas económicas y políticas que su protección demandaba.
En efecto, sabemos de documentos que muestran la reacción social y oficial ante la alternativa de absorber el aumento de la demanda externa, sacrificando el consumo o de mantener sin menoscabo el abastecimiento interno. Tal documentación muestra que la comunidad fue contraria desde el principio a este tipo de intercambio, por las consecuencias que trajo consigo; contraria a la restricción del consumo, contraria al alza de precio interno, lo que se tradujo en una política restrictiva y extemporánea, destinada a poner trabas al comercio naciente, limitando las licencias y el monto de la cuota exportable, pero sin imaginar, ni ensayar otras soluciones positivas. Hacia 1694, por ejemplo, sólo estaba permitido exportar oficialmente unas 12.000 fanegas (8.860 qq. mm.), y en noviembre de 1695 culmina esta actitud negativa cuando Marín de Poveda prohíbe la exportación de los trigos de la ciudad de Santiago y de sus partidos.
Sin embargo, a pesar de la crisis de desequilibrio, provocada por el aumento notable de la demanda externa, los imperativos económicos fueron más fuertes y todas las medidas adoptadas para impedir el comercio, fatalmente fracasaron. Las prohibiciones fueron burladas por personas allegadas a los propios medios oficiales que lucraron con la venta de licencies, cobrando la prima de un peso por fanega exportada. En Lima llegó a venderse la fanega a 25 pesos y más, mientras en Chile el precio se había triplicado de 2 pesos y 6 reales a 8 y 10 pesos, sin que por comparación la utilidad fuera remuneradora.
Hacia esta época surgió en Chile, por instigación de los terratenientes o productores, una organización destinada a poner fin a las anomalías del comercio, protegiendo a uno de los sectores económicos que participaban en él; fue el conflicto de bodegas que resultó de la iniciativa de los hacendados o productores organizados para defenderse de los dictados de los navieros del Callao. Según Vicuńa Mackenna, éstos eran: "mansas víctimas de los monopolistas al paso que los bodegueros, de buen o mal grado, se contentaban con hacerse cómplices de los últimos." Una tal subordinación implica el acatamiento de los precios de compra y la imposición por los comerciantes foráneos de la magnitud de la exportación anual.
Los navieros y comerciantes del Perú devolvieron la mano con una institución similar, aunque más poderosa, en virtud de su experiencia y habilidad económica, y de sus mayores recursos. Estatuyeron un comprador único, exigieron la selección de los trigos que importan, colocaron los buques bajo una sola voluntad; en fin, se impusieron tanto en Valparaíso como en Lima, donde dominaron la resistencia que intentó oponerles el gremio de los panaderos, enviando por su cuenta dos barcos a Chile. Subordinaron además a los cultivadores del Perú, mediante une simple acción sobre precios, bajando el trigo importado en el momento de las cosechas. El mismo mecanismo lo explica el propio Vicuńa Mackenna: "A fin, pues, de estrechar el monopolio a sus últimos límites, los navieros dueńos del trigo de Chile aguardaron la época de la cosecha de los valles vecinos a Lima, y cuando llegaba aquélla, bajaban el precio del cereal de improviso, sin que por esto salieran de sus manos sino unas pocas fanegas".
Pero la recuperación que veía el virrey no era tal, y el triunfo de toda su política estaba condenada al fracaso por la operación de dos fuerzas de evidente poder. En efecto, el virrey estaba luchando contra la reacción más o menos circunstancial de los importadores que lucraban con precios especulativos, sabedores que la demanda de artículos esenciales es inelástica y su curva siempre positiva estaba luchando, era lo peor, contra la fuerza todopoderosa de las limitaciones impuestas por la geografía económica del país. Toda la historia posterior del trigo en este mercado nos da la razón (Sepúlveda, 1959: 20-21, 25-27).
2. La polarización interior
Los acontecimientos del siglo XVIII en la economía chilena demuestran que las contradicciones del capitalismo no sólo se manifiestan en las relaciones entre grandes regiones o países, sino que penetran en el cuerpo económico, político y social interior, hasta la última célula, integrando el todo en su contradictoria estructura. Sepúlveda encuentra que la misma apropiación monopolista del excedente, dentro de una estructura polar de metrópoli y satélite, caracteriza a la producción y distribución agrícola interior chilena del siglo XVIII.
La falta de probidad comercial atentaba también contra el desarrollo normal de la vida agrícola. Una comunicación del gogobernador O'Higgins dirigida a los subdelegados de Aconcagua y Curimón en 1788, solicitando informe sobre las prácticas empleadas por Ios comerciantes en trigo, permite conocer los abusos usurarios que éstos cometían respecto de los pequeńos productores. Por lo general, los mercaderes concedían al labrador un abono en mercaderías o especies, comprando en verde la cosecha de trigo en condiciones tan leoninas, que el único favorecido era el intermediario; estos contratos viciosos daban origen a numerosos conflictos en la época de las cosechas, pues a veces el agricultor actuando también dolosamente se obligaba con varios acreedores, y al no poder cumplir hacia abandono de su sementera (Sepúlveda, 1959: 29. El subrayado es mío).
De acuerdo con mi tesis, lo único que podemos objetar en esta observación es la idea muy común de que esta clase de acomodo no es "normal" bajo el capitalismo y que alguna otra forma de arreglo podría ser más normal. Ojalá fuera así.
Mas la creciente demanda exterior de trigo chileno y las condiciones bajo las cuales creció durante el siglo XVIII produjeron efectos que penetraron muchísimo más en el agro chileno (aunque no en grado igual en todas sus regiones y valles), transformando allí la naturaleza misma de las instituciones rurales, aunque no las relaciones metrópoli-satélite esencialmente capitalistas que ya existían dentro y alrededor de los latifundios. Estos cambios sólo sirvieron para polarizarla aún más. Los dramáticos acontecimientos, y sus causas y significaciones, son reseńados y analizados por Mario Góngora en sus libros de excepcional importancia titulados Origen de los "inquilinos" de Chile central y (con Jean Borde) Evolución de la propiedad rural en el valle del Pungue. Testimonio importante de otro valle es el cuidadosamente analizado por Rafael Baraona y colaboradores en El valle del Putaendo: estudio de estructura agraria.
Las influencias comerciales y otras presiones económicas sobre la agricultura chilena en el siglo XVIII produjeron cambios trascendentales en la distribución de la propiedad de la tierra entre los poseedores, y en las formas institucionales de la relación propietario-trabajador dentro de las fincas. En ambos casos las presiones tendían a aumentar la polarización de (y dentro de) la estructura metrópoli-satélite en el plano local. De una parte aumentaba la polarización entre latifundios y minifundios; de la otra, la análoga relación metrópoli-satélite entre los grandes propietarios y sus inquilinos se polarizaba también.
3. La polarización latifundio-minifundio
El siglo XVIII es diferente y lleno de transformaciones. Diversos mecanismos, de los que el principal es la herencia, hacen surgir prematuramente dos formas características y contrapuestas de propiedades y haciendas. Estas dos formas, delineadas ya claramente en la cuarta década del siglo, se acentúan en el resto de la centuria y en la siguiente, hasta presentar en la actualidad un tipo de propiedad atomizada, o minifundio, y otro de gran propiedad, que se manifieste a fines del siglo XVIII, está representada objetivamente en la formación de dos grandes propiedades en el norte del valle: la Hacienda de Putaendo y la Hacienda de San José de Piguchén. En ninguno de los dos casos se trata del dueńo de una merced de tierras que redondea su propiedad con otras contiguas, sino de individuos que no tienen tierras en el valle y que llegan a formar grandes estancias exclusivamente a través de compras de gran magnitud...
Si bien todas las propiedades nacen como grandes unidades, muy luego se separan las que continuarán siéndolo de aquellas que serán subdivididas. En todos los casos conocidos, la gran propiedad, una vez constituida, nunca pierde su carácter de tal. Las cuatro haciendas actuales, El Tártaro, La Vicuńa, San Juan de Piguchén y Bellavista, se han mantenido como grandes propiedades desde el siglo XVII hasta hoy. Aunque se haya realizado con ellas transacciones parciales de suma, reata o división de terrenos, éstas de ninguna manera han sido capaces de alterarlas en esencia. Por otra parte, ninguna gran propiedad se ha dividido. Ningún intento ha podido refundir propiedades mayores de unas cien cuadras, ni ha podido sostenerse más allá de algunos ańos. Las mercedes de tierra, no sólo dieron lugar a la formación de las grandes propiedades, sino también a la forma opuesta, la pequeńa propiedad. Esta última resulta de la repartición continuada de las tierras paternas por partes iguales entre todos los herederos. Como causal de subdivisión sigue, muy a la zaga, la venta de tierras. En realidad, las ventas no hacen sino acentuar el proceso; su aparición es posterior a los efectos de la herencia y se realiza sobre tierras ya subdivididas. Las ventas de terrenos de pequeńas dimensiones, son características de la segunda mitad del siglo XVIII y del siglo XIX...
El rasgo dominante de estos nuevos propietarios, es su deficiente capacidad económica. El hecho de adquirir estas tierras para vivir en ellas y de ellas, los diferencia de quienes las obtuvieran, junto con otras, como un bien más, como capital. Por la escasez de recursos inician la explotación de la estancia mediocremente equipados: poca mano de obra, utilaje reducido. En estas condiciones el trabajo no rinde utilidades y se transforma en un mezquino medio de subsistencia. Una explotación de este tipo es extremadamente sensible a las fluctuaciones del mercado y a las irregularidades del ambiente físico. Basta una sequía prolongada, inundaciones que arrasen con las siembras y el ganado, alguna epidemia que azote a los animales, o las tan frecuentes oscilaciones de precios, para que la hacienda se derrumbe. La consiguiente mantención de un bajo status económico (manifestado en múltiples hechos, como la contratación frecuente de empréstitos de dinero, las hipotecas de tierras, ganado y siembras, los remates por la no cancelación de deudas, las ventas de terrenos para costear funerales, etcétera), es la causa directa de la subdivisión de las tierras ...
Las fierres constituyen la principal, la única fuente de producción y, por consiguiente, de rentas. Aparte de los cargos públicos, que en los siglos XVII y XVIII se remataban a alto precio, el hijo sin tierras tenía perspectivas económicas muy limitadas; carecía de capital para transformarse en prestamista, una de las actividades más lucrativas de la época; tampoco tenía dinero para instalar alguna pequeńa industria, como curtiembre, molienda, confección de pańos. Por lo demás, aunque el padre hubiera dispuesto de esclavos, indios o ganado en cantidad equivalente al valor de las tierras, no habría podido dejar al hijo terrateniente sin mano de obra ni bienes con qué continuar la explotación. En último término pesaba la tradición: el agricultor se sentía pegado a la tierra.
Durante un tiempo, las grandes haciendas se salvarán de la subdivisión por la sola existencia de gran cantidad de bienes a dividir: terrenos en Putaendo y fuera del valle, dinero, esclavos, etcétera. Sin embargo, si éste fuera el único factor operante, al cabo de dos o tres generaciones estarían en las mismas condiciones que los propietarios originalmente pobres, y comenzaría el proceso incontenible de la subdivisión. La realidad es otra: por una parte, los bienes, lejos de ser estáticos, se reproducen; la riqueza crea riqueza; el capital, puesto a disposición de la explotación de la estancia, se traduce en más mano de obra, más y mejores herramientas de labranza, ganado, semillas, obras de regadío adecuadas y todas las habilitaciones necesarias para un trabajo eficaz. Por otra parte, las haciendas cuentan con condiciones físicas óptimas: gran extensión de tierras planas, buenos suelos (La Vicuńa tiene los mejores del valle), extensas veranadas y abundante agua de riego. La subdivisión se inicia en la mayoría de los casos conocidos en el valle por una explotación deficiente de las estancias debida tanto a falta de capitales como a una conjunción de factores físicos negativos. En último término el comienzo de la subdivisión de las propiedades tanto en Putaendo como en otras partes puede ser accidental; lo interesante es si las circunstancias locales permiten una vez desencadenado el proceso, que éste continúe. Seguramente hay en Chile innumerables áreas de pequeńa propiedad frustradas, que comenzaron a subdividirse y luego se consolidaron (Baraona, 1960: 146, 153, 174-176).
La agricultura chilena del siglo XVIII, nos dice Baraona, está permeada por las contradicciones capitalistas de la polarización y la apropiación del excedente. Es la polarizada estructura metrópoli-satélite de la agricultura y la economía capitalista en conjunto, viene a decir él, la que por sí engendra más polarización. Retornaremos al análisis de Baraona de esta estructura y este proceso esencialmente capitalistas cuando examinemos períodos históricos más cercanos al nuestro. En este área de nuestra investigación, empero, la existencia concreta de la contradicción capitalista de la continuidad en el cambio parecería haber quedado establecida por la evidencia hasta ahora presentada.
4. La polarización propietario-trabajador dentro del latifundio
La demanda externa de trigo y la sustitución de la cría de ganado por este cultivo en los suelos del valle Central incrementaron el valor de la tierra y, además, transformaron las instituciones conforme a las cuales se usaba aquélla dentro del latifundio.
La introducción de la agricultura cerealista trajo un cambio considerable en este plano. Paralelamente a ella se produce un notorio incremento de pequeńas explotaciones dependientes dentro de la hacienda, ya no de indios yanaconas, sino de "arrendatarios", que aparecen fuera del estatuto propio de los indígenas. No son, como los arrendatarios de la estancia, hombres de cierto nivel económico, sino gentes pobres, que ocupan porciones pequeńas de tierras, tanto dentro de las haciendas, como en los pueblos, donde obtienen fácilmente de los indios mejores condiciones... Podemos, pues, constatar que la institución generalmente conocida en el siglo diecinueve bajo el nombre de inquilinaje, ha surgido en la comarca estudiada en relación con el proceso de "cerealización" de la tierra y el aumento del valor debido a la agricultura. No viene directamente de los antiguos indios yanaconas, que habían servido de mano de obra en la época de la pura economía pastoril del siglo diecisiete... El agotamiento de las minas ha tenido sobre la evolución de la propiedad tanta influencia como su descubrimiento, al cerrar los horizontes de una población relativamente numerosa... Así, pues, una vez desaparecida la riqueza minera (produce) cierto grado de pobreza, aunque no de miseria y, por fin, el aislamiento...
Pero de una manera más general, puede decirse que el cultivo cerealista dio una nueva potencia y concentración a la difusa vida estancia-pastoril, provocando una valorización de tierra y una necesidad más intensa de servicio. Aumentan por eso los distintos tipos de trabajadores rurales: los esclavos, los peones, y esta forma mixta de tenedor de la tierra y de vaquero, que es el inquilino. Más que una relación directamente comprobable en cada caso, se trata de la elevación general del nivel de las haciendas, que hace más apetecible la tenencia, y que, por otra parte, incita al dueńo a buscar más mano de obra, y a pedirle más servicio o mayores cánones por el uso de la tierra. Sería el factor que explica mejor la sustitución paulatina de la idea del préstamo basada en el débil valor de la tierra y en la ventaja de tolerar un disfrute casi gratuito por el arrendamiento. Y por un arrendamiento que no sólo implica un canon, sino también un complejo de deberes que se empezará a hacer cada vez más pesado a medida que se avance hacia el mayor desarrollo comercial de la agricultura chilena.
Ya hemos dicho que, desde el siglo anterior (los arrendatarios) estaban sujetos a la asistencia de rodeos... Pero ahora encontramos que la práctica rural ha ampliado este principio, donde hay labores importantes de regadío, extrayendo de él una nueva norma, la de acudir a estas faenas mediante un peón... El deber de trabajo para la propiedad se ensancha, manteniendo a otro trabajador. Es un indicio de la tendencia general de la institución a incrementar las obligaciones del arrendamiento para con la hacienda, a hacer más costoso el precio de la tenencia... Pero también estas tendencias van evolucionando. Del uso gratuito con un canon simbólico, se pasa a posesiones que implican deberes de custodia de linderos o asistencia a rodeos. En el siglo dieciocho acontece un viraje capital, el comercio de trigo con el Perú, que trae consigo una organización más intensa de la hacienda y una valorización de la tierra desde el Aconcagua hasta Colchagua, regiones exportadoras. La tenencia se constituye en arrendamiento, cobrando cierta importancia el pago del canon... los arrendatarios... ya no asisten solamente a rodeos... sino que... la gran hacienda va descargando su necesidad de servicio sobre los arrendatarios... Desde el punto de vista de la historia rural, esta transición pudiera ser vista principalmente como reflejo de proceso de lenta valorización de la tierra dentro de un sistema de gran propiedad, no totalmente explotado por el dueńo ... (Góngora, 1960: 101-102, 114-115).
Por ende, las influencias económicas que vienen del extranjero y surgen de la contradictoria estructura del sistema capitalista y del curso desigual de su desarrollo penetran hasta en los últimos resquicios de la vida rural chilena, obligando a las instituciones que rigen la producción y la distribución, incluso dentro de las haciendas particulares, a adaptarse a las exigencias de la estructura metrópoli-satélite del capitalismo. Durante el siglo XVII los pequeńos arrendatarios y los propietarios de fincas producían para sí mismos, guardando la mayor parte de lo que producían y entregando a los grandes terratenientes poco o nada del excedente económico de su trabajo, mientras la tierra fue de poco valor para estos propietarios. Al comenzar el siglo XVIII los arrendatarios fueron forzados a entregar a los terratenientes una parte cada vez más grande de su excedente económico, a medida que el mercado capitalista incrementaba tanto el valor de la tierra como la necesidad de hombres que la trabajaran. Citando a Góngora de nuevo, "el inquilino se irá convirtiendo, en el siglo siguiente, más y más dependiente... según una tendencia a la proletarización del inquilino en un trabajador que avanza en el siglo XIX" (Góngora, 1960: 98).
Dada la impresión generalizada de que la institución del inquilino en Chile y otras instituciones similares de la América Latina son "feudales", es importante destacar, como lo hace Góngora correctamente, el origen y el significado real de aquellas de esas instituciones que aún sobreviven:
En suma, pues, las tenencias rurales, desde el préstamo al inquilinaje, nada tienen que ver con la encomienda ni con instituciones de la conquista. Proceden del segundo momento de la historia colonial, en que se estratifican hasta arriba, los terratenientes, hacia abajo los espańoles pobres y los diversos tipos de mestizajes y castas... La estratificación se marca crecientemente en los siglos dieciocho y diecinueve, y en la misma proporción se agrava, los deberes de los inquilinos. El tránsito de la ocupación pastoril del suelo a la agricultura cerealista coincide con el mismo proceso y le origina en parte. Así las instituciones tenenciales reflejan la historia agraria y social de todo un territorio (Góngora, 1960: 116-117).
5. Polarización y subdesarrollo industrial
Posiblemente desorientados por ciertas nociones modernas acerca de los inevitables beneficios económicos que derivan del aumento de las exportaciones, las mejorías cíclicas y los "buenos tiempos" en general, podríamos sentirnos inclinados a suponer que el renovado auge de las exportaciones mineras en el siglo XVIII y el aumento de las exportaciones agrícolas tuvieron efectos provechosos sobre otros sectores de la economía chilena, como el comercio y la manufactura. Mas la realidad fue otra en el siglo XVIII y sigue siendo otra en el XX. Como lo afirma mi tesis acerca del papel y las consecuencias de las contradicciones capitalistas en una economía de satélite periférico ya dependiente, los buenos tiempos en el nivel capitalista mundial o metropolitano traen malos tiempos para los satélites, al menos en cuanto se refiere a los acontecimientos que fomenta, el desarrollo y el subdesarrollo económico. Las acrecentadas exportaciones de Chile estaban vinculadas, por supuesto, a la recuperación del mundo capitalista en el siglo XVIII, de su "depresión" en el XVII. Y la recuperación del mundo capitalista, a su vez significó la perdición del desarrollo fabril de Chile y trajo forzosamente a este país un mayor subdesarrollo estructural.
La afluencia de mercaderías europeas, a bajo precio, tuvo efectos saludables sólo en Ios comienzos, pues el país no producía nada que representara un valor exportable hacia Europa; se planteaba el consiguiente desequilibrio, pues de una parte sólo había emigración de circulante, afectando grandemente los ingresos del trigo, como se ve en las justas frases de un historiador: "La inundación de mercaderías francesas no surtió otro efecto que cambiar las ganancias y las economías acumuladas por los pobladores en el comercio del trigo y del sebo con el Perú, por ropas, menajes y todo género de artículos europeos. Dio una capa de barniz europeo al tipo de vida; pero debilitó la potencialidad económica chilena." Esta misma falta de sentido económico en el empleo de las mayores utilidades provenientes de un aumento en las exportaciones de trigo, se repetirá al promediar el siglo diecinueve con los beneficios de California y Australia. Las dificultades con el mercado peruano se acentuaron cuando la corriente de retorno de la exportación, tradicionalmente constituida por las mercaderías europeas, que para llegar a Chile pasaban por el Perú, disminuyó en gran parte al ser reemplazada por los artículos que en forma directa entregaban los franceses en los puertos de Chile. Contribuyó a hacer más enojosa la situación la entrada, además, de mercaderías asiáticas y de aquellas provenientes del Río de la Plata, las cuales penetraban clandestinamente desde el último decenio del siglo diecisiete. Los navíos franceses y asiáticos se atrevieron incluso a abastecer al propio virreinato por medio de los buques que iban al Callao, aprovechando algunas de las desiertas bahías chilenas (Sepúlveda, 1959: 24).
Empero, todavía faltaba lo peor. Espańa, ya crecientemente subordinada a Inglaterra y a Francia, intentó adaptar sus relaciones económicas y políticas a las exigencias de su desventajosa posición en el mercado capitalista mundial, mediante la modificación de toda la serie de regulaciones que ordenaban las relaciones económicas externas de sus colonias, la institución del "librecambio" en 1778, la apertura del puerto de Buenos Aires, etc. Los efectos de estas medidas sobre el desarrollo fabril y económico en general de las colonias espańolas, Chile incluido, fueron transcendentales.
La situación descrita, esto es, la balanza comercial desfavorable continuó durante el siglo dieciocho; eso si que se torna muy vigorosa y toma contornos excepcionalmente agudos con posterioridad al 1778... Desde luego, a partir de 1783 alto en que realmente el reglamento de 1778, comenzó a producir efectos- como consecuencia de su considerable internación, el mercado chileno quedó virtualmente saturado de productos extranjeros... Con el establecimiento de los navíos de registro y la dictación del Reglamento de 1778, se facilitaron enormemente las relaciones mercantiles de Chile con Espańa, las que se hicieron directamente por vía del Cebo de Hornos o a través de Buenos Aires: se eliminaron también los obstáculos para un mayor intercambio entre Chile y las otras colonias... los precios de las manufacturas de procedencia europea o americana experimentaron visible reducción... Todo esto favoreció la internación de manufacturas extranjeras a nuestro país. Ahora bien, este hecho tuvo, en general, consecuencias muy negativas. Los artículos elaborados en el exterior... entraron en ventajosa competencia con los productos de la incipiente industria chilena, la que comenzó a decaer en forma notoria, reduciéndose los volúmenes de su producción y aun extinguiéndose virtualmente algunos rubros de ella... Se produjo como consecuencia una disminución en la venta de las jarcias elaboradas en Chile... esas franquicias comerciales perjudicaron a otra industria que se había desarrollado en nuestro país, esto es, la construcción de embarcaciones; también decayó de un modo considerable la producción de textiles; se redujo el consumo de objetos de alfarería y de metal de producción nacional; la industria de cuero experimentó un serio quebranto, etcétera. En una palabra, comenzó gradualmente a reducirse la significación económica de una actividad productora que satisfacía el mercado interno y que aún era capaz de hacer envíos al exterior. Chile comenzó a ser un país consumidor de manufacturas extranjeras, fenómeno que se acentuó con posterioridad a la Independencia. Es de suma importancia subrayar que el fenómeno analizado se manifestó en diversos países americanos (Ramírez, 1959: 40-43, 54, 57). Fue en efecto, el activo intercambio que se inició con los reglamentos de 1778, la causa de la decadencia de las primeras industrias nacionales (Ibidem, 44, citando a Ricardo Levene, Investigaciones acerca de la historia económica del virreinato del Plata, II, 152).
"Hoy todos estos ramos que componían la felicidad del reino en cuanto a interés, y otros de menor cuantía, se ven extremamente abatidos aunque por diferentes causas. Pero el mayor móvil es innegablemente la abundancia de efectos de Europa que ha inundado a estas provincias con el lujo e inclinado a las gentes a lo superfluo con prelación a lo necesario". ("Informe de Domingo Díaz de Salcedo al gobernador Ambrosio O'Higgins", de marzo de 1789, en Archivo Vicuńa Mackenna, citado por Ramírez, 1959: 45).
Para terminar, dejaré que otros autores, tanto contemporáneos como del siglo XVIII, hablen por mí. Lo que dicen y hasta las palabras qua eligieron confirman mi tesis: el capitalismo produce una metrópoli que se desarrolla y una periferia que se subdesarrolla, y esta periferia caracterizada a su vez por la metrópoli y los satélites que contiene está condenada a un desarrollo económico limitado, o subdesarrollo, en su propia metrópoli, y a un subdesarrollo inevitable en sus regiones y sectores satélites periféricos.
Los virreyes del Perú, siguiendo con la concepción autártica y mercantilista miraron a Chile, según un historiador: "como un apéndice del virreinato, como un granero destinado a suplir las necesidades de trigo y de sebo, como un mercado que debía alimentar la prosperidad del comercio limeńo y como una colonia que sólo producía a Espańa gastos y que era necesario conservar no por ella misma, sino por la seguridal del Perú (Encina, Historia de Chile, V, 264, citado por Sepúlveda, 1959: 29).
Tampoco eran muy diferentes las relaciones de Chile con la metrópoli espańola:
"En ningún instante la metrópoli abandonó lo básico de su política mercantil con respecto a América, que consistía en el traslado de manufacturas y frutos espańoles a cambio del oro y la plata qua extraía de las minas indianas... Todas estas medidas tienen una importancia extraordinaria en nuestra historia económica. Sus proyecciones, de gran trascendencia, no pasaron inadvertida, para los gobernantes ni para los hombres de negocios de la época. Con ellas se evidenció, en primer término, que las acciones realizadas por el gobierno metropolitano con vistas a fortalecer la economía hispana no eran adecuadas ni convenientes a la economía chilena. En segundo lugar, y como resultado de lo anterior, se empezó a hacer notorio el antagonismo entre las necesidades e intereses económicos de Chile y los del sistema económico establecido por la metrópoli en América. Por último, con esta medida y sus efectos, quedó perfectamente mutado un hecho: Chile había llegado a ser una unidad económica tan definida, que para su posterior desenvolvimiento necesitaba de una política particular que contemplara justamente sus específicos intereses, determinados por la singular conformación de toda su vida económica." "... la vida económica general del país sufría los efectos de una violenta contradicción: por un lado, estaban las fuerzas productivas que pugnaban por expandirse, que se encontraban ante la necesidad orgánica natural de crecer; en el otro, se hallaban los factores que, al mantener un rígido marco, impedían u obstruían esa normal expansión. Esta contradicción no es interna, esto es, no existe dentro del cuerpo económico de Chile, sino que se manifiesta entre la economía de este país y la estructura del imperio espańol; en su efecto, es la totalidad de la economía nacional la que está en situación de crisis y ello se debe al carácter de país colonial o dependiente que posee Chile, lo cual significa que está privado de mantener relaciones comerciales fuera del ámbito hispano y que está sujeto a las decisiones de la política económica metropolitana (Ramírez, 1959: 40, 98-99).
José Armendáriz, como virrey del Perú, tenía autoridad para decir en 1736:
"El comercio de este reino es una paradoja de tráfico y una contradicción de opulencia no experimentada hasta su descubrimiento, floreciendo con lo que a otro arruina, y arruinándose con lo que otros florecen, por consistir su abundancia en la negociación de tratos extranjeros y sus decaimientos en la libertad de otros y es que se ha mirado no como comercio que es necesario mantener abierto, sino como heredad que es necesario mantener cerrada..." (Memorias de los virreyes, III, 250, citado por Ramírez, 1959: 68).
żPodrían expresarse mejor y más poéticamente las duras realidades de las tres contradicciones capitalistas, que en épocas pasadas y todavía en las actuales generan simultánea y conjuntamente desarrollo y subdesarrollo?
G. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XIX EN CHILE: CONSOLIDACIÓN DEL SUBDESARROLLO
Las contradicciones capitalistas de la apropiación del excedente dentro de la estructure metrópoli-satélite del capitalismo mundial y nacional iban a determinar también el desarrollo y el subdesarrollo de Chile en el siglo XIX. En verdad, no sólo las nuevas contradicciones del período "nacional" posterior a la independencia, sino también, y acaso principalmente, los prolongados efectos de las contradicciones capitalistas del período colonial, siendo como eran manifestaciones concretas en el siglo XIX de las contradicciones capitalistas fundamentales de toda la historia chilena, frustraron los esfuerzos de Chile por desarrollar su economía nacional y condenaron a su pueblo al continuo desarrollo del subdesarrollo. Tomo la palabra "frustraron" del fundamental y excelente estudio de Aníbal Pinto, Chile: un caso de desarrollo frustrado. Yo acepto su análisis hasta donde alcanza. Pinto sugiere que el Chile colonial tuvo una economía reclusa y que sólo después de la independencia abrió sus puertas e intentó un desarrollo hacia afuera, que fue frustrado por los intereses adversos y el poderío combinado del imperialismo y la reacción nacional. Pero mi explicación de esta frustración difiere de la de Pinto en que yo trato de buscar las causes y raíces de la frustración del desarrollo económico de Chile y el desarrollo de su subdesarrollo en los comienzos de su historia y en la estructura del sistema capitalista, cuyas raíces se implantaron entonces y cuyos amargos frutos se cosechan ahora.
Según mis términos, la experiencia chilena en el siglo XIX puede describirse como la de un país satélite que intenta lograr su desarrollo económico por medio del capitalismo nacional, y fracasa. Durante un tiempo, reiteradamente por cierto, Chile trató de resolver algunas de sus contradicciones capitalistas con la metrópoli mundial imperialista. Conociéndola como la conocía, Chile trató de escapar de su condición de satélite capitalista y se aventuró en esfuerzos por su desarrollo económico a través de programas bismarckianos de fomento nacional patrocinados por el Estado, mucho antes de que Bismarck pensara en ello y mientras Friedrich List trataba aún de persuadir a Alemania a adoptarlos. Pero todas estas tentativas se continuaron dentro de la estructura del capitalismo, aunque ahora se tratase, del capitalismo "nacional".
Si el capitalismo nacional o estatal, en el siglo XIX, pudo todavía haber emancipado a Chile o a cualquier otro país entonces satélite y hoy subdesarrollado, o si pudo haber reparado los efectos de su anterior condición de satélite y abierto así el camino a un desarrollo económico semejante al de la metrópoli, es cosa difícil de decir hoy. Yo me inclinaría a creer que tal liberación nacional de un país dependiente a través del capitalismo nacional probablemente no era ya posible en el siglo XIX, como sin duda ya no es posible en la presente centuria. Pero puede decirse con seguridad, porque la evidencia histórica es clara, que ni Chile ni país alguno del mundo que haya estado firmemente incorporado como satélite al sistema capitalista mundial, ha podido, de hecho, escapar desde el siglo XIX de ese status y alcanzar su desarrollo económico basándose solamente en el capitalismo nacional. Los nuevos países que desde entonces se han desarrollado, como los Estados Unidos, el Canadá y Australia, habían logrado ya una sustancial independencia económica interna y externa o, como Alemania y más significativamente el Japón, no habían sido nunca satélites, o como la Unión Soviética, rompieron con el sistema capitalista mundial mediante una revolución socialista. Significativamente, ninguno de estos países más o menos desarrollados era, cuando emprendió su desarrollo, más rico que Chile cuando intentó hacer otro tanto. Pero -y ésta es, a mi juicio, la diferencia importante, no estaban ya subdesarrollados.
G. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XIX EN CHILE: CONSOLIDACIУN DEL SUBDESARROLLO
1. Tentativas de independencia y desarrollo econуmicos: Portales, Bulnes y Montt
Chile, por el contrario, tenнa ya la estructura del subdesarrollo econуmico durante los gobiernos de su libertador, O'Higgins, del primer ministro Portales y de los presidentes Bulnes y Montt, con cuyos nombres podemos asociar sucesivamente cada decenio entre 1820 y 1860. Despuйs de este perнodo, los esfuerzos oficialmente patrocinados decayeron, aunque hubo algunas iniciativas privadas, hasta llegar al nuevo e importante intento del presidente Balmaceda en los aсos 1886-1891.
En 1834 el ministro de Hacienda, Manuel Rengifo, se dirigiу al Congreso en los siguientes tйrminos:
Por todas partes las ciudades se dilatan y hermosean, el cultivo de la tierra prospera, las praderas se cubren de ganados y los campos de mieses, ricas y abundantes minas brindan con la donaciуn espontбnea de los tesoros que ocultan en su seno; el comercio florece alimentado por centenares de buques que abordan sin cesar a nuestros puertos, nuevos ramos de la industria se naturalizan en el paнs, la poblaciуn crece bajo la acciуn del benigno clima, mejorada la condiciуn del labrador y la suerte del artesano, penetran las condiciones de la vida hasta la humilde habitaciуn del pobre (Memoria de Hacienda, 1834, citada por Sepъlveda, 1959: 35).
Para aprovechar las aparentes oportunidades de la йpoca se aprobaron, por inspiraciуn del mismo ministro, leyes que favorecнan el desarrollo nacional chileno:
La reforma aduanera concebida por Rengifo y consagrada en las leyes del 8 de enero y del 22 de octubre de 1835, destinada a promover el aumento de la Marina Mercante y, consecuentemente, del comercio, instauraba principios como los que se exponen en seguida: exclusividad del cabotaje para los barcos nacionales con absoluta exenciуn de derechos; rebaja de derechos de internaciуn equivalente al 10 % de la mercaderнa extranjera introducida por un buque nacional construido en el extranjero y de 20 % si el buque habнa sido construido en Chile. En cuanto al comercio del trigo, la exportaciуn del grano debнa pagar 6% de derechos, mientras que la harina estaba gravada con el 4 % de su avalъo (Sepъlveda, 1959: 35).
La polнtica de estimular el comercio y promover la independencia adquiriendo una marina mercante nacional (aunque en parte se componнa de barcos de propiedad extranjera abanderados en Chile) tuvo йxito por un tiempo: "En primer lugar gracias al estimulo externo se logrу aumentar la Marina Mercante nacional, que pasу de mбs o menos 103 buques en los aсos anteriores a 1848, a 119 en 1849, a 157 en 1850, y a 257 en el aсo 1855; fue lo positivo. En segundo tйrmino, Valparaнso... habнa logrado transformarse en un puerto de primer orden con el establecimiento de almacenes de depуsito" (Sepъlveda, 1959: 37).
Sepъlveda sugiere que este tipo de desarrollo "hacia afuera" era el ъnico de que disponнa entonces Chile, puesto que costaba menos capital que el intento de competir industrialmente con la metrуpoli, y capital era, precisamente, lo que Chile no tenнa. En la medida en que este juicio puede ser correcto observaremos que esa falta de capital debe atribuirse, al menos en gran parte, a la expropiaciуn del excedente econуmico que Chile habнa padecido durante muchas dйcadas, a causa de la monopolizaciуn de su comercio por otros paнses. La realizaciуn del viejo sueсo de adquirir sus propios buques, para escapar al menos de esa fuente, desde luego, un esfuerzo por remediar esta situaciуn. Pero no bastaba.
No faltaron sin embargo medidas en pro del desarrollo econуmico nacional. Y se cuentan sin duda entre las mбs significativas y progresistas de aquellos tiempos.
Durante los aсos 1841-1861 bajo los gobiernos de Bulnes y de Montt... se producen diversos sucesos que vigorizan la economнa. Desde 1845, mбs o menos, comienza a explotarse formalmente el carbуn... Posteriormente la economнa recibe un nuevo impulso a raнz del descubrimiento de los terrenos aurнferos de California, lo que produjo, junto a una gran emigraciуn chilena hacia esa comarca, un apreciable aumento de la producciуn agrнcola y manufacturera. Toda esta riqueza se vuelca en la realizaciуn de grandes obras pъblicas: se abren caminos, se construyen ferrocarriles... barco, a vapor recorren las extensas costas del Pacнfico... El telйgrafo abrevia las comunicaciones. Y la miseria continъa siempre en aumento... El progreso econуmico y tйcnico transforma las condiciones de vida. El auge de la minerнa... El desarrollo de las vнas fйrreas y el aumento del comercio produjeron el enriquecimiento de numerosas familias... (Pinto, 1962: 19, citando a J. C. Jobet).
La audacia y la visiуn de Montt para emplear los recursos y capacidad administrativa del Estado en desarrollo ferroviario, sуlo puede apreciarse justicieramente teniendo en cuenta el hondo prejuicio que existнa contra la intervenciуn estatal y que llevу, como inevitable alternativa, a que en casi todos los paнses latino-americanos fueron inversionistas extranjeros los que tomaron a su cargo la tarea (Pinto, 1962: 22).
Tampoco faltaron tentativas de fomentar las manufacturas chilenas y otras industrias. Nuestro examen de los siglos anteriores muestra que es un error muy comъn el de ver la manufactura sуlo en el futuro y nunca en el pasado de los paнses subdesarrollados de hoy. Antes al contrario, en varias йpocas de su historia Chile, muchos otros paнses latinoamericanos hoy subdesarrollados y por supuesto la India se industrializaron por sus propios esfuerzos relativamente mas que muchos de los paнses actualmente desarrollados. A este respecto Carlos Dбvila, ex presidente de Chile, sugiere:
"A principios del siglo XVII la producciуn industrial del Brasil colonial era mayor que la de Inglaterra, y en el siglo XVIII mayor que la producciуn industrial de los Estados Unidos" (Dбvila, 1950).
En la segunda mitad del siglo pasado se realizу un importante esfuerzo industrial en el campo metalъrgico. Numerosas industrias de este tipo se instalaron en la regiуn de Santiago y Valparaнso, la mayorнa de ellas dirigidas por extranjeros. Los proyectos de estas industrias metalъrgicas fueron ambiciosos: fabricaron arados, trilladoras, Iocomotoras, carros de carga para ferrocarriles, campanas de gran tamaсo, etcйtera; tambiйn se construyeron cuatro locomotoras a vapor. Esta iniciativa desarrollada en el campo metalъrgico, mostrу su eficiencia al poder abastecer de armas e implementos el ejйrcito y a la marina chilena durante la guerra del Pacнfico. Sin embargo, dicho esfuerzo, que tan promisoriamente habнa surgido, fue anulado mбs tarde, en gran parte, por la competencia de productos importados (Nolff, 1962: 154).
A despecho de todas estas medidas, la de Chile continuу siendo (no se convirtiу, como dirнan algunos) una economнa de exportaciуn. Su producciуn minera creciente, que ya incluнa el cobre, y su producciуn agrнcola, aъn basada principalmente en el trigo, aumentaron con rapidez como respuesta a la demanda exterior. Anнbal Pinto, quien opina que el comercio exterior vino a ser la fuerza motriz de la economнa chilena sуlo despuйs que la independencia le abriу las puertas, comenta a este respecto:
La expansiуn del sector exportador no puede calificarse sino como espectacular. La estadнstica sуlo permite registrarla a partir de 1844, pero baste anotar que entre ese aсo y 1860, se cuadruplicу el valor de las exportaciones... Entre 1844 y 1880, los productos agropecuarios significaron en promedio un 45% del total. La actividad minera aportу la contribuciуn mбs sobresaliente al gran "salto" motivado por la demanda de mercados expansivos... La producciуn de plata se multiplicу seis veces entre 1840 y 1855. La de cobre creciу de unas 6.500 toneladas en los aсos 1841-43 hasta alrededor de 50.000 toneladas la dйcada de 1860, cuando las entregas chilenas alcanzaron a representar mбs del 40 % de le producciуn mundial, abasteciendo alrededor del 65 % de las necesidades de la industria y el consumo britбnicos (Pinto, 1962: 15).
Hacia 1876, pudiйramos aсadir, Chile producнa el 62 por ciento del cobre del mundo, todo procedente de mines de propiedad chilena abiertas por iniciativa nacional. En 1913 Chile poseнa aъn el 80 por ciento de sus minas de cobre; hoy posee el 10 por ciento. EI 90 por ciento restante es de propiedad norteamericana, adquirida y ampliada sin apenas inversiуn alguna de capital norteamericano. El capital empleado en esta expansiуn fue expropiado del excedente econуmico producido por Chile, del que se apropiaron las compaснas norteamericanas para su propio beneficio (Vera, 1963: 30 y otras)
Volviendo al siglo XIX, Anнbal Pinto agrega:
Las exportaciones de trigo, que antes de la independencia y a su principal mercado, el Perъ, alcanzaban a unos 145.000 qm. en la dйcada de 1850, estuvieron casi invariablemente por encima de los 300.000 qm. "La agricultura chilena —dice un concienzudo estudio reciente— reaccionу con evidente superaciуn ante el estнmulo externo que logrу cambiar su orientaciуn. La estancia pierde su importancia, y aumenta, en cambio, el nъmero de haciendas que se dedica al monocultivo del trigo. La economнa triguera se impuso en desmedro de la economнa pastoril... El crecimiento econуmico del paнs y su respaldo, la estabilidad polнtica, cimentaron sуlidamente el prestigio de Chile en el extranjero. Un testimonio decidor brota de la comparaciуn en las cotizaciones de valores sudamericanos en el mercado de Londres. Hasta 1842-43, los tнtulos chilenos del 6% se cotizaron entre 93 y 105; los de Argentina, a 20; los de Brasil, 64, y los del Perъ no tenнan demanda (Pinto, 1962: 15-16, citando tambiйn a Sepъlveda).
Hasta 1865, los principales mercados de exportaciуn del trigo chileno estaban en el Pacifico, y el Perъ continuaba siendo el comprador mбs importante, como en los tiempos coloniales. Despuйs de aquel aсo, aunque el Perъ siguiу siendo un comprador de consideraciуn, las exportaciones fueron cada vez mбs a Europa, principalmente a Inglaterra. En California y en Australia los hallazgos de oro despuйs de 1849 y 1851 produjeron sъbitos aumentos temporales de la demanda de trigo, pero el trigo chileno fue desplazado en forma progresiva por la producciуn creciente de los Grandes Llanos de los Estados Unido..
Esta intensa integraciуn de Chile con el mercado mundial fue, para decirlo del modo mбs suave, una relativa bendiciуn. En realidad, tratбndose de un paнs que participaba en ese mercado y en el sistema capitalista o imperialista mundial con carбcter de satйlite de la metrуpoli ultramarina, fue necesariamente una maldiciуn.
La estrecha vinculaciуn de Chile con el mercado mundial imperialista no tardу, una vez mбs, de tener sus consecuencias profundas y casi catastrуficas para la economнa chilena con el renovado cierre de los mercados trigueros de California y Australia, y entre 1858 y 1861, y aъn mбs con la contemporбnea crisis mundial de 1857. "A fin de agosto de 1857, la contracciуn monetaria y crediticia se hizo tan intensa, que las transacciones comerciales se paralizaron completamente en Valparaнso". "La crisis comercial tenнa fatalmente que repercutir sobre los agricultores, mineros e industriales... Se vieron obligados a reducir sus trabajos, a abandonar o aplazar las grandes instalaciones y mejoras que habнan emprendido. Hubo muchas quiebras ruidosas. El precio de la propiedad rural bajу en un 40 % (Encina, citado por Pinto, 1962: 29).
De igual modo, integrada como estaba la abierta economнa chilena al mercado mundial la depresiуn universal de 1873 y la Guerra del Pacнfico, con sus consecuencias, produjeron violentas oscilaciones econуmicas, tanto en el sector "domйstico" como en el de la exportaciуn.
Se produjo un alza general de precios, que comenzу en 1850 para terminar en 1873. Los precios de cien artнculos... subieron 32,9 % entre el perнodo 1847-50 y 1875. A partir de esta ъltima fecha se produjo una declinaciуn general de precios. El golpe de gracia lo dio la baja del cobre. En 1872 la tonelada inglesa se cotizaba en Londres a 108 libras. Este precio cayу a pique, y de tumbo en tumbo, descendiу hasta 39,5 libras en 1878. Colocaron a los agricultores en la imposibilidad de servir el interйs de sus deudas... faltaron compradores que dispusieran de los recursos necesarios para adquirir fundos por el monto de la deuda... Muchos acreedores, inclusive bancos, se vieron obligados a pagarse con precios rъsticos (Encina, citado por Pinto, 1962: 26-29).
"El pinбculo de esta situaciуn fue la declaraciуn de inconvertibilidad de la moneda en 1878 y el ingreso de un rйgimen de papel moneda" (Pinto, 1962: 29).
Le economнa triguera chilena, grande desde el punto de vista nacional, pero que sуlo satisfacнa una pequeсa proporciуn del consumo mundial, quedу necesariamente expuesta tambiйn a las violentas oscilaciones del mercado mundial y de toda la economнa capitalista. "En el fondo la magnitud de nuestra exportaciуn dependнa de la producciуn mundial" (Sepъlveda, 1959: 62). La ъnica salvaciуn era el mercado peruano, el cual, relativamente aislado de las fluctuaciones metropolitanas, ofrecнa mucho menos variaciуn en su demanda de trigo chileno y, por ende, tenнa una influencia parcialmente estabilizadora.
El comercio exterior del trigo, en el siglo pasado, era afectado muy de tarde en tarde con las crisis o bajas de la exportaciуn, y como el comercio estaba influido y era sensible a las fluctuaciones de la economнa mundial... La curva de la exportaciуn total presenta fluctuaciones muy grandes con ascensos francamente extraordinarios y con caнdas sъbitas tambiйn de una inusitada magnitud... Las graves depresiones de 1870, 1878, 1890 y 1895, por ejemplo, que afectan la curva de la exportaciуn total, no se dejan sentir en la curva del Pacнfico; йsta se mantiene sensiblemente constante. Lo mismo sucede si nos colocamos en el extremo opuesto, las mбs altas exportaciones se destacan con toda claridad en la curva del comercio total, pero tampoco se acusan en la exportaciуn hacia el Pacнfico (Sepъlveda, 1959, 60-61).
La Guerra del Pacнfico, contra Perъ y Bolivia, trajo otro trastorno en la economнa. Se produjo espontбneamente la restricciуn en las importaciones de todo lo que no era necesario para vestir y equipar el ejйrcito. La minerнa y la agricultura pagaron el saldo que no alcanzу a cubrir la restricciуn de las importaciones suntuarias... La industria fabril, por su lado, doblу en diez, veinte y hasta cien veces la elaboraciуn de vestuario, calzado, artнculos de talabarterнa, pуlvora, productos quнmicos y farmacйuticos, carros, barriles, mochilas, carpas, cureсas, calderas pera buques, etcйtera... Terminada la guerra, se produjo la liquidaciуn de la industria improvisada (Encina, citado por Pinto, 1962: 42).
El auge y la decadencia del nъmero de establecimientos industriales son sugeridos por lo siguiente (Nolff, 1962: 153):
1868
1878
1888
Molinos de trigo
507
553
360
Fбbricas de tejidos
177
302
281
Tenerнas
61
101
70
Fбbricas de tejidos
7
10
5
Fundiciones de cobre
250
127
69
Aunque el movimiento de buques en los puertos chilenos aumentу tres veces entre 1860 y 1870, la fIota mercante chilena, que habнa llegado a tener 276 naves en 1860, descendiу a 21 en 1868, y hacia 1875 sуlo habнa vuelto a aumentar a 75 (Sepъlveda, 1959: 72). El mismo Sepъlveda comenta:
La Marina Nacional prбcticamente no interviene, a partir de entonces, en el comercio internacional; la influencia de los barcos mercantes extranjeros serб decisiva y podrб constituirse por mucho tiempo en un fuerte monopolio; asн lo expone el Boletнn de la Sociedad Nacional de Agricultura, del 26 de diciembre de 1898: "La agricultura chilena, bloqueada por una marina mercante extranjera y limitada que impide, merced a los privilegios que imprevisoramente le concedemos, el desarrollo de una marina mercante nacional sin la cual el paнs no podrб subsistir como entidad comercial de expansiуn propia, segura e independiente..." (Sepъlveda, 1959: 72).
El historiador Francisco Encina, conservador en materia de economнa, considera que el abandono chileno de su cabotaje a intereses extranjeros es "uno de los mayores y mбs trascendentales errores que registra la historia de los pueblos hispanoamericanos y entre los factores dependientes de la voluntad humana el que ha pesado mбs adversamente en la evoluciуn histуrica del pueblo chileno". (Encina, Historia de Chile, XIV, 644, citado por Sepъlveda, 1959: 72.)
Encina pasa reviste a todo el perнodo inmediatamente posterior a la independencia:
"En menos de cincuenta aсos el comerciante extranjero ahogу nuestra naciente iniciativa comercial en el exterior; y dentro de la propia casa nos eliminу del trбfico internacional y nos reemplazу, en gran parte, en el comercio de detalle... Casi todos los progresos realizados por la agricultura entre 1870 y la guerra del Pacнfico se debieron a la influencia directa de la industria minera. Los magnates de la minerнa, lo mismo que a mediados del siglo, compraban en el centro grandes haciendas por formar, las regalaban y su espнritu mбs progresista y emprendedor que el del antiguo hacendado, los movнa a adquirir maquinarias modernas y a implantar nuevos cultivos. Entretanto, el agricultor tradicional no sуlo estaba cohibido por su falta de iniciativa sino de capital... Hacia 1890, casi la totalidad de las industrias de alguna importancia que existнan en el paнs, seguнa en poder de los extranjeros y de sus descendientes inmediatos." (Encina, citado por Pinto, 1962: 58.)
їCуmo podemos interpretar y comprender tanto las temporarias expansiones y contradicciones econуmicas como la subyacente tendencia al subdesarrollo estructural en el medio siglo posterior a la independencia polнtica de Chile? La interpretaciуn general del desarrollo y el subdesarrollo en funciуn de las relaciones metrуpoli-satйlite dentro de la estructura del sistema capitalista puede servir de ayuda a este respecto.
Las expansiones y contracciones temporarias de la economнa chilena y su metrуpoli nacional pueden buscarse, por razуn de sus nexos con la metrуpoli capitalista mundial, en el accidentado desarrollo del sistema capitalista mundial en su conjunto. Dale Johnson me ha sugerido que las primeras medidas de inversiуn y desarrollo nacional chileno adoptadas despuйs de la independencia debieran atribuirse a la mayor cantidad de excedente econуmico de que Chile disponнa, una vez que su emancipaciуn del rйgimen colonial espaсol puso fin a la expropiaciуn de ese excedente por parte de Espaсa y, hasta cierto punto, de Lima. Este excedente adicional, como hemos visto, se canalizу en parte hacia la inversiуn en el paнs, y en parte hacia el consumo.
El historiador chileno Enzo Falette, despuйs de leer un borrador de este ensayo, sugiere que otras tres tentativas chilenas de expansiуn econуmica llevadas a cabo en ese perнodo deberнan interpretarse tambiйn, probablemente, como respuestas nacionales a acontecimientos en el sistema capitalista mundial en su conjunto, y a sus efectos sobre el satйlite chileno. Sacando partido de su independencia Chile tratу de romper el monopolio que, gracias en parte al control de la navegaciуn, habнa ejercido Lima por tanto tiempo sobre la economнa chilena. Las medidas orientadas a estimular la expansiуn de una marina mercante nacional despuйs de 1835 deberнan interpretarse en este contexto. Esas medidas condujeron en 1837 a la guerra con el Perъ cuya oligarquнa comercial no estaba dispuesta a ceder sin lucha.
Faletto sugiere asimismo que la intermitente guerra contra los araucanos y la Guerra del Pacнfico contra el Perъ y Bolivia pueden atribuirse tambiйn a los flujos y reflujos de la economнa mundial. Los araucanos poblaban las regiones meridionales de Chile que estaban destinadas a convertirse en tierras trigueras. Segъn el seсor Faletto, la investigaciуn histуrica demostrarб, probablemente, que las importantes campaсas militares efectuadas para despojar a los araucanos de sus tierras coincidieron, precisamente, con los perнodos en que la demanda mundial de trigo chileno estaba en alza: despuйs por ejemplo, de la derogaciуn de las leyes cerealistas en Inglaterra y del descubrimiento del oro en California y en Australia. La Guerra del Pacнfico, abiertamente emprendida para despojar al Perъ y a Bolivia de sus zonas salitreras durante la expansiуn econуmica de Chile, en la dйcada del 70, deberнa relacionarse tambiйn, segъn Faletto y de conformidad con la tesis de este ensayo, con el aflojamiento de los lazos del satйlite Chile con la metrуpoli capitalista mundial, debido a la seria depresiуn econуmica que sufriу esta ъltima despuйs de 1873.
Los mismos tres acontecimientos, opina Faletto, confirman otra parte de mi tesis
acerca del desarrollo y el subdesarrollo y la interpretaciуn de la experiencia
chilena: era capitalista en el nivel interno. Estas tres expansiones econуmicas
chilenas no sуlo fueron respuestas a estнmulos externos que afectaban a Chile
como parte integrante del sistema capitalista mundial, sino que tambiйn en el
nivel interno ocurrieron totalmente dentro de una estructura capitalista de
metrуpoli y satйlite. Todo desarrollo chileno, no obstante las limitaciones que
la metrуpoli mundial pueda imponerse, ocurre necesariamente a expensas de
satйlites internos. Asн, la expansiуn de la producciуn de trigo metropolitana
durante este perнodo se hizo a expensas de los araucanos, que con ello fueron
crecientemente satelizados y quedaron sin duda mбs subdesarrollados que antes.
De igual modo, la posterior expansiуn econуmica y la incorporaciуn de salitre al
proceso del desarrollo chileno tenнan que implicar la conversiуn de las regiones
salitreras en un satйlite capitalista interno de la metrуpoli chilena, como йsta
a su vez era satйlite de la metrуpoli capitalista mundial.
G. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XIX EN CHILE: CONSOLIDACIÓN DEL SUBDESARROLLO
2. El librecambio y el subdesarrollo estuctural
Estas ilustraciones en la economía chilena van acompańadas y subrayadas por una tendencia al subdesarrollo estructural que hasta hoy no ha cesado. Este subdesarrollo debe atribuirse también a la participación de Chile en el sistema capitalista mundial y a la estructura económica y política internas que éste le impuso y que aún mantiene. Todo este período de la expansión económica chilena, que duró poco más de una generación, coincidió con la expansión mundial del librecambio. Así, pues, antes que surgieran fuertes intereses chilenos ligados al desarrollo nacional independiente, coartados como estaban por la estructura social, económica y política heredada de los tiempos coloniales, el librecambio reintegró a la metrópoli chilena y a sus influyentes grupos comerciales el sistema capitalista mundial, ahora como satélites de la Gran Bretańa.
En el siglo XIX, librecambio quería decir monopolio y desarrollo industrial para Inglaterra y mantenimiento de la expoliadora estructura metrópoli-satélite capitalista e, inevitablemente, un subdesarrollo estructural aún más profundo para los satélites. Una vez industrializada Inglaterra al amparo de sus aranceles protectores, sus Navigation Acts y otras medidas monopolistas, su principal producto de exportación llegaron a ser la doctrina del librecambio y su mellizo, el liberalismo político. El debate en torno al liberalismo y el librecambio involucró a todo el mundo. En Chile tomó formas que los siguientes argumentos de mediados del siglo XIX podrían resumir. La tesis inglesa en pro del librecambio fue expuesta en una nota oficial del Foreign Office en 1853:
El gobierno chileno puede estar seguro de que una política comercial liberal producirá en Chile los mismos resultados que en Inglaterra, es decir, el aumento de las rentas del gobierno y la elevación de las comodidades y de la moral del pueblo. Este sistema, que en el Reino Unido ha sido aceptado después de larga consideración y que tras haber sido probado en la experiencia ha logrado triunfos que superan las expectaciones más optimistas, merece si bien se considera la pena de ser ensayado por el gobierno de Chile. (Instrucciones del encargado de negocios de Inglaterra en Chile, 23 de setiembre de 1853, citado por Ramírez, 1959: 68).
El gobierno de Su Majestad, como todos los poderes metropolitanos, no se limitó a dar consejos:
Con fecha 7 de febrero de 1853, el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretańa instruyó a su representante en Santiago para que reclamara ante el gobierno de Chile por el derecho de exportación al cobre que éste había establecido... "Tengo que informar a Ud. que el gobierno de S. M. no puede mirar esta medida sino como perjudicial a la navegación de retornos de las cosas occidentales de América que ahora encuentra fletes en la traída de minerales de esa región para el tratamiento metalúrgico en este país. Este comercio es de considerable valor, y seguramente se incrementará pues Gran Bretańa actualmente importa minerales de cobre para ser fundidos... se han erigido molinos para moler y trabajar esos productos de Chile, y el negocio tiende a crecer, pero la ley chilena del 21 de octubre último no puede sino desanimar estas empresas en este país, y privar a Chile de la ventaja de extraer y exportar sus propios productos minerales... Exprese la esperanza del gobierno de S. M. que la ley en cuestión será anulada, como que está calculada para restringir el intercambio comercial entre los dos países y para limitar los beneficios que Chile ahora deriva de la extracción y embarque de minerales". (Ramírez, 1960: 64-67).
La tesis contraria apareció, el 4 de mayo de 1868, en El Mercurio, hoy el principal periódico chileno, que por aquella época aún no había iniciado el proceso que lo convertiría veintitantos ańos después, en el más firme aliado chileno del imperialismo hasta el presente.
Chile puede ser industrial, pues tiene capitales, brazos y actividad, pero le falta la voluntad decidida de querer ser. Hay un fuerte capital extranjero representado en la importación de manufacturas. Este capital esta y estará siempre dispuesto a oponer todo cuanto obstáculo tenga en sus manos al establecimiento de la industria en el país... El proteccionismo debe ser la leche que amamante a toda naciente arte o industria, el alma que les de su real animación positiva; porque sin él todo naciente adelanto queda expuesto desde la cima a los embates furiosos y bien combinados de la importación extranjera que está representada en el libre cambio. (Ramírez, 1960: 89).
Apenas puede dudarse hoy de qué lado estaba la razón; es asimismo evidente cuál de las partes triunfó: el librecambio, esto es, la relación metrópoli-satélite que había llegado a ser en extremo ventajosa para quienes, en las metrópolis mundial y nacional, se apropiaban de los excedentes.
La tendencia librecambista se acentuó en la época en que advienen las grandes exportaciones de trigo. Las consecuencias de esta orientación, en última instancia fueron: la internacionalización de nuestra economía, el aniquilamiento de la Marina Mercante (ordenanza de aduana de 1864) y la falta de capitalización en obra de interés nacional de las mayores entradas por el concepto de trigo y más tarde del salitre... La nueva Ordenanza de Aduanas de 1864 que declaraba la absoluta libertad del cabotaje nacional. Esta medida del estado en aras del liberalismo ambiente provocó la destrucción de la Marina Mercante Nacional, que no estaba en condiciones de resistir la competencia extranjera. Los tratados comerciales que Chile celebró en ese tiempo, llevaron incorporados sin discriminación "la cláusula de la nación más favorecida". Por medio de ellas los estados contratantes se obligan a otorgar las ventajas que pueden conceder a una tercera nación, también al otro contratante. Esto ocurrió con los países europeos, particularmente con Inglaterra, que gracias a dicha cláusula hizo de América Latina una verdadera colonia comercial impidiendo en Chile el progreso manufacturero y el de la Marina Mercante Nacional. (Sepúlveda, 1959: 36, 71-72).
Medidas librecambistas como la abolición de las cornIaws en Inglaterra en 1846, y de las restricciones chilenas a los buques extranjeros en 1864, aumentaron, en efecto, las exportaciones de trigo chileno a Inglaterra, en parte porque la apertura más liberal de los puertos de Chile a la navegación extranjera reducía el costo del embarque del cereal. Pero estas mismas medidas de librecambio, instituidas después de la presidencia de Manuel Montt, el patrocinador de la inversión de los capitales del país en los ferrocarriles, etc., no tardaron en servir también para deprimir la industria hullera chilena con la competencia del carbón de piedra inglés traído por los barcos que acudían a cargar trigo. No tardó mucho el librecambio en estrangular a la manufactura chilena también. La satelización de Chile por Inglaterra metropolitana, o mejor, la colonización de Chile por Inglaterra una vez que aquél se hubo independizado de Espańa, era inevitable. Ello no pasó inadvertido en Chile. Respecto del cobre, por ejemplo, El Ferrocarril, de Valparaíso (que también estaba entonces por cambiar su política editorial), escribió el 19 de enero de 1868:
"Entrando a examinar las causas a que debe Chile la riqueza que lo ha elevado por sobre los demás estados que fueron colonias de los espańoles, hemos hallado que todo lo debe a sus minas y principalmente al cobre que ha proporcionado al mundo mas de la mitad de lo que consume". "No obstante, este producto de nuestra industria ha estado sujeto a un monopolio que ha disminuido considerablemente nuestros provechos, recargándolos además con fletes, comisiones y otras gabelas inventadas por los fundidores ingleses. Por falta de otros mercados, los mineros americanos deben necesariamente mandar sus productos a Gran Bretańa y contentarse con el precio que les ofrezcan los fundidores de ese país. Hace veinte ańos que ellos han abusado de la dependencia en que se hallan los vendedores y, en los últimos dos ańos y principios del actual, los fundidores han obtenido ganancias fuera de toda proporción..." "żEs esto soportable en un país que encierra los elementos para libertarnos de tan odioso monopolio? ... Desde que el monopolio de los fundidores ingleses los hace árbitros del precio de este producto, y desde que por medio de sus capitales ellos limitan o ensanchan nuestra explotación, la verdadera riqueza de nuestra sociedad queda sometida al interés de especuladores extranjeros que, consultando los suyos, nos ponen en la triste situación que tocamos...
"żEs sufrible que un país que encierra en sí todos los elementos para fundir todos sus minerales, refinados hasta ponerlos al estado más puro para que de aquí salgan a la India, a la China, a la Europa y al mundo entero, sea encadenado a un tal monopolio y sometida a la caprichosa voluntad de unos pocos individuos su principal riqueza? Como lo hemos comprobado, no es la oferta y la demanda lo que ha hecho bajar nuestro cobre; es sólo nuestra incuria y abandono de un lado; es el poder de un capital que por nuestra ignorancia hemos formado a expenses nuestras en el extranjero. Bien es sabido el juego de los fundidores ingleses que el aviso de ir ricos cargamentos de nuestros productos, los bajan de precio para comprarlos a su llegada y volverlos a subir de nuevo cuando se hallan en sus manos, estableciendo una permanente oscilación en el precio de nuestros minerales que se arregla a su sola conveniencia. No podía ser de otro modo desde que ellos se habían hecho árbitros de nuestra riqueza en la que sólo su voluntad debía prevalecer." (Ramírez, 1960: 82-84).
Y todo esto gracias al orden de cosas efectivamente monopolista al que liberalmente se llama "librecambio".
Mas la metrópoli, claro está, no confiaba únicamente en los efectos de su política librecambista sobre el mercado mundial. Siempre que así le convino y le fue posible, la metrópoli, ahora representada por Inglaterra, como por otros antes y después, penetró hasta el mismo corazón de la estructura interior mercantil, industrial y a menudo agrícola de la periferia (hasta donde el país satélite tuviera una economía '"nacional"), para apoderarse de ella. A este respecto, Hernán Ramírez observa en su Historia del imperialismo en Chile:
Con posterioridad a 1850, el predominio británico en la industria minera se acrecentó por medio de los ferrocarriles ingleses que recorrían la zona... Además de controlar el comercio internacional y monopolizar la producción de cobre, los ingleses estuvieron constantemente alertas para impedir que Chile perdiera su calidad de exportador de materias primas y alimentos y de consumidor de manufactura... (Ramírez, 1960: 63-64).
Y Ramírez continúa:
Gran parte de la actividad mercantil interna estaba bajo el control directo e inmediato de empresarios británicos. Uno de los vehículos para la creación y el mantenimiento de esta situación, fue la alta dependencia en que el comercio interno se hallaba con respecto a las casas mayoristas inglesas, las que... tenían en sus menos el comercio internacional... Esos casos extendieron el giro de sus negocios, se conectaron con diversos ramos de la actividad productora nacional... El otro, fue la participación que los británicos tenían en la Marina Mercante chilena..."una gran proporción de barcos... aunque navegando con la bandera de Chile y bajo cubierta de propietarios nativos, porque los barcos extranjeros no pueden hacer cabotaje, son realmente de construcción inglesa, propiedad de súbditos británicos".
Las grandes casas comerciales extranjeras, vale decir, inglesas, desempeńaban un significativo papel en la vida financiera del país: otorgaban créditos, emitían vales y aún billetes, comerciaban con el dinero, etcétera; en una palabra, operaban como verdaderas instituciones bancarias... esto significa que tan pronto como dejamos de ser colonia de Espańa, llegamos a ser dependencia, usufructuada por el capitalismo inglés (Ramírez, 1960: 73-75).
No debería pensarse, empero, que la colonización económica de la periferia chilena y la conversión de ésta en satélite, llevadas a cabo por la metrópoli inglesa, sólo ocurrieron porque la metrópoli del mundo capitalista es por definición fuerte y su periferia débil, o porque la doctrina inglesa del librecambio convenciera a todos y cada uno de los de la periferia (u otras partes de la metrópoli) por el poder de su lógica. No. La metrópoli del mundo capitalista tenía, indudablemente, aliados en las metrópolis periféricas, y la doctrina del librecambio cayó en oídos interesados en los satélites periféricos capitalistas, como Chile, si bien no tanto en otros países metropolitanos o independientes, como Alemania y el Japón. La contradicción polar metrópoli-satélite del capitalismo trasciende a todo el sistema capitalista mundial, desde su centro macrometropolitano hasta su satélite más microperiférico. En virtud de las diferentes circunstancias, los intereses económicos y de otro tipo que esta contradicción central origina, las incontables contradicciones menores concretas asumen por supuesto, una amplia variedad de formas.
Por desdicha, las circunstancias de este período de la historia chilena no han sido aún tan bien estudiadas como las del período posterior. Empero, pueden hacerse algunas sugerencias acerca del conflicto y de la alianza de los intereses creados por las contradicciones capitalistas en Chile a mediados del siglo XIX. Se dispone de un indicio en Courcelle-Seneuil, librecambista de la época, mundialmente conocido, que fue importado por (o exportado a) Chile como asesor oficial del gobierno, y a quien muchos historiadores chilenos han identificado con la adopción del librecambio en Chile después de 1860. Courcelle-Seneuil observó que:
"Gran parte de las nuevas ganancias han sido empleadas en dar ensanche a Ios goces de los propietarios; el mayor número de éstos se han puesto a consentir soberbias casas y comprar suntuosos mobiliarios, y el lujo de los trajes de las seńoras que ha hecho en pocos ańos progresos increíbles... Se puede decir que mientras los labradores gastaban en locas diversiones los aumentos de sus entradas, los propietarios empleaban las suyas en aumentar goces más durables, pero unos y otros han capitalizado muy poco". (Sepúlveda, 1959: 51.)
Estos terratenientes, sin duda, miraban con malos ojos las restricciones al comercio que impedían tales progresos a sus seńoras. El ministro de Hacienda del régimen siguiente al de Montt explicó al Congreso que el freno a la navegación extranjera todavía en vigor, es decir, la posición privilegiada de la marina chilena, debía desaparecer, y ello en bien de "esos intereses para los que [el privilegio] fue creado" (Véliz, 1962: 240). Es decir, los intereses de Ios terratenientes, y aún más los de los exportadores y los importadores, sin duda. El diputado Matta sostuvo que los derechos de aduana no eran más que una seńal de la debilidad y cobardía del gobierno, y que todos ellos debían ser abolidos.
Podemos presumir, pues, que la estructura metrópoli-satélite del sistema capitalista mundial, y de Chile dentro de él, creó grupos de intereses definidos dentro de la metrópoli del satélite chileno, los cuales, no obstante los conflictos con el imperialismo que puedan haber tenido, sentíanse impelidos a respaldar, por sobre cualquier otra política, la que senda para hacer de Chile un satélite aún más dependiente de la metrópoli capitalista mundial. No sorprende, por tanto, encontrar a esos grupos valiéndose de la debilidad del gobierno, originada en la depresión mundial de 1857, para rebelarse contra el presidente Montt y sus programas de desarrollo nacional. Se puede, por ende, estar de acuerdo con Claudio Véliz cuando dice:
Manuel Montt se enfrentó a dos revoluciones ... la segunda en 1859 estuvo más
próxima a los intereses políticos y económicos de los grupos de presión mineros
y agrícolas del país. Gran parte de la oposición a la actitud centralista,
fuerte, de ingerencia estatal en la cosa económica que pregonizaba Montt,
provino de los grupos liberales y, por supuesto, librecambistas cercanos a la
exportación de minerales y de productos agropecuarios del norte y sur del país.
Desde luego, es más que una coincidencia sin importancia el hecho de que los
núcleos de resistencia contra el gobierno de Montt hayan estado situados en
Copiapó y Concepción. (Véliz, 1962: 242).
G. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XIX EN CHILE: CONSOLIDACIУN DEL SUBDESARROLLO
3. La revoluciуn industrial frustrada: Balmaceda y el salitre
El siguiente perнodo fue decisivo para la firma consolidaciуn de esta tendencia al subdesarrollo en la estructura social, econуmica y polнtica de Chile. Decisivo por asн decirlo, claro estб. Porque las semillas del subdesarrollo estructural habнan sido sembradas por la Conquista misma y por la estructura econуmica internacional, nacional y local a la que el pueblo de esta naciуn, potencialmente rica en otros sentidos, fue por consiguiente incorporado. Decisivo sуlo por el hecho de que los acontecimientos posteriores marcaron lo que quizбs ha sido el mбs espectacular intento de dasarraigar el бrbol del subdesarrollo y plantar en su lugar el del desarrollo. Por otra parte, este intento, vinculado al nombre del presidente Balmaceda, fue menos decisivo de lo que sugieren escritores como Pinto, Nolff, Ramнrez y otros. Si fracasу despuйs de todo —y fracasу de modo espectacular— fue sуlo porque sus posibilidades de йxito habнan sido perjudicadas por las mismas circunstancias que en los tres siglos anteriores habнan originado ya fracasos similares, aunque tal vez menos divulgados. Las raнces del subdesarrollo estaban demasiado profunda y firmemente adentradas en la estructura, la organizaciуn y el funcionamiento del sistema econуmico del que Chile ha sido parte desde sus principios hasta hoy.
Investigadores como Jobet, Pinto, Ramнrez, Nolff y Vera, unas veces explнcitamente, otras implнcitamente, explican la frustraciуn del desarrollo en la era de Balmaceda atribuyйndola a la infortunada concatenaciуn de una serie de circunstancias mбs o menos especiales. Esta explicaciуn serнa aceptable si como esos mismos autores sostienen, Chile hubiera sido un paнs cerrado, "recluso", autбrquico o feudal hasta la segunda mitad del siglo XIX (Jobet), o la primera mitad de la misma centuria (Pinto y Nolff) o, al menos, hasta el siglo XVIII (Ramнrez), y tardнamente hubiera tratado de saltar de la autarquнa al "desarrollo hacia afuera" en vez de "hacia adentro". La verdad lisa y llana de la historia y de la estructura econуmica de Chile es que este paнs ha sido una economнa satйlite abierta, capitalista y dependiente desde el principio; dicho de otro modo, las raнces de su subdesarrollo son muy profundas, estбn en la estructura del capitalismo y no en el feudalismo o el desarrollo "hacia afuera" o en una combinaciуn de los dos ъltimos. Por consiguiente si Chile ha de pasar del subdesarrollo al desarrollo, su transformaciуn estructural tendrб que ser mucho mбs honda que el mero cambio del desarrollo capitalista hacia afuera por el desarrollo capitalista hacia adentro.
Algunos de los que vivнan en Chile en la segunda mitad del siglo XIX discernieron, despuйs de todo, la tendencia a un desarrollo cada vez mбs profundo, y algunos de ellos intentaron frenarla. La nueva Sociedad de Fomento Fabril, en su prospecto inaugural, puso muy altas sus miras y las de Chile —aunque pudiera pensarse que no sin razуn— en 1883.
Chile puede y debe ser industrial. Probar esta idea hasta la evidencia, establecerla como mбxima de todos, pueblo y gobierno, pobres y ricos, llegar a hacer de ellos el punto de mira y el solo objetivo racional de los hombres laboriosos y de los acaudalados capitalistas... Debe ser industrial por su agricultura; porque la feracidad de las tierras de todo el valle central reclama cultivos mбs ricos... y en mucho mayor escala que lo que hasta ahora se hace. Y porque nuestro paнs, reducido en su extensiуn, comparativamente con otros que ya son productores de trigo, se verб obligado en algunos aсos mбs, y por fuerza, a abandonar la exportaciуn de este articulo... Debe ser industrial por su minerнa, porque su verdadera riqueza consiste no en reventones o veras de plata y cobre con centenares de marcos en su ley, sino en sus montaсas de metales pobres que ofrecen ganancia segura y verdadera por largos aсos al industrial inteligente... Debe ser industrial por las condiciones de su raza, inteligente y fuerte, apta para comprender y dirigir cualquier maquinaria a poco que se le enseсe y capaz de repetir cualquier trabajo con sуlo enconmendarlo a su proverbial entusiasmo y buena voluntad... Debe ser industrial porque tiene los elementos para serlo: posee las substancias minerales de mбs alta importancia en abundancia extraordinaria: el cobre, el fierro, el carbуn de piedra, el salitre y el azufre, y con ellos el бcido sulfъrico y todos los productos quнmicos que la industria necesita para su establecimiento y desarrollo; tiene los elementos vegetales, maderas de todo gйnero, lino, cбсamo de primera clase... y cuenta con productos animales, pieles, lanas y seda que pueden fabricar los mбs delicados trajes y tejidos. Sin que nada justifique que tan ricos y variados productos salgan de nuestro suelo a recibir en otra parte su elaboraciуn definitiva y vuelvan en seguida a nuestro paнs a ser vendidos por precios que nos arrebatan mucho mбs que la ganancia de venta del articulo primo. Debe ser industrial, porque en conformaciуn geogrбfica posee una fuerza de trabajo de un valor inmenso, que puede aprovecharse en todas las industrias hasta llegar a una producciуn mбs barata que la de todos los demбs paнses. Esta fuerza es la corriente de los rнos, los que en el curso de la cordillera al mar se prestan por su declive a formar millones de caнdas de agua que son otros tantos motores y fuentes de riqueza para el paнs.
Y para terminar, Chile debe ser industrial, porque es el estado a que lo lleva su natural evoluciуn de pueblo democrбtico y porque sуlo dedicando sus fuerzas a la industria llegarб a poseer la base estable del equilibrio social y polнtico de que disfrutan las naciones mбs adelantadas, llegarб a tener clase media y pueblo ilustrado y laborioso, y con ello porvenir de paz de engrandecimiento para muchas generaciones... (Prospecto de la Sociedad de Fomento Fabril, 1883, citado por Ramнrez, 1958: 149).
La verdad es que en el perнodo 1830-1930 la agricultura chilena tuvo todo a su favor: mercados externos, divisas para tecnificarse, crйdito abundante, "tranquilidad social", pleno liberalismo en la polнtica oficial, protecciуn de los gobiernos.... hasta desvalorizaciуn monetaria para aliviar sus deudas. Y, sin embargo, en lugar de prosperar fue retrogradando. Con alguna razуn... (Pinto, 1962: 84).
ЎQuй amarga ironнa que literalmente lo mismo pueda decirse y se diga hoy, todavнa con igual justificaciуn! їQuй ocurriу?
La Guerra del Pacнfico proporcionу enormes riquezas a Chile con las provincias septentrionales antes peruanas y bolivianas, que contenнan los mayores depуsitos de salitre —y los ъnicos— que el mundo conocнa. El salitre, antes del posterior descubrimiento de un sustituto sintйtico, constituнa, con el guano peruano y chileno, el principal fertilizante comercial del mundo. Las minas de salitre se habнan abierto con capital peruano y chileno y eran trabajadas en gran parte por obreros chilenos, y por el control de ellas, esencialmente, se rompieron las hostilidades. Chile ganу la guerra y las minas, pero las consecuencias de su victoria fueron desastrosas. Porque la victoria aumentу el interйs en Chile de una potencia metropolitana cuya participaciуn en los asuntos econуmicos y polнticos chilenos condenу al paнs aъn mбs a la ruina del subdesarrollo.
Con anterioridad a la Guerra del Pacifico, la industria salitrera habнa comenzado a desarrollarse gracias a la energнa de empresarios peruanos y chilenos; ademбs, actuaron en ellos algunos ciudadanos britбnicos y de otras nacionalidades. Los capitales que se empleaban, provenнan en su totalidad de los centros financieros de Perъ y Chile, el que llegaba hasta la regiуn por las vнas del crйdito o de la inversiуn. Esto es significativo y debe subrayarse: Terapacб no recibiу inversiуn de capitales ingleses, en el nacimiento, promociуn y desarrollo inicial de la industria salitrera, los ingleses no tuvieron ninguna participaciуn importante. (Ramнrez, 1960: 114).
El capital inglйs-norteamericano representaba el 13% de la industria, y el peruano-chileno el 67%; el 20% restante pertenecнa a extranjeros econуmicamente nacionalizados. (Encina, citado por Pinto, 1962: 55).
