Como la diversa estima de la moneda, es causa bastante para justificar los cambios
Tomás de Mercado

De dos puntos que en este capítulo se han de averiguar, y deslindar: el primero es que los cambios modernos, se fundan en la diversa estimación del dinero, como se entienda que ha de ser universal, de todo un reino, o provincia, o universidad, no particular de dos, o tres, o cincuenta necesitados en el pueblo, sino según los ejemplos puestos declaran, en toda una república, como vemos, que en toda Flandes, en toda Roma, se estima en más que en toda Sevilla, y en Sevilla más que en Indias, y en Indias, más que en Santo Domingo que en Nueva España, y en Nueva España más que en Perú.

Consta y parece lo que dije, si ponemos los ojos en esta negociación. Nunca en cambios se llevan tan grandes intereses, como en los que se hacen a partes, do es evidente se precia mucho la moneda. Los de mayor ventaja son los de Flandes, y Roma aquí, do consta que se tiene en más que en otras partes. Lo cual es buena señal, que a esta diversa estimación tienen ojo los cambiadores y cambios. Lo segundo, de Sevilla a Medina y a Lisboa, y a cualquier parte, lo que hace bajar, o subir la plaza es la abundancia o penuria de la plata, si hay mucha, andan bajos los cambios, si poca crecen, y está claro, que la abundancia, o falta causan, se estime en mucho, o se tenga en poco.

Do se sigue que si estimarse en Sevilla la moneda en esta coyuntura, mas que agora un mes, por algún cuento bastó a mudar la plaza y aumentarla, y en abundando bajara, que la misma estima es fundamento, do siempre estriban, y se fundan estos negocios. Cierto estas dos razones me parecen claras y eficaces, y que muestran a la clara cuán principal en este trato es el tenerse la moneda más en una parte que en otra. Así lo vemos en práctica, que cuando el cambiador sabe que en alguna provincia o cuidad ha de haber grande estrechura, allí procura juntar con tiempo mucho. Hace también muy probable, y aun verdadero este nuestro parecer, haber arriba probado no ganarse por ser la moneda en aquellos reinos de diversa ley, que antes era la misma, ni por estar la una presente, y la otra ausente, ni se llevaba como salario del porte, respecto que pensaban muchos se tenía, do no queda otra razón, ni título en que se funde, si ha de tener algún fundamento, sino tenerse la moneda más en una ciudad, que en otra.

A lo cual vemos aluden los avisos e ingenios de los cambiadores en procurar, poner suma della donde siempre, o algunos días hay gran estima, y las causas también que hacen crecer, o bajar el interés. Si con todo esto alguno porfiare, no ser éste el fundamento, no porfiaré mucho con él, mas queda obligado a descubrir el verdadero, y propio, o a lo menos otro mejor, y más proporcionado. Que en estas cosas obscuras y enmarañadas, no soy tan pertinaz, o tenaz de mi opinión, y sentencia, que crea en ella como en Evangelio. Esta que he explicado, me pareció la más semejante a la práctica, y uso del arte, mayormente que no rastreamos agora la naturaleza, y justicia de un cambio, ni de dos, ni de ninguna especie en particular, ni de los de fuera del reino, ni de los de dentro, sino generalmente de todos, y para todos en común ninguna raíz cierto veo más universal, ni que tanto cuadre. Bien sé que a las veces la necesidad de uno, y la tiranía del otro causan haya gran interés, mas no es razón que se ha de traer en consecuente, tratando de todos en común.

Resta probar, que esto basta para justificar la ganancia que en cambios se alcanza. Ya dijimos que cambiar, en buen romance era trocar, y el trueque para ser lícito, lo primero, y principal que requiere es sea igual, valga tanto lo uno como lo otro, que a valer menos sería injusticia y agravio. Sabemos también que una misma especie de ropa, con no variarse, se precia más en una provincia que en otra. Una arroba de vino se precia mucho más sin comparación en Indias, que en España, y una de aceite, más en Flandes, que en Castilla, tanto que son iguales, una pipa de vino en México, y diez en Jerez, y se podrían trocar y cambiar lícitamente, dar una en Nueva España, por diez en Cazalla. Y dentro del mismo reino, un cesto de aceituna gordal, en Valladolid se puede cambiar, con cuatro en Manzanilla, y serían cambios y trueques justos, y habrían en ellos igualdad. De esta forma pasa en las monedas, que por estimarse más en una parte que en otra vienen, a ser iguales, aunque sea diversa la cantidad, noventa y tres en Flandes con ciento en Sevilla, no por ser de otra ley el ducado, ni de otro valor, sino porque la tierra de suyo lleva (como dicen) hacer más caso del dinero.

