En 1736, el virrey del Perú, José Armendáriz, apuntó: "la insigne dependencia
que esta capital [Lima] tiene de un reino [Chile] que es el almacen de las
preciosas especies... y el depósito de los granos con que la alimenta... que sin
Chile no existiera Lima..." (Ramírei. 1959:33.) No obstante, un observador
oficial informaba en 1802 que "Chile sufre, en efecto, todas las verdaderas
pérdidas de un comercio meramente pasivo" (Ramirez, 1959:51). La dependencia de
Lima respecto de Chile, que no obstante llevó a éste "todas las pérdidas
connaturales de un comercio pasivo", fue, por supuesto, el resultado y el
reflejo del carácter y la relación de satélite capitalista de Chile con respecto
a su metrópoli primaria, Lima, y con respecto a las metrópolis española y
francesa también.
El estudio de Chile en el siglo XVIII revelará cuán profundamente arraigadas
estaban ya las contradicciones capitalistas en el país, tanto en sus relaciones
con el mundo exterior como en cuanto a su estructura económica, política y
social. Tan profunda y firmemente arraigadas, en realidad, que el pueblo de
Chile no pudo evitar el continuo desarrollo del subdesarrollo chileno en los
siglos XIX y XX, a despecho de algunos esfuerzos por resolver las
contradicciones capitalistas y evitar que Chile continuara subdesarrollándose.
Todas estas tentativas de liberación se efectuaron dentro de la estructura
capitalista misma; no podía ser de otro modo entonces. Después de las elecciones
de 1964, debemos afirmar una vez más que el pueblo chileno no ha logrado todavía
la necesaria emancipación de la estructura y el proceso económicos que
inevitablemente producen al mismo tiempo un desarrollo limitado y un
subdesarrollo estructural.
Las tres contradicciones capitalistas de la expropiación-apropiación del
excedente, de la polarización metrópoli-satélite y de la continuidad en el
cambio en el Chile del siglo XVIII se expresan de la mejor forma, quizás,
apelando a la observación de Marx acerca de que "en todas las esferas de la vida
social la parte del león corresponde al intermediario. En el campo de la
economía, v.gr., los financistas, los especuladores de la bolsa de acciones, los
mercaderes, los tenderos se llevan la crema; en los asuntos de la vida civil...
en la política... en la religión" (Marx, I, 744, nota 1). El poder monopolista
de los intermedios expropió-apropió el excedente económico a través y dentro de
la estructura capitalista de las encadenadas constelaciones-metrópoli-satélite,
y dominó las relaciones de comercio y producción entre Lima y Chile hasta el
punto de resistir y vencer toda oposición pública y oficial a ellas en ambos
países; caracterizó la producción y distribución chilena y peruana de productos
agrícolas; cambió totalmente en Chile la institución de la propiedad de la
tierra en formas que sólo después vendrían a ser mal llamadas "feudales";
determinó la nueva extinción de las industrias manufactureras chilenas que
habían surgido al amparo del relativo aislamiento del siglo XVII.