Entre 1600 y 1750 también Portugal se subdesarrolló y no pudo expropiar ya tanto
a su satélite brasileño. A su vez se convirtió cada vez más en un satélite. Los
tratados del siglo XVII, y especialmente el de Methuen en 1703, trajeron la
desaparición de las industrias textiles portuguesas, el paso a manos de
Inglaterra del comercio exterior, e incluso el interior, ambos lusitanos, y la
conversión de Portugal en un mero entrepôt entre la Gran Bretaña y el Brasil y
otras colonias portuguesas. Portugal se convirtió también en exportador de vino,
a cambio de los tejidos que ya no podía producir frente a la competencia de los
productos ingleses que inundaron su mercado, lo que David Ricardo, en 1817, tuvo
la temeridad de interpretar como una ley de "ventajas comparativas". Portugal
vino a ser un satélite-metrópoli que toma una parte cada vez menor del excedente
económico de su satélite brasileño, y eso por el monopolio político que aún
ejercía sobre el mismo, mientras Inglaterra se adueñaba del monopolio económico
y sus frutos.
Dicen mucho a este respecto las observaciones del marqués de Pombal, primer
ministro de Portugal y su segundo Colbert, quien esclareció la situación y, con
ello, las raíces del subdesarrollo del país en 1755, años antes de que Adam
Smith investigara las causas y la esencia de la riqueza de las naciones, y medio
siglo antes de que Ricardo asegurara el mundo que la producción de Portugal y su
intercambio de vino por tejidos de Inglaterra, era una ley universal para el
bien de todos. Pombal escribió:
La monarquía portuguesa daba sus últimas boqueadas. Los ingleses habían sujetado
firmemente a la nación a un estado de dependencia; la habían sometido sin los
inconvenientes de conquistarla... Impotente y sin voluntad propia, todos los
movimientos de Portugal eran regulados para los deseos de Inglaterra... En 1754,
Portugal apenas produjo nada para su propio sustento; dos tercios de sus
necesidades físicas vinieron de Inglaterra... Inglaterra se había convertido en
la dueña de todo el comercio portugués, a través de sus agentes. Los ingleses
eran al mismo tiempo los proveedores y los revendedores de todas las necesidades
de la vida. Poseyendo el monopolio de todo, no se realizaba negocio alguno que
no pasara por sus manos... Los ingleses vinieron a Lisboa a monopolizar hasta el
comercio del Brasil. Todo el cargamento de los buques que eran enviados allí y,
por consiguiente, todas las riquezas que traían de vuelta, les pertenecían...
Estos extranjeros, después de haberse hecho de inmensas fortunas, desaparecieron
repentinamente, llevándose consigo todas las riquezas del país (citado par
Manchester, 1933: 39-40).