Las contradicciones capitalistas de la apropiación del excedente dentro de la
estructure metrópoli-satélite del capitalismo mundial y nacional iban a
determinar también el desarrollo y el subdesarrollo de Chile en el siglo XIX. En
verdad, no sólo las nuevas contradicciones del período "nacional" posterior a la
independencia, sino también, y acaso principalmente, los prolongados efectos de
las contradicciones capitalistas del período colonial, siendo como eran
manifestaciones concretas en el siglo XIX de las contradicciones capitalistas
fundamentales de toda la historia chilena, frustraron los esfuerzos de Chile por
desarrollar su economía nacional y condenaron a su pueblo al continuo desarrollo
del subdesarrollo. Tomo la palabra "frustraron" del fundamental y excelente
estudio de Aníbal Pinto, Chile: un caso de desarrollo frustrado. Yo acepto su
análisis hasta donde alcanza. Pinto sugiere que el Chile colonial tuvo una
economía reclusa y que sólo después de la independencia abrió sus puertas e
intentó un desarrollo hacia afuera, que fue frustrado por los intereses adversos
y el poderío combinado del imperialismo y la reacción nacional. Pero mi
explicación de esta frustración difiere de la de Pinto en que yo trato de buscar
las causes y raíces de la frustración del desarrollo económico de Chile y el
desarrollo de su subdesarrollo en los comienzos de su historia y en la
estructura del sistema capitalista, cuyas raíces se implantaron entonces y cuyos
amargos frutos se cosechan ahora.
Según mis términos, la experiencia chilena en el siglo XIX puede describirse
como la de un país satélite que intenta lograr su desarrollo económico por medio
del capitalismo nacional, y fracasa. Durante un tiempo, reiteradamente por
cierto, Chile trató de resolver algunas de sus contradicciones capitalistas con
la metrópoli mundial imperialista. Conociéndola como la conocía, Chile trató de
escapar de su condición de satélite capitalista y se aventuró en esfuerzos por
su desarrollo económico a través de programas bismarckianos de fomento nacional
patrocinados por el Estado, mucho antes de que Bismarck pensara en ello y
mientras Friedrich List trataba aún de persuadir a Alemania a adoptarlos. Pero
todas estas tentativas se continuaron dentro de la estructura del capitalismo,
aunque ahora se tratase, del capitalismo "nacional".
Si el capitalismo nacional o estatal, en el siglo XIX, pudo todavía haber
emancipado a Chile —o a cualquier otro país entonces satélite y hoy
subdesarrollado—, o si pudo haber reparado los efectos de su anterior condición
de satélite y abierto así el camino a un desarrollo económico semejante al de la
metrópoli, es cosa difícil de decir hoy. Yo me inclinaría a creer que tal
liberación nacional de un país dependiente a través del capitalismo nacional
probablemente no era ya posible en el siglo XIX, como sin duda ya no es posible
en la presente centuria. Pero puede decirse con seguridad, porque la evidencia
histórica es clara, que ni Chile ni país alguno del mundo que haya estado
firmemente incorporado como satélite al sistema capitalista mundial, ha podido,
de hecho, escapar desde el siglo XIX de ese status y alcanzar su desarrollo
económico basándose solamente en el capitalismo nacional. Los nuevos países que
desde entonces se han desarrollado, como los Estados Unidos, el Canadá y
Australia, habían logrado ya una sustancial independencia económica interna y
externa o, como Alemania y más significativamente el Japón, no habían sido nunca
satélites, o como la Unión Soviética, rompieron con el sistema capitalista
mundial mediante una revolución socialista. Significativamente, ninguno de estos
países más o menos desarrollados era, cuando emprendió su desarrollo, más rico
que Chile cuando intentó hacer otro tanto. Pero -y ésta es, a mi juicio, la
diferencia importante—, no estaban ya subdesarrollados.