Los bonos y certificados entregados por el gobierno peruano en pago de las plantas, que habнan perdido casi todo su valor (a causa de y durante la guerra), de repente comenzaron a ser solicitados por "compradores misteriosos... que pagaron por ellos 10 y hasta 20% de su valor nominal, en soles depreciados" al consumarse la decisiуn del gobierno chileno (de honorar los bonos peruanos), los nuevos tenedores pasaron a ser los dueсos de la parte mбs valiosa de la industria. Figura central en este drama tan absurdo como sospechoso fue el casi legendario Mr. John T. North, quien, para colmo de ironнas, realizу la fantбstica especulaciуn que lo convirtiу en "rey del salitre" con capitales chilenos provistos por el Banco de Valparaнso. Esta instituciуn y "otros prestamistas chilenos facilitaron a North y sus asociados $ 6.000.000 para acaparar los certificados salitreros y los ferrocarriles de Tarapacб". El proceso de desnacionalizaciуn fue rбpido y se extendiу, cosa curiosa, hasta el punto de reducir la parte de la industria que controlaron los chilenos antes del conflicto, segъn Encina... el 10 de agosto de 1884, el capital peruano habнa desaparecido; el chileno estaba reducido al 36%; el inglйs montaba a 34%, y el capital europeo no nacionalizado 30%. (Pinto, 1962:55, citando tambiйn a Encina).
Los ingleses no tardaron en eliminar una proporciуn todavнa mayor del capital chileno:
El ex ministro Aldunate, que tuvo un papel importante en la decisiуn gubernativa, que abrнa paso a la entrega del nitrato, reflexionaba melancуlicamente mбs tarde, en 1893: "Por desgracia, y en fuerza de una combinaciуn de circunstancias que serнa largo de recordar, la industria salitrera se halla нntegra y exclusivamente explotada y monopolizada por extranjeros. No hay un solo chileno que posea acciones en las suculentas empresas de ferrocarriles de Tarapacб... Los buques que conducen desde nuestros puertos a los centros del consumo las riquezas del litoral, son todos de extraсa bandera. Es inglйs todo el combustible que se emplea para el movimiento de las mбquinas. Y para que el monopolio exуtico de estas industrias sea completo, son tambiйn extranjeros todos los agentes intermediarios entre productores y consumidores, y en sus manos quedan нntegramente tambiйn las utilidades comerciales de la industria". (Pinto; 1962: 55-56).
No obstante, El Ferrocarril, cuya polнtica econуmica no era ya la de 1868, sostenнa el 28 de marzo de 1889:
"Las riquezas acumuladas por los extranjeros no deben inspirar recelos, porque son legнtimos frutos de su actividad, trabajo e inteligencia, y sirven tambiйn al paнs que suelen dar a nuevas industrias, lo que desarrolla mayor consumo de productos nacionales y beneficia a nuestros esforzados trabajadores... Hay universal convencimiento en que las futuras bases de la prosperidad nacional deben buscarse en el desarrollo industrial a que se presta admirablemente nuestro paнs por la abundancia y variedad de sus productos naturales, y nadie podrб negar que en esta vнa nos es indispensable la cooperaciуn extranjera, ya sea con sus capitales, ya con su experiencia y conocimientos. Quien ama de veras la patria, no debe hostilizar entonces a los factores de su grandeza". (Ramнrez, 1958: 102).
Para cualquier lector objetivo de un paнs actualmente subdesarrollado, en Amйrica Latina o en otra parle, tal experiencia de la "contribuciуn" del capital extranjero y de sus apologistas interiores y forбneos no serб, sin duda, una sorpresa. Porque la misma realidad y la misma fбbula son todavнa parte cabal de su diaria existencia. Lo mismo han experimentado los ferrocarriles de la Argentina y Guatemala, los servicios pъblicos de Chile y el Brasil, las minas, tierras y fбbricas en los paнses subdesarrollados de todas partes. ЎCuбnto fraude y saqueo constantes se han perpetrado al amparo de las nobles palabras "inversiуn y ayuda del exterior"! (Vйase capitulo V y Frank, 1963a y 1964b).
Aunque El Ferrocarril alegaba que era "universal" la convicciуn de que Chile prosperarнa por el camino de sus relaciones econуmicas con el extranjero, y que "nadie podнa negar que la cooperaciуn extranjera era, por tanto, indispensable", no todos convenнan en ello, como el mismo periуdico sabнa demasiado bien (y por eso escribiу como lo hizo), sobre todo el reciйn electo presidente Balmaceda. En el discurso en que aceptу su designaciуn como candidato a la Presidencia, el 17 de enero de 1886, Balmaceda proclamу su filosofнa y programa econуmicos:
El sistema tributario exige una revisiуn y prбctica que guarde armonнa con el igual repartimiento de las cargas pъblicas prescritas en la Constituciуn. El cuadro econуmico de los ъltimos aсos prueba que dentro del justo equilibrio de los gastos y las rentas, se puede y se debe emprender obras nacionales reproductivas que alientan muy especialmente la hacienda pъblica y la industria nacional. Si a ejemplo de Washington y de la gran Repъblica del Norte, preferimos consumir la producciуn nacional, aunque no sea tan perfecta y acabada como la extranjera; si el agricultor, el minero y el fabricante construyen ъtiles o sus mбquinas de posible construcciуn chilena en las maestranzas del paнs; si ensanchamos y hacemos mбs variada la producciуn de la materia prima, la elaboramos y transformamos en substancias u objetos ъtiles para la vida o la comodidad personal; si ennoblecemos el trabajo industrial aumentando los salarios en proporciуn a la mayor inteligencia de aplicaciуn por la clase obrera; si el estado, conservando el nivel de sus rentas y de sus gastos, dedica una porciуn de su riqueza a la protecciуn de la industria nacional sosteniйndola y alimentбndola en sus primeras pruebas; si hacemos concurrir al estado con su capital y sus leyes econуmicas, y concurrimos todos, individual o colectivamente, a producir mбs y mejor, y a consumir lo que producimos, una savia mбs fecunda circularб por el organismo industrial de la repъblica y un mayor grado de riqueza y bienestar nos darб la posesiуn de este bien supremo de pueblo trabajador y honrado: vivir y vestirnos por nosotros mismos. A la idea de industria nacional estб asociada la de inmigraciуn industrial y la de construir, por el trabajo especial y mejor remunerado, el hogar de una clase numerosa de nuestro pueblo, que no es el hombre de la ciudad, ni el inquilino, clase trabajadora que vaga en el territorio, que presta su brazo a las grandes construcciones, pero que en йpocas de posibles agitaciones sociales, puede remover intensamente la tranquilidad de los espнritus. (Ramнrez, 1958: 111-112).
Ramнrez resume como sigue la polнtica salitrera y otros programas econуmicos de Balmaceda:
Romper el monopolio que los capitalistas ingleses ejercнan en Tarapacб, como una manera de impedir que aquella regiуn fuera "convertida en una simple factorнa extranjera".
Estimular la formaciуn de compaснas salitreras nacionales, cuyas acciones fueran intransferibles a ciudadanos o empresas extranjeras. De este modo, junto con neutralizarse la preponderancia britбnica, se lograba "radicar en Chile al menos una parte de los cuantiosos provechos de la industria salitrera".
Impedir el mayor desarrollo de las empresas extranjeras, aunque sin obstaculizar las actividades que ya realizaban.
Fomentar la producciуn del salitre mediante el empleo de medios tйcnicos mбs perfeccionados, la apertura de nuevos mercados y el abaratamiento de los fletes marнtimos y terrestres. Estos sanos y previsores propуsitos, no alcanzaron a materializarse. (Ramнrez, 1958: 98).
Ramнrez examina, ademбs, los diligentes programas econуmicos de Balmaceda para las categorнas siguientes: obras pъblicas, ferrocarriles, carreteras, salud pъblica, polнtica financiera, fiscal, agrнcola, minera, industrial y docente; administraciуn pъblica planificaciуn y descentralizaciуn de la economнa. (Ramнrez, 1958: 114-160).
Los conservadores y la Iglesia parecen haber reconocido algunos de los mйritos de Balmaceda, lo que no quiere decir que les gustaran. El periуdico que hablaba por ellos, El Estandarte Catуlico, escribiу como sigue, el 4 de junio de 1889, en un artнculo atrayentemente titulado "Antes lo necesario que lo conveniente":
El seсor Balmaceda estб empeсado en adquirir para su nombre la gloria de haber cruzado el paнs a lo largo y a lo ancho de caminos de hierro, de haber levantado palacios para la instrucciуn, aumentado el material de la marina y el ejйrcito, abierto puertos y construido diques; en suma, haber dado impulso vigoroso al progreso industrial y material. Pero en esta prodigalidad esplйndida para todo lo que brilla, en este reparto fastuoso de millones de obras de mera utilidad y dudosa conveniencia, no ha reservado ni un maravedн para mejorar la situaciуn econуmica del paнs, para aliviar al pueblo de la carga abrumadora de los impuestos, para acelerar la conversiуn metбlica, para procurar-el bienestar general con la disminuciуn de miseria. (Ramнrez, 1958: 117).
La diferencia exacta entre "lo necesario" y "lo conveniente" -esto es, їnecesario para el "bien general" de quiйn, y alivio de los impuestos para quй parte "del pueblo?-- nos es revelada por otros dos artнculos de fondo aparecido en otros periуdicos en la misma primavera de 1889:
Alza de jornales, con motivo de los innumerables obras pъblicas que se construyen en la actualidad en toda la repъblica, los jornales han subido desde un aсo a esta parte de un modo digno de ser notado por nuestros economistas. A los peones, a quienes antes se les pagaba sesenta centavos por dнa, sin raciуn, se le abona en los edificios de construcciуn noventa centavos y se les da una raciуn que equivale a veintisйis centavos al dнa. (Ramнrez, 1958: 115, de La Tribuna, 20 de abril de 1889).
El mal aumenta. A la escasez general de trabajadores y ya subido jornal, pйsimo estado de viсas y mala calidad de los productos en general, se agrega ahora el subido precio con que la empresa del ferrocarril Clark se estб atrayendo a la mayor parte de los peones. Los vinicultores se ven hoy dнa en la imperiosa necesidad de pagar el mismo jornal de la empresa para poder concluir en debido tiempo sus cosechas. Muy conveniente serнa que la empresa pusiera todo empeсo en atraer de otros pueblos el resto de la peonada que necesita. (Ramнrez, 1958: 116, de Ecos de los Andes, 18 de abril de 1889).
Esto disipa toda duda acerca de quй se consideraba "necesario" para quiйn e inmediatamente "conveniente" para quй parte del pueblo y, a la larga, para el desarrollo de la economнa en general, tambiйn.
El presidente Balmaceda, de igual modo, estaba muy claro acerca de quiйn era quiйn y cuбles instituciones representaban a cuбles intereses y fuerzas.
El congreso es un haz de corrompidos; hay un grupo que trabaja el oro extranjero y que ha corrompido a muchas personas. Hay un hombre acaudalado que ha envilecido la prensa y ha envilecido los hombres. Las fuerzas parlamentarias han fluctuado entre vicios y ambiciones personales. El pueblo ha permanecido tranquilo y feliz, pero la oligarquнa lo ha corrompido todo. (Ramнrez, 1958: 201).
El Times de Londres no estaba menos informado o no era menos informativo.
El Partido Progresista estб principalmente y primariamente compuesto de amigos de Inglaterra, y representa todos los elementos conservadores y adinerados, lo mismo que la inteligencia del paнs. (Times, 22 de junio de 1891, citado par Ramнrez, 1958: 197).
Pocos meses despuйs, ya movilizada la oposiciуn a йl, Balmaceda observу:
Estamos sufriendo uva revoluciуn antidemocrбtica iniciada por una clase social centralizada y poco numerosa, y que se cree llamada por sus relaciones personales y su fortuna a ser agrupaciуn directiva y predilecta en el gobierno... (Ramнrez, 1958: 201).
La siempre presta alianza imperialista nacional de los intereses comerciales, financieros, mineros y agrнcolas no tardу en movilizar sus fuerzas contra el presidente Balmaceda:
Cuando a fines del aсo 1890 y principios del 91 se preparaban algunos elementos para la guerra que tendrнa que sobrevenir, los seсores Agustнn Edwards y Eduardo Matte remitieron a don Joaquнn Edwards, en Valparaнso, уrdenes de pago por las sumas con que ellos contribuнan para los gastos de los futuros acontecimientos (El Ferrocarril, 17 de enero de 1892, citado por Ramнrez, 1958: 193).
Los gastos hechos en Europa durante los primeros meses de la revoluciуn, en servicio de la causa del Congreso, fueron atendidos por nosotros con fondos del Banco A. Edwards y Cнa. (Augusto Matte y Agustнn Rosa, Memoria presentada a la Junta de Gobierno, citada por Ramнrez, 1958: 194).
El Banco A. Edwards y Cнa. sigue siendo hoy el mбs poderoso de Chile; pertenece a la familia de ese apellido, junto con otras muchas empresas comerciales, incluyendo el periуdico mбs importante de Chile, El Mercurio, a travйs de cuyas pбginas, como de sus muchas otras actividades, la familia Edwards declara hoy su lealtad suma al imperialismo yanqui. Ella y su banco financiaron todavнa la coaliciуn de los intereses polнticos mбs reaccionarios en las memorables elecciones de 1964.
En la centuria pasada era el capital inglйs (apropiado, pero no contribuido) el que predominaba en Chile. El ministro de los Estados Unidos en Santiago no tenнa la menor duda de ello cuando el 17 de marzo de 1891 informaba al Departamento de Estado: "Puedo mencionar como un asunto de particular interйs el hecho de que la revoluciуn cuenta con la completa simpatнa, y en muchos casos, con el activo apoyo de los residentes ingleses en Chile... Es sabido que muchas firmas inglesas han hecho liberales contribuciones al fondo revolucionario. Entre otros, es abiertamente reconocido por los dirigentes de la guerra civil que M. John Thomas North (a quien conocemos de antes como «el Rey del salitre») ha contribuido con la suma de 100.000 libras esterlinas". (Ramнrez, 1958: 195). Eso era, indiscutiblemente, una gota en el mar comparado con lo que el Rey del Salitre ya se habнa agenciado en Chile. їSe puede dudar de que sus descendientes norteamericanos, que ponen sus nombres a minas de cobre y otras empresas que en justicia pertenecen a Chile, estбn "invirtiendo" hoy de otros modos en su propio futuro?
El Times de Londres resumнa la situaciуn el 28 de abril de 1891, como sigue:
Es evidente que la mayorнa del Congreso y sus partidarios —con mucha anterioridad a diciembre— se habнan formado la idea de que una ruptura con el Ejecutivo y una tentativa revolucionaria eran inevitables. Y con la influencia de casi todas las familias terratenientes, de los ricos elementos extranjeros y del clero, no hay que sorprenderse que estimaran fбcil la caнda del presidente. Ademбs, habнan conseguido el apoyo de la marina y creнan contar con gran parte del ejйrcito; por estas razones, no parecнan dudar de que, al enarbolar la bandera revolucionaria, se darнa la seсal para que en todo el paнs se produjera un movimiento popular en su favor. Parte de estas previsiones se ha realizado. Las grandes familias, los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, los mineros de Tarapacб, la flota y un pequeсo nъmero de desertores del ejйrcito estбn con ellos. Pero la gran mayorнa del pueblo chileno no ha mostrado signos de revuelta y Ios nueve dйcimos del ejйrcito permanecen leales al gobierno establecido. (Ramнrez, 1958: 191).
El gobierno del presidente Balmaceda cayу, en medio de una cruenta guerra civil, y el mismo presidente fue forzado a suicidarse. Los intereses econуmicos extranjeros y los gobiernos (el norteamericano no menos que el inglйs) que los representaban no se habнan cruzado de brazos. El cуnsul inglйs cablegrafiу al Foreign Office en 1891: "En cambio de la mencionada activa asistencia contra las fuerzas revolucionarias, el gobierno de los Estados Unidos espera que Chile denunciara sus tratados con los paнses europeos y concluirб un tratado comercial con los Estados Unidos". (Ramнrez, 1958: 229). El mismo aсo, el corresponsal en Chile del Times de Londres comunicу a la cancillerнa britбnica (no a su periуdico) su temor de que "Serнa una lбstima que Chile, que hasta ahora ha sido en aquella costa el baluarte contra la interpretaciуn de la Doctrina Monroe hecha por Blaine, llegar a ser «blainista» a pesar de nosotros". (Ramнrez, 1958: 229).
Sуlo dos aсos antes, en 1889, James G. Blaine, entonces secretario de Estado de los Estados Unidos, habнa convocado en Washington al Primer Congreso Panamericano, para crear la Uniуn Panamericana, cuyo edificio —y no digamos su polнtica— se halla hoy en manos de su actual descendiente, la Organizaciуn de Estados Americanos. Por suerte para los ingleses, si no necesariamente para los chilenos, sus temores de que Chile se hiciera "blainiano a pesar de nosotros" eran todavнa prematuros. Ese sueсo vendrнa a asumir las proporciones de una pesadilla algo despuйs.
Las consecuencias de los antedichos sucesos fueron resumidas en 1912 por Encina en su Nuestra inferioridad econуmica. Sus causas sus consecuencias:
El comerciante extranjero ahogу nuestra iniciativa comercial en el exterior; y dentro de la propia casa, nos eliminу del trбfico internacional... Igual cosa ha ocurrido en nuestras grandes industrias extractivas. El extranjero es dueсo de las dos terceras partes de la producciуn de salitre, y continъa adquiriendo nuestros mбs valiosos yacimientos de cobre. La Marina Mercante Nacional... ha venido a menos y continъa cediendo el peso, aun dentro del cabotaje, al pabellуn extranjero. Fuera del paнs tienen sus directorios la mayor parte de las compaснas que hacen entre nosotros el negocio de seguros. Los bancos nacionales han cedido y siguen cediendo terreno a las agencias de los bancos extranjeros. A manos de extranjeros que residen lejos del paнs, van pasando en proporciуn creciente los bonos de las instituciones hipotecarias, las acciones de los bancos nacionales y otro valores de la misma naturaleza. (Ramнrez, 1960: 257)
Ramнrez, a su vez, resume las consecuencias para la economнa chilena, destacando algunos de los rasgos que en nuestros dнas se consideran seсales de "subdesarrollo": "1. Balanza de pagos desfavorable; 2. Dificultad para estabilizar el valor de la moneda y para abandonar el rйgimen de papel moneda (that is, in terms of our days, to restablish a hard currency); 3. Lenta capitalizaciуn del paнs, lo que obstruнa el crecimiento de sus fuerzas productivas...; 4. Como consecuencia de lo anterior, la potencialidad econуmica de la Repъblica se debilitaba y se suscitaban agudos problemas econуmicos sociales que recaнan con gran violencia sobre pequeсos industriales, pequeсos comerciantes y, particularmente, sobre la gran masa de asalariados." (1960: 249-250.) Esto es, la polarizaciуn interna metrуpoli-satйlite y entre las clases se acentuу, lo mismo que la polarizaciуn entre Chile y la metrуpoli imperialista. Нndice de esa polarizaciуn es el valor del peso chileno, que era de 39 5/8 peniques en 1878, 16 4/5 peniques en 1900 y 8 31/32 peniques en 1914. Hoy, naturalmente, el peso vale una pequeсa fracciуn de penique.
Si Chile se desarrollaba o se subdesarrollaba es una duda resuelta por el ex
ministro Luis Aldunate, quien escribiу en 1893-1894: "El paнs se ha debilitado
en sus fuerzas econуmicas, se ha empobrecido".
G. EL CAPITALISMO DEL SIGLO XIX EN CHILE: CONSOLIDACIУN DEL SUBDESARROLLO
4. La consolidaciуn del subdesarrollo
Cuando se inquiere por quй Chile se subdesarrollaba y "empobrecнa", la respuesta la de nuestra tesis sobre los efectos de las contradicciones capitalistas de la polarizaciуn y de la expropiaciуn-apropiaciуn del excedente, asн como tambiйn los hechos evidentes. La metrуpoli imperialista expropiaba el excedente econуmico de Chile y se lo apropiaba para su propio desarrollo. En vez de desarrollar la economнa chilena, el salitre chileno sirviу pare desarrollar la agricultura europea, que entonces experimentaba el progreso tйcnico gracias, en parte, al fertilizante chileno. Despuйs de la primera guerra mundial Alemania produjo un sustituto sintйtico mas barato, y las salitreras chilenas fueron en gran parte abandonadas. El excedente econуmico o capital potencial del salitre habнa sido dilapidado y habнa contribuido al desarrollo de otros y Chile jamбs habнa de recuperarlo. AI mismo tiempo, despuйs de 1926 Chile cesу de ser exportador de trigo, cereal que los paнses metropolitanos mismos, y unos pocos como la Argentina, producнan cada vez mбs para su propio consumo y para el mercado mundial. En el нnterin, se estima que gracias al salitre solamente Inglaterra se apropiу, entre 1880 y 1913, unos 16 millones de libras esterlinas en ganancias del excedente econуmico producido por Chile, mientras que los chilenos y los extranjeros residentes en Chile no retenнan mбs de dos millones de libras del excedente producido por las salitreras chilenas con lo que casi exclusivamente fue capital y trabajo chilenos. (Ramнrez, 1960: 255-256). El excedente econуmico expropiado y apropiado por la metrуpoli no fue sуlo el del salitre, Crecientemente incluyу tambiйn el del cobre, expropiado por los Estados Unidos. Y no debemos olvidar el excedente del que se apropiу la metrуpoli gracias a su ventajosa posiciуn en el mercado del trigo chileno y, por supuesto, en el de las manufacturas que Chile importaba. Ademбs, la metrуpoli te apropia asimismo una buena parte del excedente econуmico de sus satйlites a travйs del concepto de "servicios prestados". Se estima que sуlo en 1913 las compaснas extranjeras establecidas en la industria, el comercio, la banca, los seguros, el telйgrafo, los tranvнas, etc., de Chile, remitieron al exterior dos millones de libras. (Ramнrez, 1960: 256.) (Vйase en el capнtulo V y Frank, 1965, una relaciуn del excedente latinoamericano expropiado a travйs de tales servicios en la actualidad.)
Parte de los chilenos de principios de siglo se daban plena cuenta de mucho de lo que estaba pasando, de cуmo la metrуpoli se apropiaba del excedente econуmico de Chile. El Partido Nacional de Chile advirtiу en su asamblea de 1910 que "la acumulaciуn de capitales, base indispensable de toda prosperidad econуmica duradera, es entre nosotros insignificante... [de las utilidades del salitre] casi los dos tercios salen del paнs, sin dejar huella en йl".
El 24 de enero de 1899, el Senado chileno oнa a uno de sus miembros decir: "Yo, por mi parte, no sueсo tanto con esos capitales extranjeros que embriagan a muchos, y aunque no desconozco su importancia, me inspiran duda. їVienen ellos para nuestro beneficio o para el de sus dueсos? їVienen como savia generosa para fecundar nuestros campos y talleres y procurarnos riqueza, o vienen como la esponja que absorbe los sudores del trabajo por sуlo el pan para la vida?" (Ramнrez, 1960. 262.)
Luis Aldunate, escribiendo en 1894, no dudaba: el capital extranjero, "lejos de ser ъtil y reproductivo para vosotros, nos postra, nos debilita, nos arranca a pura pйrdida, sin darnos nada ni enseсarnos nada. La savia y la fuerza que pudieran levantarnos del actual abatimiento econуmico... no es prudente y es, por el contrario, muy peligroso, que dejemos crecer y crecer hasta las nubes el interйs de un monopolio extranjero... [podrнa] consolidar una dominaciуn industrial por otra dominaciуn polнtica, y entonces serнa acaso tarde para reparar las lуgicas consecuencias de nuestra imprevisiуn... nos estamos dejando colonizar... sin darnos cuenta de que somos vнctimas de ideas aсejas, de falsos mirajes". (Ramнrez, 1960: 254.) El ex ministro no necesitaba bola alguna de cristal para prever la dominaciуn econуmica, polнtica, ideolуgica y cultural que la metrуpoli ejercerнa sobre el satйlite, una dominaciуn como la que Chile ha conocido desde los dнas de Aldunate hasta los nuestros. El futuro estaba ya contenido en la estructura metrуpoli-satйlite de su tiempo.
La apropiaciуn metropolitana del excedente econуmico de los satйlites no se limitaba a las relaciones econуmicas internacionales de Chile; ocurrнa tambiйn a nivel nacional, especialmente entre los grandes terratenientes y comerciantes y sus expoliados satйlites provinciales. Los grandes terratenientes, a quienes no se deberнa confundir con la "agricultura", ocupaban una posiciуn particularmente favorable dentro da la estructura metrуpoli-satйlite nacional. Se apropiaban el excedente econуmico de los trabajadores de sus propias tierras y de las fincas contiguas de pequeсos propietarios, quienes se veнan forzados a depender crecientemente de los grandes. Pero los latifundistas, que ejercнan un importante control polнtico sobre el Congreso, aunque su predominio polнtico y econуmico sobre la economнa en general era mucho menos independiente de lo que a menudo se supone, se servнan de ese control polнtico como todavнa se sirven hoy: para apropiarse tambiйn una parte del excedente econуmico de los sectores no agrнcolas. No pagaban impuestos virtualmente, aunque, eso sн, se beneficiaban de los gastos pъblicos.
Rengifo, el ministro de Hacienda que iniciу las medidas con que se quiso proteger y desarrollar el comercio y la industria chilenos, habнa advertido ya en 1835 que "si la agricultura chilena pagase... sуlo un 10 por ciento efectivo sobre el producto que rinden las tierras, esta ъnica renta estarнa para atender todos los gastos del servicio pъblico". (Pinto, 1962: 23.) Pero los seсores de la tierra chilenos no han pagado nunca tal impuesto, ni entonces ni ahora. Por otra parte, se beneficiaron con las obras de regadнo realizadas en los aсos finales del siglo XIX, las que se financiaron mediante el pequeсo ingreso que Chile retenнa de sus exportaciones de nitratos. Se beneficiaron asimismo con las consecuencias inflacionarias de la polarizaciуn de la estructura metrуpoli-satйlite en los niveles internacional y nacional, puesto que eran poseedores de tierras y de otras propiedades cuyo precio y valor aumentaban mбs que el costo del trabajo y de las cosas que compraban. De modo mбs espectacular, los terratenientes se apropiaban el excedente de la economнa nacional por medio de generosos crйditos pъblicos que, gracias a la inflaciуn, podнan saldar con dineros tan devaluados que en realidad nunca pagaban intereses ademбs de que a menudo sуlo liquidaban una pequeсa parte del prйstamo. Borde y Gуngora estudian con minuciosidad esta forma de apropiaciуn del excedente:
En la segunda mitad del siglo XIX, el crйdito, que hasta entonces habнa sido confiado a la buena voluntad de los prestamistas mбs o memos usureros, se organizу y amplificу. En adelante, los terratenientes, deseosos de obtener crйditos, pudieron escoger entre dos posibilidades: ya sea haciendo uso de su prestigio personal ante los bancos... con el fin de obtener anticipos sin garantнa de prenda, o bien hipotecando sus predios... Mas, es curioso constatar que los prйstamos sobre hipoteca fueron prбcticamente canalizados hacia los mismos beneficios; la Caja de Crйdito Hipotecario, que fue fundada en 1860 y que muy pronto llegarб a ser uno de los mбs poderosos organismos de crйdito de todo el continente sudamericano fue, durante varias dйcadas, dуcil instrumento en manos de los terratenientes... En numerosos casos este recurso contribuyу a impedir o limitar la subdivisiуn de las propiedades... Pero, mбs que nada, el crйdito permitiу a los grandes propietarios extender sus dominios o constituir otros sin desembolso de dinero... Si el crйdito fue utilizado por los terratenientes y si llegу a ser, de esta manera, uno de los principales factores de conservaciуn de las estructuras agrarias, ello se debiу a la continua desvalorizaciуn de la moneda chilena, que tendнa a transformar en verdaderas donaciones los prйstamos a largo plazo... Nada parece autorizarnos a escribir, como lo hicieran algunos autores, que esos agricultores, para quienes la deuda habнa llegado a ser una tйcnica de enriquecimiento, fueron los principales instigadores de la caнda del peso; pero fueron ellos, sin lugar a dudas, sus principales beneficiarios.
Los prйstamos sobre hipoteca no siempre fueron, o mбs bien dicho, no fueron muy a menudo, invertidos de nuevo en la agricultura, de modo que sirven a la vez para dar una explicaciуn del enriquecimiento de los propietarios y de la descapitalizaciуn de la tierra. Sin mencionar gastos suntuarios, las tentaciones de una economнa local ya mбs diversificada y, mбs todavнa, la de los dividendos repartidos por las grandes sociedades capitalistas del extranjero, orientaron hacia nuevas inversiones el dinero obtenido gracias a los bienes raнces... el prйstamo hipotecario reinvertido en otros campos que el de la agricultura, hacнa que la tierra se fuera incorporando a una economнa de especulaciуn que no podнa dejar de perjudicar a la estabilidad (Borde, 1956: 126-129.)
ЎDifнcilmente puede verse aquн a terratenientes feudales sentados en sus aisladas posesiones rurales! Si nos preguntamos entonces, como el Times de Londres, por quй "casi todas las familias terratenientes... los elementos extranjeros y eclesiбsticos adinerados... los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, los dueсos de minas" prestan su apoyo polнtico y econуmico pera mantener y continuar el desarrollo-subdesarrollo de la estructura capitalista de metrуpoli-satйlite, la respuesta no hay que buscarla lejos. Anнbal Pinto la analizу en su libro sobre el desarrollo econуmico frustrado de Chile; Max Nolff la repasa en su historia de la industria chilena —aunque ninguno de los dos intenta situar su respuesta en el contexto de las inevitables contradicciones del capitalismo que han determinado la suerte de Chile—, y Claudio Vйliz la examina en detalle:
Durante los aсos transcurridos entre la independencia de Espaсa y la Gran Crisis de 1929, la economнa chilena estuvo dominada por tres grupos de presiуn de importancia fundamental: las tres patas de la mesa econуmica nacional. En primer lugar estaban los exportadores mineros del norte del paнs; luego estaban los exportadores agropecuarios del sur, y finalmente las grandes firmas importadoras, generalmente localizadas en el centro en Santiago y Valparaнso, aunque operaban en todo el territorio. Entre estos tres grupos de presiуn existнa absoluto acuerdo respecto a la polнtica econуmica que debнa tener el paнs. No habнa ningъn otro grupo que pudiera desafiar su poder econуmico polнtico y social, y entre los tres dominaban totalmente la vida nacional, desde los afanes municipales hasta las representaciones diplomбticas, la legislaciуn econуmica y las carreras de caballos.
Los exportadores mineros del norte del paнs eran librecambistas. Esta posiciуn no se debнa fundamentalmente a razones de tipo doctrinario —aunque tambiйn las hubo—, sino al hecho sencillo de que estos seсores estaban dotados de sentido comъn. Ellos exportaban cobre, plata, salitre y otros minerales de menor importancia a Europa y los Estados Unidos, donde recibнan su pago en libras esterlinas o dуlares. Con este dinero adquirнan equipos, maquinarias, manufacturas o productos de consumo de buena calidad a precios muy bajos. Es difнcil concebir altruismo, elevaciуn de miras o visiуn profйtica que hicieran que estos exportadores aceptaran pagar derecho de exportaciуn e importaciуn en aras de una posible industrializaciуn del paнs. Apegados al ideario liberal de la йpoca, hubieran argumentado que si realmente valнa la pena fomentar la industria chilena, йste debнa ser por lo menos lo bastante eficiente como para competir con la europea, que debнa pagar un flete elevado antes de llegar a nuestras playas.
Los exportadores agropecuarios del sur del paнs tambiйn eran decididamente librecambistas. Colocaban su trigo y harina en Europa, California y Australia. Vestнan a sus huasos con ponchos de bayeta inglesa; montaban en sillas fabricadas por los mejores talabarteros de Londres; consumнan champaсa de verdad e iluminaban sus mansiones con lбmparas florentinas. Por la noche se acostaban en camas hechas por excelentes ebanistas ingleses, entre sбbanas de hilo irlandйs y abrigados con frazadas de lana inglesa. Sus camisas de seda venнan de Italia, y las joyas y adornos de sus mujeres de Londres, Paris y Roma. Para estos hacendados pagados en libras esterlinas, la idea de gravar la exportaciуn de trigo o de imponer derechos proteccionistas sobre las importaciones, era sencillamente digno de un manicomio. Si Chile querнa industria propia para producir bayeta, muy bien, que la tuviera; pero que produjera paсo de tan buena calidad y a tan bajo precio como el inglйs. De otra manera el proyecto era una estafa. Por estas sencillas razones de solidez intachables, el exportador minero del norte y el exportador agropecuario del sur, presionaban sobre el gobierno para que Chile mantuviera una polнtica econуmica de carбcter librecambista.
Las grandes firmas importadoras —con sede en Valparaнso y Santiago— tambiйn eran librecambistas. ЎSe imaginarнa alguien a una firma importadora defendiendo el establecimiento de fuertes derechos de importaciуn para proteger a una industria nacional !
He ahн la poderosa coaliciуn de fuertes intereses que dominу la polнtica econуmica de Chile durante el siglo pasado y parte del actual. Ninguno de estos tres grupos de presiуn, tenнa razones de peso para abogar por una polнtica proteccionista. Ninguno de los tres tenнa el mбs mнnimo interйs en que Chile se industrializara. Ellos monopolizaban los tres poderes de cualquier escala social; poder econуmico, poder polнtico y prestigio social y sуlo en contadas ocasiones vieron peligrar el control absoluto que ejercнan sobre la naciуn.
Los grupos de presiуn que controlaban la polнtica econуmica del paнs, eran decididamente librecambistas; eran mбs librecambistas que Courcelle-Seneuil, famoso y respetado lнder del librecambismo doctrinario; eran definitivamente mбs papistas que el papa. Existнan razones de tipo doctrinario que explican, en parte, esta actitud; pero йstas se sumaron a la elocuente coincidencia entre los postulados de la escuela econуmica y los intereses econуmicos de estos grupos de presiуn.
Las actitudes econуmicas de esta vasta clase tradicional que tenнa en sus manos el poder econуmico y polнtico y, ademбs, el prestigio social, se ordenaron alrededor de la defensa de su posiciуn tradicional; el librecambismo del exportador minero y agropecuario no chocaba con las estructuras heredadas de la colonia; al contrario, los reforzaba y financiaba. Los incentivos de esta falsa burguesнa capitalista chilena no estaban relacionados con motivaciones morales -como aquellas engendradas por la actitud calvinista— ni reivindicaciones polнticas o econуmicas, como aquellas de la burguesнa capitalista de Inglaterra y los Estados Unidos, ni siquiera con la prosecuciуn de una polнtica externa militarista y expansionista, como ocurriу en el Japуn; sino exclusivamente con el mantenimiento de altos ingresos que permitieran acceso libre a los mбs elevados niveles de consumo civilizado, compatibles con la posiciуn social y las responsabilidades polнticas que consideraban como suyas. (Vйliz, 1963: 237-242.)
Max Nolff ofrece en forma resumida, como sigue, su muy similar interpretaciуn :
En suma, se inicia en forma mбs espontбnea la gestiуn de una poderosa coaliciуn de intereses, basados en las actividades de exportaciуn de productos primarios y en las actividades de importaciуn y distribuciуn de productos manufacturados de procedencia extranjera. A esta "coaliciуn exportadora-importadora" le preocupaba, fundamentalmente, que el desarrollo de la economнa chilena se orientara hacia afuera y, por lo tanto, no le interesaba o no le convenнa, el desarrollo industrial. La mencionada correlaciуn de intereses fue afirmando su posiciуn con el correr del tiempo, y se puede decir que ella dominу, casi sin contrapeso, en la sociedad chilena en la segunda mitad del siglo pasado y hasta la crisis de 1930. La doctrina liberal importada de Europa, encontrу entonces un fйrtil surco en nuestro paнs y prendiу con vigor. Ella constituнa el marco teуrico pera un reforzamiento de los intereses de las fuerzas dominantes, por cuanto representaba y expresaba sus anhelos. Pero es posible que los argumentos en favor del intercambio comercial sin restricciones y de la divisiуn internacional del trabajo, no se hubieran arraigado con la misma fuerza si las condiciones econуmicas y sociales de vuestro paнs hubieran sido diferentes, si el desarrollo econуmico de los primeros cincuenta aсos de nuestra vida independiente no hubiera sido sуlo "hacia afuera". El caso del desarrollo de los Estados Unidos durante el siglo pasado, hecho "hacia adentro", y en base a una decidida protecciуn industrial y una inteligente distribuciуn de la tierra y del ingreso, es decisiva al respecto.
A la situaciуn anteriormente seсalada, hay que agregar otro factor que contribuyу a que el procreo industrial no fructificara con anterioridad a 1930: la elevada propensiуn al consumo suntuario, demostrada por las clases de altos ingresos. (Nolff, 1962: 162-163.)
Con todo, en vista de los debates similares acerca del papel de los diferentes grupos capitalistas en nuestro tiempo, vale la pena observar que la estructura capitalista metrуpoli-satйlite de Chile no se apoyaba exclusivamente en las tres patas antes mencionadas. Despuйs de seсalar los obvios intereses de la "burguesнa comercial", Ramнrez advierte: "Sectores de la burguesнa industrial habнan mantenido un franco antagonismo con el imperialismo al luchar por la industrializaciуn del paнs; pero al establecerse y desarrollarse la industria liviana [...], este sector depuso gran parte de sus puntos de vista y muchos de sus componentes se plegaron, con algunas reservas, al bando proimperialista". (Ramнrez, 1960: 286.)
Un anбlisis mбs especifico de los acontecimientos relacionados con la contrarrevoluciуn hecha a Balmaceda y el sacrificio del programa de fomento nacional de йste frente a la reacciуn externa o interna, revela que el Agustнn Edwards del Banco A. Edwards y Cнa., quien, como antes vimos, financiу la susodicha contrarrevoluciуn en 1890, fue el mismo Agustнn Edwards que en 1883, como primer presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, firmу el prospecto inaugural de la misma, que empezaba: "Chile debe y puede ser industrial". En 1964, la familia Edwards, su banco A. Edwards y Cнa., sus industrias ligeras y su periуdico El Mercurio fueron, indiscutiblemente, los mбs influyentes socios chilenos del imperialismo norteamericano en la derrota del candidato popular que aъn querнa nacionalizar el salitre "chileno" —y ahora el cobre tambiйn— y que bien pudo haber usado el prospecto inaugural de la Sociedad como plataforma econуmica para 1964.
Los siguientes comentarios sitъan esos hechos, y otros mбs recientes en mejor perspectiva. En 1891 se dijo: "Hay en Chile un gobierno comunista, un dйspota o varios que, bajo el falso nombre de Poder Ejecutivo, han trastornado toda la paz, toda la prosperidad y toda la enseсanza de los ochenta aсos precedentes". (Times de Londres, 28 de abril de 1891, citado en Vistazo, 1964.) Y en 1964: "En todas partes... han acabado sistematizando el abuso, suprimiendo los derechos mбs elementales, e imponiendo el fiambre, la violencia y la miseria. Los partidos que apoyan al candidato del Frente de Acciуn Popular han consagrado su existencia a luchar por el marxismo y, por consiguiente, a promover la dictadura del proletariado, la aboliciуn de la propiedad, la persecuciуn de la religiуn y la supresiуn del estado de derecho". (El Mercurio, 19 de julio de 1964, citado en Vistazo, 1964.)
Volviendo ahora a 1892, Eduardo Matte, miembro de la familia bancaria que ya encontramos dos aсos antes, cuando, con Agustнn Edwards, financiaba el comienzo de la contrarrevoluciуn para derrocar a Balmaceda, pudo decir con satisfacciуn: "Los dueсos de Chile somos nosotros, los dueсos del capital y del suelo: lo demбs es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opiniуn ni como prestigiу". (El Pueblo, 19 de marzo de 1892, citado por Ramнrez, 1958: 221.) Para aquellos lectores que puedan haber sido llevados a creer otra cosa acerca de nuestra йpoca de mercurios y bancos Edwards y Cнa. en la Amйrica Latina, o de los dнas de los seсores Eduardo Matte y Agustнn Edwards en el siglo XIX, o de cualesquiera tiempos de los siglos XVIII, XVII y XVI, Eduardo Matte, como el clarividente virrey del Perъ en 1736 cuyo anбlisis hemos adoptado como epнgrafe de este ensayo, puso correctamente el acento donde correspondнa: el capital antes que la tierra.
Convengo con Vйliz y los otros en que los tres —y con los industriales cuatro— grupos de intereses chilenos impidieron, en efecto, el desarrollo econуmico de Chile y obraron como obraron por las razones o intereses apuntados. Sin embargo, para ampliar nuestra comprensiуn del desarrollo y el subdesarrollo econуmico debemos hacer tambiйn las dos preguntas siguientes: primera, їpor quй los intereses y actos combinados de terratenientes, dueсos de minas, comerciantes o industriales no produjeron el mismo subdesarrollo en los casos de Inglaterra, los Estados Unidos y el Japуn? Y segunda: їquй habrнa tenido que existir o hacerse pare que estos grupos de Chile y de otros paнses subdesarrollados se sintieran inducidos a desarrollar y no a subdesarrollar sus paнses? Vйliz, Pinto y Nolff no contestan la primera pregunta; a la segunda dan una respuesta inadecuada e imprecisa. Espero que mi tesis responda ambas preguntas de modo mбs aceptable o que, al menos, ofrezca una soluciуn mбs fecunda del problema analнtico que aquйllas plantean.
Mi tesis afirma que los intereses que llevaron al continuo subdesarrollo de Chile y al desarrollo econуmico de varios otros paнses fueron creados por la misma estructura econуmica que involucrу a todos esos grupos; esto es, el sistema capitalista mundial. Este sistema se dividiу en metrуpolis centrales y satйlites perifйricos. Por su misma naturaleza, la estructura de este sistema debнa producir intereses que subdesarrollaran a los paнses de la periferia, como Chile, una vez incorporados al sistema como satйlites. Los grupos capitalistas mбs influyentes de la metrуpoli chilena estaban comprometidos con las polнticas que producнan subdesarrollo en el paнs, porque su metrуpoli era a la vez un satйlite. Los grupos capitalistas anбlogos de la metrуpoli mundial no se interesaban en polнticas que produjeran el mismo subdesarrollo en su paнs (aunque lo produjera fuera de йl), porque su metrуpoli no era un satйlite. Incluso el grupo predominante en el Japуn, que llevу a ese paнs del no desarrollo en el perнodo de Tokugawa al desarrollo despuйs de la restauraciуn de Meiji en 1868, no se enfrentу a presiones subdesarrollantes igualmente irresistibles, porque el Japуn no habнa sido antes un paнs satйlite.
La estructura metrуpoli-satйlite del capitalismo mundial, y la anбloga conformaciуn que produjo dentro de Chile, llevaron a los intereses capitalistas mбs influyentes de la metrуpoli chilena a dar su apoyo a una estructura econуmica y a unos polнticos que mantenнan la explotaciуn a que ellos mismos estaban sujetos por la metrуpoli mundial. La razуn por la cual aceptaron y defendieron su propia explotaciуn es que asн podнan continuar explotando al pueblo de la periferia chilena, a la que la misma metrуpoli chilena expoliaba. De haber los grupos predominantes en Chile adoptado polнticas que produjeran el desarrollo y no el subdesarrollo del paнs, habrнan exportado, como los ingleses sabнan, menos excedente econуmico a la metrуpoli mundial; pero, como los periуdicos de la metrуpoli chilena seсalaron, tambiйn habrнan expropiado para sн mismos una menor proporciуn del excedente chileno. Despuйs de todo, el excedente que tenнan que dejar apropiar por la metrуpoli mundial y el que ellos mismos podнan apropiarse mediante la exportaciуn de materias primas y la importaciуn de manufacturas, era el mismo excedente econуmico que los grupos privilegiados de la metrуpoli chilena y la metrуpoli mundial expropiaban a la inmensa mayorнa del pueblo chileno, que producнa las materias primas pero no consumнa las manufacturas importadas... y consumнa cada vez menos de las primeras materias y los vнveres que йl mismo producнa. La misma estructura y las mismas fuerzas operan en todas partes y se analizan en cuanto a los siglos XIX y XX, en el capнtulo IIl: "Desarrollo del subdesarrollo capitalista en el Brasil".
Otra cosa ocurrнa en la metrуpoli mundial. Allн los grupos gobernantes no tenнan oportunidad, y mucho menos costumbre, de vivir bien gracias a polнticas econуmicas que, como la importaciуn de productos industriales, servirнan para subdesarrollar a su paнs a la vez que desarrollaban a otro. Incluso en paнses como el Japуn, donde eran mayores las susodichas oportunidades, el poder y los privilegios del grupo predominante no se apoyaban en una relaciуn metrуpoli-satйlite (aunque despuйs de la segunda guerra mundial eso habrнa de ocurrir tambiйn allн cada vez mбs). AI contrario, en la metrуpoli mundial los intereses de ciertos grupos al menos —y en Inglaterra, los Estados Unidos, etc., de Ios grupos mбs decisivos— se apoyaban en relaciones econуmicas con el resto del mundo, particularmente con los satйlites, que servнan para desarrollar la metrуpoli y generar subdesarrollo estructural en los satйlites.
Cualquiera que haya sido el papel que la moralidad calvinista o catуlica, la mentalidad "burguesa", "seudo burguesa" o "feudal" y el "impulso" expansionista o no expansionista desempeсaran en la producciуn del desarrollo y del subdesarrollo, tales factores no fueron determinantes o decisivos sino, cuando mбs, derivativos y secundarios. Vйliz, correctamente rechaza la mentalidad "feudal", o cualquier otra, como factor determinante de la producciуn o el mantenimiento de las posiciones econуmicas de la "seudo burguesнa" terrateniente, minera y comercial del siglo XIX en Chile. Las polнticas que seguнan e imponнan al paнs eran, como Vйliz anota, el producto mбs bien de las circunstancias econуmicas de los tiempos y de la estructura econуmica que las producнa. Es curioso, por tanto, que Vйliz se refiera a la moral, la mentalidad y el impulso de la "verdadera burguesнa" de Inglaterra y los Estados Unidos, puesto que estos factores no tuvieron en las metrуpolis otro papel que el secundario o insignificante que йl les asigna en el satйlite chileno. Tanto en las metrуpolis como en los satйlites, la lнnea econуmica perseguida y el desarrollo y el subdesarrollo resultantes eran producidos por la estructura econуmica subyacente y a ella deben ser atribuidos. їPodemos sostener que, desde el punto de vista de Chile, los elementos esenciales de esa estructura del sistema capitalista han cambiado desde finales del siglo? No. Opino que Chile continъa siendo parte del mismo sistema capitalista, con sus mismas contradicciones fundamentales de la polarizaciуn y la apropiaciуn del excedente. Lo nuevo en el siglo XX es que Chile estб hoy mбs subdesarrollado y mбs dependiente que antes, y que cada vez se subdesarrolla mбs.
Anнbal Pinto, Max Nolff y, por inferencia, Claudio Vйliz, proponen una respuesta para la segunda pregunta, o sea: їquй tendrнa que cambiar para que Chile cese de subdesarrollarse y en su lugar empiece a desarrollarse? Los mencionados autores asocian los intereses que la burguesнa chilena y la metrуpoli tienen en conjunto al hecho de que, una vez independiente, Chile optу por el desarrollo "hacia afuera", y proponen que ahora intente desarrollarse "hacia adentro". Pinto llega ahora hasta a sugerir, contradiciendo su libro, antes citado, que el subdesarrollo chileno no se debe ya tanto a las relaciones de Chile con el mundo exterior como a su estructura interna (Pinto, 1964).
No serб posible examinar aquн en detalle ese razonamiento. Basta seсalar que tanto el desarrollo hacia afuera como el desarrollo hacia adentro no son, como se reconoce, otra cosa que desarrollo capitalista. Nolff sugiere, por ejemplo, que lo que los Estados Unidos realizaron en el siglo XIX fue el desarrollo hacia adentro. Asн, pues, tanto implнcita como explнcitamente estos autores sostienen que basta reformar la estructura capitalista para que Chile proceda a desarrollarse hacia adentro y, por ende, a eliminar el subdesarrollo, y se refieren a reformas como las que propuso Salvador Allende, el derrotado candidato presidencial del Frente de Acciуn Popular en 1964, cuyo programa econуmico para Chile fue preparado bajo la direcciуn del mismo Max Nolff. Mi tesis sostiene que esta soluciуn del problema del desarrollo y del subdesarrollo es inadecuada e inaceptable. Evidentemente tales reformas no pueden o no se proponen eliminar la posiciуn satйlite de Chile respecto del sistema capitalista mundial o convertirlo en miembro metropolitano de ese sistema; ni la orientaciуn del desarrollo hacia adentro estб calculada, en realidad, para eliminar la condiciуn satйlite de Chile sacбndolo del sistema capitalista sin convertirlo en metrуpoli ni en satйlite. El desarrollo hacia adentro apunta ъnicamente al mantenimiento de la posiciуn satйlite de Chile dentro del sistema capitalista mundial, aunque reduciendo la cantidad y proporciуn del excedente econуmico que se envнa al exterior y canalizando una mayor porciуn de ese excedente hacia el desarrollo industrial y econуmico interno, mediante vнas que en lo esencial no se diferencian de aquellas en que confiу Balmaceda. Estos autores sugieren que es posible conseguirlo por medio de reformas gubernamentales bajo un rйgimen de elecciуn popular.
Mi tesis sostiene que la propia condiciуn de satйlite de Chile y de otros
paнses, como el Brasil (en torno a la cual se analizan este problema y la
evidencia contemporбnea con mбs detalle en otra parte de este libro) y por
supuesto la estructura metrуpoli-satйlite del sistema capitalista mundial, no
permiten el йxito o siquiera la adopciуn de las medidas propuestas por Pinto,
Nolff y Vйliz. Antes bien, mi tesis sugiere —y lo confirma la experiencia de
Balmaceda y de otros que lo imitaron en el siglo XX, asн como tambiйn la
evidencia contemporбnea disponible, incluyendo la de las elecciones de 1964, que
ese camino lleva a una mayor dependencia satйlite de la metrуpoli y a un
subdesarrollo mбs profundo del satйlite chileno. Como veremos en mi breve
estudio del siglo XX, Chile, subdesarrollado en tiempos de Balmaceda, estaba aъn
mбs subdesarrollado hacia el segundo perнodo del primer presidente Alessandri,
en los aсos 30, y todavнa mбs subdesarrollado y mбs pobre en el primer gobierno
del segundo presidente Alessandri, terminado en 1964. їQuй razуn puede hacernos
creer que la estructura metrуpoli-satйlite del capitalismo internacional y
nacional, de mantenerse intacta, no harб a Chile aъn mбs subdesarrollado y a Ia
gran mayorнa de su pueblo mбs pobre en los aсos venideros? Si mi tesis es
correcta, no existe tal esperanza.
H. EL SIGLO XX: AMARGA COSECHA DE SUBDESARROLLO
Las contradicciones del desarrollo y del subdesarrollo capitalista continuaron agudizándose en el siglo XX en Chile, al igual que en los ańos anteriores, y engendrando desarrollo en la metrópoli y subdesarrollo en la periferia. Como en el pasado, el excedente económico de Chile fue expropiado y apropiado por la metrópoli mundial, ahora centrada en los Estados Unidos, y la estructura metrópoli-satélite capitalista se polarizó aún más, ensanchando la brecha entre la metrópoli y Chile en cuanto a poderío e ingresos y aumentando el grado de dependencia de éste respecto de aquélla. Al mismo tiempo, la polarización aumentó dentro de Chile, y la continua apropiación del excedente económico por los grupos favorecidos de la metrópoli nacional y ciertas metrópolis menores disminuyó los ingresos absolutos, y no digamos los relativos, de la mayoría del pueblo. Estas tendencias y resultados en el siglo XX se examinan aquí sucintamente, sin intención de duplicar los análisis más completos de la experiencia chilena recierne hechos por las Naciones Unidas y por otros autores, entre ellos algunos chilenos. Muchos problemas contemporáneos que son similares, se desarrollarán con mayor extensión para el caso de Brasil.
H. EL SIGLO XX: AMARGA COSECHA DE SUBDESARROLLO
1. El sector "externo"
Se estima que del excedente econσmico producido por y en
Chile, alrededor de 9.000 millones de dσlares han sido expropiados-apropiados
por la metrσpoli capitalista mundial en el presente
siglo; la suma es igual al valor de todo el capital fijo de Chile en 1964. No
debe suponerse, claro estα, que en ausencia de esta apropiaciσn exterior
Desde que el cobre ocupσ el lugar del salitre como principal
producto de las exportaciones chilenas, las minas de cobre, hoy propiedad de
intereses norteamericanos en un 90 por ciento, constituyen en nuestros dνas
la fuente principal del excedente econσmico chileno de que se apropia la
metrσpoli capitalista. Segϊn la OCEPLAN (Organizaciσn Central de Planificaciσn,
la oficina de planes econσmicos de la candidatura de Allende en la campaρa
electoral de 1964), la "gran minerνa" de propiedad norteamericana gana
actualmente alrededor de 750 millones de escudos el aρo y remite al exterior unos 355
millones. Esto equivale, respectivamente, a unos 250 millones y 120 millones de dσlares norteamericanos. Del total de las
ganancias producidas por el cobre, el 47 por ciento va a ciudadanos de los
Estados Unidos, el 35 por ciento al gobierno chileno, el 13 por ciento a los
mineros que lo producen, y el 5 por ciento a unos cuantos empleados de altos salarios. Al tratar de calcular esta y otras apropiaciones metropolitanas
directas del excedente econσmico de Chile, y al medir la correspondiente pιrdida
chilena de cambio exterior, Novik y
La magnitud de lo que Chile pierde por la apropiaciσn extranjera directa de su excedente econσmico puede apreciarse tambiιn en los siguientes tιrminos: las actuales remesas al exterior suman 150.000.000 de dσlares, y los pagos por la deuda exterior una cantidad igual, o sea un total de 300 millones de dσlares al aρo; compαrese esta cifra con los 350 millones del dιficit de la balanza de pagos chilena, o con los 450 millones de ganancias en divisas que le producen sus bienes de exportaciσn. La deuda de Chile en divisas (la deuda exterior mαs esa parte de la deuda interior que debe ser pagada en dσlares), contraνda por las razones que se indican abajo, totaliza 2.430 millones de dσlares de Estados Unidos. Suponiendo un interιs anual del 4% y una amortizaciσn en 20 aρos sin incurrir en nuevos dιbitos, para financiar esta deuda se requerirνan pagos anuales por valor de 300 millones, o sea el doble de los pegos actuales, ya prohibitivamente altos. Es inevitable, sin embargo, que Chile contraiga nuevas obligaciones exteriores para llevar a cabo sus programas econσmicos reales y propuestos dentro de la estructura capitalista contemporαnea. (OCEPLAN, 1964: 31-33.)
La apropiaciσn metropolitana del excedente econσmico chileno,
que es a la vez causa y efecto de la relaciσn metrσpoli-satιlite, no es sino un
aspecto de la preponderancia metropolitana y la dependencia chilena. En cuanto a
lo que se refiere a la generaciσn de subdesarrollo estructural, la creciente
incapacidad de Chile para producir todo el excedente econσmico
invertible que su potencial le permite, es, en esencia, muy importante que su
pιrdida real de excedente en beneficio de la metrσpoli, a causa de su estructura
metrσpoli-satιlite capitalista y su creciente dependencia dentro de ella. La
posiciσn de Chile respecto de la metrσpoli quedσ en creciente desventaja con la
desapariciσn, despuιs de 1926, de sus exportaciones de trigo (sector de su
economνa en que Chile al menos, era dueρo de los medios de producciσn,
aunque no controlase el mercado o gran parte de la comercializaciσn) y la
drαstica reducciσn de sus exportaciones de nitrato (sector en que, aunque no
poseνa muchos de los medios de producciσn, monopolizaba en cierto grado al
mercado mundial). En el siglo XX, estos productos de su exportaciσn han sido
progresivamente reemplazados por el cobre, producto o renglσn en que
La economνa chilena depende crecientemente de los intereses y veleidades de la economνa metropolitana, y cada vez es mαs sensible a ellos. Los intereses de la metrσpoli extranjera, mediante su posesiσn y control del sector de la aportaciσn cobrνfera chilena, ejercen hoy sobre Chile un grado de influencia econσmica, y no digamos polνtica, mayor que el que tuvieron sus precesores. La economνa chilena y su desarrollo potencial padecen cada vez mαs por el desarrollo contradictorio de la economνa capitalista, entremezclada y dependiente de la economνa capitalista mundial que dirige la metrσpoli. Habiendo sido productor de equipo esencial en el siglo XIX, Chile tiene que importar hoy el 90 por ciento de lo que invierte en instalaciones y equipos. Fνsicamente dotado de vastos recursos en carbσn mineral, petrσleo e hidrαulicos, Chile, no obstante, tiene que importar combustibles. Habiendo sido en otro tiempo uno de los mayores exportadora de trigo y productos pecuarios, hoy depende en sumo grado de la importaciσn de vνveres de la metrσpoli. En 1950-54, Chile tuvo que importar de los Estados Unidos un promedio anual de $ 90 millones en comestibles, principalmente trigo, carne y derivados lαcteos, que una vez fueron y todavνa podrνan ser producidos en Chile. Hacia 1960-1963 el promedio anual de la importaciσn de vνveres habνa subido a 120 millones (OCEPLAN, 1964: 54). Esta suma deberνa compararse con los 450 millones de ganancias en divisas que Chile obtiene de todas sus exportaciones de mercancνas. Las necesidades chilenas de alimentos importados subirαn a unos 200 millones de dσlares anuales en 1970, ritmo de crecimiento que, como en el pasado, es considerablemente mayor que el de los ingresos por las exportaciones. Esto significa que una proporciσn cada vez mαs grande de la ya insuficiente disponibilidad de divisas de Chile tendrα que ser destinada a la importaciσn de vνveres.
La experiencia de Chile en el siglo XX revela de modo
dramαtico las consecuencias contrarias al desarrollo y generadoras del
subdesarrollo que resultan de su participaciσn en la estructura
metrσpoli-satιlite del sistema capitalista mundial. Chile fue uno de los paνses
mαs fuertemente golpeados por la depresiσn de los aρos 30, y su capacidad para
importar cayσ
Estas no son consecuencias chilenas de una recuperaciσn inadecuada de la economνa capitalista en el nivel mundial. Por lo contrario, como lo indica nuestro examen de la historia econσmica chilena, la recuperaciσn misma de la metrσpoli ha sido siempre la que ha detenido el desarrollo de Chile y de otros satιlites. Estimulada por la depresiσn y por la menor importaciσn de productos industriales a causa de la guerra, la producciσn industrial chilena aumentσ un 80 por ciento entre 1940 y 1948, pero sσlo un 50 por ciento entre 1948 y 1960. Esto es, en el anterior perνodo de ocho aρos la tasa de crecimiento anual no acumulativa de producciσn industrial fue del 10 por ciento, y en los doce aρos posteriores a la recuperaciσn metropolitana, dicha tasa descendiσ al 4 por cento. Desde 1960 la tasa ha bajado a cerca de cero, y a veces ha sido negativa.
Tanto el sector pϊblico como el privado
revelan creciente incapacidad para generar desarrollo econσmico o siquiera para detener la
profundizaciσn del subdesarrollo. La gran dependencia de los ingresos fiscales
de las recaudaciones por la exportaciσn del cobre hace que el presupuesto y la
capacidad del gobierno para financiar inversiones de capital y desembolsos
corrientes sean muy sensibles a la producciσn de cobre en Chile, a la venta del
mineral en el exterior y a la manipulaciσn monopolνstica controladas desde la
metrσpoli. Toda declinaciσn cνclica o permanente de las ganancias que Chile
deriva
del cobre pone en serio aprieto al presupuesto oficial y obliga al gobierno a
depender de emprιstitos externos o internos, todos inflacionarios, en un vano
empeρo de mantener sus inversiones de capital o sus desembolsos corrientes. Este
recurso inflacionario, especialmente a travιs de la deuda externa, pone a Chile
en una dependencia aϊn mayor
El sector privado industrial, el comercial y, en ciertos
renglones, tambiιn el agrνcola, son igualmente victimas de la posiciσn satιlite
de Chile, cada vez en mayor medida; por lo menos, la dependencia y el
subdesarrollo de estos sectores estαn asumiendo formas modernas crecientemente
alarmantes. Hoy dνa la industria de Chile es "arruinada por lo que hace a otros
prosperar", en cuanto a la tasa de crecimiento de su producciσn. El 90 por
ciento de las inversiones chilenas en fαbricas y equipos consiste hoy
Baste sugerir aquν que, a travιs de filiales de corporaciones metropolitanas, de empresas conjuntas metropolitano-chilenas, de concesiones de licencias, de marcas comerciales y patentes, de agencias publicitarias pertenecientes a la metrσpoli o controladas por ella, y de multitud de otros arreglos institucionales, buena parte de la industria chilena de bienes de consumo estα llegando a tener una dependencia de carαcter satιlite de la metrσpoli cada vez mayor. Esta satelizaciσn directa de la industria de bienes de consumo aumenta a su vez, la dependencia satιlite de la economνa chilena en su conjunto, porque la hace depender de la metrσpoli no sσlo en cuanto al suministro de mercancνas esenciales y otros elementos de su producciσn industrial, sino tambiιn hasta en la selecciσn de aquellas importaciones cuya especificaciσn ha sido impuesta ya a la economνa chilena por el diseρo metropolitano del producto final y su proceso de fabricaciσn. Al mismo tiempo, la metrσpoli se apropia el excedente econσmico producido por la industria chilena mediante regalνas, servicios, etcιtera. Para toda la Amιrica Latina, el desembolso por estos "servicios" extranjeros constituye el 61 por ciento de todos sus ingresos en divisas (Frank, 1965 a.). El OCEPLAN concluye a este respecto:
El crecimiento de la industria no ha sido suficiente para jugar un papel verdaderamente altivo en la sustituciσn de importaciones... Entre 1954 y 1963, por ejemplo, las importaciones industriales aumentaron desde 226,2 a 477,1 millones de dσlares, es decir, mαs del doble (un aumento de 110%), en tanto que la producciσn industrial interna aumentσ en menos de 50%. No puede, pues, atribuirse el lento crecimiento industrial exclusivamente a limitaciones del mercado nacional, puesto que hubo en ese perνodo una expansiσn de la demanda interna que tuvo que atenderse con mayores importaciones... Aϊn mαs, esa falta de repuesta no sσlo se dio en el abastecimiento de medios de producciσn cuyas importaciones crecieron en mαs de 120%sino tambiιn en el de bienes de consumo, en que el aumento de importaciones fue del orden del 85%. Con tales tendencias, la economνa chilena no ha disminuido, sino que ha aumentado su vulnerabilidad respecto del sector externo (dice interno, seguramente por un error tipogrαfico). De las importaciones depende hoy dνa no sσlo el abastecimiento de una serie de productos de consumo esencial, sino tambiιn de materias primas y productos intermedios que son fundamentales para mantener la actividad de la propia industria, asν como la mayor parte de los bienes de capital necesarios para acrecentar nuestra capacidad productiva en todos los sectores de la economνa (OCEPLAN, 1964: 73).
H. EL SIGLO XX: AMARGA COSECHA DE SUBDESARROLLO
2. El sector "externo"
Las contradicciones capitalistas de la estructura metrуpoli-satйlite y de la expropiaciуn apropiaciуn del excedente han dominado y determinado tambiйn la experiencia nacional e interna de Chile en el siglo XX. La polarizaciуn aumenta, el desarrollo econуmico de la metrуpoli nacional es mбs estructuralmente limitado o subdesarrollado, y la estructura de la periferia interna se subdesarrolla cada vez mбs desesperadamente. La apropiaciуn capitalista del excedente y la estructura metrуpoli-satйlite en general caracterizan las relaciones econуmicas interna de Chile no menos que las externas. En consecuencia, la distribuciуn del ingreso es cada vez mбs desigual y el ingreso absoluto de la mayorнa del pueblo chileno disminuye.
La distribuciуn funcional, personal y regional del ingreso
atestigua la creciente polarizaciуn de la economнa y la sociedad chilenas.
Alrededor de 400.000 propietarios, gerentes, socios y familiares, o sea menos del 5
por ciento de la poblaciуn total, reciben los siguientes porcentajes de
ganancias en los sectores de la economнa que se citan: agricultura latifundista
(unas 2.000 familias), 66 por ciento; bienes raнces urbanos, 66 por ciento;
industrias grandes monopolizadas (correspondientes al 25
por
Como resultado de la apropiaciуn del excedente en йstos y otros sectores de la economнa chilena, la distribuciуn personal de los ingresos, en porcentajes redondos, es como sigue: el cinco por ciento de la poblaciуn, constituido principalmente por capitalistas urbanos, recibe el 40 por ciento del ingreso nacional; el veinte por ciento de la poblaciуn, empleados urbanos en su mayorнa, recibe el 40 por ciento; el cincuenta por ciento de la poblaciуn, fundamentalmente trabajadores urbanos de la industria y el comercio, el 20 por ciento; el treinta por ciento de la poblaciуn, principalmente trabajadores agrнcolas, el 5 por ciento. Esto es, la cuarta parte relativamente improductiva de la poblaciуn recibe tres cuartas partes del ingreso nacional. (Las cifras exactas, sin redondear, son como sigue: 4,7 por ciento de la poblaciуn, 39,3 por ciento del ingreso; 18,6 por ciento de la poblaciуn, 37,7 por ciento del ingreso; 47,7 por ciento de la poblaciуn, 18,9 por ciento del ingreso, y 29 por ciento, 4,1 por ciento del ingreso (OCEPLAN, 1964: II, 10).
No se dispone de datos en cuanto a Chile, de la distribuciуn regional (metrуpoli-satйlite de los ingresos, pero el OCEPLAN comenta:
A la enorme desigualdad en la distribuciуn del ingreso por sectores econуmico sociales se aсade otro aspecto que hasta ahora las informaciones estadнsticas oficiales han silenciado cuidadosamente: el de la distribuciуn del ingreso entre las distintas regiones del paнs. Pese a la falta de informaciуn concreta, no cabe duda que las disparidades son tambiйn muy grandes en este sentido. La excesiva concentraciуn del desarrollo industrial es uno de los factores determinantes de la disparidad, pero no es el ъnico, ya que operan al mismo tiempo una serie de canales a travйs de los cuales se transfiere el ingreso generado en las provincias merced al esfuerzo de sus habitantes. Del producto generado en la zona norte, una parte importante se transfiere al exterior en forma de utilidades de las grandes empresas extranjeras, y otra al gobierno central por medio de la tributaciуn directa, de la que sуlo una proporciуn muy pequeсa queda a beneficio regional. De igual manera, del esfuerzo desplegado en las provincias agrнcolas aprovecha menos el productor local —que recibe apenas una fracciуn del precio a que en definitiva se venden sus productos al consumidor final— que el gran intermediario que opere desde los principales centros urbanos ademбs, el ingreso del propietario latifundista no queda en la regiуn, sino que se gasta en su mayor parte en la metrуpoli o en el extranjero. Toda la tributaciуn directa e indirecta significa un flujo de ingreso, desde las provincias al poder central, del que sуlo parte vuelve a la regiуn en forma de servicios e inversiones pъblicas. (OCEPLAN, 1964: 13).
La expropiaciуn-apropiaciуn del excedente econуmico de los satйlites perifйricos por la metrуpoli nacional chilena y algunas metrуpolis provinciales estб fuera de duda. Sobre la base de un ingreso nacional chileno, en el aсo de 1960-1961, de unos 3700 millones de escudos, equivalentes entonces a unos 3700 millones de dуlares, Novik y Farba calculan le pйrdida del excedente en concepto de la distribuciуn de ingreso, del desempleo, de la producciуn industrial y agrнcola, y la pйrdida del excedente en divisas, como sigue: la apropiaciуn "distribucional" del excedente econуmico, estimada sobre la base de las ganancias recibidas en exceso del ingreso anual de receptores medios, fue de 1380 millones de escudos de 1961; estimada sobre le base del exceso sobre las entradas de receptores bajos, fue de 1870 millones de escudos de 1961. Esta pйrdida de excedente econуmico potencialmente invertible representa el 37 y el 50% del ingreso nacional total, respectivamente. La pйrdida de excedente econуmico potencial debida al desempleo se estima en 510 millones de escudos de 1961; la pйrdida debida a la producciуn industrial por debajo de la capacidad se calcula en 295 millones o 238 millones de escudos de 1960, dependiendo del procedimiento de computaciуn que se utilice, o sea el 6 y el 5% de la producciуn industrial respectivamente, lo que le perece a quien esto escribe une estimaciуn muy baja. La pйrdida de excedente econуmico potencial debida a la producciуn agrнcola inferior a la potencial es de 94 millones de scudos de 1960. El excedente de 108 у 190 millones de dуlares de Estados Unidos en divisas se citу anteriormente. (Novik, 1964: 16-24.)
Dado que estas estimaciones sobre el excedente econуmico potencial perdido por la economнa chilena necesariamente se superponen en alguna medida (especialmente la primera con las otras tres), no serнa legнtimo limitarse a sumarlas para calcular el total del excedente econуmico invertible que Chile pierde a causa del monopolio y la expropiaciуn. No obstante, para tener una idea del orden de magnitudes implicado conviene observar que, si bien el primer excedente fluctъa entre el 37 y el 50 por ciento del ingreso nacional, a causa de la mala distribuciуn de las ganancias la suma de excedente que se pierden en desempleo, producciуn y divisas monta aproximadamente a otro 30 por ciento de todo el ingreso nacional de Chile.
Aъn mбs grave y notable que esta apropiaciуn y pйrdida contemporбneas del excedente econуmico en razуn del monopolio capitalista y el consumo excesivos es, quizбs, la inconfundible tendencia que a lo largo del siglo XX agrava esta concentraciуn de ganancias y polariza aъn mбs la estructura metrуpoli-satйlite interior. Aunque no se dispone (y ello no es sorprendente) de datos precisos, los investigadores chilenos serios apenas dudan que el consumo de alimentos entre los grupos rurales y urbanos de bajos ingresos ha disminuido desde el siglo XIX. Entre 1940 y 1952 los ingresos de los asalariados parecen haber disminuido en vista del hecho de que la reducciуn en 28 por ciento de su parte del ingreso nacional excede con mucho la declinaciуn de 10 por ciento en su nъmero en cuanto a fuerza de trabajo (Johnson, 1964:.55). A su vez, entre 1953 y 1959, aunque la parte del ingreso nacional que los patronos recibieron subiу del 45 por ciento al 49, la de quienes perciben ingresos medios bajу del 26 al 25 por ciento, y la parte de los obreros continuу descendiendo, ahora del 30 al 25 por ciento (Pinto, 1964: 18). Ademбs, el poder adquisitivo del salario mнnimo legal, en pesos de 1950 (que iguala o excede el salario de aproximadamente la mitad de los asalariados de Chile) cayу de 3.958 pesos en 1954 a 3.098 pesos en 1961. Mientras tanto, el salario real medio de los empleados pъblicos bajу de un нndice de 122 en 1955 a 82 en 1961 (Pinto, 1964: 16-17).
Apenas puede dudarse que la inflaciуn y otras
polнticas que
sacrifican los intereses de los trabajadores y asalariados a las de los
propietarios que expropian una parte cada vez mayor de la plusvalнa de
los productores (para no mencionar los impuestos crecientemente regresivos, cuyo
impacto no se incluye en las medidas antedichas), producen la continua
declinaciуn del ingreso absoluto de los receptores de bajos
ingresos o sea de la mayorнa de la poblaciуn. Este real descenso de las
ganancias de los pobres no deberнa confundirse con el muy citado pero ficticio
incremento resultante del promedio estadнstico de los ingresos
La muy alarmante polarizaciуn del ingreso y de la expropiaciуn-apropiaciуn del excedente arriba estudiado es al mismo tiempo efecto y causa de la estructura capitalista metrуpoli-satйlite y de sus contradicciones en Chile. Rebasando la mбs obvia polarizaciуn ciudad-campo, esta estructura de metrуpoli-satйlite caracteriza tambiйn por entero a los sectores urbanos y rurales tomados separadamente. Me limitarй aquн a unas breves observaciones.
Un rasgo particularmente notable de la economнa chilena contemporбnea, en especial de su sector urbano, es su distribuciуn
del trabajo entre los distintos sectores. Todas las actividades agrнcolas,
mineras e industriales (los sectores primario y secundario), en conjunto,
representan sуlo el 40 por ciento de la fuerza de trabajo empleada. El 60 por
ciento restante de las personas empleadas en la economнa en general, y
probablemente un porcentaje aъn mayor de su sector urbano, deben atribuirse al
sector terciario, el de los servicios. Lejos de ser
Una gran proporciуn del empleo (aunque no, claro estб, del
ingreso) en la parte no gubernamental del sector terciario puede ser atribuida a
los ocasionalmente empleados y semi-auto-empleados "capitalistas de centavos"
de las ciudades (quienes trabajan con menos capital del que disponen los
campesinos de Guatemala, a quienes Sol Tax designу asн por primera vez). Son
ellos, asн como tambiйn una parte de los trabajadores del sector secundario,
particularmente los de la construcciуn, los que componen el grueso de la
flotante poblaciуn urbana de las
La otra rara de esta misma estructura capitalista de metrуpoli-satйlite es la organizaciуn sumamente monopolista del comercio y la industria. Una parte desmesuradamente grande del producto expropiado al productor y al consumidor se la apropia el intermediario. "Por cada 1000 pesos gastados en comida, 400 se pagan por gastos de comercializaciуn que no benefician al productor, sino que van a los intermediarios, de quienes reciben la mitad los comerciantes de altos ingresos. Esta situaciуn es particularmente seria para las personas de ingresos moderados que viven en las grandes бreas urbanas: los costos de la comercializaciуn de los alimentos que compra la familia de un obrero absorbe el 26 por ciento de sus entradas" (OCEPLAN, 1964: II, 17). O sea, la relaciуn metrуpoli-satйlite caracteriza a todo el sector comercial: los muchos comerciantes pequeсos explotan al consumidor y son explotados a su vez por los menos numerosos comerciantes medianos, quienes son explotados a su vez por las pocas grandes firmas comerciales que se quedan con la mitad del excedente apropiado a lo largo de la pirбmide explotadora.
La industria manufacturera adolece, en esencia, de la misma estructura y de las mismas contradicciones. La producciуn (asн como la importaciуn) de artнculos industriales se limita, esencialmente, a abastecer al mercado de altos ingresos. A causa de esta restricciуn del mercado, entre otras, la industria se limita principalmente a producir bienes de consumo. Los equipos de capital sуlo representan el 2,7 por ciento de la producciуn industrial chilena. Es tнpica la subutilisaciуn de la capacidad productiva, como se demostrу en los perнodos de guerra y durante la depresiуn de los aсos 30, cuando las instalaciones existentes aumentaron aguda y rбpidamente la producciуn de manufacturas. Nuestra familiar constelaciуn metrуpoli-satйlite se reproduce constantemente en el sector industrial por la existencia o el establecimiento de algunas plantas o empresas grandes, modernas y eficientes rodeadas de una hueste de talleres pequeсos, anticuados e ineficientes, o de firmas cuya dependencia de la grandes para obtener mercados, materiales, crйditos, comercializaciуn, etc., las convierte en satйlites de йstas.
Pudiera pensarse que esta pauta refleja el crecimiento
"natural"
de las empresas o fбbricas grandes y modernas, cuya competencia denota y
reemplaza gradualmente, pero todavнa no por completo, a los pequeсos talleres
anticuados. La realidad, empero, es que el crecimiento de la producciуn fabril,
cuando ocurre, se explica mucho mбs por el establecimiento de
La misma estructura y las mismas contradicciones aparecen en
el sector agrнcola y comercial rural. La bien conocida impotencia de la
agricultura para suministrar los alimentos necesarios, dramatizada en
el caso de Chile por el paso de la exportaciуn a la importaciуn de comestibles
bбsicos, no se debe tanto a la falta de penetraciуn capitalista o
mercantil de un campo supuestamente arcaico o feudal, como a la incorporaciуn de
la agricultura en la estructura monopolista metrуpoli-satйlite del sistema
capitalista nacional y mundial. Esta integraciуn de la agricultura en la
economнa general es, y ha sido desde el siglo XVI, no solamente comercial, por la vнa de la
venta y de la compra, sino que tambiйn toma la forma de vнnculos de propiedad y
control con los restantes sectores de la economнa. A falta de similares datos
especнficos para Chile (aunque
Creo que un examen detallado de la estructura monopolista metrуpoli-satйlite de la economнa (y de la agricultura dentro de ella), demostrarнa, como sugiero en mi estudio de la agricultura brasileсa, que la escasez de alimentos, en tйrminos de necesidades, si no de demanda efectiva, puede y debe atribuirse en lo esencial a la reacciуn productiva y comercial ante esta misma estructura monopolista del mercado. Las observaciones de Borde y Gуngora sobre el valle del Puangue sugieren que la expansiуn y contracciуn de la producciуn agrнcola y el abandono de un cultivo o producto pecuario por otro a travйs del tiempo fueron, en verdad, notablemente sensibles a los incentivos del mercado (Borde, 1956). Si la producciуn agrнcola no crece como quisiйramos, ello se debe al hecho de que los que controlan los recursos potencialmente utilizables para una mayor producciуn agrнcola, los canalizan hacia otros usos. No proceden asн porque residan fuera del mercado capitalista o porque йste les tenga sin cuidado, sino, al contrario, porque asн les lleva a hacerlo su integraciуn en el mercado. Si el 40 por ciento del excedente econуmico que produce la agricultura puede expropiarse mediante la comercializaciуn monopolizada; si la tenencia de tierra es ъtil para especular, para obtener crйditos, para evadir los impuestos, para tener acceso a la oferta de productos agrнcolas o a la limitaciуn de йsta para beneficiarse de la comercializaciуn de tales productos a travйs de canales de venta monopolizados; si el capital obtiene considerablemente mayores ganancias en los bienes raнces urbanos, el comercio, las finanzas e incluso en la industria, no nos deberнa sorprender entonces que quienes pueden aumentar o disminuir la producciуn agrнcola no la incrementan con rapidez. Antes bien, que los terratenientes de Chile, como los de la junta de directores de la Sociedad Nacional de Agricultura del Perъ trasladan sus capitales de donde ganan menos a donde ganan mбs o donde pueden consumirlos con mбs facilidad. Como a lo largo de la historia ha ocurrido desde el siglo XVI, cuando la agricultura es relativamente un mal negocio, como ocurre ahora, estos capitalistas, hasta donde les es posible, no utilizan su tierra para ayudar a los hambrientos produciendo mбs alimentos, sino para ayudarse a si mismos haciendo mejores negocios en otros sectores transitoriamente mбs lucrativos de la economнa.
