EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

III.- LA METODOLOGÍA DE LA ECONOMÍA

1.- LA METODOLOGÍA CIENTÍFICA: ASPECTOS GENERALES Y PREVIOS

En este apartado analizamos algunos conceptos de interés como los de hipótesis, leyes, teorías y modelos que creemos necesarios definir y dejar claro desde un principio, pues aunque cada corriente metodológica suele proporcionar una definición particular, la esencia es la misma. Su comprensión nos parece imprescindible, pues jugarán un papel fundamental, tanto en las aportaciones de los distintos filósofos de la ciencia como en nuestra propia disciplina.

Entendemos por hipótesis científicas aquellos supuestos que son contrastables. Algunas hipótesis científicas darán lugar a leyes, que son enunciados confirmados por la realidad y que se supone reflejan objetivamente una parcela de la misma. Las leyes se sistematizan en teorías, éstas a veces están basadas en simplificaciones y abstracciones de la realidad denominadas modelos.

Una teoría es un sistema de hipótesis que se supone proporciona un explicación de la realidad. Cualquier teoría es una abstracción, a partir de la abstracción podemos llegar a un nivel de simplicidad a través de la que podemos analizar los hechos reduciendo las complejidades del mundo real. Frente a una simple unión de conocimientos, una teoría tiene como mínimo un doble objetivo, por un lado, persigue sistematizar el conocimiento explicando las relaciones empíricas a partir de las hipótesis. Por otro, intenta incrementar el conocimiento, generando nuevas proposiciones contrastable con la realidad. Además, las teorías pueden también facilitar la predicción de las consecuencias de algunos acontecimientos.

A título ilustrativo, vamos a tratar de identificar los rasgos que definen a estos elementos en el terreno económico utilizando las definiciones de Lange y de Castañeda. Para Lange (1966, pág. 99): “Las teorías económicas especifican las condiciones en que las leyes abstractas son verdaderas, y se enlazan de forma determinada. Las condiciones especificadas en una teoría económica se conocen con el nombre de hipótesis, y a una serie de estas hipótesis, referentes a un aspecto determinado de la actividad económica, se le suele llamar modelo económico teórico”, Para el profesor Castañeda (1968, pág. 56), “La teoría Económica, al abordar el estudio de un determinado conjunto de cuestiones, introduce los supuestos de simplificación necesarios para dejar únicamente los rasgos fundamentales, con los que construye el esquema teórico que somete al razonamiento deductivo, en su caso bajo formulación matemática, para sacar como consecuencia las conexiones existentes entre los elementos considerados y analizar también los distintos resultados compatibles con los supuestos admitidos”.

Cómo se ha indicado, las teorías tratan con representaciones simbólicas de la realidad y están basadas en modelos. Para el profesor Bunge, las teorías se refieren a un sistema que tratan de explicar y contiene modelos que son “representaciones idealizadas del mundo real” (Bunge, 1985, pág. 420). Hayek (1963) nos proporciona una definición más completa de modelo, viniendo a decir que un modelo es una representación formal de una teoría en la cual ciertos elementos constituyen abstracciones, mientras otros son ignorados con la finalidad de intentar proporcionar una descripción simplificada de los aspectos más sobresalientes del fenómeno elegido. Los modelos comprenden estructuras, cada una de las cuales es una caracterización bien definida de lo que se pretende explicar. Una teoría sobre el funcionamiento de un sistema, lleva ligado uno o varios modelos que intentan reflejar las principales relaciones del sistema que se consideran relevantes en el contacto de la teoría. por tanto, las teorías no son modelos, sino que incluyen modelos.

En la ciencia económica, gran parte de los esfuerzos de los economistas han consistido en elaborar modelos genéricos que sean aplicables con validez general a los diversos sistemas concretos, a este tipo de modelos expuestos en forma matemática, los denominamos “modelos económicos”. Como se deduce de este párrafo, el modelo no describe el mundo económico real, sino una simplificación del mismo, en palabras de Koutsoyiannis: “ Es el primer paso par comprender la gran complejidad del mundo económico” (Koutsoyiannis, 1985, pág. 21)

Un modelo económico representa un sistema compuesto por un conjunto de conceptos y de relaciones que quedan especificadas por estimación. Proporcionan previsiones que una vez comparadas con la realidad pueden ser útiles para la mejora del modelo. Generalmente, se consideran dos procedimientos par la construcción de modelos:

• Establecer hipótesis sobre la realidad, en función de las teorías existentes acerca del fenómeno que se trata de estudiar.

