EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

12.-CONTROVERSIAS METODOLÓGICAS CONTEMPORÁNEAS

En 1982 Leontief envió una carta al editor de “Science” en la que afirmaba que la profesión económica había llegado a estar dominada por artículos en los que el trabajo empírico era o bien elemental o trivial o estaba totalmente ausente, y en los que la teoría, la simulación y una agregación errónea eran fundamentales. La profesión económica se caracterizaba por no mostrar preocupación ante el deterioro de la calidad de las fuentes de datos que podían utilizarse para revitalizar el trabajo empírico útil. Estos problemas los consideraba Leontief serios si la Economía ha de tener éxito como una especialidad científica (esto es, empíricamente fundamental) y no como una rama de las matemáticas aplicadas.

Más de dos décadas después las preocupaciones de Leontief siguen siendo relevantes. Aún más, prácticamente desde sus orígenes la Economía se ha caracterizado por las controversias metodológicas y concepciones filosóficas muy distintas, (Coats, 1986, p. 109.)

Así tras las disputas metodológicas entre Menger y Schmoller (Methodinstreit), que trato de superar J.N. Keynes en The Scope and Method of Political Economy, tal y como anteriormente se ha expuesto, Robbins volvería a acentuar nuevamente la orientación deductivista en 1932.

Robbins proclamó de nuevo el carácter deductivo de las generaciones económicas, al tiempo que descalificaba la validez del método inductivo: “ya hemos tenido a la escuela histórica, y ahora tenemos a los institucionalistas (...) y, sin embargo, sus esfuerzos no han cristalizado en ninguna ley merecedora de este nombre ni en ninguna generalización cuantitativa de validez permanente. A lo más, una cierta cantidad de material estadístico interesante y varias monografías útiles sobre ciertas situaciones históricas. Pero ninguna “ley concreta”, ninguna uniformidad sustancial de “conducta económica” (Robbins, 1951, pp.55-56).

Las elaboraciones teóricas parecían tener que obtenerse mediante procesos deductivos a partir de unos supuestos básicos de tal naturaleza que “nadie discuta dicha existencia” (Robbins, 1951, pp.114). El panorama metodológico de la Ciencia Económica registró, con la publicación de la obra de Hutchison “The Significance and Basic Postulates of Economic Theory” en 1938 cambios trascendentales. Con esta obra se produce la introducción explícita del criterio metodológico de falsabilidad de Popper en los debates económicos.

En realidad la lista de economistas cuyos escritos metodológicos revelan la influencia de Popper incluye a G.C. Archibald, Jack Birner, Mark Blang, Lawrence Boland, Wade Hands, Friedrich Hayek, T.W. Hutchinson, Joop Klant, Spiro Latsis y Stanley Warp entre otros (Caldwell, 1991, p.1). Friedman (1967) sería con su obra “La Metodología de la Economía Positiva” el más polémico y, al mismo tiempo, más difícil de clasificar como falsacionista ya que, como a continuación se expondrá, su metodología ha terminado denominándose instrumentalismo (Beed, 1991 y Mongin, 1987).

Además de Popper, los economistas comenzaron a recurrir de un modo más regular a los resultados alcanzados en el ámbito de la filosofía de la ciencia y autores como Lakatos, Kuhn, Feyerabend, Nagel, Hempel, etc..., pasaron a ser familiares. Asimismo se ha ampliado el campo de los problemas metodológicos en Economía para incluir temas tales como la cuestión de la relevancia de los supuestos, y el papel de los juicios de valor.

No se pretende en este apartado realizar una revisión exhaustiva de las aportaciones metodológicas de las últimas décadas. Por ello, tras las anteriores consideraciones, la exposición que sigue se limita a dejar constancia de la variedad de enfoques metodológicos que en la actualidad se observan en los trabajos publicados en las revistas científicas más relevantes y en los libros de texto y tanto en la corriente principal del pensamiento económico como entre los numerosos y contrapuestos movimientos heterodoxos hoy existentes. La constancia de esta diversidad metodológica se puede poner de manifiesto, a nuestro juicio, recurriendo a los trabajos de Deane y Boland y resaltando, en tercer lugar, cuáles son las diferencias metodológicas principales entre la economía neoclásica y el más duradero de los movimientos heterodoxos: el institucionalismo.

Deane (1980 y 1983) considera que hay una ruptura metodológica crucial entre un enfoque positivo y otro normativo en la Economía que subyace en el debate actual entre los neoclásicos y los postkeynesianos (a veces llamados Escuela de Cambridge); y esta discusión refleja una diferencia fundamental desde el punto de vista de sí las teorías económicas deben expresar los juicios de valor personales del teórico y ser relevantes para un ámbito social e institucional determinado, o, en cambio, las teorías deben en principio ser formuladas en términos objetivos y tomar en cuenta los valores éticos y el contexto social en el momento de ser aplicadas al análisis empírico.

Así para Friedman “La economía es, en principio, independiente de cualquier posición ética particular o juicio normativo”, en cambio, desde la otra perspectiva, como ha señalado Myrdal, muchos de los conceptos básicos de la economía están cargados de implicaciones normativas, por lo que las teorías económicas no son nunca en la práctica ajena a los juicios de valor, por muy objetivas que sean las intenciones de los teóricos.