Aunque los testimonios no abundan ni han sido estudiados
adecuadamente todavнa, perece que el
I. CONCLUSIONES E IMPLICACIONES
Nuestro examen de la historia chilena demuestra que fue el
capitalismo, con sus contradicciones internas, el que generó el subdesarrollo de
Chile y determinó sus formas; que esto es hoy tan cierto cómo ayer; que el
subdesarrollo de Chile no puede atribuirse a la supuesta supervivencia parcial
de una estructura feudal que nunca existió en todo, ni en parte. A nivel
nacional, el poder ha estado siempre en las manos de una burguesía que estaba y
está íntimamente ligada a los intereses extranjeros, que era y
Esta realidad del capitalismo de sus contradicciones, del
desarrollo y del subdesarrollo nos impone importantes tareas en el campo de
la teoría y la investigación científicas y en el de la estrategia y la táctica
política. Debemos formular una teoría científica que sea capaz de englobar y
explicar la naturaleza, las contradicciones y el desarrollo y subdesarrollo
históricos de este proceso y este sistema mundial en su conjunto, y debemos
realizar investigaciones con vistas a formular tal teoría. Ha sido mi
intención en este ensayo y los siguientes contribuir en lo posible al logro de
ese objetivo. Los cambios institucionales y demás transformaciones importantes
de que ha sido testigo la historia chilena han ocurrido, todos,
El curso de la historia, en Chile y en el mundo, se ha caracterizado por una secular tendencia a la polarización, tanto internacional como nacionalmente, y el grado de interdependencia la medida de la dependencia del satélite ha aumentado conjuntamente. La brecha entre la metrópoli y Chile, en poder, riqueza e ingreso y, lo que es más importante, quizá, en capacidad política, económica y tecnológica para el desarrollo de la economía, se ha ensanchado notablemente con el tiempo y continúa ensanchándose. Al mismo tiempo, Chile, su metrópoli y su burguesía se han hecho cada vez más dependientes de la metrópoli exterior en lo político, lo económico y lo tecnológico. No sólo su comercio, agricultura y minoría ayer, sino también hoy su industria están siendo económica, tecnológica e institucionalmente integrados en la metrópoli capitalista mundial, de la que aquéllos se convierten cada vez más en sectores satélites dependientes. Si en otro tiempo pudo haber surgido una burguesía "nacional" industrial relativamente independiente y con miras nacionalistas (aunque es difícil sostener que, en efecto, surgió), tal eventualidad es cada vez más improbable e imposible mientras la industria y los industriales chilenos continúen dependiendo cada vez más de la metrópoli en materia de financiamiento, comercialización, bienes de producción, tecnología, diseńo, patentes, marcas comerciales, licencias... todo, cuanto se relaciona con la producción "industrial" ligera o ensambladora de piezas importadas.
Pudiera perecer que el subdesarrollo y la polarización de Chile serían mitigados o incluso anuladas por el ascenso de la clase media. Lejos de eso, la "nueva" clase media y el sector terciario de servicios que principalmente la sustenta, constituyen una expresión y una causa más del subdesarrollo estructural y la polarización de Chile. La urbanización y la transformación estructural de la economía, la sociedad y la forma de gobierno que la clase media, o la movilidad social, o la "democratización" representan, están vinculadas al incremento de la polarización entre las metrópolis urbanas de Santiago, Valparaíso y Concepción y sus respectivos satélites periféricos rurales y locales, así como también a Ia polarización de la economía y el ingreso en la ciudad y en el campo. El número relativo y absoluto de chilenos esencialmente improductivos está creciendo, y el ingreso relativo y absoluto de los miembros más pobres de la sociedad, así los productivos como los improductivos, está decreciendo con el tiempo. El ascenso de las clases medias puede significar el aumento del número de los que se apropian del excedente económico, pero el ingreso residual de los productores expropiados está disminuyendo, y la capacidad y aptitud de la estructura económica capitalista para generar desarrollo industrial y económico en Chile está decayendo: Chile se subdesarrolla estructuralmente cada vez más.
Las tareas politicas que aguardan a quienes librarían del subdesarrollo a Chile y a sus países hermanos no son menos urgentes y profundas que las científicas, ni están desvinculadas de ésta. En Chile y los países de estructura similar no puede esperarse que una burguesía emancipe del subdesarrollo a la economía y al pueblo. No debería hablarse de una "burguesía nacional progresista" que trata de salvar al Estado de una oligarquía atrasada, terrateniente y feudal. Porque la capacidad y aptitud para progresar de la burguesía chilena y su estado están severamente limitadas, no por las instituciones o la estructura "no capitalistas" o "precapitalistas" que puedan existir en sus entrańas provinciales, sino por la misma estructura capitalista que les impone la metrópoli capitalista mundial y por su propio interés en mantener esta estructura capitalista, en alianza con otros intereses creados burgueses, a nivel mundial, nacional, provincial y local. La expropiación de su excedente económico y las otras limitaciones del desarrollo que la metrópoli imperialista impone a la burguesía chilena, crean contradicciones entre ellas y su metrópoli, al igual que la burguesía metropolitana chilena crea contradicciones entre ella y los grupos burgueses provinciales a la que a su vez explota. Estas contradicciones pueden hacer que los grupos más explotados y débiles de la burguesía chilena adopten cursos de acción que, en uno u otro momento y hasta cierto punto, choquen con los intereses de quienes los explotan a ellos y al pueblo. Pero estas contradicciones menores reflejan la necesidad y el deseo de cada una de las partes de quedarse con una mayor porción del botín generado por las contradicciones mayores del causante de subdesarrollo expoliador y sistema capitalista. La solución de estas contradicciones menores y Ia acción de estos grupos burgueses no pueden constituir, por ende, un paso económico o políticamente decisivo hacia la eliminación del subdesarrollo y la estructura que lo produce. La burguesía y todas sus partes "prosperaron con lo que arruina a otros" y deben esforzarse por mantener esta "paradoja del trato" y esta "contradicción de la riqueza".
El contradictorio desarrollo del
capitalismo y el consiguiente subdesarrollo de Chile impone al pueblo la
necesidad y la posibilidad de liberar su economía del subdesarrollo y de
impulsar el desarrollo de su país
Padeciendo la misma necesidad y gozando
de la misma posibililidad, creadas ambas por el mismo desarrollo capitalista
mundial en otros países subdesarrollados, el pueblo de Chile, en alianza con
estos otros pueblos, debe tomar y
El proceso del desarrollo capitalista es discontinuo, pero permanente, como lo es el proceso de su decadencia por la vía revolucionaria. En nuestro tiempo las contradicciones se ahondan y el proceso se acelera; la discontinuidad destruye al sistema; la oportunidad de liberar a los pueblos y desarrollar su civilización está a la mano, y los pueblos la hacen. Sepan sus líderes seguirlo.
A. EL PROBLEMA
En esencia, el "problema indígena" latinoamericano deriva de la estructura económica del sistema capitalista nacional e internacional. Al contrario de lo que frecuentemente se alega, no se relaciona con el aislamiento cultural de los indígenas, ni mucho menos con el aislamiento económico o la insuficiente integración. El problema de los indígenas, como el del subdesarrollo en general, se funde en la estructura metrópoli-satélite del capitalismo de que se habla en este libro, y sus manifestaciones son partes integrantes de esa estructura. Sin referirnos a los conocidos estudios sobre la base económica de este problema que hace siglos hicieron Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias y Jorge Juan y Antonio Ulloa en sus Noticias secretas de América, podemos tomar en cuenta la opinión del más renombrado investigador del Perú en nuestro siglo, José Carlos Mariátegui:
"Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teóricos y a veces sólo verbales condenados a un absoluto descrédito. No [las] salva a algunas su buena fe... La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medida de administración o policía, con métodos de enseńanza o con obras [de vialidad], constituye un trabajo superficial o adjetivo". (Mariátegui, 1934: 27).
Ese juicio es secundado por el antropólogo norteamericano Eric Wolf, quien dice que el etnicismo y la comunidad corporativa del indígena latinoamericano son más una cuestión de estructura que de cultura, y también por su colega mexicano Rodolfo Stavenhagen, cuando dice que "las relacionen coloniales y las relaciones de clase constituían la base de las relaciones étnicas", y que "la ciudad regional fue un instrumento de conquista y es aún hoy un instrumento de dominio". (Wolf, 1955: 456-457; Stavenhagen, 1963: 91, 81).
B. LA HISTORIA
El problema del indνgena deriva de su relaciσn econσmica con los otros miembros de la sociedad, relaciσn que a su vez ha sido determinada por la estructura metrσpoli-satιlite y el desarrollo de la sociedad capitalista desde que la colonizaciσn lo incorporσ a ella, Stavenhagen sugiere que "...el sistema colonial funcionσ de hecho, en dos niveles. Las restricciones y prohibiciones econσmicas que Espaρa impuso a sus colonias (y que habrνan de fomentar los movimientos de independencia) se repetνan, agravadas mϊltiples veces, en las relaciones entre la sociedad colonial y las comunidades indνgenas. Los mismos monopolios comerciales, las mismas restricciones a la producciσn, los mismos controles polνticos que Espaρa ejercνa sobre la Colonia, ιsta los ejercνa sobre las comunidades indνgenas. Lo que Espaρa representaba para la Colonia, ιsta lo representaba para las comunidades indνgenas: una metrσpoli colonial. El mercantilismo penetrσ desde entonces en los pueblos mαs aislados de Nueva Espaρa (Stavenhagen, 1963: 91).
Asν, pues, la supuestamente aislada sociedad o, mejor, comunidad folk que popularizσ Redfield (1941, 1960), la comunidad corporativa de los indνgenas, lejos de ser originales de la Amιrica Latina o tradicionales en ella se desarrollaron o, mejor, se subdesarrollaron como resultado del desarrollo del capitalismo en el perνodo colonial, y tambiιn en el nacional. Eric Wolf describe cσmo el aislamiento dependiente y su puesto en realidad la condiciσn de satιlite, de la comunidad indνgena fue generado histσricamente por el proceso de crecimiento del capitalismo que se iniciσ con la Conquista. Como dijo Hernαn Cortιs a un mexicano: "Los espaρoles padecen una enfermedad del corazσn que sσlo se cura con oro". Despuιs de esta cita, Wolf continϊa:
El conquistador espaρol se convirtiσ en empresario de minas, en productor de cultivos comerciales, en ganadero, en negociante... Querνa convertir los recursos y el trabajo en bienes negociables: en oro y plata, en cueros y lana, en trigo y caρa de azϊcar... El motor de este capitalismo fue la minerνa... Toda referencia a la Utopνa --econσmica, religiosa y polνtica- se apoyaba en ϊltima instancia, en el gobierno y control de un solo recurso: la poblaciσn indνgena de Ia colonia. Los conquistadores querνan peones, indios... A los ojos del colono, lo que daba prestigio a la instituciσn [de la encomienda] no era su origen medieval, sino la oportunidad que traνa aparejada de organizar una fuerza de trabajo capitalista sobre la que ιl y sσlo ιl ejercνa un poder sin contapisas. (Wolf, 1959: 176, 189).
El juicio de Wolf es confirmado por quienes indiscutiblemente son los tres mαs autorizados investigadores de la materia: Josι M. Ots Capdequi, Josι Miranda y Silvio Zavala. Ots Capdequi escribe:
No puede penetrarse en la entraρa del verdadero significado histσrico de las instituciones sociales, econσmicas, jurνdicas que se encuadran dentro del llamado Derecho Indiano si no se tiene a la vista este hecho histσrico que yo he anotado ampliamente en algunas de mis publicaciones: que la obra del descubrimiento, conquista y colonizaciσn de Amιrica no fue en su sentido estricto, en sus orνgenes, una empresa de Estado... Si analizamos el conjunto de las capitulaciones que en gran parte se conservan en el Archivo General de Indias, de Sevilla, advertimos claramente al predominio acusado, absorbente, del interιs privado, de la iniciativa privada en la organizaciσn y el sostenimiento de las expediciones descubridoras. Fue lo corriente que esas expediciones las costearen los grandes mercaderes...
Despuιs de la esclavitud pura y simple, fue la encomienda la principal instituciσn mediante la cual los empresarios espaρoles se resarcieron de sus inversiones, pues les permitνa exigir tributos y trabajos a la poblaciσn indνgena, Josι Miranda resume asν la "funciσn econσmica" de los encomenderos:
Aunque el encomendero continental tuviera mucho de seρor feudal, a la europea, por lo que retiene del feudalismo medieval... no parecen interesarle vivamente su posiciσn y funciσn como tal.
No; el encomendero es, ante todo, un hombre de su tiempo, movido por el afαn de lucro y proponiιndose como meta la riqueza. Entre sus contemporαneos, es el encomendero el hombre de acciσn en que prenden mαs fuertemente las ideas y los anhelos de un mundo nuevo. Dista mucho del hombre medieval; es el resultado de una manera radicalmente distinta de entender el mundo y la vida. Αvido de riqueza, la perseguirα febrilmente; no se conformarα despuιs con la encomienda, pero lo harα pensando alumbrar en ella manantiales de riqueza. Por eso no se limita, como el seρor feudal, al mero goce de tributos y servicios, sino que convierte unos y otros en base principal de varias empresas, en la mιdula econσmica de mϊltiples granjerνas. Harα lo que cualquier empresario desde entonces acα: emplear los recursos propios o ajenos y el trabajo ajeno en la consecuciσn de la riqueza o el bienestar propios. Asν, pues, el encomendero otorgarα primacνa al elemento reparto capitalista de la encomienda, que es el ϊnico que puede conducirle a lo que ιl persigue con ahinco: la riqueza.
Por eso, en un primer momento, se dedica de lleno, antes que nada, a la explotaciσn de las minas de oro y al logro de lo que era anexo a ellas (ciertas herramientas y mantenimientos), sin descuidar la producciσn de lo que era indispensable para cubrir sus necesidades materiales mαs apremiantes (ganados y trigo). Las empresas que el encomendero establece para el aprovechamiento econσmico de la encomienda serαn, por lo tanto, de un triple orden: mineras (para la extracciσn del oro, en un principio), ganaderas, y agrνcolas (limitadas las agrνcolas, en los primeros tiempos, casi exclusivamente a la producciσn de trigo) ... En el primer concepto, extraerα de la encomienda, para sus empresas, oro, mantenimiento, esclavos, ropas, etc. Estos elementos serαn empleados por ιl: el oro en las inversiones mαs imprescindibles, como la adquisiciσn de herramientas y, en caso preciso, el pago de los servidores espaρoles (mineros y mozos) y la compra de vνveres; los mantenimientos, en el sostenimiento de sus esclavos, indios de servicios y otros trabajadores, y la crνa de sus ganados; los esclavos, en las labores mineras, donde fueron la principal mano de obra, y en las agrνcolas y ganaderas.
Como resultado de la utilizaciσn de los diferentes elementos econσmicos de que dispone procedentes de la encomienda, o con otro origen, segϊn vivimos, y de los medios jurνdicos con que reϊne esos elementos y los enlaza con los medios personales en el complicado mecanismo de sus empresas, vemos frecuentemente al encomendero cogido en una red verdaderamente tupida de dispositivos econσmicos y de relaciones jurνdicas: participa en varias compaρνas mineras, concluidas ante un escribano pϊblico; propietario de una piara de cerdos o de un rebaρo de ovejas, que trae pastando en tierras de otro encomendero con el cual ha concertado instrumentalmente contrato de compaρνa, y al cuidado de un mozo espaρol cuyo servicio se ha asegurado mediante escritura de partido o de soldada, y todo esto despuιs de haber dado poder general a un familiar, amigo o criado para que administre sus pueblos y de haber conferido poderes particulares a otras personas para que gobiernen sus haciendas de labor o ganaderas, sus ingenios o sus molinos, o para la gestiσn de sus intereses allν donde ιstos lo exijan. (Miranda, 1947: 423-424, 427, 446).
Asν, pues, la expansiσn y el desarrollo del capitalismo incorporaron a la poblaciσn indνgena en su expoliadora estructura monopolista inmediatamente despuιs de la llegada de los espaρoles, y el capitalista y sus crecientes manadas de ganado y ovejas se apropiaron de la tierra del indνgena. El nuevo capitalismo penetrσ tan rαpida y profundamente en la organizaciσn econσmica aborigen que diez aρos despuιs de la conquista de Mιxico se escribνa:
Despuιs, debido sin duda al aumento del numerario y la gran demanda de abastecimiento, algunos pueblos indios, principalmente de los prσximos a la capital y de las ciudades mαs importantes, prefirieron dar dinero y solicitaron la conmutaciσn de las especies y servicios por oro o plata. Ramνrez de Fuenleal dio cuenta al Rey del cambio operado, y le pidiσ que removiera el obstαculo legal a las tasaciones en dinero... "ahora parece que en algunos pueblos quieren mαs el maνz y mantas para contratar, y dan de mejor gana el oro, porque con sus tratos ganan para el tributo y para su mantenimiento..." (Miranda, 1952:204).
Como todo aquel que en una economνa capitalista debe pagar, el indνgena, en tiempos de inflaciσn, preferνa pagar con dinero desvalorado.
Las consecuencias inmediatas de la penetraciσn capitalista en la colectividad indνgena fueron la muerte de multitud de sus componentes y la transformaciσn de su sociedad y su cultura. En Mιxico, la poblaciσn indνgena, que en los dνas de la Conquista, en 1519, era de 11 millones, descendiσ a 1,5 millones en 1650 (Borah, 1951: 3). AI mismo tiempo, como anota Miranda:
La fuerte presiσn tributaria determinσ cambios importantes en la distribuciσn de la poblaciσn: de un lado, la disminuciσn por muertes o ausencia; y de otro, la diseminaciσn de muchos indios por las zonas rurales mαs deshabitadas, el rancheamiento en lugares abruptos o de difνcil acceso, y el cambio de resistencia o traslado de domicilio de un pueblo a otro. Perecνan o decaνan algunos pueblos, nacνan rancherνas, algunas de las cuales se convertνan con el tiempo en pueblos pequeρos, y crecνan algunos lugares. Una gran parte de los indios no quiso soportar los excesivos gravαmenes tributarios y recurriσ al ϊnico procedimiento que tenνan para eludirlos, abandonar el lugar de residencia, bien para ir a habitar allν donde los espaρoles no podνan molestarles, bien para irse a vivir a otro pueblo donde los tributos no fuesen tan pesados. (Miranda, 1952: 216-217).
Los establecimientos indνgenas de tiempos posteriores y, mucho menos, su estructura y relaciσn con la sociedad mayor, no son, pues, supervivencias de los tiempos anteriores a la Conquista, sino, al contrario, productos subdesarrollados de la expansiσn capitalista. Desde entonces, y aϊn en nuestros dνas, hasta donde la corporaciσn indνgena se haya aislado, esta circunstancia refleja el espontαneo retiro, que es el ϊnico medio de que dispone el indνgena para protegerse contra el pillaje y la explotaciσn del sistema capitalista.
En Mιxico, la encomienda fundada en el pago de un tributo en trabajo y el uso legal de indνgenas encomendados duraron hasta 1549. Silvio Zavala escribe:
El 22 de febrero de ese aρo, la Corona dirigiσ una importante cιdula al presidente y los magistrados de la Audiencia de Nueva Espaρa... ordenando la cancelaciσn de todas las conmutaciones del tributo en especie y en metαlico por servicios personales. La puesta en vigor de esta prohibiciσn significaba el fin de la encomienda como instituciσn laboral, porque en lo adelante todos los tributos tenνan que pagarse en dinero, en productos agrνcolas u objetos de artesanνa. Se tiene prueba de que el decreto fue puesto en vigor...
ΏA travιs de quι canales podrνa obtenerse ahora la mano de obra necesaria para continuar los trabajos de la colonia? El propσsito, por tanto, era establecer un sistema de trabajo asalariado voluntario, con tareas moderadas; pero en previsiσn de que los indνgenas no quisieran ofrecer sus servicios voluntariamente... Nueva Espaρa, instituyσ el cuatιquil, o sea el sistema de trabajo pagado forzoso. Este sistema, en conjunciσn con las anteriores prαcticas indνgenas, iba a desarrollarse en mayor escala en Perϊ bajo el nombre de mita, instituciσn diferente de la esclavitud y del servicio personal de la encomienda, a las cuales se dio de lado durante el proceso que estamos describiendo... Los indνgenas... recibνan un estipendio diario... Las diferencias principales entre el cuatιquil de Nueva Espaρa y la mita del Perϊ residen en el hecho de que el primero afectaba, por lo general, a indνgena, residentes en lugares prσximos al de trabajo, mientras que en el Perϊ los jornaleros tenνan que recorrer distancias mucho mαs grandes. En Nueva Espaρa, el periodo de trabajo era casi siempre de una semana, y cada indνgena se presentaba para trabajar tres o cuatro semanas en el aρo. Los perνodos peruanos de trabajo duraban meses. La cuota de trabajadores con que contribuνan las aldeas de Nueva Espaρa era, por lo comϊn, de un 4 %, en Perϊ de una sιptima parte, o sea alrededor de un 14 %. En Tucumαn, se tomaba un indνgena de cada doce... El sistema de trabajo pagado compulsorio... vino a ser al cabo la principal fuente de brazos de la colonia. Ni siquiera los encomenderos quedaron fuera de la instituciσn del cuatιquil. Si necesitaban peones, no podνan tomarlos ya directamente de sus aldeas encomendadas a modo de tributo. Como otros colonos privados, estaban obligados a pedir a un juez repartidor los indνgenas que necesitaran, y los peones asν provistos no trabajaban ya gratuitamente, sino que tenνan derecho a recibir del encomendero el jornal de costumbre... En el capνtulo precedente apuntamos que la encomienda no acarreaba el derecho a la tierra, y ahora vemos que el encomendero perdiσ el dominio sobre el trabajo de sus aborνgenes, puesto que ιste era independientemente regulado por las autoridades reales... En 1601 y 1609 se emitieron nuevas cιdulas con el propσsito de establecer el trabajo pagado voluntario, poniιndose fin asν a la obligatoriedad...
Desde hacνa aρos, los agricultores espaρoles habνan empezado a atraer a sus fincas a los indνgenas de las aldeas vecinas, a los que se llamaba gaρanes o laborνos. Asν, en vez de aguardar por la periσdica asignaciσn de indνgenas a cargo de las autoridades pϊblicas, tenνan familias indνgenas residiendo continuamente en sus tierras como mano de obra... Ademαs, los terratenientes habνan empezado a hacer todo lo que les era dable para reforzar su posesiσn de gaρanes, privαndoles a su placer de la libertad para abandonar la finca. El medio legal por el que se consiguiσ esta retenciσn consistiσ en adelantos de dinero y mercancνas, lo que, al endeudar el gaραn, lo ataba a la tierra. Este mιtodo, y no la antigua encomienda del siglo XVI, es el verdadero precursor de la hacienda mexicana de tiempos recientes. Por este ϊltimo sistema, el amo posee la tierra por merced, compra u otro tνtulo legal, o quizαs sσlo por haberse apoderado de ella, y atrae gaρanes a su finca y los mantiene en ella haciιndoles contraer deudas con ιl. El pensador liberal del periodo de la colonizaciσn no dejσ de ver con desconfianza a este sistema de servidumbre agraria por deudas, y lo criticσ, como antes habνa criticado a la esclavitud, la encomienda y el cuatιquil. El gobierno espaρol dictσ ordenanzas significativas limitando el monto del endeudamiento legal... A pesar de estas restricciones jurνdicas... los hacendados habνan extendido ya el sistema de gaρanνa y lo habνan consolidado mediante deudas... El creciente nϊmero de peones y el aislamiento de las haciendas originaron gradualmente la costumbre del castigo de los peones por el amo o quienes lo representaban, pero esto no quiere decir que el amo poseyera autoridad judicial, porque la justicia del rey interviene siempre que se cometνa un delito grave. El sistema de peonaje tenνa, pues, raνces coloniales, pero en ese periodo la vigilancia de las autoridades pϊblicas proporcionaba una cierta protecciσn a los trabajadores. Cuando, posteriormente, el dejar hacer y otras teorνas abstencionistas del derecho pϊblico dejaron solos e indefensos a los peones contra el poder econσmico de sus amos, la rudeza del rιgimen de las haciendas aumentσ y la poblaciσn e importancia de las aldeas indνgenas disminuyeron continuamente en relaciσn a las haciendas que empleaban peones. Ya hemos dicho qua el laboreo obligatorio de las minas de mantuvo hasta pasado el aρo 1633, pero en ese tiempo aumentσ el nϊmero de obreros libres atraνdos por los salarios relativamente altos de los mineros... El recurso del endeudamiento tramposo funcionσ en las minas al igual que en las haciendas. (Zavala, 1943: 85-101).
Por ende, en su incorporaciσn del indνgena, no menos que la de todos los otros, el desarrollo del capitalismo generσ, en diferentes ιpocas y lugares, las formas institucionales que convenνan a sus cambiantes necesidades. Este crecimiento capitalista y sus instituciones transformaron toda la urdimbre de la sociedad aborigen desde el principio y han continuado determinando el estilo y calidad de la vida indνgena desde entonces. Wolf comenta al respecto:
La Conquista no sσlo destruyσ a las personas fνsicamente, sino que tambiιn despedazσ la trama usual de sus vidas y los motivos que las animaban... La sociedad nacida de la conquista espaρola... sacrificσ a los hombres por la producciσn de objetos que no tenνan otro fin que el de aumentar lo mαs posible las ganancias y la gloria del conquistador individual... El indνgena explotado no podνa hallar sentido universal alguno a sus padecimientos... Asν, pues, los indνgenas, no sσlo fueron victimas de la explotaciσn y el derrumbe biolσgico, sino que tambiιn sufrieron una deculturaciσn "pιrdida de cultura", y en el curso de tales maltratos vinieron a sentirse ajenos a un orden social que tan mal empleaba sus recursos humanos. Eran extraρos a ιl, y un abismo de desconfianza los separaba de los fines y los gestores del mismo. La nueva sociedad podνa disponer del trabajo de ellos, pero no de su lealtad. Esta sima no se ha cerrado con el paso del tiempo. (Wolf, 1959: 199).
No obstante, no todos los indνgenas sufrieron el mismo destino econσmico, social y cultural. La diferencia entre el peσn indνgena de la hacienda y el indνgena que en su comunidad producνa por su propio derecho es puesta en relieve, entre otros, por Antonio Quintanilla, hasta donde concierne a las manifestaciones socio-culturales:
"... el indio de las comunidades... tiene la conciencia de ser libre. Lo que mαs valora es la tierra y posee tierra. En esta posesiσn de la tierra se fincan una serie de virtudes cνvicas que al otro indio (de las haciendas) no posee"... "La organizaciσn comunal y su protecciσn legal, han permitido a centenares de miles de indios de llevar una vida relativamente aceptable, pues como se apuntσ mαs arriba, los niveles de vida, los valores cνvicos, la libertad de acciσn y de opiniσn y, en una palabra, la felicidad de los indios comuneros no admite comparaciσn con las condiciones infrahumanas de los indios de las haciendas o los que deambulan en las ciudades de la sierra en busca de trabajo"... "El indio siervo de las haciendas es huraρo, hosco y silencioso, frecuentemente servil, mentiroso y traicionero. Estas notas esencialmente negativas constituyen la expresiσn de... un estado de inferioridad, y una larga experiencia de explotaciσn e injusticia." (Quintanilla, sin fecha: 12, 18).
Aunque sin duda importante, esta diferencia entre el indνgena de la hacienda y el de las comunidades -especialmente cuando el ϊltimo, por carecer de bastante tierra, se ve forzado a trabajar en las condiciones del otro es anulada por la explotaciσn comϊn a que el mismo sistema capitalista somete a ambos. Podemos volver, entonces a examinar el papel de los indνgenas en la estructura y el desarrollo de este sistema.
Como ya observamos en nuestro ensayo acerca de Chile, el siglo XVII presenciσ la decadencia de la producciσn minera de las colonias, deprimiσ la economνa de la metrσpoli y separσ a ambas mαs de lo que habνan estado en el siglo anterior o de lo que estarνan en los siguientes. La polarizaciσn urbano-rural de las colonias parece haber aumentado. La poblaciσn urbana, la manufactura y la demanda de productos del campo crecieron a despecho del continuo descenso de la poblaciσn (Borah, 1951: 30). En respuesta a este crecimiento urbano y a la decadencia de la producciσn y rentabilidad de la minerνa, la producciσn agrνcola creciσ tambiιn en importancia y se concentrσ paulatinamente en la hacienda espaρola mαs que en el poblado indνgena. Los investigadores de este proceso en Mιxico lo interpretan como la involuciσn de una economνa que se concentraba en sν misma a causa de una depresiσn econσmica. (Chevalier, 1956; Borah, 1951; Wolf, 1959). He sostenido en otros estudios que esta interpretaciσn no es correcta. (Frank, 1965 a.) El crecimiento y consolidaciσn de la hacienda de Mιxico, y el consecuente menoscabo de la producciσn agrνcola en pequeρa escala (indνgena en este caso), fueron ocasionados entonces, y han sido originados siempre, por el aumento de la demanda y de los precios de los productos agrνcolas, al igual que en los casos de Chile y el Brasil que se estudian en este libro, y en los evidentes ejemplos de la Argentina y las Antillas. (Frank, 1965 b). Asν, pues, el siglo XVII presenciσ el desarrollo de las principales formas institucionales campesinas que, en la hacienda y la comunidad indνgena han persistido en la mayor parte de Indoamιrica hasta hoy. Pero estas mismas instituciones han sido desde entonces lo bastante flexibles para adaptarse a las fluctuaciones y transformaciones de la economνa mundial y nacional.
Amιrica Latina ha estado envuelta en los cambios y fluctuaciones importantes del mercado desde el perνodo de la primera conquista europea. Parecerνa, por ejemplo, que a la rαpida expansiσn del comercio en Nueva Espaρa durante el siglo XVI siguiσ un "siglo de depresiσn" en el XVII. La inactividad se repitiσ en el siglo XVIII, renovαndose la contracciσn y desintegraciσn del mercado en la primera parte del XIX. Durante el resto de este siglo y comienzos del XX, muchos paνses latinoamericanos se vieron repetidamente envueltos en sϊbditas actividades especulativas de producciσn para mercados extranjeros, a menudo con resultados desastrosos en el caso de quiebra del mercado. Comunidades enteras podνan encontrar perdido su mercado de la noche a Ia maρana y retornar a la producciσn de subsistencia, para su propio consumoΉ... Redfield ha reconocido algunas facetas de este problema en su categorνa de los "pueblos rehechos"... pueblos que una vez hogaban en la corriente del desarrollo comercial, sσlo para ser arrojados a sus empobrecidas orillas.
En este ciclo de cosechas para subsistir y cosechas para vender, las primeras aseguran un nivel de subsistencia mνnimo pero estable, mientras que las segundas prometen mαs recompensas en dinero, pero envuelven a la familia en los riesgos del oscilante mercado. El campesino lucha siempre con el problema de hallar algϊn equilibrio entre la producciσn para subsistir y la producciσn para vender. Los anteriores ciclos de producciσn por dinero le han permitido comprar bienes y servicios que no puede tener si sσlo produce para su propia subsistencia. Sin embargo, una tentativa a fondo de aumentar su capacidad para comprar mαs bienes y servicios de esta clase, pude significar su desapariciσn como productor agrνcola independiente. Tiende, pues, a conformarse con un mνnimo bαsico de producciσn para subsistir y una ampliaciσn lenta de sus compras al contado. (Wolf, 1955: 462-464.)
Siendo, como es, carne y hueso del accidentado desarrollo capitalista, este proceso continϊa aϊn. Cuando los precios mundiales y locales (estos ϊltimos manipulado de una forma monopolista), bajan tanto que los indios del sur de Mιxico reciben una libra de maνz por libra de cafι (que cultivan para los mercados nacional y mundial), dejan de producir cafι para aumentar la producciσn de maνz y se convierten entonces en "agricultores aislados de productos de subsistencia".
Dos cosas parecen inferirse de este examen. Primera, al estudiar la Amιrica Latina del presente, perecerνa aconsejable no tratar la producciσn para la subsistencia y la producciσn para el mercado como si fueran dos etapas de un desarrollo progresivo. Antes bien, debemos tener en cuenta la cνclica alternancia de los dos tipos de producciσn dentro de la misma comunidad y comprender que, desde el punto de vista de ιsta, ambas clases pueden ser respuestas alternas a cambios de las condiciones del mercado exterior. Esta quiere decir que no basta el estudio sincrσnico del mercado... Segunda, debemos buscar los mecanismos por los cuales son posibles tales variaciones. (Wolf, 1955: 464.)
1. Vιase ejemplos de particular importancia y sus consiguientes anαlisis en el capνtulo III.
C. LA ESTRUCTURA
En cuanto al presente, el Instituto Nacional Indigenista de México resume la estructura y los mecanismos en términos similares a los míos:
Los indígenas, en realidad, rara vez viven aislados de la población mestiza o nacional; entre ambos grupos de población existe una simbiosis que es indispensable tomar en cuenta. Entre los mestizos, residentes en la ciudad núcleo de la región, y los indígenas, habitantes del hinterland campesino, hay, en verdad, una interdependencia económica y social más estrecha de lo que a primera vista pudiera parecer... La población mestiza, en efecto, radica casi siempre en una ciudad, centro de una región intercultural, que actúe como metrópoli de una zona indígena y mantiene, con las comunidades subdesarrolladas, una íntima conexión que liga el centro con las comunidades satélites. La comunidad indígena o folk era parte interdependiente de un todo que funcionaba como una unidad, en tal forma que las acciones ejercidas sobre una parte repercutían inevitablemente sobre las restantes y, en consecuencia, sobre el conjunto. No era posible considerar a la comunidad separadamente; había que tomar en cuenta, en su totalidad, al sistema intercultural del cual formaba parte... La permanencia de la gran masa india en su situación de ancestral subordinación, con el goce de una cultura folk fuertemente estabilizada, no sólo fue deseada por la ciudad, sino aún impuesta en forma coercitiva... Es en Ciudad de Las Casas, donde la cultura ladina de tipo europeo presente avances mayores... se ve con mayor énfasis el dominio que ejercen los ladinosš sobre los medios económicos, políticos y de la propiedad en general. (Instituto Nacional, 1962: 33-34, 27, 60.)
Esta es, pues, la situación contemporánea en México, después de los "cincuenta ańos de revolución" de que este país se enorgullece tanto, porque liberó a la población rural del dominio de la hacienda supuestamente feudal. En La Democracia en México, el director de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de México llama "colonialismo interno" a este estado de cosas y observa que afecta a un creciente número de un 10 a un 25% de la población mexicana (González Casanova, 1965: 52-89.) Dejo a la imaginación del lector cómo serán las cosas en el Perú y el Ecuador, donde la mitad de la población es indígena y no ha ocurrido revolución alguna, o en Guatemala y Bolivia, donde la contrarrevolución ha triunfado ya.
Como observa Wolf: "Privada de tierra y agua por la conquista y el subsiguiente acoso (particularmente las reformas liberales del siglo XIX, que sustituyeron la propiedad comunal por la privada), la comunidad indígena raza vez puede ser autosuficiente. No sólo debe exportar personas, sino también artesanía y trabajo... Sin el mundo exterior, además, el indígena no puede cerrar nunca la creciente brecha entre su producción y sus necesidades." (Wolf, 159: 230.) Stavenhagen a su vez dice:
"El mundo económico indígena no es un mundo cerrado. Las comunidades indígenas sólo están aisladas en apariencia. Por el contrario, participan en sistemas regionales y en la economía nacional. Los mercados y las relaciones comerciales representan el eslabón principal entre la comunidad indígena y el mundo de los ladinos, entre le economía de subsistencia y la economía nacional. Es cierto que la mayor parte de la producción agrícola de los indígenas es consumida por ellos. También es cierto que el ingreso generado por los indígenas sólo representa una proporción mínima en el producto nacional (incluso en Guatemala en donde la población indígena es más que la mitad de la población total). Pero la importancia de estas relaciones no se encuentra en la cantidad de producto comercializado, o en el valor de los productos comprados; se hallan más bien en la calidad de las relaciones comerciales. Estas son las relaciones que han transformado a los indígenas en una 'minoría' y que los ha colocado en el estado de dependencia en que se encuentran actualmente". (Stavenhagen, 1963: 78).
Así, pues, las relaciones entre los indígenas y otros ciudadanos son muchas, pero todos los autores aquí citados concuerdan en que nunca son relaciones de igualdad. El indígena es siempre explotado.
Alejandro Marroquín apunta que "tradicionalmente el indígena en la región Tzeltal-Tzotzil es explotado desde dos puntos de vista: se le explota como trabajador al servicio de los terratenientes y hacendados que utilizan la mano de obra indígena pagando precios bajos por cada jornada de trabajo; y se lo explota en su carácter de pequeńo productor; el indígena produce artículos que algunas veces son solicitados vehementemente en el mercado nacional..." (Marroquín, 1956: 200).
1. Los ladinos son ex-indios y e veces, también, descendientes de criollos que difieren económica y étnicamente, de los indios y que ocupan los estratos sociales íntermedios en los países latinoamericanos de poblaciones indígenas significativas. En otras partes de México se les llama "mestizos"; en los países andinos, "cholos", o en estratos algo más altos, "mistis". Véase una clasificación de los estratos sociales latinoamericanos, en términos culturales, en Wagley, 1955.
D. EL TRABAJADOR
Es difícil encontrar muchos indígenas, incluso en México después de su reforma agraria, que posean bastante tierra para llevar una vida que justifique su integración en la sociedad humana. Generalmente se admite que los indígenas, en el transcurso de la historia, han sido despojados de sus tierras por medios legales e ilegales, a menudo no tanto porque otros codiciaran la tierra en sí, sino porque se quería llevarles a la dependencia, negándoles la posesión de los recursos necesarios para su vida independiente.
Los estudios contemporáneos acerca de la tenencia de la tierra en varios países de la América Latina indica que Ios indígenas continúan perdiendo sus predios; y no hablemos de la fertilidad de éstos. Esta carencia de tierra es la clase, sin duda, del estado de inferioridad, explotación, pobreza, incultura, en una palabra, del subdesarrollo de los indígenas, y de muchos otros que participan de lleno en el proceso social del desarrollo capitalista. Por esta razón Stavenhagen puede afirmar que, "desde el punto de vista de la estructura económica global, la comunidad de autosubsistencia tiene la función de ser una reserva de mano de obra": que... "la propiedad privada de la tierra beneficia a los ladinos y perjudica a los indios", y que, "la acumulación de tierras por parte de los ladinos les sirve para obtener y controlar una mano de obra barata" de indígenas y otros y que "el indio siempre es el empleado y el ladino siempre el patrón". (Stavenhagen, 1963: 71, 75, 77). No es extrańo que los indígenas valoren la forma corporativa de su comunidad, la que, mediante la propiedad en común y la rigurosa sanción social de la venta a extrańos de parcelas personales, les proporciona alguna protección contra el robo de sus tierras.
Obviamente, es la falta de tierra la que obliga a los indígenas y ex indígenas desposeídos a alquilar su trabajo por estipendios muy bajos (y a veces, por ninguno) a los terratenientes y otros propietarios, a fin de obtener un pedazo de tierra casi estéril, un techo que gotea sobre sus cabezas, algo de maíz, trigo o cerveza, o unos pocos pesos. Pero es también la insuficiencia de tierra, entre los que tienen alguna, la que fuerza a los indígenas comunales y a otros pequeńos propietarios a someterse, por pan para sus hijos y pasto para sus animales, a la explotación de los ladinos y otros individuos que tienen la suerte de haber robado, extorsionado o heredado bastante tierra y capital de los indígenas y de otros, para vivir hoy de la explotación de ellos. En este sentido Melvin Tumin informa que en Jilote-peque "un jornalero ladino gana 50 por ciento más que un jornalero indígena, pero el costo de mantenimiento de una mula es aún superior al jornal de un ladino" (Citado por Stavenhagen, 1963: 71).
La organización de este sistema expoliador asume toda clase de formas, como la de nacer, trabajar como peón y morir en la misma hacienda, o la de trabajar por la mitad de la cosecha en tal hacienda, si se tiene la suerte de poder quedarse siquiera con la mitad de lo que uno produce; o la de dejar la parcela propia en manos de la familia para ir a trabajar en la hacienda vecina; o la de dejar cientos de kilómetros desde las montańas, todos los ańos, para recoger el café de otros, especialmente si estos otros son los dueńos de "su" tierra en la montańa; o la de emigrar como bracero a miles de kilómetros, a California, por ejemplo, para servir como mano de obra barata; o la de combinar estas actividades con alguna clase de comercio menor y algún empleo ocasional, cuando éste se presenta en los pequeńos pueblos provincianos; o la de emigrar a la capital de la provincia o la nación, para convertirse allí en indigente ocasionalmente empleado; en todos los casos, integrándose de lleno en una estructura económica, política y social de metrópoli-satélite capitalista que obtiene todos los provechos posibles de la corta y lamentable vida de uno, sin hacer que uno participe nunca de las ventajas que esa misma estructura social genera.
E. EL MERCADO
Los indígenas y los demás, aparte ser explotados como trabajadores, como observa Alejandro Marroquín, son explotados también como pequeńos productores, vendedores y como compradores en el mercado local, regional y nacional... Sus escasos conocimientos de las leyes de la oferta y la demanda le impiden valorar adecuadamente los productos que lleva a vender al mercado citadino; es así como el indígena se convierte en un instrumento en manos de los acaparadores que le arrebatan sus productos pagando por ellos precios irrisorios, para venderlos posteriormente a precios relativamente elevados. (Marroquín, 1956: 200.) Stavenhagen sostiene que de los diversos tipos de relaciones que se establecen entre indios y ladinos, las relaciones comerciales son las más importantes. El indio participa en esas relaciones como productor y consumidor; el ladino siempre es el comerciante, el intermediario, el acreedor... Son justamente las relaciones comerciales las que ligan el mundo indígena con la región socioeconómica a la que está integrado, y con la sociedad nacional, así como con la economía mundial... Es evidente que las relaciones comerciales entre indios y ladinos no son relaciones de igualdad. (Stavenhagen, 1963: 80.)
Estas relaciones comerciales asumen multitud de formas. Marroquín resume algunas de ellas en su estudio de La Ciudad Mercado (Tlaxiaco). La función distribuidora se realiza en el mercado semanal de Tlaxiaco, en el que se reparte la multitud de objetos traídos de Puebla, Oaxaca, Atlixco, o de México... La función concentradora es la inversa: el mercado semanal concentra una serie de mercancías regionales en Tlaxiaco, para su envío los principales centros de consumo; por otra parte, las dos antedichas funciones se efectúan principalmente a través del intercambio comercial, o sea a través de la creciente actividad de compradores y vendedores, la que deja un excedente de ganancia a los negociantes profesionales. La función monopolizadora es una etapa superior de la función concentradora y consiste en la monopolización que llevan a cabo los agentes de compra de los grandes comerciantes, de Puebla y México principalmente, quienes tratan de controlar la producción de aquellos productos indígenas más en demanda en los centros de consumo más importantes del país. Marroquín agrega:
Los indígenas que producen sombreros de palma pertenecen a los pueblos más atrasados en su economía... a esa actividad se dedican tanto los padres como los hijos, en jornadas larguísimas que consumen más de 18 horas diarias. El atraso cultural de estos indígenas los deja completamente a merced de los compradores los cuales, basados en su poderío económico, fijan los precios de los sombreros a su entero arbitrio, sin otros limites que los que entre sí se fijan por efecto de la competencia.
En el mercado de sombreros son frecuentes los intermediarios; ya en los mismos pueblos de los indígenas existen uno o dos acaparadores que compran muchos sombreros para traerlos a vender a Tlaxiaco el día sábado; ellos aseguran su ganancia comprando a muy bajos precios los sombreros producidos por el indígena y que éste vende en su pueblo obligado tal vez por algún apremio económico.
Los agentes de compras, por el contrario, tienen por objeto acaparar determinados productos indígenas para enviarlos a los centros urbanos en donde existen gran demanda de tales productos. Los agentes de compras dependen de importantes centros expendedores tales como México, Puebla, Oaxaca, etc.. y tienen un perfecto conocimiento de las fluctuaciones del mercado en esos lugares, y de acuerdo con tales fluctuaciones determinan los precios de los productos indígenas.
Los productos indígenas más codiciados por los agentes de compras son los huevos, las gallinas y los pavos, el aguacate y el café.
El trabajo de las agencies compradoras se facilita por una tupida red de intermediarios que mediante pequeńas compras van acumulando los productos indígenas y los entregan posteriormente en grandes cantidades a los agentes respectivos. Estos intermediarios son todos nativos de Tlaxiaco... Entre el productor y el consumidor se han interpuesto siete pares de manos que han provocado la elevación del precio de $ 0.16 a $ 0.50, o sea en más del 300%. Los productos indígenas llegan a Tlaxiaco para regarse después por los grandes centros urbanos del país; pero en su breve tránsito por Tlaxiaco han contribuido a fortalecer el sector comerciante de la ciudad; la ganancia, arrancada parasitariamente del hambre y la miseria del indígena, consolida el poderío y la fuerza concéntrica de Tlaxiaco, como núcleo fundamental de la economía de la región mixteca.
Resumiendo podemos seńalar como características generales del mercado citadino de Tlaxiaco: 1ş el predominio completo del sistema capitalista mercantil; 2ş lucha competitiva intensa, como corresponde a todo sistema económico capitalista; poderosa influencia de los monopolios de distribución; 4ş espesa red de intermediarios que constituye un pesado lastre sobre la economía indígena; 5ş aspecto parasitario de la economía de Tlaxiaco que se basa en la explotación del trabajo desvalorizado del indígena. (Marroquín, 1957: 156-163.)
Debería observarse especialmente que la falta de recursos y de información para negociar que coloca a los indígenas en posición desventajosa en el mercado, es agravada por los frecuentes y grandes oscilaciones de la demanda, la oferta y los precios, que a menudo provocan de una forma monopolista con fines especulativos los comerciantes mismos. Eric Wolf describe le situación:
(A los) compradores de productos agropecuarios les interesa mantener el "atraso" del campesino. Para reorganizar el aparato productivo de éste se requerirían capitales y créditos que pueden emplearse mejor en la expansión del mercado, adquiriendo medios de transporte contratando intermediarios, etc. Además dejando intacto el aparato productivo el comprador puede reducir el riesgo de la paralización de su capital en medios de producción en poder del campesino, cuando el mercado afloje. Los compradores de productos campesinos canjean así la productividad creciente por hombre-hora por una mayor seguridad para sus inversiones. Se puede decir que la esterilidad de la tierra y la pobreza de le tecnología son factores del mercado especulativo. En caso de necesidad, el inversionista se limita a retirar el crédito al campesino, mientras que éste, por su parte, regresa a la producción de subsistencias confiando en su tecnología tradicional. (Wolf, 1955: 464.)
F. EL CAPITALISMO
La estructura y el desarrollo del sistema de capitalismo monopolista se manifiestan, pues, en el "problema indígena" en particular y en la generación de subdesarrollo en nivel provincial en general, como Marroquín infiere en las conclusiones a que llega después de su estudio de Tlaxiaco:
Así, pues, el desarrollo del capitalismo engendra más subdesarrollo en la comunidad indígena que en la mayoría de las otras. Por ende, el "problema" del indígena y su comunidad, desde su punto de vista, consiste en una lucha constante por la supervivencia en un sistema en que él, como la inmensa mayoría de los demás, es víctima de la forma desigual en que el capitalismo se desarrolla dentro de la estructura metrópoli-satélite capitalista. Es una batalla perdida la que el indígena ha librado a lo largo de cuatro siglos. Aún Ia sigue perdiendo y, como millones de otros, continuará perdiéndola hasta que derribe el sistema, tarea que nadie puede hacer por él. Porque el abandono de su comunidad tampoco ofrece al indígena solución alguna. Escribiendo en nombre de la Comisión de Reforma Agraria y Vivienda del Perú, Antonio Quintanilla describe el continuo proceso de transformación de la comunidad indígena y su abandono por el indio:
Desde el punto de vista económico, el indio que sale de su comunidad adopta, obligado por las circunstancias y también por su propio deseo, una actitud económica individualista en vez de colectiva. Con esto queremos decir que el indio, fuera de Ia comunidad y como individuo, entra en actitud de competencia frente de todo otro individuo que está en condiciones análogas a las suyas. Esta competencia se manifiesta en todas las circunstancias, pero es muy grave en el mercado de trabajo dada la abundancia de oferta y las condiciones de gran inferioridad del grupo indio en conjunto. Para los indios que continuaban como agricultores la desaparición de la organización comunal traería como consecuencia no sólo su fácil explotación por parte de elementos inescrupulosos que la experiencia ha demostrado en la mayoría sino también los propios agricultores indios entrarían en una competencia ruinosa pare ellos, dada su escasa capacidad monetaria, pobre técnica agraria y tamańo antieconómico de sus parcelas. Pretender que los indios, con su escasez de recursos, ese incorporen en competencia activa dentro de un sistema individualista equivaldría a hundirlos en una miseria aún mayor. Se hace, pues, necesario encontrar nuevas formas organizadoras que reemplacen a la comunidad que inevitablemente va a desaparecer... Este proceso librado a su propia espontaneidad, puede finalmente lograr Ia incorporación del indio a los patronos occidentales y la desaparición de la economía de subsistencia, pero pagando un terrible precio de miseria, tuberculización masiva, pavorosa mortalidad infantil, desocupación, criminalidad, etc. El problema, pues, está cambiando de escenario, pero no de actores. Las mismas masas humanas que dejan de ser objeto del 'problema del indio' pasan a ser el 'problema de las barriadas' que es el problema de un subproletariado urbano, en extrema miseria y que crece cada vez más (Quintanilla, sin fecha: 19-20.)
Rodolfo Stavenhagen cree también que "la ladinización... significa sólo la proletarización del indio... o, en su caso, una lumpenproletarización rural (valga el término). (Stavenhagen, 1963: 99, 103.)
El "problema indígena", por ende, no reside en ninguna falta de integración cultural o económica del indígena en la sociedad. Su problema, como el de la mayoría del pueblo, reside, por lo contrario, en su misma integración expoliadora en la estructura metrópoli-satélite y en el desarrollo del sistema capitalista generador de subdesarrollo general.
A. EL MODELO, LAS HIPÓTESIS
El subdesarrollo en el Brasil, como en todas partes, resulta del desarrollo del capitalismo. El golpe militar de abril de 1964 y los sucesos políticos y económicos que lo siguieron son consecuencias lógicas de esa evolución capitalistaš. Mi propósito aquí es rastrear y explicar el desarrollo capitalista del subdesarrollo en el Brasil desde su colonización por Portugal en el siglo XVI, y mostrar cómo y por qué, dentro de le estructura metrópoli-satélite del capitalismo colonialista e imperialista, hasta el desarrollo económico e industrial de que Brasil es capaz, queda necesariamente reducido a un desarrollo subdesarrollado. Mi objeto no es un estudio exhaustivo del Brasil per se; antes bien, intento valerme del caso del Brasil para estudiar la naturaleza del subdesarrollo y las limitaciones del desarrollo capitalista.
Para explicar el subdesarrollo y el crecimiento limitado del Brasil y áreas similares, se suele recurrir al modelo de una sociedad dualista. Por ejemplo, el geógrafo francés Jacques Lambert dice en su libro Os Dois Brasís (Los dos Brasiles):
Los brasileńos están divididos en dos sistemas de organización económicosocial (...). Estas dos sociedades no evolucionan al mismo paso (...). Los dos Brasiles son igualmente brasileńos, pero varios siglos los separan (...). En el curso del largo período de aislamiento colonial se formó una cultura brasileńa arcaica, cultura que en su aislamiento conserva la misma estabilidad que aún retienen las culturas indígenas de Asia y el Cercano Oriente (...). La economía dual y la estructura social dual que la acompańa no son nuevas ni característicamente brasileńas, pues existen en todos los países desigualmente desarrollados. (Lambert, sin fecha, 105-112.)
Del mismo criterio participan Arnold Toynbee (1962) y muchos otros. Celso Furtado (1962), ministro de Planeación de Brasil hasta el golpe de 1964, llama sociedad abierta al Brasil capitalista moderno, industrialmente más adelantado, y sociedad cerrada al Brasil campesino arcaico.
La tesis esencial de todos estos investigadores sostiene que el Brasil moderno está más desarrollado porque se funda en una sociedad capitalista abierta, y que el Brasil arcaico permanece subdesarrollado porque no es un conjunto abierto a la industria y al mundo en general, y, particularmente, porque no es lo bastante capitalista, sino, al contrario, precapitalista, feudal o semifeudal. Por ende, el desarrollo se considera a menudo como una difusión: "En Brasil, el motor de la evolución está en todas partes de las ciudades de donde irradia hacia el campo." (Lambert, s. f., 108.) El Brasil subdesarrollado florecería si se abriera, y el Brasil desarrollado se desarrollaría aún más si aquél cesara de obstaculizarlo y abriera su mercado a los productos industriales. Mi análisis de la experiencia histórica y contemporánea de Brasil sostiene que este patrón dualista es erróneo en la práctica e inadecuado y engańoso en la teoría. (El modelo dualista y su tesis se examinan y critican con más detalle en el capitulo IV.)
En su lugar puede proponerse un modelo alternativo. Como una fotografía del mundo tomada desde un punto en el tiempo, este modelo se compone de una metrópoli mundial (hoy los Estados Unidos) con su clase gobernante, y de satélites nacionales e internacionales con sus dirigentes: satélites nacionales como los estados del Sur norteamericano y satélites internacionales como Sao Paulo. Siendo Sao Paulo también una metrópoli nacional por su propio derecho, el prototipo incluye los satélites paulistas: las metrópolis provinciales como Recife o Belo Horizonte y sus satélites regionales y locales. Esto es, tomando una fotografía de una parte del mundo, obtenemos toda una cadena de metrópolis y satélites que abarca desde la metrópoli mundial hasta la hacienda o el comerciante rural, siendo estos satélites del centro metropolitano comercial de la localidad y metrópolis, a su vez, de sus respectivos campesinos. Si tomamos una fotografía del globo entero, obtenemos toda una serie de tales constelaciones de metrópolis y satélites .
Varias características importantes distinguen a nuestro modelo: 1) Estrechos lazos económicos, políticos, sociales y culturales entre cada metrópoli y sus satélites, de los que resulta la integración el sistema incluso de los grupos de avanzada y los campesinos más remotos. Este aserto contrasta con las supuestas reclusiones y la no incorporación de grandes partes de la sociedad que propone el modelo dualista. 2) Estructura monopolista de todo el sistema en la que cada metrópoli monopoliza a sus satélites; la fuente o la forma de este monopolio varía de un caso a otro, pero el monopolio está presente en todo el sistema. 3) Como ocurre en cualquier sistema monopolista, despilfarro y mala canalización de los recursos disponibles en todo el sistema y cadena de metrópolis y satélites. 4) Como parte de este mal empleo de recursos, expropiación y apropiación de gran parte o de todo el excedente económico o plusvalía del satélite por su metrópoli local, regional, nacional o internacional.
En vez de una fotografía de un momento histórico, el modelo puede ser visto como una película cinematográfica del curso de la historia. En este caso muestra las siguientes características: 1) Expansión del sistema desde Europa, hasta que incorpora a todo el planeta en un solo sistema y estructura mundial. (Si los países socialistas han podido escapar de este sistema, actualmente existen dos mundos, pero en ningún caso tres.) 2) Desarrollo del capitalismo, primero mercantil, después industrial también, como un solo sistema en escala mundial. 3) Tendencias polarizantes, propias de la estructura del sistema, en los niveles mundial, nacional, provincial, local y sectorial, las cuales fomentan el desarrollo de la metrópoli y el subdesarrollo del satélite. 4) Fluctuaciones dentro del sistema, como auges y depresiones, que se transmiten de la metrópoli al satélite, y como la sustitución de una metrópoli por otra: de Venecia a la Península Ibérica, a Holanda, a Inglaterra, a los Estados Unidos. 5) Transformaciones dentro del sistema, como la llamada Revolución Industrial. Entre estas transformaciones subrayamos especialmente, más adelante, ciertos cambios históricos importantes de la fuente o del mecanismo del monopolio que la metrópoli capitalista mundial ejerce sobre sus satélites.
De esta pauta en que la condición metropolitana "genera desarrollo y la condición satélite", subdesarrollo, podemos derivar varias hipótesis acerca de las relaciones metrópoli-satélite y sus consecuencias. Estas hipótesis difieren en importantes aspectos de ciertas tesis generalmente aceptadas, en particular las referencias al modelo dualista:
1) Una metrópoli (por ejemplo, una metrópoli nacional) que es al mismo tiempo satélite (de la metrópoli mundial) encontrará que su desarrollo no es autónomo, que por sí mismo no genera ni mantiene su desarrollo, que éste está limitado o mal orientado, que experimente, en dos palabras, un desarrollo subdesarrollado.
2) El aflojamiento, debilitamiento o ausencia de vínculos entre metrópoli y satélite llevará a este último a una vuelta hacia sí mismo, a una involución que puede tomar una de dos formas:
Una involución capitalista pasiva hacia una economía de subsistencia, al parecer aislada y de extremo subdesarrollo, como la del Norte y el Nordeste del Brasil. Aquí pueden surgir los rasgos en apariencia feudales o arcaicos del "otro sector" del modelo dualista. Pero estos rasgos no son originales de la región ni se deben a la falta de incorporación de la zona o el país en el sistema, como ocurre en el modelo dualista. Antes bien, se deben a, y reflejan exactamente, la ultraincorporación de la zona, sus fuertes lazos (por lo general, de comercio exterior), a lo que sigue el abandono temporario o permanente de la región por su metrópoli y el aflojamiento de tales vínculos.
Un debilitamiento de los lazos, unido a una involución capitalista activa, que pueden conducir a un desarrollo o industrialización más o menos autónomos del satélite y que se fundamentan en las relaciones metrópoli-satélite del colonialismo o imperialismo interno. Como ejemplos de tal involución capitalista activa pueden citarse los anhelos de industrialización de Brasil, México, Argentina, India y otras naciones durante la gran depresión de la década del 30 y la segunda guerra mundial, mientras la metrópoli se ocupaba en otras cosas. Así, pues, el desarrollo de los satélites no se produce como resultado de vínculo, más fuertes con la metrópoli, tal como lo sugiere el modelo dualista, sino, al contrario, a causa del aflojamiento de tales lazos. En la historia del Brasil encontramos muchos casos del primer tipo de involución (en Amazonia, el Nordeste, Minas Gerais y el país en general) y un importante ejemplo del segundo tipo en el caso de Sao Paulo.
3) La restitución de los fuertes lazos metrópoli-satélite puede, por ende, producir en el satélite las siguientes consecuencias:
La renovación del desarrollo limitado a consecuencia de la reapertura del mercado de exportación de la zona invulnerada, como ha ocurrido periódicamente en el Nordeste del Brasil. Este desarrollo aparente es tan desventajoso a la larga como la economía exportadora inicial del satélite auspiciada por la metrópoli: el subdesarrollo continúa profundizándose.
La estrangulación y desviación del desarrollo autónomo emprendido por el satélite durante el período de aflojamiento, a causa de la restitución de los fuertes lazos metrópoli-satélite como resultado de la recuperación de la metrópoli después de una depresión, una guerra u otra clase de altibajos. La consecuencia inevitable en el satélite es la reanudación del subdesarrollo, tal como ocurrió en los países ante mencionados después de la guerra en Corea.
4) Es íntima la interconexión de la economía y la estructura sociopolítica del satélite con las de la metrópoli. Cuanto más fuertes son los lazos del satélite y su dependencia de la metrópoli, tanto más se enlaza y depende de la metrópoli la burguesía del satélite, incluyendo la llamada "burguesía nacional". A la larga, y prescindiendo de los altibajos a corto plazo, una transformación histórica importante del sistema es el crecimiento de la interconexión estructural de metrópolis y satélites dentro de él, a causa del ascenso del imperialismo, el monopolio metropolitano de la tecnología y otros cambios. Por consiguiente, debemos esperar una mayor vinculación e interdependencia entre las burguesías de metrópoli y satélite.
5) Estos nexos, esta creciente interconexión, están acompańados, o mejor dicho, produce, una creciente polarización entre los dos extremos de la cadena metrópoli-satélite del sistema capitalista mundial. Síntoma da esta polarización es la progresiva desigualdad internacional de ingresos y la disminución absoluta del ingreso real de quienes perciben los recipientes de bajos ingresos. Se da, empero, una polarización aún más aguda en el extremo inferior de la cadena, entre la metrópoli nacional o local y sus satélites rurales y urbanos más pobres, cuyo ingreso real absoluto disminuye continuamente. Esta polarización creciente agudiza la tensión política, no tanto entre la metrópoli internacional y su burguesía imperialista con las metrópolis nacionales y sus burguesías nacionales, como entre unas y otras con sus satélites rurales y urbanos. Esta tirantez entre los polos se agudiza gradualmente hasta que la iniciativa y génesis de la transformación del sistema pasa del polo metropolitano, donde por siglos ha estado, al polo satélite. Este patrón y sus hipótesis se examinaron más en el capítulo I con relación a Chile.
1. Este ensayo es la revisión de una conferencia en un simposium sobre el "Tercer Mundo" que tuvo lugar en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, el 26-28 de febrero de 1965. Mi objeto era interpretar el golpe militar y sus consecuencias económicas en el contexto de los antecedentes históricos y en función de un modelo teórico capaz de explicar el desarrollo del subdesarrollo en todo Brasil. Como observará el lector, este interés en los acontecimientos de 1964 matiza mi tratamiento de toda la historia brasileńa. No subscribo por supuesto, el concepto del "Tercer Mundo", porque este mundo es parte integrante del mundo capitalista.
B. EL DESARROLLO DEL SUBDESARROLLO
Volviendo a la experiencia del Brasil, este modelo puede ayudar al estudio y comprensión de su descubrimiento y colonización por los portugueses, mientras que el modelo dualista no los explica. En el siglo XV y aun antes, Europa ya experimentó la expansión mercantilista que emanaba de varias metrópolis e incorporaba como satélites a otras áreas y pueblos. Los instrumentos eran entonces, como lo han sido siempre, la conquista, el saqueo, las plantaciones, la esclavitud, las inversiones, el comercio desigual, la fuerza armada y la presión política. El ascenso de Portugal en el siglo XV al status de metrópoli se fundó en su quebranto del monopolio que Venecia ejercía sobre el comercio con el Oriente al descubrir la ruta al Este bordeando las costas de África y creando sobre la marcha a sus propios satélites.
El descubrimiento de América y la colonización del Brasil derivaron de esta misma rivalidad intraeuropea por convertirse en metrópolis exclusivas. Cuando fue descubierto, el Brasil, a diferencia de México y el Perú, no poseía una alta civilización de cuyos descendientes pudiera decirse hoy, aun cuando erróneamente, que constituyen "otra parte" aislada y arcaica de la sociedad. Fueron la colonización europea y el desarrollo capitalista del país los que formaron la sociedad y la economía que actualmente encontramos allí. De existir en Brasil hoy un rezago, arcaico, separado de nosotros por varias centurias, serian los restos de algo que la metrópoli europea implantó allí en el curso de su expansión capitalista. Pero lo que la metrópoli capitalista introdujo en Brasil no fue una estructura económica microsocial arcaica, sino, al contrario, la aún viva y creciente estructura metrópoli-satélite del capitalismo.
En Brasil, a diferencia de Nueva Espańa y Perú, no se encontró oro ni plata. Pero la rivalidad entre los expansivos centros europeos forzó a Portugal a ocupar lo más posible del territorio brasileńo, antes de que se apoderaran de él sus competidores. Por otra parte, el norte del país era rico en palo brasil, madera muy codiciada para la producción de tintes, al igual que el índigo de Guatemala. Así, pues, esta parte norteńa y ahora subdesarrollada de Brasil no tardó en ser incorporada al expansivo sistema capitalista mercantil como fuente de exportación de una materia prima. Las concesiones de tierra capitanías y sesmarias, hechas por el rey a algunos de sus súbditos para que colonizaran el Nuevo Mundo, parecen feudales y, en efecto, tienen antecedentes feudales. Mas su esencia no era feudal, sino capitalista. Se las concibió y funcionaron como mecanismos de la expansión del sistema capitalista mercantil. Sus recipientes las aceptaron pensando en la ganancia comercial, y las financiaron con préstamos comerciales que recibieron y liquidaron cuando pudieron del producto de la explotación de otros. (Simonsen, 1962: 80-83.)
1. El azъcar y el subdesarrollo del Nordeste
Es mбs importante el hecho de que, en 1500, Portugal era ya, con sus islas Madeira, el productor de azъcar mбs grande del mundo; pero el mercado europeo no absorbнa toda la producciуn. Despuйs de 1530, la corriente de oro, y mбs tarde de plata, de las colonias a Espaсa, y a travйs de йsta a la Europa noroccidental, se combinу con el comercio oriental de estos paнses y entre ambos produjeron, como se sabe, inflaciуn y concentraciуn de la riqueza en todo el oeste de Europa. La demanda de azъcar y su precio subieron tambiйn rбpidamente, llegando a sextuplicarse en el transcurso del siglo XVI. (Simonsen, 1962: 112.) Portugal pudo ampliar su comercio azucarero sembrando caсa en Pernambuco, al nordeste del Brasil, zona que no tardу en superar a las islas portuguesas en el Atlбntico como el productor mбs importante. Al comienzo, para su acumulaciуn primaria de capital, Portugal se sirviу de esclavos indнgenas (asн como tambiйn de capital extranjero, holandйs en su mayor parte). Pero los indнgenas no eran buenos trabajadores; no estaban bien organizados, como los aztecas. Empero, las ganancias fueron grandes. Portugal tenнa una poblaciуn de no mбs de un millуn de habitantes, mientras que Europa contaba cincuenta millones. (Simonsen, 1962: 126.) Era, por tanto, posible y necesario importar esclavos negros. Ademбs, Portugal poseнa las costas del Africa occidental, fuente de exportaciуn de esclavos. Asн, pues, la producciуn de azъcar y esclavitud significaron un buen negocio.
La estructura socioeconуmica del Nordeste brasileсo en su edad de oro merece ser examinada. Los negocios estaban en manos de unos pocos propietarios de tierra e ingenios de azъcar y tambiйn de los comerciantes, la mayorнa de los cuales no resida en Brasil y a menudo no eran siquiera lusitanos, sino holandeses. Todos estaban enteramente vinculados a la metrуpoli y dependнan de ella. La concentraciуn de la riqueza en sus manos, el traspaso de buena parte de ella a la metrуpoli, y la estructura de la producciуn, cuyos mayores beneficios derivaban de un solo producto exportable, condujeron a una escasa inversiуn en el paнs y a la importaciуn de la metrуpoli de mбquinas para los ingenios y objetos de lujo para sus propietarios. Se fue impregnando asн al satйlite, a travйs de su incorporaciуn al sistema capitalista mundial durante la prosperidad del siglo XVI, la estructura de subdesarrollo que en esencia es evidente aъn en la Amйrica Latina de nuestro tiempo.
Despuйs de 1600 decayу el poderнo de Portugal, alcanzado y superado por sus rivales. La uniуn de las coronas de Portugal y Espaсa llevу a los enemigos de esta ъltima a atacar tambiйn a la primera. Entre 1629 y 1654, Holanda ocupу la mitad de las tierras azucareras del Brasil. En 1642, 1654 y 1661, Portugal firmу tratados comerciales que hacнan concesiones econуmicas a Inglaterra a cambio de protecciуn polнtica, y en 1703, con el Tratado de Methuen, abriу todo su mercado al comercio inglйs.
A finales del siglo XVII, los holandeses, despuйs de su expulsiуn del Brasil, y mбs tarde otros, establecieron plantaciones de caсa de azъcar en las Antillas. La oferta de azъcar al mercado mundial aumentу rбpidamente y el precio se redujo a la mitad. El ingreso per capita en el Nordeste declinу en la misma proporciуn. (Furtado, 1959: 68, 78-79, y Simonsen, 1962: 112-114.) Despuйs de 1680, el Nordeste del Brasil iniciу su decadencia, y la distensiуn relativa de sus nexos con la metrуpoli lo forzу a recogerse en sн mismo. El desarrollo del sistema en conjunto produjo la involuciуn de su satйlite nordeste brasileсo.
La estructura de subdesarrollo implantada en los pretendidos buenos tiempos no permitнa otro curso en los malos por venir. Celso Furtado dice a este respecto: "...ocurriу un proceso de involuciуn econуmica. ...El Nordeste se transformу gradualmente en una economнa en la que gran parte de la poblaciуn sуlo producнa lo necesario para subsistir ...El desenvolvimiento de la poblaciуn del Nordeste y su precaria economнa de subsistencia —elemento bбsico del problema econуmico brasileсo en йpocas posteriores— estбn asн vinculados a esta lenta decadencia de la gran empresa azucarera, que en sus mejores aсos fue, posiblemente, el mбs lucrativo negocio de la agricultura colonial de todos los tiempos" (Furtado, 1959; 80-81). He aquн un ejemplo importante de cуmo el desarrollo capitalista engendra subdesarrollo.
Otros dos aspectos de la experiencia brasileсa en los siglos XVI y XVII pueden ser esclarecidos por nuestro modelo y, al mismo tiempo, ayudar a confirmar йste. La economнa azucarera —el satйlite que es tambiйn metrуpoli nacional— generу de por sн una economнa satйlite: la crнa de ganado. Las reses eran ъtiles por su carne y su cuero, como animales de tiro para mover los trapiches de los ingenios y como proveedores de sebo para engrasarlos, como bestias de carga para transportar las grandes cantidades de leсa que consumнan las calderas. La economнa ganadera era mucho menos rentable que la producciуn y exportaciуn de azъcar y los ganaderos eran explotados por los ingenios de los que eran satйlites. El apacentamiento de ganado se extendiу a Bahнa y hacia el norte y la ganaderнa vino a ser la base econуmica de la regiуn interior del sertao.
El satйlite ganadero formo a su vez una metrуpoli con respecto a las zonas indнgenas y la expansiуn de йstas obligу a los aborнgenes a retirarse o a servir como fuente de mano de obra explotada. La metrуpoli europea perturbу asн la vida del interior del paнs mediante una larga cadena de metrуpolis y satйlites. Con la involuciуn de la economнa azucarera del nordeste, su creciente sector satйlite ganadero absorbiу la poblaciуn, que pasу de la declinante economнa de exportaciуn a esta relativa economнa de subsistencia (Simonsen, 1962: 145.148; Furtado, 1959: 70-76). En esta regiуn nordeste del Brasil rige hoy dнa el coronelismo (gamonalismo lo llaman en el Perъ, y caciquismo en Mйxico), la clase de predominio local todopoderoso en lo econуmico, lo polнtico, lo social y lo represivo que el terrateniente llamado "feudal" representa (Nъсez Leal, 1946).
El segundo caso que merece atenciуn es el de Sгo Paulo y sus famosos bandeirantes o pioneros. Sгo Paulo no contenнa en un principio nada de gran interйs, o sea nada adecuado para la exportaciуn. Por ende, recibiу poca poblaciуn inmigrante; no tenia empresas capitalistas grandes, y las propiedades de tierras (al igual que en otras regiones no exportadoras, como el interior de la Argentina) no eran extensas y se destinaban principalmente al autoconsumo: no habнa latifundios. Los bandeirantes se ocupaban en dos actividades econуmicas complementarias, ninguna de ellas muy lucrativa. Una era la prospecciуn de yacimientos de oro y plata, que no encontraron, sino unos pocos lavaderos de бureo metal. La otra era cazar indнgenas para venderlos como esclavos a la economнa azucarera, pero los aborнgenes eran peones renuentes. AI Sгo Paulo del perнodo colonial siempre se le ha calificado de "pobre". Sus habitantes, a no dudarlo, eren pobres —como los pobladores de la frontera sin latifundios de la Amйrica del Norte—, pero no tanto como los esclavos del "rico" nordeste (o el sur de Estados Unidos), cuyo promedio de vida "ъtil" era de siete aсos. Como sugiere mi modelo, pero no el modelo dualista, Sгo Paulo, por estar menos atado a la metrуpoli, no mostraba entonces tan marcada estructura del subdesarrollo (Simonsen, 1962: 203-246; Ellis, 1937).
2. Inglaterra y el subdesarrollo de Portugal
Entre 1600 y 1750 también Portugal se subdesarrolló y no pudo expropiar ya tanto a su satélite brasileńo. A su vez se convirtió cada vez más en un satélite. Los tratados del siglo XVII, y especialmente el de Methuen en 1703, trajeron la desaparición de las industrias textiles portuguesas, el paso a manos de Inglaterra del comercio exterior, e incluso el interior, ambos lusitanos, y la conversión de Portugal en un mero entrepôt entre la Gran Bretańa y el Brasil y otras colonias portuguesas. Portugal se convirtió también en exportador de vino, a cambio de los tejidos que ya no podía producir frente a la competencia de los productos ingleses que inundaron su mercado, lo que David Ricardo, en 1817, tuvo la temeridad de interpretar como una ley de "ventajas comparativas". Portugal vino a ser un satélite-metrópoli que toma una parte cada vez menor del excedente económico de su satélite brasileńo, y eso por el monopolio político que aún ejercía sobre el mismo, mientras Inglaterra se adueńaba del monopolio económico y sus frutos.
Dicen mucho a este respecto las observaciones del marqués de Pombal, primer ministro de Portugal y su segundo Colbert, quien esclareció la situación y, con ello, las raíces del subdesarrollo del país en 1755, ańos antes de que Adam Smith investigara las causas y la esencia de la riqueza de las naciones, y medio siglo antes de que Ricardo asegurara el mundo que la producción de Portugal y su intercambio de vino por tejidos de Inglaterra, era una ley universal para el bien de todos. Pombal escribió:
3. El oro y el subdesarrollo de la Región Central
Por este tiempo, con el precio y las utilidades del azúcar ya en ínfimos niveles y con Portugal en la situación que describe Pombal, se descubrieron oro y diamantes en gran cantidad en el interior del Brasil: en Minas Gerais y Goiás. Lo que vino después ha dejado su marca en los niveles internacional y nacional del desarrollo capitalistas hasta nuestros días. El oro fluyó vía Portugal a Inglaterra. En el Brasil, sin prisa después de 1720 y con su máximo impulso entre 1740 y 1760, hubo una verdadera fiebre de oro hacia la Región Central. Se fundaron ciudades y se importaron esclavos, tanto de la estancada economía azucarera del nordeste como del extranjero. El oro atrajo inmigrantes de Europa y emigrantes de Săo Paulo y el Sur. La economía satélite de reses y mulos gozó de favor, particularmente en las provincias sureńas, pues la nueva población, geográficamente aislada y casi por entero dedicada a la minería, necesitaba grandes cantidades de carne. El transporte de oro y diamantes a la costa, y de otras mercancías el regreso, demandaba millares de mulos. Así, pues, la economía ganedera y sus pastizales volvieron a ser satélites de la economía exportadora de la metrópoli nacional.
Esta vez la expansión de la cría de ganado sirvió pare enlazar en mayor grado que antes a las diversas regiones del Brasil. Estos territorios, con excepción del comercio de cabotaje, eran antes casi independientes unos de otros y ninguno estaba sujeto a otra dependencia que la de la metrópoli. Ahora la actividad económica creció a tal punto en la Región Central que, en 1749, por ejemplo, aunque las exportaciones desde Pernambuco, en el nordeste, sólo alcanzaron medio millón de libras esterlinas, las de Río de Janeiro, el puerto de la Región Central, subieron a Ł 1.800.000, con lo que se convirtió a Río en la capital del Brasil (Simonsen, 1962: 362). El nivel de ingresos de la región y del país aumentó de consiguiente. Esta vez, empero, como el oro aparecía en lavaderos superficiales y no en grandes minas como en México y el Perú, y como la proporción de esclavos era menor que la de la economía azucarera del Nordeste --los esclavos nunca llegaron a ser siquiera la mitad de la población de la región minera, el grado de concentración de los ingresos fue mucho menor que en los tiempos de auge azucarero del Nordeste. Las consecuencias de estas diferentes estructuras socioeconómicas habrían de manifestarse al sobrevenir la decadencia de la economía minera.
La edad del oro, en efecto, desapareció tan pronto como había llegado. A partir de 1760, al cabo de sólo cuarenta ańos de los cuales solamente la mitad fue de producción en gran escala, la economía minera del centro decayó rápidamente. Oliveira Martins, un historiador del siglo pasado, resume: "La provincia de Minas [Gerais] parecía despoblada, con sus caseríos separados unos de otros por leguas y leguas... La decadencia y desolación era general. Brasil entró en una crisis que duró un cuarto de siglo." (Simonsen, 1962: 292.) Y Simonsen ańade: "Pero aún hoy viven en Minas y otras regiones del Brasil central, millones de brasileńos, descendientes de los primeros pobladores, cuyo nivel de subsistencia es bajo, pues laboran en tierras pobres, en presencia de complejos problemas económicos." (Simonsen, 1962: 295.) Y Celso Furtado observa: "[Con] el descenso de la producción de oro vino una vertiginosa decadencia general... Toda la economía minera se desintegró, viniendo a menos los centros urbanos y lanzando a gran parte de sus habitantes a una economía de subsistencia en una inmensa región, donde el transporte era difícil. Esta población relativamente numerosa vendría a ser uno de los mayores centros demográficos del país. En este caso, como en el Nordeste, la economía monetaria se atrofió y la población vino a trabajar en una agricultura de subsistencia con un bajo nivel de productividad." (Furtado, 1959: 102-104.) Aquí tenemos hoy la otra región importante en que el coronelismo impera, y a la que se llama "feudal", pero que es sólo el resultado del desarrollo del capitalismo y de sus contradicciones internas.
