Principios de Economía Política

Por el Doctor
D. Manuel Colmeiro
Catedrático de la Universidad de Madrid


Alojado en "Textos selectos de Economía"
http://www.eumed.net/cursecon/textos/

 

PARTE PRIMERA. - De la producción de la riqueza.

CAPÍTULO X. - De la división del trabajo.

La potencia ó virtud productiva del trabajo se aumenta de un modo extraordinario, cuando las diversas operaciones de la industria se dividen y separan, encargándose cada obrero de una sola, y contribuyendo todos á un resultado común mediante la reunión de sus fuerzas.

Varios economistas entrevieron el fenómeno de división del trabajo antes que Smith; pero á éste pertenece la gloria de haber expuesto su teoría, demostrado sus causas y efectos y apurado el análisis dejando poco que añadir á los herederos de su ciencia y doctrina.

En la infancia de los pueblos el hombre caza, pesca, labra la tierra, domestica los animales, fabrica sus armas, acomoda sus vestidos, y en fin, procura bastarse á sí mismo. Empieza á brotar la civilización, y creciendo la diversidad de productos suceden los cambios. entonces viene la primera división del trabajo según las profesiones, porque hay cazadores, pescadores, labradores, ganaderos, artesanos y mercaderes. Conforme la civilización va penetrando en la sociedad, las profesiones se subdividen, y unos prefieren un oficio, otros escogen otro distinto. La clase de los artesanos comprende los gremios de carpinteros, cerrajeros, etc. y la de los mercaderes se compone de tratantes en granos, negociantes en paños, merceros, regatones... Los labradores se apartan de los pastores: aquéllos siembran cereales ó plantan viñedos, y éstos apacienta los ganados y entienden en su crianza.

No cesa aquí la división del trabajo, pues como 1a producción de las cosas más sencillas es, si bien se repara, un acto complejo, ó una serie de procedimientos desde que el obrero toma en las manos la primera materia hasta que obtiene un producto acabado conforme á su deseo, se halló conveniente señalar á cada cual una sola tarea, siempre la misma, y la más análoga á su inteligencia, á sus fuerzas y á las demás condiciones que contribuyen á formar una aptitud especial.

De esta manera se logra que cada operario adquiera un grado mayor de habilidad y destreza, de donde resulta que se trabaje más y mejor. El hombre que pasa toda la vida fabricando cabezas ó puntas de alfiler, adquiere una agilidad maravillosa, y practica movimientos regulares y seguros en que tiene menos parte la voluntad que la costumbre.

Hay economía de tiempo, evitando la necesidad de mudar de operación, de instrumentos y de lugar; á lo cual se añade que mientras no se tome el tino á la nueva labor, el obrero está torpe, y el trabajo disminuye en cantidad y perfección.

Hay asimismo facilidad para inventar máquinas y descubrir procedimientos que abrevian el trabajo, porque cuando el hombre tiene puesta toda su atención en una sola cosa, estudia mejor las propiedades de la materia y penetra más los secretos del arte. A fuerza de repetir los actos y de considerar los objetos bajo un aspecto tan limitado, la actividad del hombre se concentra en un punto, y adelantando cada parte de la fabricación, adelanta la fabricación en general. Muchas máquinas que hoy se usan, fueron inventadas por simples obreros constantemente preocupados con la idea de conciliar su obligación y su descanso.

Desmenuzadas las operaciones de la industria, la faena de cada oficial es más sencilla y requiere un aprendizaje más corto, disminuyendo el gasto de primeras materias y utensilios necesarios, porque se apuran los medios de aprovechar aquéllas, y se adquiere un cabal conocimiento en el manejo de éstos.

Las ventajas de la división del trabajo son indudables, pero no cerremos los ojos á sus inconvenientes. La constante uniformidad de la tarea puede producir disgusto y enfado hasta el punto de cansar la inteligencia y los brazos. Pasar de una á otra ocupación es una especie de reposo. Si los oficios son mal sanos, la variedad minora sus peligros; por ejemplo, en las minas de Almaden, la alternativa del trabajo subterráneo y del que se hace al aire libre, seria un bien para la humanidad. Por otra parte la condición del obrero es más precaria, cuando por efecto de la división del trabajo, no posee un oficio completo, ni alcanza á producir nada por sí solo, porque ya no se parece á una máquina sino á una rueda aislada.

