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Trueque y Economía Solidaria
Susana Hintze (Editora)

2. Los estudios sobre el trueque en la Argentina

Las investigaciones empíricas sobre el trueque

b) Representaciones sociales y estrategias de supervivencia (nodo “La Estación”, en la ciudad de Buenos Aires)

 

El trabajo de Myriam Ford y Mercedes Picasso (2002) recurre también a la metodología de caso. En el marco de una investigación más amplia consistente en un intento de aproximación cualitativa al fenómeno de las representaciones sociales de los trabajadores con problemas de empleo, el texto considera al trueque como estrategia de supervivencia y discute su papel desde el punto de vista de cuál pueda ser su relevancia dentro de la economía argentina en el nivel macrosocial.

 

El caso analizado es el nodo “La Estación”, iniciado en Julio de 2001 por un grupo de ex presos políticos que se organizaron como mutual bajo el nombre de “Mutual Sentimiento”.1 La mutual tiene en vista varios proyectos, todos vinculados con el nodo, como crear un Instituto de microemprendimientos y organizar un centro de salud (con atención médica especializada y una farmacia con remedios a pagar en pesos y créditos).2

 

También aquí los entrevistados expresan que el nodo sufre problemas por la escasez de bienes de primera necesidad (que sólo se pueden conseguir en el mercado formal y en pesos), por el abandono por parte del Estado de su papel de agente regulador y la aparición de actividades como la emisión y venta de créditos por pesos. Desde el punto de vista de la composición social, en los integrantes del nodo entrevistados se reitera la situación encontrada en los dos estudios reseñados más arriba: mayoría de desocupados o con graves problemas laborales y de ingresos, mayoritariamente con secundario completo y terciario y universitario completo. Prácticamente todos tienen casa propia. Uno de los entrevistados ha sido propietario de una pequeña empresa y otro es una artesana cuentapropista; los restantes, trabajadores asalariados desocupados (ex trabajadores en el sector público, una empleada doméstica, y tres empleadas en el sector privado, una con cargo jerárquico, incluyendo también un trabajador de oficio pastelero).

 

Entre las causas que motivaron la llegada al trueque aparecen como fundamentales la imposibilidad de reinsertarse en el mercado laboral y la insuficiencia del ingreso para cubrir las necesidades (en ese sentido lamentan no poder pagar los servicios en créditos). En función de los artículos que llevan a trocar, se distinguen dos grupos: uno que produce los bienes que trueca y otro que lleva aquello que “les sobra” y piensa que puede intercambiarlo. Dentro de los primeros, el trueque se representa como un trabajo en tanto “ocupa” nuevamente el tiempo de estos individuos y les permite acceder a determinados bienes. Entre los segundos, el trueque es vivido como otra estrategia de supervivencia, que implica, además, un vínculo con otros.

 

En lo que respecta a las representaciones, las autoras encuentran que no son homogéneas: por un lado, están las de aquellos que perciben su actividad actual como un descenso social, que implica a la vez tener que “confundirse” con “otros” que son descriptos negativamente. Observan que, consecuentemente dentro de este grupo, aparece una pugna por tratar de “diferenciarse”, intentando mantener de alguna forma su posición en el espacio social –a través del consumo, como se pueda– a fin de afianzar la propia identidad en crisis. Aquí los entrevistados dan una visión del trueque “como un lugar de pobres y para los pobres” donde se ofrecen artículos de segunda: un “shopping de los desocupados y los pobres” al que no todos asisten con las mismas intenciones, pues están por un lado los que se “aprovechan”, los “otros”,3 por oposición a un “nosotros” que pone lo mejor de sí para salir adelante.

 

A la inversa, otro grupo intenta recuperar, al menos parcialmente, su identidad social al participar de un espacio donde su trabajo, al ser valorado por otros, legitima a la vez la propia valoración. A diferencia del grupo anterior, éste no percibe su participación en el trueque como una actividad descalificatoria. Aunque los entrevistados siguen demandando la acción estatal, aparece aquí un intento por compensar la situación de aislamiento, empobrecimiento, depresión, etc., a partir de la acción de cada uno de los individuos.