El oro del Brasil reanimó a la inflación metropolitana y contribuyó de modo importante, al igual que las riquezas extraídas de la India por Clive, a la acumulación inglesa de capitales, inmediatamente antes de su guerra con Napoleón y su desarrollo industrial. El desigual desarrollo del sistema capitalista mundial creó así, una vez más, la estructura de subdesarrollo en otra populosa región de Brasil, la misma en que, en nuestros días, se inició el golpe militar.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, estimulado en parte por el oro quizás, Pombal intentó detener la caída de Portugal hacia el subdesarrollo y estimular el crecimiento económico del país con una política mercantil nacionalista. Sus esfuerzos, como ya sabemos, fueron en vano: era ya demasiado tarde. El subdesarrollo estaba profundamente arraigado en Portugal y, al menos hasta hoy, ningún país del mundo ha conseguido salir de semejante subdesarrollo con una política capitalista, mercantil o de otro tipo.
4. La guerra y el subdesarrollo del norte
Pero los afanes de Pombal ejercieron sobre el Brasil otros efectos que también perduran hasta hoy. El lusitano expulsó a los jesuitas de Maranhao y Pará, en el norte y, mediante el establecimiento de un monopolio mercantil creó allí otra metrópoli nacional exportadora, esto es, otro satélite de la metrópoli mundial. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando la revolución norteamericana retiraba del mercado al arroz de Carolina, cuando las guerras napoleónicas y el consiguiente bloqueo de Europa reducían el comercio y comenzaba a desarrollarse la industria inglesa del algodón, hubo un nuevo aumento de la demanda y los precios del arroz, el cacao y, sobre todo, el algodón. Gracias a esta serie de circunstancias, el norte del Brasil se convirtió en exportador de tales productos. Hacia el inicio del siglo XIX Săo Luiz hasta su nombre es caso desconocido hoy fuera de Brasilsuperaba a todos los demás puertos brasileńos en volumen de exportación; era visitado por 150 buques al ańo, enviaba al extranjero mercancías por valor de un millón de libras esterlinas y, por razón de su florecimiento cultural, se le llamaba la Atenas de Brasil. (Simonsen, 1962: 346.) Después de la paz de 1815, la renovada competencia del arroz y el algodón de Estados Unidos suprimió una vez más el mercado del norte brasileńo, aunque la guerra de secesión norteamericana estimuló por breve tiempo las exportaciones (pero no el desarrollo) en la década del 60. El norte del Brasil continuó subdesarrollandose hasta que, justo al acabar el siglo XIX, lo reanimó de nuevo el caucho del Amazonas. Rápidamente se importó medio millón de habitantes, en su mayoría del Nordeste; pero, con no menor rapidez el caucho silvestre de Brasil cedió su lugar al caucho cultivado del sudeste de Asia. La población, cuyo traslado al norte había sido costeado por los intereses exportadores, se encontró abandonada allí, dejada a merced del subdesarrollo en que aún subsiste hoy. Y aquí tenemos el tercer reino del coronelismo.
Volviendo a la época colonial, el Nordeste y Bahía estuvieron también envueltos en la prosperidad de la era de Napoleón. Esta prosperidad, unida a la rebelión de los esclavos y a la independencia de Haití, en 1789, produjo un nuevo aumento de los precios del azúcar y el cacao y de las ventas brasileńas. En respuesta también a la nueva demanda, se cultivó algodón en el Nordeste, cuya economía se reanimaba así, mientras la de la región central se deterioraba. Esto no representó un verdadero desarrollo económico, sino una bonanza del comercio de exportación, similar a la del siglo XVI, aunque en escala mucho menor. Efimera, edemás. La paz de Versalles estabilizó la escena internacional, el precio del azúcar y el algodón volvieron a caer, mientras el de los productos manufacturados subía, y la economía brasileńa, esta vez en todas las regiones del país, caía de nuevo en una depresión económica, en una involución capitalista pasiva que duró medio siglo o mas. (Simonsen, 1962: 351-381.)
5. El monopolio y el subdesarrollo de la industria
La época colonial del Brasil produjo también industrias manufactureras. Las primeras fundiciones de hierro del Nuevo Mundo (del norte o del sur) se construyeron en el Brasil. Hubo mucha construcción de buques, especialmente para la importante navegación de cabotaje, asociada al transporte y distribución de mercancías de aportación e importación. Y, a semejanza de los obrajes de Hispanoamérica, también Brasil tuvo su producción textil. Esta se encontraba en Ios ingenios de azúcar, para uso de los esclavas y otros, y se desarrolló especialmente en Săo Paulo y Minas Gerais; también en Maranhao, en el norte (Lima, 1961: 114, 152-156, 166). Este hecho se relaciona significativamente con nuestro modelo y nuestras hipótesis. Fueron precisamente Săo Paulo y Minas Gerais el primero sin producción alguna de materias primas, para la exportación, y el segundo situado en el interior, lejos de las mercancías del extranjero, y ya pasada su edad de oro los principales centros textiles del Brasil; llegaron incluso a exportar telas a otras regiones. Como mi hipótesis sugiere, son las regiones satélites menos atadas a la metrópoli las que tienen mayores oportunidades de desarrollo autónomo, especialmente industrial. La minería, como ya observamos, no produjo en Minas Gerais una estructura de subdesarrollo tan profunda ni una distribución del ingreso tan desigual como las que originó el azúcar en el nordeste. El mercado interior y la estructura productora de Mines Gerais, después de agotado el oro y debilitados los lazos con la metrópoli, favorecían, por tanto, y más de lo que habían hecho en el nordeste, la involución capitalista activa hacia la producción industrial.
No obstante el Centro del Brasil, al igual que otras regiones, continuó siendo satélite. En 1786 (al mismo tiempo que Portugal trataba de cerrar sus puertas a los tejidos ingleses, durante los conatos de fomento de Pombal, y sólo unos ańos después de haber adoptado Espańa medidas similares en sus colonias, en 1778), la reina de Portugal tomó medidas:
Obsérvese lo que dice la reina. El auge de las manufacturas ocurre cuando la producción y exportación de oro decae, o sea, como predice mi hipótesis, cuando los lazos con la metrópoli, lejos de reforma, se debilitan. Pero como los nexos del satélite con la metrópoli continuaron como continúan todavía hoy, muchos establecimientos manufactureros e industriales se cerraron y el país se subdesarrollo aún más.
6. El librecambio y la consolidación del subdesarrollo del Brasil
Después de las guerras napoleónicas la economía brasileńa pasó por un período de depresión hasta que el café, en el mismo siglo XIX le dio nuevo impulso. La invasión de Portugal por Napoleón obligó al regente Don Juan VI, en 1808, a trasladar su corte al Brasil, con la protección y a expensas de los ingleses, y a buscar allí aúm más protección de Inglaterra. Para esta protección naturalmente, Portugal tenía que pagar un precio, del que el Brasil, satélite colonial, tenía que contribuir con una parte considerable. En 1808, el regente abrió los puertos brasileńos a los buques de todas las naciones amigas, y en 1810 firmó un tratado comercial con la Gran Bretańa que puso fin a casi todas las restantes restricciones mercantilistas del comercio y franqueó los puertos de Portugal y el Brasil al liberalismo económico. Durante el bloqueo de Europa, esto significó Inglaterra, y en el siglo XIX significó la industria inglesa.
Don Juan VI razonó y habló a sus súbditos como sigue:
En 1821, el regente regresó a Portugal, y en 1822 Brasil declaró su independencia, proclamando emperador al hijo del regente, Pedro I. No obstante, en 1827, Brasil firmó otro tratado por el que dio a Gran Bretańa pleno acceso al mercado brasileńo en mejores condiciones que las otorgadas a otros países y, sobre todo, en mejores condiciones que las accesibles a la industria nacional brasileńa. Con este liberalismo económico, Inglaterra desarrolló su industria, mientras sus satélites subdesarrollaban sus manufacturas y su agricultura.
La estructura monopolista metrópoli-satélite del capitalismo no cambió, en realidad; no hizo más que variar de forma y de mecanismo. Durante la época mercantil, la metrópoli mantuvo su monopolio por medio de la fuerza militar y el acaparamiento comercial, y fue así como aquélla desarrolló su industria mientras los satélites subdesarrollaban su agricultura. Durante la época liberal la metrópoli, ya más fuerte industrialmente, mantuvo y extendió el mismo monopolio por medio del librecambio y la fuerza militar. Como reconocieron Alexander Hamilton y Friedrich List, fueron el liberalismo y el librecambio los que garantizaron a Inglaterra, en el siglo XIX, su monopolio industrial de los satélites. Cuando esta política dejó de excluir del mercado mundial a sus rivales metropolitanos, el liberalismo fue revisado, a finales del siglo XIX, en favor de la política colonial imperiaIista, y con la depresión de 1930, Inglaterra y John Maynard Keynes abandonaron por completo el librecambio. El cual ha sido exhumado y reexportado, "made in USA", durante la posguerra de nuestros tiempos. Friedrich List, padre del Zollverein, dijo de la protección mercantilista que fue la escalera de que se sirvió Inglaterra para subir y luego la echó a un lado para que otros no pudieran seguirla, y llamó al librecambio principal producto de la exportación inglesa. Quizá, puede ensanchar nuestra perspectiva la observación del contemporáneo norteamericano de List, presidente Ulyses S. Grant, quien anotó que "Inglaterra, durante siglos, ha confiado en la protección, la ha llevado al extremo y ha obtenido resultados satisfactorios. No cabe duda de que a este sistema debe su presente poderío. Al cabo de dos centurias, Inglaterra ha encontrado conveniente la adopción del librecambio, porque cree que la protección no tiene ya nada que ofrecerle. Pues bien, caballeros, el conocimiento que tengo de mi país me lleva a creer que dentro de doscientos ańos, cuando Estados Unidos haya obtenido de la protección todo lo que puede ofrecer, adoptará también el librecambio" (citado por Santos, 1959: 25).
Le depresión económica del Brasil en el siglo XIX y la penetración del mismo por el avance del imperialismo británico dejaron a Brasil por completo fuera de la carrera por el crecimiento económico, y también del desarrollo capitalista en general. Pero fueron las circunstancias de los tiempos coloniales las que hicieron posible y necesario este subdesarrollo, mientras la metrópoli se desarrollaba, a la vez que otros países no satélites o poco satelizados, como Alemania, los Estados Unidos y el Japón, lograban su crecimiento. (Japón es el elemento clásico de un país que no estaba ya satelizado y, por tanto, subdesarrollado en el siglo XIX). Fue, pues, en los tiempos coloniales cuando se formó la metrópoli nacional y su burguesía, si así podemos llamarla. La metrópoli nacional se convirtió en exportador satélite de productos primarios a la metrópoli mundial y, a la inversa, en dependiente de ella en cuanto a importación de manufacturas y artículos suntuarios. La oligarquía nacional, sea agraria, minera o comercial, quiere, naturalmente, importar estas mercancías al precio más bajo posible (esto es, sin aranceles proteccionistas), mientras las paga con el excedente económico que a su vez expropia a sus satélites nacionales y provinciales. Tal es la estructura del subdesarrollo capitalista, que, como antes vimos, se implantó en el nordeste del Brasil con la primera plantación de cańa de azúcar en 1530 y que en esencia ha persistido hasta nuestros días. Esta estructura económica satélite y la línea política que de elle resulta se estudian con más detalle en el capítulo I con respecto a Chile.
El Brasil, pues, se subdesarrollo aún más durante la expansión industrial de Inglaterra. En el Brasil "independiente", el poder político se confirió, por supuesto, a los grandes terratenientes y comerciantes, tanto nacionales como extranjeros, todos ellos, claro está, librecambistas. Los precios de venta brasileńos se deprimieron en un 40 por ciento entre 1820 y 1850 (Furtado 1959: 127). La tasa de cambio bajó; el milréis valía, en libras esterlinas, 70 peniques en 1808 (Prado, 1962: 137); gracias a la guerra napoleónica había subido a 85 peniques hacia 1814; después comenzó a bajar de veras: a 49 peniques en los días de la Independencia, en 1822, y a 25 en 1860. La guerra civil norteamericana le trajo una nueva y breve mejoría, descendiendo luego a 18 peniques, su más baja cotización antes del fin de la esclavitud y el Imperio, en 1888 y 1889 (Norman., 1845: 253-254). La balanza de pagos estuvo en constante déficit entre 1821 y 1860; después, la guerra civil norteamericana primero y luego las expectaciones de café invirtieron la tendencia (Prado, 1962: 136). Tanto el déficit de la balanza de pago como otras actividades económicas se financiaban mediante empréstitos extranjeros; hacia mediados del siglo, la atención de la deuda exterior consumía el 40 por ciento de los ingresos brasileńos (Prado, 1962: 142). Concurrentemente, el comercio mayorista brasileńo, así el exterior como el interior, caía casi por entero en manos de los ingleses.
7. Resumen: involución pasiva y subdesarrollo
Podemos sacar, por tanto, algunas conclusiones preliminares:
a) La era colonial del Brasil no tuvo la menor conexión con el feudalismo, pero sí la tuvo con el desarrollo capitalista. Además, la realidad brasileńa no es la supervivencia de una región "aislada" del capitalismo; al contrario, es el producto del desarrollo del sistema capitalista mismo.
b) Lo que ocurría en la colonia estaba determinado por los nexos de ésta con la metrópoli y por la intrínseca naturaleza del sistema capitalista. No fue el aislamiento, sino la integración la que trajo le realidad del subdesarrollo brasileńo. La vida del interior se definía mediante toda una cadena de metrópolis y satélites que se extendía desde Inglaterra, a través de Portugal y Salvador de Bahía o Río de Janeiro, hasta la más remota avanzada de ese interior
c) El desarrollo económico logrado ocurrió en épocas y lugares en que los lazos con la metrópoli eran menos estrechos en contra del patrón dualista, que ve el progreso como una difusión centrífuga de la metrópoli hacia el interior. Así lo vimos ya en Săo Paulo, Minas Gerais y el norte. El desarrollo de Brasil fue posible, hasta cierto punto, por el hecho de que Portugal era una metrópoli débil, demasiado débil para ejercer sobre sus colonias el mismo control que otras metrópolis ejercían.
d) La flojedad temporal de los nexos con la metrópoli o la aminoración de la dependencia del mercado exportador y el desarrollo desigual del capitalismo produjeron una involución capitalista pasiva m el satélite brasileńo, con la excepción parcial de Minas Gerais, donde la estructura de la producción y el ingreso estaba menos subdesarrollados que en otras partes. Fue la involución capitalista pasiva del interior Minas Gerais, Goiás, el norte y el nordeste la que condujo al más alto grado de subdesarrollo, no sólo del ingreso relativo, sino también de toda la estructura sociopolítica.
Son estas las regiones en las que el coronelismo predomina hoy y en las que la vida política se funda menos en lo ideológico que en "la clientela" y se orienta a servir de inmediato a los intereses locales. Son estas las regiones de mayor influencia y prestigio del Partido Social Demócrata (PSD) de Juscelino Kubitschek, el partido político por excelencia del "clientelismo" y el oportunismo agrario y provincial. Pero estas regiones no están hoy políticamente "aisladas". AI contrario, del "clientelismo" y del oportunismo se aprovechan in extenso la metrópoli nacional y la internacional, mediante la cadena de metrópolis y satélites que llega hasta la aldea y la hacienda supuestamente más aisladas. La atención que prestó la prensa mundial al destino del gobernador del estado interior de Goiás, Mauro Borges, en 1964, es una prueba de que el campesino del interior está inevitablemente vinculado al gobierno militar de la metrópoli.
e) El nuevo fortalecimiento de los lazos metrópoli-satélite por razón del librecambio consolidó este subdesarrollo del satélite brasileńo. La independencia política del Brasil no bastaba para liberarlo del subdesarrollo o de la estructura que lo produce. Por lo contrario, la independencia puso el poder político en las manos de los grupos económicos cuyos intereses creados estaban en el mantenimiento del statu quo brasileńo. Simultáneamente la metrópoli, ahora Inglaterra, sin la mediación de Portugal, reemplazó los ya anticuados instrumentos mercantiles del control metropolitano por los más recientes y entonces más ventajosos del librecambio. La esencial estructura metrópoli-satélite del sistema no varió, en lo interno ni en lo externo. Por ende, la independencia política no trajo desarrollo económico al Brasil, y el librecambio consolidó el subdesarrollo del país y la estructura que inevitablemente lo engendra.
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
A mediados del siglo XIX, el café inició en el Brasil una nueva época, análoga a la del azúcar en el XVI y a la del oro en el XVIII. La producción de café se inició en la década de 1820-30. Durante la del 40 avanzó de Río de Janeiro hacia adentro, a lo largo del valle del río Paraiba. Los capitales invertidos en esta expansión cafetera eran brasileńos. Acumulados y en gran parte concentrados en la economía aurífera de Minas Gerais y en el comercio exterior de Río de Janeiro (Monbeig, 1952), estos capitales comenzaron a ser desviados hacia el sector cafetalero de las regiones oriental y central. Por cierto, fueron retirados de otras regiones en grado alarmante para el nordeste, donde los esclavos eran comprados a precios que el nordeste no podía permitirse y despachados al sur. Pernambuco trató de invocar la prohibición total de exportar esclavos de la región, pero fracasó. Varios estados del nordeste, sin embargo, impusieron un tributo a la exportación al sur de su capital en esclavos. Vemos aquí, pues, el nacimiento de otra metrópoli nacional brasileńa, vinculada a la metrópoli mundial a través del comercio de exportación.
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
1. El café y la satelización externa.
En 1860-1870, la demanda mundial de café aumentó apreciablemente y su cultivo avanzó aún más hacia el interior, en la dirección de Săo Paulo. En los días de Mauá, el Carnegie brasileńo, se construyeron ferrocarriles, mayormente con dinero del país. Fue necesario también mejorar el puerto de Santos, y estas obras fueron financiadas por capitales ingleses, después que los capitales brasileńos allanaron el camino y mostraron utilidades. (Ellis, 1937: 177-180.) El cultivo de café atrajo una creciente inmigración europea. La esclavitud fue abolida en 1888 y la república proclamada en 1889.
Después de todo esto comenzó la gran expansión del café en Săo Paulo. Cinco características de esta expansión se detallan abajo. Nuestro juicio de posteriores períodos de expansión económica se fundará, en gran parte, en las similitudes y diferencies que exhiban en relación con el crecimiento cafetalero: a) Inflación nacional: la cantidad de papel moneda en circulación aumentó de 215.000 contos de réis en 1889 (197.000 según Normano, 1945: 231, y Guilherme, 1963: 19) a 778000 en 1898. (Monbeig, 1952: 95.) La inflación es una característica que reaparece en todos los posteriores períodos de expansión; b) la devaluación, mientras Brasil mantuvo más o menos el patrón oro, fue automática. El valor del mil-réis cayó de 27 peniques en 1889 a 6 peniques en 1898 (Monbeig, 1952: 95 y Normano, 1945: 254); c) ascenso y descenso de los términos de intercambio: el precio del café subió de 2 centavos la libra en 1889 a 9 centavos en 1895, bajó luego a 4 en u 1898 y a 2 en 1903. (Monbeig, 1952: 97); d) financiamiento externo, especialmente por bancos extranjeros. (Monbeig, 1952: 90-99); e) las consecuencias fueron el apoderamiento extranjero primero del comercio de exportación, y después, de parte de su financiamiento interno y también su producción. Tan pronto como vino la sobreproducción y los productores y comerciantes nacionales cayeron en dificultades financieras (la expansión anterior había sido sumamente especulativa), las casas extranjeras comenzaron a apoderarse de estas actividades internas e incluso a comprar tierras cafetaleras. El Bank of London, el River Plate, el Rothschild, la Société Genérale de Paris y el National City Bank of New York se distinguieron en este proceso. (Monbeig, 1952: 98-99.)
La sobreproducción de café empezó en 1900 y ha continuado casi ininterrumpidamente, hasta nuestros días. En 1905, después de cierta vacilación y presión política, el gobierno de Brasil empezó a adoptar una política de respaldo del precio y de almacenamiento de la sobre-producción, política que también ha continuado hasta hoy y que ayudó algo a los productores nacionales, y aún más a los comerciantes extranjeros. El mantenimiento de la línea de respaldo de los precios sin consecuencia drástica, fue posible a corto plazo, porque Brasil monopolizaba prácticamente la producción del café en 1920, alrededor del 75% de la producción mundial (Guilherme, 1963: 29-30) y porque la medida se financiaba exteriormente. A la larga, como veremos, esta política ha tenido consecuencias importantes. Entretanto, podemos destacar sucintamente tres acontecimientos que han acompańado a la expansión del cultivo en Săo Paulo
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
2. La industria y la satelización polar interna
El primero de estos acontecimientos fue la industrialización. El número de establecimientos industriales se elevó de 200 en 1881 a 626 en 1889, a 3.000 en 1907 y a más de 13.000 en 1920. (Prado, 1960: 296-298; Simonsen, 1939: 25-26, 31.) Pero fue la guerra mundial en Europa la que originó el gran ascenso del desarrollo industrial brasileńo, hecho compatible con mi hipótesis. "Tres países resultaron económicamente beneficiados como consecuencia inmediata de la guerra: Estados Unidos, Japón y Brasil... 5.940 nuevas firmas industriales surgieron en Brasil en los ańos 1915-1919, en comparación con 6.946 en el período de 1890-1914." (Norman, 1945: 137-139.) De los 10.000 nuevos establecimientos industriales surgidos en el período de catorce ańos entre los censos de 1907 y 1920, el 60% se construyeron durante los cinco ańos de la guerra de 1914-1919. (Prado, 1960: 298; Simonsen, 1939: 25-26.) La producción industrial creció en un 109% de 1914 a 1917, medida por precios deflacionados, o en un 153%, de 956 millones de dólares a 2.424 millones, a los precios actuales (Horowitz, 1964: 208), y de 1.350.000 contos de réis en 1914 a 3.000.000 de contos de réis en 1920. (Normano, 1945: 139.) Aunque todavía concentrada en la industria ligera de bienes de consumo, la composición de la producción industrial varió. En 1889, los tejidos eran el 60% de la producción industrial brasileńa; en 1907, los tejidos y la confección de prendas de vestir eran el 48%, cifra que hacia 1920 se reducía al 36%. Los productos comestibles aumentaban del 27% en 1907 al 40% en 1920. (Simonsen, 1939: 31; Normano, 1945: 140-142.)
El segundo desarrollo capitalista, también acorde con mi modelo y mi hipótesis, fue la concentración de la actividad económica y del ingreso en un centro metropolitano nacional y le polarización de la economía en general. En 1881, la distribución por regiones de la producción industrial era: Río de Janeiro, 55 %; Bahía, en el Nordeste, 25%; Săo Paulo, 5%. (Simonsen, 1939: 23.) Hacia 1907. Río había bajado a 30% y Săo Paulo subido a 16%. (Simonsen, 1939: 34.) En 1914, Săo Paulo reclamaba el 20% de la producción industrial brasileńa (Simonsen, 1939: 34); en 1920, el 33% (Simonsen, 1939: 34); en 1938, el 43% (Simonsen, 1939: 34); hacia 1959, el 54% (Conselho Nacional, 1963: 267), y en la actualidad Săo Paulo representa más. Bahía, mientras tanto, había descendido al 1,7% en 1959. (Conselho Nacional, 1963: 267.)
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
3. Las inversiones extranjeras y el subdesarrollo
El tercer cambio capitalista concuerda tambiйn con mi patrуn y mis hipуtesis: recuperada la metrуpoli capitalista mundial, sus nexos con los satйlites volvieron a fortalecerse y el desarrollo nacional de Brasil comenzу a ser estrangulado y mal orientado. La dйcada del 20 presenciу una expansiуn similar a la del 90, ahora complicada por la polнtica gubernamental de sostйn del precio y acumulaciуn de excedentes de cafй. Las caracterнsticas volvieron a ser: a) inflaciуn; b) devaluaciуn; c) primero un incremento, despuйs una disminuciуn de los tйrminos de intercambio; d) financiamiento exterior, y e) las consecuencias inevitables: creciente dominaciуn extranjera de la economнa brasileсa y finalmente su estrangulaciуn. El financiamiento exterior del programa cafetalero trajo divisas, que se invirtieron en la compra de mercancнas extranjeras que competнan con las producidas por la industria brasileсa. La polнtica de respaldo del precio del cafй espoleу la inflaciуn y la demanda interna, lo que atrajo a firmas extranjeras a producir en Brasil, en competencia con las empresas brasileсas. La deflaciуn, ademбs, ayudу a las compaснas extranjeras a comprar tнtulos de crйdito e instalaciones brasileсas y asн establecerse allн a menor costo. Todo este desarrollo capitalista afectу negativamente a la industria brasileсa y al desarrollo econуmico del paнs. Por aсadidura, Brasil tenнa que gastar una parte cada vez mayor de sus ganancias en divisas para amortizar la deuda exterior. Ademбs de lesionar la capacidad importadora inmediata de Brasil, este resultado fue y sigue siendo agravante y contraproducente: pera amortizar las deudas anteriores, Brasil tenнa que depender mбs de emprйstitos nuevos y, por tanto, de la metrуpoli, ahora, Estados Unidos. Esta dependencia trajo, inevitablemente, otros resultados, ventajosos para la metrуpoli y perjudiciales para los intereses de su satйlite brasileсo, como los industriales en particular. Existen, pues, similitudes fundamentales entre la situaciуn y los hechos de la primera mitad del siglo XIX y los de la segunda mitad del XX.
Pero ahora con una diferencia: la metrуpoli imperialista, Estados Unidos, ha creado nuevos mecanismos de satelizaciуn. J. F. Normano (1931) resumiу los acontecimientos posteriores a la primera guerra mundial con gran visiуn y discernimiento, como habнan de demostrar los acontecimientos posteriores a la segunda guerra mundial que yo examino en Sobre los mecanismos del imperialismo. (Frank, 1964 b).
El examen de las empresas industriales de Estados Unidos en Amйrica del Sur revela que en su mayorнa son filiales y subsidiarias de corporaciones norteamericanas... Las grandes compaснas de Estados Unidos han organizado estas empresas con sus propios fondos; sin ofrecer acciones de ellas al pъblico en general ni emitir certificados en representaciуn de sus intereses en tales firmas... Pero una parte del llamado capital extranjero es, en realidad, nacional. Una gran porciуn de estos depуsitos en bancos extranjeros de Amйrica del Sur tiene origen local, aunque a las inversiones y prйstamos de los mismos se los considera extranjeros... Este mйtodo lo usan hoy en gran escala las sucursales de los bancos de Estados Unidos.
Los actuales inversionistas norteamericanos en las industrias de Amйrica del Sur son los gigantes mбs grandes de la industria mundial. Las inversiones industriales de Estados Unidos... son, sin embargo, directas y se originan en la busca de nuevos mundos que conquistar para la producciуn en serie ultramoderna. Aquн, por otra parte, no es el que financia, sino la corporaciуn industrial la que organiza y dirige estos acontecimientos. En este sentido, pues, no podemos hablar del capitalismo puramente financiero de Estados Unidos. En total serбn quizбs treinta las grandes —mejor, enormes— corporaciones del mundo oficialmente domiciliadas en Estados Unidos, que dirigen las inversiones industriales norteamericanas en Amйrica del Sur. La compaснa sudamericana es, realmente, en este caso, una prolongaciуn local de la corporaciуn progenitora y constituye un punto de expansiуn industrial de Estados Unidos en el extranjero. Tal expansiуn mundial tipifica a la etapa moderna del capitalismo, porque las fronteras nacionales son demasiado estrechas para las empresas mundiales.
El йxito de Estados Unidos se origina casi por entero en la exportaciуn sin competencia de mercancнas allн producidas en serie. Las exportaciones norteamericanas incluyen, en esencia, unos pocos artнculos de la producciуn en masa moderna. Automуviles, radios, fonуgrafos, mбquinas, son algunos de los productos de las industrias en gran escala reciйn organizadas. їQuiйn produce estos artнculos? Principalmente, los mismos "treinta grandes". Las importaciones norteamericanas de Amйrica del Sur consisten, fundamentalmente, en productos agrнcolas, minerales, materias primas, como el petrуleo, el estaсo y el cafй. їQuiйn los produce en Amйrica del Sur? Principalmente, las organizaciones filiales de los mismos "treinta grandes" de Estados Unidos. Las inversiones de йstos se encuentran, virtualmente, en fбbricas dedicadas a la exportaciуn. Buena parte del comercio exterior de Estados Unidos con Amйrica del Sur estб bajo el dominio de las mismas firmas que regularmente invierten sus capitales en las industrias sudamericanas locales. Estas empresas gigantescas parecen ser las primeras no sуlo en las inversiones, sino tambiйn en el comercio exterior.
Todo el intercambio econуmico con Amйrica del Sur parece ser, en esencia, el resultado de la expansiуn incesante de los gigantes de la industria. "El comercio va detrбs de la bandera" —polнtica de conquista-- ha sido remplazada por la nueva fуrmula: "el comercio va detrбs del capital", polнtica de penetraciуn econуmica. La consigna que se ha puesto de moda es: "Los prestamos al exterior fomentan negocios en el exterior". En nuestro caso, esta fуrmula es errуnea porque la fuerza motriz de la exportaciуn de capitales es la industria en gran escala, la producciуn en serie en su punto mбs alto, las empresas de los "treinta grandes" que operan en todo el mundo, pero con su domicilio oficial en Estados Unidos. Ellas son las que manejan las inversiones y por su mediaciуn dirigen la exportaciуn de materiales de producciуn, como mбquinas e instalaciones de varias clases. Ellas son las que supervisan la producciуn y, por esta vнa, la distribuciуn de los artнculos manufacturados. Rara vez trabajan para el mercado local; generalmente operan para el mercado mundial. (Normano, 1931: 41, 57, 60-61, 64-66, 224.)
La metrуpoli imperialista se ha desarrollado aъn mбs en esas direcciones desde los tiempos de Normano. Los monopolios extranjeros han aprendido a servirse de los capitales de Brasil recurriendo a fuentes distintas de las sucursales brasileсas de los bancos metropolitanos, y han venido a satelizar no sуlo a sus propias filiales manufactureras, sino tambiйn a firmas antes brasileсas, incluyendo la mayor parte de la industria nacional de Brasil.
En la dйcada del 20, las consecuencias polнticas de la penetraciуn norteamericana y de la renovada incorporaciуn de la economнa brasileсa, despuйs de la guerra, a la estructura metrуpoli-satйlite del imperialismo, fueron, en primer lugar, un gobierno brasileсo dedicado a defender los intereses de la metrуpoli imperialista. El gobierno del presidente Washington Luis a fines de la dйcada del 20, representaba los intereses agrнcolas, comerciales e industriales cafetaleros; y Washington Luis se proclamaba gran amigo de Estados Unidos. Era "virtualmente su propio ministro de Hacienda" (Normano, 1945) y en su polнtica econуmica "brasileсa" se destacaban aspectos que fбcilmente reconoceremos. Se preocupaba principalmente por la balanza de pagos y por la pronta amortizaciуn de la deuda exterior brasileсa. Respaldaba de lleno la entrada en el paнs de capitales extranjeros, especialmente de Estados Unidos. Su gobierno proclamу la convertibilidad de la moneda nacional. Mas їquй ocurriу?
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
4. Crisis en la metrópoli e involución activa en el satélite
En 1929 vino el estallido. El precio y la demanda de café descendieron vertiginosamente; las exportaciones se redujeron de 95 millones de libras esterlinas en 1929 a 66 millones en 1930. (Norman, 1945: 257.) La convertibilidad permitía ahora la fuga de los capitales y la afluencia de fondos extranjeros cesó por completo, naturalmente. El gobierno, corto ahora de numerario para pagar a sus acreedores exteriores, trató de encontrarlo en la economía nacional. Continuando las clásicas prescripciones que aún siguen sus sucesores actualmente, Washington Luis, vacilando entre "la escuela bancaria y la secuela monetaria" (Normano, 1945: 240), redujo los gastos del gobierno en el país. Al igual que su mentor, el gobierno norteamericano de la época, redujo el dinero en circulación, en un 10 %. (Guilherme, 1963: 32.) El resultado fue en extremo nocivo para la industria nacional, que vio disminuir sus ventas y su producción. Al mismo tiempo resultaron afectados los productores agrícolas, especialmente los que trabajaban con créditos a largo plazo.
La consecuencia de todo ello fue la triunfante "revolución de 1930". Este movimiento político y económico contaba con el apoyo de la burguesía industrial nacional, cuyos intereses habían sido perjudicados por los acontecimientos anteriores, y se oponía a los intereses agrarios, comerciales y metropolitanos, en bien de los cuales se había formulado la, anterior política gubernamental. La revolución era apoyada también por los elementos políticos del estado sureńo de Río Grande do Sul, cuya economía estaba menos ligada al comercio de exportación y a la metrópoli imperialista, y se oponía a los centros tradicionales del poder politico: Săo Paulo, caficultor y comercial, y Minas Gerais, agrícola, minero y bancario. Estos dos estados se habían pasado uno a otro la presidencia de la república. No fue una casualidad la circunstancia de que el nuevo presidente, Getulio Vargas, procediera de Río Grande do Sul, que había sido poblado por propietarios residentes más que por latifundistas, y en el que había surgido un nuevo centro manufacturero regional. Algunos observadores llaman "revolución burguesa de Brasil" a este acontecimiento. Pero este cambio de gobernantes no trajo consigo la expulsión del poder de los intereses agrarios que "tradicionalmente" lo habían poseído y que eran obviamente capitalistas y no "feudales". Al contrario, el nuevo gobierno significó el acceso al poder de un nuevo grupo, los industriales y los sureńos, que ahora venían a compartir los privilegios con sus anteriores beneficiarios.
La "revolución" se reflejó de inmediato en la nueva política gubernamental. Se mantuvo, por supuesto, la vieja línea de sostén del previo nacional del café y, a causa de la depresión, incluso se reforzó. Pero este programa se financió ahora con fondos del país y no del exterior, modificación que había de tener trascendentes repercusiones económicas en Brasil. El gobierno instituyó también una política de protección arancelaria, aunque la metrópoli, económicamente deprimida, no estaba exportando mucho entonces.
El resultado fue una expansión económica muy diferente de las anteriores. Sus características, sumariamente, fueron las siguientes: a) inflación nacional y aumento de la demanda interna, como en todas las expansiones anteriores y posteriores; b) revaluación en lugar de devaluación; c) deterioro de los términos de intercambio a causa de la caída del prado y la demanda del café y otros productos de la exportación. La capacidad de Brasil para importar se redujo en un tercio entre 1929 y 1937 (Furtado, 1959: 223), a la ves que la metrópoli económicamente deprimida exportaba menos productos industriales; d) financiamiento interior en vez de exterior; e) en consecuencia, en lugar de mayor dominio y estrangulación metropolitana de la economía brasileńa, surgió un crecimiento sin paralelo de la industria nacional.
Durante la depresión económica del sistema capitalista mundial, de acuerdo con mi modelo y mi hipótesis, el satélite brasileńo experimentó una activísima involución capitalista. La inflación interna, acompańada del financiamiento interior y de un relativo aislamiento de la competencia metropolitana, condujeron a un crecido aumento de los precios y la demanda de los productos industriales brasileńos. La industria respondió con un rápido y gran aumento de su producción, aproximadamente el 50% entre 1929 y 1937 (Furtado, 1959: 224) y alrededor del 100% entre 1931 y 1938, según Roberto Simonsen (1939: 44), entonces presidente de la Asociación de Industriales de Brasil. Entre 1934 y 1938, la producción industrial creció aproximadamente un 60%. (Simonsen, 1939: 44.) Este aumento se consigue, al principio, mediante la mayor utilización de la capacidad instalada, en gran parte ociosa durante la "prosperidad" que trajo la creciente presencia extranjera a fin de los ańos 20 y durante la crisis de los primeros del 30. La misma capacidad industrial excesiva supuesta, ociosa y que se observa en posteriores aumentos de la producción no debidos a ampliaciones de la capacidad instalada, se encuentra también en la década del 10, ańos en que la producción industrial, impulsada por la guerra, creció con más rapidez que la capacidad. (Normano, 1945: 139-142.) En los últimos ańos de la década del 30, Brasil, contando con las ganancias de esta producción y con los altos ingresos de industriales y agricultores, comenzó a instalar nueva capacidad industrial productiva, sacando partido también de las facilidades dadas para la adquisición a bajo precio de la maquinaria de uso que la depresión mantenía ociosa en los países metropolitanos. Brasil produjo así los bienes de consumo que antes importaba y vigorizó aún más su industria básica. No obstante, en 1938, los tejidos, la ropa y los comestibles representaban aún el 56% de la producción industrial, y la industria básica sólo el 13%. Y, a diferencia de la expansión soviética de esta época, la producción de hierro y acero sólo satisfacía un tercio del consumo brasileńo de estos productos. (Simonsen, 1939: 44.)
Detengámonos un instante a analizar estos acontecimientos. Económicamente, żpor qué este periodo fue de involución capitalista activa, ante las debilitadas relaciones del satélite brasileńo con su metrópoli, y no de involución pasiva como en períodos anteriores? Políticamente, żpor qué los intereses agrarios, comerciales e imperialistas se avinieron a compartir su poder y su influencia con los nuevos, pero todavía débiles intereses industriales nacionales? En otras palabras żpor qué fue posible y por qué triunfó la revolución de 1930? (Otros retos al gobierno existente habían fracasado en la década de 1920.)
Mi modelo, como se recordará, pone el énfasis en la transformación histórica (particularmente de la base del monopolio metropolitano) dentro del sistema capitalista. La estructura fundamental metrópoli-satélite no ha sufrido cambios a lo largo de los siglos, pero la base del monopolio metropolitano sí. Durante el período mercantilista, dicha base residía en la fuerza militar y el monopolio del comercio; a los satélites no se les dejaba en libertad de comerciar. Durante el siglo XIX, la industria ligera y textil pasaron a ser cada vez más la base del monopolio metropolitano. Este monopolio metropolitano, llamado "liberalismo", concedió y hasta impuso a los satélites la libertad de comercio, pero les negó la libertad de producción industrial. Hacia la primera mitad del siglo XX, la base del monopolio metropolitano había venido a residir en los medios de producción y los bienes intermedios. Los satélites gozaban ahora de creciente libertad pare producir tejidos y otros productos de la industria ligera y hasta se veían obligados a hacerlo para las fábricas que la metrópoli imperialista establecía en ellos; pero no se les dejaba en libertad de crear su propia industria de equipos básicos e intermedios. En cuanto a éstos de los que dependían cada vez más por cuanto le eran necesarios para su propia producción industrial ligera, los satélites continuaban dependiendo del monopolio de la metrópoli. Después, en la segunda mitad del siglo XX esta base volvió a tomar un nuevo aspecto, ahora hacia la tecnología, combinada con la penetración, aún mas profunda, de las corporaciones internacionales del monopolio metropolitano en la economía de los satélites.
La involución activa brasileńa de la década del 30 puede, pues, explicarse por el hecho de que Brasil, como algunos otros países satélites, había podido establecer en ańos anteriores alguna industria, y, con ella, la consiguiente estructura socioeconómica y la incipiente burguesía industrial, en parte independiente durante la primera guerra mundial y en parte dependiente de la metrópoli durante la década de 1920. En 1930, por tanto, la estructura socioeconómica de Săo Paulo podía responder mejor con una involución capitalista activa al aflojamiento de los vínculos metrópoli-satélite, que Minas Gerais al final de la fiebre del oro, o el Nordeste o el norte en los tiempos de su involución capitalista pasiva. Con todo, como mi modelo seńala y los sucesos posteriores iban a demostrar, mientras Brasil continuara siendo en satélite capitalista, tal involución activa, por muy encaminada hacia el desarrollo que entonces pareciera ser, tenía que ser efímera.
Pero, żpor qué fue políticamente posible que la revolución de 1930 triunfara y que prosperara la coalición de intereses agrarios, mercantiles, imperialistas e industriales nacionales? żPor qué a un grupo industrial nacional tan débil se le permitió compartir el poder y la formulación de los programas de gobierno? En pocas palabras, porque los intereses capitalistas "tradicionales" tenían poca capacidad y menos razón para oponerse a este vuelco de los acontecimientos. La metrópoli imperialista, a causa de la depresión, estaba menos capacitada para intervenir. Y si los intereses agrarios, mercantiles y metropolitanos no fueron favorecidos por los acontecimientos de los ańos 30, si era menos posible vender café a la metrópoli e importar manufacturas de ella, esto no se debió tanto a la política de gobierno adoptada en concierto con los intereses industriales nacionales como a la inevitable depresión por la que pasaba la metrópoli capitalista mundial. Además, los intereses cafetaleros internos no fueron seriamente perjudicados por la intervención de los industriales en la política de gobierno, ya que, gracias al mantenimiento de la línea de sostén del precio del café, estos intereses podían continuar vendiendo su gramo en el mercado nacional artificialmente creado, no ya en el deprimido mercado mundial. La unión de intereses potencialmente conflictivos no fue, por el momento, demasiado desafortunada.
Pero en un satélite capitalista, esta clase de luna de miel no puede ser eterna. En Brasil duró dos decenios, porque las presiones que naturalmente tendían a disolver el matrimonio fueron de nuevo amortiguadas por la recesión de 1937 y, poco después, por la guerra y sus consecuencias inmediatas. No tardaron en aparecer tensiones hubo un intento de "contrarrevolución" en 1932 y otro en 1937--, pero fueron políticamente reprimidas por la dictadura del Estado Novo (Estado Nuevo) de Vargas y, económicamente, por lo que acontecía en la metrópoli. Hasta donde alcanzo a saber, no se ha publicado ninguna interpretación económica de las circunstancias políticas del Estado Novo, por lo que me aventuro a ofrecer la que sigue:
Los ańos de 1934 a 1937 presenciaron una recuperación parcial de la metrópoli, especialmente en Alemania, que había tomado una tajada significativa de la participación de Estados Unidos en el comercio brasileńo. (Guillermo, 1963: 43.) El precio y la demanda de las exportaciones brasileńas comenzaron a subir de nuevo y presionaron para que se volviera a aumentar la tasa de cambio. El gobierno parece haber cedido, en parte al menos, a esta presión, para congoja de ciertos grupos de intereses brasileńos. Un investigador inglés de los asuntos de Argentina, refiriéndose al periodo anterior a la primera guerra mundial, resume como sigue los intereses en juego en esta clase de situación: "[El] grupo político predominante, los productores-exportadores y los terratenientes... se interesaban claramente, en los ańos favorables, en la estabilidad del cambio, porque ésta impedía la variación adversa en la distribución de ingresos que había traído un aumento de la tasa de cambio, y en los ańos desfavorables se parcializaban en favor de la devaluación porque variaba la distribución del ingreso en su beneficio." (Ford, 1962: 192.) Es decir, la devaluación pasaba la carga a otros, mientras que la estabilidad del cambio la mantenía donde estaba. Wanderley Guilherme observa: "Cuando se revalorizó el tipo de cambio, durante la recuperación del sistema capitalista mundial, entre 1934 y 1937, los dos grupos principales de la sociedad brasileńa se opusieron decididamente a la recuperación del poder adquisitivo internacional de nuestra moneda dado que esto significaba la reducción de las ganancias de uno de ellos los caficultores y la amenaza de productos extrenjeros a precios más bajos, para el otro, la burguesía industrial." (Guilherme, 1963: 41.) En consecuencia, el gobierno fijó la tasa de cambio.
Pero como la revalorización reducía inmediatamente las ganancias de los agricultores, los intereses agrarios se oponían más a ella que los industriales, quienes tenían otros modos de proteger sus ventas y eran también importadores de equipos extranjeros. Estas circunstancias de origen externo, unidas a la mala voluntad con que los intereses agrarios veían la demanda industrial de sus trabajadores, condujeron, probablemente, a nuevas tentativas de reactivar la tradicional alianza política de terratenientes, comerciantes e imperialistas y de restablecer la tradicional política económica de devaluación, financiamiento exterior, etc. En 1937, los integralistas, grupo fascista de abierta inspiración italiana y alemana, intentaron un golpe contra Vargas, pero fue frustrado por el reciente "estado nuevo". Seis meses antes Getulio Vargas había asumido poderes dictatoriales y había instituido el Estado Novo. El propósito era, en parte, resistir estas presiones de la derecha, así como también las de la izquierda, manifestadas en 1935 en un frustrado golpe dirigido por los comunistas (y quizás motivado, en parte, por el efecto perjudicial de la revalorización sobre el ingreso de los trabajadores). El propósito consistía además, en mantener por la fuerza el maridaje de las burguesías agraria, comercial, imperialista e industrial nacional. Vargas duró hasta 1945. La recesión de 1937, que eliminó las presiones en favor de una nueva revaluación de la moneda, y la guerra, que una vez más suprimía en parte la presión que desde afuera se ejercía sobre este inestable matrimonio, lo ayudaron a frenar la oposición interna.
La segunda guerra mundial, como seńalaría mi modelo, renovó o continuó la involución capitalista activa de Brasil. Los términos de intercambio mejoraron; mas para Brasil era dificil aprovechar esta "ventaja" para importar más, porque la metrópoli naturalmente, necesitaba todo lo que producía. Las divisas que se adquirían se inmovilizaban afuera, e incluso su volumen era menor del que podía haber sido, porque Brasil, al igual que otros países satélites, convino en mantener bajos los precios de sus exportaciones a los aliados, como "contribución al esfuerzo bélico". Al mismo tiempo, el exceso de capacidad productiva desapareció, a causa de los aumentos de la producción industrial en la década anterior, por lo que la presión dé la demanda interna obligó a aumentar los precios y la cantidad de productos. El presidente Vargas se identificó cada vez más con la burguesía industrial nacional y con los obreros sindicalizados, que eran el producto social de esta expansión industrial. Su gobierno instituyó varias medidas "progresistas", como el apoyo a la sindicalización y a los salarios mínimos, a la vez que él en persona fundaba el Partido Trabalhista Brasileiro o PIB (Partido Laborista de Brasil). A la larga, esta política obrera, como la de Perón en Argentina, conduce a una alianza entre los trabajadores de la industria y la burguesía industrial nacional, o sea el apaciguamiento de aquéllos y sus sindicatos, por los dueńos de las fábricas. Hasta donde el potpourri de partidos políticos brasileńos representa a grupos particulares, el PTB se ha convertido en los últimos tiempos en el instrumento mediante el cual los sectores nacionalistas de la burguesía brasileńa más industrial controlan los votos obreros. Pero esta burguesía "nacional" y, con ella, sus mesas obreras organizadas, se han hecho cada vez menos independientes de la metrópoli.
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
5. La recuperaciуn de la metrуpoli de Brasil y la resatelizaciуn
En 1945, al terminar la guerra, Vargas fue derribado. Y como la metrуpoli no se habнa recuperado aъn y necesitaba todo lo que podнa producir, sus contradicciones con los satйlites permanecieron relativamente dormidas. Brasil disponнa de grandes reserves de divisas extranjeras, sus tйrminos de intercambio eran favorables y la tasa de cambio tambiйn. La economнa parecнa estar desenvolviйndose bien, disponiendo de sus divisas acumuladas y de ciertos controles de las importaciones cuyo objeto era sustituir los bienes de consumo de afuera por los de producciуn nacional e importar mбs maquinaria para las crecientes instalaciones industriales. La importaciуn total aumentу en un 83% entre 1945 y 1951, pero la de equipos creciу en un 338%. (Furtado, 1959: 243.) Con todo, el populismo de Vargas fue eliminado y se volviу a reprimir el movimiento obrero.
En 1951, Getulio Vargas volviу a la presidencia, esta vez por elecciуn popular. Su campaсa electoral habнa tenido un marcado tono populista, nacionalista y antiimperialista. Nombrу ministro de trabajo a su correligionario del sur, Joгo (Jango) Goulart (aunque, ante Ia amenaza de ser expulsado de la presidencia, lo destituyу mбs tarde): creу la Petrobras, empresa estatal del petrуleo, y amenazу con crear una compaснa elйctrica, la Electrobrбs. La metrуpoli se recuperу despuйs de la guerra de Corea; las contradicciones metrуpoli-satйlite se volvieron a agudizar, y Getulio Vargas se suicidу, dejando la hoy famosa carta en la que acusaba a los intereses y presiones derechistas, extranjeros y nacionales, de ser los causantes de su muerte.
Lo sustituyу el presidente Cafй Filho, quien inaugurу un gobierno ultrarreaccionario que hizo recordar el de Washington Luis y anticipу el actual gobierno gorila de Castelo Branco. El gobierno de Cafй Filho se recuerda y se caracteriza mбs por la Instrucciуn 113 de la Superintendencia para la Moneda y el Crйdito (SUNCC), acerca de la cual comentу el presidente de la Federaciуn de Industrias de Sгo Paulo: "Las firmas extranjeras pueden traer todo su equipo a precios de mercado libre...; las nacionales, sin embargo, tienen que hacerlo a travйs de licencias cambiarias establecidas para las categorнas de la importaciуn. De este modo se creу una verdadera discriminaciуn contra la industria nacional. Nosotros no pedimos un tratamiento diferente, pero sн iguales oportunidades." (Brasil, 1963: 125, y Frank, 1964 b: 289.) No se las concedieron, por supuesto, sino que, al contrario, se obligу a la industria nacional a importar ъnicamente mбquinas nuevas, mientras que a las firmas extranjeras se les permitнa traer equipo de uso, gracias a lo cual pudieron producir a costos que las empresas nacionales no podнan igualar. Esta instrucciуn, esta polнtica, continuу en vigor durante todo el siguiente gobierno de Juscelino Kubitschek, hasta que el presidente Janio Quadros la modificу en 1961.
Despuйs de dos intentos de golpes militares, con los que los beneficiarios de esta polнtica quisieron impedir la toma de posesiуn del reciйn electo Kubitschek, йste gobernу la naciуn desde 1955 a 1960. Juscelino Kubitschek construyу Brasilia, pero hizo muchнsimo mбs. Intentу detener la plena reincorporaciуn de Brasil al recuperado y expansivo sistema imperialista de metrуpoli-satйlite, recurriendo al financiamiento exterior de la expansiуn interna. Esta expansiуn, como las anteriores, se financiу mediante recursos inflacionarios. Pero, a diferencia de algunas de ellas, la acompaсу una depreciaciуn de la moneda, un deterioro de Ios tйrminos de intercambio y, como antes se dijo, el financiamiento exterior. El costo de la vida subiу; los obreros se quejaron y se les aplacу con aumentos de salarios. El costo de las importaciones aumentу y йstas se financiaron mediante emprйstitos extranjeros e inversiones directas: la Instrucciуn 113 estaba aъn en vigor. Los monopolios extranjeros se establecieron en el mercado brasileсo con mбs rapidez y fuerza que en el gobierno anterior. La corrupciуn se extendнa; cada cual recibнa su tajada. Y la tasa de crecimiento anual per capita aumentу del 3% durante los gobiernos de Dutra y Vargas al 4% bajo Kubitschek. (Estimado de APEC, 1962: 27.) Pero todo no era mбs que una polнtica de aprйs moi le dйluge. Y el diluvio vino. En 1961, la tasa de crecimiento per capita era todavнa superior a un 4% anual (APEC, 1962: 27): pero en 1962 cayу a un 0,7%; en 1963, a menos del 1 % (Conjuntura Econуmica, 1964: 15), y en 1964, a menos del 6 %, o sea una reducciуn absoluta del 3% combinada con un aumento del 3% de la poblaciуn. (Conjuntura Econуmica, 1965: 11.) Y esta tasa de crecimiento es lo menos importante: es sуlo el sнntoma del subdesarrollo estructural, cada vez mбs agudo, de Brasil, necesariamente producido por su continua participaciуn en el sistema capitalista.
Los acontecimientos polнticos de estos aсos son bien conocidos de todos. A la ya famosa polнtica de "desarrollismo" de Kubitschek siguiу el populismo de Janio Quadros. Aunque sуlo contaba con el apoyo del ala derecha de la Uniгo Democrбtica Nacional (Uniуn Democrбtica Nacional) o UDN, que fundamentalmente representa al comercio de exportaciуn y otros intereses ligados al imperialismo y centrados en Sгo Paulo (cuyo gobernador habнa sido), Quadros barriу la oposiciуn electoral combinada de los laboristas del PTB y Ios agraristas del PSD con la misma escoba simbуlica con que habнa prometido barrer toda corrupciуn una vez electo. Ya en la silla presidencial, Quadros tratу de asegurarse el respaldo popular y prescindir del apoyo de los intereses econуmicos cuya candidatura polнtica habнa encabezado y, lejos de reparar las cercas rotas, rompiу las que estaban sanas. Y mбs temerariamente aъn, se enfrentу a la creciente satelizaciуn de Brasil e iniciу lo que vino a ser conocido por lнnea nacionalista "independiente" tanto en lo polнtico como en lo econуmico. Estableciу relaciones diplomбticas y comerciales con los paнses socialistas, a fin de ampliar los mercados de exportaciуn de Brasil y disminuir la dependencia del mercado norteamericano; combatiу la posiciуn de Estados Unidos en la conferencia de Punta del Este y hasta condecorу a Che Guevara al tйrmino de esa reuniуn. Dos dнas despuйs, en agosto de 1961, Quadros habнa dejado de ser presidente. Renunciу bajo presiуn, intentу aglutinar al paнs en torno a йl y a su populismo; pero se lo impidieron las mismas fuerzas econуmicas, militares y polнticas, nacionales y extranjeras, encabezadas nominalmente por Carlos Lacerda, que habнan llevado ya a Getulio Vargas al suicidio y se hacнan sentir aъn en abril de 1964.
Estos mismos grupos de intereses trataron de evitar el ascenso al poder del vicepresidente "Jango" Goulart y quisieron instalar en 1961, por la fuerza de las armas, el rйgimen que finalmente consiguieron establecer en 1964. Aquel aсo fracasaron ъnicamente por el levantamiento popular que contra ellos organizaron los elementos de la burguesнa nacional, a la cual, a diferencia de la situaciуn de tres aсos despuйs, aъn convenнa hacerlo asн. Goulart habнa hecho su caudal polнtico en el PTB apoyado en Ios elementos mбs nacionalistas de la burguesнa y los sindicatos obreros, habiendo llegado a tener sobre estos ъltimos en gran medida un control personal. Ambos grupos, especialmente en su estado natal de Rнo Grande do Sul —el mismo de Vargas—, salieron en gran nъmero a respaldarlo a йl y a la constituciуn.
La situaciуn econуmica a la que el gobierno de Goulart tuvo que enfrentarse era aъn mбs seria. Los precios subнan y la tasa de cambio bajaba con mбs rapidez todavнa que antes, mientras la producciуn descendнa, o, al menos, no aumentaba. La deuda exterior habнa Ilegado a las proporciones astronуmicas de 3.000 millones de dуlares, la mitad de ellos a ser pagados dentro de dos aсos. Era tarde, pues, para remediar la situaciуn con simples medidas de polнtica econуmica. El presidente Goulart tenнa ante sн dos caminos: o se plegaba aъn mбs a los intereses comerciales, domйsticos y extranjeros, con la vana esperanza de que salvaran tanto a Brasil como a йl, o seguнa el consejo de su cuсado Leonel Brizola (cuya resuelta acciуn polнtica en Rнo Grande do Sul le habнa permitido asumir la presidencia frente al golpe militar de agosto de 1961) de poner fin a las concesiones que sуlo servнan para hundir a Brasil y a su presidente en aguas mбs profundas. Dicho de otro modo, intentar un cambio de frente y adoptar medidas, siquiera de alcance limitado, que apuntalaran a ciertos intereses nacionales y populares.
Goulart, cualesquiera que sean sus mйritos personales, es un tнpico representante de la burguesнa nacional, cuya base econуmica era menos firme cada vez, aparte de que tal burguesнa, en un paнs satйlite, no puede actuar con verdadera independencia. Goulart vacilу y cediу cada vez mбs a las presiones de la derecha nacional y extranjera. Incapaz de hacer frente a los problemas econуmicos y a la inestabilidad en continuo aumento, fue derribado y lanzado al exilio polнtico por el mismo Carlos Lacerda y los imperialistas que lo sostenнan, castrenses mercantiles y agrarios que ya habнan despachado a los presidentes Vargas y Quadros. Esta vez, la burguesнa nacional, viendo reducidas sus utilidades por el imperialismo por una parte, y la presiуn obrera contra la tendencia a la disminuciуn del salario real, por la otra (tendencia esta ъltima que, de ser corregida, mermarнa aъn mбs sus ganancias), no se levantу en defensa de Goulart. Йl y todas las pretensiones de democracia, populismo o desarrollo nacional fueron sacrificados por todos los sectores de la burguesнa satйlite brasileсa, actuando de consuno con los representantes polнticos, militares y econуmicos de la burguesнa metropolitana de Estados Unidos.№
Comenzу, pues, el gobierno militar de Castelo Branco —parecido al de Washington Luis y Cafй Filho en su sometimiento, en parecidas circunstancies, a los intereses imperialistas y reaccionarios—, y este nuevo gobierno brasileсo entregу a los yanquis la economнa del paнs, de cabo a rabo. Ciertos sectores de la burguesнa brasileсa, a no dudarlo, estбn en contradicciуn con la metrуpoli imperialista; pero tanto las contradicciones de ellos como las de la burguesнa restante con los satйlites y el proletariado de cuya explotaciуn viven, son aъn mбs importantes. La burguesнa brasileсa, la nacional y la otra, viendo cada vez mбs limitadas por la estructura metrуpoli-satйlite nacional e internacional sus perspectivas de desarrollo lucrativo del paнs, trata hoy de mantener su posiciуn econуmica inmediata recurriendo a una mayor explotaciуn de sus trabajadores y sus satйlites y a vanas peticiones de ayuda al capital metropolitano.
En agosto de 1964, el Banco de Comercio Exterior del gobierno mexicano publicу en su mensuario Comercio Exterior lo siguiente: "[Los] recientes acontecimientos polнticos de Brasil se reflejan marcadamente en la situaciуn econуmica... La actividad econуmica del paнs sufre retraso... Los bancos restringen el crйdito al sector privado... El gobierno reduce drбsticamente los gastos, especialmente lar inversiones... Por primera vez, cientos de miles de personas ven cуmo el espectro del desempleo tome proporciones alarmantes." La polнtica econуmica del gobierno militar, aunque supuestamente se propone combatir la inflaciуn mediante una polнtica monetaria estricta, consiste, en realidad, en aumentar la explotaciуn de los trabajadores mediante el incremento de los precios y la disminuciуn de los salarios reales. En 1964, la inflaciуn era mayor que nunca, aъn mбs que bajo el gobierno de Goulart, al que los nuevos detentadores del poder acusaron de despilfarro econуmico. En los primeros seis meses de 1964, segъn cifras oficiales, a las que el mismo gobernador Lacerda acusa de no reflejar la verdad, la tasa de inflaciуn era de un 42%, cuando en los mismos meses de 1963 era de un 30%.
Al mismo tiempo, "el gobierno enviу una circular a los empresarios en la que recomienda se abstengan de conceder aumentos de salarios que creen distorsiones e imperfecciones en las estructuras salariales... La circular considera que... estableciendo aumentos periуdicos de acuerdo con el incremento en el costo de la vida, se propicia la inflaciуn; ademбs, los bancos oficiales han sido instruidos para no conceder la elevaciуn de limites de crйditos a las empresas cuyos acuerdos salariales se alejen de las medidas establecidas por el gobierno." (Comercio Exterior, 1964: octubre.) Para frustrar las presiones sindicales de que pudieran resultar tales contratos de trabajo "inflacionarios", el gobierno ha intervenido 409 gremios obreros, 43 federaciones y 4 confederaciones de sindicatos, para cada uno de los cuales ha designado un supervisor militar. La producciуn de acero de Brasil se ha reducido a la mitad. (Comercio Exterior, 1964: agosto.) Hacia el 31 de enero de 1965, el importante periуdico de Rнo de Janeiro, Correio da Manhг, seсalaba que alrededor de 50.000 de los 350.000 obreros textileros de Brasil estaban sin trabajo. "La prensa brasileсa anunciу el 12 de febrero que numerosas empresas industriales y comerciales del paнs, particularmente en Sгo Paulo, se habнan declarado en quiebra o estaban a punto de hacerlo... Los productores textiles advertнan tambiйn que todas las fбbricas de telas del paнs tendrнan que cerrar pronto por falta de mercado." (Comercio Exterior, 1965: febrero.) El 25 de marzo, el director general del Departamento Nacional de Empleo y Salario, del Ministerio de Trabajo declarу a O Globo, diario de Rнo: "En Sгo Paulo, toda la industria estб en crisis, y la metalъrgica y la textil, en particular, dejan cesantes a 1.000 trabajadores diariamente... Los negocios decaen dнa tras dнa... No sуlo hay crisis econуmica y creciente desempleo en Sгo Paulo, sino tambiйn en todo el Nordeste." (Citado por Prensa Latina, 1965: 26 de marzo.)
Nada de esto fue casual. Era consecuencia de la polнtica del nuevo ministro de Fomento, Roberto Campos de Oliveira, sucesor de Celso Furtado:
En verdad, la producciуn estб declinando. Pero, por desdicha, con ella declina tambiйn una de las grandes naciones del mundo... Como puede comprobarse, todo se ha hecho frнamente, a propуsito, con el бnimo de reducir la producciуn, que de una parte es afectada por la drбstica escasez de capital circulante (absorbido por el gobierno) y la abrupta reducciуn del crйdito bancario, y de la otra, por la reducciуn del consumo que la implacable alza de todos los precios impone. Despuйs los ministros y los funcionarios pъblicos corren a la televisiуn, tratar de explicar lo que nadie entiende. (Correio da Manhг, 1965, 31 de enero.)
Ya hemos visto parte de la explicaciуn: compensar la merma de la ganancias expoliando mбs a los trabajadores. Comercio Exterior (1965: marzo) proporciona otra parte: "Como todo parece indicar, la polнtica econуmico-financiera del profesor Roberto Campos sуlo previу una posibilidad de йxito, siquiera parcial: la de una gran inversiуn de capitales extranjeros, especialmente norteamericanos, en la economнa brasileсa". Con este fin, el gobierno militar abriу todas la puertas. Al igual que el gobierno de Cafй Filho con su Instrucciуn 113, otorgу nuevos privilegios al capital extranjero y eliminу las legales, aunque muy dйbiles, restricciones del envнo de ganancias al exterior. Para apaciguar a los intereses comerciales de Estados Unidos y a su gobierno, el rйgimen militar comprу —por 135 millones de dуlares de Estados Unidos, mбs 17,7 millones de compensaciуn por no haberlo hecho antes, mбs los intereses, o sea un total estimado en unos 300 millones de dуlares— las casi inъtiles y anticuadas instalaciones de la American and Foreign Power Company, las mismas que el propio Roberto Campos, sin autorizaciуn, habнa convenido en comprar antes por unos 70 millones de dуlares, cuando era embajador del gobierno de Goulart en Estados Unidos. (Comercio Exterior, 1964: setiembre.)
Al mismo tiempo, el rйgimen militar otorgу a la American Hanna Mining Company la autorizaciуn, solicitada hacнa tiempo, para construir un puerto privado a travйs del cual exportar el mineral de hierro de los ricos yacimientos (los mбs grandes del mundo, como se dice) que la compaснa habнa adquirido en Minas Gerais. Comercio Exterior (1964: diciembre) da a conocer lo que esto significa: "Las concesiones mineras a empresas extranjeras, especialmente la habilitaciуn de un «puerto privado» a la sociedad minera estadounidense Hanna... ha sido condenada por los cнrculos nacionalistas brasileсos por considerar que convertirб a la Hana en dueсa absoluta del mercado interno de minerales del paнs, ademбs de que terminarб por eliminar a la firma Vale do Rio Doce, empresa gubernamental de explotaciуn mineral seсalada como la sйptima del mundo por el volumen de sus exportaciones..." Con todo, el rйgimen militar abriу la puerta en ambos sentidos y "la alteraciуn de la ley sobre la exportaciуn de lucro del capital no se tradujo en la prevista entrada de dуlares sino en cuantiosas salidas... En el primer semestre del aсo en curso... las entradas de capital fueron inferiores a las salidas." (Comercio Exterior, 1964: octubre.)
La inmediata presiуn sobre los satйlites internos y los trabajadores de Brasil y la correspondiente paralizaciуn a corto plazo del desarrollo econуmico se manifiestan en la merma del "crecimiento" del ingreso nacional per capita, de un 4% anual entre 1957 y 1961 (Plano Trienal, 1962) a cero en 1962, a -1% en 1963 (Conjuntura Econуmica, 1964: 15), a -6 % en 1964. (Conjuntura Econуmica, 1965: 11.) Esta tendencia y esta polнtica han traнdo tambiйn consigo la entrega total de la economнa brasileсa —no sуlo en la minerнa—, a la metrуpoli norteamericana (a corto plazo), y el seguro presagio de un subdesarrollo estructural aъn mбs profundo (a la larga).
La prensa de Sгo Paulo informa —mes de febrero— que causado gran malestar la noticia de que la empresa nacional Mineracгo Geral do Brasil va a ser liquidada, siguiendo los palos de otras firmas brasileсas que estбn en trбmite para ser vendidas a extranjeros. El propietario de la Mineracгo Geral do Brasil confirmу que habнa presentado una solicitud de convenio preventivo con los acreedores de esa firma, ante los tribunales de justicia, en vista de la crisis generada por el debilitamiento del mercado interno. La operaciуn que se efectuarб con la Continental Company (de Cleveland, Estados Unidos), serб de 70 millones de dуlares, garantizados por organismos financieros internacionales. Para justificarse, el dueсo de la Mineracгo Geral dijo que en un mercado frбgil como el brasileсo, la caнda de la oferta con la salida de la empresa del mercado, provocarнa consecuencias imprevisibles para la economнa del paнs. Para evitar el cierre de sus negocios, optу por convertir en dуlares la industria siderъrgica mбs importante del paнs, con una producciуn anual de 300.000 toneladas de acero, o sea mбs del 12% del total nacional. (Comercio Exterior, 1965: febrero.) (Ver un tratamiento mбs detallado, en Frank, 1965 b.)
1. Estas consecuencias econуmicas del imperialismo norteamericano en Brasil se examinan con mбs detalle en mi Explotaciуn o ayuda y sobre los mecanismos imperialistas (Frank, 1963, 1964b), y los antecedentes polнticos del golpe militar de abril en Frank, 1964 a.
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
6. El desarrollo colonialista interno y el subdesarrollo capitalista
Las causas y la naturaleza del cada vez mбs profundo subdesarrollo de Brasil no residen, pues, en tales lнneas y acontecimientos inmediatos, sino como hemos dicho, en el capitalismo mismo. Para comprender In verdadera naturaleza de la crisis contemporбnea de Brasil, podemos volver al pasado para examinar la estructura metrуpoli-satйlite capitalista y el proceso de polarizaciуn contemporбnea, concentrбndonos primero en las manifestaciones nacionales y despuйs en las internacionales.
En el nivel nacional la polarizaciуn aparece mбs llamativamente quizбs, en la concentraciуn de la actividad econуmica en Sгo Paulo y en el creciente empobrecimiento relativo y absoluto del resto del paнs. La concentraciуn de la producciуn industrial en Sгo Paulo ha avanzado como sigue: 1881, 5%; 1907, 16%; 1914, 20%; 1920, 33%; 1938, 43%; 1959, 54%. (Vйase pp. 170-71). En el perнodo de 1955 a 1960, a pesar de la construcciуn de Brasilia y del establecimiento de la SUDENE (Superintendencia de Desenvolvimento do Nordeste), la entidad a cargo del fomento de esa regiуn, el 75% de las inversiones nacionales y extranjeras en el Brasil fueron a Sгo Paulo. (Conselho Nacional, 1963: 112.) Y es de presumir que la producciуn industrial continъa concentrбndose en Sгo Paulo en el mismo grado.
Mientras, el estado de Bahнa, en el Nordeste, que tenнa el 25% de la producciуn industrial brasileсa en 1881, cayу al 3,1% hacia 1950 y al 1,7% en 1959 (pбgs. 170-71 y Conselho Nacional, 1963: 267). De hecho, los once estados del Norte y el Nordeste combinados, con el 32% de la poblaciуn del paнs en 1955, produjeron el 12,4% de la producciуn industrial brasileсa en 1950 y el 9,9% en 1959 (Conselho Nacional, 1963: 267), y recibieron el 20% del ingreso nacional del paнs en 1947, el 16,1% en 1955 y el 14,5% en 1960. (Estimado de APEC, 1963: 14.) Esta disminuciуn del ingreso relativo sуlo es parte de la historia. Hasta el ingreso absoluto per capita de los mismos once estados tambiйn declinу, de 9.400 cruzeiros en 1948 a 9200 en 1959 mientras que el ingreso per capita de Guanabara, que incluye a Rнo de Janeiro, aumentaba de 63.000 a 69.000 cruzeiros (APEC, 1962: 24 y anexo 2-VII). El estado mбs pobre, Piauн, en el Nordeste, tenнa en 1958 un ingreso per capita de 4000 cruzeros mientras que el de Guanabara era de 52.000, a precios corrientes. (APEC, 1962: 24.) Clidenor Freites, psiquiatra de Piauн que construyу en el estado un hospital de dementes antes de convertirse en presidente del sistema de seguridad social de Brasil, me asegurу que Piauн posee el mбs alto нndice de enfermedades mentales de todo Brasil y que йstas se originan, principalmente, por la desnutriciуn.
La distribuciуn de los ingresos personales, tanto nacional como regionalmente, aumenta con desigualdad a medida que la inflaciуn crece. Esto beneficia a los propietarios, puesto que el valor de la propiedad sube, y castiga a los jornaleros y asalariados, cuyos ingresos no se mantienen a la par de los precios. Asн, pues, una pequeсa disminuciуn del ingreso per capita medio, en estados como los del Norte y el Nordeste, significa una gran disminuciуn del ingreso absoluto de la inmensa mayorнa.
La poblaciуn trabajadora o cesante del centro industrial de Sгo Paulo no se beneficia tampoco, necesariamente, con este cambio de la distribuciуn del ingreso. Los que se benefician son los burgueses y sus aliados metropolitanos, al paso que los ex-campesinos y los trabajadores cesantes encuentran reducidos sus ingresos por la inflaciуn de los precios y el estancamiento econуmico. Es asн como el sistema capitalista no sуlo lo dividen las relaciones coloniales de metrуpolis y satйlites, sino tambiйn las de clase, el hecho de que los desposeнdos vivan en la metrуpoli de Sгo Paulo o en la de Rнo de Janeiro, en lugar de vivir en los satйlites provinciales, difнcilmente los protege contra la satelizaciуn y la explotaciуn capitalista.
їCуmo tiene lugar esta polarizaciуn de la economнa capitalista interior de Brasil? Entre sus rasgos salientes podemos contar: a) las inversiones privadas, asн las nacionales como las extranjeras, se concentran en la metrуpoli nacional; b) las inversiones pъblicas se concentran asimismo en la metrуpoli nacional y, como ocurre en el plano global, en algunas de las бreas circundantes que suministran electricidad o materias primas a la metrуpoli nacional o a la internacional; c) la estructura de los impuestos es regresiva, pues pesan mбs, proporcionalmente, sobre los pobres que sobre los ricos; d) una sistemбtica y casi continua transferencia de capitales o de excedentes econуmicos del Nordeste y otras regiones satйlites, como seсala mi modelo, de los que se apropia la metrуpoli nacional en el Sur, para usarlos parcialmente en su propio desarrollo y, fundamentalmente, en el de su propia burguesнa. Esta transferencia de capitales, o apropiaciуn-expropiaciуn de excedentes econуmicos, pueden ser convenientemente estudiados en las siguientes divisiones: a) tйrminos de intercambio interiores, en contra de los satйlites y a favor de la metrуpoli nacional; b) traspaso de las divisas, de los satйlites que las obtienen a la metrуpoli nacional que los gasta; c) estructura, federalmente controlada, de los precios de importaciуn, que subvenciona a las importaciones de la metrуpoli nacional en comparaciуn con las de los satйlites; d) traslado del capital humano, de los satйlites que invierten en йl a la metrуpoli que se beneficia de йl, y e) servicios que representan una transferencia "invisible" de dinero de los satйlites nacionales a la metrуpoli nacional. De estos mecanismos, junto con otros, como la estructura de los impuestos y los gastos pъblicos, resulta una gran remesa de capitales de los satйlites interiores a la metrуpoli nacional. Esta transferencia sуlo se hace mбs lenta o se modifica en aсos "malos", de depresiуn.
Estos aspectos de la estructura metrуpoli-satйlite interior son anбlogos, a su vez, a los de la estructura internacional.
a. Tйrminos de intercambio interiores: El economista norteamericano Werner Baer observa:
El Nordeste... tuvo que obtener sus suministros de las nuevas y costosas industrias del centro-sur (Sгo Paulo). Esto ha significado, de hecho, el deterioro de tos tйrminos de intercambio del Nordeste y ha originado dentro de Brasil una transferencia de recursos como la que tan a menudo menciona Prebish respecto a la posiciуn de Amйrica latina frente al mundo desarrollado... [La prбctica] que ha llevado al Nordeste a comprar en el Sur, y no en el extranjero, bajo condiciones de venta menos favorables, entraсa una transferencia de capitales de la regiуn mбs pobre a la mбs rica del paнs. Se asegura que la magnitud de esta transferencia puede ser estimada. (Baer, 1964: 278.)
Durante el perнodo de 1948 a 1960, la relaciуn del нndice de Ios precios de exportaciуn del Nordeste (medidos por los de las exportaciones brasileсas, excepto el cafй) respecto al de los precios al por mayor descendiу de 100 a 10. Si en este descenso se toman en cuenta las variaciones del tipo de cambio contra el dуlar, la disminuciуn de los precios interiores del Nordeste fue de 100 a 48, (Baer, 1960: 279-280.) Al mismo tiempo, los tйrminos de intercambio internacionales disminuyeron tambiйn en perjuicio del Nordeste.
b. Traspaso de divisas: En el estudio que condujo a la creaciуn de la famosa SUDENE, el Conselho do Desenvolvimento do Nordeste informу:
El Nordeste no utilizу el total de sus ganancias en divisas generado por sus exportaciones. Alrededor del 40% de tales divisas fue transferido a otras regiones del paнs... Suministrando crйditos extranjeros al centro-sur, el Nordeste ha estado contribuyendo al desarrollo de aquйl con un factor del que los sureсos estбn escasos: capacidad para importar. (1959: 18, 24, citado por Baer, 1960: 278.)
El valor medio de las exportaciones [al extranjero] del Nordeste subiу de $ USA 165 millones en 1948-1949 a $ USA 232 millones en 1959-1960, mientras que el valor de las importaciones [del extranjero] cayу de 97 millones de dуlares a 82 millones de dуlares. Durante muchos de los aсos de la posguerra, el excedente del comercio exterior del Nordeste alcanzу para cubrir los dйficit de la balanza comercial del resto del paнs y, a veces, otros dйficit de la balanza de pagos. (Baer, 1964: 278.)
Sirviйndose de los estimados del Conselho y otros datos, Baer calcula que en el perнodo de 1948 a 1960 se transfirieron del satйlite del Nordeste a la metrуpoli sureсo, 413 millones de dуlares por la vнa de este mecanismo solamente, para un promedio de 38 millones anuales, promedio que se elevу a 74, 59 y 84 millones de dуlares en los aсos de 1958, 1959 y 1960, respectivamente. (Baer, 1960: 280.)
c. Control federal de los precios de las importaciones:
Otra carga sobre la economнa nordeste de Brasil, que los funcionarios de la SUDENE no han analizado explнcitamente, es el efecto del "agio" sobre los tipos de cambio brasileсos. Las importaciones que vienen para el Nordeste pagan tipos bastante altos en comparaciуn con los de las importaciones "subsidiadas", como las de bienes de producciуn [que principalmente se usan en el Sur]. El producto de estos tipos de cambio ha sido usado por las autoridades cambiarias para apuntalar la economнa del cafй, centrada principalmente en el Sur. Los superбvit de los balances del agiotaje han aumentado tambiйn la capacidad del Banco do Brasil para otorgar prйstamos que en gran proporciуn benefician al Sur. Puede calcularse el grado de "tributaciуn" del Nordeste, que esta operaciуn implica. (Baer, 1960: 281.)
d. Traslado del capital humano: Baer asegura que no se dispone de suficientes datos para determinar si los emigrantes [del Nordeste al Sur] son los mбs calificados y hбbiles de la regiуn, lo que tambiйn constituirнa un drenaje de ella. Se sabe que los mejores talentos de los grupos profesionales han emigrado al Sur, causando asн carencias de consideraciуn [en el Nordeste]. (Baer, 1960: 276.) Algunos profesionales emigran a la metrуpoli nacional; otros no se detienen allн y siguen a la internacional: Estados Unidos. Aunque se reconoce que los datos a este respecto no son concluyentes, se tienen buenas razones para creer que este patrуn de la emigraciуn interior del satйlite a la metrуpoli es fidedigno. (Hutchinson, 1963.) Lo que no admite discusiуn es que los emigrantes se alimentaron y educaron —hasta donde recibieron educaciуn— en la regiуn satйlite, a expensas de йsta, durante su improductiva niсez, sуlo para abandonar aquйlla y pasar para su etapa adulta productiva en la metrуpoli.
e. Servicios que representan una transferencia invisible de capital: Los datos brasileсos al respecto de esta partida "invisible", claro estб son insuficientes. Pero eso no le resta importancia. El Fondo Monetario Internacional y la CEPAL proporcionan datos (con exclusiуn de Cuba) que indican que los desembolsos latinoamericanos de divisas en servicios "invisibles" pagados al extranjero —transporte y seguros, utilidades transferidas al exterior, servicio de la deuda, viajes, otros servicios, donaciones, fondos remitidos al exterior y errores y omisiones— absorbieron y transfirieron a la metrуpoli el 61% del total de divisas que Amйrica latina obtuvo durante el perнodo de 1961-1963. (Frank, 1965a: 43.) Estos servicios tienen contrapartidas internas y es de presumir que manifiestan una apreciable transferencia de fondos, dentro de Brasil, del satйlite a la metrуpoli, al igual que mitre Brasil (u otros satйlites) y la metrуpoli capitalista internacional. (Frank, 1963, 1964 b.) Sin el complemento de tales remetas del satйlite a la metrуpoli, por servicios o atenciones financieras, seria difнcil explicar el perenne excedente en la balanza comercial (de las exportaciones sobre las importaciones) de los satйlites interiores, y el dйficit de la balanza comercial (importaciones en exceso de las exportaciones) de la metrуpoli nacional, o la diferencia entre la balanza comercial de la metrуpoli nacional que muestra un dйficit, y su balanza de pagos, que muestra un superбvit.
