6. Nuevas orientaciones

1. En Alemania, la escuela histórica utilizaba el método inductivo, contrariamente al deductivo empleado por la Economía nacional clásica. Por muchos que sean los méritos que ha adquirido con sus investigaciones históricas y estadísticas, sería un error creer que con ello ha aportado algo más que un método nuevo, una nueva teoría o una nueva política, pongamos por caso. Hubo quien, como Roscher, adoptó la teoría de los clásicos, a la cual quisieron solamente añadir una fundamentación histórica y algunas rectificaciones. Otros, como Schmoller, que rechazaron las construcciones de los clásicos, estableciendo en su lugar con tanto mayor ardor épocas de evolución social. Estas construcciones proceden, ora según el plan hegeliano de los tres grados (como en Marx), ora adoptando un desenvolvimiento constantemente progresivo de lo simple a lo complejo, ora hablando, como en la vida del individuo, del crecimiento, apogeo y decadencia. Así es cómo Hildebrand describió la economía natural como un estadio primitivo imperfecto, seguido de un periodo más desarrollado, aunque no satisfactorio, de la economía monetaria, para llegar a un tercer momento, el de la economía del crédito, en el que vuelven a sintonizar las disonancias. Bücher quiere hacer evolucionar la economía de la privada, donde no existe el intercambio, a la política, pasando por la municipal, y Sombart opone el capitalismo al modesto artesanado. Para él, en el capitalismo se distinguen tres estadios: primitivo, alto y neocapitalismo, en el cual nos hallamos desde la Guerra.

Sin fundamentos teóricos, el propio historiador puede avanzar tan poco como sin una orientación ética. Si la ausencia de aquéllos lleva fácilmente a la confusión, la de ésta conduce a una falta de credo de la «realidad política» a la que únicamente pueden dar validez los resultados favorables. Hasbach es quien con mayor agudeza ha formulado la renuncia del historismo puro. En sus estudios sobre Adam Smith, dice: «El relativista no cree en un ideal general, pero manifiesta también aversión a establecer ideales especiales porque, generalmente, se ha percatado de lo poco que conoce las fuerzas que actúan en los hechos. En todo caso, no considera sus ideales como normas que deban informar la legislación». Lo poco que ese modo de ver es compartido por los representantes más destacados de la escuela histórica, lo demuestra el hecho de que precisamente en 1872 se congregaron en Eisenach, en la Asociación de Política social.

2. Contra el menosprecio que en algunas ocasiones ha puesto de manifiesto la escuela histórica por la teoría, hanse alzado Carl Menger y la escuela austriaca que le sigue, quienes han señalado como la misión primordial de la Ciencia la investigación de las leyes de la economía racional. Mientras Schmoller afirma que ha conseguido superar las teorías de los clásicos por medio de estudios monográficos históricos, aquéllos oponen una teoría nueva a la clásica. Vimos ya cómo, no sólo Smith y su seguidor Ricardo, sino el mismo Marx, encontraron el principio determinativo del valor en los costos de producción, principalmente en el trabajo. A esta teoría objetiva del valor, enfrentáronle otra nueva, subjetiva, otros tratadistas más recientes, como Gossen, inadvertido casi en sus comienzos, y después, procediendo simultáneamente y con independencia, Jevons, Walras y Menger. Estos toman por punto de partida el valor de consumo, abandonado por los clásicos. El grado limítrofe de la utilidad, la utilidad límite, quedó constituído como el problema decisivo de la Economía. Aun cuando esta tendencia procede de manera psicológica y matemática, no deja de tener un próximo parentesco con la escuela históricoestadística. Ambas combaten las doctrinas de los clásicos, y la teoría marxista del valor encontró su critico más severo en el austríaco Böhm-Bawerk.

