EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

14.- SÍNTESIS Y REFLEXIONES FINALES¹

La controversia en el ámbito de la metodología en el contexto de la filosofía de la ciencia en general ha generado un debate continuo en la metodología económica, sobre todo, a partir de comienzos de los setenta, cuando muchos de los postulados keynesianos y neoclásicos empiezan a derrumbarse. Con el objeto de sintetizar las diferentes posturas metodológicas, podemos tomar como válida la amplia división que realiza Gerrad (1995) en los siguientes dos grupos²:

1. Metodologías tradicionales. La controversia en torno a la metodología tradicional gira en torno a dos posturas contrapuestas: deductivismo y empirismo. El deductivismo tiene como soporte básico el enfoque axiomático. La teoría económica se formula en forma de axiomas que son verdades evidentes. Las implicaciones de la teoría económica son ciertas si se deducen a partir de los axiomas de una manera lógicamente válida. Desde la perspectiva deductivista, la evidencia empírica no determina el estatus de veracidad de la teoría económica, que está asegurado por el enfoque axiomático. La evidencia empírica determina la aplicabilidad de las teorías económicas sólo en circunstancias específicas. La aplicabilidad depende de la ausencia de influencias transitorias que han sido excluidas. De la teoría. Esta aproximación a la investigación empírica es lo que Blaug (1992) denomina “verificacionismo”. En contraste con la anterior, el empirismo sostiene que el estatus de veracidad de la teoría económica depende de su consistencia con los fenómenos observados. La forma moderna del empirismo es el punto de vista falsacionista propuesto por Popper.

2. Nuevas metodologías. Los nuevos puntos de vista sobre la ciencia giran entorno a dos aspectos fundamentales: a) las teorías científicas son un conglomerado de estructuras y b) la ciencia es un proceso social. Ambos elementos son recogidos por Kuhn en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”. La consideración de la economía como una estructura científica se ha adoptado utilizando principalmente dos marcos de análisis: la estructura de las revoluciones científicas de Kuhn y los programas de investigación científica de Lakatos. Sin embargo, la aplicación de estas metodologías a la economía no está exenta de problemas. Por ejemplo, en que en nuestra disciplina no se produce la sustitución de paradigmas propugnadas por Kuhn. Como ya expusimos en su momento, si analizamos los ejemplos de los paradigmas neoclásicos y keynesiano, el advenimiento de este último no supuso la sustitución del anterior, se produce una coexistencia de ambos. Con relación a la aplicación de la metodología de Lakatos a la economía, analizábamos cómo proporcionaba una interpretación de la historia de nuestra ciencia bastante ingeniosa, no obstante, para algunos detractores, como Katouzian, la explicación lakatosiana ofrece inconvenientes que se derivan de la inexistencia de una continua revisión de la heurística positiva de los distintos programas, y de la falta de refutación de la misma. En definitiva, el procientífico en economía, como ya expusimos en un principio, no se produce en base a una aplicación estricta de una u otra metodología, todo lo contrario, pensamos que las distintas aportaciones y controversias metodológicas con enriquecedoras par el conocimiento científico en general y, por supuesto, para el nuestro en particular Es más, como apunta Gerrard (1995), cualquier intento de encuadrar a los economistas en una escuela metodológica perfectamente definida sería un error. Los economistas están motivados primaria y fundamentalmente por la aplicación de sus métodos, sin necesidad de que éstos sean explícitos o filosóficamente consistentes.

Como conclusión de lo tratado, podría afirmarse que el progreso de la Ciencia Económica, entendiendo por tal progreso la elevación de su capacidad explicativa, predictora y transformadora de la realidad, conlleva necesariamente la mejora de los niveles de comunicación y cooperación entre aquellos economistas dedicados a la teoría y aquellos otros cuya actividad preferente es la economía empírica. Para lograr este objetivo parece imprescindible que en la línea de lo que realizan o han realizado prestigiosos economistas como A. Marshall, Chamberlain o J. Robinson, los profesionales que trabajan preferentemente en el área teórica diseñen modelos más flexibles que den cabida a problemas y supuestos más reales y susceptibles de contrastación. Solo así será factible que el “economista aplicado”, cuya tarea absorbente es la búsqueda, depuración y tratamiento analítico de la información, logre el aprovechamiento y, en su caso, enriquecimiento de los modelos teóricos. Es claro que, pese a su aparente facilidad, la anterior tarea es ardua y difícil por cuanto implica la confrontación con los prejuicios y hábitos imperantes en nuestra comunidad científica.

Por último señalar, que al economista aplicado le quedan aún las tareas, tampoco sencillas, de fundamentar sus trabajos empíricos en un marco teórico de referencia, tratando de incorporar, además, todas aquellas cuestiones de índole institucional e histórica que puedan quedar marginadas de los modelos genéricos pero que son imprescindibles para la interpretación de una parcela concreta de la realidad económica. Además de ello, ha de seleccionar y utilizar el aparato instrumental más adecuado para el tratamiento de los datos.

En definitiva, esta parece la mejor vía para, aprovechado las ventajas que brinda la especialización, conseguir avanzar en el conocimiento y transformación de una realidad mutante y compleja. Esto no impedirá que sigan existiendo tendencias y posturas dispares, pero si permitirá que éstas se intercambien en un clima de auténtico debate científico en vez de estériles enfrentamientos que se suscitan cuando siquiera existe un mínimo consenso sobre el lenguaje formal.  


1. Quiero señalar que soy consciente de que las reflexiones precedentes no son útiles para configurar una estricta normativa metodológica sino, más bien, un mero “talante científico” no exento de dudas y problemas.

2. Adicionalmente en la segunda edición del libros clásico de Blaug (1992) sobre metodología de la economía, y en la obra de Hausman (1992),, se ilustra con bastante claridad esta división metodológica de la economía aunque desde diferentes puntos de vista. Blaug representa el enfoque empirista de la metodología económica, mientras que Hausman adopta un enfoque más deductivista.

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