Como resultado de йstos y otros mecanismos, y de conformidad con mi modelo y mis hipуtesis, Sгo Paulo tuvo un excedente en su balanza comercial con otras regiones de Brasil y con el mundo, como indica el exceso de las exportaciones sobre las importaciones (presumiblemente de bienes) a travйs de su puerto de Santos durante la segunda mitad del siglo XIX cuando aъn no era la metrуpoli nacional de Brasil. (Ellis, 1937: 426, cuyos datos cubren los aсos de 1857-1862 v 1877-1886.) En el siglo XX (los datos en Ellis, 1937: 512, comienzan en 1907), Sгo Paulo, por el contrario, muestra un dйficit comercial continuamente grande; esto es, un exceso de las importaciones de otras regiones sobre las exportaciones a otras regiones, a travйs del cabotaje del puerto de Santos, hasta el aсo 1930. Esta fecha final tiene considerable significaciуn: Sгo Paulo era ya la metrуpoli nacional. Asн, pues, importa sistemбticamente mбs de otras regiones brasileсas que lo que les exporta a travйs de Santos.
їCуmo puede Sгo Paulo tener mбs importaciones que exportaciones de mercancнas y pagarlas un aсo tras otro? Ellis responde que ello se debe a las grandes ganancias de su comercio de exportaciуn. Parte de la respuesta debe estar en ganancias que no aparecen en los embarques por el puerto de Santos: ganancias en la exportaciуn de servicios "invisibles". Pero la balanza de pagos de Sгo Paulo con paises extranjeros en lo que respecta a prйstamos u otros servicios, no muestra superбvit alguno. Como todos los satйlites, Sгo Paulo tiene una balanza de pagos deficitaria y un dйficit en au cuenta de servicios con la metrуpoli del sistema capitalista mundial. Podemos desechar tambiйn la posibilidad de un exceso de las exportaciones por tierra sobre las importaciones de regiones brasileсas vecinas durante este periodo (probablemente fueron mбs tambiйn las importaciones por tierra que las exportaciones). Nos quede, puts, la explicaciуn de que Sгo Paulo paga su exceso de lo que importe sobre lo que exporta a otras regiones de Brasil (como tambiйn, quizбs, parte del dйficit de su balanza de pagos con el extranjero) con las ganancias que obtiene de los capitales que transfiere desde otras regiones de Brasil y expropia a ellas. La pregunta que queda por responder es si este drenaje de capital de los satйlites a la metrуpoli nacional paulista debe llamarse pagos o ganancias de servicios prestados.
Este corriente de fondos del satйlite a la metrуpoli en razуn de servicios "invisibles" es tan grande que permite a las metrуpolis nacionales de Sгo Paulo y Rнo de Janeiro pagar sus cuantiosos excesos de las importaciones desde el interior sobre las exportaciones, y tambiйn convertir el dйficit comercial interno de la cuenta de mercancнas en un gran superбvit de la balanza de pagos. Los satйlites interiores brasileсos tienen en su balanza de pagos con la metrуpoli nacional, un dйficit sistemбtico, no obstante el hecho de que la balanza comercial del Nordeste con respecto a Sгo Paulo es favorable a aquйl, y lo es aъn mбs con respecto al mundo exterior. "El Nordeste ha tenido dйficit perennes [en su balanza de pagos] con el resto del paнs [en el perнodo posterior a la guerra], principalmente el centro-sur, y estos dйficit han estado creciendo en los ъltimos aсos de la dйcada de 1950. Estos dйficit han promediado alrededor del 25% de sus aportaciones o el 20% de su mayor volumen de importaciones de bines y servicios de otras regiones." (Baer, 1964: 278, 279.)
Otra observaciуn parece ser consecuente con mi modelo y mis hipуtesis: cuando vino la depresiуn, Sгo Paulo dejу de tener un dйficit en sus exportaciones de mercancнas hacia el interior para traer un superбvit en su cuenta de mercancнas con otras regiones de Brasil. Hasta 1929, las importaciones por cabotaje fueron muy superiores a las exportaciones, excepto en aсos de recesiуn, como los de 1923 y 1924. En 1930 las importaciones disminuyeron en gran medida; en 1931, eran casi iguales a las exportaciones, y en 1932 y 1933 (fin de la serie), las exportaciones a otras regiones excedieron lo que Sгo Paulo importу de otras regiones. (Ellis, 1937: 512.) En йpocas "buenas", los satйlites son mбs explotados por la metrуpoli; en las malas se les explota menos.
Pudiera creerse que las regiones agrнcolas y aъn mбs las llamadas a menudo "feudales", como el Nordeste, se abastecerнan a sн mismas en comestibles. Lejos de ello, al igual que los satйlites capitalistas "agrнcolas" de la metrуpoli mundial, como Amйrica latina y Brasil en conjunto, sus regiones monoexportadoras "agrнcolas" en realidad importan vнveres. El Nordeste brasileсo consume del 30 al 40% de sus desembolsos en importaciones regionales de comestibles. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1959: 47.) їHace esto del Nordeste una regiуn aislada, "feudal", precapitalista, como quiere el modelo de la sociedad dual? їO hace de йl lo que ha sido siempre: una legiуn satйlite explotada por el capitalismo?
El papel del comercio y las finanzas esclarece algo mбs esta cuestiуn. Es principalmente por medio del monopolio comercial que las metrуpolis nacional y regional contemporбneas (y la metrуpoli internacional) explotan a sus satйlites y se apropian del excedente econуmico de йstos. Podemos probarlo de muchos modos. (Este problema se examina con mбs detalle en las pбginas 241-267.) En el conjunto de Brasil, el 23% de la poblaciуn ocupada en el sector terciario recibe el 47% del ingreso nacional; en el Nordeste de "agricultura de subsistencia aislada", el 15% del sector terciario recibe el 46% del ingreso; en el norte recibe el 49%. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1958: 52; APEC, 1963: 17, y Baer, 1964: 274, dan datos similares acerca de la distribuciуn del ingreso por sectores.) Los receptores importantes de ingresos del sector terciario no son, claro estб, trabajadores de cuello y corbata o empleados de establecimiento, de servicios, sino comerciantes y financieros. En el Nordeste, el 21% del ingreso va al comercio, a los intermediarios de las finanzas y a los arriendos; de este total, el 17,6% fue al comercio en 1958-1960. (Baer, 1964: 274; APEC, 1963: 17.) Un pequeсisimo nъmero de grandes comerciantes reciben la parte del leуn de este 46% del ingreso terciario regional. Ademбs, los grandes terratenientes, cuyo ingreso se atribuye oficialmente a la agricultura, reciben, en realidad, la mayor parte de ese ingreso del comercio y de las finanzas; por consiguiente, la proporciуn real del ingreso "ganado" en el comercio y las finanzas es mucho mбs de lo que la cifra indica.
El monopolio comercial del sistema capitalista en las бreas rurales se vincula нntimamente a la estructura de la tenencia de la tierra. En Brasil, en 1950, el 80% de los que dependнan de la agricultura poseнan el 3% de la tierra; el 97% restante pertenecнa al 20% de la poblaciуn agrнcola, del que el 0,6% poseнa mбs del 50 %, incluyendo las mejores tierras (vйase pp. 241-247). A su vez, este control monopolista de la tierra permite que estos pocos propietarios participen, a menudo fundamentalmente, de la estructura general del capitalismo como comerciantes monopolistas.
Que la estructura socioeconуmica, supuestamente precapitalista o aun feudal, de las бreas rurales es parte integrante de toda la estructura metrуpoli-satйlite del capitalismo, puede demostrarse tambiйn mediante los cambios de la concentraciуn de la propiedad de la tierra y la variaciуn de los niveles de vida de la poblaciуn rural en cuanto a tiempo y lugar. La tierra en el sur, especialmente en el estado de Paranб, y tambiйn, antes, en el mismo Sгo Paulo, en el que la tierra se dividiу en propiedades relativamente pequeсas, vino a concentrarse en latifundios precisamente cuando fue invadida por la expansiуn capitalista del cafй y otros cultivos comerciales. La consecuencia de este desarrollo capitalista fue el descenso del nivel de vida de gran parte de Ios propietarios de tierra. Durante las expansiones capitalistas de las dйcadas de 1920 y 1940 y la menor de 1950, la concentraciуn de la propiedad de la tierra aumentу, los arrendatarios fueron convertidos en jornaleros agrнcolas y el nivel de vida de la mayorнa de la poblaciуn descendiу. Durante la dйcada de 1930, por el contrario, y en algunos lugares durante la de 1950, estas tendencias se invirtieron y hubo, pues, desconcentraciуn de la propiedad, aumento de terratenientes pequeсos y arrendatarios y niveles de vida mбs altos para la poblaciуn rural. Pero cuando Estados Unidos quitу a Cuba su cuota azucarera y la distribuyу entre naciones "amigas", Brasil entre ellas, y en consecuencia aumentу por breve tiempo la demanda de azъcar del Nordeste, se sembrу caсa hasta en las casas de los campesinos, como dijo el hoy encarcelado gobernador de Pernambuco, y los niveles de vida bajaron en consecuencia. Asн, pues, la agricultura brasileсa, lejos de ser una economнa de subsistencia aislada, feudal o precapitalista, como sugiere el modelo dualista, es y reacciona como parte del sistema capitalista cuyo comportamiento seсala nuestra hipуtesis: involuciуn en respuesta al aflojamiento de los lazos con la metrуpoli y desarrollo coartado en respuesta al fortalecimiento de los mismos.
Esta estructura metrуpoli-salйlite monopolista no se detiene en el nivel interregional, sino que se extiende al intersectorial. Por tanto, puede decirse que a la estructura metrуpoli-satйlite corresponden las relaciones entre una industria y otra, entre una firma y otra de la misma industria. Los sectores o las empresas de tecnologнa avanzada tienen sus propias fuentes de capital o acceso relativamente fбcil al capital exterior, y mantienen una relaciуn monopolista de metrуpoli y satйlite con las casas que carecen de esta tecnologнa y este capital, y trabajan con tйcnicas que exigen mбs de los obreros. Este contraste se manifiesta particularmente entre las grandes firmas extranjeras, que cuentan con las facilidades tecnolуgicas y de crйdito de sus operaciones mundiales, y las firmas brasileсas. Pero aproximadamente, las mismas relaciones existen tambiйn entre las pocas empresas brasileсas grandes, que ademбs suelen estar vinculadas de uno u otro modo a firmas extranjeras y la multitud de casas brasileсas medianas y pequeсas de la misma industria.
La relaciуn puede verse en la estructura de sus operaciones de compra y venta entre sн, y es evidente, en particular, cuando a las firmas extranjeras se les otorgan privilegios especiales, como ha ocurrido bajo el presente gobierno militar, manteniendo las del paнs sin crйditos. Esto da una fuerte ventaja competitiva a las casas extranjeras y a las nacionales que gozan de relativa solidez tecnolуgica y financiera, sobre las firmas medianas y pequeсas, las cuales se ven forzadas a cenar sus puertas y a entregar sus valores a las empresas grandes o extranjeras.
El actual gobierno militar estб aсadiendo otro mecanismo a la ventaja de que ya disponen las grandes empresas: hace que las cargas fiscales dependan, no de las ganancias de la compaснa, sino de su nуmina salarial. Asн es como las compaснas grandes obtienen ganancias relativamente grandes, mientras que las pequeсas, por estar menos capitalizadas, han de pagar mano de obra relativamente mayor, el resultado es obvio. No es extraсo que el gran comercio extranjero y brasileсo y la burguesнa a йl asociada no se duelan de una polнtica monetaria y fiscal que en apariencia daсa a los negocios. Como todo lo de la estructura capitalista, aquella polнtica no hiere a todos del mismo modo.
Todas estas clases de apropiaciуn comercial —mercantilista, pudiera decirse— del excedente econуmico y la plusvalнa de los productores y consumidores agricolas e industriales, son, por supuesto, posibles —yo debiera decir necesarias— sуlo porque explotadores y explotados forman parte del mismo sistema monopolista. Los terratenientes y comerciantes de la metrуpoli local que explotan a sus satйlites, los trabajadores y consumidores agrнcolas, son instrumento de la metrуpoli regional, de la cual son satйlites, y cuya burguesнa regional es, a su vez, el medio de explotaciуn de la metrуpoli y la burguesнa nacional, y asн hasta la metrуpoli y la burguesнa mundial, cuyo medio de explotaciуn y subdesarrollo creciente de los paнses satйlites es, inevitablemente, la burguesнa nacional.
A despecho de todas las contradicciones menores, la burguesнa de estas metrуpolis capitalistas locales, regionales, nacionales y mundiales se interesa en la preservaciуn de este sistema. La iniciativa y la acciуn polнtica efectiva para transformar esta sociedad y permitir un genuino desarrollo econуmico y humano corresponden, necesariamente, a las clases explotadas de los satйlites capitalistas, rurales y urbanos.
C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO
7. Desarrollo imperialista y subdesarrollo capitalista
Para completar nuestro anбlisis del subdesarrollo brasileсo y las crisis polнtica contemporбnea del paнs, debemos proceder a un examen mбs profundo de las recientes relaciones internacionales de Brasil con la metrуpoli capitalista y de sus efectos sobre nuestro problema. Vuelvo a recordar que, aunque las examino separadamente, las estructuras metrуpoli-satйlite, internacional y nacional, del capitalismo estбn inseparablemente entretejidas.
Aunque refiriйndonos siempre a mi modelo y mi hipуtesis, tratarй de ir peso a peso de las causas mбs superficiales a las mбs profundas de este subdesarrollo. Celso Furtado, en su libro Dialйctica do Desenvolvimento, publicado en la primavera de 1964, йpoca del golpe, observa y explica "Ias causas econуmicas de la presente crisis":
Los factores en que se fundaba el proceso de industrializaciуn se agotaron, al parecer, antes de que la formaciуn de capitales llegara al grado necesario de autonomнa respecto al sector externo. Este hecho parece indicar que las dificultades que el paнs ha estado encarando en tiempos recientes son mбs profundas de lo que al principio se sospechaba. Se tienen pruebas suficientes de que la industrializaciуn acercу mucho a Brasil al punto en que el desarrollo se convierte en un proceso circular acumulativo que crea sus propios medios para mantenerse en marcha. Hasta se puede decir que, de no haber sido por la gran disminuciуn de los tйrminos de intercambio a partir de 1955, Brasil habrнa llegado a ese punto decisivo en el curso de esta dйcada de 1960. (Furtado, 1964: 120.)
Traducido a nuestros tйrminos, Furtado mantiene, pues, que Brasil estuvo a punto de escapar del cнrculo vicioso de los lazos capitalistas de metrуpoli y satйlite, con sus aflojamientos y sus reforzamientos; que a travйs de un creciente capitalismo nacional, Brasil se zafу casi de la tenaza del sistema imperialista mundial y que fracasу sуlo porque despuйs de 1955 sus tйrminos de intercambio declinaron.
Este йnfasis en el muy cierto e importante cambio adverso de los tйrminos de intercambio del satйlite, que universalmente se subraya en las publicaciones oficiales de los paнses satйlites y las organizaciones internacionales, y hasta en los eruditos estudios de los economistas de la metrуpoli capitalista, sirve a menudo para desviar la atenciуn de los problemas y causas fundamentales del subdesarrollo y pobreza crecientes de los paнses satйlites. Ademбs, Paul Baran, entre otros, seсalу que para aquellos paнses cuyo comercio de exportaciуn estб principalmente en manos extranjeras, una caнda de Ios precios de sus productos de exportaciуn no los daсa mucho necesariamente, puesto que las ganancias de ese comercio, reducidas o no, van de todos modos a empresas de la metrуpoli capitalista. (Baran, 1957: 231-234) Brasil se encuentra en este sentido en una mejor posiciуn que algunos otros paнses exportadores de materias primas. No obstante, la importancia que tienen para Brasil las variaciones del precio del cafй estб sujeta hasta cierto punto, como hemos visto, a esta reserva.
La siguiente explicaciуn de la renovada vuelta de Brasil al subdesarrollo intenta ser mбs amplia. Podemos reconocer en este giro de los sucesos otro ejemplo de una caracterнstica del sistema capitalista y de su desarrollo: la norma del fortalecimiento de los lazos metrуpoli-satйlite que acompaсa a la recuperaciуn de la metrуpoli. Esta norma provoca en el satйlite esfuerzos necesariamente estйriles por hacer frente a esa amenaza, una consiguiente estrangulaciуn del desarrollo mбs autуnomo que se acometiу en el perнodo anterior y la reorientaciуn del paнs hacia un subdesarrollo mayor.
En la dйcada de 1950, despuйs del perнodo de involuciуn capitalista activa durante la depresiуn y la guerra, vimos reaparecer esencialmente la misma norma que observamos durante la depresiуn brasileсa de la primera mitad del siglo XIX, durante los ъltimos aсos de esa centuria, despuйs de la expansiуn del cafй; durante la dйcada de 1920, despuйs de la involuciуn de la primera guerra mundial, y de nuevo en nuestros dнas: a) inflaciуn; b) devaluaciуn; c) fluctuaciones de los tйrminos de intercambio; d) financiamiento externo, y e) reintegraciуn de la economнa del satйlite en la de la metrуpoli, renovado ejercicio del poder monopolista metropolitano y nuevo apoderamiento del satйlite por la metrуpoli. Idйnticas caracterнsticas observamos en nuestro examen de los aсos recientes.
El mismo Celso Furtado seсala que la inflaciуn, cuando se combina con circunstancias de devaluaciуn y deterioro de los tйrminos de intercambio, no puede en modo alguno desempeсar la misma funciуn de estimulo del desarrollo que tuvo durante las dйcadas del 30 y el 40, cuando el tipo de cambio de Brasil y sus tйrminos de intercambio mejoraron y, por asн decirlo, proporcionaron un impersonal y automбtico financiamiento externo de la inflaciуn. (Furtado, 1964: 117-118.) El mismo autor seсala, ademбs, que en similares circunstancias de devaluaciуn y deterioro de los tйrminos de intercambio a fines de la dйcada del 50, el financiamiento externo, en forma de emprйstitos extranjeros, y las inversiones no pueden salvar la situaciуn, sino, mбs bien empeorarla. El financiamiento externo mediante prйstamos e inversiones no sustituye al financiamiento externo mediante el mejoramiento de los tйrminos de intercambio, mucho menos cuando йstos estбn en deterioro. En tales circunstancias, la inflaciуn y el financiamiento externo sуlo pueden conducir a la consecuencia inevitable del apoderamiento imperialista del paнs.
Tal fue la consecuencia del similar desenvolvimiento de las fuerzas econуmicas y polнticas a comienzos de siglo; en la dйcada de 1920, bajo la mano rectora del presidente norteamericanуfilo Washington Luis, e inevitablemente, durante el desarrollo econуmico y los programas de economнa polнtica de los presidentes Cafй Filho, Juscelino Kubitschek y sus sucesores, a despecho de todas las otras circunstancias. Asн, pues, mi modelo y mis hipуtesis se aproximan, al menos, a la explicaciуn del renovado estrangulamiento del desarrollo de Brasil y la reorientaciуn del paнs hacia el subdesarrollo, acompaсado de la recaнda en un gobierno ultraderechista que busca (con beneficios para sн mismo) la ayuda del lobo para proteger al pueblo brasileсo contra el voraz apetito del mismo lobo.
Pero otras circunstancias refuerzan esta tendencia. Ha habido importantes transformaciones, no de la estructura del sistema capitalista, sino dentro de ella, en los niveles internacionales y nacional brasileсo desde 1929, punto de partida de la involuciуn activa de Brasil que ahora ha dado paso al nuevo subdesarrollo.
Entusiastas confesos del capital extranjero y de las mбs intimas relaciones de Brasil con Estados Unidos, reunidos en la APEC Editora, S. A., publicaron no hace mucho un excelente estudio de la situaciуn:
Gracias a su dependencia pasiva de la balanza de pagos, sostenida por siglos de monocultivo, la economнa brasileсa ha merecido el nombre de economнa "refleje". En el presente pagamos con cafй nuestro pan, nuestro combustible, nuestra civilizaciуn. Durante los ъltimos treinta aсos, especialmente en los de la segunda guerra mundial, el proceso de industrializaciуn y diversificaciуn de la economнa se ha intensificado; pero el descenso de la producciуn agrнcola frente al aumento de la poblaciуn, y el progresivo deterioro de los tйrminos de intercambio, prueban que no nos hemos liberado de este cнrculo vicioso. La industrializaciуn sustituyу muchas importaciones; pero al mismo tiempo nos impuso una dependencia aъn mбs rнgida del intercambio, en forma de materias primas, combustibles, piezas de repuesto, mбquinas, tecnologнa y capital. En aсos recientes, en vez de replegarse ante las naturales limitaciones de la economнa, el esfuerzo industrializador se ampliу con una afluencia de capital extranjero, no tan atraнdo por un clima favorable a las inversiones como, principalmente, por claras ventajas arancelarias y por razones de polнtica comercial y de defensa nacional. El aspecto mбs importante de esta industrializaciуn es el que impone una integraciуn e interconexiуn mбs profundas de la economнa [con el extranjero] y la hace mбs vulnerable a los cambios de la suerte. (APEC, 1962: 93.)
Este breve resumen contiene en germen varias verdades importantes acerca del deplorable estado y tendencia de los asuntos de la economнa brasileсa. Pero los citados autores atribuyen en general todas las causas de la dependencia brasileсa al problema de los tйrminos de intercambio y a la vulnerabilidad para importar a que Brasil queda expuesto con ello. Se echa asн a los pobres tйrminos de intercambio mucha mбs responsabilidad de la que en realidad les corresponde por el subdesarrollo. Las otras causas circunstanciales que estos observadores resumen tienen mayor importancia por sн solas que por su relaciуn con el problema de los tйrminos de intercambio.
Examinemos el problema de la sustituciуn de las importaciones. La mayor parte del proceso de la expansiуn industrial brasileсa de las ъltimas dйcadas se encaminу a producir en Brasil los productos que antes se importaban o los que, siendo nuevos en el mercado mundial, de otra forma tendrнan que importarse. La sustituciуn de las importaciones, ahora que la fuente del monopolio metropolitano no pesa tanto sobre la producciуn industrial en general, como sobre ciertos ramos de la industria y la tecnologнa, ha sido ampliamente recomendada a los paнses subdesarrollados por los asesores econуmicos metropolitanos como primer y mбs importante paso hacia la industrializaciуn y el desarrollo. Tal sustituciуn, sin embargo, cuando se emprende dentro del marco y estructura del sistema capitalista, no conduce a la salvaciуn augurada, sino que por fuera debe ser un nuevo paso hacia una mayor dependencia de la metrуpoli y un subdesarrollo estructural mбs profundo. Y asн ha ocurrido en Brasil.
La selecciуn de los productos cuya importaciуn se ha de sustituir por la elaboraciуn en el paнs, se funda en diversos criterios: gastos de instalaciуn relativamente bajos y tecnologнa sencilla (esto es lo que generalmente recomiendan los economistas de la metrуpoli); bienes cuyo precio en el paja sea alto y cuya producciуn tenga poca o ninguna competencia, porque un arancel protector restringe su importaciуn; pero, por encima de todo, se sustituye la importaciуn de bienes para el mercado de altos ingresos, ъnico que en una economнa capitalista puede tener demanda de ellos. Esta clase de producciуn industrial puede conducir a corto plazo a mayor demanda e ingreso para ciertos productores; pero no es, evidentemente, Ia clase de oferta que, en analogнa con el principio de Say, puede crear a la larga una demanda mбs amplia.
Este gйnero de sustituciуn de productos, lejos de reducir la carencia general y la demanda de importaciones por la economнa del satйlite, las aumenta necesariamente. Es obvio que cuanto mбs se limita la sustituciуn de las importaciones a la producciуn de bienes de consumo, aunque йsta aumente, tanto mбs se necesitan y deben importarse mбquinas y materias primas para producirlos. Cuanto mбs se amplнa y mantiene este proceso, tanto mбs complejo y costoso es el equipo que debe importarse, y tanto mбs se limita la escala de ingresos y el nъmero de consumidores potenciales que pueden adquirir los productos terminados.
Las contradicciones internas de la estructura capitalista nacional de metrуpoli-satйlite imponen limites severos a la ampliaciуn de este proceso de sustituciуn de las importaciones, y las contradicciones de la misma estructura capitalista internacional hacen aъn mбs costoso e imposible el mantenimiento de siquiera el grado de sustituciуn ya alcanzado. La estructura capitalista nacional canaliza necesariamente este proceso de industrializaciуn y sustituciуn de importaciones, supuestamente favorable al desarrollo, hacia una mayor polarizaciуn entre la metrуpoli nacional y sus grupos privilegiados, de una parte, y los satйlites y los grupos metropolitanos nacionales de bajas entradas, de la otra. Estos ъltimos no llegan a gozar nunca de los beneficios de este tipo de industrializaciуn; pero, a travйs de los diversos mecanismos polarizantes y la inflaciуn general, se les obliga a pagar Ia mayor parte de lo que aquйlla cuesta. Ademбs, estas mismas exigencias del proceso productivo de la sustituciуn capitalista de las importaciones„ engendran un creciente grado de monopolio dentro del sector industrial mismo, a medida que la expansiуn se hace mбs difнcil y mбs empresas dйbiles sucumben, lo que a su vez agrava aъn mбs el problema.
Aunque Brasil, como ya vimos, no dedicу su producciуn industrial a estos bienes de consumo ъnicamente, su norma para la sustituciуn de las importaciones no se desviу, en esencia, del caso extremo aquн tratado, y su desarrollo industrial ha sufrido el destino de rigor. Para adoptar una diferente norma de sustituciуn de las importaciones y evitar este destino, empezando por la industria pesada de bienes de producciуn y la manufactura de equipos intermedios en vez de la industria ligera de bienes de consumo, como hizo la Uniуn Soviйtica, Brasil tendrнa que tener una distribuciуn del ingreso y, por ende, una norma de consumo, muy distintas a las de un paнs capitalista satйlite, o bien otra distribuciуn del poder polнtico, con la consiguiente libertad para asignar las inversiones conforme a otros criterios que la inmediata demanda de los consumidores. Esto es demasiado ajeno a la naturaleza esencial de un paнs capitalista.
Este proceso de sustituciуn de las importaciones, por tanto, lejos de reducir la necesidad de importar, la aumenta. Ademбs, tiende a elevar el costo de las importaciones, a medida que se hace necesario importar equipos tйcnicamente mбs complejos, mбs adelantados, mбs monopolizados y, por consiguiente, mбs costosos, de la metrуpoli. No obstante, esta sustituciуn de las importaciones no puede llegar jamбs al punto en que el satйlite cesa de depender de la metrуpoli en cuanto a mбquinas, tecnologнa y materias primas esenciales, punto que tal callejуn sin salida industrial deje al paнs satйlite de la producciуn de esas necesidades, en vez de acercarlo.
Asн, la CEPAL observa que, si bien "en el perнodo posterior a la guerra ... las limitaciones del sector externo fueron considerablemente menores en Brasil que en otros paнses de la regiуn... a la luz del estudio de los principales artнculos seleccionados puede llegarse a la conclusiуn de que no ha habido proceso sustitutivo alguno de bienes de capital en conjunto". (Economic Bulletin, 1964: 38.)
Allн al mismo tiempo la norma de la importaciуn deviene en extremo rнgida. Por ejemplo, mientras en 1952, su mejor aсo del perнodo posbйlico, gracias al conflicto coreano, los pagos de Brasil al exterior por importaciones esenciales como combustible, trigo, papel de imprenta y amortizaciones de deudas, equivalieron al 25% de sus ganancias en divisas, hacia 1959 esas mismas demandas consumнan el 70% de las divisas, dejando sуlo un 30% para todas las otras importaciones. (Economic Bulletin, 1964: 15.) En ese mismo aсo, Brasil dedicу el 50% de sus importaciones a equipos industriales y productos intermedios de metal, y otro 25% a productos no metбlicos, por lo que puede verse fбcilmente que las importaciones absolutamente esenciales impuestas a la economнa brasileсa por su estructura de satйlite subdesarrollado exceden con mucho su capacidad para importar. (Economic Bulletin, 1964: 22.) Se prohнbe asн a Brasil la importaciуn de nuevos tipos de mбquinas que pudiera necesitar para desarrollarse en otra direcciуn mбs ventajosa, y se le obliga a recurrir al financiamiento externo para satisfacer hasta sus mбs esenciales necesidades actuales de importaciуn.
Estas contradicciones, bastante serias ya, de los esfuerzos del satйlite por industrializarse mediante la sustituciуn de las importaciones, se agudizan y producen aъn mбs subdesarrollo por su ineluctable combinaciуn con otras facetas de las expoliadoras relaciones metrуpoli-satйlite. Una de йstas es el deterioro de los tйrminos de intercambio. Evidentemente, las dificultades de la sustituciуn de las importaciones, a cauza de los mayores costos y otros factores, se agravan cuando los precios declinan, como ha ocurrido desde 1955, y los medios de pago de las importaciones disminuyen o no aumentan bastante. Se acude entonces, ineludiblemente, a los emprйstitos extranjeros. Pero йstos, en Brasil, sуlo pueden alejar temporalmente al lobo, a la vez que lo hacen mбs rapaz a largo plazo. El endeudamiento exterior trae aparejada la necesidad de dedicar mбs divisas cada vez a la amortizaciуn de los prйstamos. Pone asimismo al deudor mбs a merced del acreedor, quien se aprovecha de esta dependencia satйlite para arrancar mбs y mбs concesiones, con la amenaza de no renovar los emprйstitos o de no prorrogar el vencimiento de los pagos, cuando, como es inevitable, Brasil no puede pagar. Se ha puesto, por tanto, a Brasil, en una posiciуn de servidumbre forzosa ante el acreedor norteamericano, que se conviene asн en dueсo del paнs, y esta servidumbre no difiere, en esencia, de la que ata a los campesinos de todo el mundo a sus terratenientes y prestamistas.
Otras dos formas de control monopolista metropolitano son las inversiones y la tecnologнa extranjera. Cada una de йstas bastarнa por sн sola para engendrar un subdesarrollo creciente en Brasil y otro satйlite. Combinadas con el factor de la sustituciуn de las importaciones dentro de la estructura total, condenan a Brasil al subdesarrollo capitalista.
Celso Furtado habla como sigue del papel de las inversiones extranjeras y contradice con ello su anterior atribuciуn del renovado subdesarrollo brasileсo al deterioro de los tйrminos de intercambio:
La nueva clase capitalista industrial... encontrу... en las concesiones a los grupos extranjeros la lнnea de menor resistencia mediante la cual resolver los problemas que de tiempo en tiempo surgнan... Ha habido un extenso proceso de desnacionalizaciуn de la economнa, el cual, con independencia de los efectos de otros factores, conduce inexorablemente a la estrangulaciуn externa. Surgiу asн la contradicciуn entre los intereses generales del desarrollo nacional y los intereses particulares de las miles de firmas controladas por grupos extranjeros, las que operaban con gastos atados a costos mбs o menos estables de cambio exterior. Frecuentemente se supone aъn que este problema puede resolverse "recuperando la confianza del extranjero" y atrayendo nuevos capitales forбneos. Йsta es, sin duda, la mбs aguda contradicciуn interna del desarrollo de Brasil al presente y, tambiйn, la que la clase gobernante estб menos preparada para resolver. (Furtado, 1964: 133.)
No cabe duda que Furtado ha puesto aquн el dedo en una parte de las relaciones subdesarrollantes de metrуpoli-satйlite que con demasiada frecuencia conviene olvidar o dejar de lado.
No debe confundirse la industria en Brasil con la industria nacional, puesto que la primera incluye una proporciуn significativa y creciente de compaснas extranjeras y, por tanto, de control forбneo. Las firmas extranjeras, especialmente norteamericanas, como vimos, entraron en Brasil para establecerse en la industria interior, en la dйcada del 20. Esta clase de penetraciуn se efectuу aceleradamente incluso durante la depresiуn de los aсos 30. En 1936, por ejemplo, mientras se fundaban 121 empresas brasileсas, se creaban 241 extranjeras, 120 de ellas norteamericanas. (Guilherme, 1963: 41.) Este proceso ganу en rapidez y proporciones durante la dйcada del 50 y en la presente. Las firmas extranjeras son casi siempre empresas muy grandes, integradas vertical y horizontalmente sobre una fase plurinacional, por lo que disponen de un importante poder monopolista hasta en el mercado mundial. No es extraсo que rбpidamente absorbieran a sus rivales pequeсos y convirtieran en satйlites econуmicos a sus competidores, abastecedores y compradores brasileсos. He estudiado este proceso con mбs detalle en Sobre los mecanismos del imperialismo: El caso del Brasil. (Frank, 1964 b.)
La conducta de estos monopolios extranjeros dentro de la industria brasileсa sirve, pues, en esencia, para reforzar la condiciуn de satйlite y la dependencia de йste y de la economнa en general. Ademбs, la naturaleza y alcance de las inversiones y las actividades productivas extranjeras impone a la industria brasileсa y a la economнa en general necesidades de importaciуn de tal clase y cantidad que aumentan en grado sumo la rigidez de la selecciуn brasileсa de bienes para importar, y hasta privan a los brasileсos de la oportunidad de decidir quй bienes importar. Las inversiones extranjeras agravan asн el problema de la sustituciуn de las importaciones, a causa del control que llegan a ejercer sobre la industria brasileсa, a la vez que retiran cantidades importantes de capital —siempre mбs que el que aportan, como demostrй en el mencionado articulo y en otro anterior titulado: Las relaciones econуmicas entre Brasil y Estados Unidos (Frank, 1963 b)— o de excedente econуmico que no puede, por tanto, ser invertido en Brasil y cuyo retiro del paнs agrava, aъn mбs, la balanza de pagos y el problema de la sustituciуn de las importaciones.
Estos vнnculos entre las firmas extranjeras y nacionales en la economнa brasileсa interna, y no hablemos de las empresas mixtas de capital extranjero y nacional —que siempre acaban por convertir el socio nacional en satйlite del socio extranjero, a la vez que йste se ahorra el capital aportado por aquйl—, atan tambiйn, claro estб, a la burguesнa brasileсa, incluida la nacional, a la metrуpoli imperialista. No pocas veces crean intereses comunes al explotar conjuntamente al pueblo de Brasil y al incrementar la satelizaciуn y subdesarrollo de la economнa del paнs, y por mucho que en un caso u otro puedan chocar los intereses de los poderosos extranjeros con los de los impotentes brasileсos, йstos vienen a quedar mбs dependientes y mбs satйlites de aquйllos. Con todo, estas inversiones y este predominio extranjeros, que estrangulan el desarrollo brasileсo, como ve Celso Furtado con acierto, no son mбs que un elemento de la estructura metrуpoli-satйlite, cada vez mбs subdesarrollante y monopolista, del sistema capitalista y contemporбneo.
La tecnologнa intercede en estas conflictivas relaciones y ayuda a generar en el satйlite un subdesarrollo aъn mбs profundo. La tecnologнa se estб convirtiendo rбpida y crecientemente, en la nueva base del monopolio metropolitano sobre los satйlites. El significado de este cambio puede verse con mбs claridad relacionбndolo con mi modelo y con la transformaciуn dentro del sistema de metrуpoli y satйlites a que йste se refiere.
Durante la era mercantilista, el monopolio metropolitano se ejercнa a travйs del monopolio comercial; en la era del liberalismo, el monopolio metropolitano vino a ser la industria; en la primera mitad del siglo XX, el monopolio metropolitano se desviу cada vez mбs hacia la industria de bienes de capital. La producciуn de bienes de consumo de la industria ligera fue entonces mбs factible para los satйlites. En la segunda mitad del siglo XX, la base del monopolio metropolitano parece estar desviбndose crecientemente hacia la tecnologнa. Ya los satйlites pueden tener hasta industria pesada en sus paнses. Hace 100 o aъn 50 aсos, tal industria pesada pudo haber emancipado a algъn satйlite de la dependencia de su metrуpoli; lo habrнan convertido en otra metrуpoli y en una potencia imperialista. Pero ningъn satйlite pudo escapar entonces del monopolio metropolitano de la industria pesada. Sуlo la URSS lo consiguiу, abandonando para siempre el sistema imperialista y capitalista y adoptando el socialismo.
En nuestros tiempos, no obstante, la industria pesada no basta ya para quebrantar este dominio monopolista de la metrуpoli, porque este dominio dispone ahora de una nueva base: la tecnologнa. Esta tecnologнa se presenta de varios modos: automatizaciуn, cibernйtica, tecnologнa industrial, tecnologнa quнmica, o sea la sustituciуn de las materias primas del satйlite por los productos sintйticos de la metrуpoli; tecnologнa agrнcola, la importaciуn por los satйlites "agrнcolas" de productos comestibles de la metrуpoli industrial, y, como siempre tecnologнa militar, que incluye tanto la tecnologнa de las armas nucleares y quнmicas como la de la guerra contra guerrillas. Que un satйlite capitalista desarrolle una tecnologнa rival es, en nuestros tiempos, mucho mбs difнcil e improbable que lo que fue el desarrollo de una industria ligera o pesada en los tiempos en que йstas eran la base del monopolio metropolitano. Dentro de la estructura del sistema capitalista, por tanto, Brasil y otros paнses satйlites dependen en la actualidad de la metrуpoli mucho mбs que antes. Y nada permite creer que la metrуpoli capitalista utilizarб en el futuro su dominio monopolista de los satйlites de otro modo que como en el pasado. Lejos de ello, ya se divisan pruebas de que tambiйn en este sentido, el capitalismo monopolista procederб en el futuro como procediу en el pesado.
Hasta ahora, los testimonios perecen haber sido mejor documentados por los europeos, quienes han sido los primeros en percatarse y alarmarse del problema del monopolio tecnolуgico. El semanario norteamericano Newsweek informa:
Un funcionario del [banco] Chase Manhattan en Paris calcula que alrededor de dos tercios de las inversiones de Estados Unidos en Europa pertenecen a quince o veinte compaснas gigantescas... Norteamericanizaciуn o no, a muchos europeos les preocupa de veras la inundaciуn de dуlares y el creciente poder de las compaснas norteamericanas en la economнa de Europa. En Francia, especialmente, los nacionalistas, con el presidente Charles de Gaulle en primer tйrmino previenen contra el peligro de la "satelizaciуn"; casi no pasa dнa sin que los polнticos o los periуdicos digan a los yanquis que recojan sus dуlares y se vayan... Para los europeos conocedores, la primacнa tйcnica de los grandes consorcios norteamericanos es, en realidad, el aspecto mбs inquietante de la invasiуn de dуlares. Una comisiуn de estudios francesa llegу recientemente a la conclusiуn de que, en el futuro, la competencia en los precios cederб el paso a la competencia en innovaciones, y la pugna serб tan caliente que sуlo las firmas de dimensiones internacionales —"o sea, las norteamericanas, principalmente"— sobrevivirбn...
Situados en la vanguardia de la oposiciуn europea, los polнticos franceses y las publicaciones francesas de derecha, izquierda y centro vienen acusando a Estados Unidos, desde hace tres aсos, de colonizaciуn, satelizaciуn y avasallamiento econуmicos. Las firmas norteamericanas controlan hoy casi toda la industria electrуnica, el 90% de la producciуn de caucho sintйtico, el 65% de la distribuciуn de petrуleo y de la producciуn de maquinaria agrнcola. Hasta algunos de los subcontratistas de la muy secreta force de frappe del presidente De Gaulle son empresas subsidiarias de compaснas norteamericanas... "A menos que Europa reaccione y se organice —advierte Louis Armand, el hombre que convirtiу el sistema ferroviario francйs en el mejor del mundo—, nos estaremos condenando a la colonizaciуn industrial. Y, o bien contraatacamos o aceptamos nuestra conversiуn en vasallos".
Una constante serie de fusiones y adquisiciones agranda los intereses norteamericanos. Uno de los mбs eminentes banqueros de Alemania se queja: "La rapidez con que los norteamericanos se estбn engullendo a las compaснas europeas pequeсas es positivamente indecorosa." "No podemos sobrevivir a este tipo de competencia de un solo lado —dice un gerente de una empresa petroquнmica belga. Nuestros rivales americanos nos llevan mil patentes de ventaja. Estamos destinados a ser absorbidos a largo plazo." Y el presidente de una compaснa de Bruselas resume: "Nos estamos convirtiendo en peones de ajedrez manipulados por los gigantes norteamericanos."
Pero en la nueva "sofistificaciуn" de la industria europea, el tamaсo es, a veces, menos importante que los resultados de la investigaciуn que ese tamaсo hace posible. Asн fue puesto en relieve por un ejecutivo de la Olivetti al examinar las alternativas de un convenio con la General Electric. "Nosotros estudiamos con mucho cuidado —dijo— una soluciуn europea. Pero aunque nos uniйramos a Machines Bull, de Francia, y a Siemens, de Alemania [que mбs tarde firmу un contrato de patentes con la RCA], aъn seriamos superados y al cabo eliminados del negocio por los gigantes norteamericanos. Estos problemas no tienen soluciуn europea. El costo de la investigaciуn es muy alto. La brecha de la tecnologнa trasatlбntica que nos separa es un hecho real". (Newsweek, 1965: 67-72.)
Si la brecha de las patentes trasatlбnticas es un hecho real y si promete condenar a los paнses industriales desarrollados de Europa occidental a la colonizaciуn, la satelizaciуn y el vasallaje, їquй perspectivas tiene la dйbil e industrialmente subdesarrollada economнa de Brasil —y no digamos las partes aъn mбs dйbiles de la economнa capitalista mundial— de evitar ese mismo destino u otro peor? Ninguna... dentro del sistema que mantiene la continuidad del subdesarrollo.
D. CONCLUSIÓN
En conclusión, pues, le economía brasileńa se ha integrado recientemente de manera más estrecha que antes, en la estructura metrópoli-satélite del sistema capitalista mundial.
Las implicaciones de este avance capitalista y retroceso brasileńo son trascendentales. Aun si la metrópoli pasara por otro período como el de la depresión de la década de los ańos 30 o la guerra de los ańos 40, en los que sus nexos inmediatos con los satélites se aflojaron, seria mucho más difícil e incluso imposible para Brasil el sacar partido de la oportunidad con una similar involución capitalista activa y otro paso en el camino de la industrialización. Porque la misma industria habría venido a depender tanto de la metrópoli que no podría consentir tal desarrollo capitalista independiente.
Si la industria brasileńa depende cada vez más de la metrópoli imperialista, lo mismo ocurre con la burguesía brasileńa. Si el desarrollo del capitalismo en el mundo y en Brasil posibilita cada vez menos la creación de una industria verdaderamente nacional, impide del mismo modo el desarrollo o incluso la continuación de una burguesía industrial nacionalista. La estructura y el desarrollo del sistema capitalista están convirtiendo, por tanto, a la burguesía industrial de Brasil y otros satélites en burguesías dependientes de la metrópoli imperialista, como, antes que ellas, las burguesías comerciales de los satélites. Así, pues, la "burguesía nacional" brasileńa, si existe, vive sólo de la explotación del pueblo brasileńo, manteniendo la estructura metrópoli-satélite del capitalismo y el subdesarrollo regional y sectorial que ésta genera; sólo subsiste mediante su dependencia de la metrópoli imperialista del sistema capitalista mundial. Como quiera que estas estructuras, como hemos visto, están indisolublemente entrelazadas y son, en realidad, una sola, nada sería más vano, inútil y desastroso que esperar de la burguesía nacional de Brasil acción alguna que ayude significativamente a detener la creciente marea del subdesarrollo brasileńo en todos los niveles.
Los recientes cambios políticos y económicos de Brasil no pueden a comprenderse sino dentro de este contexto. El desarrollo contradictorio y discontinuo del sistema capitalista y, particularmente, la fuga de los nuevos países socialistas de ese sistema, unida a la recuperación en la posguerra de la metrópoli capitalista mundial dentro del espacio económico que le queda, limitan aún más las posibilidades de desarrollo de la economía brasileńa y las perspectivas de progreso de su burguesía. Tanto la economía como la burguesía del Brasil están cercadas por la estructura y desarrollo del sistema capitalista y por los instrumentos viejos y nuevos de monopolio de éste: la propiedad, el comercio, Ion empréstitos, las inversiones, la tecnología, etcétera.
Los sectores más explotados y débiles de la burguesía brasileńa luchan contra uno u otro de estos instrumentos de afuera o de adentro que les limitan su capacidad para explotar a su vez. Pero tales esfuerzos son inútiles, incluso a corto plazo. El campo de posibilidades de esta burguesía "nacional" está limitado por las contradicciones económicas y políticas con el pueblo al cual explota en Brasil y con las burguesías de Brasil y del extranjero, más fuertes que ella, que explotan a ese mismo pueblo y también a ella. Esta dependencia de la explotación capitalista, esta debilidad frente a los intereses externos e internos que a su vez la explotan, estas contradicciones que de vez en cuando aquí y allá llevan a la burguesía "nacional" a emprender programas capitalistas nacionales, garantizan también que tal empresa será vana y efímera. Así, pues, a los elementos nacionalistas y relativamente progresistas de la burguesía brasileńa Ios derrotan las mamas contradicciones que los crean.
Los sectores más grandes y fuertes de la burguesía brasileńa, que son los más dependientes de la metrópoli imperialista, tratan de superar Ias limitaciones autogeneradas o impuestas por el imperialismo el desarrollo de su economía y a sus propias perspectivas, metiendo aún más la cabeza dentro de las fauces del león imperialista. Así, se reduce más todavía, a la larga, su propio porvenir. Y como al león se le escapan cada vez más sus otras presas, se esta volviendo más y más rapaz, lo que significa mayor reducción de ese futuro.
Ambos sectores de la burguesía brasileńa, el "nacional" y el "internacional", son instrumentos y ejecutores del expoliador sistema capitalista que les da existencia económica y les concede supervivencia política. Están aliados, necesariamente, en la explotación económica del pueblo y en el mantenimiento político del sistema. Cuanto menos ganan los elementos "nacionales" luchando contra su enemigo foráneo y los elementos "internacionales" uniéndose a él, tanto más tratan ambos sectores de reducir sus pérdidas explotando más y más al pueblo, y tanto más los burgueses más fuertes tratan de eliminar a los débiles para quedarse con todo el campo de explotación. Cuanta más resistencia hace el pueblo a este proceso, o cuanto más se oponen al mismo los sectores nacionalistas de la burguesía, tanto más busca la burguesía brasileńa predominante la ayuda de su natural, aunque explotador aliado: la metrópoli imperialista.
Y así llegamos al golpe militar de 1964, apoyado por la burguesía imperialista, la burguesía "internacional" brasileńa y la mayoría de los sectores de la burguesía "nacional" y la "pequeńa burguesía" o "clase media". Si algunas partes de los últimos dos sectores se han vuelto ahora contra el gobierno gorila y los que lo apoyan de dentro y de fuera, es porque están sufriendo ya las consecuencias inevitables: mayor explotación de ellos mismos y menores oportunidades para explotar ellos a otros. Así, el burgués Correio da Manhă, en cuyas páginas hemos leído informaciones y comentarios tan desdeńosos del actual manejo de la economía, se ha convertido en el intérprete "nacionalista" de la mediana y pequeńa burguesía, a las que lo acontecido ha limitado sus posibilidades y perspectivas. Y hasta Carlos Lacerda, gobernador en Río de Janeiro, aspirante a la presidencia y tradicional vocero ultrarreaccionario o francamente fascista de la pequeńa burguesía rural y urbana, se ha buscado una bandera nacionalista o, más bien, nacional socialista, bajo la cual llegar a la presidencia.
żCuáles son, entonces, las perspectivas? Para la burguesía, son tan limitadas como siempre, y, en razón de la mayor dependencia y el más profundo subdesarrollo de la economía, aún más limitadas que antes. La perspectiva del retorno al "desarrollismo" de Juscelino Kubitschek o al "janguismo" de Joăo Goulart, que ofrecen Ios que se agrupan en derredor del Correio da Manhă en Río de Janeiro y del exilado Goulart en Montevideo, no representa, para quienes aprenden las lecciones de la historia, la reciente y la remota por igual, más que la peor clase de confusión o ilusión, en el mejor de los casos, y el oportunismo político más irresponsable y desastroso, en el peor. Si la historia enseńa algo, es que ninguna clase de régimen capitalista burgués puede dar pasos significativos, y mucho menos decisivos, hacia la eliminación del viejo subdesarrollo de Brasil y la solución de sus consiguientes problemas económicos y políticos contemporáneos. En este coyuntura del desarrollo del capitalismo, hasta los sectores más nacionalistas y progresistas de la burguesía brasileńa son incapaces de unirse, excepto en raros momentos y lugares, en un movimiento hacia la liberación nacional y el desarrollo económico. Tampoco, evidentemente, puede la pequeńa burguesía o "clase media" dar tales pasos independientes o dirigir este movimiento. Aunque cada vez más depauperizada sigue siendo típicamente volátil y oportunista. Tanto las fuerzas de la reacción como las de la revolución tratarán en el futuro, como han hecho en el pasado, de atraerse a algunos sectores de la pequeńa burguesía. Cualquiera sea el resultado de estos esfuerzos, la iniciativa, la vanguardia y el porvenir de todo movimiento brasileńo para salir del capitalismo y el subdesarrollo están en las masas de su pueblo.
El contradictorio y discontinuo desarrollo histórico del capitalismo y el subdesarrollo en Brasil entró en una nueva crisis con el golpe militar de 1964 y lo que vino después. Pese al dańo para la economía y el padecimiento para el pueblo que este desarrollo del capitalismo ha traído, está acelerando el proceso político en el país, así como en otras partes lo han acelerado las contradicciones cada vez más agudas del sistema capitalista. Y como la solución de los problemas del subdesarrollo es cada vez más imposible dentro del sistema capitalista que les crea, y como la burguesía es cada día más incapaz de encarar este problema siquiera con programas burgueses, el mismo pueblo tanto tiempo explotado está aprendiendo a tomar la iniciativa para escapar del capitalismo y el subdesarrollo y se está preparando para ello.
A. EL MITO DEL FEUDALISMO
Todo el mundo concuerda en que la agricultura está en crisis. Y la crisis de la agricultura es la crisis de América latina y de Brasil. Pero żcuáles son sus causas, su naturaleza y su solución? Según el criterio burgués occidental, la agricultura latinoamericana es feudal, y esta estructura feudal es la que impide su desarrollo económico. Por consiguiente, la solución que se propone, siguiendo el ejemplo occidental, es destruir el feudalismo y poner en su lugar el capitalismo. Es curioso que esta aplicación "feudalista" tenga mucha difusión aún entre los marxistas quienes afirman que el feudalismo persiste todavía en grandes sectores de la agricultura, aunque reconocen que están siendo progresivamente penetrados por el capitalismo. Y estos marxistas proponen, esencialmente, la misma solución que sus adversarios burgueses: acelerar y completar la capitalización de la agricultura.
Este ensayo se propone sugerir que las causas y la aplicación de la crisis agrícola no deben buscarse en el feudalismo, sino en el capitalismo en sí. La economía de Brasil, incluida la agricultura, es parte del sistema capitalista. La evolución de este sistema produce desarrollo y subdesarrollo a la vez y aplica la terrible realidad por la que atraviesa la agricultura de Brasil y otros países.
A. EL MITO DEL FEUDALISMO
1. La tesis burguesa
En la literatura occidental, tanto la popular como la científica, es común sostener que América latina inició su historia posterior al descubrimiento con instituciones feudales y que aún las conserva, más de cuatro siglos después. Esta tesis es tan compartida por los escritores poéticamente conservadores que no tengo necesidad de citarlos aquí. Pero la misma interpretación de los hechos, aunque no de la solución, se encuentra en un autor tan perceptivo como Carlos Fuentes, de México.š
Se nos fundó como apéndice del decadente orden feudal de la Edad Media; heredamos sus obsoletas estructures, absorbimos sus vicios y los convertimos en instituciones en esta orilla exterior de la revolución del mundo moderno. Si vosotros (los norteamericanos) procedéis de la Reforma, nosotros procedemos de la Contrarreforma: esclavitud del trabajo, del dogmatismo religioso, de los latifundios... denegación de derechos políticos, económicos o culturales a las masas; una aduana cerrada a las ideas modernas. En vez de crear nuestra propia riqueza, la exportamos a la metrópoli espańola y portuguesa. Cuando obtuvimos la independencia política, no obtuvimos la económica, porque la estructura no cambió.
Debéis comprender que el drama de América latina nace de la persistencia de esas estructuras feudales a lo largo de cuatro siglos de miseria y estancamiento... Las fórmulas del capitalismo de libre empresa han tenido ya su oportunidad histórica en América latina y no han sido capaces de abolir el feudalismo...
América latina es esto: un castillo feudal derruido y con una fachada capitalista de cartón. El panorama del fracaso histórico del capitalismo en América Latina es esto: continua dependencia monoproductiva ... un sistema latifundiario continuo... subdesarrollo continuo... estancamiento político continuo... injusticia general continua... dependencia continua del capital extranjero... El feudalismo agrario es la base de la riqueza y la dominación política de las clases gobernantes de América Central, Chile Perú, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador... (Fuentes, 1963: 10-14.)
Hasta la Segunda Declaración de La Habana proclamada en 1962, que sin duda es el más incisivo e importante documento contemporáneo de la realidad económica y política de América latina, llama "feudal" a la agricultura del continente.
Cuando no es América latina toda la que se califica de "feudal", es su agricultura o sus regiones provinciales o grandes partes de ellas. Esto es lo que muchos observadores expresan o insinúan cuando seńalan que el 1,5 % de los propietarios disponen del 50% de la tierra, sobre el que aún predominan diversas condiciones de servidumbre. Y esa era en esencia mi propia opinión hasta hace poco, como expresé en un articulo acerca de la reforma agraria publicado en Monthly Review. (Frank, 1963a.) El ex ministro de planificación de Brasil, Celso Furtado, dice: "La inexistencia de una agricultura moderna, de base capitalista y atada al mercado interno, es responsable, en gran parte, de la permanente tendencia al desequilibrio que se observa en este país". (Citado por Paixao, 1959: 32n.)
Esta interpretación feudal de la sociedad brasileńa se relaciona con la tesis, todavía más difundida y errónea, de la "sociedad dual". Una exposición de este criterio que ha tenido amplia aceptación es la de Jacques Lambert en su Os Dois Brasís.˛
Los dos Brasiles son igualmente brasileńos, pero varios siglos los separan... Durante el largo período de aislamiento colonial, se formó una cultura brasileńa arcaica, cultura que en su aislamiento conserva la misma estabilidad que aún retienen las culturas indígenas de Asia y el Cercano Oriente: Los brasileńos están divididos en dos sistemas de organización económico-social, tan diferentes en sus métodos como en su nivel de vida ... no sólo en los estados del Nordeste..., sino también en las áreas rurales próximas [Săo Paulo], la estructura en sociedades cerradas las hace difícilmente penetrables por las circunstancias externas... La economía dual y la estructura social dual que la acompańa no son nuevas ni características de Brasil, pues existen en todos los países desigualmente desarrollados. (Lambert, 1961: 105-110.)
Varias interpretaciones importantes de la realidad histórica y presente están envueltas en este juicio general, y la mayoría de ello son erróneas. Podría decirse que el común análisis burgués occidental comienza con el feudalismo en Europa occidental.
Se sostiene que este feudalismo fue trasplantado a América latina mientras en Europa lo suplantaba el capitalismo. Así, pues, Europa, y más tarde sus vástagos anglosajones, se desarrollaron económicamente, dejando a América latina y otras áreas actualmente subdesarrolladas, en estado feudal. El hecho de que América latina haya pasado a ser ya "semifeudal" o "precapitalista" y muestre, por tanto, algún desarrollo económico disperso se debe a que los países desarrollados arrastraron consigo o ayudaron a subir a Ios rezagados. Aparte de esta relación de arrastre o ayuda, sin embargo, el desarrollo y el subdesarrollo económicos se ven como fenómenos independientes causados respectivamente por el capitalismo y el feudalismo. En tanto que las ciudades latinoamericanas son más "adelantadas" y el campo más "atrasado", se aplica más o menos el mismo razonamiento, con la notable excepción de que aunque nadie sostiene que el desarrollo del industrializado mundo metropolitano es determinado o siquiera seriamente estorbado por el subdesarrollo de los países agrarios de la periferia, se arguye que las atrasadas provincias feudales determinan e impiden el desarrolle económico de sus respectivos centros urbanos, que intentan industrializarse dentro del mundo subdesarrollado.
La conclusión programática que lógicamente se derive de este análisis es la abolición del feudalismo y la adopción del mismo curso de desarrollo general de los países desarrollados. Las dosis exacta de la medicina antifeudal varía de un médico a otro: a veces es la abolición de todos los latifundios, a veces sólo de las tierras "improductivas", a veces es sólo colonizar tierras nuevas; pero siempre es la creación, con la ayuda técnica y financiera del gobierno, de una clase media de pequeńos agricultores independientes y acomodados. (Frank, 1963a.) Por desdicha, cada paso del diagnóstico es erróneo y lo es también, lógicamente, el remedio que se propone.
1. Con las citas de los diversos autores que siguen no deseo insinuar que ellos comparten totalmente la tesis feudalista. En realidad, cito a escritores marxistas que se cuentan entre los menos inclinados a aceptarla en su conjunto. Pero mis conversaciones con varios de ellos me sugieren que la aceptación de una parte de Ia tesis los lleva a estar inconscientemente conformes con otras partes. Porque "feudal" y "capitalista" no son meras palabras convenientes, sino nombres dados a conceptos cuyas implicaciones, a menudo sin quererlo, afectan la percepción de Ia realidad que esta más allá del contexto inmediato en que tales palabras se usan.
2. Este libro, aunque escrito por un francés, fue publicado por el Ministerio de Educación de Brasil. Además, su ulterior edición francesa fue recomendada por Florestan Fernandes, distinguido sociólogo marxista brasileńo, quien dijo de ella que era "una de las mejores síntesis sociológicas escritas hasta ahora acerca de Ia formación y desarrollo de la sociedad brasileńa". De la edición brasileńa que nosotros usamos dijo Wilson Martins, tres ańos después, que era "uno de los estudios más inteIigentes hasta ahora escritos acerca de nuestro país".
A. EL MITO DEL FEUDALISMO
2. Las tesis marxistas tradicionales
Las interpretaciones de la crisis agrícola de América latina y Brasil a las que llamo aquí "marxistas tradicionales", pueden resumirse en tres tesis: a) El feudalismo antecede al capitalismo; b) el feudalismo coexiste con el capitalismo; y c) el capitalismo penetra o invade al feudalismo. Estas tesis no se excluyen mutuamente; antes bien, se complementan unas a otras, y diversos escritores se adhieren a dos o más de ellas y a sus tesis derivadas.
a. El feudalismo, antecede al capitalismo. Esta tesis implica, en Brasil, la preexistencia también de la esclavitud. El problema surge cuando preguntamos qué produjo esta esclavitud, qué determinó el funcionamiento de esta sociedad esclava, qué causó la desaparición de la esclavitud y qué la reemplazó. Nelson Werneck Sodré examina como sigue las dos primeras preguntas:
"Simonsen por ejemplo rechaza la idea del feudalismo colonial y plantea la del capitalismo. Él cree que ni siquiera en Portugal, en la época de los descubrimientos, existía el feudalismo. La tesis capitalista la adoptan también ciertos estudiosos de la historia [latino] americana, como Sergio Bagú... Celso Furtado niega el carácter feudal de la colonización y defiende la tesis de la esclavitud en cuanto explica la naturaleza hermética del régimen. Otros investigadores se inclinan a estudiar los rasgos feudales de la legislación, en la que la organización ocupaba un lugar secundario. No es difícil concluir que tal legislación mostraba claras huellas feudales. Tampoco podía ser de otro modo, dado que la clase que entonces dominaba en Portugal era la de los nobles feudales... El régimen esclavista no surge aquí de la desintegración de la comunidad primitiva, sino que es establecido por unos nobles que anteriormente vivían en un mundo el mundo metropolitano en que predominaba una forma más avanzada de producción, la feudal... Quienes se adhieren a la tesis de la existencia de rasgos capitalistas en la empresa de la colonización fueron, indudablemente, Ilevados a ello por la confusión, largo tiempo existente, entre la noción del capital comercial característico de la fase mercantil y el capitalismo. Hoy parece claro que ... el capital comercial estuvo lejos de originar, y aún más de caracterizar, al mencionado modo de producción [la esclavitud]. Así, pues, la conclusión a que nos lleva el examen de las realidades que Brasil comenzó su existencia colonial bajo el sistema de producción esclavista." (Sodré, sin fecha: 82.)
El examen de otras partes de la exposición de Sodré sugiere que, lejos de haber derivado esta conclusión del "examen de la realidad", la obtiene, por cierto, de su propia. aplicación mecánica a Brasil de la tesis de Marx acerca del desarrollo del capitalismo en Europa. Como Marx observa que el mercantilismo (el comercio) no bastaba para originar el capitalismo en Europa y que para ello se necesitaba la industria (la producción), Sodré arguye que el mercantilismo no podía producir capitalismo, o siquiera esclavitud, en Brasil. El mismo razonamiento infundado y no marxista parece servir de base a su pretensión de que el mercantilismo no podía predominar en aquella época en Portugal y que, por tanto, debe haber sido el feudalismo. Sodré no tiene en cuenta la posibilidad de que el feudalismo reinara en Portugal, y sin embargo, su sector mercantilista colonizará a Brasil. Tampoco explica por qué sus nobles feudales podían tener deseo de conquistar un nuevo continente y no digamos capacidad para hacerlo.
Paul Singer amplia más el razonamiento: "La importación de africanos representa el 70% de las compras totales de Brasil. Parece, pues, que no es la monoproducción para el mercado metropolitano la que determina el régimen de trabajo esclavo, sino, al contrario, que ésta presupone a aquélla." Refiriéndose al período de la abolición del comercio negro y, más tarde, de la misma esclavitud, Singer observa que Brasil tenía dos caminos ante si: la "feudalización" o la "capitalización". Y aunque ańade que una y otra encontraron aplicación en diferentes regiones, llega a la siguiente conclusión: "Como es evidente, la abolición de la esclavitud no generó una agricultura capitalista, ni podía haber sido así bajo una estructura de tenencia de la tierra cuya formación se basaba en el trabajo esclavo y que no era directamente afectada por la abolición de la esclavitud." (Singer, 1961: 65, 69, 72.)
b. El feudalismo coexiste con el capitalismo. La segunda tesis marxista tradicional, referida a períodos recientes y actuales, es que el feudalismo y el capitalismo coexisten. Esta tesis asume muchas formas, de las que sólo algunas pueden ser citadas aquí.
Llegamos, por tanto, a una conclusión de extraordinaria importancia para nosotros: la existencia de un dualismo en el proceso revolucionario de Brasil... Nuestra sociedad está abierta a la clase obrera, pero no a la campesina. De hecho, nuestro sistema político permite que la clase obrera se organice para seguir adelante. La sociedad brasileńa es rígida en un gran segmento: el formado por el sector rural. (Furtado, 1962: 28.)
Este análisis político, análogo a la teoría de la sociedad dual de los países subdesarrollados (Boeke, 1953), no procede de un marxista, sino de un prominente ideólogo de la burguesía, reciente ministro de planificación económica de Brasil. Pero la misma interpretación se encuentra, en esencia, entre importantes análisis marxistas de América latina y Brasil.
Así, en ciertos países subdesarrollados, la producción industrial capitalista, regionalmente limitada, coexiste con un sistema semifeudal de grandes latifundios. Ambas estructuras (o subestructuras) de la sociedad se caracterizan por sus propias relaciones de producción y, por tanto, sus propias estructuras clasistas. Pero como quiera que el desarrollo económico de estos países es un desarrollo capitalista, las clases fundamentales son, o serán, las del sistema capitalista. (Stavenhagen, 1962:2.)
[Las diferencias regionales] revelan diferentes estados de evolución hacia la estructura socioeconómica capitalista. En resumen, mientras en ciertas regiones predominan formas de trabajo tradicionales, como la economía de subsistencia, el colonato y otras formas de arrendamiento y aparcería, en otras regiones encontramos el trabajo asalariado en dinero. En un extremo encontramos el complejo rural tradicional, mientras en el otro tenemos el sistema capitalista en desarrollo. (Ianni, 1961: 33.)
La agricultura brasileńa... es una estructura formalmente capitalista que se manifiesta de dos modos: empleo directo de asalariados agrícolas o entrega de tierras en arrendamiento. Pero debajo de la apariencia capitalista, o sea, de las relacionó económicas impersonales..., aparecen en realidad elementos de subordinación personal: une extensión de la servidumbre... Por último, los residuos feudales, que reducen al arrendatario a la condición de siervo, son más comunes de lo que se cree. (Singer, 1961: 71-72.)
c. El capitalismo penetra al feudalismo. La tercera tesis sostiene que el capitalismo está entrando en el campo, sin prisa pero sin pausa. Este proceso trae consigo los beneficios de la racionalización de la agricultura y la liberación de la economía y el campesino, de sus grilletes feudales; pero también la proletarización del campesino.
La esencia de la concepción de la reforma agraria en Brasil a mi modo de ver, es la descripción del proceso de penetración de la organización capitalista de producción en el campo y la consiguiente transformación de la vieja estructura agraria de base patrimonial. En esta discusión, el problema de Ias formas de la propiedad y la organización económica es decisivo. (Cardoso, 1961: 8.)
Estimulada por el crecimiento del mercado de consumo de productos agrícolas provocado por la expansión industrial, la agricultura se modifica para ajustarse a las nuevas condiciones de rendimiento de trabajo productivo. La empresa agrícola se modifica, promoviendo a su vez la expulsión de parte de los trabajadores. Hay una interacción continua, progresiva y acumulativa entre los diferentes sistemas socioeconómicos que la realidad brasileńa envuelve. La economía de subsistencia es continuamente afectada y modificada por la ya más vigorosa economía mercantil, la que a su vez es periódica o continuamente estimulada por el comercio internacional. Las interrelaciones entre ellas conducen, por tanto, a la extensión de las formas capitalistas de producción entre las actividades agropecuarias aún encerradas en los moldes de la economía de subsistencia..., lo que transforma el modo de usar el trabajo y provoca la proletarización. (lanni, 1961: 45.)
La sustitución de la estructura colonial, semifeudal y precapitalista por la estructura capitalista, y los rasgos específicos de una y otra, son compendiados por Singer en un artículo posterior:
Brasil... continuó practicando una agricultura tradicional de colonia, engranada a la exportación, con una amplia producción subsidiaria para la subsistencia, métodos de cultivo extensivo, rotación de tierras, desconocimiento del arado y los abonos, devastación de terrenos y deforestación de grandes áreas ofrecidas en holocausto a la erosión. El mismo desarrollo del país trae aparejada también una serie de transformaciones cualitativas de la estructura de la economía agrícola que representan, en esencia, el cambio de la agricultura tradicional del tipo colonial, de las características mencionadas, a una agricultura moderna de tipo capitalista. El paso de la agricultura colonial a la capitalista implica una transformación de todos los aspectos de la actividad agrícola. La productividad de la tierra y de la mano de obra aumenta: de la tierra, porque se introducen los abonos y otros medios que incrementan y preservan le fertilidad del suelo; de la mano de obra, porque, junto con la energía del hombre se introduce la de animales y máquinas, así como implementos de agricultura mecánica. La técnica del cultivo cambia, pasando de la rotación de tierras a la de cosechas. De modo similar cambia la técnica de la cría de ganado, que ya no depende de pastos naturales, sino de pastos artificiales o de la estabulación. Por último la unidad de producción pierde gran parte de su autosuficiencia, llegando a depender de insumos adquiridos en el extranjero, y entra en un todo mayor en el que la división del trabajo y la especialización de las tareas son impelidas por la expansión del mercado y la escala de producción... Se usa una mayor proporción de capital para la misma cantidad de tierra y mano de obra. Para que esto ocurra es necesario que el capital se abarate, relativamente, y que tierra y mano de obra se encarezcan. Ambas condiciones se cumplen durante el proceso de industrialización.
A. EL MITO DEL FEUDALISMO
3. Crнtica del mito del feudalismo
a. Comparaciуn con la realidad. Podemos comenzar nuestra evaluaciуn de las tesis marxistas tradicionales comparando los rasgos particulares que se atribuyen a la organizaciуn feudal y a la capitalista, con las realidades de la agricultura brasileсa. Convendrнa dividir este examen, como se hace en la Tabla 1, en tres partes principales: I) organizaciуn de la producciуn agrнcola; II) estado de los trabajadores agrнcolas, y III) cambios de una y otro con el tiempo. Veremos que la mayor parte de los rasgos que se atribuyen a los sectores "feudal" y "capitalista" o a Ias formas de organizaciуn de la producciуn, no se ajustan, en realidad a los hechos.
I) Organizaciуn de la producciуn agrнcola. Aunque la concentraciуn "feudal" de la tierra es, sin duda, grande, la "capitalizaciуn" de la agricultura, lejos de disminuirla, la aumenta todavнa mбs. Durante la fase de expansiуn "capitalista", notablemente entre 1920 y 1930, y de nuevo entre 1940 y 1960, la concentraciуn de la propiedad agrнcola aumentу. (Prado, 1960: 207.) Entre 1940 y 1950, las posesiones de mбs de 1.000 hectбrea aumentaron su proporciуn en relaciуn al total de tierra cultivable de un 48 a un 51%. (Folha de Sгo Paulo, 1963.) Durante la crisis mundial de la dйcada del 30, esta concentraciуn disminuyу, tema que tratarй mбs adelante.
En Sгo Paulo, el estado mбs "capitalista" y de mбs cultivos comerciales, la concentraciуn de las tierras cafetaleras y algodoneras creciу tambiйn con el desarrollo capitalista. (Paixao, 1959: 33; Schattan, 1961; 101.) De igual modo, con relaciуn al estado de Rнo de Janeiro, (Geiger, 1956: 50, 74), informa que tanto los terratenientes domiciliados como los ausentistas, los individuos y las corporaciones, compraban tierra a diestra y siniestra durante la expansiуn econуmica. O, para citar a Guimaraes (1963), en un artнculo en el Jornal do Brasil:
El desarrollo econуmico podrнa llevarnos a suponer un rйgimen de distribuciуn de Ia tierra menos injusto. Lejos de ello, los altos porcentajes de familias sin tierra indican, como se observa particularmente en Sгo Paulo, y Rнo de Janeiro, que el desarrollo econуmico no conduce espontбneamente y por sн solo a la redistribuciуn de Ia estructura agraria ni a Ia soluciуn del problema de la tierra en nuestro paнs. (Guimaraes, 1963.)
Tampoco la extensiуn de la frontera agrнcola ayuda a eliminar la concentraciуn de la tierra. Aunque los estados de Rнo Grande do Sul y Santa Catarina fueron colonizados en el siglo XIX siguiendo mбs bien un patrуn de pequeсas propiedades, la concentraciуn de la tierra allн no se diferencia mucho hoy de la de otras regiones. Como observa Cardoso (1961: 13), en las "nuevas zonas", como el norte del estado de Paranб donde la caficultura comenzу sobre la base de pequeсas propiedades, la reagrupaciуn de йstas en grandes posesiones por los terratenientes locales mбs prуsperos o por otros de Sгo Paulo que han hecho compras en la zona, es ya general. Ni la actual extensiуn de la frontera agrнcola de Goiбs, Matto Grosso o cualquier otro estado imhibe Ia concentraciуn. Como indican las informaciones de la prensa diaria, aunque estas tierras son a menudo colonizadas por pequeсos pobladores, no tardan en apoderarse de ellas los grandes propietarios llamados grilheiros, quienes expulsan a aquйllos de un modo u otro.
Contrariamente a la tesis marxista tradicional, no se observa patrуn consecuente alguno de agricultura extensiva e intensiva en los sectores "feudal" y "capitalista", respectivamente. Los patrones del uso de los recursos que se resumen en la Tabla 1 (A: 2 a 6), especialmente, no son determinados por estos supuestos principios u organizaciуn, sino, como veremos despuйs; por otras consideraciones. Por consiguiente, nosotros encontramos que Ias pequeсas, aunque "feudales", fincas arrendadas, estбn mucho mбs intensivamente trabajadas —y tal vez, hasta mбs capitalizadas— que las grandes, sean "feudales" o "capitalistas". (Vйase, por ejemplo, el anбlisis de la mitad inferior del estado de Rнo de Janeiro que hizo Geiger, 1956, especialmente las pбginas 75-81 y 128-152). El excelente estudio de la organizaciуn y la producciуn agrнcolas del estado de Sгo Paulo que publicу Salomгo Schattan (1961), revela que las propiedades agrнcolas pequeсas y medianas, estбn mбs intensivamente cultivadas, dedican menos tierra a los relativamente improductivos bosques y pastizales, tienen una poblaciуn humana y animal mбs alta por hectбrea, una fuerza de trabajo mayor por hectбrea y producen mбs ingresos por hectбrea, incluyendo las de la producciуn pecuaria, pero, claro estб, menos ingreso por habitante. (103-114.) La misma relaciуn entre el tamaсo de la propiedad y la producciуn es aplicable al estado de Rнo de Janeiro. (Geiger, 1956: 76-77.) Por el contrario, la agricultura migratoria, el agotamiento del suelo, la subutilizaciуn y subcapitalizaciуn de las fincas y otros rasgos "precapitalistas", "se reflejan mucho mбs", como sugiere Paixao (1959: 33-34), en las economнas cafetalera y algodonera del "capitalista" Sгo Paulo. El Instituto Brasileiro do Cafй (1962) admite estos efectos de la caficultura y hasta pide ayuda al gobierno para fomentarlos y extenderlos. Ianni (1961: 29 n) observa que los incrementos de la producciуn agrнcola de Brasil se han debido, precisamente, a la colonizaciуn de nuevas tierras y no al aumento de la productividad de los cultivos.
En cuanto a la supuesta intensificaciуn de la crнa de ganado, Schattan no la menciona con respecto a Sгo Paulo (1961: 105-107) y Geiger la niega explнcitamente con relaciуn a Rнo (1956: 59, 121). Un estudio de la Comisiуn Nacional de Polнtica Agraria del Ministerio de Agricultura (1955) seсala que las quemas son casi tan comunes en el sur "capitalista" como en el nordeste "feudal", usбndose el 87 y el 98% de Ios municipios, respectivamente. En cuanto a Sгo Paulo y Piauн, los cuales son, respectivamente, el estado mбs adelantado y el mбs atrasado, la relaciуn de los porcentajes es la misma. (103-118.) "Tres aсos o mбs de descanso" y "barbecho, dedicados a pastoreo" ocurren, respectivamente, en el 55 y el 80% y en el 68 y el 88% de los municipios del sur y el nordeste (103-118); pero en este caso, gran parte de la diferencia se debe, posiblemente, a los diferentes cultivos de ambas regiones: permanentes (cafй) y pastos, en el sur, y no permanentes en el nordeste. No obstante, el mismo estudio indica una diferencia mбs notable entre las dos regiones con respecto al capital que se invierte en fertilizantes (103-118) y en tracciуn (127-133); y tambiйn, lo que no es de extraсar, una diferencia aъn mayor—y que puede contribuir mucho a explicar la diferencia en capital—entre la cantidad y procedencia de los crйditos a disposiciуn de ambas regiones (85-94). El hecho de que —como mantiene Singer—, el capital con el desarrollo se puede hacer mбs abundante y barato en relaciуn a la tierra y al trabajo en toda la economнa, no significa que la agricultura, o una parte determinada de ella, recibirб concomitantemente una mayor inversiуn de capitales. En realidad, pocas inversiones fluyen hacia la agricultura, y aun puede decirse mбs: que, a la inversa, probablemente se retiran de ella. En el estado mбs capitalista, Sгo Paulo, cuando aumenta la demanda de un determinado producto agrнcola, la reacciуn de la oferta se debe menos al incremento del total de recursos que a la retirada de йstos de otro cultivo, generalmente una cosecha no comercializada. (Schattan, 1961: 88, Prado, 1960: 205-207.)
Probablemente, hay algo de oposiciуn entre la autosuficiencia y la producciуn para la subsistencia, la especializaciуn y la dependencia de abastecimientos externos. Pero las razones no son, necesariamente, las que insinъan los marxistas tradicionales. Por ejemplo, el hecho de que en las regiones caficultoras se dediquen mбs бreas a los frutos menores que en las azucareras (lo que ni siquiera apoya el raciocinio de azъcar-feudalismo, cafй-capitalismo), puede deberse mбs al hecho de que la entresiembra de otros cultivos con el cafй no reduce necesariamente, e incluso puede aumentar su rendimiento, Io que no ocurre con la caсa. Ademбs, el nordeste "feudal" dedica a comestibles del 30 al 40% de sus importaciones (Desenvolvimiento & Conjuntura, 1959/4: 71); siendo este бrea desde su colonizaciуn; por supuesto, exportadora de productos comerciales. La subsistencia y la especializaciуn pueden encontrarse entrelazadas en todas partes de Brasil; ademбs, la importancia relativa de una a otra varнa con el tiempo (Prado, 1960: 205; Geiger, 1956: 128), parte importante de la realidad que el anбlisis marxista tradicional no explica o no puede explicar.
Por ъltimo, si lo de mentalidad "racionalista" se refiere al hecho de servir bien los intereses propios, es difнcil aceptar sin otro testimonio que la poblaciуn del sector "feudal" cuida menos de sus propios intereses que la del sector "capitalista", o que aquйlla los cuidarб cada vez mejor gracias a la penetraciуn del capitalismo en su existencia. Todo depende de cuбles sean las circunstancias y los intereses particulares, asunto que examino en la siguiente secciуn. Y si lo de "racionar se refiere al bienestar comъn o pъblico, dista mucho de ser obvio que la mбs idуnea (para los productores) variedad de cultivos de las granjas tradicionales (Geiger, 1956: 76, 129) es una desventaja irracional.