Si bien los ideadores de la utilidad límite creyeron haber descubierto algo totalmente nuevo, Marshall y Dietzel propusiéronse demostrar que la referida teoría y la del costo de los clásicos podían armonizarse perfectamente. El error, error de consideración, de los primeros estaba en descuidar las ideas generales, como la tierra, el capital, el tiempo de trabajo socialmente necesario, la personalidad de los productores. Los segundos intentan remediar estas omisiones apoyándose para ello en la investigación psicológica. En este aspecto no podemos pasar por alto el nombre de Schäffle (1). De este modo ha sido posible una justa rehabilitación de los dirigentes de la Economía, los empresarios. Wirminghaus contrapone el beneficio del empresario, como no limitado, a los restantes tipos de ingreso: salario, renta de la tierra e interés del capital (2), y J. Wolff quiere que el empresario reúna, como productor, la Naturaleza y el trabajo, el capital y la idea técnica (3). Apoyándose en Tühnen, Ehrenberg ha abierto un archivo especial para estos estudios. Pero el propio Thünen, que se esforzó por establecer de un modo exacto las condiciones de la empresa, buscó también una fórmula para el salario justo. Hay que dedicar atención a la psique de la masa del proletariado tanto como a la del empresario.

3. La teoría puede considerar de manera aislada los problemas de la vida económica, y debe hacerlo si quiere comprender su dependencia mutua. Pero el fenómeno económico no es sino un aspecto de la vida del individuo y de la sociedad. Los problemas prácticos de la Economía únicamente pueden apreciarse en sus relaciones con el Derecho y la cultura. Aquí vemos enfrentarse dos concepciones distintas, una de las cuales atribuye el peso decisivo a las formas exteriores de la Economía (ya que estas formas determinan toda la cultura), mientras la otra se preocupa del rendimiento económico, cuyo acrecentamiento es el factor primordial para realizar independientemente los objetivos de la cultura. Se trata, pues, de adoptar una posición frente al problema de la cultura de la humanidad. En este punto han adquirido gran influencia los progresos de las modernas Ciencias naturales, fecundadas por las ideas evolutivas.

De nuevo hay que enfocar la sociedad desde las leyes de la Naturaleza. Ella representa el punto cumbre de la evolución. Según esta doctrina, la sociedad se fundamenta sobre la naturaleza orgánica, de igual modo que ésta lo hace sobre la inorgánica, y la misma ley que podemos observar presidiendo el paso de los protozoos a los vertebrados, rige para el mundo social. Unicamente que, como existía un derecho natural individualista y otro socialista, un investigador, al estudiar la diferenciación e integración de la colectividad humana, atribuye la mayor influencia a la formación de la personalidad individual, mientras el otro la concede a la organización colectiva. Particularmente Herbert Spencer, en su obra The man versus the State (1884), defiende con tesón el primer punto de vista, mientras Schäfffle, en su Bau und Leben des soziales Kórpers sitúa en el centro la dirección colectivista de la lucha por la existencia.

Schäffle, que, en su calidad de ministro austriaco (1871), tuvo ocasión de conocer a fondo la eficiencia de la máquina del Estado, no quería tampoco transferir a éste la dirección de la Economía, sino a corporaciones articuladas profesional y territorialmente, a las cuales se las revestiría de autoridad pública. Junto con Rodbertus, ha ejercido la máxima influencia sobre el socialismo de Estado de Adolph Wagner. Su mérito principal está en el enfoque práctico de los problemas agrario y obrero; sus sugerencias influyeron de un modo esencial en la organización del seguro obrero alemán, entre los años 1880 y 1890. Pero por muy avanzado que se manifestara en este aspecto y por muchos que hayan sido los éxitos que logró, siempre puso en primer plano el bienestar y la independencia de la colectividad, a la cual previno contra el anarquismo práctico de los intereses particulares que se manifestaron en Alemania en el movimiento socialista y agrario de los últimos decenios del pasado siglo.

Como político, Schäffle estuvo por encima de su teoría. Equivocóse cuando habló de una «Economía nacional ético-antropológica», o cuando concibió la Economía política como un «metabolismo de naturaleza ética». Cabe considerar los problemas económicos a la manera de los fenómenos naturales, pero se abandona este punto de vista cuando se habla como político de lo que debe ser atendida la condición humana. La Etica, la ciencia de lo que debe ser, va unida a la doctrina del ser. El error de los apologistas del Derecho natural consistió en haber confundido ambos conceptos: ¡también es natural aquello que no debe ser! La Sociología moderna a menudo incurre en esto mismo error.