Solemos decir, más quiero aquí un real que en otras dos: no porque no valga uno aquí, treinta y cuatro y dos sesenta y ocho, sino porque en más se estiman aquí los treinta y cuatro, que en otra parte los sesenta y ocho. Así, según es grande la ventaja que hacen en la abundancia de oro y plata, las Indias en estos reinos, son de igual estima, y reputación, sesenta ducados en Corte, con ciento en Lima, y con noventa en la Vera Cruz, y aunque señalara mayor el exceso, creo no me engañara. Lo mismo es, destas tierras acá a Roma, con ciento en Burgos, serán bien como noventa y cuatro, en Roma. De modo, que cambiando los ciento, por los noventa y cuatro, es cambio igual, aunque si fuese posible, se diesen aquella misma noche los noventa y cuatro en Italia, sin dilación, o tardanza de tiempo. Y muchas veces en efecto lo querrían así personas, que luego se entregasen, los que envían costas para algunas dispensaciones, o para alcanzar algunos beneficios. Aquel día que dan aquí los dineros, querrían si fuese posible, no tardase la letra muchas horas. Y pierden diez, y a las veces catorce por ciento.

Dirá alguno, que en estas cosas do ejemplificamos de aceitunas y vino, en igual cantidad, es el trueque desigual, por ser realmente distinto el valor. Que en estas partes menos al cuatro doble vale, un barril de aceituna, que en la villa rica. Mas la moneda, plata y oro, tiene el mesmo valor y ley en estos reinos, y aun en todos, cuanto al cambio. Y por tanto no son idóneos ejemplos, o no la misma razón. Cerca desto es muy de advertir, que como en las cosas venales hay sustancia y valor: como en el trigo su naturaleza y su precio, y muchas veces lo que es de mejor natural como un caballo que vive, y siente vale menos que un diamante (cosa insensible) así en la moneda hay dos cosas, que es la una su valor y ley, lo cual es su substancia y naturaleza en ser de moneda: y lo otro la estima. De manera, que lo que es en lo demás extrínseco, y variable: es en la moneda esencia y natural: y la estima es accidental. Y dado que en algunas cosas anden hermanados precio y estima: en las más andan apartados. Y lo que es de poco precio lo estiman todos en mucho, o por ser raro, o por otras razones que pueden concurrir. Especial en la moneda andan deshermanadas.

Y cuanto al cambio se ha de poner principalmente la consideración en la estima universal que hay de la moneda: no en la ley. Como en las cosas venales el precio no sigue la naturaleza, ni se precian según su dignidad, sino según la necesidad que dellas tenemos, y lo que sirve. Así en el cambio real de las monedas no se ha de advertir tanto el valor que es su naturaleza cuanto la estima que de aquel valor se hace. Y vemos claramente que teniendo los metales en muchas naciones el mismo precio, se estiman desigualmente. Así que en las demás cosas se justifica el trueque por el precio, que es en ellas lo extrínseco y lo accidental: y en las monedas por la estima, que también es fuera de su natural y variable. Y cuanto a este punto son los ejemplos muy propios. Conviene saber, que como el trueque en las cosas venales no sigue su natural ni su cantidad, sino su precio (que es accidental) así el cambio de la moneda no mira la ley, ni la cantidad del valor (que es en ella su naturaleza) sino la estima, que de tanta cantidad en el pueblo se hace.

De lo cual todo se colige ser tan necesario se haga el cambio en diversos lugares: que le es esencial. Y a faltar esta condición haciéndose en el mismo (esto es) dando y cobrando los dineros en un mismo pueblo o será cambio menudo, de casi ningún interés, o si es grueso será seco o falsario. Tres cosas son de esencia del cambio, conviene a saber, sea la estima del dinero desigual: mas que esta desigual la iguale la desigual cantidad. Lo cual pide necesariamente diversidad de lugares. Como, cien ducados en Sevilla, y noventa y cinco en Amberes, son iguales en estima, por ser desiguales en cantidad. La desigual cantidad iguala la diferente reputación del dinero que hay en estas partes. Y si el cambio se funda en esta diversa estima general (cosa que no puede haber dentro de un solo pueblo) necesarísimo es, se den en un lugar, y se paguen en otro. Para que haya causa bastante, y razón justa de interesar, lo cual si falta no puede no ser usura. Porque esta diferencia hay entre el cambio y usura. Que el cambio gana por la distancia y diferencia de lugares do se estima diferentemente el dinero. La usura sin pasar por estos caminos, gana por sola la necesidad del que la pide. Todo lo cual se ha de repetir, y declarar más extensamente en los restantes de la obrilla, como fundamento desde edificio, y base desta columna que levantamos porque casi no resta sino aplicar esta doctrina, y regla común a cada especie de cambios en particular.

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