II) El estado de los trabajadores agrнcolas. Si todas las relaciones no dinerarias de la agricultura son, por definiciуn, no capitalistas, y todos los pagos en dinero son capitalistas, las tesis marxistas tradicionales acerca de las condiciones del trabajo agrнcola son, claro estб, ciertas por definiciуn. Pero en este caso no nos enseсan nada acerca de la realidad. Y la realidad de la agricultura brasileсa es que las mil y una variaciones y combinaciones de las relaciones del trabajo agrнcola, se entremezclan en todas las areas. Cualquier nъmero de formas de arrendamiento y retribuciуn del trabajo puede darse en la misma regiуn, en la misma finca, en la misma parte de una finca, y existen casi por entero a voluntad del propietario o administrador de la finca. La forma como se determina esta voluntad serб estudiada en el examen. Estas relaciones, lejos de ser causadas por la mentalidad feudal o las huellas coloniales, son determinadas por imperiosas consideraciones econуmicas y tecnolуgicas. Difieren, por ejemplo, en razуn de los cultivos. Asн, las cosechas de plantas permanentes y semipermanentes, como los бrboles y los plбtanos, no permiten, evidentemente, la participaciуn, y en ellas no se encuentra la aparcerнa. (Geiger, 1956: 80.) Es comъn que a una familia se le pague de dos o mбs formas por su trabajo en diferentes cultivos. Y los cambios de la forma de empleo y retribuciуn siguen a los cambios del cultivo que se siembre o del ganado que se crнe.
Otro factor determinante de gran importancia es el grado de variaciуn de lo que se produce y la cantidad y permanencia de la mano de obra disponible. Cuanto mбs varнa la producciуn y mбs abundante y segura es la oferta de brazos, tanto menos, evidentemente, los propietarios "atan" a la hacienda a los campesinos, o sea, tanto mбs se proletarizan йstos. El pago mediante vales para "la tienda de la compaснa" lejos de ser prueba de una relaciуn feudal, es una funciуn de la actividad comercial de la hacienda y de la posiciуn monopolista del propietario de la compaснa. Tal forma de pago puede encontrarse en las fincas mбs "modernas" y en las mismas puertas de Rнo de Janeiro. (Geiger, 1956: 86.) En el nordeste "feudal" y en el sur "capitalista" encontramos que el 12 y el 14% respectivamente, de los municipios practican el pago en especies mбs que en dinero. Hasta con relaciуn al estado mбs "feudal", Piauн, y al mбs "capitalista", Sгo Paulo, la comparaciуn es sуlo del orden del 26 y el 10%, respectivamente. A lo que podemos aсadir que Sгo Paulo es un productor de cultivos permanentes, mientras que Piauн no lo es. (Comissгo Nacional, 1955: 149-156.)
Aunque Singer (1961: 71) sostiene que el pago en dinero es, a menudo, la fachada de una relaciуn semifeudal originada en la posiciуn sociopolнtica que el propietario heredу de la colonia, Prado (1960: 214-224), Costa Pinto (1948: 165-168) e Ianni (1961: 41) indican lo contrario: a saber, que varios rasgos "feudales" de la relaciуn propietario-trabajador son fachadas de una explotaciуn econуmica esencialmente comercial. El cambio de una forma de empleo a otra —o al desempleo— no proporciona al trabajador agrнcola "una mata libertad", ya que el poder econуmico de explotaciуn del propietario sobro el trabajador permanece intacto o aumenta. Y tal cambio priva a menudo al trabajador de la seguridad que le proporciona un cierto grado de libertad de acciуn.
Por bajo que sea el ingreso y nivel de vida de las diversas clases de arrendatarios, el estudio de las condiciones de la vida rural en 1836 de los 1894 municipios de Brasil, demuestra que los jornaleros agrнcolas perciben siempre ingresos menores y tienen peores condiciones de vida que Ios arrendatarios y aparceros. (Comissгo Nacional, 1955: 9-39.) Francisco Juliгo (1962: 58) confirma que los jornaleros agrнcolas, en cuanto a libertad e ingreso, son cultural y econуmicamente pobres y dependientes.
En relaciуn a la expulsiуn de los trabajadores agrнcolas de la tierra y su migraciуn a otras бreas y a las ciudades, lo determinante no es la sustituciуn de las relaciones "feudales" por las "capitalistas", sino el desarrollo capitalista de la economнa nacional e internacional su conjunto. Si se confнa en el dato, es interesante el hecho de que puede haber relativamente mбs emigraciуn, de los municipios del nordeste entre los trabajadores del grupo de ingresos de 11-20 cruzeiros, que entre los del grupo de 0-10 cruzeiros. (Comissгo Nacional, 1955: 41-48; precios de 1952.)
III) Los cambios o travйs del tiempo. La deficiencia mбs seria de todas las tesis y anбlisis marxistas tradicionales, aparte de las consideraciones teуricas y polнticas fundamentales (sobre las que volveremos mбs tarde), es su incapacidad para dar una explicaciуn adecuada de los cambios ocurridos en el transcurso del tiempo. La tesis de la "preexistencia del feudalismo" introduce dificultades desde el principio. Aparte de la debatida cuestiуn acerca del grado en que Europa o la penнnsula ibйrica eran feudales en los tiempos de la conquista, surge, de inicio, el problema de cуmo llegу el feudalismo al Nuevo Mundo. Aunque pueden haber sido feudales las relaciones sociales que predominaban en la metrуpoli, el sector que determinу la apertura del Nuevo Mundo puede haber sido mercantil. De lo contrario, їcуmo podнa o querrнa una sociedad feudal dar los pasos necesarios para conquistar y abrir al comercio todo un continente nuevo? Ademбs, їhabrнa tenido la metrуpoli, feudal o mercantil, interйs en establecer un sistema feudal en el Nuevo Mundo o capacidad para establecerlo? Asн, pues, por quй un sistema feudal crearнa otro o se trasplantarнa йl mismo en un nuevo continente, es algo doblemente inexplicable.
La tesis de la "coexistencia del feudalismo y el capitalismo" no aclara a partir de quй se supone que llegу el capitalismo a Amйrica latina o a Brasil. їPartiу del feudalismo local preexistente, como en Europa? En vista de la evidencia, a la que tambiйn se adhieren Said y Singer, de que Amйrica latina y Brasil tuvieron desde el principio fuertes lazos mercantiles con la metrуpoli, tal respuesta, evidentemente, merecerнa poca adhesiуn. Si el feudalismo existiу primero y coexistiу luego con el capitalismo en el Nuevo Mundo, debemos preguntar todavнa de dуnde vino el capitalismo. La tesis de la "penetraciуn capitalista del feudalismo" plantea mбs dificultades aъn. En sus versiones mбs extremas, se refiere a una penetraciуn y proletarizaciуn "continuas, progresivas y acumulativas" y sostiene que este proceso "conducirб a la expulsiуn total y definitiva del colono, el arrendatario, el aparcero, etc., del interior de la hacienda o latifundio, o sea, a su proletarizaciуn". (Ianni, 1961: 45, 46.)
Dicho de otro modo, se supone que estamos presenciando un proceso en que el capitalismo extingue irreversiblemente al feudalismo en el campo y finalmente incorpora a la agricultura a la economнa nacional capitalista. Ademбs, a menudo se pretende que el sector feudal, aparte y antes de su penetraciуn por el capitalismo, es totalmente insensible a los cambios a largo y corto plazo de la demanda y, en verdad, a los cambios de las circunstancias de cualquier clase, mientras que el sector capitalista es sensible a la demanda y necesidad de productos agrнcolas y, al parecer, capaz de satisfacerlas. Pero si estas tesis "penetrativas" son ciertas, no pueden explicar la sustituciуn, en realidad muy frecuente, de los rasgos "feudales" por los "capitalistas" y viceversa a travйs del tiempo. (Prado, 1960: 205-207.) Ademбs, el observador mбs indiferente puede notar, como atestiguan los serios anбlisis de Caio Prado (1960, 1962), Schattan (1959, 1961), Paizao (1959), Geiger (1956) y otros, que el sector "feudal" se adapta continuamente a las circunstancias, incluyendo los cambios de la demanda, mientras que la mayorнa de los sectores "capitalistas" y mбs "racionalmente organizados" de la agricultura dejan mucho que desear a las demandas y necesidades de la sociedad.
De hecho, la misma dualidad del planteamiento feudalismo-capitalismo no permite dar razуn de los aspectos "feudales" ni de los "capitalistas" del desarrollo agrнcola, y mucho menos comprender por quй se combinan. La tesis feudalista no explica siquiera lo acontecido en el sector "feudal". No da cuenta de la introducciуn del "feudalismo", ni del desarrollo histуrico de ese sector, ni de sus muchos cambios a corto plazo. Tampoco da razуn del sector "capitalista", aunque algunos marxistas confesos llegan hasta a argьir que las relaciones "feudales" entre propietario y trabajador "dentro" de la hacienda determinan el comportamiento de aquйl fuera de йsta, o sea, en el mercado "capitalista", y es aъn mбs general la aceptaciуn de que el sector "feudal" frena el progreso del "capitalista", por lo que, en este sentido al menos, determine su desarrollo. Este juicio, pretendidamente basado en el principio marxista de que las relaciones determinantes son las internas y no las externas, resulta hasta donde yo alcanzo a ser, de la incapacidad de sus proponentes para distinguir lo interno de lo externo.
La parte "capitalista" de la tesis, que se refiere no a toda la economнa, sino sуlo a su sector "capitalista", adolece de similares defectos, aunque no tan serios. Debemos preguntar una vez mбs: si la agricultura, excluida la de exportaciуn, era "feudal", їcуmo y por quй surgiу el capitalismo? Por ъltimo, si el capitalismo estб penetrando en la agricultura, їcуmo se relaciona йsta con la economнa nacional? Y si la economнa nacional no es totalmente capitalista, їcуmo hemos de comprender Ia economнa y sociedad de Brasil en su conjunto, o de cualquier otra naciуn?
b) Las conclusiones teуricas y polнticas. Existe notable similitud en todo lo esencial entre los anбlisis burgueses y marxistas nacidos en la metrуpoli. Ambos mantienen que la sociedad se compone de dos sectores bastante independientes. Uno es mбs moderno, porque tomу un vuelo mбs o menos independiente y es capitalista; el otro, el sector agrario, retrae su propio progreso y el del sector moderno porque sigue siendo feudal. Por tanto, la desapariciуn de Ia estructura feudal de la agricultura y la introducciуn o extensiуn de una organizaciуn capitalista moderna resolverбn a Ia vez dos problemas: la crisis de la agricultura y el desarrollo de la economнa nacional. Asн, sуlo necesitamos cambiar algunas cosas del sector agrнcola sin desarmar, y mucho menos reemplazar el mecanismo capitalista total. La fбcil identificaciуn de los rasgos feudales y capitalistas permitirб esa separaciуn quirъrgica que sanarб todo el cuerpo econуmico.
Esta interpretaciуn dualista se apoya en confusiones importantes. Una de ellas se refiere al uso y el contenido semбntico de tйrminos como "feudal" y "capitalista". Casi siempre que los autores citados y otros emplean estas palabras, se refieren a rasgos como los que se mencionan en la Tabla 1: tipos de relaciones entre propietarios y trabajadores, comportamiento y motivaciуn de las personas, tйcnicas de producciуn y distribuciуn, etc. Pero a menudo van mбs allб de estos rasgos y concluyen no sуlo que las relaciones feudales estбn siendo o deberнan ser reemplazadas por las capitalistas, sino tambiйn que el sistema feudal estб siendo o deberнa ser reemplazado por el sistema capitalista. Sus conclusiones derivan a menudo de la confusiуn del sistema con sus diversos rasgos.№ Esto podrнa evitarse si se reservaran los tйrminos como "feudal" y "capitalista", en su acepciуn clбsica, para referirse a lo que es verdaderamente central: el sistema socioeconуmico y su estructura en sн, y no aplicarlos a toda clase de rasgos supuestamente asociados.
Una fuente de confusiуn mбs significativa concierne a la verdadera naturaleza del sistema feudal y, lo que es mбs importante, del sistema capitalista. Cualesquiera que sean los tipos de relaciones personales que existan en un sistema feudal, lo determinante en йl, para nuestro propуsito, es que se trata de un sistema cerrado o dйbilmente ligado al mundo exterior. Un sistema feudal cerrado no serнa incompatible con la suposiciуn —aunque no se infiera necesariamente de ella—de que Brasil y otros paнses tienen una "sociedad dual". Pero esta condiciуn cerrada —y la dualidad tambiйn— es totalmente incompatible con la realidad pasada o presente de Brasil. Ninguna regiуn de Brasil, ninguna parte populosa seguramente, forma un sistema cerrado o siquiera histуricamente aislado. Por tanto, nada de este sistema, en los aspectos mбs esenciales, puede ser feudal. Antes bien, Brasil, en su conjunto, por feudales que sus rasgos parezcan ser, debe su formaciуn y su naturaleza actual a la expansiуn y desarrollo de un ъnico sistema mercantil-capitalista que abraza (hoy con la excepciуn de los paнses socialistas) al mundo entero, incluido Brasil. Lo esencial del feudalismo no ha tenido nunca existencia en Brasil, como Roberto Simonsen, el industrial brasileсo mбs importante de su tiempo, esclarece en su monumental y precursora Historia econуmica do Brasil, 1500-1820 (1962).
Es importante que tratemos de comprender la estructura real del capitalismo y no sуlo de algunos de sus rasgos y sнntomas. Ni deberнa confundirse el sistema capitalista con sus manifestaciones en sуlo el sector mбs desarrollado —o moderno o racional o competitivo—de la metrуpoli europeo-norteamericana o Sгo Paulo. El capitalismo estб encarnado en un solo sistema, y como tal se desarrollу: el capitalismo "brasileсo" o "paulista" o "norteamericano" no es mбs que un sector de este ъnico sistema universal.
Este sistema capitalista, en todo tiempo y lugar —y de su naturaleza debe resultar asн—, produce desarrollo y subdesarrollo. El uno es tan producto del sistema y tan "capitalista" como el otro. El subdesarrollo de Brasil es tan natural del sistema como el desarrollo de Estados Unidos; el subdesarrollo del nordeste brasileсo no ha sido menos determinado por el capitalismo que el desarrollo de Sгo Paulo. El desarrollo y el subdesarrollo se originan mutuamente en la evoluciуn total del sistema. Llamar "capitalista" al desarrollo y atribuir el subdesarrollo al "feudalismo" es una incomprensiуn seria que conduce a los mбs graves errores polнticos. Si el feudalismo no existe, no puedo ser abolido. Si el subdesarrollo actual y los males actuales de la agricultura se deben ya al capitalismo, difнcilmente pueden ser subsanados "atendiendo" aъn mбs el capitalismo. En ese caso es el capitalismo y no el feudalismo el que necesita ser abolido.
El fundamento teуrico del anбlisis "feudal" de la agricultura resurge en los esfuerzos por comprender y resolver otras facetas de los problemas de Brasil y otros paнses subdesarrollados. Las interpretaciones burguesas y las marxistas tradicionales, como hemos visto, presuponen dos sectores de una presunta sociedad ъnica, que o bien son independientes y autodeterminantes, como en Sodrй y Singer, o bien estбn al menos, completamente separados, como sugieren Cardoso lanni. Esta dualidad, que admite una dinбmica separada para cada uno de ellos y rechaza para ambos la posibilidad de una dinбmica comъn, niega la base y la entraсa misma de la teorнa y el mйtodo marxistas, e impide, necesariamente la comprensiуn adecuada de la ъnica sociedad capitalista en su conjunto. Conduce, por consiguiente, a la lнnea polнtica mбs desastrosamente equivocada.
Este anбlisis se repite en el modo de enfocar el aspecto internacional de la misma economнa y el problema imperialista que plantea. Porque, al parecer, en opiniуn de ciertos marxistas, esa parte de la economнa es separable, y el problema que plantea se puede resolver por separado, al igual que su contrapartida agrнcola. Por ende, las economнas nacionales capitalistas de Amйrica latina dejaron atrбs la agricultura feudal y de algъn modo emprendieron y siguieron su propio desarrollo independiente, similar al de sus antepasados europeos. Luego, asн como el capitalismo nacional comenzу a invadir la agricultura provincial, el capitalismo internacional comenzу a invadir las economнas nacionales, pero con resultados indeseables. Asн, pues, la cirugнa vuelve a estar indicada, esta vez para cortar el cбncer del imperialismo y, por consiguiente, dejar que la economнa nacional siga su camino, relativamente saludable en otros sentidos.
Por supuesto, ciertos doctores en economнa polнtica de la llamada vanguardia de la burguesнa nacional prescribe, estas mismas intervenciones quirъrgicas. Lo sorprendente es que algunos marxistas confesos, especialmente los partidos comunistas de la vieja guardia, crean que toda la burguesнa, o al menos la "burguesнa nacional" desea resolver de esta manera los problemas de la agricultura y el imperialismo y por tanto, el desarrollo nacional, y que la "revoluciуn burguesa", por consiguiente, tiene que llevarse a cabo todavнa y en esta tarea deberнa apoyarse a la burguesнa. Tales marxistas sostienen que la burguesнa, en realidad, no sуlo estб dispuesta a hacerlo, sino que tiene capacidad para hacerlo. Y se ofrecen a ayudarla sin condiciones a liberar a la economнa nacional subdesarrollada de sus inadecuados sectores agrнcola feudal e internacional imperialista, y acusan de aventurero, divisionista o revisionista-reaccionario a todo lo que no se una a este frente. Esta polнtica desastrosa parecerб menos sorprendente si reconocemos que deriva de una teorнa y un anбlisis totalmente no marxista, pues admiten dos, y hasta tres, sectores autуnomos, de creaciуn independiente o separada, que son susceptibles de ser destruidos por separado.
1. Despuйs de escrito este ensyao, he encontrado que Silvio Frondizi plantea esencialmente lo mismo con relaciуn a Argentina: "En efecto, una cosa es la existencia de formas precapitalistas como caracterнstica fundamental de una economнa, tal es el caso de la Rusia prerrevolucionaria, y otra cosa, totalmente distinta, es la existencia de formas precapitalistas injertadas en una economнa francamente capitalista y expresiуn aparentemente distinta, del rйgimen capitalista de producciуn". (Frondizi, 1956, 11, 168.)
Capítulo EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEŃA
B. LA AGRICULTURA CAPITALISTA
1. Capitalismo y subdesarrollo
Para comprender realmente la agricultura subdesarrollada, debemos comprender el subdesarrollo. Y para esto debemos investigar el desarrollo de ese subdesarrollo. Sí, desarrollo del subdesarrollo, porque el subdesarrollo, a diferencia quizás del no desarrollo, no antecedió al desarrollo económico ni surgió espontánea ni repentinamente. Se desarrolló a la par con el desarrollo económico, y así continúa ocurriendo. Es parte integrante del indivisible proceso evolutivo por el que ha pasado este planeta en los últimos cinco siglos o más. Por desdicha, hasta ahora sólo se ha prestado atención, casi exclusivamente, a la parte del proceso relativo al desarrollo económico, tal vez porque nuestra ciencia, tanto su rama burguesa como la marxista, surgió en la metrópoli junto con el desarrollo económico mismo.
No es posible, claro está, elaborar aquí toda una teoría del subdesarrollo, pero es esencial tomar nota de algunos fundamentos del proceso. El primero es que este proceso ocurrió bajo una sola forma dominante de organización económica y política a la que se llama mercantilismo o capitalismo mercantil. Un segundo fundamento es que, en cada paso del camino, esta forma de organización concentró en grado sumo el poder económico y político, y también el prestigio social, en lo que se ha venido a conocer por monopolio. Tercero, los efectos han sido extensos universales pudiera decirse, y aunque muy diferentes de un lugar o grupo a otro, han sido siempre extremadamente desproporcionados. Este tercer factor (la universalidad) es el que presta al segundo (la concentración) su importancia. Porque también existe concentración, por ejemplo, en el feudalismo. Pero el feudalismo concentra la tiera en cada feudo separado y no en una economía más amplia, en tanto que el término monopolio, en su sentido moderno, se refiere a la concentración en un todo universalmente interconexo. Además, esta combinación de relaciones universales monopolistas es la que necesariamente produce desigualdad, no sólo del factor monopolizado, sino de otras relaciones también. Cuarto, nos enfrentamos aquí a un proceso, y como éste continúa, sus efectos también. Así, pues, la desigualdad continúa aumentando (Myrdal, 1957), y asimismo el desarrollo y el subdesarrollo económicos.
El desarrollo capitalista ha entrańado la monopolización de la tierra y otras formas de capital y del trabajo, el comercio, las finanzas, la industria y la tecnología, entre otras cosas. En diferentes épocas y lugares, el monopolio ha tomado diversas formas y ha tenido distintos efectos al adaptarse a las diferentes circunstancias. Pero aunque es importante distinguir las peculiaridades, como la agricultura brasileńa, es más importante aún no perder de vista otros aspectos fundamentalmente similares. Sobre todo, es importante tener en cuenta, donde sea posible, cómo las otras partes del proceso capitalista mundial determinan la que se estudia y viceversa.
La dualidad o contradicción desarrollo-subdesarrollo del capitalismo recibe hoy la mayor atención, por supuesto, a nivel internacional de los países industrializados y de los subdesarrollados. La metrópoli europea comenzó realmente a acumular capital hace varios siglos. Su expansivo sistema mercantilista se extendió a otros continentes, donde impuso en diferentes lugares y tiempos formas de organización económica acordes con las circunstancias. En la cordillera americana que corre desde la Sierra Madre, en el norte, a los Andes, pasando por el istmo, encontró imperios bien organizados de pueblos civilizados, con riquezas minerales listas para llevar a casa. En África encontró trabajo humano que utilizó para abrir las tierras bajas latinoamericanas, particularmente Brasil. Este expansión no sólo contribuyó al desarrollo económico de la metrópoli, sino que también dejó sus huellas en otros pueblos, cuyos efectos estamos presenciando aún. Entre los aztecas y los incas destruyó civilizaciones enteras. Pero aunque el capitalismo penetró en estas tierras y las vinculó a las fuerzas metropolitanas que han determinado la suerte de aquéllas, algunos de esos pueblos encontraron protección parcial aislándose en las montańas. En Brasil se implantó toda una sociedad nueva, mezcla de tres razas e incontables culturas, grano para el expansivo molino capitalista metropolitano. Cualesquiera que fueran la formas institucionales trasplantadas al Nuevo Mundo, o surgidas en él, su contenido era determinado inevitablemente por el mercantilismo o capitalismo.
Más tarde, cuando la industrialización y la urbanización metropolitanas comenzaron a demandar más materias primas y más comestibles, se acudió es decir, se obligó a las regiones hoy subdesarrolladas a suministrar la parte que los productores primarios metropolitanos no podían producir o se ahorraban con ello tener que producir. A países como India y China, que aún no habían sido explotados de ese modo, les llegó su hora en la fase imperialista, en la que se destruyeron sus industrias rurales, si no directamente su agricultura, para que pudieran absorber mejor el excedente metropolitano de bienes industriales. En nuestros días, la metrópoli capitalizada invierte sus capitales en la producción de tecnología y materias sintéticas que sustituyen a ciertas materias primas, y hasta produce excedentes de otros productos primarios (trigo, etc.), que los países productores primarios, hoy especializados, son obligados a absorber también. En todo sentido, los países periféricos han sido el rabo del perro capitalista metropolitano: se han hundido en el subdesarrollo, particularmente agrícola, mientras que la metrópoli desarrollaba la industria. Pueden encontrarse análisis actuales de este proceso en Baran (1957), Myrdal (1957) y Lacoste (1961).
Este desarrollo simultáneo de la riqueza y pobreza desiguales puede verse también entre regiones de un solo país. Las relaciones entre el norte y el sur de Estados Unidos y entre el sur y nordeste de Brasil, son, en lo fundamental, las mismas que existen entre la metrópoli y sus regiones subdesarrolladas. Pero las relaciones del nordeste con el sur no sustituyen, sino completan, las relaciones con el mundo metropolitano; ese mundo no ha cesado de existir y sus efectos no pueden deshacerse jamás.
El ingreso per capita del nordeste brasileńo, una de las regiones más pobres y subdesarrolladas del mundo, es aproximadamente la cuarta parte del que tiene el sur; Piauí, su estado más pobre, cuenta con la décima parte del de Guanabara, asiento de Río de Janeiro. (Desenvolvimiento & Conjuntura, 1959/4: 7-8.) El nordeste (incluyendo a Sergipe y Bahía), con el 32% de la población de Brasil, ganó en 1955, 75.000 millones de cruzeiros, del total nacional de 575.000 millones. Y el ingreso a disposición de sus habitantes fue aún menor, puesto que el área muestra una salida de capitales hacia otras regiones. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1957/2: 18-19.) En realidad, el nordeste agrícola, pobre y hambriento de capital, gana divisas que se invierten en la capitalización y bienestar de otras regiones, de las que a su vez importa comestibles, que representan el 30 o 40% de sus importaciones regionales. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1959/4: 71.) Hasta lo que gasta en alimentar y educar a sus jóvenes contribuye al desarrollo de otras regiones, porque la mayoría de sus obreros productivos emigran a áreas de mayores oportunidades.
El examen del curso histórico del subdesarrollo del nordeste es esclarecedor. Durante la época del azúcar, su costa era el sector principal, y su interior periférico, subdesarrollado y ganadero, era el abastecedor de carnes del sector exportador azucarero, así como éste era la periferia en vías de subdesarrollo de la metrópoli europea. Con la decadencia de la economía azucarera, todo el nordeste vino a quedar subdesarrollado. El subsiguiente ascenso de la metrópoli nacional de Săo Paulo descapitalizó aún más al nordeste, así como a buena parte del resto de la economía. Ciertos paulistas gustan de decir que Săo Paulo es una locomotora que arrastra a veintiún vagones (los 21 estados); olvidan ańadir que éstos son los vagones carboneros gracias a los cuales puede andar. Pero decir que una región es más "feudal" y otra más "capitalista" sólo sirve para oscurecer su común estructura capitalista, causante de la desigualdad entre ellos.
Esta dualidad o contradicción desarrollo-subdesarrollo de la sociedad capitalista está acompańada universalmente de la concentración monopolista de los recursos y el poder. En Estados Unidos, la contradicción aparece en las ciudades grandes y las áreas metropolitanas, entre regiones como el norte y el sur, entre lectores como la industria y la agricultura, dentro de los sectores de una misma industria. En la agricultura en 1950, el 10% de las fincas produjeron el 50% de las cosechas, mientras que el 50% de aquéllas producían el 10% de éstas y un millón de los cinco millones de familias campesinas tenían un nivel de mera subsistencia. Y Estados Unidos nunca pasó por ninguna clase de feudalismo. La industria europea occidental exhibe a la vez la tecnología más adelantada incorporada a carteles internacionales al lado de fábricas que tienen más de familia que de negocio y talleres de artesanía que nos retrotraen a la Edad Media. Lo mismo encontramos en todas partes de la economía brasileńa, como en las propiedades urbanas de Porto Alegre, donde el 0,5% de la población cuenta con el 8,6% de los propietarios, que en conjunto poseen el 53,7% de los bienes raíces. (A Classe Operária, 1963.)
Capнtulo EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEСA
B. LA AGRICULTURA CAPITALISTA
2. Los principios organizativos
Asн, pues, la agricultura brasileсa sуlo puede ser comprendida como resultado del desarrollo-subdesarrollo capitalista mundial. No cabe en este ensayo una demostraciуn rigurosa de esta tesis ni un anбlisis completo de la agricultura brasileсa. Entre otras cosas, la teorнa y metodologнa mismas del desarrollo-subdesarrollo capitalista continъan estando subdesarrolladas. Las variedades de desarrollo y subdesarrollo capitalista, sus cambios en el tiempo y, en verdad, toda la realidad social, son mбs complejos que la teorнa econуmica relativamente simple de que se dispone para interpretarlos. Hay tambiйn una falla concomitante de reconciliaciуn y anбlisis previo de los datos, especialmente acerca de la monopolizaciуn del comercio de los productos agrнcolas, en particular los comestibles. Sin contar, ademбs, las limitaciones de mi propio desarrollo teуrico y mi conocimiento de las realidades de la agricultura brasileсa. Sуlo puedo tratar de ofrecer aquн algunos rumbos para estudios posteriores.
Los tres principios organizativos que adopto aquн para analizar la agricultura brasileсa son: a) carбcter subordinado; b) propуsito comercial o mercantil, y c) monopolio. Los tres, por supuesto, se entrelazan y apoyan mutuamente; los he separado, en parte, para distinguirlos de otros principios o relieves de la organizaciуn social, como la regimentaciуn excesiva o la independencia, el predominio de lo cultural o lo productivo, la equiparaciуn o la competencia.
a) Carбcter subordinado. Tanto Brasil como su agricultura han estado, por tradiciуn, subordinados. Celso Furtado (1959: 13, 15) nos dice: "La ocupaciуn econуmica de las tierras americanas fue un episodio de la expansiуn comercial de Europa. Amйrica se convierte en parte integrante de la economнa reproductora europea." Y Caio Prado Jъnior nos lleva a travйs de la historia de Brasil:
Si buscamos la esencia de nuestro desarrollo, veremos que nos formamos para suministrar al comercio europeo azъcar, tabaco, algunos otros productos, despuйs oro y diamantes, posteriormente algodуn y luego cafй. Nada mбs. Con este objetivo... habнan de organizarse la sociedad y la economнa brasileсas. Todo ocurriу en este sentido: la estructura social, tanto como las actividades del paнs... Este comienzo... perdurу hasta nuestra йpoca colonial, en que estamos comenzando a liberarnos de este largo pasado colonial (Prado, 1962: 23.)
Cuando en este siglo ascendieron al poder la industria y el comercio en el sur, estos sectores vinieron a compartir, pero no a sustituir aъn, la determinaciуn de la producciуn agrнcola, la vida y el destino de Brasil.
Dentro del propio sector agrнcola tiene urgencia el mismo principio de la subordinaciуn. Los cultivos para la venta y la agricultura para la exportaciуn dominan y determinan completamente las actividades del sector de la subsistencia, esencialmente residual. Fue asн en йpocas pasadas, y Furtado (1959: 79) presenta el retraimiento del nordeste a una relativa economнa de subsistencia como resultado del menguante valor de sus exportaciones azucareras durante el siglo XVII.
Asн sigue siendo hoy, como Caro Prado (1960: 201, 205) y Geiger (1956: 81) observan cuando examinan la cambiante suerte de la agricultura comercial y sus efectos sobre el sector subsistencial..
b) Propуsito comercial. Caio Prado (1960: 199) es muy explнcito en cuanto a la influencia dominante del comercio sobre la agricultura brasileсa: "La colonizaciуn de Brasil... fue siempre, desde el principio, y en esencia continъa siendo hoy, una empresa mercantil." Este juicio es ampliamente confirmado por dos geуgrafos cuyo reciente "estudio rural" del estado de Rнo de Janeiro, ademбs de ser un ensayo de geografнa econуmica, se convierte en un anбlisis de la agricultura mercantil en forma que a veces no aparenta ser comercial. (Geiger, 1956.) Hasta la agricultura de subsistencia y las relaciones de producciуn "feudales" son fundamentalmente determinadas por el comercio, aunque los estudios anteriores rara vez se refieren explнcitamente a este problema.
c) Monopolio. Todo lo que tiene que ver con la agricultura brasileсa estб sumamente monopolizado. Es un lugar comъn que la tierra, factor principal de la producciуn agrнcola, estб concentrada en unas pocas manos. Pero la Tabla 2 sugiere que el grado de concentraciуn y control de la propiedad es considerablemente mбs alto de lo que a menudo se cree y aparece en la usual presentaciуn de las estadнsticas relacionadas con la tenencia de la tierra. Convencionalmente, la concentraciуn de la propiedad se indica comparando el nъmero de establecimientos o propietarios agrнcolas con el de la superficie que poseen, que la Tabla 2 presenta en las columnas 1 y 2. Este procedimiento sugiere que el 51%, aproximadamente la mitad de los establecimientos o propietarios (columna 1), dan razуn del 3% de la tierra (columna 2), en tanto que la otra mitad posee el 97% restante, y que, entre estos ъltimos, el 1,6% del total posee el 51% de la tierra. Estas cifras, con las reserves que se hacen abajo, son bastante exactas para lo que se proponen: mostrar la distribuciуn de la tierra entre esa parte de la poblaciуn agrнcola que la posee. Pero esta forma de presentaciуn deja fuera a la parte mбs numerosa y productivamente importante de la poblaciуn agrнcola: el 62% que depende de la agricultura y cultiva la tierra, pero no la posee: los trabajadores agrнcolas.
Como primer paso para reflejar con mбs exactitud la verdadera concentraciуn de la tenencia de la tierra, he aсadido a la Tabla 2 una tercera columna de "poblaciуn" o familias agrнcolas. Este procedimiento nos permite comparar la distribuciуn de la propiedad de la tierra no sуlo con la distribuciуn entre los propietarios, sino tambiйn con la mucho mбs significativa poblaciуn trabajadora que depende de la agricultura, tenga tierra o no. La Tabla 2 quiere distinguir tambiйn entre las familias y trabajadores agrнcolas que poseen una cantidad de tierra bastante grande o viable pare vivir de elle y aquйllos cuyas propiedades son demasiado pequeсas o no viables para vivir de ellas sin procurarse ingresos adicionales, generalmente vendiendo su fuerza de trabajo a quienes poseen bastante tierra. Estos "propietarios en apariencia" de tierra no viable, como los llama Engels, pertenecen, en realidad, a la clase de los trabajadores agrнcolas desposeнdos, por cuanto en el sistema capitalista ambos dependen, para sobrevivir siquiera, del trabajo que les proporcionan los grandes poseedores de capital, incluyendo tierra.
TABLA 2
Concentraciуn monopolista de la propiedad agrнcola en Brasil, 1950 (millares)№
Los no poseedores y los poseedores en apariencia formaban, en conjunto, el 81% de las familias agrнcolas y la fuerza de trabajo de Brasil en 1950.
La adiciуn de la categorнa de la poblaciуn agrнcola en la columna 3 y su divisiуn en econуmicamente viable y no viable permite ver con mбs claridad la estructura de la tenencia de la tierra y revela que el grado real de concentraciуn monopolista es mucho mayor de lo que parece ser en la forma convencional de presentaciуn. Ahora no es el 1,6% (columna 1), sino sуlo el 0,6% (columna 3) el que posee el 51% de la tierra cultivable. No la mitad, sino sуlo la quinta parte (incluyendo el 0,6% mencionado), como indica la columna 3, posee el 97% de la tierra. Y no es la mitad, sino el 81%, poco mбs de cuatro quintos de la poblaciуn dependiente de la agricultura, el que posee sуlo el 3% de la tierra cultivable. Los 5.405.224 cabezas de familia o familias corresponden a los 29.621.089 personas dependientes de la agricultura, de las que 9.966.965 se ocupan en labores agrнcolas, siendo las restantes sus dependientes. Dicho de otro modo, en Brasil, en 1950, de una fuerza de trabajo agrнcola de casi 10 millones, mбs de 8 millones, con sus 16 millones de dependientes, tenнan que vivir del trabajo que les proporcionaran 1 millуn de terratenientes, de los que 33.000 y sus familiares, alrededor de la mitad del 1% poseнan mбs del 50% de la tierra.
El pequeснsimo poseedor de una cantidad de tierra no viable o de mala calidad (ambas cosas suelen ir juntas, porque las tierras de los propietarios mбs pequeсos son, tambiйn, las peores) depende directamente, casi tanto como el trabajador sin tierra, de los propietarios mбs grandes que йl, por lo que no estб menos sometido a la explotaciуn monopolista. Ademбs, su propiedad es inestable; йl puede haber sido reemplazado por otro pequeсo propietario similar antes de ser registrada en el censo siguiente la misma parcela. En fin, sus condiciones de vida se aproximan, y a veces son incluso inferiores a las de los jornaleros agrнcolas sin tierra. La estabilidad o seguridad de la posesiуn de la tierra es, aquн, probablemente decisiva. Si la propiedad o dominio de la tierra es permanente, el campesino indнgena de Guatemala o Perъ, al menos, se distingue en todo sentido de su igual asalariado. Tal seguridad de la posesiуn, sin embargo, ъnicamente se obtiene, por lo general, por medio de una acciуn comunal que sуlo otorga derechos de uso o de sujeciуn, pero no de propiedad a los individuos, o que, cuando reconoce la propiedad, restringe la venta de la tierra. (Wolf, 1955.)
Esto plantea el problema de dуnde trazar la divisiуn entre las propiedades "viables" y "no viables". Un tanto arbitrariamente, yo la he trazado aquн en 20 hectбreas por familia, en parte, lo confieso, porque facilita el uso de nъmeros redondos.І La verdadera divisiуn entre "viable" y "no viable" varнa con la tierra, el cultivo, el mйtodo agrнcola y otras circunstancias, y deberнa trazarse, quizбs, en menor nъmero de hectбreas. Por otra parte, el plan trienal brasileсo dice que "mбs posibilidades son muy limitadas no sуlo en бreas de menos de 10 hectбreas", sino que "para obtener resultados mбs o menos satisfactorios en ingreso y productividad" se requieren 50 hectбreas. (Plano Trienal, 1962: 141.) ЎPero en las condiciones del Brasil actual, las fincas de 50 hectбreas importan, mбs que exportan, mano de obra!
Ni siquiera la Tabla 2 expone toda la concentraciуn monopolista de la tierra. Como de costumbre, dada la falta de estadнsticas adecuadas, equipara a la categorнa censal de fincas poseнdas u ocupadas o ambas cosas (pero no alquiladas) una finca por propietario y familia. Pero algunos propietarios no son individuos o familias, sino corporaciones u otros grupos. Y, lo que es mбs importante, ciertos propietarios poseen a menudo varias fincas. No se dispone de estadнsticas generales confiables acerca de esto; pero Geiger (1956: 49-68), en su cuidadoso estudio del estado de Rнo de Janeiro, se refiere a la frecuencia de la propiedad mъltiple y cita varios casos de propietarios de tres o mбs fincas grandes, muchos de los cuales son capitalistas residentes en ciudades. Asн, el 11% de las propiedades en dicho estado, con el 30% de la tierra cultivable, estбn a cargo de administradores. Los ingenios de azъcar, que por ley no pueden cultivar en sus tierras mбs del 30% de la caсa que muelen, poseen fincas mediante testaferros para eludir el lнmite legal. Otros propietarios registran sus fincas a nombre de algъn miembro de su familia, lo que invalida el нndice de propiedad de una familia. Por ayadidura, como las propiedades grandes incluyen las tierras mejores y las pequeсas, las peores, la concentraciуn de la tierra no indica toda la concentraciуn de los valores. En tanto que la pauta de propiedades mъltiples del estado de Rнo de Janeiro sea compartida por los otros, la monopolizaciуn real de la tierra, evidentemente, es mucho mбs alta que lo que las estadнsticas seсalan.і
La concentraciуn monopolista no se limita, en la agricultura, a la tierra. Todo el capital estб concentrado. Costa Pinto (1948: 184) estimу que en 1940 el 78% del valor de las fincas estaba representado por la tierra. Y los datos del censo sugieren que otros capitales estбn aъn mбs concentrados.
El transporte, la distribuciуn comercial y el financiamiento de la producciуn agrнcola estбn monopolizados tambiйn, especialmente en los cultivos para la venta y la exportaciуn. Y estos monopolios, ademбs, son predominantemente extranjeros. De las diez mayores firmas cafetaleras, que exportan el 40% de la cosecha, ocho son extranjeras, siete de ellas norteamericanas. (Vinhas, 1962: 64.) El 50% del algodуn que Brasil exportу en 1960 correspondiу a dos firmas de Estados Unidos; Anderson and Clayton, el monopolio algodonero mundial, y la SANBRA. (Vinhas, 1962: 64.) Segъn el diputado brasileсo Jacob Frantz (1963), estas mismas dos empresas, en 1961, recibieron 54.000 millones de cruzeiros del total de 114.000 millones que el Banco do Brasil (el banco central de la naciуn) prestу para invertir en todas las actividades agropecuarias combinadas. En la industria empacadora de carne, del 12 al 15% de los animales sacrificados en Brasil y, al mismo tiempo, del 80% de los sacrificados y procesados en los grandes mataderos modernos que principalmente sirven a los grandes mercados urbanos y de exportaciуn, correspondieron a cuatro firmas extranjeras: las tres famosas compaснas de Chicago, Swift, Amour y Wilson, mбs la Anglo. (Conjuntura Econуmica, 1962: 50.) El azъcar estб a cargo del Instituto del Azъcar y el Alcohol (IAA), organismo pъblico que supuestamente sirve a la naciуn, pero que es controlado, en realidad (como suele ocurrir en el mundo capitalista), por los mismos productores de azъcar, quienes se benefician, por lento, de la protecciуn del estado y el respaldo de los precios, al igual que sus colegas del Instituto Brasileсo del Cafй.
En relaciуn a otros cultivos, principalmente los de consumo general, se dispone de menos datos acerca de la monopolizaciуn del transporte, el comercio y el financiamiento. Pero el diario conservador Folha de Sгo Paulo (1963) declara que los productores y consumidores de productos agrнcolas estбn sometidos a una red de monopolistas y especuladores que duplican y triplican los precios. El igualmente conservador Correio da Manhг (1963) informa de productos del estado de Rнo de Janeiro que se vendieron en la ciudad con un sobreprecio de 1.500%. Y Geiger (1956) confirma en todo su estudio la universalidad de tal monopolizaciуn de los productos del campo.
El monopolio es, pues, ubicuo en la agricultura brasileсa, y una concentraciуn refuerza a otra. A travйs de las relaciones comerciales y de otra naturaleza, el monopolio determina la subordinaciуn y permite la explotaciуn, que a su vez producen desarrollo y subdesarrollo. La combinaciуn de todo ello provoca en Brasil la crisis de su agricultura.
1. La fuente de los datos sobre establecimientos agrнcolas y tierra cultivable que aparecen en las columnas 1 y 2 es del Instituto Brasileiro de Geografнa y Estadнstica (IGBE), VI recensamento do Brasil, Censo Agrнcola (1950), vol. 2, pp. 2-3. La fuente del nъmero total de familias que se da en Ia columna 3 es el nъmero de cabezas de familia dado por el Censo Demogrбfico (1950) del IGBE.
Por la falta de datos adecuados, se ha estimado Ia descomposiciуn en clases de las familias de la columna 3 aplicбndoles el porcentaje de descomposiciуn de los establecimientos agrнcolas de la columna 1. Este procedimiento supone una familia por cabeza de familia censada y que cada familia terrateniente o cabeza posee un establecimiento agrнcola censada. Esta presunciуn y sus implicaciones se discuten en el texto. Todos los porcentajes han sido computados.
Los datos se refieren a todos los establecimientos agrнcolas y sus tierras. El censo indica tambiйn las tierras "poseнdas", "ocupadas" y "poseнdas y ocupadas", que en conjunto representan 1.856.288 establecimientos del total de 2.064.642 y 214.153.913 hectбreas de tierra cultivable del total de 232.211.106 hectбreas. La diferencia entre las dos categorнas consiste, casi por completo, en tierras de propiedad del estado. El uso de la categorнa mбs restrictiva, que excluye a estas tierras estatales y se circunscribe a las de propiedad privada, no alterarнa virtualmente, no obstante, la descomposiciуn de los porcentajes; por tanto, he preferido usar Ios datos mбs sencillos y convencionales de la tabla. De igual modo, el censo usa dos categorнas "Poblaciуn agrнcola" y "Personas dependientes de la agricultura", pero como sus totales difieren tan poco que Ia descomposiciуn de los porcentajes resulta casi idйntica, he preferido usar la categorнa "Personas dependientes de Ia agricultura" que aparece en el Censo Agrнcola, Tabla 22, lнnea 7, como si se refiriera tambiйn a la poblaciуn agrнcola. Las "personas activas" u ocupadas en la agricultura aparecen en la Tabla 29, lнnea 1. Combinando este total de 9.966.965 personas activas en la agricultura y los 29.621.089 personas que dependen de ella, cifras ambas del Censo Agrнcola, con el total de 5.405.224 cabezas de familia dado por el Censo Demogrбfico, encontramos un promedio de 6 penosas por cada familia, de las que el censo define a 2 como trabajadores.
2. Vйase otra justificaciуn parcial de esta cifra en el post scriptum.
3. Datos que confirman la propiedad mъltiple en otros estados, tomados del actual estudio del Comitй Interamericano de Desarrollo Agrнcola, se dan el post scriptum.
Capнtulo EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEСA
B. LA AGRICULTURA CAPITALISTA
3. Determinaciуn de la producciуn, la organizaciуn y el bienestar en la agricultura
La determinaciуn de la producciуn, la organizaciуn y el bienestar en la agricultura puede dividirse, para mayor conveniencia, en los siguientes temas: a) agricultura comercial en gran escala; b) agricultura residual, incluyendo, principalmente, la producciуn para la subsistencia y la producciуn en pequeсa escala; c) subproducciуn y no producciуn de ciertos bienes, combinadas con la superproducciуn de otros; d) organizaciуn de la producciуn en el campo a travйs de las variadas relaciones propietario-trabajador, y e) contradicciones del bienestar, en el sector agrнcola y la economнa en general.
a. Agricultura comercial. A menudo se arguye que el comercio de productos agrнcolas es, necesariamente, menos importante que su producciуn; que se trata de una cuestiуn de disponer de ellos despuйs de haber sido determinada su producciуn por otras consideraciones (esto es, las productivas y las "internas"), determinadas o "limitadas", a su vez, por las relaciones de producciуn "feudales" o "precapitalistas" entre el propietario y el trabajador. Por supuesto, la tesis de este estudio es que, el contrario, la determinaciуn comercial es suprema. Toda la iniciativa y el capital de la producciуn comercial en gran escala procedieron, originalmente, de intereses comerciales de mбs allб del mar. Con el desarrollo de un mercado relativamente independiente y de los intereses comerciales brasileсos, йstos ъltimos vinieron a desempeсar un papel en la determinaciуn de la producciуn agrнcola pero tal participaciуn no alterу fundamentalmente la agricultura.
Los intereses comerciales fueron y son la fuente del capital y el crйdito que se invierten en la producciуn agrнcola comercial. Un temprano ejemplo de ello es el desarrollo de la ganaderнa para servir al sector minero del oro y los diamantes, otrora dominante y hasta cierto punto, aъn antes, a los productores de azъcar. Al continuar el comercio con la metrуpoli ultramarina y desarrollarse una nueva metrуpoli brasileсa, la determinaciуn comercial de la producciуn agrнcola en gran escala persistiу. Esto no significa, claro estб que la fuente productiva de este capital necesita estar fuera de la agricultura Sуlo quiere decir que su control primario estб en manos de personas en quienes predominan las consideraciones comerciales. De igual modo, cuando en tiempos recientes los precios agrнcolas han subido mбs que los industriales, esto tampoco quiere decir que el capital se transfiere del sector no agrнcola a la producciуn agrнcola o siquiera al consumo de productos agrнcolas. En primer lugar, los precios de los bienes agrнcolas reflejan las consideraciones de la producciуn mucho menos que las comerciales, precisamente a causa del alto grado de monopolizaciуn de la economнa. La mayor parte del precio de los bienes agrнcolas queda, por tanto, principalmente en manos del sector comercial. E incluso la parte que va a los "apicultores" no fluye necesariamente a sus gastos de producciуn, o siquiera a su consumo, porque surge la cuestiуn de hasta quй punto son estos propietarios principalmente productores o comerciantes. Los cosecheros de cacao de Bahнa se distinguen por ser hombres de negocios mucho mбs que agricultores y por vigilar las cotizaciones de la bolsa mбs que su lista de gastos. (Prado, 1960: 203.) Segъn Geiger (1956), parece que casi todos los propietarios, grandes o pequeсos, del estado de Rнo de Janeiro son, ante todo, hombres de negocios y especuladores. Lo mismo ocurre, sin duda, en otros estados, en grado mucho mayor del que generalmente se cree.
A mayor abundamiento, debemos tener en cuenta las cosechas de quienes arriendan grandes cantidades de tierra para producir por contrato bienes agrнcolas comerciales como el arroz en Rнo Grande do Sul. Ademбs, Geiger (1956: 72-74, 81-85) informa que los terratenientes son, al mismo tiempo, los negociantes y financieros de los productos de sus arrendatarios, asн como los ingenios, las casas empacadoras y otras empresas comerciales lo son de sus abastecedores de primeras necesidades. En fin, Vinhas de Queirуz, cuando informa acerca de su estudio preliminar, de 50 de los 800 grupos econуmicos (10.000 firmas) que su instituto estб estudiando, encontrу que el 35% de los grupos brasileсos y el 70% de los extranjeros poseen alguna clase de empresa agrнcola, mientras que el 30 y el 40%, respectivamente, son dueсos tambiйn de negocios de almacenes o distribuciуn, "lo que indica que, entre sus actividades principales o secundarias, puede encontrarse el comercio en productos agrнcolas". (Vinhas de Queirуz, 1962: 10.) El principal hallazgo de Vinhas es el alto grado de monopolizaciуn de la economнa brasileсa, incluyendo la producciуn y distribuciуn de productos agrнcolas.
El peso y determinaciуn del comercio en la agricultura puede verse tambiйn en la relaciуn entre el empleo y las ganancias en toda la economнa. La Tabla 3 revela que el ingreso de la industria es dos veces el porcentaje del empleo total, tanto en Brasil, en general, como en el Nordeste. En la agricultura, el porcentaje de ingresos es, por supuesto, mбs bajo que el del empleo. Pero las personas empleadas en el sector terciario ganan dos veces su parte proporcional del ingreso nacional y tres veces en el Nordeste agrнcola "feudal". Como la mayor parte de este ingreso procede de las finanzas y el comercio, y como muchos de los "agricultores" del sector primario son, en realidad, gente del comercio, podemos hacernos una idea del peso e influencia que las consideraciones comerciales han de tener en la agricultura. Claro estб, la producciуn agrнcola comercial es muy sensible a los cambios de la oferta de crйditos y la demanda de productos del sector financiero y comercial. Sуlo de este modo pueden comprenderse las principales variaciones de cultivos y regiones que han ocurrido en la agricultura brasileсa a lo largo del tiempo. (Furtado, 1959; Prado, 1960, 1962, etc.)
TABLA 3
Distribuciуn del empleo y el ingreso por sectores
Segъn el Instituto Brasileiro do Cafй (1962: 5), el cafй proporciona el 5,5% del ingreso nacional brasileсo, y si aсadimos su transporte, comercializaciуn y exportaciуn, sube a "alrededor del 10%". Pero hasta el 5,5% incluye bastante mбs que los costos de producciуn, por lo que el "cafй" viene a ser poca "agricultura", relativamente, y mucho comercio. De igual modo, Schattan, en sus diversas obras sobre el algodуn, el trigo y la agricultura de Sгo Paulo (principalmente la de 1961), Paixao (1950), Singer en su obra reciente (1963), Rangel (1961), Geiger (1956) y otros analizan la reacciуn a las cambiantes consideraciones comerciales de la expansiуn de la producciуn de ciertos cultivos en ciertas бreas y sus contradicciones.
Se ha sostenido, que, no obstante todo esto, la agricultura comercial no es bastante sensible a los cambios de la demanda y la necesidad de productos agrнcolas, principalmente porque el abastecimiento de comestibles a las ciudades es insuficiente, lo que aumenta el precio de ellos. Pero aunque las escaseces pueden indicar insensibilidad a las necesidades sociales, no se deberнa interpretar que resultan de la insensibilidad de la empresa agrнcola a la demanda comercial efectiva. Lejos de ello, tales escaseces constituyen, precisamente una prueba de la respuesta de la agricultura al alto grado de monopolizaciуn de Ia producciуn y la distribuciуn. Cualquier texto econуmico elemental, marxista u occidental neoclбsico, enseсa que la consecuencia econуmica del monopolio es el alza de los precios y la baja de la producciуn.
b. Agricultura residual. Aunque la agricultura para la subsistentencia y la de pequeсa escala pudieran parecer, por definiciуn, no "comerciales", el comercio las determina porque son residuos de la agricultura comercial. Son residuos en todo lo imaginable: en la tierra, en las finanzas, en el trabajo, en la distribuciуn, en el ingreso, en fin, en todo. La agricultura residual y la comercial son como las dos partes de un reloj de arena. La conexiуn entre ellas puede parecer pequeсa, pero los recursos fluyen de una a otra a cada vuelta de nuestro reloj de arena econуmico. їQuй es lo que determina este flujo de los recursos? No la cambiante suerte del sector de la subsistencia, al menos evidentemente en Brasil. (La reforma agrнcola de Bolivia, en cierto sentido, convirtiу al sector de la subsistencia, al menos en parte, en sector primario.) Las presiones determinantes proceden o bien del sector comercial y su cambiante suerte, o bien de la economнa nacional e internacional en su conjunto, o bien de ambos a la vez.
La naturaleza residual y la determinaciуn comercial de la agricultura pequeсa y la de subsistencia se manifiestan de muchos modos. Caio Prado (1960) seсala que la punta de lanza de todo el desarrollo de la agricultura brasileсa ha sido siempre la agricultura comercial en gran escala. Sуlo a la sombra de йsta o en su camino, sin duda, y en tierras ya agotadas, abriу tal desarrollo un espacio marginal y subsidiario para la agricultura pequeсa y la de subsistencia. Prado anota, ademбs, que cuando los buenos tiempos de la agricultura comercial decaen, como ocurriу en la dйcada de 1930, ello trae consigo un perнodo de "bonanza" para la agricultura subsistencial. Por ejemplo, durante dicho decenio, la tendencia a la concentraciуn de la tierra cesу temporalmente, al vender los grandes propietarios parte de sus posesiones para aumentar sus capitales lнquidos. En tales circunstancias, los arrendatarios estбn en mejor posiciуn para hacer que se atiendan sus demandas de tierra y de permisos para siembras de subsistencia, en cuyo caso el sector "no comercial" crece en tйrminos generales. Pero cuando aumenta la demanda de uno o mas cultivos comerciales, los pequeсos propietarios se ven oprimidos y obligados a vender, y los arrendatarios encuentran, como dijo en una conferencia Miguel Arraes, entonces gobernador de Pernambuco, que los caсaverales invaden hasta sus mismos hogares, y no digamos sus parcelas de subsistencia.
Lo que Caio Prado (1960) y Schattan (1961:87) examinan a nivel regional, lo confirma Geiger (1956) en el sentido de determinadas fincas en determinados momentos, como la decadencia de la producciуn de cereales ante la creciente demanda de otros cultivos comerciales (72, 129). Ademбs, los cultivos no comerciales decaen por falta de financiamiento (81-84), ya que los arrendatarios y hasta los agricultores pequeсos dependen de los propietarios-comerciantes, primero para obtener semilla y capital circulante en general a fin de producir sus frutos, y despuйs para conseguir transporte, almacenamiento, etc., para llevar aquйllos al mercado (74-76), Por ъltimo, los propietarios restringen, y por ende, determinan en verdad, la elecciуn de sus arrendatarios en cuanto a cultivos permanentes, siembras esterilizantes, ganados y animales, uso de tierras ya agotadas, rotaciуn de cosechas, oportunidad de las actividades agrнcolas —todo, en fin—, conforme a sus propios interesen econуmicos comerciales (80-81).
La relaciуn de reloj de arena entre la agricultura residual y la comercial tiene asн, un efecto o funciуn adicional tal vez no lo bastante comprendida: seguridad. La mutua relaciуn puede ser vista, por ejemplo, como un vasto sistema de aseguramiento para Ios terratenientes, la agricultura y la economнa en su conjunto. El sector de subsistencia, precisamente por ser residual en producciуn y ganancias, obra a modo de amortiguador que gala, protege y estabiliza parcialmente toda la economнa agrнcola, con lo que ayuda a estabilizar tambiйn la economнa nacional e internacional; todo por supuesto en beneficio de quienes (incluido el terrateniente) derivan sus ingresos del comercio, y en perjuicio del agricultor subsistencial, que no comparte las utilidades pero paga los platos rotos del costo de este sistema. Lejos de ser una "rйmora" para la economнa nacional e internacional, por tanto, el sector de subsistencia, como los muelles o el contrapeso en la parte trasera de un carro, es lo que la mantiene en marcha: impide que el sistema se desbarate al recorrer su camino econуmico escabroso, conscientemente creado. Asн, pues, la agricultura "no comercial", la agricultura para la subsistencia, es determinada por el comercio a travйs del control monopolista de la tierra y otros recursos e instituciones econуmicas.
c. Subproducciуn-superproducciуn. Bajo este acбpite incluyo tambiйn la no producciуn, la falta y el exceso de financiamiento y distribuciуn, etc. Por "superproducciуn" no quiero decir demasiada producciуn ъnicamente, sino tambiйn exceso de financiamiento, distribuciуn, etc., de un artнculo con relaciуn a otros. "Subproducciуn-superproducciуn" es, pues, la contrapartida agrнcola del desarrollo-subdesarrollo a los niveles nacional e internacional, y es asimismo el resultado necesario del capitalismo comercial y monopolista predominante. De modo similar, la subproducciуn y la superproducciуn no pueden separarse una de otra bajo la actual estructura econуmica. Todo esto no niega la importancia crucial de la concentraciуn de la propiedad y el control de la tierra para el fenуmeno de que estamos tratando. Sуlo queremos ponerlo en contexto y perspectiva.
La monopolizaciуn de la tierra y otros recursos trae necesariamente la explotaciуn de los recursos no monopolizados, o sea, el trabajo, y la subutilizaciуn de todos los recursos. Por ejemplo, uno de los propуsitos primarios del latifundio, tanto en el plano individual como en el social, no es usar la tierra, sino impedir que otros la usen. Estos otros a quienes se niega el acceso al recurso primario, caen necesariamente bajo el dominio de los pocos que lo controlan. Y en consecuencia se les explota de todos los modos concebibles, tнpicamente por medio del bajo salario. Por ende, la concentraciуn monopolista de la tenencia de la tierra significa en el mercado del trabajo un monopsonio que mantiene bajos los salarios y los costos de producciуn no sуlo en cuanto a la agricultura, sino a la industria tambiйn, y no sуlo en cuanto a la economнa capitalista nacional, sino tambiйn a la internacional.
De la monopolizaciуn de la propiedad de la tierra resulta el empleo de йsta en interйs del latifundista, quien a su vez tiene que afrontar, y generalmente afronta, a un monopolista comercial. De este modo, paradуjicamente, se forma toda una cadena, de embotellamientos monopolistas-monopsonistas y oligopolistas-oligopsonistas en el trayecto del humilde productor al humilde consumidor de productos agrнcolas, quienes a menudo son las mismas humildes y doblemente explotadas personas. Esta cadena de monopolios, para decirlo con palabras de Ignacio Rangel (1961; III), "organiza metуdicamente Ia escasez" y por ende "impone precios extorsionistas al consumidor", sin hablar del poder salarial o de compra del productor anбlogamente bajo. Los grandes terratenientes "responden" demasiado bien a estas presiones del mercado. Dedican la tierra buena a pastizales, por ejemplo, con lo que empujan a sus arrendatarios a un tнpico movimiento de "reclusiуn", bien cuando los precios de otros productos agrнcolas bajan, bien cuando los de la carne suben. La carne va a los consumidores de ingresos relativamente altos, mientras se deja sin artнculos de primera necesidad a los de bajas entradas. Ademбs, el terrateniente goza de otras ventajas. (Geiger, 1956: 122.) Para йl es relativamente fбcil obtener crйditos para criar ganado (segъn Geiger, virtualmente toda cabeza de ganado del estado de Rнo de Janeiro estб hipotecada), aparte de que la ganaderнa mejora la tierra porque la deja descansar. Abundan las pruebas de esto (Geiger, 1956: 58-59, 120-122; Schattan, 1961: 94, etc.), y el Instituto Brasileiro do Cafй (1962: 44), al recomendar desembolsos al gobierno para dedicar a otros usos las tierras que quiere retirar de la producciуn cafetalera, advierte que no serб necesario financiar la conversiуn en pastizales, porque los terratenientes la hacen de todas modos.
La no utilizaciуn y la subutilizaciуn tienen tambiйn otras fuentes. Los propietarios quieren tener tierra para un posible uso futuro, y para arrendarla mientras tanto. Ellos "usan" y compran tierra porque es una excelente cobertura contra la inflaciуn, tal vez la mejor. Asн, en los estados de Espнrito Santa y Paranб, el valor de la tierra ha aumentado con mбs rapidez que el de los artнculos en general. (Geiger, 1956: 63.) La tierra favorablemente situada sirve tambiйn para otros fines especulativos y a menudo se la retiene para subdividirla posteriormente, para fuentes futuras de madera (54, 179-190), para obtener ventajas fiscales (Folha de Sгo Paulo, 1963), etcйtera. Y una vez que la tierra se retiene con fines especulativos, dejar que el ganado paste o engorde en ella contribuye a las ganancias del dueсo sin crearse gastos ni problemas. Esto explica por quй, casi a la vista de Rнo de Janeiro, predomina el mismo promedio de tres a cinco reses por hectбrea que muchas leguas mбs lejos. (Geiger, 1956: 121.)
La estructura monopolista de la economнa tiene asimismo otros efectos, o, para decirlo a la inversa, otros fenуmenos sobradamente conocidos pueden ser tambiйn explicados por el comercio monopolista sin necesidad de inventar el "feudalismo". El 32% de los municipios del Nordeste y el 19% de los del sur (el 28% de todos los municipios brasileсos) no reportan crйditos agrнcolas en absoluto, y el 39 y el 51%, respectivamente, sуlo reportan crйditos no bancarios (o sea comerciales y "otros") para la agricultura. (Comissвo Nacional, 1955: 85-94.) Otros estudios reportan inexistencia de crйditos para pequeсos productores y, naturalmente, para siembras no comercialmente lucrativas. En cambio, la venta y distribuciуn monopolizadas y, por tanto, lucrativas, disponen de una relativa abundancia de prйstamos, asн como tambiйn, por supuesto, la industria monopolizada y los cartels extranjeros supermonopolistas. En particular, las cosechas de viandas no reciben crйdito alguno, pero йste fluye generosamente hacia los cultivos industriales (materias primas) y los de exportaciуn. Estos cultivos se almacenan despuйs, porque la industria monopolizada no puede absorberlos, lo cual crea nuevas oportunidades de especulaciуn con las existencias acumuladas. O, con el lenguaje mбs cauteloso (pero con mбs datos ilustrativos), del plan trienal: "Entre 1952 y 1960, el бrea total cafetelera aumentу en 1.600.000 hectбreas (57%), mientras el бrea total de cultivos crecнa en un 38%, y la de comestibles en un 43%." En la Tabla LII adjunta al plan, sin embargo, aparece que el aumento de la producciуn, sin relaciуn al бrea cultivada, fue de 150% para el cafй y del 60% para los comestibles. "Como no habнa modo de colocar toda la cosecha de cafй en el mercado internacional, la productividad social de los factores de producciуn aplicables al sector cafetalero fue muy baja, lo que obligу al gobierno federal a acumular grandes existencias sin perspectiva alguna de venta a corto plazo." (Plano Trienal, 1962: 134-135.)
La norma no se limita al cafй. El plan muestra que todos los aumentos de productividad de mбs de un 5% (excepto las papas, que aumentaron un 15%) tuvieron lugar en cultivos industriales: cafй, 87%; manн 33%; algodуn, 15% (el mercado mundial del algodуn estaba particularmente deprimido durante ese perнodo); azъcar, 9%; semilla de higuereta, 57%. Por otra parte, se registraron rendimientos estables, entre un aumento de un 1% y una disminuciуn de un 3%, en el maнz, el arroz, los frijoles y los plбtanos, a la vez que el trigo mostraba una caнda de un 20%. La vianda principal de la poblaciуn brasileсa, la mandioca o yuca, que casi nunca se cultiva en gran escala por falta de financiamiento, registrу un cambio de productividad de cero. (Plano Trienal, 1962: 139.)
Las oportunidades de mayores ganancias que ofrecen el comercio y la industria especulativos obran como bombas de succiуn que retiran fondos de la producciуn agrнcola carente de capital, especialmente la de frutos de consumo general, del mismo modo que las regiones y paнses desarrollados se llevan los capitales de las regiones y paнses subdesarrollados, aumentando asн la desigualdad aъn mбs y, a su vez, la corriente de recursos —tanto humanos como econуmicos— hacia canales socialmente indeseables. La causa no es el "feudalismo" o el "precapitalismo", sino el capitalismo. Y los problemas de la producciуn y el ingreso agrнcolas, dejados a su libre curso, empeorarбn, lejos de mejorar. (Schattan, 1961: 89.) La misma perspectiva afrontamos en el problema del desarrollo-subdesarrollo en general.
d. Organizaciуn de la producciуn en el campo. Nadie duda que las relaciones propietario-trabajador son determinadas en la agricultura por la concentraciуn de la tenencia de la tierra. Pero, como hemos visto, a menudo se proponen otras consideraciones para explicar tanto sus causas como sus efectos. Se dice que tienen una razуn propia —una razуn "feudal"— que explica su supervivencia y su venturosa resistencia a las formas capitalistas mбs racionales. Se dice tambiйn que las diversas formas de arrendamiento son, en esencia, diferentes; que cada una parece tener su propia razуn, y que son estas "relaciones feudales" las que determinan no sуlo la organizaciуn de la producciуn en el sector "feudal", sino incluso la salud econуmica del sector "capitalista" y la economнa en general.
El anбlisis en este estudio rechaza tales interpretaciones. Diferentes relaciones propietario-trabajador se encuentran entremezcladas en todo el paнs, en cada regiуn, en muchas fincas, en multitud de familias de trabajadores, y a menudo cambian hasta de una temporada de cultivo a otra. (Prado, 1960: 213; Geiger, 1956.) їSe debe ello a que el grado de feudalismo, o de penetraciуn capitalista concomitante, difiere de un lugar, de una familia o de un aсo a otros?№ їO se debe, mбs bien, al hecho de que las cambiantes exigencias de la economнa y la agricultura capitalista permiten al propietario, o demandan de йl, diversos modos de organizar su producciуn y varias formas de explotaciуn de la tierra y la mano de obra? Podrнamos, en suma, preguntar en cuanto a cada caso de relaciones propietario-trabajador: їcuбnto tiempo resistirнa si las condiciones del mercado capitalista del trabajo y la producciуn sufren un cambio que haga, para el terrateniente ventajoso o econуmicamente necesario su abandono?
Incluso estas preguntas sugieren que la relaciуn propietario-trabajador, lejos de ser el punto de partida de la cadena determinante —o de la contradicciуn fundamental, para usar tйrminos marxistas—, es ъnicamente una extensiуn y manifestaciуn de la estructura y relaciуn econуmica decisiva. Esa estructura es el capitalismo monopolista; la relaciуn o su contenido es la resultante explotaciуn del trabajador por el terrateniente que le expropia el fruto de su trabajo. їQuй haceposible esta relaciуn sino, por supuesto, la posiciуn monopolista-monopsonista del propietario? Lo que determina la forma que esta relaciуn tomarб, manteniendo intacto el contenido explotador, es, por encima de todo, el interйs capitalista comercial del propietario, quien no sуlo explote, sino que tambiйn dicte la forma que la explotaciуn tomarб.
La monopolizaciуn de la tierra obliga a los no poseedores, y hasta a los pequeсos propietarios, a comprar acceso a ese recurso decisivo o a sus frutos. No tienen otro modo de hacerlo que vendiendo su trabajo al mismo comprador monopolista-monopsonista. Siguiendo los estadios de Costa Pinto (1998), Caio Prado (1960), lanni (1961) y otros, tal venta del trabajo puede clasificarse como sigue:
Venta del trabajo por dinero (jornaleros)
Venta del trabajo por productos (pago en especie)
Venta del trabajo por el uso de la tierra (inquilinato)
Pago del uso de la tierra con dinero (arrendamiento)
Pago del uso de la tierra con productos (aparcerнa)
Pago del uso de la tierra con trabajo (trabajo forzoso, no pagado)
La relaciуn propietario-trabajador puede encerrar, por supuesto, varias combinaciones, y tambiйn el trabajador tiene que pagar a menudo al propietario no sуlo por el acceso a la tierra, sino tambiйn por el acceso a su monopolio del crйdito, de los medios de almacenamiento, del transporte, de la comercializaciуn de mercancнas necesarias para la producciуn o el consumo; en resumen, monopolio de todo. Asн, Incluso cuando los aparceros pueden producir mбs de lo que inmediatamente necesitan, a menudo se ver forzados —por carecer de medios de almacenamiento, insecticidas, etc., y tener necesidad inmediata de dinero—a vender hoy el exceso al terrateniente, sуlo para comprбrselo seis meses despuйs al doble del precio. (Geiger, 1956: 130.) Si el monopolio del terrateniente sobre estos factores comerciales no basta por sн solo para forzar al aparecero a "venderle" su producciуn, su monopolio de la tierra y su monopsonio del trabajo, ademбs de su consiguiente poder para excluir de su propiedad a los arrendatarios que "no cooperen", le permite extraer hasta la ъltima migaja del producto del trabajador.
La forma de relaciуn explotadora que se dй en un caso determinado, depende, ante todo, de los intereses del propietario. Y йstos, a su vez, son determinados por la economнa capitalista de que йl es parte. En ciertos casos es relativamente fбcil explicar la persistencia o la introducciуn de una forma dada de relaciуn. Los jornales y los contratos a corto plazo, por ejemplo, convienen mбs si la oferta de mano de obra es grande y segura con relaciуn a la demanda real y potencial del terrateniente, cuando un cultivo permanente estй econуmicamente indicado, cuando el propietario, por razones de especulaciуn, quiere cambiar rбpidamente de un cultivo a otro, cuando los tiempos son buenos, y cuando, a causa de la inflaciуn, el valor del dinero disminuye, etc. En otras circunstancias y lugares, como cuando la oferta de mano de obra escasee, el pago en especie y varias formas de inquilinato, que atan al trabajador a cierto terrateniente, son mбs ventajosos para йste.
No debemos suponer que bajo el capitalismo nunca aparecen las relaciones contractuales en que no media dinero. Por el contrario, existen a menudo, para explotar al campesino como productor y como consumidor. Aun cuando no sea de inmediato evidente la funciуn a la cual sirve una forma determinada de relaciуn propietario-trabajador, no deberнamos renunciar a buscarle. Ni podemos argьir tampoco que, habiendo solo una forma de capitalismo y varios tipos de relaciones propietario-trabajador, necesitamos para йstas varias explicaciones extracapitalistas. Evidentemente, el capitalismo admite —antes bien, exige— diversas formas de relaciones adaptables a las diversas circunstancias de su desarrollo. Si en un caso dado no podemos establecer la determinaciуn capitalista de las relaciones propietario-trabajador, tampoco deberнamos adoptar la extraсa conclusiуn de que estas relaciones particulares y locales "determinan" de algъn modo el funcionamiento de la economнa en otras partes de la estructura capitalista. Mantener que las relaciones propietario-trabajador dentro de la finca determine, lo que ocurre fuera de ella, sobre la base del principio marxista de que las relaciones o contradicciones internas determinan las externas, no es otra cosa que confundir la finca con la estructura econуmica.І
e. Contradicciones del bienestar. El capitalismo, por tanto, a travйs de los principios de la subordinaciуn, la comercializaciуn y la monopolizaciуn, produce multitud de contradicciones del bienestar: desarrollo a la vez que subdesarrollo. Ocurre demasiada producciуn de cultivos comerciales, especialmente los que se exportan, junto a una producciуn insuficiente de comestibles de consumo general. La capitalizacнуn de la agricultura aumenta a la vez que se fortalece la monopolizaciуn. La producciуn agrнcola crece, pero la de artнculos comunes disminuye. Si los salarios suben, los precios suben mбs. Los de las necesidades agrнcolas suben mбs rбpidamente que los de las mercancнas industriales, pero el capital abandona la agricultura de todos modos. El ingreso agrнcola puede subir (segъn Schattan, 1961: 88, el ingreso per capita estб disminuyendo). Pero la desigualdad de entradas aumenta tambiйn, y los mбs pobres pueden convenirse en mбs pobres todavнa. El pago en dinero remplaza a otras formas de remuneraciуn pero los trabajadores agrнcolas ganan menos. A йstos se les expulsa de la tierra y emigran a las ciudades, donde se convierten en residentes desempleados de los barrios de "indigentes" y tienen que pagar precios mбs altos por la subsistencia.
Supuestamente para corregir estas aberraciones, el gobierno interviene en el proceso. Pero la intervenciуn no hace mбs que reforzarlas. Las inversiones pъblicas productivas y el suministro de tecnologнa a la agricultura sуlo sirven a los terratenientes, no a los trabajadores agrнcolas. El crйdito agrнcola fluye hacia las manos de los que ya monopolizan el comercio de productos del campo. Los nuevos medios de almacenamiento sуlo benefician a quienes especulan con tales productos. La acumulaciуn gubernamental de excedentes y los mecanismos de fijaciуn de precios, estбn sometidos a los mбs grandes monopolios —incluyendo los extranjeros— del financiamiento y comercio de productos agrнcolas que lo usan exclusivamente en su propio beneficio burguйs. La fijaciуn de jornales mнnimos para los trabajadores agrнcolas y de rentas mбximas para los arrendatarios, aunque sean aplicables y se apliquen, perjudican a los propietarios mбs pequeсos y dйbiles en bien de los mбs grandes y fuertes; son absorbidos por los monopolios comerciales estratйgicamente situados, reducen el nъmero de trabajadores contratados y aumentan el desempleo, y en general fortalecen la monopolizaciуn de la agricultura y el campo. La intervenciуn del gobierno de la burguesнa, en suma, fortalece a йsta, y a veces, tambiйn, a la pequeсa burguesнa.
De la reforma agraria capitalista-burguesa resulta, necesariamente, lo mismo. La compra de tierras por el gobierno se convierte en un programa de venta de terrenos indeseable a discreciуn de los terratenientes locales, permite a йstos transferir mбs capitales de la agricultura a empresas comerciales e industriales relativamente mбs lucrativas; encarece aъn mбs la tierra, lo que contribuye a la especulaciуn y Ia inflaciуn, y confunde aъn mбs el problema bбsico de la crisis de la agricultura, lo cual es uno de sus principales propуsitos, sin duda, como ocurriу en Venezuela. (Frank, 1963a.) Hasta la extensa reforma agraria mexicana, a la que precedieron diez aсos de revoluciуn burguesa —evidentemente la mбs profunda de Amйrica latina, antes de la revoluciуn cubana—, se convirtiу en la base principal de la nueva burguesнa de Mйxico y de su actual y creciente desarrollo-subdesarrollo. (Frank, 1962, 1963.)
La reforma burguesa, repito, reforma en beneficio de la burguesнa, y no resuelve la crisis de la agricultura ni el problema del subdesarrollo.
1. Esta explicaciуn lуgicamente derivada de una parte de la tesis del "feudalismo, es incompatible con la otra parte, la cual sostiene que el feudalismo desaparece y el capitalismo avanza sin retrocesos.
2. Hace tiempo me pareciу que era ъtil distinguir los conceptos "dentro de la finca" y "fuera de la finca", distinciуn muy diferente de la que hace la teorнa marxista. Pensaba entonces, como Ignacio Rangel (1961: IV) parece pensar, que esta distinciуn podнa contribuir a evitar la confusiуn que representa el llamar "feudal" a la agricultura cuando las relaciones "exteriores" son evidentemente capitalistas y no lo son las "interiores". Pero hoy creo que todas las relaciones son afectadas fundamentalmente por la estructura capitalista de la economнa, por lo que ahora, claro estб, no puedo recomendar tal distinciуn.
Capítulo EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEŃA
B. LA AGRICULTURA CAPITALISTA
Conclusiones teóricas y políticas
Este análisis requiere profundización y extensión futuras,
para elaborar una teoría completa del desarrollo-subdesarrollo vistos de
conjunto. Mi examen de la supuesta coexistencia del feudalismo y el capitalismo
pone en tela de juicio la aceptada teoría dualista. Y como las implicaciones
teóricas y políticas de este dualismo aparecen a menudo en problemas que están
más allá de la presente discusión, es imperativo revisar nuestro juicio de los países
subdesarrollados para identificar tales implicaciones dualistas y elaborar una
teoría dialéctica unitaria del proceso evolutivo capitalista, y además, del
socialista. El análisis del desarrollo brasileńo histórico, siguiendo a Celso Furtado (1959) y Calo Prado (1962), bosquejado suscintamente aquí, debe ser
fortalecido en lo teórico y
El presente análisis de la situación brasileńa pudiera ser aplicado también a otras partes de América latina y aun de Asia, quizás, y a algunas partes de África. Puede exigir cierta reformulación en cuanto a países como Perú y Bolivia, que tuvieron y conservan una numerosa población indígena anterior a la conquista y que no han sido tanto exportadores de productos agrícolas como de minerales (en los tiempos coloniales, Perú importaba comestibles, y continúa importándolos hoy); o en cuanto a países como Venezuela, que recientemente han abandonado la exportación agrícola por la mineral; o del mismo Brasil y México, fue pueden llegar a sustituir la exportación agrícola por la industrial. Pero la esencia del análisis, una teoría unitaria del desarrollo-subdesarrollo del capitalismo monopolista, debería servir de manera destacada para reinterpretar mucho de la realidad latinoamericana, tal como la ven los investigadores burgueses y marxistas por igual.
Es particularmente necesario un análisis económico más
completo del financiamiento y el comercio de los bienes agrícolas y
El análisis hecho aquí debería relacionarse, específicamente, con el de la estructura y la dinámica de las clases. El desarrollo y el subdesarrollo, por ejemplo, sugieren una clase y otra. Combinados, reflejan la relación entre ambas clases; su evolución, mutuamente influida, trae a la mente el desarrollo dialéctico de las relaciones clasistas; las relaciones de subordinación, monopolización y explotación entre el desarrollo y el subdesarrollo económicos se asemejan a las correspondientes relaciones entre las clases, etcétera.