El idealismo alemán de Kant y de sus seguidores ha sustituído el racionalismo y el empirismo de la época enciclopedista por una fundamentación crítica de la Ciencia. Para la Economía nacional esta fundamentación no ha sido valorizada todavía suficientemente. Cierto que Fichte ha ejercido influencia sobre la escuela histórica y el socialismo, pero Schmoller procuró darle una interpretación psicológica, y Lassalle estimó a Fichte como político y precursor de Hegel. A pesar de Fichte persistióse en ser empirista o racionalista y, en realidad, cabe dudar de si en las corrientes románticas que se remontan a él, pueden ser superadas por este camino las herencias de la ilustración prekantiana, la resignación relativista o el doctrinarismo parcialista, bases aun hoy de nuestra Ciencia.

Para los problemas teóricos y prácticos de la Economía social, la Logik der reinen Erkenntnis (1902) y la Ethik des reinen Willens (1904) de H. Cohen ofrecen una base de considerable valor.

Sin la critica del valor no pueden ser tratadas ni la evolución histórica ni la política económica; pero es que incluso en la teoría no es posible prescindir de ella, pues el objeto de la Economía social no es el proceso circulatorio de los productos, sino el hombre, el cual necesita aquellos productos, les da valor y organiza su elaboración y distribución. La actividad productora sigue siendo una parte de la actividad humana, y si, por un lado, hay que poner en claro las condiciones y los limites de esta actividad, por otro precisa determinar de una manera precisa los principios que deben informarla. Estos principios en ningún modo son subjetivos, en el sentido de arbitrarios, sino que la Ética está condicionada por la Lógica, la volición es consciente, y de igual modo que las cuestiones relativas a la existencia, también las relativas al deber hay que estudiarlas científicamente, con miras a su conocimiento general. Trátase de partir de la autoconciencia de los que actúan económicamente; conciencia individual que debe ensancharse hasta llegar a ser conciencia colectiva a través de las múltiples organizaciones de la familia, de la clase y de la nación.

En los últimos tiempos la teoría ha procurado ante todo fijar los sectores limites de la Ciencia económica y seguir las relaciones técnicas, psicológicas y judicosociales. La doctrina del capital es una piedra de toque de las teorías. Quien todo lo cifra sobre los bienes reales, como lo hacen Wolf y Cassel al hablar de «objetos del capital» o de «capital real», no escapa al peligro de la confusión de los problemas técnicos y económicos. Pero la Economía tampoco tiene nada que ver con el agrado o el desagrado, sobre cuya comparación Liefmann quiso edificar, cuando él mismo habla en otros pasajes de otras consideraciones económicas, utilidad y comparaciones de costos, que de ningún modo deben atribuirse al sentimiento de agrado, sino que han de resolverse a base de motivos de conveniencia—finalidad perseguida en todo momento, o evitación del agotamiento. Como quedó probado ya desde Smith, en la sociedad basada en el intercambio pueden seguirse perfectamente las leyes económicas; pera si ya Smith se manifestó en favor de intervenciones accidentales en esta libre reunión de los individuos, también Liefmann prevé el arbitraje de la autoridad en las cuestiones básicas, como en la constitución del capital, por ejemplo. Con ello se aspira a la oposición al grupo social-jurídico, representado principalmente por Diehl, la subordinación del individuo al bien común, pero se expresa únicamente una ley general sociológica no específicamente económica, de consecuencias prácticamente nulas. La Economía científica ha brotado de si misma, gracias especialmente a la doctrina de la Economía privada, que, en estos últimos tiempos, viene siendo objeto de atento estudio.

Así como la actividad económica iniciada en los estrechos círculos del pueblo, Ia ciudad y en el seno de reducidas agrupaciones, llega a convertirse en una cuestión nacional y conduce, a través de las fronteras del Estado, a asociaciones económicas mundiales, trátase de hermanar el problema particular de la organización de la Economía (la máxima capacidad de rendimiento para los objetivos de la humanidad, capacidad que sólo podrá conseguirse mediante el desenvolvimiento de las propiedades específicamente nacionales y las características del circulo reducido de la familia y la comarca) con la firme garantía de los derechos personales de los que cooperan en ella.

(1) Su importancia la reconocen tanto CASSEL, Theoret. Sozialökonomie, 1918, como von LIEFMANN, Grundsätze d. Volkswirtschaftslehre.

(2) Diccionario de Economía política: Empresa, Beneficio de empresa.

(3) Die Volkswirtschaft der Gegenwart und Zukunft, 1912.

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