• A través de un procedimiento intuitivo, y de acuerdo con los hechos, formular las hipótesis.

El modelo lo podemos construir con diferentes niveles de agregación, detalle y complejidad según cual sea su objeto. Generalmente, los modelos se construyen con dos finalidades:

• Explicación o descripción de las características y comportamiento de las variables económicas que intervienen en el ámbito económico.

• Predicción o capacidad de pronosticar los efectos de los cambios en algunas magnitudes de la economía.

La validez de un modelo se puede juzgar sobre la base de diversos criterios: su capacidad predictiva, la coherencia y realismo de los supuestos, la cantidad de información que proporcionan, generalidad y simplicidad, no habiendo acuerdo sobre qué características del modelo son las más importantes. Así, para Friedman es la capacidad predictiva el atributo más importante que puede poseer el modelo, mientras que para Samuelson es el realismo de los supuestos y el poder explicativo lo fundamental. Una vez construidos los modelos, deben ser contrastados con la evidencia empírica, esto es, susceptibles de ser ratificados o refutados cuando se los confronta con los datos. A este respecto, como nos explica Pulido (1993, pág. 35), la economía ha desarrollado modelos específicos para su aplicación a sistemas reales concretos, los econométricos. Estos modelos deberán basarse necesariamente en un modelo económico general más o menos formalizado y completarse con los aspectos particulares propios del sistema en estudio.

Para concluir, diremos que los modelos en general juegan un papel fundamental en economía puesto que permiten las representación de teorías mediante la simplificación de la realidad. Como argumenta Anisi (1988, pág.. 15): “La utilidad de los modelos es indiscutible, puesto que difícil es encontrar una argumentación económica que no se apoye en algunos de ellos”.

Una vez analizados estos conceptos es preciso aclarar con mayor precisión qué entendemos por contrastar una hipótesis o una teoría. En este sentido, una vez que se han construido las hipótesis o las teorías con la finalidad de explicar o predecir determinados fenómenos, hemos de proceder a su contrastación, entendiendo por tal el proceso según el cual éstas se ponen en contacto con los hechos para tratar de determinar la adecuación o no de ellas respecto a los mismos. En consecuencia, un requisito fundamental es que el enunciado hipotético esté formulado de forma que haga posible su contrastación. Bunge (1985) se refiere a la contrastación empírica y la contrastación teórica. Así, una hipótesis o teoría será “empíricamente contrastable” cuando, junto con datos empíricos, implica proposiciones sugeridas por experiencias controladas, a su vez, una experiencia controlada está diseñada con ayuda de otras ideas científicas y puede ser examinada empíricamente, en cambio, una hipótesis o teoría se dirá que es “teóricamente contrastable” cuando se pueda compararla con hipótesis o teorías empíricamente contrastables. La contrastación de hipótesis suele ser más simple que la de las teorías, ya que en el primer caso se trata de un solo enunciado, mientras que en el segundo nos enfrentamos con un sistema de enunciados.

Como en las hipótesis suelen aparecer conceptos teóricos, no observacionales, la contrastación de aquellas ha de hacerse, por lo general, de manera indirecta o, en otras palabras, es preciso derivar de ellas un enunciado de carácter observacional que es el que se contrastará directamente. La contrastación indirecta se puede enfocar desde esta otra perspectiva, la hipótesis se integra en un modelo interpretativo de la realidad y, como tal, no se refiere a la experiencia si no es a través del modelo, esto es , indirectamente. En consecuencia, el referente inmediato de la hipótesis es la descripción ideal de la realidad, no la realidad misma. Estas reflexiones conducen a las dos consecuencias importantes referentes a la contrastación de las hipótesis:

1. La contratación indirecta de las hipótesis exige el uso de reglas de inferencia. Se precisa, pues, de ciertas técnicas lógicas que vinculen a los enunciados hipotéticos desde el punto de vista de la confirmación o refutación.

2. Las hipótesis no se contrastan nunca aisladamente ya que lo normal es que las hipótesis se relacionen entre sí. Ello significa que,, inevitablemente, al tratar de contrastar una hipótesis lo haremos simultáneamente con aquellas otras que guardan alguna relación lógica.

Para concluir, especificaremos como indica Bunge (1985), que existe una clara distinción entre el contraste de una hipótesis y de una teoría: “mientras las hipótesis deben enriquecerse con los datos para ser contrastadas, las teorías deben ser enriquecidas con datos y con hipótesis adicionales...”

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