Para terminar, nuestro análisis encierra implicaciones políticas trascendentales, tanto en cuanto a la agricultura como a la sociedad en su conjunto. Las bien conocidas líneas reformistas que encaran separadamente el sector agrícola o incluso una parte de él y el "sector" internacional imperialista, fallan evidentemente el blanco. El análisis hecho aquí pone en duda la base teórica no sólo de la ideología burguesa, sino también la de los partidos comunistas de Brasil y otras partes de América latina que formulan sus programas y sus alianzas con la burguesía sobre la premisa de que la revolución burguesa se está todavía por hacer. Son simplemente los intereses capitalistas de los grupos de terratenientes-mercaderes, financieros y comerciantes los que se ocultan bajo la estrategia y la táctica con que la burguesía pretende "reformar" el capitalismo. La estrategia y la táctica de los campesinos y sus aliados debe ser la de destruir y reemplazar el capitalismo.
Capítulo EL CAPITALISMO Y EL MITO DEL FEUDALISMO EN LA AGRICULTURA BRASILEŃA
Post scriptum: más pruebas
Después de escrito este ensayo, el Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola (CIDA) ha comenzado a publicar nuevos materiales que apoyan algunas de mis interpretaciones, en particular las que se refieren a la decisiva determinación capitalista-monopolista-comercial de la agricultura brasileńa. Debo agradecer que me hayan facilitado sus hallazgos preliminares, aún inéditos, en los que el CIDA resumió su estudio intensivo de once municipios brasileńos.
a. Monopolio de la propiedad de la tierra. Varios municipios revelaron la existencia de propietarios de muchas fincas. Por ejemplo, Della Piazza (1963: 20) encontró en Santarém, Baixo Amazonas, casos de propietarios de 78, 76 y 55 fincas cada uno. Medina (1963: 87), menciona con relación a Sertaozinho, Săo Paulo, 323 propietarios, de los que 40 poseen dos fincas cada uno; 12 tienen 3; 3 tienen 4; otros 3 tienen 5, y 6 poseen de 6 a 23 propiedades cada uno. En este municipio, por tanto, 64 terratenientes múltiples poseen 214 propiedades de un total de 473. No se indicó la distribución por tamańo. En Jardinópolis, Săo Paulo, el mismo autor encontró 30 propietarios de 2 fincas cada uno, 9 de 3, 2 de 4, 2 de 5 y 2 de 6, en un total de 295 propietarios. Testimonios dispersos de otros municipios, más la evidencia en la obra ya citada de Geiger relativa al estado de Río de Janeiro, sugieren, por tanto, que la concentración efectiva de la tenencia de la tierra es considerablemente más alta que lo que indica la clasificación del censo en "establecimientos".
El estudio del CIDA demuestra también, indirectamente, la existencia de lo que he llamado propietarios de fincas rústicas viables y no viables. El estudio se refiere varias veces a la práctica de los pequeńos propietarios de trabajar tierras de los grandes poseedores o incluso de arrendar las suyas propias para atender a la subsistencia de sus familias. Los analistas del CIDA trataron de calcular el número de hectáreas que se necesita para dar pleno empleo agrícola a una familia de 2 a 4 trabajadores. Lo estimado es: Quixadá (Ceará), de 30 a 50 hectáreas; Sapé (Paraiba), de 5 a 20; Garanhuns (Pernambuco), de 5 a 20; Camacarí (Bahía), de 7 a 15; Itabuna (Bahía), de 10 a 30; Matozinhos (Minas Gerais), de 20 a 30; Itaguai (Río de Janeiro), de 10 a 20; Jardinópolis (Săo Paulo), de 20 a 50; Sertaozinho (Săo Paulo), de 15 a 40; Santa Cruz (Río Grande do Sul), de 10 a 30. La línea divisoria de 20 hectáreas que yo tracé, como promedio para todo Brasil, entre los conceptos afines pero no idénticos de familias campesinas con propiedades viables y no viables, es, quizás, algo alta; pero está, obviamente, dentro del orden correcto de magnitudes. Exceptuando a Santa Catalina y Río Grande do Sul, el estudio del CIDA estima que de dos tercios a cuatro quintos de las familias campesinas carecen de suficiente tierra para sustentar a dos trabajadores agrícolas. (Comunicación personal.)
Así pues la Tabla 2 y su explicación, incluso con las reservas ya hechas en el texto, no expresan, probablemente, toda la concentración monopolista de la tierra en 1950. El aumento del número de establecimientos de los grupos de menor y mayor tamańo que observó el censo de 1960, de cuyos datos no disponía al escribir este ensayo, sugiere que la concentración es hoy aún más grande.
b. Fluidez de las relaciones propietario-trabajador. Los hallazgos del CIDA en cuanto a las relaciones propietario-trabajador, la mucha fluidez de éstas y la gran movilidad de los trabajadores, reflejan la determinación fundamentalmente comercial de la producción agrícola brasileńa y su distribución. Julio Barbosa (1963: 14-15) ofrece ejemplos significativos: por ejemplo, un solo trabajador que es el mismo tiempo a) dueńo de su tierra y su casa; b) aparcero de otro propietario (a veces por la mitad, a veces por un tercio de la cosecha) ; c) arrendatario de la tierra de un tercero; d) trabajador a jornal durante la cosecha en una de estas tierras, y e) vendedor independiente de los bienes de primera necesidad producidos en su casa. Son también significativos los propietarios de una sola finca, mediana o grande, que Medina (1963) analiza en Săo Paulo, los cuales tienen, al mismo tiempo, un administrador o más de uno, arrendatarios, aparceros, jornaleros permanentes, jornaleros eventuales y varias otras combinaciones. La serie de funciones que un trabajador dado desempeńa vería a menudo de una temporada de cultivo a otra, así como también el terrateniente para el cual las realiza, y las parcelas de una o más fincas en que las ejerce. De modo similar, el propietario modifica la combinación de sus relaciones con los trabajadores y, por supuesto, cambia los trabajadores que emplea.
En casi todas partes de Brasil ocurre una gran movilidad de trabajadores de una finca a otra y, tanto más, de una parcela de una finca a otra. Esta movilidad es alta no sólo entre los jornaleros contratados por la temporada, la cosecha o el día, sino también entre los diversos tipos de arrendatarios. Aunque no se dispone de datos sistemáticos, la distribución de los períodos de aparcería parece ser bipolar: unas pocas familias aparceras permanecen en la misma finca por largos períodos de ańos o generaciones; muchos aparceros, por períodos de sólo uno, dos y hasta cinco ańos. Así, pues, hallar el término medio de este movilidad, más que inútil, seria engańoso. Las entrevistas efectuadas en varios municipios mencionan reiteradamente la permanencia de la mitad de los aparceros no los trabajadoresde la finca por un promedio de 2 a 3 ańos. Barboso informa de un continuo movimiento de aparceros de una finca a otra que sólo es limitado por el acceso al transporte.
Incluso la posesión de la tierra no es estable. Aunque el examen de los registros de la propiedad sólo indica alrededor de un 1% de traspasos de dominio por ańo, los datos de las entrevistas sugieren que de la cuarta parte a la mitad de los propietarios existentes obtuvieron la tierra mediante compra. Tanto el censo como las entrevistas indican que la finca que principalmente cambian de dueńo son las pequeńas y medianas, y que las grandes aumentan de superficie mediante la adquisición de propiedades pequeńas, pero rara vez son vendidas en parte o en todo.
El Brasil campesino, incluso omitiendo la migración rural-urbana, ofrece, pues, un cuadro de flujo irregular continuo, en el tiempo y en el espacio, de trabajadores a jornal, aparceros, propietarios, mercaderes y toda sus posibles combinaciones y relaciones. Obviamente, esta multiplicidad y movilidad no pueden deberse a la influencia de factores "feudales" o tradicionales. Deben atribuirse, al contrario, a las consideraciones comerciales que determinan las relaciones y la conducta de propietarios y trabajadores en una estructura económica, social y política sumamente monopolista. Hasta cierto punto, propietarios y trabajadores por igual pueden ser vistos como empresarios individuales, cada uno tratando de servir sus propios intereses a corto plazo. Los propietarios reflejan tanto los cambios generales de las condiciones como su propia suerte cambiante, al variar sus diversos desembolsos, especialmente el del trabajo y sus formas de pago, para adaptarse a las fluctuaciones de la comercialización de tal o cual cultivo y de la disponibilidad de dinero, crédito, agua, transporte y otros factores. Asimismo los trabajadores, los aparceros y hasta los pequeńos propietarios, se ven obligados a aprovechar las mayores oportunidades en otras partes o, con más frecuencia, las menores oportunidades de Ia zona en que ellos están y trasladar, en lucha continua por la supervivencia, el único recurso de que disponen: su trabajo y sus relaciones contractuales.
Esta misma presión competitiva y explotadora de la estructura monopolista llega a todos, como lo indica brutalmente el hecho de que los propietarios pequeńos y medianos, y hasta los mismos aparceros, exploten a otros trabajadores cuando pueden, a veces aún más que los grandes terratenientes y las firmas comerciales, porque su propia posición competitiva débil frente a estas empresas mayores los fuerza a explotar así a sus iguales para poder sobrevivir. Si no pueden hacer siquiera eso, los pequeńos propietarios tienen que vender sus tierras o arrendarlas, junto con su trabajo, a quienes disponen de suficiente capital para explotarlas. Para trabajadores y aparceros, la fluidez de la estructura agrícola, fuente de inseguridad, lo es también de "oportunidad", si puede llamarse oportunidad, o "libertad", al hecho de que los trabajadores pobres y sin recurso, pueden moverse de un explotador monopolista a otro. Las diversas formas "feudales" y "personales" de relaciones y obligaciones sirven, en el mejor de los casos, para personalizar y enmascarar este destructivo mundo capitalista en que todos, grandes y pequeńos por igual, deben luchar por la existencia.
c. La comercialización y el crédito. El estudio del CIDA, como casi todos los que ven en la tenencia de la tierra la clave de toda la estructura de la agricultura brasileńa, no hace esfuerzo sistemático alguno por esclarecer sus sectores comercial y financiero. Con todo, su investigación de numerosos casos individuales de finanzas, crédito, almacenamiento, transporte, venta al por mayor y al por mejor, etc., ayudan a confirmar mi tesis de que las relaciones de propiedad, producción y trabajo estén íntimamente integradas en la estructura comercial monopolista de la agricultura y de toda la economía nacional e internacional, y en gran parte subordinados a ella y determinada por ella. José Geraldo da Costa (1963: 19), refiriéndose a Garanhuns (Pernambuco), refleja este centro de gravedad comercial al observar, en resumen, que "la precaria situación social y económica de los pequeńos productores del área, lleva a reflexionar acerca de los cambios que Ia estructura agraria local necesita. Pero no, de modo especial o decisivo, la propiedad de la tierra". Esta observación y juicio no implica, por supuesto, defensa alguna del latifundio, sino la necesidad de transformar la estructura restante (el monopolio comercial) junto con la de la concentración de la tenencia de la tierra.
Quizás siguiendo el hilo del crédito, a medida que envuelve la economía, se obtenga una de las mejores percepciones de la verdadera naturaleza de la estructura agraria y la necesidad de su transformación total. Ya hemos visto que los principales beneficiarios directos del crédito "público" de la cartera industrial y agrícola del Banco do Brasil (banco central), son los grandes monopolios, en su mayor parte internacionales y de propiedad extranjera, como Anderson and Clayton, SANBRA, la American Coffee Company, (propiedad de la A & P), los cuatro grandes de la industria empacadora, etc. Este crédito es análogo y, a menudo, una mera adición a las evidentes dádivas que los grandes monopolios, propiedad de Estados Unidos en su mayor parte, reciben del programa brasileńo de mantenimiento de los precios y de la Alianza para el Progreso del gobierno norteamericano. Estos monopolios dan media vuelta y prestan a su vez el mismo dinero, a tipos de interés más altos, claro está, y se embolsan la diferencia. Pero eso es lo de menos. Más importante es el control efectivo que así obtienen y mantienen sobre la oferta de productos agrícolas a los mercados extranjeros y nacional a la vez. El mismo dinero, en cadenas de diversa longitud, es prestado de nuevo a las grandes casas comerciales y sus subsidiarias; luego éstas lo prestan a los mayoristas, y así a los detallistas, los suministradores, los grandes terratenientes, los pequeńos propietarios, hasta llegar al más humilde aparcero. Si éste no tiene comprometida ya la venta de su producción al gran terrateniente bajo amenaza de expulsión de la tierra, tiene que entregar su cosecha y su tierra (si alguna posee) en garantía a su acreedor, para obtener el préstamo que necesita para sobrevivir.
A lo largo de toda la cadena explotadora la mayor ganancia de la "agricultura" a menudo la única ganancia directa verdaderase encuentra en este control monopolista del crédito y otras fuentes de capital financiero, unido al correspondiente control del suministro de productos agrícolas; el control, en algunos casos, de su exportación y la demanda interna, o de una u otra, y en la especulación que todo esto permite. Sólo una parte manejable pero decisiva de la oferta o de la demanda (no toda), necesita ser controlada por los monopolistas a los diversos niveles. A la inmensa mayoría de los abastecedores de productos agrícolas quienes, después de todo, no pueden hacer más que producir no les corresponde casi nada de la ganancia, y en similar posición se encuentra el grueso de los consumidores potenciales.
Así, pues, la principal ventaja del latifundio no es que permite producir al latifundista (lo que éste no hace), sino que su posesión de un recurso necesario le permite interponerse como comerciante y financiero entre los verdaderos productora y los grandes monopolios financieros y comerciales, los que tan pronto como pueden (y traten de hacerlo a menudo) prescinden de él y se embolsan también su parte. La propiedad latifundiaria no es, con frecuencia, mucho más que un medio institucional de garantizar al propietario la oferta de los bienes que necesita para su verdadera actividad "económica": la especulación. Porque la especulación (combinada con la manipulación monopolista-monopsonista de la demanda y la oferta, y que cuenta principalmente con el capital de otros) y no la producción, es la verdadera fuente de la ganancia en la inestable estructura comercial monopolista que caracteriza a la agricultura y, de hecho, a toda la economía de Brasil y el imperialismo mundial capitalista. Especulación, claro está, con el fruto del trabajo de otros.
En esencia, esta organización comercial monopolista caracteriza a todos los sectores de la agricultura brasileńa. Por ańadidura, cada "sector separado" está íntimamente unido a todos los demás mediante lazos de familia, organización incorporada, comercio y, sobre todo, poder político y finanzas. El capital, la influencia económica y el poder político cruzan fácilmente todas las fronteras del latifundio, del producto, del sector, de la industria, de la región, tan fácilmente como cruzan las fronteras internacionales. Sólo hay, en realidad, un único sistema capitalista integrado. En la agricultura brasileńa, repito, la estructura de desarrollo-subdesarrollo de la economía capitalista en general, opera hoy por intermedio de la estructura comercial, política y social monopolista y produce allí la explotación y pobreza que ven todos los observadores.
Para eliminar estos síntomas de la agricultura brasileńa, sería necesario aislarla de la estructura de desarrollo-subdesarrollo y de la explotación y pobreza que ésta genera en la economía brasileńa en general, y no integrarla a esa estructura, como se sostiene con más frecuencia. Como esto, evidentemente, es imposible (aunque podría ocurrir, en parte, mediante una división de Brasil como la de Corea y Vietnam, que está aún por venir), sería y será finalmente necesario aislar la economía brasileńa misma de estas fuerzas subdesarrollantes mediante la destrucción de su estructura capitalista. Ahora bien, tratar de suprimir la explotación, la pobreza y el subdesarrollo de la agricultura mediante una "reforma agraria" destinada a "integrar" la agricultura cada vez más en la economía capitalista monopolista, dejando a ésta fundamentalmente intacta en otros sentidos, es algo que, cuando más, sólo puede modificar las formas particulares que adoptarán la explotación y el subdesarrollo de la tierra. La supresión del monopolio de la tenencia de la tierra con el establecimiento de "fincas de familias", por ejemplo, mientras se le mantiene en el resto de la economía, sólo servirá para fortalecer la posición de los monopolios comerciales al eliminar a uno de sus rivales. Sólo servirá para exponer a los campesinos, aún más directamente, a esta explotación comercial, y, el no es un paso hacia la completa transformación de la sociedad, no haría más que privarlos, al cabo de unos ańos, de sus tierras recién adquiridas, a través de la venta o el arrendamiento forzoso de ellas y su producto, como ya ha ocurrido en México y otras partes.
Sólo mediante la destrucción de la estructura capitalista misma y la liberación de Brasil del sistema capitalista-imperialista mundial sólo mediante el rápido tránsito al socialismo, será posible comenzar a resolver la crisis y el subdesarrollo de la agricultura brasileńa, de Brasil y de América latina.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
A. EL PROBLEMA
La ayuda y la inversión extranjera parecen hoy plantear el problema de una benevola decisión voluntaria, por parte de los países desarrollados, de dar a los subdesarrollados un poco más o no. De parte de los países subdesarrollados, el problema parece ser el de decidir bajo qué términos ha de aceptarse la inversión y ayuda extranjeras. Para la opinión común, el problema parece relativamente nuevo y materia de una decisión voluntaria. Sin embargo, las inversiones extranjeras son tan antiguas como el comercio exterior; y el verdadero problema que plantean, lejos de estar sujeto a un acto de libre voluntad, ha sido siempre y sigue siendo resuelto por Ias realidades objetivas y Ias necesidades del desarrollo histórico: junto con la explotación y la acumulación de capital, las conquistas y el comercio exterior, la inversión extranjera ha sido durante siglos y sigue siendo actualmente parte integrante del desarrollo capitalista mundial; y toda ella ha sido resultado, no de la buena voluntad, sino de las necesidades y contradicciones del capitalismo, y de su desenvolvimiento histórico.
Para apreciar y comprender el problema de Ia inversión extranjera y su relación con el desarrollo y subdesarrollo económicos en Asia, África y América Latina, es, pues, necesario examinar como ha estado relacionado el capital extranjero con otros aspectos del desarrollo capitalista mundial en cada una de sus etapas históricas. Este ensayo analiza el papel de la inversión y el capital extranjeros en el desarrollo metropolitano colonial imperialista y neoimperialista y en el desarrollo simultáneo del subdesarrollo latinoamericano. El problema del capital extranjero, mejor iluminado por Ia historia, será resuelto por una más adecuada intervención de las hombres en esa misma historia.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
B. DEL COLONIALISMO AL IMPERIALISMO
1. Explotación y acumulación originaria en la colonia
La propia conquista y colonización de América Latina fueron acciones de lo que hoy Ilamaríamos financiación o ayuda extranjera. Cristobal Colon, el descubridor de América, declaró: "La mejor cosa en el mundo es el oro... Sirve hasta para enviar las almas al paraíso..." Cortés, el conquistador de México, agregó: "Nosotros los espańoles, tenemos una enfermedad del corazón para la cual el remedio indicado es el oro." Los frailes franciscanos confirmaron: "Donde no hay plata no entra el evangelio." Es decir que los viajes de descubrimiento y la inversión espańola en América Latina, gran parte de ella con capital mercantil holandés e italiano, fueron parte de la expansión capitalista mercantil y de un esfuerzo pare extraer recursos humanos y naturales del satélite colonial en su mayoría trabajo y metales preciosos y encauzarlos hacia el consumo y el desarrollo de la metrópoli. La afortunada combinación de plata, indígenas y organización social precolombina en las áreas altamente civilizadas de México y Perú, permitió una multiplicación inmediata de las limitadas inversiones en transporte de hombres y mercancías. Como en Europa se carecía del capital y trabajo necesarios para producir la acumulación de capital básico y el desarrollo que sabemos ocurrió, el capital inicial tenía que venir del trabajo y la financiación extranjera de los indios de América Latina y los negros de África, que costaron, primero, el exterminio del 89% de la población (en México), luego la destrucción de varias civilizaciones y por último el subdesarrollo.
Los portugueses en Brasil y luego los holandeses, ingleses y franceses en el Caribe, no encontraron la feliz combinación de plata, trabajo y civilización, y tuvieron que crear una economía colonial con recursos extranjeros. Indirectamente, fue la bonanza previa de Espańa la que hizo posible, si no necesaria, esta financiación, por la concentración del ingreso y el alza de los precios del azúcar y otros artículos en Europa. Los países metropolitanos organizaron economías agrícolas en estas tierras tropicales, poniendo a trabajar a los negros de África en Ia producción de azúcar latinoAméricano para las masas europeas.
Si Espańa y Portugal no se beneficiaron con este estado de cosas en Ia medida que era de esperarse, se debió en gran parte a su propia satelización a través del capital holandés y británico, colonización sin Ias molestias del coloniaje, como la llamó en 1755 el primer ministro de Portugal, marqués de Pombal.
Un resultado importante de esta combinación de capital extranjero y comercio doblemente triangular de esclavos, azúcar, ron, cereales, maderas y artículos manufacturados, es analizado por el primer ministro de Trinidad y Tobago, Eric Williams, en su obra Capitalismo y esclavitud: "Lo que la construcción de barcos para el transporte de esclavos significo para Liverpool en el siglo XVII, lo significó para Manchester en el siglo XVIII las manufacturas de algodón para la compra de esclavos. El primer estimulo para el nacimiento de Algodonópolis vino de los mercados de África y las Indias Occidentales. El crecimiento de Manchester estuvo íntimamente ligado al de Liverpool, su salida al mar y al mercado mundial. El capital acumulado en Liverpool por el comercio de esclavos irrigo el interior para fertilizar las energías de Manchester; las mercancías de Manchester para África eran Ilevadas a la costa en los barcos de Liverpool. El mercado exterior del Lancashire fueron principalmente las plantaciones de las Indias Occidentales y África ... Fue esta tremenda dependencia del comercio la que hizo a Manchester" (Williams, 68).
En verdad, sin contar con las corrientes menores de capital, difíciles de precisar durante los tres siglos anteriores, el comercio y el capital extranjeros generaron hacia la metrópoli una corriente de ingresos desde América Latina, África y Asia, de 1.000 millones de libras esterlinas aproximadamente (de las cuales alrededor de Ia mitad procedía de la primera), superior al valor total de las industrias movividas a vapor en toda Europa en 1800 y en una mitad a las inversiones de Gran Bretańa en su industria metalúrgica hasta 1790. Entre 1760 y 1780 solamente, el ingreso británico precedente de las Indias Occidentales y Orientales excedió en más del doble los fondos de inversión disponibles pare su creciente industria (Mandel II, 562-564).
Está claro, pues, que desde el principio el verdadero flujo de capital extranjero ha sido de América Latina hacia las metrópolis. Esto significa que América Latina ha tenido recursos o capital de inversión propio, pero que gran parte de él ha sido llevado al exterior e invertido allí, y no en América Latina. Esta transferencia de capital al exterior, y no su supuesta inexistencia en América Latina, ha sido evidentemente la causa principal de las necesidades latinoamericanas de más capital para inversión, tal como el aportado por extranjeros.
Pero el desarrollo de esta relación colonial entre las metrópolis y América Latina tuvo también consecuencias estructurales internas en el seno de esta última, que en lo esencial persisten en la actualidad: "Si se pretende determinar cuáles fueron Ias actividades economicas dinámicas en la economía colonial, deben recordarse las características de Ia economía de la época y se concluye que fueron aquéllas estrechamente ligadas al comercio exterior. La minería, los cultivos tropicales, la pesca, la caza y Ia explotacion forestal, dedicadas fundamentalmente a Ia exportación fueron Ias actividades expansivas que atrajeron capital y mano de obra... Los grupos de propietarios y comerciantes vincuIados a las actividades exportadoras eran, logicamente, los de más altos ingresos, juntamente con los altos funcionarios de la corona y del clero (que muchas veces consiguieron sus puestos por la compra de los mismos). Estos sectores constituían la demanda dentro de la economía colonial y eran los únicos sectores en condiciones de acumular. Forzando el concepto, constituían al mismo tiempo el mercado interno colonial y la Puente de acumulación de capital... Cuanto más se concentraba la riqueza en un pequeńo grupo de propietarios, comerciantes e influyentes políticos, mayor fue la propensión de adquirir los bienes manufacturados de consumo y durables (consistentes en buena poporción de bienes suntuarios de difícil o imposible producción interna) en el exterior, y menor fue la proporción del ingreso total de la comunidad gastado internamente... El sector exportador no permitía, pues, Ia transformación del sistema en su conjunto... Poca duda cabe que tanto la estructura del sector exportador como la concentración de la riqueza constituyeron obstáculos básicos para la diversificación de la estructura productiva interna, la elevación consecuente de los niveles técnicos y culturales de la población y el surgimiento de grupos sociales vinculados a la evolución del mercado interno y a la búsqueda de líneas de exportación no controladas por la potencia metropolitana. Este chato horizonte del desarrollo económico y social, explica buena parte de Ia experiencia del mundo colonial americano y, notoriamente, de las posesiones hispanoportuguesas" (Ferrer, 1963: 31-32). La segunda causa de Ia inadecuada inversión domestica fue, pues, la estructura interna de subdesarrollo económico, político y social, provocada y mantenida por los intereses extranjeros; la estructura de subdesarrollo encauzó la mayor parte del capital restante potencialmente invertible a la minería, la agricultura, el transporte y empresas comerciales de exportación a Ia metrópoli, casi la totalidad del sobrante a importaciones de lujo de las metrópolis, y sólo muy poco a las manufacturas y el consumo relacionados can el mercado interno. Debido al comercio y el capital extranjeros, los intereses económicos y políticos de Ia burguesía minera, agrícola y comercial o las tres patas de la mesa económica, como llamó Claudio Véliz a sus descendientes del siglo XIX no contaron con desarrollo económico interno. (Para análisis más detallados, véase Frank, 1966c).
Hasta el imperialismo, la sola excepción a este esquema había sido el debilitamiento de los lazos del comercio y el capital extranjeros durante las guerras o depresiones metropolitanas, como la del siglo XVII, y la ausencia inicial de tales lazos entre la metrópoli y regiones aisladas de exportación no orientada hacia ultramar, que permitió una temporal o incipiente acumulación autónoma de capital y el desarrollo industrial para el mercado interno, tales como los de Săo Paulo en Brasil, Tucuman y otros en Argentina, Asunción en Paraguay, Querétaro y Puebla en México en el siglo XVIII y otros (Frank, 1966a),
En la era colonial del desarrollo capitalista, pues, el capital extranjero fue ante todo un estimulo auxiliar del saqueo de recursos, la explotación del trabajo y el comercio colonial, que iniciaban el desarrollo de la metrópoli europea y simultáneamente el subdesarrollo de los satélites latinoamericanos.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
B. DEL COLONIALISMO AL IMPERIALISMO
2. Industrializaciуn, libre comercio y subdesarrollo
La primacнa econуmica y polнtica de Gran Bretaсa y la independencia polнtica de Amйrica Latina a raнz de las guerras napoleуnicas, dejaron a tres grandes grupos de intereses la decisiуn del futuro de Amйrica Latina en su lucha tripartita: a) los intereses agrнcolas, mineros y comerciales de Amйrica Latina, que aspiraban a mantener el subdesarrollo conservando la vieja estructura de exportaciуn —y sуlo deseaban sustituir a sus rivales ibйricos en sus privilegiadas posiciones—; b) los industriales y otros grupos de intereses de las regiones arriba mencionadas y otras del interior, que intentaban defender sus nacientes y aъn dйbiles economнas de desarrollo contra el comercio libre y el financiamiento externo, que amenazaban aniquilarlos; y c) la victoriosa Inglaterra, en expansiуn industrial, cuyo ministro de Relaciones Exteriores lord Canning anunciу en 1824: "Hispanoamйrica es libre; y si no manejamos mal nuestros asuntos, ella es inglesa". Las lнneas de batalla estaban tendidas con la tradicional burguesнa Iatinoamericana en natural alianza con la burguesнa industrial-mercantil de la metrуpoli, contra los dйbiles industriales nacionalistas de Amйrica Latina. El resultado estaba prбcticamente predeterminado por el anterior proceso histуrico del desarrollo capitalista, que de esta manera habнa dispuesto las cartas.
En 1824, siguiendo las pautas seсaladas por Canning, Inglaterra comenzу —sobre todo por intermedio de Baring Brothers— a conceder emprйstitos masivos a varios gobiernos latinoamericanos que habнan iniciado la vida con deudas contraнdas en las guerras de independencia a incluso con las heredadas de sus predecesores colonialistas. Los prйstamos, por supuesto, fueron concedidos para abrir el camino al comercio con Inglaterra; y en algunos casos se les acompaсу de inversiones en minerнa y otras actividades. Pero la hora no habнa llegado aъn.
Analizando este episodio. Rosa Luxemburgo se pregunta con Tugan-Baranovski, a quien cita: "їPero de donde obtuvieron los paнses suramericanos los medios para duplicar en 1825 las compras de 1821? Los ingleses mismos Ies suministraron estos medios. Los emprйstitos emitidos en la bolsa de Londres servнan de pago por las mercancнas importadas". Y comenta, citando a Sismondi: "Mientras durу este singular comercio, en el que los ingleses sуlo exigнan a los latinoamericanos ser tan amables para comprar mercancнas inglesas con capital ingles, y consumirlas en su nombre, la prosperidad de Ia industria inglesa parecнa deslumbrante. No habнa ingresos, sino que el capital ingles se empleaba para impulsar el consumo: los ingleses mismos compraban y pagaban por sus propias mercancнas, las que enviaban a Amйrica Latina, privбndose solamente del placer de consumirlas." (Luxemburgo, 422-424). En estas condiciones el comercio exterior no era en verdad suficientemente provechoso para Ia metrуpoli y los emprйstitos britбnicos a Amйrica Latina se agotaron alrededor de 1830 y no reaparecieron durante un cuarto de siglo. Pues el comercio exterior ъnicamente no ha sido nunca el principal interйs de las metrуpolis, y menos aъn con paнses —como muchos de los latinoamericanos de entonces— cuya capacidad de exportaciуn de materias primas habнa sido seriamente disminuida por el deterioro de las minas y el estimulo a los cultivos de subsistencia ocasionados por la guerra, y en los cuales los intereses nacionalistas e industriales habнan comenzado a imponer tarifas proteccionistas tras Ias que (como en Mйxico) empezaban a levantarse fбbricas textiles tan completas y modernas como las de la misma Inglaterra de entonces. (Y para la sola inversiуn en el exterior, tal como la de hoy, el capitalismo metropolitano no se habнa desarrollado aъn lo suficiente). Esta situaciуn habнa de remediarse en Amйrica Latina antes de que el comercio y el capital forбneos pudiesen jugar un papel mбs importante en el desarrollo capitalista. En las dos dйcadas siguientes, el comercio y el capital contribuyeron a los cambios que necesitaban en Amйrica Latina, pero solo en combinaciуn con la diplomacia metropolitana y los bloqueos navales, tanto como con las guerras internacionales y civiles.
En el perнodo, que va de mediados de la dйcada de los aсos 20, hasta mediados de los aсos 40 у 50, los intereses nacionalistas del interior eran todavнa capaces de obligar a sus gobiernos a implantar tarifas proteccionistas en muchos paнses. Industria, marina de bandera nacional, y otras actividades generadoras de desarrollo evidenciaban seсales de vida. Al mismo tiempo, los propios latinoamericanos rehabilitaban las minas abandonadas y abrнan otras nuevas, y comenzaron a incrementar sus sectores de exportaciуn agrнcola y de otras materias primas. Para favorecer e impulsar el desarrollo econуmico interno, al igual que para responder a la creciente demanda externa de materias primas, los liberales lucharon por diversas reformas, principalmente la agraria, e impulsaron tambiйn la inmigraciуn, que incrementarнa la fuerza domйstica de trabajo y expandirнa el mercado interno.
Las burguesнas latinoamericanas, orientadas comercialmente hacia la metrуpoli, y sus aliados nacionales de la minerнa y Ia agricultura, se opusieron a este desarrollo capitalista autуnomo, ya que las tarifas proteccionistas interferнan sus intereses comerciales; y lucharon contra Ios industriales nacionalistas y los derrotaron en las guerras civiles de Ios aсos 30 y 40 entre federalistas y centralistas. Las potencias metropolitanas ayudaron a sus socios menores de Amйrica Latina con armas, bloqueos navales, intervenciуn militar directa e instigaciуn de nuevas guerras dondequiera que fue necesario, como la de la Triple Alianza contra Paraguay, que perdiу el 86% de su poblaciуn masculina en defensa de su ferrocarril financiado nacionalmente y de su esfuerzo de desarrollo autуnomo genuinamente independiente.
El comercio y la espada estaban preparando a Amйrica Latina para el libre comercio con la metrуpoli, y para que asн fuese habнa que eliminar la competencia del desarrollo industrial latinoamericano; y, con la victoria de los grupos de intereses econуmicos orientados hacнa el exterior sobre los grupos nacionalistas, Ia economнa y los estados latinoamericanos tenнan que subordinarse aъn mбs a Ia metrуpoli. Sуlo entonces se llegarнa al libre comercio y regresarнa el capital extranjero a sus dominios. Un nacionalista argentino de le йpoca seсalaba: "Despuйs de 1810... la balanza comercial del paнs ha sido permanentemente desfavorable, en tanto que los comerciantes del paнs han sufrido perdidas irreparables. Tanto el comercio de exportaciуn como el de importaciуn y la venta al detalle han pasado a manos extranjeras. La conclusiуn no puede ser otra, pues, sino que la apertura del paнs a los extranjeros ha demostrado ser perjudicial a la balanza. Los extranjeros desplazaron a los nacionales no solo del comercio, sino tambiйn de la industria y la agricultura". Y otro aсadнa: "No es posible que Buenos Aires haya sacrificado sangre y riqueza con el solo propуsito de convertirse en consumidor de los productos y manufacturas de los paнses extranjeros, pues tal situaciуn es degradante y no corresponde a las grandes potencialidades que la naturaleza ha otorgado al paнs... Es errуneo suponer que la importaciуn y la venta al detalle han pasado a manos extranjeras. Colocada bajo un rйgimen de libre comercio por espacio de veinte aсos, [la economнa] estб ahora controlada por un puсado de extranjeros. Si la protecciуn desaloja a los comerciantes extranjeros de sus posiciones de preminencia econуmica, el paнs tendrб ocasiуn de felicitarse por haber dado el primer paso hacia la reconquista de su independencia econуmica... La naciуn no puede seguir sin restringir el comercio exterior, ya que sуlo la restricciуn hace posible la expansiуn industrial; no debe soportar por mбs tiempo el peso de los monopolios extranjeros, que estrangula toda tentativa de industrializaciуn". (Citado en Burgin, 234). Pero lo soporto.
Segъn el correcto anбlisis de Burgin en su estudio sobre el federalismo argentino, "el desarrollo econуmico de Argentina posrevolucionaria se caracterizу por un desplazamiento del centro de gravedad econуmico del interior hacia la costa, provocado por la rapida expansiуn de la ъltima y el simultaneo retroceso del primero. El carбcter desigual del desarrollo econуmico condujo a lo que fue en cierta medida una desigualdad que se perpetuaba a sн misma. El paнs resulto dividido en provincias pobres y ricas. Las del interior tenнan que despojarse de grandes proporciones del ingreso nacional en favor de Buenos Aires y otras provincias del este". (Burgin, 811. En Brasil, Chile, Mйxico, en toda Amйrica Latina, los industriales, patriotas, y economistas de visiуn denunciaron este mismo proceso inevitable del desarrollo capitalista. Pero en vano: el desarrollo capitalista mundial, y la espada, habнan puesto el libre comercio a la orden del dнa. Y con йl llegу el capital extranjero.
El libre comercio, como lo advirtio Friedrich List, se convirtiу en el principal producto de exportaciуn de Gran Bretaсa. No fue por casualidad que el liberalismo manchesteriano naciу en Algodonуpolis. Pero fue abrazado con entusiasmo, como lo ha seсalado Claudio Vйliz, por las tres patas de la mesa econуmica y polнtica de Amйrica Latina, que habнan sobrevivido a los tiempos coloniales, derrotado a sus rivales domйsticos representantes del desarrollo nacionalista y capturado el estado en sus paнses y, ahora, se colocaban de aliados y sirvientes de los intereses extranjeros --a travйs del libre comercio exterior— para asegurar el cerrado monopolio nacional para ellos y sus socios extranjeros.
El libre comercio entre los fuertes monopolios y los dйbiles paнses latinoamericanos produjo inmediatamente una balanza de pago deficitaria para los ъltimos. Para financiar el dйficit, por supuesto, la metrуpoli ofreciу, y los gobiernos satйlites aceptaron, capital extranjero; y en los aсos 50 del siglo XIX los emprйstitos extranjeros comenzaron de nuevo a hacer sentir su presencia en Amйrica Latina. No eliminaban los dйficits, por supuesto; sуlo financiaban y necesariamente incrementaban los dйficits y el subdesarrollo latinoamericano. No era raro dedicar el 50% de las ganancias de la exportaciуn al servicio de esta deuda y al fomento del continuado desarrollo econуmico de la metrуpoli. Entre tanto, el dйficit de la balanza y su financiaciуn redundaron en sucesivas devaluaciones del patrуn oro o del papel moneda, y en inflaciуn. Esto trajo consigo un aumento del flujo del capital de Amйrica Latina a la metrуpoli, ya que la primera tenнa asн que pagar mбs por las manufacturas de la segunda, y йsta menos por las materias primas de la primera. En Amйrica Latina, las devaluaciones y la inflaciуn beneficiaron a Ios comerciantes y propietarios nativos y extranjeros, en tanto que expoliaban a aquellos cuyo trabajo producнa riqueza, robбndoles no sуlo su ingreso real sino tambiйn sus pequeсas tierras y otras propiedades.
El desarrollo del capitalismo industrial y el libre comercio implicaron, mбs que la apertura de Amйrica Latina al comercio, le adaptaciуn de toda su estructura econуmica, polнtica y social a las nuevas necesidades de la metrуpoli. El capital extranjero compensatorio fue necesariamente uno de los instrumentos metropolitanos para la generaciуn de este desarrollo del subdesarrollo latinoamericano.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
B. DEL COLONIALISMO AL IMPERIALISMO
3. Expansiуn imperialista y subdesarrollo latinoamericano
El perнodo anterior prepara la irrupciуn del imperialismo y sus nuevas formas de manejo del capital, tanto en la metrуpoli como en Amйrica Latina, donde el libre comercio y las reformas liberales habнan concentrado la tierra en pocas manos, creando asн una mayor fuerza ociosa de trabajo agrнcola y fomentando gobiernos dependientes de la metrуpoli, que abrнan ahora las puertas no sуlo al comercio sino a las nuevas formas de inversiуn del capital imperialista, que rбpidamente tomaba ventaja de estos desarrollos.
La demanda metropolitana de materias primas y su lucrativa producciуn y exportaciуn para Amйrica Latina, atrajeron el capital privado y pъblico de esta ъltima hacia la expansiуn de Ia infraestructura necesaria para esta producciуn. En Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Guatemala y Mйxico (hasta lo que sabe el autor, pero probablemente, tambiйn en otros paнses), el capital domestico o nacional construyу el primer ferrocarril. En Chile, dio acceso a las minas de nitrato y cobre, que iban a convertirse en las principales abastecedoras de fertilizantes y metal rojo del mundo; en Brasil, a los cafetales cuyo grano abasteciу casi todo el consumo global, y asн en todas partes. Solo despuйs que demostraron ser negocios brillantes —como una y otra vez ha acontecido en la historia de Amйrica Latina— y despuйs de que Inglaterra tenнa que encontrar salida para su acero, entrу el capital extranjero a estos sectores a hacerse cargo de la propiedad y administraciуn de estas empresas inicialmente latinoamericanas, mediante la compra —a menudo con capital latinoamericano— de las concesiones de los nativos.
Un argentino, por ejemplo, pregunta: "їComo se financiу el desarrollo despuйs de Caseros? їCon los recursos nacionales, o con el capital extranjero, segъn lo preconizaban todos los organizadores?... Pues, en efecto, el desarrollo posterior a Caseros se hizo entre nosotros con recursos nacionales y no con capital extranjero... entre 1852 y 1890 Argentina se procurу la mayorнa de los elementos del progreso moderno, por sн sola: los restantes ferrocarriles que habнan de integrar la red nacional (el nordeste de Entre Rнos, el central-norte de Cуrdoba a Tucumбn, el Andino, etc.), el alumbrado a gas, los tranvнas de tracciуn a sangre, en la capital y el interior, el puerto de Buenos Aires... Iniciуse en 1877 un movimiento de traspaso de empresas nacionales a compaснas extranjeras. Caso primero y tнpico, o modelo de operaciones posteriores, fue la venta de la Compaснa de Consumidores de Gas de Buenos Aires... [que fue] vendida a The Buenos Aires Gas Company Limited, junto con el convenio que aquйlla tenнa con Ia municipalidad de la capital argentina, sin desembolsar un centavo. El pago se efectuу de este modo: la sociedad inglesa mandу imprimir acciones con tнtulos en inglйs, por un valor igual al capital de Ia compaснa de consumidores, mбs un paquete de actiones por cinco mil libras, para giro del negocio (porque hasta de eso carecнa) y que emitiу cuando tomу posesiуn de la fбbrica que compraba tan cуmodamente... El ъnico capital britбnico invertido en The Buenos Aires Gas Company Limited era el papel y la impresiуn de los tнtulos que se entregaron a los accionistas de la compaснa porteсa traspasada, mбs bien que vendida, a la entidad radicada en Londres. Entre el ъltimo cuarto del siglo XIX y el primero del XX Argentina traspasу en forma similar el Ferrocarril Oeste (cuya historia narrada por Scalabrini Ortiz ha quedado clбsica), el de Entre Rнos, el Andino, a empresas britбnicas que en la mayorнa de los casos no invirtieron sino el dinero necesario para promover el negocio, for promotion". (Irazusta, 71-74. Para una inversiуn extranjera semejante pero posterior, vйase Frank, 1964).
En Chile, John N. North, trabajador britбnico carente de toda fortuna, llegу a ser el legendario "Rey del Nitrato" por la compra que hizo de los bonos de las minas y el ferrocarril —depreciados por la guerra del Pacifico,— por el 10% de su valor nominal, que pagу con 6 millones de dуlares que le prestу el Banco Chileno de Valparaнso. Su verdadera inversiуn vino mбs tarde, cuando ya habнa hecho miIlones: 100.000 libras en la guerra civil que con la asistencia de Ia Marina Real de Su Majestad derrocу al presidente Balmaceda, cuyo programa de gobierno iucluнa la nacionalizaciуn de Ias minas de nitrato y el empleo de sus beneficios en el desarrollo industrial y agrнcola de Chile, en vez del de Gran Bretaсa. (Frank, 1966).
Cбlculos sobre "rendimientos del imperialismo", tales como el de J. Fred Rippy en su obra Inversiones britбnicas en Amйrica Latina, 1822-1949, tienen en cuenta valores aparentes como "inversiones", y los provechos registrados como "ganancias" probablemente deducen los pagos y gastos de orden polнtico a tнtulo de necesarios "costos" de producciуn, en la exposiciуn de Ia tesis de que el imperialismo realmente "no paga", que Strachey y otros tratan de demostrar.
No obstante, prosiguieron los emprйstitos a Amйrica Latina. Pero las condiciones impuestas a los bonos comprados en Londres, Parнs, Berlнn y Nueva York eran tales, que las sumas de su pago representaban varias veces el valor del capital. Pero muchos de estos bonos no se pagaron, o su pago fue demorado y parcial. їPor que, entonces era ofrecido y aceptado este capital, y quiйn lo pagaba? J. Fred Rippy da parte de la respuesta: "Despuйs de deducidos todos los honorarios, comisiones, descuentos y costos de impresiуn, y retenidos los intereses de los primeros 18 meses, los latinoamericanos se encontraban prуximos al remate de la operaciуn, con dinero en mano equivalente el 60%, mбs o menos de la deuda contraнda. Por una suma neta de 12 millones de libras esterlinas, se habнan obligado por mбs de 21 millones... Cuatro grupos son los beneficiarios mбs probables de tales inversiones: a) los banqueros y especuladores vendedores de bonos; b) los funcionarios y agentes de Ios paнses deudores; c) las compaснas de navegaciуn; d) los industriales, directivos y otros tйcnicos de los paнses inversionistas... Probablemente el beneficio fue el de los banqueros, corredores y exportadores ingleses, y los burуcratas concesionarios de Amйrica Latina". (Rippy, 11- 22, 32, 173).
Los gobiernos latinoamericanos, ademбs, traspasaron a manos extranjeras empresas y capitales nacionales. Si los gobiernos existentes no se mostraban inclinados a hacerlo, o estaban polнticamente incapacitados, pronto un golpe militar con ayuda de la metrуpoli instalaba un gobierno militar, que solo requerнa tres o cuatro aсos de existencia para dispensar a los monopolios extranjeros concesiones por 99 aсos, suficientes para que pudiesen operar tambiйn durante los gobiernos democrбticos, tradiciуn que las dictaduras militares de nuestros tiempos han moderado bajo la direcciуn del "tнo Sam". Por todas partes, "el estado fue reducido a su verdadero papel de maquinaria polнtica para la explotaciуn de la economнa campesina en favor de propуsitos capitalistas, funciуn real de todos los estados orientales [y latinoamericanos] en la etapa del imperialismo capitalista". (Luxemburgo, 445).
En una palabra, este capital extranjero fue y es aъn en gran medida un instrumento que permite a las burguesнas metropolitana y satйlite enriquecerse y prosperar por la combinaciуn de los ahorros, hoy los impuestos, del pueblo de la metrуpoli con el trabajo del pueblo de los satйlite. Esto explica la profusa propaganda burguesa alrededor de este capital.
La periodicidad del capital fue —y es— otra pieza en el rompecabeza del desarrollo capitalista en su conjunto. Rippy (11) seсala que "el flujo de capital fue muy irregular. La mayor parte del capital britбnico se traslado a Amйrica Latina en la dйcada de 1880 y en el que siguiу a 1902". Esto es, se suspendiу en la dйcada de depresiуn que siguiу a la crisis mundial de 1893. Al igual que en Ia йpoca del libre cambio, y luego en el siglo XX, el flujo de capital de la metrуpoli hacia Amйrica Latina lуgicamente aumentaba en los momentos de prosperidad, para decrecer durante las depresiones, muy al contrario de Ia teorнa segъn la cual el capital internacional tendrнa una funciуn equilibrante al escapar de la metrуpoli cuando los beneficios son bajos. El capital imperialista fue y es desequilibrante, y contribuye por tanto a agudizar el desequilibrio interno del sistema capitalista. Por cierto que la teorнa tambiйn sostiene que la funciуn equilibrante automбtica de Ios mercados hace que el capital fluya de Ias balanzas comerciales favorables a los paнses deficitarios, y de los ricos a los pobres. El hecho es que operan en sentido contrario y sirven para incrementar el dйficit y la pobreza de los satйlites de Amйrica Latina, en tanto que aumentan el excedente y la riqueza de la metrуpoli de Europa y Amйrica del Norte.
El significado y "rentabilidad" del capital imperialista no radica en las ganancias netas de las inversiуn, sino en su papel en el desarrollo y subdesarrollo capitalistas. Encauzу un enorme flujo de capital neto de los paнses pobres y subdesarrollados de Amйrica Latina hacнa los ricos, y avanzados de la metrуpoli, incluso en tiempos del imperialismo "exportador de capital" de que habla Lenin. Cairncross (180) calcula las exportaciones de capital de Inglaterra en 2.400 millones de libras esterlinas y el ingreso proveniente de su inversiуn en 4.100 millones entre 1870 y 1913. Amйrica Latina suministre a la metrуpoli materias primas para la industria y alimentos baratos para sus obreros en condiciones aъn mбs favorables -que Ies ayudaron a rebajar los salarios y sostener Ias utilidades y les abrieron mercados extranjeros para sus bienes de capital y de consumo—, contribuyendo asн a mantener sus precios de monopolios y elevadas utilidades, en tanto que se ejercнa mayor presiуn sobre los salarios reales.
En America Latina, este mismo comercio y capital imperialista hizo mбs que incrementar el valor de producciуn, comercio y beneficios por la acumulaciуn de cerca de 10.000 millones de dуlares de Estados Unidos de inversiones en esa zona. La metrуpoli imperialista utilizу su comercio y su capital para penetrar en Ia economнa de Amйrica Latina y utilizar su potencial productivo mucho mбs completa, eficiente y exhaustivamente en favor del desarrollo de la misma metrуpoli, que de lo que fueron capaces Ias metrуpolis colonialistas. Como anotaba Rosa Luxemburgo sobre un proceso similar, "despojadas de todos sus eslabones oscurecedores, estas relaciones consisten en el hecho simple de que el capital europeo ha absorbido totalmente Ia economнa agrнcola egipcia. Enormes extensiones de tierra, trabajo y producciуn sin nъmero, afluyendo como tributos al estado, han sido convertido por ъltimo en capital europeo, y acumulados". (Luxemburgo, 438).
En realidad, en Amйrica Latina el imperialismo fue mбs lejos. No solo se sirviу del estado para invadir la agricultura, sino que tomу posesiуn de casi todas las instituciones econуmicas y polнticas para incorporar la economнa entera al sistema imperialista: los latifundios crecieron a un ritmo y en proporciones desconocidos en la historia, especialmente en Argentina, Brasil, Uruguay, Cuba, Mйxico y Amйrica Central. Con la ayuda de los gobiernos latinoamericanos, los extranjeros se adueсaron -casi por nada— de inmensas extensiones de sierra. Y donde no se apropiaron de la tierra, fueron dueсos de sus productos, porque la metrуpoli tambiйn tomу el control y monopolizу el intercambio de los productos agrнcolas y de la mayorнa de los demбs. Tomу posesiуn de las minas latinoamericanas y aumentу su rendimiento, agotando a veces recursos econуmicos en pocos aсos, como los nitratos de Chile. Para exportar las materias primas de Amйrica Latina e importar sus equipos y mercancнas, la metrуpoli estimulo la construcciуn de puertos, ferrocarriles y otros servicios con recursos pъblicos. Las redes ferroviaria y elйctrica, lejos de ser verdaderas redes, irradiaban y conectaban el interior de cada paнs, y a veces de varios paнses, con el puerto de entrada y salida, que a su vez estaba conectado con la metrуpoli. Hoy, 80 aсos despuйs, permanece aъn mucho de este esquema exportaciуn-importaciуn, en parte porque el ferrocarril todavнa estб orientado en esa forma, pero principalmente porque el desarrollo urbano, econуmico y polнtico orientado hacнa la metrуpoli —que el imperialismo del siglo XIX generу en Amйrica Latina—, dio origen a intereses creados que, con el apoyo de la metrуpoli, mantuvieron y expandieron este desarrollo del subdesarrollo latinoamericano durante el siglo XX.
Implantada en la era colonial y ahondada en la del librecambio, Ia estructura de subdesarrollo se consolidу en Amйrica Latina con el comercio y el capital imperialista del siglo XIX. Se convirtiу en una economнa monoexportadora primaria con sus latifundios y su proletariado rural expropiado y aun con un lumpen-proletariado explotado por una burguesнa satelizada actuando a naves del estado corrompido de un antipaнs: "Mйxico bбrbaro" (Turner); las "repъblicas bananeras," de Amйrica Central, que no son sino "paнses compaснa"; "la inexorable evoluciуn del latifundio: superproducciуn, dependencia econуmica y crecimiento de la pobreza en Cuba" (Guerra y Sбnchez); "Argentina britбnica", y "Chile patolуgico", del que el historiador Francisco Encina escribiу en 1912, bajo el titulo Nuestra inferioridad econуmica: causas y consecuencias: "Nuestro desarrollo econуmico de los ъltimos aсos presenta sнntesis que evidencian una situaciуn realmente patolуgica. Hasta mediados del siglo XIX, el comercio exterior de Chile estaba casi exclusivamente en manos de los chilenos. En menos de 50 aсos, el comercio exterior ha asfixiado nuestra incipiente iniciativa comercial; y en nuestro propio suelo nos elimino del comercio internacional y nos desalojo, en gran parte, del comercio al detalle... La marina mercante... ha caнdo en triste dificultades y sigue cediendo campo a la navegaciуn extranjera aun en el comercio de cabotaje. La marina de las compaснas de seguros que operan entre nosotros tienen su casa matriz en el exterior. Los bancos nacionales han cedido y siguen cediendo terreno a las sucursales de los bancos extranjeros. Una porciуn cada vez mayor de bonos de las instituciones de ahorro estб pasando a manos de extranjeros que viven en el exterior".
Con el desarrollo del imperialismo del siglo XIX, el capital extranjero vino a jugar un papel casi equivalente al del comercio exterior en Ia tarea de uncir a America Latina al desarrollo capitalista y de transformar su economнa, sociedad y formas de gobierno hasta que Ia estructura de su subdesarrollo estuvo firmemente consolidada.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
C. EL NEOIMPERIALISMO Y MÁS ALLÁ
Con la primera guerra mundial, el sistema capitalista mundial inició una nueva etapa de su desarrollo. No consistió tanto, en el desplazamiento del centro metropolitano de Europa a Estados Unidos, como en la transformación conjunta de lo que había sido un capitalismo industrial y luego financiero en un capitalismo de monopolio. Iniciándose típicamente en Estados Unidos, pero apareciendo poco después en Europa y también en el Japón, la simple firma industrial o casa financiera de antańo fue reemplazada por Ia corporación monopolista gigante, de base nacional pero dispuesta en realidad para el dominio del mundo, que es una multindustria, productora colosal en serie de artículos estandarizados de nueva tecnología, que lleva adelante sus propias operaciones financieras, es su propio agente mundial de compras y ventas, y a menudo gobierno de facto en muchos países satélites y cada vez más en muchos países metropolitanos también. Para responder a las nuevas necesidades del estado y la corporación monopolista de la metrópoli, el desarrollo neoimperialista del siglo XX ha creado nuevos instrumentos de inversión y penetración del capital y los ha convertido en mayor medida que el mismo comercio exterior, en la principal relación internacional con que se afianza en la metrópoli el desarrollo capitalista en su etapa de monopolio, a costa del desarrollo de un subdesarrollo aún más profundo en América Latina.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
1. Crisis en la metrópoli y desarrollo latinoamericano
La primera guerra mundial dio a las economías satélites de América una tregua respecto al capital y al comercio exterior, así como a otros lazos con la metrópoli. Como había ocurrido en otras oportunidades, los latinoamericanos impulsaron su propio desarrollo industrial, principalmente por el mercado interno de bienes de consumo. No bien terminó la guerra, cuando la industria metropolitana, ahora principalmente norteamericana, penetro precisamente en aquellas regiones y sectores, como Ios manufactureros de bienes de consumo en Buenos Aires y Săo Paulo, que los latinoamericanos acababan de industrializar con brillantes perspectivas. Después, apoyados en su poder financiero, tecnológico y político, las gigantescas corporaciones norteamericanas y británicas desplazaron y aun reemplazaron esto es, desnacionalizaron la industria latinoamericana. Las crisis de la balanza comercial que naturalmente siguieron, fueron remediadas con empréstitos externos, que cubrían los déficits, pero también servían para obtener del gobierno concesiones que intensificaban la penetración de la metrópoli en las economías de América Latina.
La crisis de 1929, en contra de la teoría del comercio internacional, pero de acuerdo con los precedentes históricos, redujo fuertemente el capital extranjero, así como el comercio, y por consiguiente la transferencia de recursos de inversión desde los satélites hacía la metrópoli. Este debilitamiento de los lazos económicos con América Latina y la reducción de la intromisión metropolitana en esa región se inicio con Ia depresión de 1930, se mantuvo con la recesión de 1937, y siguió con Ia segunda guerra mundial y la consiguiente reconstrucción hasta principios de Ia década de 1950. Creó condiciones económicas y permitió ámbitos políticos en América Latina que redundaron en el principio de su más fuerte política nacionalista y su más grande industrialización independiente desde las décadas de 1830 y 1840, y posiblemente de cualquier tiempo. En Brasil la revolución de 1930 dio a los intereses industriales una cuota de poder político, llevó a la presidencia al cada vez más nacionalista Getulio Vargas y permitió la industrialización de Săo Paulo. En México, la primera guerra mundial había estimulado el renacimiento y continuación de la revolución mexicana antiimperialista de 1910; la depresión ocasiono y favoreció la consolidación de la revolución bajo la presidencia del nacionalista general Cárdenas, que expropió todo el petróleo en manos de extranjeros, distribuyó las tiaras y sentó las bases para la industrialización de la década de 1940. En toda América Latina, la crisis en toda metrópoli fue la época de los entonces progresistas movimientos nacionalistas de Haya de la Torre en Perú; Aguirre Cerda en Chile; Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt en Venezuela; y Perón en Argentina. Ahora, la industrialización no se limito a la producción de bienes de consumo para el mercado de altos ingresos, sino que incluyó la provisión --con capital nacional público y privado, y no extranjero de bienes de capital para la industria pesada, tales como acero, productos químicos, fuerza eléctrica y maquinaria.
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
2. Expansión de la metrópoli y subdesarrollo de América Latina
Con el fin de la guerra de Corea, también terminó esta luna de miel en América Latina. La expansión metropolitana neoimperialista Ahora a través del capital y el comercio de la corporación monopolista internacional entró de nuevo en pleno empuje, reincorporo totalmente a América Latina al proceso del desarrollo capitalista mundial, y renovó su proceso de subdesarrollo. Las tradicionales relaciones comerciales metrópoli-satélite de intercambio de mercancías manufacturadas por materias primas en condiciones cada vez más desfavorables para América Latina, las crisis y déficits de Ias balanzas de pagos de los satélites, y los incesantes empréstitos compensatorios de emergencia por parte de la metrópoli, recobraron su vieja importancia. Pero ahora estaban reunidos y agravados, y el subdesarrollo estructural de la América Latina ahondado, por el anhelo neoimperialista de los gigantescos monopolios de apoderarse de las industrias manufactureras y de servicios de América Latina e incorporarlas al imperio privado del monopolio. Entretanto, las grandes masas latinoamericanas empobrecían cada día más.
Los principios esenciales de Ias inversiones del monopolio metropolitano fueron ya analizados con agudeza y perspicacia hacia fines de los ańos 20, por J. F. Norman en su obra La lucha por América del Sur: "Comparemos la estructura del comercio y las inversiones extranjeras en América del Sur. Las exportaciones de Estados Unidos comprenden principalmente unos pocos artículos de la moderna producción en masa. Automóviles, radios, fonógrafos, máquinas, son unos pocos productos de las industrias en gran escala organizadas recientemente... żQuien produce estos artículos? Principalmente los mismos Ťtreinta grandesť... Las importaciones de Estados Unidos desde América del Sur comprenden esencialmente productos de la tierra, minerales, materias primas como petróleo, estańo, café. żQuien los produce en América del Sur? En su mayor parte, las organizaciones afiliadas de Ios mismos Ťtreinta grandesť de Estados Unidos. Sus inversiones radican virtualmente en factorías para el negocio de exportación. Gran parte del comercio exterior de Estados Unidos con América del Sur está dominado por las mismas firmas que invierten regularmente en las industrias locales. Estas empresas monstruosas parecen ser las primeras no solo en inversiones sino también en comercio exterior... Todo el intercambio económico con América del Sur parece ser en lo esencial un resultado de la incesante expansión de los gigantes de la industria... Las empresas de los Ťtreinta grandesť operan en todo el mundo, pero tienen sus domicilios oficiales en Estados Unidos. Son ellas las qua manejan las inversiones, y a través de estas la exportación de materiales de producción tales come máquinas o instalaciones de varias clases. Son ellas las que supervisan Ia producción misma, y por ella la distribución de los artículos manufacturados... Tal expansión mundial es típica de la moderna mapa del capitalismo, porque las fronteras nacionales son demasiado estrechas para empresas mundiales". (Norman, 64-66, 61). Hacia 1950, 300 corporaciones norteamericanas aportaban mas del 90% de las inversiones directas de Estados Unidos en América Latina, y desde entonces "el grado de concentración se ha consolidado aún más". (Naciones Unidas 1964a: 233).
En Ia década de 1950, la corporación de monopolio internacional fue mas allá de la simple instalación de la industria extranjera en el recinto de la barrera tarifaria protectora de América Latina, que garantiza altos precios y beneficios. En primer termino, el taller de montaje y Ia organización comercial extranjeras organizan una especie de sistema subsidiario, en el que los medianos y pequeńos industriales latinoamericanos producen partes para la ensambladura local por cuenta del monopolio de la metrópoli, que prescribe su proceso industrial, determina su producción, es el único comprador de Ia misma, reduce su propio desembolso de capital apoyándose en la inversión y crédito de sus contratistas y subcontratistas latinoamericanos, y traslada los costos de las superproducciones cíclicas sobre estos fabricantes, en tanto que reserva para si mismo la parte del león en los beneficios de este arreglo, para la reinversión y expansión en América Latina, para remitirla a la metrópoli y a otros lugares de sus operaciones mundiales.
En Ios últimos ańos, los monopolios metropolitanos han admitido un paso más en este proceso de integración metrópoli-satélite, asociándose con grupos industriales y/o financieros y aun con instituciones oficiales en las Ilamadas empresas mixtas. En América Latina este proceso es a menudo defendido como protector de los intereses nacionales y aun estimulado como inductor del proceso económico por quienes proponen --generalmente los socios de la "gran burguesía" latinoamericana que con él se benefician, o sus representantes la participación de México o Brasil en la financiación y control de estas empresas o la "chilenización" (en lugar de nacionalización) del cobre mediante un 25, un 49, o en 51% de participación del gobierno en Ias minas norteamericanas de ese metal.š En Estados Unidos, este proceso acaba de ser consagrado en una Carta al pueblo norteamericano del Comité Coordinador Republicano, encabezado por un ex embajador en México, en la que se recomienda esta especie de "asociación" como la mejor Alianza para el Progreso, de "oportunidades verdaderamente iguales", así como las dictaduras militares que "pueden garantizar la estabilidad necesaria, para conjurar el peligro comunista en periodos de transición política y económica".
En esta nueva asociación con el capital y los gobiernos de América Latina los monopolios metropolitanos toman con gusto inicialmente una pequeńa participación, que requiere menos capital propio. En realidad, la sociedad extranjera Ilega frecuentemente con poco o ningún capital, pero consigue su aporte en la localidad, respaldada en su reputación internacional y capacidad de crédito.
Así, de acuerdo con el Departamento de Comercio de Estadus Unidos, un 26% del total del capital obtenido y empleado, teniendo en cuenta todas las fuentes de las operaciones de Estados Unidos en Brasil, en 1957, salió de Estados Unidos, y el resto se fomento en Brasil, incluyendo el 36% de fuentes brasileńas fuera de las firmas norteamericanas (McMillan, 205). Ese mismo ańo, del capital norteamericano de inversión directa en Canadá, el 26% procedía de Estados Unidos mientras que el resto fue también obtenido en Canadá. (Safarian, 135-241 para éste y demás datos sobre Canadá). Ya en 1964, sin embargo, la parte de inversión norteamericana procedente de Estados Unidos había descendido a un 5%, haciendo que el promedio de contribución norteamericana al capital total manipulado por Ias firmas norteamericanas fuese solo de un 15%, durante el período de 1957 a 1964. Todo el remanente de "inversión extranjera" fue obtenido en Canadá a través de ganancias retenidas (42%), reserves para depreciación (31%) y de fondos obtenidos por las firmas norteamericanas en el mercado de capital canadiense (12%). Según una encuesta realizada sobre las firmas norteamericanas de inversión directa que operaban en Canadá durante el periodo 1950-1959, el 79% de las firmas consiguió alrededor de un 25% del capital destinado a sus operaciones allí, el 65% de las firmas consiguió un 50% aproximadamente y un 47% de las firmas norteamericanas con inversiones en Canadá obtuvo todo su capital operativo canadiense en este propio país y no en Estados Unidos. Hay razones para creer que este aprovechamiento norteamericano del capital extranjero para financiar la "inversión extranjera" norteamericana, es mucho mayor aún en los países subdesarrollados, mucho más débiles o indefensas que Canadá.
La principal contribución de Ias corporaciones metropolitanas a la empresa mixta es, pues, un bloque tecnológico de patentes, diseńos, procesos industriales, técnicos superpagados y, lo que no es menos importante, marcas de fábrica y campańas de propaganda, la mayor parte del capital de financiación es latinoamericano, como son los impuestos, licencias de exclusividad y otras concesiones y, tal vez lo más importante, la protección aduanera. La corporación internacional monopolista procede entonces a tomar plena ventaja de su monopolio tecnológico, su reserva financiera y su poder político directo o indirecto, para derivar de la empresa común cada vez mayores beneficios que sus socios latinoamericanos, reinvertirlos y ganar su mayor control sobre la empresa, la economía y el país en que opera. Entretanto, los socios latinoamericanos son políticamente castrados y luego utilizados para inclinar a sus gobiernos a crear o mejorar el clima de inversión para el capital "extranjero".
Esta asociación de los monopolios de la metrópoli con los negocios y gobiernos de América Latina o, más exactamente, esta absorción de Ios últimos por los primeros no se limita, en ningún caso a la industria manufacturera. Incluye la banca y negocios tales como los de seguros, por supuesto, y se extiende el comercio al por mayor, internacional y doméstico, y al comercio minorista, que se monopolizan cada vez más; a la producción agrícola para el mercado nacional y mundial, atendiendo a la financiación de sus gastos y al control de su producción; a toda clase de servicios, cine, música grabada, noticias para la prensa, radio, televisión y, lo que no es menos importante, a la propaganda (come cualquiera puede comprobar para su placer o su disgusto, ya que el 95% de los productos que se anuncian por las pantallas de televisión de México y otros países de América Latina son de marcas norteamericanas, empaquetados en programas del oeste, del FBI y de contraespionaje de contenido ideológico no precisamente incierto).
La integración vertical y horizontal de una corporación que opera y aún controla varios de estos sectores del mercado latinoamericanos para no hablar del mundial, permite por supuesto mayores utilidades en cada uno de los renglones tomado individualmente y en el total de las operaciones. Lo mismo puede decirse de las firmas norteamericanas que operan en América Latina, ya qua los bancos de América del Norte Ies prestan los depósitos latinoamericanos a dichas corporaciones, que compran y venden entre sí y colocan sus avisos en agencias de publicidad norteamericanas, que utilizan su influencia sobre los medios masivos de comunicación de América Latina para presionar por la adopción de medidas económicas y administrativas favorables a Ios intereses de la metrópoli y contrarios a los intereses populares. El monopolio capitalista integrado genera de este modo en América Latina economías exteriores en varios sentidos: exteriores a cualquier sector económico, exteriores a cualquier monopolio metropolitano, y exteriores a cualquier economía latinoamericana, que por consiguiente se descapitaliza aún más en favor de la metrópoli.
Hoy, el desarrollo capitalista está dando un paso más. Habiendo ya evolucionado desde exportador de capital para inversión hasta monopolio que absorbe las economías nacionales de América Latina en el imperio de una corporación, está preparándose ahora para absorber el continente latinoamericano en su conjunto en el monopolio de las corporaciones metropolitanas. Estados Unidos ha comenzado recientemente a fomentar la integración económica latinoamericana, y trata de logrer la formación de un Mercado Común Interamericano, que incluiría a Estados Unidos y Canadá. Aún sin el ultimo, la mayor parte del comercio interlatinoamericano de manufacturas bajo el tratado de Montevideo, es de corporaciones norteamericanas tales como la Kaiser y la General Electric, que pueden así fabricar en un país latinoamericano para exportar a otro. Más allá de estos acuerdos multilaterales de comercio exterior, la metrópoli norteamericana esta entrando también en acuerdos bilaterales, que son una especie de subimperialismo. Estados Unidos parece haber escogido a Brasil en América del Sur desde el golpe militar de 1964- y en menor grado a México en América Central, como una quinta columna o cabeza de playa económica y política en el continente Americano, desde la cual los monopolios norteamericanos y su gobierno se apropian de los mercados y gobiernos de los países menores, después que su tecnología, su capital y su influencia política han creado allí Ias condiciones expansionistas necesarias. Este desarrollo integracionista o subimperialista agrava, por supuesto, el desequilibrio económico y político, tanto en el interior de estos países como entre sí, tal como lo hace en su conjunto la expansión mundial de los monopolios. (Véase Marini.)
El principal impulso a estas formas neoimperialistas de desarrollo mundial desigual y de subdesarrollo latinoamericano desequilibrado, viene de la expansión y monopolización incesante de las corporaciones internacionales de base norteamericana y su nueva revolución tecnológica. Las consecuencias de este desarrollo capitalista en América Latina van macho más allá de una benévola inversión de capital y una provechosa introducción de adelantos tecnológicos.
La revolución tecnológica de la automatización, la cibernética y la unificación de todo el proceso industrial del monopolio, con el consiguiente y rápido envejecimiento de la maquinaria, su decreciente eficiencia relativa y el exceso de equipo industrial, conducen a la transferencia de equipo ocioso o recientemente obsoleto de la metrópoli a América Latina a menudo sin cambiar de dueńo (pero que para efectos impositivos, se descarga de la casa matriz y se carga a las subsidiarias a exorbitantes precios de contabilidad, lo que aumenta artificialmente Ios costos, disimula sus ganancias reales, y ayuda a extraer capital del país receptor).
En América Latina, el monopolio internacional utiliza este equipo y tecnología para competir con los rivales locales y eliminarlos o absorberlos, pues carecen de fondos o proveedores para comprar de Ios mismos o no pueden obtener licencias para importarlos. A esto so le llama elevación del nivel tecnológico de la economía latinoamericana y eliminación de la ineficiencia.
De hecho en todas partes del mundo capitalista, la tecnología norteamericana se hace la nueva fuente del poder monopolista y la nueva base del colonialismo económico y del neocolonialismo político. Así la revista de negocios norteamericana, US News and World Report (69), informa: "De repente el temor es muy real que Europa que se está quedando cada vez más atras de Estados Unidos en lo que a tecnología se refiere terminará dentro de un decenio como una Ťregión subdesarrolladať... El resultado, dicen los europeos, es que el continente se está trasformando, tecnológicamente hablando, en una "coIonia norteamericana"... Dice un destacado ingeniero alemán: ŤComo van las cosas, seremos una región atrasada dentro de 10 ańos. Entonces nos encontrarán golpeando la puerta de Estados Unidos pidiendo limosnas, igual que cualquier otro país subdesarrolladoť".
La corporación internacional que controla esta tecnología aumenta así su poder monopolista sobre sus socios latinoamericanos en las empresas mixtas, sobre sus rivales en otras firmas y sobre la economía de América Latina en general. En Ia última, como resultado, la razón capital-trabajo se eleva, aumenta la superproducción y declina el nivel general de salarios. Por estas rezones y porque esta inversión se multiplica grandemente desde el extranjero sin incrementar correspondientemente el poder domestico de compra, es que se hacen más frecuentes y prolongadas las crisis periódicas de sobreinversión, en tanto que el desempleo estructural y cíclico aumenta en América Latina. Cuando ocurren, las firmas latinoamericanas débiles son devoradas por sus compatriotas más fuertes, y estas a su vez son absorbidas a precios reducidos por los monopolios de la metrópoli, aún más grandes y fuertes, para incrementar todavía más el grado de monopolio y de deslatinoamerización. En tanto que durante 1964 el ingreso nacional per capita bajó un 6% en Brasil, su más grande productora de acero fue absorbida por la Bethlehem Steel. (Frank 1965b.) De esta manera, el empleo del equipo existente en América Latina, la dirección de sus nuevas inversiones y la selección de sus importaciones estan determinadas aún más por las necesidades y conveniencias de la metrópoli; y corresponden cada vez menos a las necesidades del desarrollo de América Latina y a las necesidades sociales de su pueblo. (Frank 1966c.)
Este capital monopolista, a más de redituar los beneficios con que la economía latinoamericana es acaparada por la metrópoli, genera por supuesto una remisión aún mayor de utilidades por parte de estas firmas extranjeras y un mayor flujo de capital de América Latina hacia Estados Unidos.˛
En efecto, las estimaciones conservadoras del Departamento de Comercio de Estados Unidos muestran que entre 1950 y 1965, el flujo total de capital destinado a inversiones salido de Estados Unidos hacia el resto del mundo, ascendía a 23,9 mil millones de dólares, mientras que la correspondiente entrada de ganancias ascendía a 37 mil millones, dejando una entrada neta, hacia Estados Unidos, de 13,1 mil millones. De este total, 14,9 mil millones afluyó de Estados Unidos a Canadá, mientras que 11,4 se dirigía en la dirección opuesta, con un flujo neto para Estados Unidos de 3,5 mil millones. No obstante, la situación existente entre Estados Unidos y todos los demás países en su mayoría los pobres y subdesarrollados, es totalmente opuesta: 9 mil millones de inversión fluye a esos países, mientras que 25,6 mil millones de ganancias de capital salen de ellos hacia Estados Unidos, con una entrada neta de los pobres hacia el rico de 16,6 mil millones.
El flujo correspondiente del capital de Estados Unidos hacia América Latina fue de 3,8 mil millones de dólares y el flujo desde América Latina hacia Estados Unidos fue de 11,3 mil millones, dejando un saldo desfavorable para América Latina de 7,5 mil millones de dólares. (Magdoff, 29.) Como las corporaciones internacionales evaden impuestos y restricciones cambiarias mediante la sobrefacturación regular de las ventas de la casa matriz y la subfacturación de sus compras a sus subsidiarias de América Latina, parte de sus utilidades quedan ocultas bajo el renglon de costos; y la remisión real de utilidades de América Latina a Ia metrópoli es mayor que la que se registra por los gobiernos latinoamericanos y el de la metrópoli.
Pero las operaciones en el exterior sobrepasan Ias inversiones correspondientes. La remisión de beneficios de inversiones directas de las corporaciones extranjeras le cuesta a América Latina (con la excepción de Cuba) alrededor del 14% de sus ingresos por concepto de exportación de mercancías y servicios. Pero otras transferencias de capital registradas y ocultas están representadas por otro 11% de sus ingresos en divisas, más un 15% adicional por el servicio de su deuda externa, lo que eleva al 40% de sus ingresos en divisas el escape anual de capital latinoamericano. Los pagos de América Latina por otros servicios exteriores, tales como trasporte (10%), viajes al exterior (6%) y otros, absorben un 21% más de su rendimiento, para un gran total de un 61% de las utilidades por comercio exterior de Ia América Latina más de 6.000 millones de dólares por ańo, o sea el 7% de su producto nacional bruto, y casi la mitad de su inversión bruta (probablemente más que toda su inversión neta) que se pagan a los extranjeros casi enteramente de Ia metrópoli por estos servicios invisibles prestados, que no incluyen un solo centavo de mercancías físicas para América Latina. No es de extrańar el déficit crónico de la balanza de pagos a pesar del hecho de contar con los recursos adecuados. (Frank 1965a.)
Las facilidades comerciales de pago en América Latina han declinado al mismo tiempo y en parte como resultado del capitalismo monopolista examinado arriba, ya que la política de precios de las corporaciones monopolistas internacionales y su determinación de la estructura económica de América Latina afecta negativamente las condiciones comerciales de la última. Entre 1950 y 1962, los precios de las importaciones latinoamericanas, se elevaron en un 10%, pero los precios de sus exportaciones cayeron en un 12%; de modo que, en tanto que sus importaciones se elevaban un 42%, sus exportaciones tenían que hacerlo un 53%. (Naciones Unidas, CONF.: 32.) En consecuencia, América Latina perdió el 25% del poder de compra que deriva de sus exportaciones, equivalente al 3% de su PNB. (Naciones Unidas, CEPAL 1964b: 33.) Esta pérdida del 3% de su PNB por concepto de comercio, agregada a Ia de 7% del PNB por concepto de servicios, o aun solamente el 5% (40% de utilidades sobre divisas) por concepto de pagos financieros a extranjeros, equivale del 8 al 10% de su PNB, que duplica o triplica probablemente el monto del capital que América Latina está dedicando a inversiones netas. Como base de comparación, el desembolso total para Ia educación desde el kindergarten hasta la universidad, pública y privada, asciende en América Latina a solamente 2,6% de su PNB. (Lyons, 63) Si se agrega, además, el porcentaje de PNB y el múltiplo de inversión neta que adicionalmente se pierde por concepto de mano de obra y recursos ociosos actualmente en América Latina comparados con los que se hubieran obtenido con la continuación de su industrialización de los ańos 30 y 40 y el periodo de la guerra de Corea, tenemos que las perdidas de exceso invertible de América Latina, causadas por el neoimperialismo, se elevan aún más, quizá duplicándolas otra vez. Y si pudiéramos edemas calcular la desviación y abuso del trabajo y capital latinoamericanos engendrados por la absorción neoimperialista de la economía de América Latina y su dedicación al desarrollo monopolista mundial de la metrópoli en lugar de serlo al desarrollo económico propio, tendríamos una medida más exacta del desvío que sufren los recursos latinoamericanos, de su desarrollo económico perdido y del subdesarrollo estructural que el capital monopolista del neoimperialismo ha generado en Ia América Latina de hoy.ł
Este desarrollo neoimperialista de condiciones desmejoradas do comercio, déficits crónicos y crisis recurrentes en Ia balanza de pagos de América Latina, así como la creciente necesidad de carreteras, energía y personal técnicamente entrenado para el servicio de los establecimientos de la metrópoli en ella, la ha llevado a crear toda una sopa de letras con las instituciones financieras que manejan estas situaciones y atienden estas necesidades. Algunas de ellas son organizaciones de las Naciones Unidas, como el Banco Mundial (BIRF) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Otras son independientes, como el GATT; y varias, formal o efectivamente dependencias de Estados Unidos, como el Eximbank, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), etc. Aunque hay entre ellas alguna especialización de trabajo, todas ejecutan esencialmente las mismas funciones en América Latina: apoyar la incorporación de la inversión financiera de ese continente a la estructura del capitalismo monopolista de la metrópoli, sin pagar por ella, pero financiando los inevitables déficits resultantes, o las nuevas necesidades de infraestructura y personal técnico, atendidas por la Alianza para el Progreso en el desarrollo social del capital humano (última especulación económica de la metrópoli que ahora lo recomienda como lo más importante en todo desarrollo); y a menudo financiando también los costos de inversión en América Latina de las corporaciones que total o parcialmente pertenecen a Ia metrópoli, que reciben directamente estos empréstitos, o indirectamente a través de los gobiernos. Algunos observadores autorizados han caracterizado algunas de estas instituciones. La Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas, dice: "Las operaciones de crédito del Eximbank [o del gobierno de Estados Unidos] y del BIRF [o Banco Mundial de las Naciones Unidas] siguen restringidas a empréstitos para proyectos concretos. Se sostiene que esto se debe al deseo de ambos bancos de combinar su conocimiento técnico con los de los prestatarios en la necesaria investigación y estudio previos..., también para posibilitar un control más estricto sobre el empleo de los fondos... En tercer lugar, el Eximbank y el BIRF han tratado por largo tiempo de evitar hacer préstamos que puedan competir con el capital privado extranjero. Esto redundó en un plan de créditos concentrado sobre todo en la infraestructura más bien que en la industria." (Naciones Unidas, CEPAL 1964a: 239-240.) En su obra Inversión privada y oficial de Estados Unidas en el exterior, Raymond Mikesell (477, 482) llega a afirmar que "el Banco [Eximbank] es fundamentalmente un instrumento de la política de Estados Unidas... Las consideraciones políticas pecan demasiado en la concesión de los empréstitos e incluso en las investigaciones iniciales u oficiales de los prestatarios extranjeros". Después de citar a Mikesell, Ias Naciones Unidas observan que "es por tanto evidente que el Eximbank debe ser considerado como un instrumento básico de la política exterior de Estados Unidas". (Naciones Unidas, CEPAL 1964a: 252.) Por muy diplomáticamente que quisieran, estos observadores calificados hablan muy claramente de como y por que estas instituciones metropolitanas controlan y dirigen la economía y la política de América Latina. Bajo la amenaza de suspender esta financiación creando balanzas de pago insostenibles y crisis políticas, estas agencias de crédito de la metrópoli literalmente chantajean a los gobiernos de América Latina, cada vez más dependientes, para obligarlos a adoptar políticas monetarias y fiscales y planes de inversión prescritos para ellas por la metrópoli, en beneficio de la última.