Entre las características comunes de los economistas neoclásicos. Deane señala las siguientes:

1. Su énfasis en la consistencia lógica, a veces reflejado en una tendencia a moverse en la dirección de modelos matemáticos abstractos y, en particular, modelos de equilibrio general.

2. Su despreocupación por el realismo de sus supuestos básicos con la justificación de que el test ácido de una teoría es si funciona, es decir si sus implicaciones (descriptivas, explicativas o predictivas) son confirmadas por la experiencia. Esta inclinación se refleja, a menudo, en la tendencia a desarrollar sofisticadas técnicas de cuantificación y de análisis estadístico.

3. Finalmente, una tercera seña de identidad de un economista neoclásico es su desinterés para tomar en cuenta los cambios en las motivaciones, las instituciones, los sistemas de información y las actitudes culturales.

Por su parte, entre las características que distingue a la metodología postkeynesiana de la neoclásica, Deane menciona las siguientes:

1. Los postkeynesianos tienen más afinidades con la metodología de Marx y Ricardo que los neoclásicos. Como la teoría de la evolución del sistema capitalista de Marx, el tipo de modelo postkeynesiano debe poco a las analogías mecánicas de los neoclásicos y reconoce la posibilidad de cambio orgánico. Así mismo, vuelven a Ricardo, y a las ideas que prevalecían antes de la revolución marginalista, al poner más énfasis en la interdependencia de la producción que en la interdependencia de los mercados.

2. Adoptan el supuesto keynesiano de que las decisiones de inversión son independientes de las decisiones de ahorrar y explican la inversión, como hacía Keynes, en términos de “animal spirits, expectativas y cambio técnico”.

3. Finalmente, su objetivo no es básicamente predecir, sino analizar y explicar y, por tanto, no intentan forzar a sus variables en forma directamente cuantificable.

Por su parte Boland (1988 y 1992) considera que dentro de la corriente principal del pensamiento económico, desde la segunda Guerra Mundial, las cuestiones metodológicas despiertan escaso interés entre los economistas. Para Boland, entre los economistas ortodoxos el método aceptado es alguna forma del descriptivismo de Paul Samuelson o alguna variante del instrumentalismo de Friedman.

El descriptivismo es el método en el que las teorías no son consideradas explicaciones sino mejores o peores descripciones analíticas de los fenómenos observables. El instrumento llega aún más lejos alegando que las teorías son únicamente instrumentos utilizados bien para hacer predicciones con el objetivo de asesorar a los gobernantes o bien para realizar medidas empíricas de los parámetros esenciales del mundo real.

La posición de Friedman, bien acogida por un amplio grupo de economistas, también suscitó discrepancias en otros sectores. Tal fue el caso del profesor Koopmans, quien mantuvo la necesidad de contratar los supuestos. Para Koopmans la verificación presta apoyo a la totalidad de los postulados considerados en conjunto. La refutación indica que al menos uno de los postulados no es adecuado par el propósito de explicar los fenómenos a los que se refieren las conclusiones. Es por ello que resulta necesario contrastar los supuestos, aquellos supuestos que parecen evidentemente obvios, en el sentido que exista una correspondencia entre los términos usados y la realidad. Por tanto ni los postulados de la teoría económica son enteramente evidentes, ni las implicaciones de cualquier conjunto de postulados son fácilmente contrastables.

Finalmente Dugger (1979) considera que salvo los marxistas, la mayoría de los economistas tienden a agruparse en torno a dos conjuntos significativamente diferentes de preconcepciones. Un conjunto está compuesto por los neoclásicos, y el otro, por los institucionalistas. La confluencia a veces es frecuente, pero el hecho de que la American Economic Association y la Associatión for Evolutionary Economic sean organizaciones separadas constituye evidencia de las divergencias existentes en la profesión, al menos en los Estados Unidos.

El institucionalismo se diferencia de la economía neoclásica en que:

1. Los institucionalistas tratan de construir modelos patrones mientras que los neoclásicos pretenden construir modelos predictivos. Un modelo patrón explica el comportamiento humano colocándolo cuidadosamente en su contexto cultural e institucional. Un modelo predictivo explica el comportamiento humano estableciendo supuestos y deduciendo implicaciones (predicciones) de dichos supuestos.

2. Para generar sus predicciones, los neoclásicos utilizan como unidad de análisis el individuo maximizador de utilidad y la empresa maximizadora de beneficios.

3. El enfoque institucional toma la perspectiva psicológica del conductismo. El conductismo hunde los fundamentos de la acción humana en las estructuras institucionales (normas, usos, hábitos) más que en las preferencias individuales.

4. No solo las preconcepciones de los institucionalistas y los neoclásicos son bastante diferentes, sino que también difieren en el tipo de evidencia que requieren: estructural y predictiva. La evidencia estructural de los institucionalistas se refiere al modelo patrón establecido como hipótesis. La evidencia predictiva se dirige a la confirmación con la realidad de las predicciones derivadas del modelo teórico propuesto.