Sin embargo, debe considerarse que en todo mediano taller se necesita la asociación de varios obreros que mutuamente se auxilien, concurriendo á la producción de la riqueza. La cuestión, pues, versa sobre si esta sociedad ha de ajustarse á la regla de la cooperación industrial, ó cada obrero desempeñará su tarea como si estuviere a solas, sin comunicar á los otros más que el fruto de su trabajo.

La higiene puede recomendar precauciones saludables, y la Economía política no es tan dura de entrañas que las condene en nombre de sus principios. La división del trabajo establece y arraiga cierta conexión orgánica entre todos los ramos de la industria que hace á todos los hombres recíprocamente tributarios, y dificulta las crisis dolorosas al obrero. El desarrollo sucesivo de la vida industrial proporciona la abundancia y baratura de las cosas útiles al hombre, cuyos beneficios alcanzan á todas las clases de la sociedad, participando de ellos particularmente las que cuentan con medios más escasos de fortuna. Como la división del trabajo es un sistema aplicable á toda suerte de fabricación, el obrero gana no sólo como consumidor de los artículos que pasan por su mano, sino de todos los demás á cuya fabricación no concurre de manera alguna.

Pone límites á la división del trabajo la naturaleza de las cosas, porque á tal grado de sencillez pueden llegar las operaciones, que ya no sea permitido pasar de allí, ó el pasar cause más embarazo que comodidad á la obra de mano. Hay además trabajos que no se prestan á la división, pues reclaman operaciones sucesivas, como la agricultura que tiene épocas señaladas de arar, sembrar, cavar, etc.; y si en vez de un labrador para todo, hubiera muchos labradores parciales, cada uno trabajaría un mes y holgaría los once restantes del año.

La extensión del mercado limita asimismo la división del trabajo, porque cuanto mayor fuere, tanto más fecunda será la producción, y la producción no es ganancia sino pérdida desde que excede á la demanda.

Así vemos en las villas y lugares tiendas donde se despachan mil diversas mercaderías, mientras que en las grandes capitales y ciudades populosas hay almacenes en los cuales sólo se vende té, por ejemplo, pero bien surtidos de todas sus variedades.

Por la misma razón cuando faltan capitales para dar impulso á la fabricación, ó cuando ésta no es el objeto principal del productor, como en la industria casera ó popular, en la cual procura el labrador aprovechar los ratos de ocio que las noches, los temporales ó el descanso de las tierras conceden á su familia, la división del trabajo es muy incompleta.

La división del trabajo entre los hombres se dilata, y ya son las provincias, ya las naciones quienes concurren á la obra, poniendo en coman sus fuerzas y ligando sus intereses con el vinculo de los cambios. La diferencia de producciones según que vienen del norte ó mediodía, del oriente ú occidente, convida á una grande división del trabajo, haciendo del mundo entero un taller y plaza universal, y una sola familia de todos los pueblos más remotos, si guardan y cumplen la ley de la naturaleza y de la sociedad.

La división del trabajo explica cómo y por qué las ciudades se hallan interesadas en la prosperidad de los campos y viceversa, y cuánto yerran los que fomentan la antigua rivalidad entre labradores y ganaderos, ó entre unos y otros y fabricantes.

En fin, la división del trabajo camina al compás de la civilización del mundo. Sin ella no hay grande producción, y con ella la agricultura, las fábricas y el comercio se prestan mutuo auxilio. Hasta las ciencias participan de sus beneficios, pues si encerrando el entendimiento en un circulo estrecho, debemos perder la esperanza de que nuestro siglo engendre un hombre como Aristóteles, en cambio el saber reunido de todos los que son especiales en un ramo, aventaja en extensión y profundidad al genio universal del filósofo de Estagira.

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