Ésta es la principal actividad en América Latina del Fondo Monetario Internacional de Ias Naciones Unidas. Durante dos décadas, el FMI ha impuesto en decenas de casos devaluaciones y políticas monetarias asfixiantes, estructuralmente inflacionistas, a los gobiernos latinoamericanos. Mientras el FMI se sirve de justificaciones basadas en la teoría clásica del comercio internacional y de la política monetaria, para oscurecer su política chantajista a la que se llama exigir responsabilidad de los gobiernos latinoamericanos los principales efectos evidentes de esta política en América Latina han sido las devaluaciones recurrentes de sus monedas que alteran en contra de América Latina Ias reglas comerciales del juego y rebajan para los monopolios de la metrópoli el precio del acaparamiento de la economía latinoamericana a través de la inversión; Ia convertibilidad forzosa de las monedas latinoamericanas, que permite a los monopolios internacionales convertir fácilmente sus utilidades en América Latina en dólares y oro; los obligados empréstitos de otra instituciones de la metrópoli, aparte de los empréstitos compensatorios a corto plazo del FMI y de los créditos que vienen atados con cuerdecitas económicas y políticas; simultáneamente, el desempleo y la inflación estructurales de la economía de América Latina que, con las devaluaciones, favorecen a los propietarios nacionales y extranjeros a costa de los obreros y empleados, cuyos ingresos reales se ven reducidos; y, por último, pero lo que no es menos importante, el consecuente deterioro de sus términos de intercambio y el empeoramiento de sus déficits de la balance de pagos, que hace repetir el ciclo y aumentar la dependencia del FMI y otros instrumentos de inversión y crédito de la metrópoli, acompańada de una más fuerte dosis de remedios del FMI y de política neoimperialista básica para América Latina, en una viciosa espiral interminable.
Este espiral se refleja en el hecho de que Ia cuota que América Latina debe dedicar al servicio de su deuda externa se eleva cada vez más, del 5% de sus ingresos de divisas en 1951-1956, al 11% en 1956-1960; al 16% en 1961-1963 (Frank 1965a.) Gracias a Ia Alianza para el Progreso, el servicio de Ia deuda latinoamericana es hoy indudablemente aún más gravoso, y se elevará inevitablemente en el futuro; aunque, de acuerdo con un comunicado de la Associated Press de 5 de abril de 1965, "el Eximbank está retirando anualmente de América Latina 100 millones de dólares más de los que presta".
Dondequiera que las contradicciones económicas y políticas internas de los países de América Latina, creadas por este desarrollo neoimperialista, no pueden ser sostenidas por más tiempo dentro de los límites del estado democrático burgués (en el que cada país se encuentra ahora ocupado por su propio ejercito y policía, que -con entrenamiento técnico, orientación política, asesores y equipos⁴ militares de Estados Unidos reprimen las demostraciones de obreros, estudiantes y otros grupos contra la orientación económica y política del gobierno), o donde su solución lesione demasiado. Los intereses de la metrópoli, la misión de resolverlas se asigna a una dictadura militar. Ésta, invariablemente, procede a rebajar el ingreso de la mayoría y a ampliar aún más las concesiones a los intereses metropolitanos y los privilegios de sus socios comerciales y aliados políticos de América Latina y a contener la resistencia popular mediante el asesinato, el exilio o la prisión de sus lideres y el terror sobre el pueblo mismo. Que estas medidas económicas y políticas en América Latina son parte integrante del desarrollo y Ia política neoimperialista, queda atestiguado con las propuestas metropolitanas de ayuda militar a América Latina (que se duplicó por el presidente Kennedy en el primer ańo de su administración) y por las declaraciones de los funcionarios del gobierno norteamericano (tales como las de los expertos en asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado del presidente Johnson) de que no todos los golpes militares son iguales: unos son más iguales que otros.
El capitalismo monopolista neoimperialista ha penetrado o incorporado rápida y efectivamente la economía, el gobierno, la sociedad y la cultura de América Latina. Al igual que el colonialismo, y el imperialismo que le antecedieron, esta penetración neoimperialista en América Latina ha encontrado, ahora en mayor grado, viejos grupos de intereses creados, aliados y sirvientes de Ios intereses de la metrópoli. Monopolizan cada día más la economía latinoamericana y reparten entre si los despojos de la explotación del pueblo de América Latina, y en menor grado los del pueblo de la metrópoli. Pero el neoimperialismo ha ido más lejos. La satelización económica de la industria latinoamericana conduce inevitablemente también a la satelización de su burguesía. La política industrial nacionalista de los ańos 30 y 40 ya no existe, porque un numero creciente de industriales latinoamericanos son ya, o lo serán próximamente, socios, funcionarios, abastecedores y clientes de las empresas y grupos mixtos, que nublan y oscurecen los intereses nacionales de América Latina y lo quo es más importante atan cada vez más fuertemente sus intereses personales a la cola del perro neoimperialista, que Ia mueve. La mal llamada burguesía nacional latinoamericana, lejos de hacerse más fuerte e independiente, a medida que la industria se desarrolla bajo Ia dirección de Ia metrópoli, se hace más débil y más satelizada o dependiente cada ańo.
Sin embargo, el desarrollo del capitalismo monopolista no sólo ata económicamente a la metrópoli Ia burguesía de América Latina mediante Ia satelización de sus establecimientos industriales comerciales y financieros. El neoimperialismo, como vimos arriba, sateliza la economía latinoamericana en su conjunto y la hunde cada vez más en el subdesarrollo estructural. Como la metrópoli se apodera de una porción creciente de los más lucrativos negocios de América Latina y somete al resto a tremendas dificultades económicas, a la burguesía que vive de estos negocios menos lucrativos no le queda otra alternativa que luchar aunque en vano por su supervivencia, agravando en precios y salarios el grado de explotación de su pequeńa burguesía, obreros y campesinos, con el fin de exprimir alguna sangre adicional; y a veces, tiene que recurrir a la coacción militar directa para lograrlo. Por esta razón, casi toda la burguesía latinoamericana se ve obligada a contraer alianzas políticas con la burguesía metropolitana, esto es, someterse: tienen algo más que un interés básico común en defender el sistema de explotación capitalista. Es que no puede ser nacional o defender intereses nacionalistas y oponerse a la usurpación extranjera en alianza con los obreros y campesinos de América Latina como lo indica la idea del Frente Popular, porque la misma usurpación neoimperialista está forzando a la burguesía latinoamericana a explotar aún más a sus supuestos aliados obreros y campesinos, obligándola así a privarse de este apoyo político. En tanto que la burguesía de América Latina persista en esa política de precios y salarios que explotan a los trabajadores y reprima sus Iegítimas demandas para alivio de esta creciente explotación, no podrá recobrar su apoyo para enfrentarse a la burguesía de la metrópoli así como la ineficiencia económica de esta explotación impide el ahorro domestico para inversión y obliga a la burguesía a mirar hacia el exterior en busca de capital.⁵
Por consiguiente, el neoimperialismo y el desarrollo del monopolio capitalista están empujando a toda la clase burguesa en América Latina a una alianza económica y política y a una dependencia aún más estrechas respecto a la metrópoli imperialista. La tarea política de invertir el desarrollo del subdesarrollo latinoamericano corresponde por tanto a los pueblos mismos, y la ruta del capitalismo nacional o estatal hacia el desarrollo económico está ya destruida para ellos por el neoimperialismo actual.
1. La revista Visión (89) afiliada a las norteamericanas Time y Life hace notar:
"En términos generales, las grandes empresas están más dispuestas que las pequeńas a dar la bienvenida al capital extranjero. Ciertas asociaciones de pequeńos fabricantes, particularmente en México y Brasil, se manifiestan incansablemente contra la instalación de empresas competidoras con capital extranjero.
"No es esta la actitud de los industriales de mayor vuelo. Su idea es que Ias empresas de capital extranjero aumentan el empleo nacional, aumentando por consiguiente el mercado interno para toda clase de prodctos y ayudando a Ia vez a suavizar las presiones sociales. Al mismo tiempo reconocen que las firmas extranjeras traen consigo nuevas técnicas nuevos métodos que pueden asimilar."
2. La tasa de utilidades de los monopolios de la metrópoli en América Latina es desconocida, pero ciertamente superior al 5% que a menudo se pretende. Los siguientes hechos pueden darnos una idea: la ganancia media sobre eI capital invertido en manufacturas en Estadas Unidos es superior al 10%. Las 200 corporaciones más grandes de Estados Unidos poseen el 57% de los activos pero reciben el 68% de las utilidades; por consiguiente, ganan por encima de la tasa media de beneficio. Las corporaciones que operan en el exterior, que son las más grandes, ganan de dos a cuatro veces más con su capital en el exterior que con el mismo capital en casa; y obtienen un multiplo aún más alto de ganancias por sus operaciones en América Latina que el obtenido por sus operaciones en el exterior (incluidos Europa y Canadá) tomadas en conjunto. (Para fuentes véase Baran y Sweezy, 87, 194-199; Michaels, 48-49: Mandel 11, 86-87; Gerassi calcula las utilidades de las firmas a partir de Ias balances financieros que se publican. Véase también Magdoff.)
3. Novik y Farba han calculado las perdidas del excedente económico de Chile en razón de lo siguiente: a la metrópoli, por cuenta de producción y exportación de cobre solamente, 5% del ingreso nacional; por desempleo, 15%; capacidad industrial ociosa, 8%; producción agrícola inferior al potencial inmediato, 3%, más o menos el 30% del ingreso nacional sacrificado a estos factores de subdesarrollo estructural. Pero, con mucho, la pérdida mayor de exceso económico corresponde a Ia mala distribución del ingreso: la renta percibida por encima del ingreso anual media representa el 37% del ingreso nacional de Chile y, comparada con el nivel de los ingresos bajos, el 50%. Esta distribución del ingreso en Chile y América Latina, que se hace cada vez más desigual, es al mismo tiempo reflejo y causa del alto grado creciente monopolio económico y político, sostenido y generado por Ia presencia de Ia metrópoli en América Latina. Como todo monopolio, produce una vasta distorsión de Ia distribución de los recursos del todo económico, base de la concentración del ingreso de que gozan unos pocos. Esta torpe distribución de los recursos se extienden no sólo a Ia clase de mercancías que se producen automóviles en vez de camiones, ómnibus y tractores sino también al medio como se producen: tres docenas de fabricantes extranjeros producen ahora automóviles ensamblados en América Latina para un mercado anual de cerca de 500.000 automóviles, o sea, un promedio de 13.000 unidades anuales por fabricante. Doce firmas montaron ensambladoras en Venezuela, para un mercado nacional de automóviles de 30.000 unidades. En Europa, el mercado promedio por fabricantes es de 250.000 y en Estados Unidos, por supuesto, de una cifra aproximadamente diez veces mayor. (Visión 100.) El capitalismo monopolista que ocasiona esta clase de distribución de los recursos -12 firmas para producir 30.000 unidades en total y una perdida del excedente que equivale al 50% del ingreso nacional, va ciertamente en interés de los supermonopolios de Ia metrópoli. Pero, contrariamente a lo que a veces se proclama, el mantenimiento y desarrollo de este subdesarrollo de América Latina por parte de los monopolios, es también evidentemente Ia base inmediata de Ia supervivencia económica y política de los más grandes sectores de la burguesía latinoamericana, que es la primera en defenderlo.
4. No puede pasarse por alto que el equipo norteamericano para la policía y las fuerzas antiguerrilleras de América Latina, encargadas directamente de reprimir los movimientos populares, es siempre el más moderno y eficiente dentro del modelo general obsoleto y aún consta de armas o aviones defectuosos, que Estados Unidos deja de emplear pero cuya venta a América Latina pesa en la balanza de pagos, como tan orgullosamente lo seńala el secretario de defensa McNamara. (Para esta observación, estoy agradecido a mi esposa, Martha Fuentes de Frank.)
5. Como se observó arriba, la burguesía de Brasil ha estado tratando de encontrar una salida adicional, a través de Ia política exterior "independiente" de los presidentes Quadros y Goulart (que buscaron nuevos mercados en África, América Latina y Ios países socialistas) después que esto era imposible en un mundo ya imperializado, a través de Ia política exterior subimperialista "interdependiente" iniciada por el actual gobierno militar como socio menor de Estados Unidos. El subimperialismo brasileńo requiere también bajos salarios en Brasil para que su burguesía pueda entrar en el mercado latinoamericano sobre una base de bajos costos, ya que además el único que tiene un equipo norteamericano obsoleto, aunque aún moderno. En los países subimperializados de América Latina, Ia inversión brasileńa también conduce a la baja de salarios, ya que es la única reacción defensiva posible de la burguesía local. De este modo, el subimperialismo también ahonda las contradicciones existentes entre Ia burguesía y Ios sectores trabajadores de cada uno de estos países (Para mayores análisis, véase Marini.)
CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMERICA LATINA
D. SUMARIO Y CONCLUSIONES
Lo esencial de la inversión y ayuda extranjera bajo el neoimperialismo, el subdesarrollo latinoamericano y la necesidad de sus implicaciones políticas arriba esbozadas, se sintetiza en las declaraciones autorizadas y en la conducta inequívoca de los más altos representantes de las burguesías en Estados Unidos y en América Latina como sigue: la Comisión Política Económica Exterior de Estados Unidos ha declarado que la inversión en el exterior "es un medio de abrir mercados para la industria y la agricultura norteamericanas, a la larga contribuye al crecimiento general del comercio exterior y a la prosperidad por su influencia en la elevación de la productividad y el ingreso en el exterior; es un instrumento de primera línea para fomentar la producción de materias primas en otros países, así como para satisfacer las crecientes necesidades civiles y militares de la economía norteamericana; y es, a la vez, un medio cuya importancia para elevar el ingreso nacional de Estados Unidos debe incrementarse, a través de las más amplias y lucrativas oportunidades de inversión para el capital norteamericano" (citado en Cámara Textil, 48).
El economista mexicano Octavian Campos Salas resume las consecuencias de la inversión extranjera para los países de América Latina: "a) El capital privado extranjero se apodera permanentemente de los sectores de altos rendimientos, expulsando el capital domestico o impidiéndole la entrada, apoyándose en los amplios recursos financieros de sus casas matrices y en el poder político que a veces ejerce; b) el apoderamiento permanente de importantes sectores de la actividad económica impide la formación de capital domestico y crea problemas de inestabilidad en la balanza de pagos; c) la inversión privada extranjera y directa perturba la política monetaria y fiscal anticíclica, afluye en las expansiones y se contrae en las depresiones; d) las exigencias de los inversionistas privados extranjeros para crear un 'clima favorable' a la inversión en los países receptores son ilimitadas y excesivas; e) resulta mucho más barato y consistente para las aspiraciones de independencia económica de los países subdesarrollados, contratar técnicos extranjeros y pagar derechos por el uso de patentes, que aceptar el control permanente de sus economías por parte de poderosos consorcios extranjeros; f) el capital privado extranjero no se cińe al planeamiento del desarrollo" (citado en 48).
Arturo Frondizi fue sustancialmente de la misma opinión: "No sobra recordar que el capital extranjero actúa generalmente como agente perturbador de la moralidad, la política y la economía de Argentina... Una vez establecido gracias a concesiones excesivamente liberales, el capital extranjero obtuvo créditos bancarios que le permitieron expandir sus operaciones y por tanto sus utilidades. Estas utilidades fueron inmediatamente exportadas, como si todo el capital invertido hubiese sido importado por el país. De este modo, la economía domestica vino a fortalecer la capitalización extranjera y a debilitarse a si misma... La tendencia natural del capital extranjero en nuestro país ha sido, en primer termino, medrar en áreas de alta rentabilidad ... Cundo el esfuerzo, la inteligencia y la perseverancia argentinos crearon una oportunidad de economía independiente, el capital extranjero la destruyó e intento crearle dificultades... El capital extranjero tuvo y tiene una influencia decisiva en la vida social y política de nuestro país... La prensa es también generalmente un instrumento activo de este proceso de sumisión El capital extranjero ha tenido especial influencia en la vida política de nuestra nación, aliándose con la oligarquía conservadora..., los que están atados al capital extranjero por lazos económicos (directivos, personal burocrático, abogados, periódicos que reciben propaganda, etc.), y los que, sin tener relaciones económicas terminan siendo dominados por el clima ideológico y político creado por el capital extranjero" (Frondizi, 55-76).
Todo el significado de estos análisis de la realidad de la inversión imperialista y neoimperialista y sus consecuencias para América Latina solo se hace enteramente claro si tomamos en cuenta algunas observaciones adicionales de Frondizi y seguimos su posición y conducta posteriores respecto a la inversión imperialista, así como las de Campos Salas. Frondizi siguió advirtiendo a sus compatriotas en su libro de campańa electoral atrás citado Política y petróleo: "En asuntos de política económica, las buenas intenciones cosa subjetiva no interesan; lo que cuenta son los resultados concretos de la política trazada, su aspecto objetivo... El capital extranjero mantiene un especial estado de conciencia que predispone a la entrega o a la sumisión. Este estado de conciencia invade todos los rincones del país, todos los sectores sociales actuantes económica y políticamente; se refleja en todos los aspectos de la vida nacional, como si fuese un fatalismo histórico frente al cual no hubiese otra alternativa que inclinarse. Se renuncia a las posibilidades nacionales. Lo más terrible en este proceso de captura sociológica creado por el imperialismo es que personas de buena fe, sean ellas conocedoras o ignorantes, a sabiendas o no, sirven al imperialismo por defender sus intereses y la necesidad de mantener su continuada presencia. Por esta vía, los individuos y el pueblo pierden la conciencia de su propia personalidad y de la misión que deberían cumplir como su obligación histórica" (Frondizi, 123, 76).
El aplastante peso de la realidad histórica objetiva sobre las buenas intenciones sujetivas, fue confirmado plenamente por el propio Arturo Frondizi cuando, como presidente de Argentina que había sido elegido sobre la plataforma expuesta, sucumbió a esta situación de captura económica, política y psicológica creada por el imperialismo, renunció a Ias posibilidades nacionales de Argentina, y pasó a la historia como el hombre que entrega a los monopolios norteamericanos todo el petróleo de su país y la mayor parte de lo que restaba de su economía. Por su parte, el atrás citado economista mexicano, Octavian Campos Sulas, ministro de industria del actual gobierno de México, ahora otorga al capital monopolista norteamericano las concesiones que una vez Ilamara "ilimitadas y excesivas" y preside como lo observó entonces sobre "el progreso y permanente apoderamiento por parte de Ia metrópoli de importantes sectores de la actividad económica, lo que impide la formación de capitales domésticos".
Dejando a un lado la propaganda y los buenos deseos, la tendencia real del aumento y descenso inicial del producto nacional bruto per capita (y del ingreso nacional per capita) en América Latina es: 1950. 1955: 2.2% (1,9%) de aumento; 1955-1960: 1,7% (1,4%) de aumento; 1961-1962: 0,8 % (0,0%.) de aumento; 1962-1963: menos 1.0% (menos 0,8%), esto es, una baja absoluta (Naciones Unidas, CEPAL, 1964h: 6).
En tanto que desde antes de Ia segunda guerra mundial la producción per capita de alimentos se elevó en un 12% en el mundo entero hasta 1963-1964, y un 45% en la Unión Soviética y Europa oriental (cuyos fracases agrícolas son conocidos universalmente), la producción latinoamericana de alimentos per capita descendió un 7% y su distribuión entre el pueblo es cada día más desigual: el nivel absoluto de vida de la mayoría de los latinoamericanos esta descendiendo (Frank, 19666). Para el pueblo latinoamericano la única salida del subdesarrollo es, se entiende, la revolución armada y la construcción del socialismo.
AP…NDICE - LA DEPENDENCIA HA MUERTO VIVA LA DEPENDENCIA Y LA LUCHA DE CLASES
Una respuesta a crнticos
Los filуsofos hasta ahora solamente han interpretado el mundo; de lo que se trata, sin embargo, es de transformarlo.
KARL. MARX, Tesis sobre Feuerbach
La muestra de una contribuciуn importante, sea en las ciencias naturales o sociales, no es que revela alguna verdad eterna. Es, mбs bien, que el conocimiento y anбlisis existentes son articulados de maneras nuevas, planteando preguntas y ofreciendo conclusiones que permitan y obliguen tanto a amigos como a enemigos a dirigir su propia investigaciуn y anбlisis en direcciones distintas.
Doug Dowd, con respecto a C. Wright Mills
Para los cientнficos sociales constituye un esclarecedor y ъtil ejercicio para entenderse a si mismos el tratar de ver claramente como la direcciуn de nuestros esfuerzos cientнficos, en especial de la ciencia econуmica, es condicionada por la sociedad en la cual vivimos y lo mбs directamente por el china polнtico (que a su vez estб ligado a todos los demбs cambios en la sociedad). Raras veces, si es que alguna, el desarrollo de la ciencia econуmica por si sola ha abierto el camino a nuevas perspectivas. La seсal para la continua reorientaciуn de nuestro trabajo nos ha llegado normalmente de la esfera de la polнtica; y en respuesta a esta seсal, los estudiosos dirigen su investigaciуn hacia aquellos problemas que han adquirido importancia polнtica ... Siempre ha sido asн. Todas las principales reformulaciones del pensamiento econуmico han sido todas respuestas a Ias cambiantes condiciones y oportunidades polнticas.
GUNNAR MYRDAL, en Asian Drama
I
El desarrollo en Amйrica Latina de la "teorнa de la dependencia" del subdesarrollo en la йpoca de la posguerra fue la reapuesta a las cambiantes condiciones y oportunidades polнticas que se habнan dado, por razones histуricas, en especial en esta regiуn del mundo o en determinadas partes de la misma, por la crisis del capitalismo mundial durante las dйcadas del 30 y 40. Anбlogamente al surgimiento de los frentes populares (comprendido el New Deal en Ios Estados Unidos) y el keynesianismo en la metrуpoli imperialista, determinados paнses latinoamericanos experimentaron el surgimiento de regimenes burgueses populistas y nacionalistas que se dedicaron a la tarea econуmica de la industrializaciуn a travйs de la sustituciуn de importaciones, a la polнtica del desarrollismo, y a su legitimaciуn ideolуgica a travйs del "estructuralismo" y la "dependencia". En ultima instancia, este encontrу su expresiуn mбs importante e influyente en el trabajo de la Comisiуn Econуmica para Amйrica Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) bajo la direcciуn del ex ministro de Hacienda de la Argentina, Raul Prebisch, quien posteriormente llegу ademбs a inspirar la formaciуn y a guiar la suerte de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD).
Nacida aparentemente de Чe impulsada porЧ aspiraciones nacionalistas progresistas, la nueva ideologнa desarrollista y la teorнa de la dependencia inmediatamente encontraron una fuerte oposiciуn y rechazo "cientнfico" por parte de los "monetaristas" ortodoxos dentro y fuera de Latinoamйrica, que se expreso a travйs de su largo debate con los "estructuralistas". Ademбs, en el curso de dos dйcadas la doctrina cepalista encontrу cada vez mбs aceptaciуn y se beneficio de, o sufriу, diversas modificaciones en respuesta a las dificultades acumulativas de la sustituciуn "fбcil' de importaciones, asн como la expansiуn de la corporaciуn multinacional, la promociуn de "reformas estructurales y planificadas" con "ayuda extranjera" y endeudamiento que fueron patrocinadas por la Alianza para el Progreso, y despuйs la vuelta hacia la "integraciуn econуmica" a travйs de la ALALC y sus derivados regionales centroamericano y andino, que debida y automбticamente recibieron el visto bueno de los gobiernos latinoamericanos (exceptuando el cubano) en sucesivas conferencias en Punta del Este. Al margen de las intenciones y autopercepciones subjetivas de los prominentes economistas cepalinos-ideologos desarrollistas como Raul Prebisch, Aldo Ferrer (Agentina), Celso Furtado, Antonio Barros de Castro, Maria Conceicio Tavares (Brasil), Jose Mayobre (Venezuela), Horatio de la Pena (Mйxico), Anibal Pinto, Osvaldo Sunkel (Chile), y muchos otros, se dieron dos importantes acontecimientos desde mediados de Ios aсos 60. Por un lado, evidentemente, el desarrollismo topу con una crisis econуmica y polнtica cada vez mбs aguda en un paнs latinoamericano tras otro (tal como se refleja en los propios escritos de la CEPAL, reseсados por el autor en Lumpenburguesнa: Lumpendesarrollo y en Punto Final, NЇ 89), mientras que la Revoluciуn Cubana seсalу una estrategia alternativa y radicalmente diferente (reflejada tambiйn en algunos otros escritos del autor, en especial en algunos ensayos compilados en Latinoamйrica: Subdesarrollo Capitalista o Revoluciуn Socialista, por aparecer en Mйxico, Ediciones Era). Por otra parte, aunque menos perceptiblemente, en especial para los cepalinos y sus seguidores, su nacionalismo aparentemente progresista en sus manifestaciones econуmicas, polнticas e ideolуgicas habнa sido de hecho corresponsable por el desarrollo de la crisis del desarrollismo. Mientras tanto, un grupo mбs joven de cientнficos sociales y su creciente publico, especialmente entre la juventud, en Amйrica Latina (y en otras paнses) se mostraron crecientemente insatisfechos con el desarrollismo y la dependencia de inspiraciуn cepalina, que les parecieron cada vez mбs conservadores, con el resultado que ellos buscaron y dijeron ofrecer una "teorнa de la dependencia" y una estrategia revolucionaria crнticamente alternativas, inspiradas por la Revoluciуn Cubana y el debate chino-soviйtico.
Es notable que esta apertura critica no surgiу de la vieja izquierda y menos aъn de los partidos comunistas, sea en Latinoamйrica o en Europa. AI contrario, con las notables excepciones de Mariбtegui en Perъ y Anibal Ponce en la Argentina, durante el medio siglo transcurrido desde la muerte de Lenin estos partidos no produjeron sino el Comintern y el browderismo de la йpoca de Stalin, y la existencia pacifica "no capitalista" de los aсos de Jruchov (su "progresivo" alejamiento del leninismo y su relaciуn con las tendencias posteriores bajo reseсa son examinados por Alberto Filippi en su Prуlogo a la ediciуn italiana de Lumpenburguesнa). Durante todo este tiempo, y hasta fines de los aсos 60, los partidos comunistas latinoamericanos y sus ideуlogos (siempre exceptuando al actual Partido Comunista Cubano) no han hecho ninguna contribuciуn a la teorнa marxista u otra que se haya podido descubrir (sea antes o despuйs que, con motivo de OLAS en 1967, Fidel Castro ridiculizу sus arcaicos modelos 14, 13, 12). Programбticamente estos partidos han sido apenas tan avanzados como los desarrollistas burgueses, de los cuales se diferenciaron a lo mбs en su posiciуn Чprincipalmente propagandнstica e inspirada por los soviйticos-- ante el imperialismo norteamericano y polнticamente entre ellos han sido poco mбs que cola movida por el perro burguйs nacional, quien se aprovecho de los partidos comunistas Чtemporariamente exceptuando los de Guatemala, Venezuela y ColombiaЧ para mantener atados a los movimientos obreros. Frente al desafнo de los teуricos de la nueva dependencia, los partidos comunistas en y fuera de Amйrica Latina se plegaron lealmente a la oposiciуn.
Los numerosos publicistas, reseсadores y clasificadores de la teorнa de la dependencia (Olmedo, Graciani, Filippi, Sechi, Martinelli, Valenzuela Bodenheimer, Murga, Acevedo, Guzmбn, etcйtera) estбn casi totalmente de acuerdo entre si al distinguir un "viejo" grupo "de derecha" de teуricos desarrollistas de la dependencia mencionados anteriormente, y un "nuevo" grupo "de izquierda", entre los cuales ellos nombran primordialmente a Dos Santos, Quijano, Cardoso y Faletto, Marini y Gunder Frank, entre otros. Este ultimo grupo se distingue supuestamente del anterior por rechazar su "dualismo" tanto en el piano nacional como internacional, reemplazбndolo por un anбlisis insistente del conjunto de las relaciones imperialistas y de la participaciуn activa, consciente y voluntaria de Amйrica Latina en el plan econуmico y polнtico nacional en el sistema imperialista bajo el liderazgo burguйs Чincluida la burguesнa nacional progresistaЧ, tal como se manifiesta en la "nueva dependencia" de los aсos 60. Capitalismo y Subdesarrollo en Amйrica Latina, escrito por Andre Gunder Frank entre 1963 y 1965, y algunos otros de los primeros ensayos del autor compilados en su Latinoamйrica: Subdesarrollo Capitalista o Revoluciуn Socialista, se mencionan, frecuentemente, como el disparo de partida de esta "nueva apertura". El autor ahora considera a su Lumpenburguesнa: Lumpendesarrollo, escrito en 1969, como un (aunque quizбs no el) canto de cisne de este concierto, aunque algunas nuevas estrellas en Amйrica Latina aъn cantan nuevas variaciones de esta melodнa (y ecos de la misma han empezado a ser grabados o tocados recientemente en otras partes del mundo).
Dentro de ciertos limites, y dentro de sus limitaciones, la importancia de la teorнa de la dependencia del subdesarrollo es innegable en tйrminos de los ya citados criterios de Myrdal, Dowd y Marx. Representу, sin duda, una importante reorientaciуn en respuesta a cambiantes condiciones y oportunidades polнticas. Sin duda, permitiу y obligу tanto a amigos como a enemigos a plantear preguntas diferentes y a ofrecer otras soluciones. Ha sido hasta coinstrumental en cambiar el mundo, aunque no lo revoluciono como algunos de sus proponentes habнan esperado y algunos de sus opositores habнan temido. Lo mismo puede probablemente decirse de la nueva teorнa de la nueva dependencia, tanto con respecto a su abuelo positivista como respecto a su padre reformista desarrollista. Pero implнcito en el surgimiento de la "dependencia" en respuesta a cambiantes condiciones polнticas (y estas en relaciуn a cambiantes condiciones econуmicas), estб la posibilidad, o la probabilidad, o mбs aъn, la necesidad de su posterior decadencia para despejar el camino a nuevas explicaciones cientнficas y orientaciones ideolуgicas, en la medida en que las condiciones econуmicas y polнticas vuelven a cambiar. Mientras mбs importante ha sido una teorнa en vista de su relaciуn con la realidad concreta, tanto menos serб ella eternamente verdadera, condiciуn que en el mejor de los casos se reserva a tautologнas vacнas.
Se esta acumulando la evidencia de que la "dependencia" Чtanto Ia vieja como la nuevaЧ ha terminado o esta en vнas de completar el ciclo de su vida natural, por lo menos en Latinoamйrica, que le dio vida. La razуn es la nueva cambiante realidad econуmica y polнtica mundial, que en una palabra puede resumirse como Ia crisis de los aсos 70. Sean cuales fueren su causa y su naturaleza, asн como su destino o resoluciуn Чcuestiones y respuestas, precisamente, que habrбn de codeterminarse por la alternativa necesaria a la "dependencia" y el "keynesianismo"Ч, la realidad de esta nueva crisis se hace cada vez mбs evidente en el mundo. Tasas decrecientes de crecimiento econуmico y aъn mбs (y mбs importante) de utilidades y de inversiones en los paнses capitalistas industrializados, y la lucha intensificada entre ellos por mercados nacionales e internacionales Чmanifiestas en la "crisis financiera" y la devaluaciуn del dуlar entre otrosЧ constituyen evidencias de una nueva crisis en el proceso histуrico de la acumulaciуn capitalista de capital. Modificaciones recientes en la polнtica nacional y extranjera de algunos paнses socialistas indican que allн tambiйn el proceso de acumulaciуn de capital esta cambiando de velocidad o rumbo, y que ellos estбn intentando colocar su participaciуn en la recientemente emergente divisiуn internacional del trabajo sobre una base modificada y mбs amplia. Las concomitantes negociaciones y el paso de Ia "bipolaridad" de Ia guerra frнa a la "multipolaridad" reemergente son acompaсados por un nuevo "diбlogo" (para tomar prestado una palabra de las relaciones antes inimaginables entre Sudбfrica y un creciente numero de nuevos estados africanos) que se hace oнr en todo el mundo, tanto dentro como entre muchas de sus regiones. Movimientos neosocialdemуcratas y amenazas neofascistas para el caso de que aquellos fracasen (para tomar en prйstamo y modificar algunos tйrminos de la ъltima gran crisis mientras el anбlisis contemporбneo no nos ofrezca una terminologнa mбs adecuada o quizбs una ideologнa de falsa conciencia) se difunden en los paнses capitalistas industrializados. Ello constituye una respuesta a la movilizaciуn de masas generada por la crisis, y asн con Ia Alemania de Brandt, con la dificultad de Heath para invocar la ley de Relaciones Industriales que su predecesor laborista no habнa podido imponer en Gran Bretaсa, con la promociуn de "Chile con salsa de spaghetti" y de Ia "apertura a destra'' en Italia, con la copia de la fуrmula de Ia Unidad Popular chilena y la reacciуn "gaullista" a la misma por Pompidou en Francia, con la nominaciуn por el Partido Demуcrata de Mc Govern en los Estados Unidos y su flirteo con el electorado adicto a George Wallace, etcйtera. Estбn, ademбs, el desarrollo del socialimperialismo (para servirse de la terminologнa china) y su ofensiva econуmica y diplomбtica en importantes regiones subdesarrolladas. Una importante modificaciуn de Ia anterior divisiуn del trabajo tambiйn es el desarrollo subimperialista de Brasil, Sudбfrica, Irбn, India y quizбs otros contendores por rutas tanto similares como diferentes de las que Japуn e Israel trazaron antes que ellos. Y en otras partes del mundo subdesarrollado (para de nuevo tomar en prйstamo temporal un termino del pasado), tendencias corporativas neofascistas compiten con tentativas nacionalistas y neopopulistas de trazar el Camino hacia el socialismo, desde Bangla Desh y Ceilбn, pasando por Tanzania y Zambia, a Perъ y Chile. Una nueva o renovada dimensiуn es la guerra o su amenaza entre estados del tercer mundo que vuelven su "nacionalismo" no solamente contra los paнses imperialistas sino, con el apoyo imperialista, contra sus propios vecinos.
En vista de esta crisis mundial y de los crнticos problemas concomitantes surgidos en Amйrica Latina y otras partes, la vieja teorнa de la dependencia desarrollista, y aun su ideologнa, parece haber entrado en bancarrota. Puede sospecharse lo mismo de Ia antaсo revolucionaria teorнa de Ia nueva dependencia, que si no en bancarrota, por lo menos se encuentra escasa en efectivo como para enfrentar las demandas inmediatas en lo econуmico, polнtico e ideolуgico que le hacen los revolucionarios que tienen que formular estrategia y tбcticas en las actuales circunstancias. Asн parece suceder en Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Perъ, Venezuela y Mйxico, entre otros, y quizб tambiйn en Cuba. (Esto pone tambiйn en duda lo aconsejable de Ia exportaciуn tardнa de la "dependencia'' hacia Asia y Ѕfrica, cuando, ademбs, el "tercermundismo" ya alcanzo la cima de su influencia en las revueltas estudiantiles metropolitanas de 1968-1969.) Ademбs, la aparente simultaneidad de la crisis de la vieja y nueva teorнas de la dependencia plantea el interrogantes de cuбn radicalmente diferentes realmente fueron o son. Quizб menos de lo que algunos de nosotros hubiйsemos querido. Podemos observar con Juvencio Wing Чen su reseсa del NЇ 150 conmemorativo de El Trimestre EconуmicoЧ que aquellos que una vez fueron radicales desarrollistas, y aprovecharon gran parte del aъn mбs radical anбlisis de la nueva dependencia, ahora conmemoran la dependencia desde las pбginas de la revista econуmica mбs prestigiosa del continente latinoamericano, y muchos de ellos incluso ocupan puestos ministeriales en sus respectivos paнses. Hasta tal punto una parte del anбlisis de la nueva dependencia ha sido recogida por el establishment burguйs que Чcomo se cita en LumpenburguesнaЧ Ios cancilleres latinoamericanos reunidos en Viсa del Mar delegaron a uno de ellos para elevar una presentaciуn al presidente Nixon en la Casa Blanca en el sentido de que la ayuda extranjera estaba fluyendo desde Latinoamйrica hacia los Estados Unidos. Gran parte de Ias criticas a la inversiуn extranjera propuesta por los analistas de la nueva dependencia fue incorporada en las restricciones puestas a la inversiуn extranjera en el cуdigo del Pacto Andino y se recomienda ahora a otros paнses subdesarrollados por parte del secretario de la UNCTAD. Y en la III Conferencia de la UNCTAD la nueva dependencia, el desarrollo del subdesarrollo y hasta el subimperialismo cobraron vigencia en las declaraciones oficiales de varios delegados. Esto es bastante mбs motivo de preocupaciуn que de orgullo para los inventores de estos tйrminos. Dejaremos para los crнticos que siguen otras reflexiones sobre las relaciones y diferencias entre la vieja y nueva teorнa de la dependencia.
La nueva teorнa de la nueva dependencia ha sido, por supuesto, objeto de diversos crнticos y criticas. Aquн podemos examinar, clasificar y reseсar Чsi no contestar exhaustivamenteЧ las principales tendencias reflejadas en quienes han hecho referencia especial al trabajo o a la persona de Andre Gunder Frank. Antes de seguir adelante, sin embargo, puede observarse que Чaunque este trabajo no ha sido mбs que la parte socialmente determinada de una corriente mбs amplia, tal como se reseсу reciйnЧ muchos crнticos han otorgado un tratamiento especial o a menudo exclusivo a AGF o a su trabajo, suponiйndolo representativo del resto, y llegando a veces al extremo de sostener, explicita o implнcitamente, que una critica (exitosa) de este ъnico ejemplo vale y abarca a todos, criterio Чeste ultimoЧ bastante discutible. Quizбs esta preferencia (negativa) pueda derivarse del supuesto de los crнticos de que AGF les ofrece un blanco mбs vulnerable o destructible, o uno mбs visible, o uno descubierto antes, o uno que se supone mбs extremo, o una combinaciуn de todos estos razones. Una cosa es segura, y esta ha sido francamente clarificada por el autor y universalmente apreciada tanto por amigos como enemigos: que el trabajo ha sido intencional y conscientemente polнtico y sustancialmente inspirado por la Revoluciуn Cubana. Sea como fuere, existe evidente motivo para que el autor se haga cargo de las criticas, especialmente de las que afectan a las "tesis frankianas".
Las criticas, y en especial los crнticos (vйase lista de referencias en el apйndice), parecen dividirse en tres principales tendencias: las retrospectivas de derecha y de la izquierda marxista tradicional, y la prospectiva de la nueva izquierda, cada una de las cuales dividida a su vez en dos subgrupos (A y B). La publicaciуn tardнa (en relaciуn a su redacciуn) del libro completo Capitalismo y Subdesarrollo en Amйrica Latina, en 1967 y 1969 en inglйs, francйs e italiano, y en 1970 en espaсol, encontrу en un principio una recepciуn favorable, si bien poco critica, en diversos cнrculos de izquierda, la cual en alguna medida aun subsiste (vйase Amin, Palloix). Pero tambiйn estimulo una reacciуn crнtica que no tardу mucho en aparecer, empezando especialmente (I. A) en la derecha reaccionaria y liberal (American Opinion, de la John Birch Society norteamericana y King), luego por (I. B) los demбs liberales y socialdemуcratas de diversa нndole (Halperin, de Kadt, Sauvy, Morner, Dedijer, Dalton, Alba, Aportes, Pinto y, en general, varios colaboradores del simposio sobre "responsabilidad" en Current Anthropology y diversos autores de reseсas en revistas acadйmicas norteamericanas).
Estos crнticos de derecha carecen de la perspectiva, o de la capacidad o del interйs, o los tres, como para examinar el argumento en su propio nivel, para no decir, por supuesto, para llevarlo a un nivel mбs alto. Su interйs acadйmico y polнtico es descalificar el argumento Чy a travйs de sus reseсas, prevenir a los no entendidos contra el mismo-- recurriendo a Ios "descalificativos" que el positivismo ha inculcado en las mentes de sus victimas, a saber el "error" empнrico y la falta de "objetividad". Con pocas excepciones, los crнticos de la derecha conservadora, liberal y socialdemуcrata se limitan, en sus reseсas y criticas de la argumentaciуn, a insistir en desacuerdos empнricos menores que nada tienen que ver con el argumento central, o de desviar la discusiуn totalmente fuera del punto en contienda, alegando que el compromiso polнtico de AGF Чno asн el propioЧ excluye la objetividad, y por tanto la credibilidad o validez. Segъn ellos, el trabajo constituye la restauraciуn repetitiva de una tesis del imperialismo (que ellos suponнan muerto hace tiempo). Es dogmбtico (su palabra favorita), ideolуgico en vez de empнrico, profйtico en tono, en vez de analнtico en contenido Чaunque (segъn otro autor) el trabajo es catastrofistaЧ, y constituye un tipo especialmente rнgido de leninismo (no obstante que el mismo autor alega que el trabajo es dirigido contra los comunistas). En cuanto condena objetiva (њquien se propuso hacer una condena?), el libro serнa evidentemente inadecuado, ya que la defensa (del capitalismo) no se examina, y menos aъn se destruye Чsegъn Timothy King del Queen's College, Cambridge, Inglaterra, escribiendo en el Economic Journal que se edita en la biblioteca MarshallЧ, y continua, solamente aquellos que ya estбn persuadidos en el fondo de su corazуn de que el sistema Capitalista tiene solamente explotadores y explotados, se dejaran convencer de la veracidad de la tesis general expuesta en este libro sobre la base de la evidencia proporcionada. Y en "respuesta" a la critica que el que escribe hace del trabajo de George Dalton y otros sobre antropologнa econуmica, este autor escribe: "Frank odia a toda ciencia social que no sirva para justificar la revoluciуn. Su comentario no es sobre antropologнa econуmica. Es una denuncia bombбstica de casi todos los que no comparten su rabia revolucionaria. No tiene sentido responder mбs a escritos tan llenos de ira e ideologнa". (iAmйn!) Un lector escribiу a la secciуn "discusiуn y crнtica" de la revista para observar que alguien que necesita servirse de este tipo de respuesta tan solo demuestra que carece de los recursos como para enfrentar la argumentaciуn. Esto en lo que se refiere a los crнticos desde la derecha.
Una segunda tendencia principal entre crнticos y crнticas deriva de (II) los principales partidos marxistas y sus portavoces o seguidores oficiales y no oficiales. Entre estos pueden distinguirse especialmente (A) los comunistas inspirados por o alineados con Moscъ, y (B) los maoнstas y trotskistas.
II
A. Entre los primeros, el trabajo y tesis Чo a menudo mбs bien la personaЧ de AGF han sido objeto de critica, entre otros, por Victor Volski, director del Instituto de Asuntos Latinoamericanos de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S.; B. N. Brodovich, escribiendo en Latinskaya America (Moscъ); L. Becerra en Revista Internacional - Problemas de la Paz y el Socialismo (Praga) ; Renato Sandri, especialista en asuntos latinoamericanos del Comitй Central del Partido Comunista de Italia; Ruggiero Romano en media docena de publicaciones de Europa y Amйrica Latina; quizбs Eugene Genovese, uno de los principales historiadores marxistas de los Estados Unidos y Canadб; y en Amйrica Latina, Mauricio Lebedinsky de Argentina, Armando Cуrdova de Venezuela y Josй Rodrнguez Elizondo en Chile.
Estas criticas ligadas a los partidos comunistas en cierta medida caen entre las del ala derecha de la primera tendencia y las criticas de la tercera tendencia de la nueva izquierda, compartiendo algunas caracterнsticas de la primera y otras de la otra. Con la tercera tendencia, la crнtica comunista comparte el reiterado juicio de que AGF no es marxista porque hace hincapiй en la circulaciуn con exclusiуn total o virtual de la producciуn, o que confunde las dos al construir su argumento sobre el capitalismo. Los meritos de esta critica, que se construye con mucho mбs seriedad por parte de la nueva izquierda, bien pueden reservarse para el comentario que se hace, casi al final, sobre la tercera tendencia, dejando para interrogarse aquн acerca de los motivos comunistas en escoger esta lнnea de ataque. Parecen relacionarse a una segunda caracterнstica que las criticas comunistas comparten con las de la nueva izquierda: la selecciуn del momento oportuno para su contraofensiva. Es notable que, aunque estos artнculos de AGF circularon y han sido el objeto de algъn fuego de francotiradores comunistas desde 1963, ellos no empezaron a dirigir su artillerнa pesada contra este trabajo hasta 1969 y especialmente desde 1970.
Lejos de ser una coincidencia o de deberse siquiera a una demora "natural" entre publicaciуn y crнtica, puede sugerirse que el momento escogido para esta critica es consecuencia y reflexiуn de la crisis antes mencionada, y que esta destinado a ayudar Чaunque sea en pequeсa medidaЧ a la resoluciуn de dicha crisis de una manera u otra. Por quй y como la nueva izquierda responde a la misma crisis con su critica constructiva puede examinarse mбs abajo. Aquн puede preguntarse por que camino o en que direcciуn quieren dirigirnos los partidos comunistas. Durante gran parte de los aсos 60 el avance de la Revolution Cubana y su atracciуn y prestigio cada vez mayores en Amйrica Latina y otras partes obligaron a los partidos comunistas tradicionales Чque simultбneamente se estaban batiendo en otro frente ideolуgico con los chinosЧ a adoptar una actitud relativamente conciliadora hacia la polнtica cubana y las posiciones vinculadas a ella en Amйrica Latina. En algunos casos ellos aceptaron temporariamente la lucha armada; y en muchos casos cambiaron su lнnea o por lo menos su lenguaje tбctico. Empezу a desaparecer de los programas de los partidos comunistas la ya clбsica formula de la lucha "democrбtica" contra un imperialismo solamente "externo" y un "feudalismo" interno Чnуtese, por ejemplo, el cambio del programa electoral en Chile desde el del FRAP en 1964 al de la Unidad Popular en 1970-. Algunos partidos comunistas de Amйrica Latina enviaron representantes a OLAS en 1967, y otros Чinclusive los de Brasil, Argentina y ChileЧ enviaron sus secretarios generales a Moscъ para que allн se hicieran referencias oblicuas pero bastante transparentes a OLAS en el sentido de que "nacionalistas pequeсo-burgueses que niegan la significaciуn internacional del marxismo-leninismo han creado una concepciуn del excepcionalismo local o continental ..., mientras que se denomina como tradicionalistas, ortodoxos y moderados a aquellos partidos que se mantienen leales a los principios del marxismo-leninismo". No fue sino hasta el fin de la dйcada y quizб no accidentalmente, hasta un tanto despuйs de la muerte del Che Guevara, que los partidos comunistas de Amйrica Latina nuevamente lograron una unidad sustancial en el marxismo-leninismo internacional Чy que lanzaron una contraofensiva general en un frente amplio, incluyendo a blancos tan diminutos como AGF.
Puede preguntarse, њen que direcciуn apunta esta contraofensiva comunista? Polнticamente, ella esta marcada por el acercamiento econуmico y polнtico cada vez mayor entre la U.R.S.S. y el imperialismo que parece obstaculizado solamente por la sucia guerra en Vietnam y el enfrentamiento en el Medio Oriente. El Partido Comunista francйs --el secretario general del PC chileno dijo en cierta oportunidad que es el partido que mбs se parece al propioЧ declarу, y es mбs, demostrу, ser el "partido del orden" durante la revuelta de 1968 que, mбs allб de los estudiantes, movilizу 10 millones de obreros en Francia. En Italia, el "mayo" de un aсo de duraciуn, de 1969-70, en Turнn, Milбn y otras ciudades obligу al Partido Comunista a seguir, mбs bien que liderar, la movilizaciуn masiva de los obreros. Mбs recientemente, como ya se observу, los dos partidos mencionados se hicieron admiradores Чy para sus propios fines grandes propagandistasЧ de la "vнa chilena". En Amйrica Latina, el Partido Comunista de Venezuela volviу a la "paz democrбtica" antes de dividirse. En otros paнses latinoamericanos y en vista del aumento de la movilizaciуn de masas generada por la crisis, los partidos comunistas se han plegado, han promovido y en donde ha sido posible han liberado viejos o nuevos frentes populares, unidos o amplios. Estas iniciativas, o mбs correctamente estas respuestas comunistas, њson para movilizar a obreros y campesinos hacia la revoluciуn socialista, o son para guiar esta movilizaciуn objetivamente generada hacia el camino pacifico "al socialismo"? La autocrнtica pъblica del Partido Comunista brasileсo despuйs del golpe militar de 1964 expresу, no su pesar porque durante el rйgimen "progresista" de Goulart ellos hubieran sido demasiado moderados, sino que ellos habнan contribuido a desencadenar el golpe ial ser demasiado izquierdistas! El presidente del Partido Comunista de Ceilan me contу recientemente que serнa bueno que ellos dejaran o fueran expulsados de la coaliciуn gubernamental "progresista" de la seсora Bandaranaike porque la movilizaciуn popular (al margen o contra el gobierno) se estaba volviendo "demasiado caуtica" y porque su partido podrнa hacerse cargo de ella con mбs autoridad si estaba fuera en vez de dentro del gobierno. El Partido Comunista de Chile pъblicamente echу la culpa del derrocamiento del gobierno de Torres en Bolivia, no a una movilizaciуn obrera inadecuada o incorrectamente organizada, sino al "ultraizquierdismo" de Ia Asamblea Popular y su constituciуn.
El Partido Comunista de Chile primero participo en escribir en una parte destacada del programa de la Unidad Popular la formaciуn de una Asamblea Popular y la promesa de que sus Comitйs de Unidad Popular (CUPs.) se transformarнan despuйs de Ia victoria electoral de simples comitйs electorales en comitйs para una movilizaciуn de masas continuada y cada vez mayor. Pero luego este partido dejу de aprovechar su capacidad organizativa para desarrollar dichos comitйs y no hizo nada para evitar el desgaste de casi todos los 15.000 CUPs. del paнs. Sin embargo, Ia movilizaciуn de masas, lejos de disminuir, aumento a niveles jamбs conocidos en Chile. Cuando en Concepciуn, centro que tradicionalmente es el de mayor conciencia y organizaciуn polнtica del paнs, todos los partidos de izquierda dentro y fuera de la Unidad Popular, no menos el Partido Comunista organizaron primero una movilizaciуn de masas y "despuйs el primer encuentro de una Asamblea del Pueblo, el Partido Comunista de Chile designo a su principal ideуlogo para descalificar a sus compaсeros de la UP por termocйfalos irresponsables que han perdido todo contacto con la realidad. Cual es entonces la realidad segъn el Partido Comunista de Chile? Que el descenso del apoyo electoral, y quizбs otros experimentados por el gobierno de la Unidad Popular durante los ъltimos meses (o desde Ias elecciones de abril de 1971)*, no se deben a no haber cumplido partes importantes del Programa de la UP ni a no haber cumplido ni siquiera con la mitad o algo mбs de las "40 medidas" prometidas por el mismo. Al contrario, el mal reside -segъn el PC chilenoЧ en las presuntas y excesivas transgresiones del programa de Ia UP y en los "ultraizquierdistas infantiles", quienes, en alianza con la CIA y el imperialismo, presuntamente impulsan tales transgresiones. Por otro lado, mбs allб de movilizar su considerable poderнo organizativo para desmovilizar la masa en miles de luchas cotidianas menores (y algunas mayores), el Partido Comunista de Chile se ha valido de sus parlamentarios para promover y concertar innumerables convenios con la oposiciуn Demуcrata Cristiana a puertas cerradas y a espaldas de las mesas Чy los ha empleado para anunciar su polнtica oficial para el futuro previsible: °ganar a las clases medias para las prуximas elecciones!
Poco antes de ser nombrado ministro de Hacienda, Orlando Millas escribiу el documento polнtico mбs comentado Чdentro y fuera del PCЧde los ъltimos tiempos, intitulado "La clase obrera en las condiciones del gobierno popular". Despuйs de repetir algunas palabras acerca de la importancia de la movilizaciуn obrera y de hacer hincapiй en las diferencias entre el Chile contemporбneo y la NEP leninista en la Uniуn Soviйtica Чpero sin especificar ninguna diferencia en particular, por ejemplo como detenta el poder polнticoЧ Millas revela el meollo de su argumentaciуn y de la estrategia de su partido: "Lo caracterнstico de la coyuntura de hoy en nuestra experiencia es que la correlaciуn de fuerzas ha sido afectada, en contra de Ia clase obrera y del gobierno popular, por errores polнticos y econуmicos que podemos resumir deciendo que constituyen transgresiones al programa de la Unidad Popular. Cabe, entonces, poner el acento en Ia defensa del gobierno popular, en su mantenimiento y en la continuidad de su obra. Seria funesto seguir ampliando el nъmero de los enemigos y, por el contrario, deberнa hacerse concesiones y, al menos, neutralizar a algunas capas y determinados grupos sociales, enmendando desaciertos tбcticos". Para el Partido Comunista de Chile la consigna llegу a ser "consolidar avanzando", cuyo significado en la prбctica muchos han comprendido como "avanzar consolidando".
Estas circunstancias y polнticas tambiйn sirven de base y determinan la contraofensiva del Partido Comunista en el frente ideolуgico, inclusive contra AGF y la nueva dependencia. La "vнa chilena" ya tiene en si bastante importancia. Pero ella ha alcanzado tambiйn amplias implicaciones para la suerte de los movimientos de frentes unidos Чno importa cuбn diferentes puedan ser del chilenoЧ en varios otros paнses latinoamericanos. Y en una coyuntura histуrica en la cual el "tercermundismo" parece haber retrocedido a un lugar secundario con respecto al centro de gravedad polнtica mundial, a Chile se lo considera como una pieza vital para los partidos comunistas que se encuentran en una seria contienda cuyo rey y reina, o por lo menos torre y alfil, estбn en Francia e Italia. No es accidental la atenciуn que algunos ideуlogos comunistas de Europa dedican a Chile, y aun a "aberraciones" ideolуgicas centradas en Chile, que en otras circunstancias serian insignificantes.
Estas circunstancias quizбs explican, mбs que justifican, la tбctica principal empleada por estos "compaсeros" Чuno de ellos ha escrito que el no es compaсero de AGFЧ para combatir las "contenciones" Чasн llamadas por otro que dice que no pueden llamarlas "tesis"Ч de AGF, quien es un eminente sabio de papel (todo entre comillas, se entiende) con un talento y una pasiуn dignos de mejor causa; es un teorizante conspicuo de una izquierda anбrquica, un provocador, desviacionista, confusionista y divisionista; este investigador (sic) marxista (nuevamente, sic) lleva su ligereza a limites extremos bajo un pretexto seudomarxista, en una tentativa deliberada de crear confusiуn; su ligereza, trivialidad y superficialidad intelectual y su superficialidad y trivialidad cientнfica no pueden dar lugar sino a la inconsistencia (њsera mejor decir deshonestidad?) polнtica, que es el producto natural del trabajo de un pequeсo burguйs con pretensiones de marxista revolucionario (Romano). No, no hay ilusiуn posible. Gunder Frank termina su trabajo proponiendo como la ъnica y correcta estrategia del desarrollo la revoluciуn armada y la construcciуn del socialismo. La verdad es que en Chile, Perъ y Bolivia la liberaciуn sуlo puede ser el resultado de un proceso articulado y laborioso de lucha antioligбrquica y antiimperialista... (Sandri). El marxismo-leninismo hace centro, dada la estructura, en la alianza clave del proletariado y el campesinado en un frente con la pequeсa burguesнa, las capas medias y sectores progresistas de Ia burguesнa nacional, para resolver el problema agrario como eje de la revoluciуn necesaria. En la revoluciуn socialista, que proclama Frank y los que aceptan sus puntos de vista, la clase obrera marcharнa sola. Por lo tanto no habrнa que trabajar en el seno del campesinado. Tampoco habrнa que tender a que participen en la lucha la pequeсa y mediana burguesнa, sectores mбs avanzados de Ia burguesнa nacional. No habrнa tareas inmediatas que realizar antes de plantearse la revoluciуn socialista. No se trata, pues, de un pequeсo "detalle": se trata nada menos que del tipo de revoluciуn necesaria, del problema de las alianzas (Lebedinsky).
La CIA y la pata del gato. Naturalmente, no es Gunder Frank, sino lo que representa, lo que estб en el centro del debate. El representa, bбsicamente, la existencia de un pensamiento de ultraizquierda en la polнtica internacional, sumamente proporcionado. Un pensamiento que mientras mбs difusiуn tiene, mбs facilita la labor del imperialismo con respecto a los procesos revolucionarios... En efecto, la sola presencia de este tipo de teуricos significу... la tendencia de dividir a antiimperialistas en dos bloques: el de los marxistas e intelectuales revolucionarios, por un lado, y el de los comunistas, por el otro... este puсadito de intelectuales amorfos, anбrquicos e hipercrнticos... defienden las posiciones del imperialismo concurriendo a las trincheras del antiimperialismo" (Rodrнguez Elizondo).
No se trata de estar o no de acuerdo; es que incluso se disminuye Ia posibilidad de discusiуn. Porque digamos, para terminar, que discutir significarнa hacerse cуmplice de Andre Gunder Frank, el cual, objetivamente Чy a nivel polнticoЧ no es mбs que un verdadero provocador. Se podrб preguntar que si todos estos escritos son tan inъtiles, њpor que hablamos de ellos? Porque desenmascarar su aspecto provocador me parece una obligaciуn. Un deber de moralidad cientнfica, de higiene intelectual, de profilaxis polнtica. Ante un exceso de incapacidad en la presunciуn de este calibre, se tiene el deber de reaccionar y de indicar que tras todo este oropel conceptual de pacotilla no existe sino el mбs total vacнo. (Romano) (iAmen!)
En estas circunstancias, podemos preguntar, que queda por discutirse con o en relaciуn con estos camaradas? El lector habrб observado por si solo uno de los aspectos crнticos que esta segunda tendencia tiene en comъn con el nivel de debate empleado por la primera, anteriormente reseсada. La otra similitud con esta reside en la direcciуn hacia donde dirigen su argumentaciуn Чen el grado limitado de profundidad (aunque quizб no de extensiуn) en que nos ofrecen alguna direcciуn: la retrospectiva.
La resurrecciуn por otra parte del Partido Comunista contemporбneo del fantasma de su programa polнtico "antioligбrquico" y "antiimperialista" de antaсo, y que algunos pensaron ya muerto y sepultado con el Comintern, se complementa Чy segъn ellos se apoyaЧ con solo retocar los mismнsimos antiguos argumentos cientнficos e ideolуgicos. Al margen de su cargo acerca de la debilidad cientнfica de AGF por no lograr hacer un anбlisis satisfactorio de las relaciones productivas o del modo de producciуn (cuestiуn a ser todavнa examinada), puede observarse ya que los teуricos del Partido Comunista tampoco lo han hecho mejor. Ellos no tratan y menos logran Ilevar el anбlisis mбs allб de lo logrado en los aсos 60, aprovechбndose del renacimiento latinoamericano y mundial Чaunque sea limitadoЧ de los estudios marxistas durante el decenio pasado, para reorientar nuestro trabajo planteando nuevas preguntas y ofreciendo otras respuestas mбs apropiadas para las cambiantes condiciones y oportunidades polнticas (tal como lo hacen algunos de los crнticos de la nueva izquierda que se reseсan a continuaciуn). No: en vez de esto los voceros del Partido Comunista se limitan a hacer un llamado a la generaciуn pasada para retroceder a los mismos ya viejos sustitutos esquemбticos que no lograron hacer el verdadero anбlisis de la transformaciуn del modo de producciуn en el proceso de acumulaciуn de capital. Pero en realidad, para todos los efectos (salvo quizбs alguno de ellos), estos ya eran inservibles en aquel entonces y tanto mбs lo son ahora. Evidencia? El mismo hecho de que se hiciera necesaria la renovaciуn de estudios marxistas --que tuvo lugar sin ninguna contribuciуn reciente que haya podido descubrirseЧ de ninguno de estos intelectuales marxistas que se mantuvieron fieles a la lнnea moscovita de su partido comunista. El camarada M. Lebedinsky reclama que "algunos de los apologistas de la teorнa de la (nueva) dependencia prбcticamente vienen a una tesis marxista, pero el primer esfuerzo es diferenciarse de los comunistas". Pero a esta altura, quien se dispondrнa a seguir, o quien podrнa unirse al camarada cuando harнa suponer que estos "apologistas" se diferencian en que se quedan cortos de la teorнa y praxis del Partido Comunista, en vez de avanzar mбs allб de ella? Sea cual fuere la respuesta objetiva, podrнa ser una indicaciуn personal: yo mismo jamбs he tenido la temeridad de proclamarme marxista. En ninguno de mis escritos publicados Чo no publicadosЧ podrб encontrarse tal pretensiуn personal. Quiйn entonces formula esas falsas o "seudo" pretensiones?
B. Una parte de la critica, pero mucho menor, ha emanado tambiйn de otros partidos marxistas maoнstas (Arrighi, Circolo Lenin) y trotskistas (Novak, Deward y Bailly). Arrighi se identificу con la argumentaciуn de AGF en el prefacio a su libro sobre Ѕfrica, escrito independientemente. AI volver a Italia para hacerse militante maoнsta, Arrighi hizo pъblica una autocrнtica de su anterior aceptaciуn de esa argumentaciуn. Reiterando y reafirmando su anterior reserva acerca de la carencia de un anбlisis suficiente de las relaciones de producciуn por parte de AGF, Arrighi ahora agrego el cargo de que el anбlisis no es marxista y menos aъn maoнsta, por cuanto presunta y errуneamente supone que las contradicciones "externas" en vez de las verdaderas "internas" determinan el curso histуrico de los acontecimientos en Amйrica Latina y otras partes. En su conocido ejemplo, Mao observaba que a pesar de aplicarse la misma temperatura "externa" a un huevo y a una piedra, las diferentes condiciones "internas" hacen que nazca un pollito de uno y no de otro. A pesar de apoyarse en esta autoridad marxista, Arrighi no ha logrado Чaun recurriendo adicionalmente a correspondencia personal y a su conversaciуn amigable con el presente autorЧ clarificarle suficientemente a AGF como distinguir exactamente entre las contradicciones "externas" y las "internas" en el proceso, tal como se desenvuelve en una parte determinada del sistema imperialista. Sin duda, los limites del йxito de este esfuerzo residen en las limitaciones "internas" de AGF. Pero junto con el esfuerzo de otros, йste estб empeсado en tratar de superarlos en su trabajo futuro. No son inmediatamente evidentes las conclusiones polнticas a derivarse de la critica en Italia. Pero en Amйrica Latina algunos maoнstas han tenido reservas acerca de la argumentaciуn en la medida en que no sirve de base, tal como ellos lo requieren, a la estrategia maoнsta con respecto a los conocidos "cuatro grupos".
Entre los trotskistas, Ernest Mandel expresу cierta afinidad con nuestras argumentaciones en el posfacio a la ediciуn mejicana de su Tratado de economнa marxista. Pero luego su compaсero dirigente de la IV Internacional, George Novack, repitiу las mismas criticas acerca de las relaciones de producciуn, etcйtera, y resumiу: "El enfoque de Frank al desarrollo socioeconуmico de Amйrica Latina es excesivamente simplificado. No deja lugar para situaciones histуricas complejas, relaciones de clases, formaciones socioeconуmicas contradictorias... Esto tambiйn explica por que la tentativa por Frank de dividir el marxismo del trotskismo y de contraponer uno al otro no tiene fondo". Excesivamente simple, si Чpodemos responderЧ; no deja lugar..., no. Y en cuanto a marxismo y trotskismo, jamбs he alegado representar ni a uno ni a otro, ni de dividirlos, ni de contraponerlos, ni nada.
III
Puede distinguirse una tercera tendencia principal entre los crнticos y criticas, que Чno muy satisfactoriamenteЧ puede denominarse el de la nueva izquierda independiente, aunque muchos de sus actores tambiйn vinculan su trabajo intelectual a la praxis polнtica militante y partidaria. Lo que los distingue dentro del contexto actual es que sus criticas no son retrospectivas sino prospectivas. Estos crнticos y criticas pueden a su vez subdividirse Чquizбs aъn menos satisfactoriamente para ellos y el presente autorЧ en las (A) que se hicieron relativamente temprano y que, aunque prospectivas, aъn no avanzan su trabajo critico muy lejos hacia бreas distintas; y (B) las mбs recientes Чy seguramente veniderasЧ cuya contribuciуn importante es que "a los conocimientos y anбlisis actuales se les compone de maneras nuevas, planteando preguntas y ofreciendo conclusiones que permiten y obligan, tanto a amigos como a enemigos, a dirigir su propia investigaciуn y anбlisis en direcciones distintas" y que dan lugar a "reformulaciones principales del pensamiento econуmico... (que son) a las cambiantes condiciones y oportunidades polнticas". iMientras mбs йxito tengan en esta tarea, tanto mбs bienvenidos sean tales crнticos y criticas!
A. La temprana critica de Cabral et al. y de Dos Santos ya se citaron y se comentaron en el "mea culpa" que prolonga Lumpenburguesнa; y en Ia medida entonces posible sus criticas prospectivas se aprovecharon y se incorporaron en la extensiуn y reorientaciуn de la argumentaciуn anterior que se intentу en el texto de dicho libro, y que hizo hincapiй en la participaciуn clasista activa e "interna" en Ia determinaciуn del proceso histуrico Чy de algunas de sus variaciones entre paнses-- a travйs de varias etapas. Por otra parte, no parecнa y no parece preciso --segъn creoЧ enfrentar los cargos equivocados de "esquematismo geogrбfico" y de "estructural-funcionalismo", ni las contradicciones internas de sus propios argumentos (seсalados en el "mea culpa"). De todas formas, el mismo Dos Santos ha aprovechado de su critica para avanzar aъn mбs en el anбlisis que el y sus compaсeros de trabajo han hecho de la "nueva dependencia". Tanto este progreso como sus limitaciones Чen la medida en que ha sido restringido esencialmente por la misma coyuntura polнtica y concepciуn ideolуgicaЧ ya han sido comentados por otros crнticos, amigos y no.
La critica de Weffort, en el sentido de que nuestra argumentaciуn supondrнa una base nacional no existente del poder y de la polнtica clasista, es dirigida simultбneamente a Cardoso y Faletto y a AGF. Pero Cardoso ya ha mostrado que dicha crнtica carece de fundamento, y su respuesta plantea preguntas y ofrece conclusiones que son bastante mбs interesantes y trascendentales que las de Weffort. Rodrнguez y Sechi, por su parte, se limitan a formular cargos de esquematismo excesivamente simplificado, que aun si fueran correctos en si, no son muy ъtiles mientras no interpretan ni evalъan el esquema dentro del contexto econуmico, polнtico, ideolуgico y cientнfico en respuesta al cual primitivamente se planteo, y a menos que ellos mismos hagan una contribuciуn a reformular las preguntas y conclusiones en respuesta al contexto recientemente emergente. Sempart divide su critica en lo que en esencia son dos partes, en cuanto historiador, alega que los acontecimientos histуricos no son los que aparecen en el ensayo de AGF que se basa en Chile. Pero Чtal como Torres (vйase mбs abajo) lo ha observadoЧ, tal crнtica empнrica en sн queda necesariamente dentro del marco teуrico de lo que critica y no alcanza para reformular el problema teуrico, y tanto menos Чpuede agregarseЧ por cuanto en el ensayo original AGF explнcitamente negу cualquier tentativa de escribir historia de Chile alguna, limitбndose a expresar la esperanza de que pudiera ayudar a reformular la teorнa. En la parte del ensayo de Sempart que efectivamente se dedica a la critica teуrica, se atribuye a AGF haber propuesto presuntas relaciones entre los lazos metrуpoli-satelite y el desarrollo-subdesarrollo, que son precisamente los inversos de los sostenidos por AGF en el ensayo basado en Chile, asн como en otros. Estas criticas Чcomo cualquier lector puede comprobarЧ son prospectivas en intenciуn, "tono" y en algunas sugerencias no centrales. Pero ellas aъn no logran llevar adelante la critica hacia una reformulaciуn teуrica sustancial de las preguntas y conclusiones.
B. Llegamos finalmente a una nueva apertura crнtica. Este ъltimo aсo (desde 1971) ha sido testigo no tan solo de una extensiуn y profundizaciуn de la crisis econуmica, polнtica e ideolуgica, tal como ya se reseсo. Tambiйn ha invocado el trabajo nuevo por parte de estudiosos polнticamente comprometidos que, por una parte, recibieron su formuIaciуn en los avances de la acacia anterior, pero que Чsiendo tambiйn crecientemente conscientes de las limitaciones de Ia mismaЧ por otra parte tienen ahora la capacidad para colaborar en el enfrentamiento de dicha crisis al ofrecer aperturas criticas que prometen reorientar el pensamiento econуmico Чy la praxis polнticaЧ hacia un nivel nuevo y mбs alto. Lo que en estas criticas es especialmente importante y meritorio, en nuestra consideraciуn, no es tanto el campo viejo que recorren Чno importa cuan critico pueda ser el de los que lo han trazado antes de ellosЧ, sino mбs bien el campo nuevo hacia donde estas criticas nos conducen, aprovechando lo viejo tan solo para construir lo nuevo. Es el caso, por ejemplo, de la serie de recientes criticas fundamentales de las tesis de A. Emmanuel acerca del intercambio desigual, como tambiйn de las criticas contra AGF y otros vinculados a la nueva dependencia. Sobresalientes entre las recientes criticas son las de Laclau, de Hinkelammert y Glauser (ambos del CEREN, de la Universidad Catуlica de Chile), y de Marini y Torres (ambos del CESO, de la Universidad de Chile, donde tambiйn se desempeсa el presente autor). Pero no son tanto las criticas de estos autores de las cuestiones del subdesarrollo colonial y capitalista las que deben detenernos, como su progresiva reformulaciуn de las cuestiones mismas y por este medio de las conclusiones.
La importancia del esfuerzo de Laclau, por tanto, no reside tanto en su critica a eventuales fallas en los anбlisis del feudalismo y del capitalismo en Amйrica Latina por parte de Frank (como suena su tнtulo), y de ninguna manera (segъn creo) en su prueba de que AGF no puede decirse marxista (lo que nunca hizo), sino en Ia confirmaciуn eventual de su creencia de que "es posible dentro de este cuadro teуrico, de situar el problema de Ia dependencia en el nivel de las relaciones de producciуn" Чcosa que los teуricos del Partido Comunista, por ejemplo, no se han nunca siquiera esforzado en intentarЧ. Laclau, por su parte, apenas empieza a hacerlo a travйs de un incipiente anбlisis de las cambiantes tasas de composiciуn orgбnica de capital y de plusvalнa en el proceso de acumulaciуn de capital.
Glauser se limita a hacer algunas referencias a los esfuerzos insuficientes de otros para pasar a analizar los regimenes coloniales de producciуn en Chile y en otras partes de Latinoamйrica. Elabora una clasificaciуn analнtica de las relaciones de producciуn sucesivas y diversas para concluir que su anбlisis implica que "la necesidad de un desnivel en el grado de desarrollo de las fuerzas productivas entre una zona llamada centro y otra llamada periferia, parece ser una condiciуn indispensable para que la producciуn capitalista exista... De todo lo cual, resulta que es la propia estructura interna de cada regiуn perifйrica y precapitalista la que supone la existencia de Ia producciуn capitalista central... Estructuralmente, el centro es interior a cada regiуn de Ia periferia y que, a su vez, toda la periferia es inmanente al centro". Asн vuelve a plantear el antes mencionado problema puesto por Arrighi. Hinkelammert, por su parte, tambiйn encuentra insatisfactorio el anбlisis de AGF de transiciуn al capitalismo industrial; pero lo hace tan solo para llevar su propio anбlisis de la dialйctica del desarrollo a travйs de Ia acumulaciуn capitalista hacia la socialista.
Finalmente, Marini expresa similares y bien fundadas reservas acerca del fundamento teуrico de los anбlisis de AGF y otros de las transformaciones del siglo XIX y de la dependencia Чvieja y nueva del siglo XX, tan solo para pasar a analizar toda la experiencia histуrica de Latinoamerica desde la Conquista hasta hoy (y maсana) en tйrminos del proceso de acumulaciуn de capital mundial y local, y mбs recientemente del capitalismo de Estado. Mientras tanto, Torres se embarco en una critica metateуrica y muy elaborada de toda la teorнa de la dependencia, vieja y nueva, para despejar el camino para la reconstrucciуn propia Чy es de esperarse por otrosЧ de todo el proceso de acumulaciуn de capital mundial tal como se ha manifestado en Latinoamйrica. Por todos estos esfuerzos crнticos y originales no podemos sino estar muy agradecidos. En cuanto a AGF, estб tratando de expresar su agradecimiento a travйs de la preparaciуn Чdurante los dos aсos pasados (quien sabe cuбntos futuros) Ч de su propia tentativa de reescribir, si no de reanalizar, el proceso cнclico de la acumulaciуn de capital en el mundo, con especial referencia a la participaciуn en el mismo de Asia, el Medio Oriente, Ѕfrica y Amйrica Latina desde 1500 hasta la actualidad. Espera por este medio hacer cualquier pequeсa contribuciуn que estй a su alcance a la renovaciуn ideolуgica, a la revoluciуn polнtica y social y a la futura acumulaciуn socialista.
En fin, quizб no deberнa sorprender que la atenciуn cientнfica social vuelve a los problemas de la acumulaciуn de capital Чy desencadena una nueva apertura en su anбlisisЧ precisamente ahora que el proceso de acumulaciуn de capital nuevamente parece problemбtico. Tal como el estudio de una de sus principales manifestaciones, que es el ciclo econуmico (que comъnmente se identifica solamente con la crisis y con la fase descendente del ciclo), la tendencia es analizar el proceso cнclico de la acumulaciуn de capital en si solamente en tiempos de crisis, y sus consecuencias (tal como lo hicieron, por ejemplo, Boehm-Bawerk y Joan Robinson durante cada una de las anteriores "grandes" depresiones). En tiempos de larga ascendencia cнclica, el proceso de acumulaciуn de capital tiende a percibirse mбs bien como una tendencia natural y autуnoma a largo plazo, si es que se la mira desde la metrуpoli que estб acumulando, y como una "dependiente" quizб, tal como se la ve desde la perspectiva de los paнses subdesarrollados. Pero habiendo cerrado el circulo, tanto en nuestra argumentaciуn como en el ciclo econуmico, la problemбtica de la acumulaciуn (cнclica) de capital nuevamente cobra vigencia como orden del dнa, sea para responder a las cambiantes condiciones polнticas o a las correspondientes oportunidades polнticas...
Estas condiciones y oportunidades tambiйn se manifiestan a travйs de la intensificaciуn renovada de la lucha de clases y la concomitante renovaciуn de los esfuerzos de analizar y de codeterminar Чhacia una direcciуn u otraЧ la transformaciуn contemporбnea de la estructura de clases y del modo de producciуn subyacente.
* Este artнculo fue escrito en agosto de 1972
CRITICAS DE OBRAS DE ANDRE GUNDER FRANK
I. ARTÍCULOS Y ENSAYOS
ARRIGHI, GIOVANNI: "Rapporti fra struttura coloniale e struttura di classe nell'analisi del sottosviluppo", Problemi del Socialismo, XIV, Nş 10, Roma, julio-agosto 1972, pp. 526-535
ARRIGHI, GlOVANNI: "Struttura di clase e strutura coloniale nell'analisi del sortosviluppo", Giovane Critica, Nş 22-23. Milán 1970.
CABRAL B., ROBERTO Y OTROS: "Importancia y evaluación del trabajo de A. G. Frank sobre el subdesarrollo Iatinoamericano", Escuela Nacional de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1969 (mimeo). 40 pp.
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ll. EN LIBROS Y ARTÍCULOS (Páginas de discusión de tesis de Frank entre paréntesis)
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[La referencia en esta ediciзn se hace a algunas de las versiones espaыol de los artьculos citados, y se omiten referencia a las versiones en inglжs que aparecen en la ediciзn original en inglжs. Las versiзn en inglжs de los artьculos citados integran los 25 ensayos del tutor reunidos en el libro Latin America: Underdevelopment or Revolution, New York, Monthly Review Press 1970, de prзxima apariciзn en espaыol bajo el tьtulo, Subdesarrollo Capitalista o Revoluciзn Socialista: ensayos sobre el desarrollo del subdesarrollo y el enemigo inmediato en Latinoamжrica.]
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