5. Finalmente, los modelos “patrón” de los institucionales no permiten ni tienen como objetivo la generación de deducciones lógicas o predicciones, tal como lo hacen los modelos deductivos de la teoría neoclásica.

Llegados a este punto, ya estaríamos en condiciones de evaluar, utilizando una terminología lakatosiana, los distintos "“programas de investigación científica” que han ido surgiendo a lo largo de la reciente historia de nuestra ciencia. Sin embargo, en este apartado queremos centrarnos además de lo mencionado, en algunas cuestiones metodológicas de la economía moderna.

Junto a Blaug (1985), podemos decir que no debemos olvidar que el objetivo principal de la economía consiste en predecir, y no simplemente explicar. En este sentido, la debilidad primordial de la economía moderna consiste en su dificultad para producir teorías que generen implicaciones refutables claras, junto con una falta de voluntad hacia la confrontación de dichas implicaciones con los hechos, Dos ejemplos claros pone este autor para confirmarlo:

• La moderna teoría del crecimiento, que consiste en el análisis de un estado estacionario en el que se introduce un elemento de crecimiento. Añadiendo el progreso técnico y aumento exógenos de la oferta de trabajo. Se trataría por tanto de un modelo estático, de un solo periodo. En este caso, si no existe relación entre la senda de crecimiento y la experiencia histórica del desarrollo económico, difícilmente podrán analizarse las causas del crecimiento desequilibrado o las políticas necesarias para controlar la economía.

• La moderna teoría del comportamiento del consumidor, pues pocas evidencias existen de que esa corriente haya tenido gran impacto sobre la estimación de curvas de demanda. En palabras de Blaug (1985, pág. 288): “Predican la importancia de someter las teorías a la contrastación empírica, pero raramente mantiene en la práctica sus normas metodológicas declaradas.

Sin embargo, en la actualidad los economistas se ocupan de la investigación empírica, lo que ocurre en la mayoría de los casos es que existe una conformidad con las predicciones obtenidas, con lo que se sustituye la tarea de la falsación por la verificación, que ofrece menores dificultades. Esa conformidad viene producida, generalmente, por la carencia de datos fiables como de técnicas poderosas que nos permitan distinguir y contrastar las proposiciones positiva:

1. Poner mucho énfasis en la recopilación y depuración de datos.

2. No considerar los resultados econométricos como definitivos, intentar repetirlos utilizando diferentes muestras. Mayer (1980) se manifiesta muy optimista al considerar la posibilidad de obtener diferentes muestras. En la mayoría de los casos, sobre todo cuando trabajamos con series temporales, disponemos de una única realización y a partir de la misma hemos de realizar la contrastación o inferencia sin posibilidad de repetición.

3. No elegir los trabajos científicos, por parte de las revistas especializadas, en base a la sofisticación técnica, sino a su validez y aplicabilidad. Asimismo, reclama de las revistas que exijan de los autores la presentación de la totalidad de los datos para su fácil contrastación por otros autores.

En definitiva, a pesar del alejamiento, que para el análisis de la realidad económica implica, en gran medida, la postura metodológica de muchos neoclásicos, se ha de reconocer que los postkeynesianos y los institucionalistas son básicamente creadores de modelos; y no han logrado tener numerosos seguidores en la economía aplicada. Paradójicamente, ha sido la escuela neoclásica, con sus supuestos conscientemente irrealistas, las que más influencia ha tenido en el análisis aplicado.

Quizás por ello en la actualidad, existe una línea mayoritaria de pensamiento que plantea la necesidad de un grado de integración entre el trabajo teórico y empírico mayor del previamente existente.

Así pues, el progreso de la Ciencia Económica debería depender, a tenor de esta línea mayoritaria de pensamiento de:

1. La disponibilidad de mayores y mejor organizadas bases de datos. Como se ha lamentado Phelps-Brown (1972, p.9). “En el estado presente de nuestra ciencia... deberíamos valorar más alto el poder de observación que el poder de abstracción y la intuición de los historiados más que el rigor del matemático. Nuestra necesidad básica de más observaciones sobre el comportamiento actual debería hacernos estimar las habilidades de aquellos que pueden reunirlas...”

2. Abrir la disciplina para incorporar teorías, conceptos y nuevas ideas generadoras en disciplinas afines.

3. Tener en cuenta que la Ciencia Económica, como otras ciencias sociales, estudia un tipo de sistema diferente al de las ciencias físicas. No sólo está en un estado de flujo constante, sino que su desarrollo está sujeto a un elevado grado de incertidumbre.

Así pues, es posible que los economistas tengamos que aprender mucho más sobre el comportamiento de las personas en los aspectos económicos de sus vidas, y sobre el mecanismo básico del proceso económico, antes que podamos empezar a formular mejores teorías que conduzcan de un modo inequívoco a unas implicaciones que sean refutables. Quizás sería mejor abandonar la búsqueda de axiomas y teoremas formales hasta que puedan sustentarse en supuestos, ellos mismos, empíricamente refutables.

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