En esencia, el "problema indígena" latinoamericano deriva de la estructura
económica del sistema capitalista nacional e internacional. Al contrario de lo
que frecuentemente se alega, no se relaciona con el aislamiento cultural de los
indígenas, ni mucho menos con el aislamiento económico o la insuficiente
integración. El problema de los indígenas, como el del subdesarrollo en general,
se funde en la estructura metrópoli-satélite del capitalismo de que se habla en
este libro, y sus manifestaciones son partes integrantes de esa estructura. Sin
referirnos a los conocidos estudios sobre la base económica de este problema que
hace siglos hicieron Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias y Jorge
Juan y Antonio Ulloa en sus Noticias secretas de América, podemos tomar en
cuenta la opinión del más renombrado investigador del Perú en nuestro siglo,
José Carlos Mariátegui:
"Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden éste como
problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teóricos —y a
veces sólo verbales— condenados a un absoluto descrédito. No [las] salva a
algunas su buena fe... La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene
sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de
resolverla con medida de administración o policía, con métodos de enseñanza o
con obras [de vialidad], constituye un trabajo superficial o adjetivo". (Mariátegui,
1934: 27).
Ese juicio es secundado por el antropólogo norteamericano Eric Wolf, quien dice
que el etnicismo y la comunidad corporativa del indígena latinoamericano son más
una cuestión de estructura que de cultura, y también por su colega mexicano
Rodolfo Stavenhagen, cuando dice que "las relacionen coloniales y las relaciones
de clase constituían la base de las relaciones étnicas", y que "la ciudad
regional fue un instrumento de conquista y es aún hoy un instrumento de
dominio". (Wolf, 1955: 456-457; Stavenhagen, 1963: 91, 81).