 

“Sin embargo, la actividad del trueque se percibe como un refugio transitorio donde evitar la identificación como desempleados apelando a un status substituto, una nueva identidad que los incluye como actores económicos pero con características diferentes, como la solidaridad, la confianza, y la ayuda mutua. Participar en el trueque es entonces un instrumento para evadir el aislamiento en que los sumerge la desocupación y un ensayo de recomposición de una identidad social que se ha quebrado ante la privación de los vínculos sociales expresados en la relación laboral. En tanto estrategia de supervivencia, el trueque compromete a los individuos más allá de lo económico, en un conjunto social donde recuperan aquello de lo que han sido y continúan siendo privados ‘afuera’: una identidad a partir de una nueva inclusión en la que cada uno puede reconocerse en el otro.”

 

Consideran que el trueque, a la vez que permite a los actores construir ese estatus sustituto del de desocupado, también aparece como un sustituto limitado del mercado formal. Las autoras ponen en duda la posibilidad de convertirlo en un mercado solidario debido a la existencia de tensiones entre lo que el trueque “debe ser y lo que efectivamente es”, lo que deviene de su propia naturaleza mercantil (usan como ejemplo el problema, por un lado, de la falta de alimentos y materias primas con las que trabajar, y por otro, el precio excesivo de estos productos en los raros momentos en que aparecen a la venta). Al respecto señalan: “En este sentido nos parece importante remarcar esta discordancia entre la existencia de un esfuerzo por recuperar la identidad personal y social perdida y el hecho de que esta recuperación se trate de hacer efectiva a través de la construcción de un mercado.

 

Es aquí donde se produce la escisión entre lo que el trueque es como espacio social y lo que debería ser desde las representaciones de los individuos. “Al tiempo que se plantea la necesidad de recuperar la solidaridad entre aquellos que han sido privados de todo; se la busca a través de la recreación de un mercado. La contradicción entre las representaciones de estos sujetos y su práctica efectiva se funda en la internalización –y, por ende, la legitimación por parte de los mismos en su exteriorización práctica– de los valores dominantes acerca del mercado como legítimo distribuidor de premios y castigos.”4


1. El estudio se basa en 12 entrevistas en profundidad a participantes en el trueque, una entrevista grupal a los miembros de la organización del nodo (considerados como informantes clave) con el fin de relevar datos acerca de la historia y funcionamiento del nodo y en observación directa efectuada en las visitas al lugar.

 

2. El nodo empezó a funcionar en el primer piso de un edificio ubicado en la Av. Federico Lacroze 4181, junto a la estación de trenes de Chacarita Las instalaciones fueron cedidas por el Estado a través del O.N.A.B.E. (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), ocupando tres pisos y un galpón de 350 m2 prestado por Metrovías. En los primeros tiempos concurrían según sus organizadores aproximadamente 300 personas, en el 2002 entre 3000 y 5000 personas, los días miércoles y sábados. El nodo pertenece a la Red Global del Trueque, sin embargo uno de los entrevistados dice que “...conservamos cierta autonomía...” debido a las diferencias existentes entre la Red Global del Trueque y la Red del Trueque Solidario.

 

3. En el estudio de González Bombal (véase sección V), al referirse a un nodo de José C. Paz se hace referencia a problemas similares. “La red intensa de lazos sociales que constituía este grupo comienza a ser amenazada por los principios del intercambio generalizado que signan al trueque como red extensa. Y empiezan los conflictos entre un ‘adentro’ –caracterizado por la solidaridad y un consumo de subsistencia– y un ‘afuera’ de otros con menos necesidades y que operan más estratégicamente” (compras de gente con mayor experiencia que lo hace en cantidad aprovechando la diferencia de precios entre nodos; gente que acumula créditos y luego los utiliza en otros nodos).

 

4. “Y aquí nos preguntamos cómo sería posible el planteo de Coraggio en torno de impedir que el objetivo de mejoría personal tienda a imponer la ley de la competencia, cuando la ley de la competencia es inherente a la lógica de todo mercado. En este sentido, una vez instaurada la lógica de la competencia, nos preguntamos ¿cómo convencer a los competidores de que, fundándonos en el acuerdo de una moral compartida que proporcione una forma de autocontrol del interés individual, esta redundaría en la conveniencia personal de todos los miembros?” (Ford y Picasso, 2002)


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